La cárcel y el terrorismo de Estado en Colombia: tres “nuevas noticias”

La injusticia, la desigualdad y la miseria que caracteriza a la sociedad colombiana, se expresa a pequeña escala en las cárceles, donde miles de colombianos, pobres y humildes, soportan terribles condiciones de vida, si a eso pudiera llamársele vida, o más bien, como diría Fiódor Dostoyevski, cabría llamar a esas prisiones como las “casas de los muertos”. En Colombia, en las últimas décadas y como expresión de la contrainsurgencia reinante, se ha consolidado un nuevo sistema penitenciario, una copia tropical del imperante en los Estados Unidos, potencia mundial que lo organiza, financia y apoya. Presentamos en este artículo tres “noticias” sobre ese sistema penitenciario.

PRIMERA NOTICIA: Los prisioneros asesinados y enterrados en la misma cárcel, en La Modelo, por los paramilitares en el 2000-2001.
El 3 de julio de 2001, los paramilitares asesinan a 30 guerrilleros de las FARC y el ELN dentro de la prisión. Actuaron a sus anchas durante 24 horas. Este es un hecho más, inscrito dentro de la carnicería que se llevó a cabo en esa prisión durante varios años y que se calcula dejó entre 100 y 400 prisioneros asesinados, la mayor parte de los cuales fueron despedazados, como en las casas de piques, y sus restos fueron convertidos en comidas para cerdos o tirados a las alcantarillas.

Los paramilitares controlaban tres de los cinco patios de la cárcel, y patrullaban en su interior junto con los guardias del IMPEC.  El procedimiento, que junto con la existencia de fosas donde se incineraba a personas en algunos lugares del país, propio de la maquinaria de crímenes nazis en Europa, tiene un hilo común con las atrocidades del régimen hitleriano: el jefe paramilitar que organizó esa masacre, Juan de Jesús Pimiento (alias Juancho Diablo), estaba vinculado a grupos neonazis y paras y era doctor en filosofía de una universidad de Alemania.  Este, se dice en una crónica, “llegó resuelto a cumplir su propósito. […] les notificó que era el nuevo dueño de la cárcel: desde ese día les quedaba prohibido cualquier alusión a las Farc, cualquier tipo de entrenamiento y banderas de la organización guerrillera. […] Pimiento los esperaba en la mañana siguiente, de madrugada, para dirigir un entrenamiento militar, en lo que era un experto. Como era de esperarse, ningún guerrillero se presentó. En la madrugada, J de J  activó sus gatillos; el tiroteo duró 12 horas. 25 personas de las Farc murieron. Sus cuerpos, desmembrados y tirados por las alcantarillas”.

Como muestra de la justicia que impera en Colombia, ese siniestro individuo  “Salió de la cárcel en 2002 sin dejar ninguna prueba de su participación en las masacres de La Modelo, ni en los crímenes por los que había sido acusado”. Ese individuo decía, para reafirmar sus concepciones de nazi convencido, que “Hitler ríe desde la historia, pero nadie se contamina con su alegría, enojado contempla esa masa de latinoamericanos, raza totalmente impura, usar la esvástica como un simple abre latas”.  

SEGUNDA NOTICIA: Modernización carcelaria en Colombia, siguiendo el modelo de los Estados Unidos (es decir, el encarcelamiento en masa) y bajo la asesoría y financiación de ese país
A esto se le puede denominar “imperialismo penitenciario” y tiene sus raíces en el Programa de Mejoramiento del Sistema Penitenciario Colombiano que fue firmado en marzo de 2000 por la Embajada de los Estados Unidos y el Ministerio de Justicia de Colombia.  Como consecuencia de la implementación de dicho acuerdo, que formó parte del contrainsurgente Plan Colombia, se incrementó en forma exponencial la población carcelaria en el país, principalmente los presos políticos y de conciencia. El sistema penitenciario se militarizó, se generalizó el hacinamiento, así como la violación de derechos humanos de los prisioneros.

La financiación de este “nuevo programa penitenciario” se inició con una “donación” por parte de los Estados Unidos de 4.5 millones de dólares.  Como laboratorio de ese sistema se construyó la cárcel de Valledupar, la tenebrosa Tramacúa, que entró en funcionamiento a finales del 2000. En esa prisión, un verdadero antro de venganza contra cualquier ser humano, los presos acceden al agua limpia en un promedio de diez minutos por día, no funcionan las instalaciones sanitarias, no existe atención médica para los reclusos, la comida es una lavaza inmunda en la que se encuentran restos de materia fecal.

Como parte del “nuevo sistema penal” los carceleros han sido reemplazados por miembros de las fuerzas armadas, caracterizados por su visceral anticomunismo y su odio hacia los insurgentes y luchadores sociales que abarrotan las prisiones colombianas. Dentro de las cárceles se han creado el Grupo de Reacción Inmediata (GRI) y Comando Operativo de Remisiones de Especial Seguridad (CORE), que son unidades de contra-insurgencia que lanzan en forma periódica ataques cobardes contra los presos políticos y prisioneros de guerra, ataques que se acentúan cuando se efectúan huelgas de hambre y otras formas de protesta por parte de los prisioneros.

Lo peor del caso radica en que Colombia, que se ha convertido en el socio principal del imperialismo penitenciario impulsado por los Estados Unidos, es mencionada como ejemplo a imitar en otros países de América Latina y el mundo. Por eso, en este país por obra y gracia de Estados Unidos o por propia iniciativa operan programas de formación “académica” en el plano internacional, hasta el punto que se han capacitado en labores de control represivo a 22 mil carceleros entre el 2009 y el 2013, entre los que se incluyen militares, policías y funcionarios. La mitad de esos “estudiantes-carceleros” provienen de México, Honduras, Guatemala y Panamá.

Tan apreciada es la labor represiva que se adelanta en las cárceles colombianas, que el general John Kelly, del Comando Sur de los Estados Unidos, aseguró sin pestañear en el Congreso de ese país que es una “belleza tener una Colombia” porque “son tan buenos colaboradores, especialmente en el ámbito militar, son tan buenos socios con nosotros. Cuando les pedimos que vayan a otra parte a capacitar a los mexicanos, los hondureños, los guatemaltecos, los panameños, lo hacen casi sin hacer preguntas. Y lo hacen por su propia cuenta. Son tan agradecidos por lo que hemos hecho por ellos. Y lo que hicimos por ellos fue, realmente, alentarlos por 20 años, y han realizado un trabajo magnífico”.

TERCERA NOTICIA: Estados Unidos usa a Colombia como un sitio clandestino de encarcelamiento
Después del 11 de septiembre de 2001 se generalizó la práctica terrorista de los Estados Unidos de usar cárceles, “legales” y “clandestinas”, en más de cincuenta países del mundo, para torturar y desaparecer a quienes esa potencia imperialista declara como sus enemigos, por considerarlos como terroristas internacionales, que además no están sujetos al tratamiento que disponen los acuerdos internacionales. Mediante su propia y forzada interpretación, los Estados Unidos han generalizado la tortura a nivel mundial.

Para que ese sistema criminal funcione se requiere de la participación consciente de sus socios en los países en los que se implantan esas cárceles clandestinas. Hasta ahora se sabía que eso había operado en Europa Oriental (República Checa, Polonia, Bulgaria…), África (Egipto, Libia…) y otros lugares del planeta, pero no se tenían referencias que eso hubiera ocurrido en algún país de América, salvo los propios Estados Unidos con su colonia de Guantánamo.  Pero he aquí que nos acabamos de enterar que eso ya empezó a funcionar en Colombia.

Vale mencionar una crónica de prensa en la que se cuenta el caso de una persona de nacionalidad estadounidense, con el nombre de Kaleil Isaza Tuzman, quien relató que "estoy metido en una situación kafkiana… Estuve en la cárcel 'La Picota' por meses, y ahora me tienen en el llamado 'Bunker' en la planta baja de las oficinas de La Fiscalía". Desde principios de septiembre de 2015 esta persona ha estado recluida en prisión en Colombia, como resultado de una orden de detención emitida en los Estados Unidos. En este caso se evidencia que los Estados Unidos está acudiendo a uno de sus socios estatales y carcelarios más fieles, Colombia, para burlar la legislación internacional e incluso interna de esa potencia, con el fin de mantener a los acusados en condiciones de absoluta vulnerabilidad, en un país donde la violación de los derechos humanos es el pan de cada día.

Por todo lo mencionado en esta nota, puede concluirse, tal como lo nombró un comentarista para theprista.co.uk, que las Prisiones Colombianas son  la antesala del infierno.

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