La biodiversidad amenazada

La biodiversidad o diversidad biológica es un término que hace alusión a la extraordinaria variedad de la vida existente en el planeta tierra, en la que se incluyen los animales, las plantas, los lugares donde habitan y los ambientes que los rodean, así como los conocimientos generados por las sociedades indígenas sobre los ecosistemas. Esa riqueza natural y cultural está en serio peligro por la mercantilización creciente en todos los ámbitos de la sociedad y de la vida. La expansión del capitalismo en las últimas décadas colonizó hasta el último rincón del planeta, con la subsecuente disminución de la biodiversidad.

La sobreexplotación de ecosistemas, la contaminación, la deforestación, la introducción de especies invasoras, la difusión de organismos genéticamente modificados, junto con los cambios climáticos, son algunos de los factores determinantes en la destrucción acelerada de la biodiversidad. Esos fenómenos son un resultado directo de la conversión en la naturaleza en un simple reservorio de materias primas para diseñar mercancías, así como la destrucción de hábitats naturales para construir ciudades, carreteras, obras de infraestructura, extraer hidrocarburos y minerales, o diseñar zonas dedicadas al turismo.

Un reciente informe de la Revista Science de julio de este año cuantifica con detalle el efecto de la pérdida del hábitat en la diversidad global. Allí se sostiene que en el 58% de la superficie de la tierra, donde se aloja el 71% de la población mundial, se ha presentado tal pérdida de biodiversidad que los ecosistemas no podrán soportar el peso de las sociedades humanas. Entre los más afectados por la disminución de la biodiversidad se encuentran los prados, sabanas y bosques. En el estudio se acuña el término de “recesión ecológica” para llamar la atención, con un vocablo tomado de los economistas, que hay una dura realidad de destrucción natural que debería preocupar a la humanidad, puesto que está en peligro su propia existencia. Como lo dijo Andy Purvis, del Museo de Historia Natural de Londres, “Estamos jugando a la ruleta rusa ecológica”.

Lo peor del caso es que la “recesión ecológica”, a diferencia de las recesiones económicas del capitalismo, no es un momento pasajero o coyuntural, sino que representa un salto al abismo, pues coincide con el brusco vuelco climático, el aumento de los niveles de Dióxido de Carbono (CO2) en la atmosfera y las alteraciones en los ciclos globales de nitrógeno. Una expresión del colapso ecológico y del asesinato de la biodiversidad, del cual el capitalismo es el responsable principal con su tren irrefrenable de producción y consumo de mercancías para obtener ganancias monetarias que benefician a una reducida franja de la población mundial. Es la sexta extinción de especies, un ecocidio que está en marcha ante nuestros ojos.

La diferencia de esta extinción con las cinco anteriores radica en que es la primera causada por factores humanos y no naturales. La quinta extinción se presentó hace 65 millones de años, cuando desaparecieron los dinosaurios y el 90 por ciento de las especies por entonces existentes, y fue causada por el choque de un meteorito contra el planeta tierra, en el Golfo de México. La extinción de hoy en día es producto de la acción humana, pero se ha acentuado en las últimas décadas por la generalización del modo de producción capitalista, cuyo funcionamiento a partir de la lógica del crecimiento económico ilimitado ha rebasado los límites de lo ambientalmente tolerable para el planeta tierra. Hasta tal punto eso es evidente, que se estima que hoy la pérdida de especies es entre cien y mil veces superior a lo que ocurriría en forma natural por los procesos de evolución y adaptación. Para completar, esos niveles de extinción se aceleran con el trastorno climático en marcha, ya que hasta un 30 por ciento de todas las especies de mamíferos, aves y anfibios se encuentran en peligro de desaparición.

La reducción de la biodiversidad nos afecta particularmente a nosotros, los habitantes de las zonas tropicales del mundo, y en especial a los del centro y sur de América, por la sencilla razón que vivimos en un paraíso de la diversidad natural, debido a que en nuestros territorios confluyen cuatro factores: hábitats que reciben la mayor cantidad de luz solar a lo largo del año; áreas que tienen la mayor cantidad de terreno libre de hielo expuesto; zonas con una gran estabilidad climática y territorios variados (con todos los pisos térmicos). Eso ha dado como resultado que en nuestros países se encuentre tal nivel de diversidad natural, y que en las pluriselvas tropicales estén la mitad de plantas y animales del mundo. En un solo árbol de la selva del Perú el biólogo Edaward Wilson encontró 43 especies de hormigas, muchas más de las que se existen en la Gran Bretaña.

Lo peor del caso estriba en que la destrucción de la biodiversidad empobrece a la mayor parte de los habitantes de nuestros países, a la par que enriquece a una cifra insignificante de capitalistas nacionales y extranjeros. Esos beneficios a corto plazo para unos pocos, son la ruina no sólo para la mayoría de los habitantes de nuestros países sino que implican la desaparición para siempre de las maravillas de la naturaleza, de la que ya no podremos obtener los bienes y servicios que nos producen y ya no las podrán disfrutar nuestros hijos.

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