Comunativa: una experiencia de resistencia en el corazón de Manizales

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El Megaproyecto de Renovación Urbana de la comuna San José, en pleno corazón de la ciudad, (del cual hemos hablado en ediciones anteriores) ha causado el desarraigo y el despojo de muchos pobladores que se han visto forzados a desalojar su territorio para dejar atrás su historia y su cotidianidad. Sin embargo existen aún muchas personas y procesos organizativos que persisten en la resistencia y además construyen otras formas de relacionarse con el territorio, recuperando la tradición, saberes populares, autonomía y dignidad. Es el caso de Comunativa, proceso organizativo nacido en las entrañas mismas de la comuna, conformado por jóvenes que le apuestan al arte y a la agroecología como formas de resistencia, pero también como un ejercicio de autonomía y construcción de paz desde los territorios.

Tal como nos cuenta Juan David Delgado, músico promotor de la iniciativa, “Comunativa es un parche de amigos. Nació con la intención de recuperar terrenos baldíos en la comuna y con la idea de mostrar la otra cara del megaproyecto. Queríamos mostrar de otra manera lo que nosotros soñamos para el barrio. Teníamos un terreno aquí en mi casa, que quedó como un baldío luego de la demolición de unas casas para hacer la avenida Colón. Entonces una agremiación de gente conocida, de amigos, de la misma gente que vivía en el barrio decidimos empezar a instalar unas huertas dentro de los terrenos que alguna vez fueron casas. Comunativa nació como un contra-proyecto a lo que estaba pasando en ese entonces con la creación de una supuesta renovación urbana que no se hizo”.

El Megaproyecto de Renovación Urbana de la Comuna San José se viene desarrollando a paso muy lento, en buena medida por la firme resistencia de procesos organizativos de la comuna. “Cuando comienza la destrucción en el año 2011, empezamos con la idea no tanto de hacer la huerta, sino de recuperar terrenos que estaban baldíos, que estaban sucios o inutilizados en ese momento. Empezamos también a cultivar nuestro propio alimento para la familia. Y sobre todo creamos la alianza con Urbital, un parche que ya había camellado mucho tiempo con estéticas urbanas. Entonces empezamos a hacer talleres con los jóvenes del barrio, con un pretexto que era la huerta, pero se fue convirtiendo en arte y cultura, en proyectos de educación, de estéticas urbanas y un modelo de habitar humano. Nuestro trabajo es muy constante pero callado, es decir no estamos en los medios”, señala Juan David.

El trabajo de estos jóvenes reviste sin lugar a dudas no solo un gran ejercicio de resistencia sino también de resignificación del territorio, del imaginario que la ciudad en su conjunto tiene de los jóvenes que la habitan y que los medios de desinformación se han encargado de posicionar al compararla con una “ratonera”, como la llamara alguna vez el anterior alcalde de Manizales, Juan Manuel Llano. Como nos cuenta David Restrepo, artista, cocinero y también promotor de Comunativa, “esos terrenos que quedaron destruidos por la construcción de la avenida Colón, por la renovación urbana, se habían convertido en sitios peligrosos para los niños, para la gente de la comuna; entonces el espacio que se creó acá fue para tratar de concientizar un poquito a los niños y a los jóvenes de estas prácticas agrícolas, de cuidar la tierra, de cuidar las plantas, de cultivar su propio alimento. Venimos recuperando semillas, limpiándolas, pues nos oponemos a los transgénicos, pero también rescatando semillas nativas; hoy estamos sembrando amaranto, chía y quinua, también el frijol cacha que es hindú, chachafruto, brevo, feijoa, maíz; poleo, yerbabuena, menta y albahaca, que son muy medicinales y se han perdido mucho en esta zona”.

Ha sido también una experiencia educativa, puesto que los chicos han aprendido a sembrar, a germinar, y sobre todo han estudiado los cultivos que pueden darse en esta zona. Fue difícil, explica David, porque el ámbito cultural en esta comuna se ha dejado siempre de lado, a la gente solo le interesa lo que puedan hacer por ellos. “Pero esto les está dando una experiencia que los vincula al alimento y a la tierra, y eso es una experiencia muy bonita”.

En ese sentido, esta apuesta ha permitido a muchos pobladores de la comunidad apropiarse de su territorio y asumir un compromiso con sus vecinos. “Finalmente el valor del lote no lo da la casa, sino la gente que la habita y trabaja en ella. Había gente que tenía sus huertas y es importante que vean lo que se está haciendo acá, que vean la posibilidad de hacer algo más bonito por la comunidad. También es una forma de resistencia pues los lotes le pertenecen al megaproyecto, entonces estamos recuperando espacios que quizás ya no nos pertenecen pero que le sirven a la comunidad”.


Comunativa también trabaja la elaboración de instrumentos musicales con elementos reciclables, con talleres de resignificación de los materiales como la cocotarra (una guitarra hecha con un tarro), tambores, también el muralismo, la pintura, la música… “Esto se convirtió en un proyecto no solo de cultivo, de sembrar la tierra, la limpieza de las semillas, sino que nos extendemos socialmente a través de la cultura, sintonizamos el trabajo de la huerta con prácticas artísticas, un proyecto lleno de sensibilidad”.

“Hoy venimos haciendo diversas mingas en la ciudad con personas que quieren tener una huerta en su casa o en su proceso. Entonces cada ocho días vamos a casas de esas personas, aplicando la permacultura, que es aprovechar todo lo que está alrededor para poder plantar. Hemos logrado apoyarnos en la galería, en bodegas de reciclaje, pues todo lo que hacemos es con las uñas y se trata de un ejercicio que nos tocó a nosotros; no nos consideramos campesinos ni indígenas, pero sentimos el llamado de la tierra”, afirma Juan David.
“Alguna vez una señora nos decía que no tenía sentido tener una huerta, pues para eso están los productores del campo. Pero sabemos que al campesino lo están acabando y la comida nos la venden las mega industrias, entonces si cada persona tiene una huerta no vamos a tener dependencia de esas mega industrias”.

Propuestas como esta, que van más allá de la resistencia, que se piensan la construcción de nuevas formas de relacionarse desde las comunidades, que plantean alternativas al desarrollo, a las lógicas consumistas del capital, que resignifican el sentido del arte y el territorio, son experiencias que contribuyen a la construcción de una paz transformadora, aquella paz que no será dada por los gobernantes, sino por proceso de construcción colectiva desde la base.

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