Renan Vega Cantor

Renan Vega Cantor

Una característica distintiva del capitalismo es la explotación de los trabajadores, en donde se origina la plusvalía que es la fuente de la acumulación del capital. Pues resulta que dicha explotación en el capitalismo actual no está desligada del aumento de la temperatura en el planeta entero. Un dato es indicativo: el predominio del capitalismo en su versión neoliberal, momento en el cual se dispararon las emisiones de gases de efecto invernadero, coincide plenamente con la pérdida de derechos de los trabajadores, la flexibilización laboral, y la explotación intensificada en China y el orbe entero.

China se ha convertido en el “taller del mundo” y allí está en marcha una Revolución Industrial al estilo inglés del siglo XVIII, con la diferencia de que sus efectos humanos y ambientales hay que multiplicarlos por mil y se produce en un tiempo acelerado, porque mientras la de Inglaterra necesitó de un siglo, la de China no lleva sino 25 años. Esa transformación acelerada de China hacia el capitalismo está ligada a  su producción para el mercado mundial, que se sustenta en dos premisas: fuerza de trabajo barata, abundante y explotada al máximo y destrucción de ecosistemas, contaminación y uso intensivo de combustibles fósiles, carbón, entre otros, para satisfacer los requerimientos del capitalismo mundial.

El nexo entre explotación y calentamiento global se evidencia en el hecho de que en China coinciden, como muestra a vasta escala de lo que sucede en gran parte del mundo, un incremento del uso de energía sucia con un irrespeto por la fuerza de trabajo. Como dice Naomi Klein, dos por el precio de uno. Pero la responsabilidad no es solo de China, sino del capitalismo central, porque lo que se produce en el gigante asiático está orientado hacia este último.

No extraña que la descentralización productiva se haya hecho para bajar el costo de la fuerza de trabajo en Estados Unidos y Europa, así como para eludir controles al medio ambiente, que se exigen en estos territorios. El incremento productivo, que se manifiesta en el eslogan “todo es chino”, llena las arcas de las multinacionales y los escaparates de los supermercados y centros comerciales del mundo, sin interesar el costo humano y ambiental de las mercancías que vienen del nuevo dragón asiático y de los denominados nuevos países industrializados.

Si se quisiera ilustrar el asunto con un ejemplo, solo basta recordar que forman parte de una misma lógica, la del capitalismo, los trabajadores de las fábricas de la muerte (regadas por el orbe entero) que laboran en condiciones oprobiosas y durante interminables jornadas y también los habitantes de las ciudades (como Pekín o Medellín) que se asfixian en la niebla contaminante (esmog) que resulta, en gran medida, de la utilización masiva y sin control de automóviles y motocicletas, que han sido producidos por los obreros de aquellos talleres de la muerte. 

Enero de 2016 ha sido un mes terriblemente caluroso en el mundo y también en Colombia. Algunos datos lo demuestran: en España la temperatura ha estado 2.3°C por encima de lo normal; en Argentina se registraron las temperaturas más altas del último medio siglo, por encima de los 40°C; en Bogotá se alcanzó una temperatura record de 25.6°C y en Puerto Salgar el termómetro rebasó los 45°C, la temperatura más alta registrada en algún lugar del país en todos los tiempos.

Mientras el planeta tierra se calienta en forma peligrosa, el 18 de enero la ONG Oxfam dio a conocer un informe sobre la desigualdad en el mundo, en la que señala que el 1% de la población mundial (los supermillonarios) tienen tanta riqueza como el 99% restante; 62 potentados poseen la misma riqueza que 3.600 millones de personas (la mitad más pobre de la humanidad) y la riqueza en manos de esas 62 personas se incrementó en un 44% en los últimos cinco años. Colombia es, a su vez, uno de los países más desiguales del mundo: el 10% de la población más rica del país gana cuatro veces más que el 40% más pobre; 32% de la población es pobre, con ingresos inferiores a 200 mil pesos mensuales y solamente el 2.4% de personas tienen ingresos superiores a 2,7 millones de pesos mensuales; con razón el economista Thomas Piketty acaba de decir en una conferencia dictada en Bogotá que “la desigualdad en Colombia es una de las más altas del mundo”.

A primera vista estas dos informaciones –la de un calor abrasador sin precedentes y la acumulación de la riqueza en manos de unos cuantos individuos– no tendrían nada que ver la una con la otra. Sin embargo, están íntimamente conectadas en una estrecha relación que vale la pena desentrañar, ya que el “misterio” subyace en la esencia del funcionamiento del capitalismo realmente existente.

Ya está establecido que el calentamiento global es el resultado de la producción incrementada de determinados gases, denominados por eso mismo Gases de Efecto Invernadero (GEI), entre los cuales se encuentran el Dióxido de Carbono (CO2), el metano (CH4), vapor de agua y óxido nitroso como los más importantes. A su vez, los GEI se incrementan en la medida en que cada día se producen más mercancías de todo tipo (empezando por automóviles, aviones, barcos, aparatos microelectrónicos). Crecen las ciudades o surgen nuevas; en China en los últimos 25 años han aparecido 160, cada una de ellas con un millón de habitantes, y de esa forma se arrasan los ecosistemas y se destruyen y contaminan las fuentes de agua. Aumentan los viajes y el uso de transportes que consumen energías fósiles. Se industrializa y petroliza la agricultura, y se acaba con las economías campesinas. Se producen a gran escala mercancías desechables, que suponen el consumo destructivo de plástico, papel, cobre y mucho más. En fin, se generaliza la producción de mercancías, pero no con el propósito de satisfacer las necesidades humanas, sino para incrementar las ganancias de los empresarios capitalistas.

Para producir esas mercancías se requieren grandes cantidades de materiales, minerales y energía, principalmente petróleo. Extraer tanto los minerales como el petróleo resulta muy costoso en términos ambientales y humanos, puesto que se destruyen los lugares donde se almacenan esos depósitos de riqueza geológica y se arrasa con las sociedades que allí se encuentran. Esa búsqueda insaciable de nuevas reservas de energía y materiales, en un planeta con recursos limitados, tiene efectos devastadores sobre los ecosistemas y la base natural del planeta, empobreciendo a millones de seres humanos, mientras enriquece a una minoría, formada por los mismos dueños de las empresas de los sectores que contaminan el mundo, y generan la mayor cantidad de GEI.

En efecto, si se observa el listado de las empresas más ricas y poderosas del mundo, como lo hace la revista FORBES, que cada año publica una clasificación de las cien primeras, encontramos que entre las del sector petrolero, Exxon Mobil tiene un beneficio neto de 30.5 miles de millones de dólares, la Royal Dutch Shell, 20.1, y la Chevron, 19. Ese listado se puede extender a los sectores informático, automotriz, transporte aéreo, financiero, agrícola, y comercio mayorista, donde se confirma la misma lógica de grandes ganancias, a costa de la mayor parte de los seres humanos, explotados y empobrecidos, y a la destrucción del medio ambiente.

Al conocer esta realidad, no resulta difícil constatar que son esas mismas empresas, y los multimillonarios que se mueven alrededor de ellas, los primeros en negar el cambio climático y en sostener que no hay de qué preocuparse, porque si se acaban los recursos y la energía en la tierra, nos podemos trasladar a Marte o a cualquier otro planeta del sistema solar. En breve, puede decirse que las empresas capitalistas y los supermillonarios se dedican a destruir y calentar el planeta, buscando aumentar sus ganancias, sin importar el destino de los seres animales y las diversas formas de vida generadas durante millones de años de evolución.

“Llueve hacia arriba. La gallina muerde al zorro y la liebre fusila al cazador. Por primera y única vez en la historia, soldados mexicanos invaden los Estados Unidos. Con la descuajaringada tropa que le queda, quinientos hombres de los muchos miles que tenía, Pancho Villa atraviesa la frontera y gritando ¡Viva México! asalta a balazos la ciudad de Columbus”.
Eduardo Galeano.

 

Desde comienzos del siglo XIX, Estados Unidos ha invadido en repetidas ocasiones a los países situados al sur del Río Bravo. México, Haití, República Dominicana, Cuba, Colombia, Panamá, Puerto Rico, Nicaragua, entre otros, han visto mancillada su soberanía nacional y han soportado la intrusión en sus territorios de la “gleba de morfinómanos”, como llamaba César Augusto Sandino a los marines yanquis.

Son tantas las agresiones que nos han dispensado los Estados Unidos, que su sola enumeración llena varios volúmenes. Por esa misma frecuencia, a veces queda la impresión que una invasión o intervención más (llámese Plan Colombia o Plan Puebla-Panamá) ya no es noticia. Lo extraño estriba en lo contrario, en que sea América Latina la que invada a Estados Unidos, y eso fue lo que sucedió hace exactamente un siglo, el 9 de marzo de 1916.

Ese día, por primera y única vez en la historia, hasta ahora, Estados Unidos fue atacado e invadido desde territorio latinoamericano, más exactamente desde su país vecino, México. No era el primer ataque que soportaba Estados Unidos, pues en la guerra de 1812, Inglaterra ya lo había hecho. Pero eso se había efectuado como parte de una guerra convencional y por una potencia mundial y en ese sentido no tiene mucha gloria ni interés. Lo de 1916 fue algo completamente distinto, los invasores eran latinoamericanos, y su ataque no tenía precedente alguno. Después, tampoco se volvió a presentar un hecho similar.

En esa ocasión, un grupo de 500 hombres armados, bajo la conducción del líder revolucionario Pancho Villa, atacó la pequeña población de Colombus, situada en Nuevo México, en la zona fronteriza con México. Columbus era un pequeño poblado, en un campamento militar, en donde vivían menos de 800 personas. Ese poblado era como un chorizo, una sola calle larga, en donde se encontraban las tiendas, un banco y un hotel.

Al grito de “¡Viva México! ¡Mueran los gringos!”, el contingente de guerrilleros mexicanos incursionó en Colombus a las 4:45 de la mañana del 9 de marzo de 1916. Pancho Villa tenía sus razones para atacar a los Estados Unidos, que incluían desde cuestiones personales hasta asuntos estratégicos. En términos personales, no admitía que un traficante de armas, residente en Columbus, y de nombre Samuel Ravel, le hubiera negado la entrega de unos rifles Springfield que ya le había pagado. Le indignó saber que en la ciudad de El Paso (Estados Unidos) hubieran sido asesinados una veintena de mexicanos en una forma brutal, cuando el carcelero les prendió fuego. Pero las razones fundamentales de un militar nato, y de un estratega consumado, como lo era Pancho Villa, iban más allá de sus consideraciones personales.

La razón de fondo por la que decidió invadir a Estados Unidos fue rechazar el apoyo que el gobierno de Woodrow Wilson le había dado al gobierno constitucionalista de Venustiano Carranza, porque creía que esto significaba el fin de la soberanía mexicana. La alianza entre los dos gobiernos implicó en la práctica que Estados Unidos abasteciera de armas a los constitucionalistas y permitiera el uso de su territorio para que por allí se movieran sus tropas, con lo que se facilitaba el ataque contra las tropas de Pancho Villa. A raíz de estos sucesos, Pancho Villa publicó un manifiesto el 21 de noviembre de 1915 en el que denunciaba que el precio que se debía pagar por el apoyo estadounidense a Carranza era “la venta de nuestro país por el traidor Carranza”. En el mismo sentido, en una carta enviada a Emiliano Zapata le manifestaba: “La venta de la patria es un hecho, y en tales circunstancias […] decidimos no quemar un cartucho más con los mexicanos nuestros hermanos y prepararnos y organizarnos debidamente para atacar a los americanos en sus propias madrigueras y hacerles saber que México es tierra de libres y tumba de tronos, coronas y traidores”.

Con su ataque a Colombus, Villa pretendía romper las buenas relaciones entre Estados Unidos y el gobierno constitucionalista. Con ello también buscaba la reconstrucción, en medio de la reacción nacionalista, de su ejército (la antaño poderosa División del Norte), que estaba seriamente diezmado y había sufrido importantes golpes de parte de las tropas leales a Carranza.

El ataque de las huestes guerrilleras comandadas por Pancho Villa fue bastante desordenado, lo que permitió la rápida respuesta de las tropas yanquis, así como de los civiles que se encontraban en el poblado. Uno de los errores más costosos fue haber quemado un hotel, un hecho que facilitó la ubicación de los atacantes. El enfrentamiento duró seis horas, al cabo de las cuales los villistas recogieron sus heridos y regresaron a México, capturaron 80 caballos, 30 mulas y 300 fusiles. El saldo final del ataque, sobre el que existen discrepancias entre los historiadores, fue de 17 militares de los Estados Unidos, diez civiles y cerca de 80 villistas muertos. También fueron capturados 7 de ellos. Colombus quedó destruido, y las primeras imágenes del día mostraban un lugar en ruinas y en llamas.

La respuesta de Estados Unidos, como era de esperarse, fue brutal. Para perseguir a Pancho Villa se organizó una cacería, como las típicas del Lejano Oeste: se le puso precio a su cabeza, se le calificó como un vulgar bandolero, y se le persiguió durante cerca de un año, como parte de la llamada Expedición Punitiva que encabezó el general John Pershing. La persecución se dio en terreno mexicano, en un caso típico de invasión territorial. Pero los Estados Unidos no pudieron alcanzar su objetivo de capturar vivo o muerto a Pancho Villa. La cacería del revolucionario popular fue un fracaso estrepitoso para los Estados Unidos, por la tropa que se dispuso, cinco mil hombres, los costos de la misma y la inversión en armas y equipos, de un ejército con unidades de caballería, infantería y artillería y un escuadrón aéreo de ocho aeroplanos.

Eso sí, como suele ser frecuente en las intervenciones militares de los Estados Unidos, la incursión les sirvió para probar nuevas armas y tácticas bélicas, que muy útiles les serían en guerras posteriores. Sobre los invasores, los mexicanos afirmaban, con ese humor que los caracteriza, “¡Entraron como águilas y se van como gallinas mojadas!”. Pancho Villa se convirtió en el símbolo de la resistencia popular a la invasión y su imagen adquirió una notable connotación nacionalista, como defensor de la soberanía territorial de México.

Para nuestra América, siempre humillada y ofendida por el imperialismo, la incursión de hace un siglo al territorio de los Estados Unidos por Pancho Villa es un hito histórico memorable. Siempre debería recordarse como ejemplo de independencia y dignidad. Seguro que en otras condiciones, en un continente unido y soberano, el 9 de marzo sería un día festivo, y la estatua de Pancho Villa estaría presente en las principales plazas de todas las ciudades de nuestro continente, como forma de rendir tributo a la memoria del único que se ha atrevido a atacar a los Estados Unidos en su propia casa.

Monday, 19 October 2015 19:00

La invasión yanqui en Haití (1915-1934)

Ilustración: US invasion of Haití

 

Las causas

En 1898 Estados Unidos se estrenó como país imperialista, luego de derrotar a España en una breve guerra (un picnic decían los militares y políticos de esa naciente potencia), tras la cual se apoderaron de los jirones del desvencijado imperio español, entre los que sobresalían Cuba, Puerto Rico y Filipinas. De ahí en adelante inician una acelerada expansión por Centroamérica y el Caribe que los lleva a apoderarse de Panamá, invadir en forma sucesiva en las décadas siguientes a Nicaragua, República Dominicana, Cuba y a Haití. Los pretextos usados para realizar esas intervenciones siempre eran similares: defender la seguridad y propiedades de los nacionales de Estados Unidos supuestamente amenazados por las continuas “revoluciones” que se llevaban a cabo en los países aludidos.

El 9 de marzo de 2015, Barack Obama, presidente de los Estados Unidos, firmó una orden en la que declaró a su país en “emergencia nacional” debido a que Venezuela representa “una inusual y extraordinaria amenaza a la Seguridad Nacional y a la política exterior de los Estados Unidos”. No es la primera vez, y tampoco será la última, en que los Estados Unidos declaran como un peligro para su seguridad al gobierno de un país de nuestra América, y todas las veces en que eso ha sucedido, el país acusado ha sido sometido a brutales intervenciones militares, saboteos, asfixia económica, guerra interna y/o golpes de Estado. Por esta declaración de guerra –porque en el fondo es eso lo que acaba de determinar el Premio Nobel de la Paz (sic) Barack Obama– resulta necesario recordar dos de los dramáticos momentos que han vivido países de América Latina, luego de ser considerados como “peligrosos” para la seguridad nacional de los Estados Unidos.

Monday, 29 September 2014 15:16

La educación de maquila

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En los nuevos esquemas de división internacional del trabajo a partir de las ventajas comparativas unos cuantos países producen ciencia, tecnología y conocimiento, mientras que la mayoría genera las materias primas que en los centros imperialistas se necesitan para perpetuar su modo de producción y de consumo, y allí se ensambla y termina los productos que son diseñados y controlados por las empresas multinacionales. En esta perspectiva de desindustrialización, se abandona el modelo que se difundió durante casi medio siglo (1945-1985) y que pregonaba una educación de masas, tendiente a reforzar una formación que coadyuvara en esos procesos de industrialización. En estos momentos se renuncia a ese proyecto y se sostiene que en los países en que se implantan maquilas y/o se producen materias primas debe impulsarse una educación que forme en las competencias adecuadas para este tipo de economía y sociedad.

Tuesday, 02 September 2014 17:35

Israel: un Estado canalla, nazi y genocida

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“Los descendientes de las víctimas del Holocausto están transfiriendo al mundo, y de la peor manera, la desazón, la indolencia, que habilitó, en su momento, la existencia de Auschwitz. Esos daños a los valores humanos (que incluyen “cierta” tolerancia ante la matanza que se está cometiendo ante sus ojos y en su nombre), son, entre otras cosas, los que convierten a los crímenes del Estado de Israel en delitos de Lesa Humanidad”.
Carlos Tobal, abogado y escritor argentino de origen judío.

Friday, 01 August 2014 16:07

Carpa de resistencia obrera en Buga

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En la ciudad de Buga se encuentra una planta de la empresa Cristar S.A., de propiedad de Owens-Illiniois, una compañía multinacional de los Estados Unidos, especializada en la producción de envases de vidrio, que controla el 80 por ciento de la actividad mundial de ese sector y que tiene 24 plantas distribuidas en varios continentes. Esta empresa implementa la flexibilización laboral, con el fin de incrementar sus ganancias, destacándose el impulso a la subcontratación.

Tuesday, 01 July 2014 17:03

La universidad de la ignorancia

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La universidad mercantil que impulsa el capitalismo en el mundo entero es una universidad de la ignorancia, un apelativo que a primera vista puede resultar fuerte e inadecuado para caracterizar a esa institución, pero que describe de maravillas la actual catástrofe educativa. Si el asunto se mira desde esta óptica y no desde nociones burocráticas y vacías –como “sociedad de la información” o “sociedad del conocimiento”– podemos entender por qué hoy las universidades se han convertido en una “fábrica de diplomas”. Producir y consumir diplomas y otras mercancías educativas lleva a despreciar el conocimiento y el esfuerzo que se necesita para elaborarlo.

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Se cumplen en estos días 20 años del brutal genocidio de cerca de un millón de personas en Ruanda, uno de los peores crímenes de la segunda mitad del siglo XX. La información convencional presenta este hecho como resultado de un conflicto étnico interno entre grupos tribales, sin que se haga alusión a las verdaderas razones de fondo, entre las que sobresalen la dominación colonial europea, la implantación de Planes de Ajuste Estructural y la expoliación de gentes y recursos por parte de las potencias imperialistas.

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