Wilmar Castillo

Wilmar Castillo

Tuesday, 08 October 2019 00:00

¡La Guardia tiene aguante carajo!

Llegamos el sábado a Santander de Quilichao. Miradas furtivas cayeron sobre los bolsos, los zapatos, las botas y los rostros. Ojos provenientes de las motos, taxis, buses y chivas que buscaban clientes potenciales entre el grupo que llegó al parque. Llegó la camioneta. Mercado, bolsas y pasajeros hicimos espacio. Atrás dejamos casas y calles para ser recibidos por el polvo, los zancudos, las montañas, y los abrazos de las viejas amistades.

Más tarde se armaron las carpas de todos los colores. Se organizaron los turnos de guardia nocturna y se definieron los voluntarios para esa labor. La tranquilidad y silencio que armoniza el centro Los Tigres, equilibró los ánimos de los y las guardias. El saludo de las autoridades indígenas dio apertura formal al encuentro de la Guardia Campesina en el norte del Cauca.

A las cinco de la mañana, antes de salir el sol, los ejercicios en la cancha de fútbol avisan que la jornada empieza: trote, estiramiento, calentamiento de coyunturas y trabajos de resistencia y agilidad. Luego una hora para bañarse, lavar la ropa, y dar paso al desayuno, preparado por los mismos guardias, y por las manos mágicas y tiernas de doña Yolanda, una indígena de la comunidad. Posteriormente, talleres y reuniones hasta caer la noche, momento en el que cada persona alista el camping, la cobija y la almohada para dormir o trasnochar en la guardia.

El domingo en la tarde, mientras los demás juegan fútbol, le pregunto por la crisis que vive el norte del Cauca a Jhon Jairo Calderon, miembro del equipo nacional del Congreso de los Pueblos, y esto me responde: “Debido a la situación que viven los pueblos indígenas del norte del Cauca, las decisiones de modificar algunos cultivos de uso ilícito, la presencia de grupos armados, y la militarización de las fuerzas de seguridad del Estado, consideramos que era necesario adelantar una jornada para fortalecer organizativa, política e ideológicamente la guardia campesina”.

Los zancudos se hacen notar al llegar la noche. Se reparte la cena para todos y todas, y aprovecho el momento para conversar con David Donado, costeño de agua dulce como dirían algunos del interior. Este campesino nato viene del Cesar, es miembro del Movimiento de Trabajadores, Campesinos y Comunidades de este departamento, y orgulloso integrante de la Guardia Campesina del nororiente del país. Siempre con una sonrisa, David me explica el papel que cumple este cuerpo comunitario en la defensa, protección y cuidado de los Derechos Humanos: “Los gobiernos nos han tenido abandonados, y siempre que nos meten la Fuerza Pública, es represión. Es una obligación organizar la Guardia Campesina, porque es la que defiende y protege a los procesos sociales”. Noto, mientras charlamos, que en su bastón de mando están talladas unas letras. ¿Qué dicen esas letras David? Enseguida levanta el bastón y con la sonrisa más extendida me dice: “Es el nombre del proceso, Flaco”.

A más de uno le sorprende que haya pocas aves en el paisaje. De vez en cuando se ven chulos, una que otra pareja de loros, y las tórtolas con sus nidos en el salón de trabajo. Sin embargo, para estar a la pata del cerro, debería haber más especies volando entre los gualandays. Me llama la atención una guacamaya con los colores de la bandera colombiana que resalta a lo lejos. Me percato de que no se mueve y no se despega de su dueño. Al preguntarle por el pájaro, Jhonatan Sanchez, con su acento costeño, me explica que hace parte de la identidad de la Guardia Campesina, Agrominera y Ecológica del Nordeste antioqueño, al igual que el escudo que contiene montañas, ríos, campesinos y barequeros de ese territorio.

Detallando la tez negra, los brazos fuertes y los ojos rasgados de Jhonatan, recuerdo las tensiones cosechadas entre negros, indígenas y campesinos en algunos territorios. Aprovecho para saber cómo pueden juntarse estos pueblos en un solo territorio. Con el porte de un profesor que explica a un estudiante un tema por primera vez, Jhonatan me va diciendo esto: “Tenemos una mirada, la guardia indígena tiene otra forma de mirar, y también los afros tienen otra forma de mirar. Eso nos conlleva a juntarnos, ver cuál es el camino que nos lleve hacia adelante. En el caso de los indígenas que hay en el resguardo de La Pó, estamos haciendo junto con ellos vigilancia en las noches. A las personas que vemos, les preguntamos si están afiliadas a la Junta de Acción Comunal. Sin violentar a nadie, solo se les exige que se afilien y hagan parte de la JAC. Hago el llamado a que no tengamos miedo, sino a seguir luchando y reclamar nuestros derechos con el bastón en alto”.

Al bastón de chonta no lo dobla el miedo, ni se astilla con los ataques tramposos del Gobierno nacional. Por el contrario, en cada carcajada, abrazo y bastón al cielo, las raíces de la dignidad y lucha se entierran profundamente en los corazones de los pueblos del campo y las ciudades.

*Integrante de la Secretaria de Formación, Comunicación, Investigación y Pensamiento Propio del Coordinador Nacional Agrario

La historia de explotación hacia el campesinado, y su experiencia de resistencia a través de los años, se ha reflejado en los procesos organizativos que este sector ha impulsado con creatividad y astucia, y que han nacido como reacción a distintas políticas de los gobiernos en contra de los campesinos. Un ejemplo es la Guardia Campesina, una expresión que impulsan los sectores reunidos en el Coordinador Nacional Agrario, y que tiene como objetivo defender los derechos humanos y el territorio.

Aquella persona que hace parte de la Guardia Campesina (de aquí en adelante GC) sufre una transformación en sí misma, guiada por los principios de igualdad y solidaridad. Es la construcción constante de un líder o lideresa. Es una persona que sacrifica la vida por defender su comunidad.

Una simbología
Este espíritu de resistencia política se expresa en la simbología de la vestimenta propia de la GC. Un primer distintivo es el chaleco, que dice Guardia Campesina, y que tiene el respectivo escudo; escudo que, actualmente, está en reelaboración, en pro de hallar uno que represente los sectores agrarios, étnicos y urbanos o populares. Se ha invitado a las comunidades a que participen en este proceso creativo. No se discrimina el campo o la ciudad, pues la idea es que todos los actores aporten a la simbología del guardia algo propio de su territorio.

Sigue el berraquillo o garrote, que simboliza la forma como el guardia orienta las actividades en la comunidad. No hay que olvidar la herramienta histórica del campesino: el machete o peinilla que se usa para distintas actividades, en especial la agricultura, y que representa el trabajo incansable y guerrero del campesino. Además, hay comunidades que incorporan el sombrero o la gorra, así como botas, linterna, ruana o cualquier otro elemento propio de la región.

Una autoridad para la paz
Todo en su conjunto es un referente simbólico, pero también un referente de respeto y autoridad. No una autoridad impuesta como la de las fuerzas militares o policiales del Estado; su reconocimiento se gana a través del ejemplo, trabajo colectivo y entrega voluntaria.
En la GC no se habla ni ejerce la violencia, lo que se pone en práctica es la defensa de los derechos humanos y de la movilización. Este proceso pone por encima la autoprotección de todas las expresiones de vida que confluyen en los territorios. Es por eso que la GC se prepara para ayudar a solucionar los conflictos en la comunidad, tanto los derivados de asuntos cotidianos o familiares, como aquellos propios del conflicto armado. El guardia tiene la potestad de conversar con los actores armados para que estos no violen el Derecho Internacional Humanitario ni los derechos humanos, para que no irrespeten el territorio, ni tengan alguna intromisión con las personas. La GC tiene la función de acordar normas de juego entre la comunidad para que los conflictos se resuelvan y no se repitan.

Todo esto tiene su raíz en uno de los motivos fundacionales del movimiento. La GC surge por la necesidad de defender la comunidad de la delincuencia, para resolver problemas familiares y defender los bienes comunes del territorio, teniendo como referencia el plan de vida de la comunidad y el plan de trabajo de las organizaciones sociales de las cuales la GC hace parte.
Por ejemplo, ante un problema ambiental, la comunidad se organizó para realizar trámites en las instituciones y poder limpiar un río cercano, pero no se obtuvo ayuda. Por ello crearon el grupo de la GC, de carácter campesino y ambiental. Al recorrer el río descubrieron un proyecto para sacar arena, la GC reunió a la comunidad y exigieron la salida de este proyecto de extracción, aplicando el principio de defensa de los bienes comunes de la naturaleza.

En cuanto a la delincuencia común, se han presentado los típicos casos de robo a los habitantes en el camino a los caseríos. La GC empezó a caminar por las rutas con su simbología, como una forma de hacer notar su existencia y funcionalidad de protección. La GC no está para cazar ladrones, está para ahuyentar este tipo de personas sin necesidad de pelear con el otro. Su presencia misma hace respetar la comunidad porque su existencia es una muestra de organización. Ahora bien, si se presenta el caso de captura de un ladrón, este se retiene hasta que se le entrega a las autoridades competentes para que ejerzan la ley, más no se ejecuta un castigo a la persona.

Una lucha distinta
Cada guardia tiene sus propias iniciativas y normas de funcionamiento. La indígena tiene cientos de años de experiencia y conocimiento, pues hace parte de la historia de lucha de este pueblo. Por otro lado, las diferencias son notables de una a otra, porque la Guardia Indígena implementa el castigo, en cambio la Guardia Campesina controla. Además, su guía política es la cosmovisión étnica.

Otra diferencia es la forma de concebir el territorio y ordenarlo popularmente. El campesinado no posee una figura de ordenamiento territorial propio como el resguardo o cabildo del pueblo indígena, o el título colectivo del pueblo afro. El campesinado tiene la Junta de Acción Comunal (JAC) que se rige bajo la normatividad estatal, pero no delimita el territorio campesino, lo que denota la ausencia de reconocimiento del campesinado como sujeto político. Por ello, la GC contribuye a la conformación de los Territorios Campesinos Agroalimentarios (TECA) que buscan ser la figura territorial de ordenamiento y gobierno propio del campesinado para potenciar su cultura, su quehacer y su condición de sujeto político de cara al Estado.

Ahora bien, un punto de encuentro con estos dos pueblos es el control territorial contra las violencias en las comunidades. Otro es la resolución colectiva de conflictos cuando un indígena o campesino viole alguna norma de otra comunidad.

Un reto
La consolidación del proyecto de la GC es posible si las familias y la comunidad se articulan en pro de su reconocimiento. Otra tarea a realizar es la creación de unos estatutos que guíen el trabajo a nivel nacional, para ello la base social campesina se debe ver reunida en espacios asamblearios, donde se redacte y acuerde cómo será el paquete normativo que regule las actividades de la Guardia, en pro de poder continuar el camino con solidez, y poder seguir la historia de lucha y resistencia social de los campesinos, que desde la insurrección popular de José Antonio Galán se vieron obligados a organizarse y luchar por sus derechos. La articulación con las comunidades y la creación del estatuto servirán para continuar el apoyo de la Guardia Campesina a la lucha social que impulsan los pueblos explotados de Colombia y el mundo.

*Secretaría de Formación y Comunicación. Coordinador Nacional Agrario

Los Territorios Campesinos Agroalimentarios (TCAG) son una figura territorial creada desde las comunidades campesinas e indígenas que viven en el campo, que producen la tierra y viven de comercializar sus productos agrícolas o pecuarios. Estos tienen el objetivo de fortalecer los ejercicios de autonomía y soberanía alimentaria de las comunidades, quienes a través de sus organizaciones propias, asociaciones y cooperativas, se reúnen para consolidar la Junta de Gobierno, el plan de trabajo territorial y el despliegue logístico del TCAG.

Bajo esta premisa, el pasado mes de noviembre se constituyeron el TCAG “Vida y soberanía popular”, ubicado en los Distritos 2 y 6 del municipio de Saravena, y el TCAG del “Piedemonte araucano”, ubicado en el Distrito 1 de Fortul, ambos en el departamento de Arauca. Durante la declaración oficial de estos territorios, hombres y mujeres lucieron orgullosos los productos de su finca o sus proyectos económicos. En medio del mercado campesino, vecinos e invitados conversaron, creando lazos afectivos que contribuyen a fortalecer el tejido social.  

Con esta declaración y constitución se ponen en práctica tres vocaciones que históricamente han tenido estos pueblos araucanos. La primera es el tipo de democracia que desde la llegada de los colonos han aplicado, la de carácter participativo. Es decir que en asambleas, reuniones, comités y vocerías, la comunidad participa directamente en la construcción de su futuro, sin intermediación de actores externos que no representan sus intereses y necesidades.   

La otra vocación que hace posible el TCAG es la agrícola y pecuaria, porque permite que las comunidades continúen produciendo alimentos bajo la agricultura orgánica, limpia de agrotóxicos, como forma de preservar su salud y la vida de las personas y la naturaleza, evitando que las parcelas sean vendidas a empresas. Por eso, en las instalaciones de los TCAG encontramos papaya, yuca, plátano, naranjas, hortalizas, gallinas criollas, vacas, frutas de todo tipo, cacao, e incluso las mujeres impulsan proyectos como la elaboración de chocolates, postres, vinos de frutas, entre otros. De esta manera, también permiten que las comunidades exijan a las instituciones el apoyo a sus proyectos productivos.
La tercera vocación es la defensa y permanencia en el territorio, porque si bien es cierto que la tierra debe ser para quien la trabaja, también se debe defender con lucha y organización y no permitir el despojo por parte de los megaproyectos viales o petroleros como Caño Limón, o Verilo llano 58 y 51, en Saravena y Fortul, los cuales han dejado grandes afectaciones ambientales, sociales y culturales. Esta responsabilidad de defender el territorio recae en toda la comunidad, que se ha organizado en la Guardia Campesina, Étnica y Popular para poder tener una herramienta encargada de esta labor.

La guardia campesina garantizará que las multinacionales no invadan el TCAG; así mismo motivará a que la organización del territorio sea estable y sus miembros sigan el ejemplo de disciplina que caracteriza a los miembros de la guardia. Su carácter siempre será defensivo, porque su lógica es proteger y preservar, no destruir. Para lograr su objetivo, se valen de un bastón hecho con la madera más resistente que ofrezca el territorio, el cual no dudarán en usar si una amenaza pretende dañar el TCAG.

Lo que sigue de aquí en adelante es hacer realidad el plan de trabajo de las TCAG, de la mano de las Juntas de Gobierno, figura por elección democrática. En estos miembros de las comunidades recae la responsabilidad de llevar a cabo las propuestas hechas por la gente, hablando de igual a igual con las Alcaldías, Consejos municipales, Gobernación, y demás entidades del Estado para que sea reconocida la autonomía y soberanía de estos territorios.

Desde el Coordinador Nacional Agrario se impulsa la creación de estas figuras territoriales populares, que se encaminan al reconocimiento del campesino como sujeto de derechos, siguiendo el ejemplo de los pueblos hermanos indígenas y afrodescendientes. Solo queda por decir que donde haya una familia campesina trabajando la tierra para que tenga comida en su mesa, hay todo un ejercicio político de preservar la vida. Debemos darle dignidad a ese acto bondadoso con la movilización, organización y lucha popular en el campo.

 

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