Anthony Rondón Camacho

Anthony Rondón Camacho

Monday, 09 April 2018 00:00

Lágrimas que no se evaporan

Luz Perla Cardozo se levanta temprano en medio del canto del gallo y el revolotear de sus aves. Con juicio y dedicación comienza el día poniendo a secar los forrajes que son la base sustancial de su producción de gallina criolla. Una vez pone las hojas a deshidratar, alimenta sus gallinas que son parte fundamental de su vida, una forma de defender el territorio y de reivindicar la memoria de su esposo.

Todos los días, mientras las alimenta, Luz Perla trata de responder las preguntas que retumban en su cabeza. ¿Por qué razón cometieron el indignante crimen? Aunque los autores materiales respondieron algunas preguntas ante Justicia y Paz, aún quedan interrogantes sin resolver. ¿Y los actores intelectuales…? Aquellos que señalaron, aquellos que ordenaron. ¿Dónde está la verdad? Hoy, lamentablemente, la única respuesta de Luz Perla es la impunidad.
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Al asomar los primeros rayos de sol inclemente que baña el Sur del Tolima, el lunes 25 de marzo del 2002, sobre las cinco de la mañana, la angustia levantó a Luz Perla, a su esposo Baudelino y a sus hijos. Luz Perla le recordó a su esposo que desde el sábado hombres pertenecientes al Bloque Tolima de las autodefensas habían ido a su finca a buscarlo.

La primera vez llegaron en un taxi amarillo hasta la entrada ubicada a escasos 30 metros de la carretera que comunica el municipio de Natagaima con el corregimiento de Castilla, situado en el municipio de Coyaima. La fisonomía y el acento delataba que los hombres no eran de estas tierras ancestrales. Una vez entraron en la finca Altagracia, preguntaron por Baudelino. Al ver que no estaba decidieron hablar con Luz Perla. Le exigieron que contribuyera con las necesidades del grupo armado entregándoles dos reses del resguardo Palma Alta cual era gobernador Baudelino. Al siguiente día —el domingo 24 de marzo— volvieron a buscar al Gobernador, pero no lograron encontrarlo. Esta vez entraron con el vehículo hasta la puerta de la casa, y avisaron que al siguiente día volverían.

Tras conocer la situación, Baudelino decidió reunirse con los integrantes del resguardo quienes le aconsejaron entregar las dos reses para que no molestaran más a sus familias. Además, la comunidad insistió que el Gobernador, y los compañeros más visibles en los escenarios de movilización y organización indígena, debían salir de la región o tomar medidas frente al inminente riesgo.

Luz Perla, en la misma sintonía de aquel clamor comunitario, le pidió a su esposo que se fuera del territorio, pues lo peor estaba por venir. Él, con coraje y dignidad, le dijo: “No lo haré, no debo nada y no tengo porque irme”. Ella sintió escalofrío al escuchar su respuesta. Y deseó no tener miedo, doblegar la angustia de perder a su amado compañero, al padre de sus hijos, al apoyo del hogar y de la comunidad.
La mañana del lunes 25, Baudelino abrazó a Perla quien organizaba una ropa para ir a lavarla en la quebrada Guaguarco. Él le manifestó su deseo de acompañarla y estar a su lado para brindarle algo de tranquilidad en esos momentos donde tanto necesitaban el uno del otro. Ella, entusiasmada, alistó todo en una carretilla y salieron rumbo a la quebrada. Cuando avanzaron un poco vieron que se acercaba aquel taxi amarillo. Ambos sintieron temor. Baudelino pensó que esa era la posibilidad para solucionar el problema, mientras que Luz Perla sintió un escalofrío.

Del auto se bajaron cinco hombres y preguntaron por Baudelino. Él se presentó con el ahínco característico del indígena pijao. Baudelino les dijo que tenía listas las reses que pidieron y que con gusto les diría cómo podían llegar hasta ellas. Los hombres le pidieron que los acompañara a recogerlas. “No hay necesidad que yo vaya, pueden ir ustedes mismos a recogerlas, les daré la indicación de cómo llegar”, respondió Baudelino. Los criminales le ordenaron que debía ir con ellos porque su jefe deseaba conversar con él. Baudelino, temiendo por su familia, les dijo que lo esperaran, que rápidamente se arreglaría.

Luz Perla, con la angustia de quien se encuentra rodeado por el verdugo, corrió detrás de él. Al entrar en la casa, mientras se colocaba sus botas, Baudelino bajó la mirada. Sin voltear la cara se quitó su argolla de matrimonio. De repente miró a sus hijos y luego, observándola fijamente, le entregó la argolla a su esposa y salió del hogar para ponerse a disposición de los paramilitares.

Los hombres subieron a Baudelino al carro. Iba en medio de los captores en la parte trasera del taxi. El Vicegobernador, que se encontraba afuera de la casa de Perla y Baudelino, dijo que si se llevan al Gobernador debían llevárselo también a él. Los hombres respondieron que eran cinco y con Baudelino llevaban sobrecupo. Desobediente, el hombre abrió la cajuela del taxi y se metió en ella. La suerte estaba echada.

Luz Perla y sus hijos miraron con angustia cómo el carro abandonaba el predio. El carro tomó carretera y pasó por un retén de la Policía que no le prestó atención al sobrecupo del automotor. El auto se detuvo en una estación de gasolina, al parecer su dueña estaba vinculada con los paramilitares. Allí bajaron al Vicegobernador y le ordenaron que se fuera. A pesar de su insistencia los captores siguieron su camino sin él.

A las 10:30 de la mañana, el carro llegó hasta el cruce de La Molana, una vereda del municipio de Natagaima, de allí tomaron rumbo hacia el río Magdalena. Sin haber avanzado mucho el carro se atascó por lo deteriorado del camino. En ese momento se bajaron los tripulantes y de forma fría y cobarde, aproximadamente a las 10:55 a.m., asesinaron a Baudelino.

Luz Perla pasó horas de angustia, desespero y dolor. Esa misma tarde, a eso de las dos de la tarde, llegó en una moto uno de los hombres que se había llevado a su esposo. Alterado le dijo: “Vieja hijueputa, entrégueme las armas”. El verdugo entró por la fuerza, revolcó la casa, y solo encontró una vieja escopeta de fisto, herramienta muy común entre los pobladores de la zona. Perla, desconsolada, le preguntó por Baudelino, a lo que el hombre simplemente respondió que en un rato llegaría, que estaba en una de las fincas cercanas.

Sobre las cinco de la tarde, cansada de esperar, Luz Perla, acompañada por el Vicegobernador, fue hasta el corregimiento de Castilla a preguntar por su esposo. Aunque allí era frecuente la presencia permanente de paramilitares, no encontraron rastro de los criminales.

Al otro día, el martes 26, Baudelino tampoco regresó. Luz Perla agarró su bicicleta y partió hacia el pueblo. Allí, un allegado de la familia le dijo que había un muerto sobre La Molana, que fuera a ver si podía identificarlo. El conocido sabía que era Baudelino, pero no tuvo el valor de darle la noticia. Ella también presintió que era su esposo, y en ese momento sintió que moría una parte de su vida.

A los tres meses del asesinato, los hombres de la muerte volvieron. Encerraron en el baño a Perla y a sus hijas, y destruyeron la casa. Después del suceso Perla decidió irse de su finca Altagracia. Se internó en los predios de la comunidad, y gracias a la ayuda de los miembros del resguardo logró levantar una casa.

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El crimen no solo transformó la vida de Luz Perla, también el espíritu de la comunidad. El resguardo Palma Alta hace parte de la Asociación de Cabildos Indígenas del Tolima (ACIT). Esta organización vivió de manera macabra e impune el accionar de los paramilitares. Según el informe número 1 “De los grupos percusores al bloque Tolima (AUC)”, elaborado en el 2015 por el Centro Nacional de Memoria Histórica, sobre la ACIT se cometieron el 60% de los homicidios, el 88% de las desapariciones forzadas y el 80% de las masacres perpetradas por este grupo paramilitar en el Sur del Tolima. Todos estos crímenes no son simples datos. Son muestra del atropello y la intención de desaparecer una organización política de la región. Familias enteras aún lloran con dolor al recordar esos años siniestros.

A pesar de las dificultades, el dolor, el abandono estatal y la impunidad, Luz Perla ha logrado salir adelante con valentía y heroísmo. Luego de estos hechos, apoyada por un líder comunitario y concejal llamado Alberto Márquez, el cual también fue asesinado, Perla recibió apoyo psicológico y jurídico. “Entendí que no soy la única víctima. Son cientos de mujeres y familias que tristemente hemos pasado esta situación y que hemos exigido siempre al Estado verdad, justicia, reparación y sobre todo protección para que nunca más esto vuelva a ocurrir. Es que es muy verraco pasar por todo esto y al final no saber a ciencia cierta quiénes y por qué razones cometieron estos crímenes”, señala Luz Perla quien actualmente se desempeña como defensora de derechos humanos.

Los políticos locales que la comunidad señala como precursores y aliados de los paramilitares nunca han respondido por los hechos. Los policías que jugaban fútbol con los criminales en las narices de la población tampoco responden. Las familias que impulsaban, financiaban y rodeaban el Bloque Tolima de las AUC mucho menos.

A pesar de la impunidad, poco a poco Luz Perla logró emprender un camino en el cual descubrió la producción agroecológica de gallinas criollas. Su propuesta productiva, con la cual defiende el territorio del que ha jurado nunca salir, parte de estos animales a los que cuida y alimenta con dedicación. Luz Perla ha decidido extender los aprendizajes a otras mujeres y familias víctimas de todo el accionar paramilitar, para que, al igual que ella, puedan sacar adelante la vida de sus seres queridos. “Las gallinas en la finca son la alegría, son una excusa para luchar, son una motivación para vivir. Una finca sin gallinas es fría y vacía, es casi como una casa sin niños”, asegura emocionada Luz Perla.

Luz Perla es una heroína, una mujer luchadora que provoca enorme admiración. Ha sido gobernadora del resguardo Palma Alta y es una líder que ejemplifica la defensa del territorio, de las víctimas, las mujeres, la cultura, y la biodiversidad.

Aún nos duele el Salado, Mapiripan, El Aro, Frías y todos los actos de barbarie cometidos por los paramilitares en todo el país. Aún nos da rabia recordar los compañeros de la ACIT cobardemente perseguidos y asesinados. Aún no hay perdón ni mucho menos olvido.

Desde la periferia Luz Perla nos invita a resistir. Con sus gallinas nos invita a tejer siempre propuestas dignas para luchar. Con su corazón nos contagia de dignidad y nos da razones para mirar el sur de Baudelino, Alberto, Efrén y todos los compañeros asesinados por los paramilitares. Nos recuerda que por ellos ni un minuto de silencio, porque en nuestros corazones siguen vivos.

Sunday, 19 February 2017 19:00

La paz: retos y conflictos

Los diálogos de La Habana entre el Gobierno y las FARC, dejaron enormes retos para el pueblo colombiano en su conjunto, producto de la necesidad de buscar caminos que consoliden lo acordado y lograr la paz estable y duradera tan anunciada, criticada y sobredimensionada en el espectro político nacional.

Sin lugar a dudas en medio de este fundamental reto uno de los puntos sustanciales que quedó por fuera –por lo menos de manera implícita– dentro de los acuerdos, fue el tema ambiental. Mencionado como palabra un par de veces en el documento final y olvidado como concepto, este punto resulta vital dadas las condiciones de desarrollo que se imponen en el país. Por ejemplo, en el punto de Política de desarrollo agrario se anuncia un necesario fondo de tierras de cerca de cuatro millones de hectáreas para ser repartidas entre campesinos; así mismo se anuncia que serán desafectadas tierras que fueron apropiadas en zonas de reserva forestal (y que dejarían de serlo) y la consolidación de zonas de reserva campesina (en las que no habría autonomía administrativa). Todos estos puntos son de vital importancia para el sector agropecuario en Colombia, tan afectado por una guerra de más de cincuenta años y por el despojo que ha dejado marcadas cicatrices en el mundo rural de nuestro país.

El problema en estos puntos radica en que no se logra dar una definición política concreta a las acciones a desarrollar en estas tierras y las zonas que quedan excluidas de su definición; por tal motivo y ante la ausencia de una necesaria aclaración, esas cuatro millones de hectáreas se pueden convertir en grandes monocultivos asociados a plataformas agroindustriales, que condicionarían la producción del campesinado, tal como ocurre en el Valle del Cauca y en el Norte del Cauca con la caña de azúcar. Así mismo el otorgamiento de esas tierras podría llegar a darse – pues no lo deja claro– en zonas ambientalmente estratégicas como fronteras en zonas de reserva forestal, por ejemplo, o en zonas de amortiguación ambiental.

Esta situación es agravada por las miles de hectáreas que fueron despojadas a familias campesinas por el paramilitarismo y el Estado en Colombia. Esas tierras vitales en procesos de reparación a víctimas y reforma agraria, quedan por fuera de escenarios de restitución, en gran medida producto de la presión que ejercen las grandes plataformas económicas, socios del paramilitarismo y dueños hoy de esas tierras despojadas. Por otro lado, también existe la duda sobre las zonas que no quedan definidas dentro del acuerdo, dado que estas pueden –contrario a las zonas de reserva campesina– convertirse en puntos de concentración de emprendimientos extractivistas.

Es claro que los acuerdos de paz entre el Gobierno y la subversión no pueden resolver los grandes conflictos que se ciñen en este país. Es un tema agudo que ciertamente requiere del debate y la participación de la sociedad en su conjunto para que se logre su real implementación, pero no deja de ser una preocupación en los procesos sociales puesto que configuran nuevos conflictos para quienes consideran que la paz ronda por un diálogo fundamental entre el hombre y la naturaleza.

Los procesos sociales, actores en conflicto para los que no hay paz
El Tolima se ha convertido en el epicentro colombiano de las luchas sociales por la defensa ambiental. La multiplicidad de movilizaciones, escenarios de formación y resistencia, han sido un motor importante para la defensa territorial y la resistencia a la entrada de hidroeléctricas, petroleras y emprendimientos de megaminería. Sin temores, organizaciones sociales como el Comité Ambiental en Defensa de la Vida, han resistido tratando de mostrar que en Colombia se está construyendo paz desde los territorios, con propuestas que parten del reconocimiento de la naturaleza como un sujeto de derechos.

Sobre estas organizaciones sociales, que históricamente han sido constructoras de procesos que tienen su germen en la búsqueda de la paz, no se puede dar hoy un parte de que se esté avanzando en caminos satisfactorios hacia la paz, ni que se avecinen tiempos mejores. Los proyectos hidroeléctricos en el norte del Tolima tienen acechados a los campesinos que luchan sin descanso para no permitir que privaticen el agua y ser despojados de sus tierras. Hacia el sur, indígenas y campesinos viven una enorme preocupación por la forma como han entrado múltiples empresas mineras e hidroeléctricas a apoderarse del Cañón de las Hermosas, custodiado históricamente por el Frente 21 de las FARC. Así mismo poblaciones como Cajamarca, Anzoátegui, Líbano y Santa Isabel, vienen luchando contra la adjudicación de su territorio para megaproyectos que van en contravía de las necesidades reales de sus comunidades, que son fundamentalmente rurales.

Varias organizaciones sociales articuladas en la Red Departamental de Comités Ambientales han manifestado que la preocupación por la salida del territorio de estos grupos subversivos, se ve reflejada por la acelerada agenda que adelantan gremios económicos, empresas y hasta el Gobierno Nacional; de hecho, el presidente Juan Manuel Santos, adelantó una visita en la zona el 10 de febrero del presenta año. Estos hechos, entonces, han acelerado la conflictividad entre comunidades, empresas, y el modelo de desarrollo del estado que va en contra de la riqueza ecosistémica de los tolimenses (que claman por consultas populares para resolver estos conflictos) y el país en general.

Las negociaciones con el ELN, el protagonismo para los procesos sociales
En una entrevista a Radio Nacional Patria Libre, Nicolás Rodríguez Bautista, alias "Gabino", expresó de manera enfática lo siguiente: "Decimos que la sociedad debe ser protagonista en los acuerdos, se requiere la participación de la gente, sino, no sirve; no hay proceso sin la sociedad, si las víctimas no son tenidas en cuenta", e hizo un llamado a los procesos sociales colombianos para que participen de este proceso de paz.

Este último aspecto es central dentro de la mesa de negociación que se instaló en Quito, Ecuador el 7 de febrero del presente año. De los seis puntos de negociación (Participación de la Sociedad en la Construcción de Paz, Democracia para la paz, Transformaciones para la paz, Víctimas, El fin del conflicto armado, Implementación), llama la atención el punto de participación de la sociedad, donde la mesa ha pretendido que sean los sectores sociales en conflicto quienes logren dar las pautas de cómo serían para ellos la paz en Colombia.

Los procesos sociales del país han hecho la tarea de sentarse a dialogar y buscar metodologías para recoger los propósitos de aquellas organizaciones que se encuentran en conflicto, y que son las convocadas a asumir la batuta de este proceso de negociación. A nivel nacional se adelantó un ejercicio participativo denominado 100 encuentros por la paz, y que organizó la Mesa Social para la Paz, en el cual, las comunidades, organizaciones y sindicatos se sentaron a manifestar los puntos que consideran sustanciales dentro de la búsqueda de un camino de paz para las y los colombianos.

Este aspecto resulta sustancial teniendo en cuenta los elementos que mencionábamos anteriormente, donde la población se encuentra alarmada por el incremento de megaproyectos que atentan contra la posibilidad de un ambiente sano para las presentes y futuras generaciones. Y se abre entonces una oportunidad para construir un proceso de paz desde los sectores sociales, que logre dar peso y protagonismo a las reivindicaciones ambientales que hoy resultan tan amenazadas en Colombia.

Los múltiples asesinatos a líderes de organizaciones sociales, la sobretitulación del subsuelo y de las fuentes de agua en los territorios y el abandono de comunidades campesinas por parte del Estado, son algunos de los varios elementos que deben llamar a rodear, fortalecer y propiciar caminos que conduzcan a que el pueblo colombiano alcance un país en paz, que defiende su riqueza ambiental y que logra construir en medio de las diferencias, sin matarse los unos a los otros.

Wednesday, 25 January 2017 19:00

Sigue en vilo la Consulta Popular en Ibagué

A través del impulso del comité ambiental en defensa de la vida, se ha venido promoviendo desde hace cerca de seis años el desarrollo de una consulta popular en la capital del departamento del Tolima, con el fin de lograr solventar el conflicto generado por la acelerada adjudicación del subsuelo para actividades mineras y en particular la amenaza de mega proyectos mineros en la capital del territorio Pijao.

Como ha sido relatado en anteriores ediciones de Periferia, la consulta popular fue puesta a consideración del Concejo Municipal por parte de la alcaldía del municipio de Ibagué el 4 de enero de 2016, y posteriormente declarada conveniente por dicha Corporación el 29 de febrero del mismo año. Luego, en cumplimiento del artículo 21 de la Ley 1757 de 2015 la Alcaldía remitió la consulta popular al Tribunal Administrativo del Tolima para que se pronunciara sobre su constitucionalidad. Mediante sentencia del 28 de julio de 2016 la Sala Plena del Tribunal Administrativo declaró “constitucional el texto de la pregunta que se pretende elevar a consulta popular en el municipio de Ibagué”. El texto de la pregunta propuesta era el siguiente:

“¿Está usted de acuerdo SÍ o NO con que en el Municipio de Ibagué se ejecuten proyectos y actividades mineras que impliquen contaminación del suelo, pérdida o contaminación de las aguas o afectación de la vocación agropecuaria y turística del municipio?”

Dicha consulta fue acordada entre la alcaldía y la registraduría para celebrarse el día 30 de octubre en Ibagué. (Tras postergarse debido a que la fecha inicial era el 2 de octubre día que se desarrollaría la consulta sobre los acuerdos entre el gobierno y las FARC). Pero antes de la fecha acordada se interpusieron distintas acciones de tutela frente a la decisión del tribunal administrativo, alegando que esta consulta vulneraba el derecho al trabajo y la dignidad humana.

El 7 de diciembre el Consejero Hugo Fernando Bastidas emitió fallo para las sentencias acumuladas y decidió amparar el derecho a la libertad del elector y dejar sin efecto la decisión del Tribunal Administrativo del Tolima. Esto fue respondido por parte del consejo de estado quien determinó que debía ser cambiada la pregunta pues induce la respuesta al elector y sugirió que sea la siguiente:

“¿Está usted de acuerdo SÍ o NO con que en el Municipio de Ibagué se ejecuten proyectos y actividades mineras?”

Frente a esto, el comité ambiental y acorde a lo manifestado en la impugnación por parte de la alcaldía frente a esta decisión, precisó que «el objetivo de la consulta no era preguntarle a la ciudadanía si estaba de acuerdo con la minería en términos generales, sino con un tipo específico de minería. En efecto, la inclusión de esa segunda parte del texto tenía el propósito de definir el tipo de minería sobre el cual se estaba preguntando, es decir, aquella minería que tiene efectos contaminantes y que tiene la potencialidad de cambiar la vocación agropecuaria y turística del municipio».

La sala cuarta del consejo de estado se extralimitó a frenar la consulta y basar los hechos en un cambio de la pregunta. Pero al ser una consulta de origen gubernativo, faculta al burgomaestre para ser quien coloque a consideración la pregunta que surtirá trámite en el concejo y tribunal, y no debe ser –en términos constitucionales- una imposición dado que desconoce las facultades legalmente establecidas para este tipo de eventos por parte de la administración municipal. Además de esto, el juez de la sala cuarta de estado no logró resolver los asuntos relacionados con la tutela que alegaba el derecho al trabajo y la dignidad humana, y que fue lo que realmente frenó la intención de hacer la consulta popular.

Bajo esta situación la comunidad tolimense se encuentra a la espera de una decisión sobre esta impugnación que tiene con ansiedad y expectativa al pueblo que manifiesta ser quien decide sobre el territorio. Sin lugar a dudas el Tolima ha puesto a nivel nacional un importante debate sobre la posibilidad de que las consultas populares se conviertan en una herramienta en la lucha de los pueblos por la defensa del territorio.

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