Sebastián Yarce Gil

Sebastián Yarce Gil

Friday, 02 November 2018 00:00

Ríos para la vida, no para la muerte

Al tiempo que el país se enfrenta más que nunca al drama sobre la producción de energía y extracción de recursos naturales, se moviliza en las ciudades, pueblos y veredas una masa de conciencia colectiva que hoy dice no al extractivismo salvaje ocasionado por las ansias de dinero y poder que caracterizan al sistema capitalista neoliberal, ampliamente apoyado por gobiernos y agentes internacionales.

A raíz de fenómenos como el fracking y la catástrofe de Hidroituango, la movilización se intensificó, y para responder a esta dinámica es que se celebró en Barrancabermeja, Santander, entre el 8 y el 12 de octubre, el segundo encuentro nacional del Movimiento Ríos Vivos. Fabio Muñoz, integrante del movimiento en el norte de Antioquia, habla un poco acerca de este encuentro: “El tema principal que nos trae acá tiene que ver con la transición minero-energética de nuestro país y nuestros territorios. La idea es mirar cómo le vamos a hacer para que no sigan los abusos y el saqueo de nuestras riquezas naturales”, y aclara que el primer día fue de ajustes, de acomodación logística y reafirmación de los principios del movimiento.

“Trabajamos con base en las tesis que se han creado en construcciones colectivas del movimiento. Es partir de los aportes de todas las personas y asociaciones que estamos vinculados al Movimiento Ríos Vivos”, destaca Muñoz, quien resalta además que entre las principales expectativas que se tuvieron fue la integración exitosa de regiones, de culturas, y de toda la riqueza que tiene el país. “A partir de eso, el segundo día en la noche hicimos una feria gastronómica, probamos muchas de las cosas sabrosas de nuestro país compartidas por las organizaciones, y tuvimos también el encuentro con las semillas, que es importantísimo porque muchos estamos en esa transición energética y la primera transición que tenemos que vivir es comernos nuestros propios alimentos con las semillas nativas”.


Un tejido de resistencias
El encuentro de Ríos Vivos contó con el acompañamiento de delegaciones de más de diez departamentos del país y de varios países del mundo. Cuba, Brasil, Alemania y Chile, hicieron parte de esta lista. Las situaciones particulares de las personas y organizaciones nacionales e internacionales que participaron hacen que se teja una red de resistencia que, apoyada por el arte y la simbología, va arando un nuevo rumbo para esta tierra sagrada.  

Mientras Elver Calderón escucha la poesía que una negra de Córdoba le canta a su territorio, cuenta un poco su historia. Elver es de la Asociación de afectados por la hidroeléctrica El Quimbo en Zuluaga, Huila. “Nosotros fuimos unos desplazados más de la multinacional que hizo este proyecto. Nos quitaron el trabajadero, la pesca, la minería artesanal y todos los derechos que teníamos sobre el río Magdalena. Ni siquiera podemos ir al paseo de olla porque privatizaron el río”.

Elver relata que se opusieron desde que empezaron las construcciones del megaproyecto. En el 2011 hicieron una movilización que hizo parar la construcción por cerca de 15 días y la multinacional, con ayuda del Gobierno, les echó el ESMAD. “Hubo varios heridos, entre ellos un niño de siete años que perdió un ojo”. Han hecho varias manifestaciones y tomas de tierra, reclamando lo que les pertenece.

“Reclamamos tierra para poder trabajar y nos volvieron a echar el ESMAD. En este momento hemos estado hablando con EMGESA para que vuelvan a realizar el censo de la población afectada y reconozcan sus derechos. No queremos más represas en el Huila, porque la energía no es para nosotros, la energía se la llevan para otros países. Lo nuestro vale más que una basada de petróleo o un kilovatio de energía”, atina Calderón.

Así, esta resistencia en Huila se conecta con la de La Patagonia en Chile. Pamela Díaz, cofundadora del movimiento Patagonia sin represas que lleva 12 años de lucha, relata que su trabajo consiste en impedir que los dos ríos más importantes de la región sean represados: “El Baquer y el Pascua, con tres y dos proyectos de represas respectivamente”.

“La lucha se convirtió sin querer en un hito a nivel chileno y logró frenar el que sería uno de los tendidos eléctricos más grandes del mundo. Nos empezamos a autoeducar; la campaña empezó muy incipiente, pero tomó un nivel de importancia enorme por lo que significa La Patagonia, al ser una de las reservas más grandes de agua dulce del planeta”, anota la chilena destacando que les ayudó mucho haber actuado frente a un proyecto que no se había consumado.

Por su parte, Carlos Rivera llegó desde El Salvador y es integrante del Movimiento Latinoamericano contra las Represas. Quisiera que todos los países se pudieran unir “para ser un solo frente de lucha contra las represas que tanto daño han hecho a la humanidad”. Carlos también es integrante del Frente Nacional Agrario de su país, y comenta que “hay una constante problemática con la privatización del agua que se expande por todo el mundo. Los capitalistas la ven con fines de lucro, no como bien común. A la lucha en nuestro país se han unido organizaciones como universidades y religiones, esperamos que la lucha no pare”. A Rivera le llama atención el afán de lucha alrededor de la energía en Colombia. “Acá veo que luchan mucho, se están dando pasos y se ve el avance en la defensa de la vida”, concluye.

Repensar el modelo energético
Álvaro Restrepo Gaviria, integrante de la Red de Acción Frente al Extractivismo (RAFE), presente en Medellín, cuenta a modo de reflexión que los seres humanos somos energía y necesitamos de ella, pero la forma en la que se genera y se distribuye es inequitativa, injusta y violenta. “Alrededor de 40 millones de personas en todo el mundo han sido desplazadas por proyectos de generación de energía hidroeléctrica, nuestro caso más reciente es el de Hidroituango. En Colombia tenemos un potencial importante en la generación de energía solar, esos son caminos que debemos empezar a explorar más”.

Varios paneles y conversatorios con expertos y con comunidades, una audiencia pública a la que asistieron varios congresistas de la oposición y una movilización por las calles de Barrancabermeja, fueron otras de las acciones realizadas en el encuentro. “De aquí salimos con unas bases y unos planes para cada una de las organizaciones”, afirma Fabio Muñoz de Ríos Vivos y añade que “como movimiento es placentero saber que recibimos varias delegaciones del país interesadas en conocer sobre el tema y aquí también están como veedores y acompañantes de este proceso que es importantísimo, porque no es hacer solos sino articulados”.

Álvaro, de la RAFE, concluye que “esencialmente la vida y la energía son una, todos somos parte de ese tejido, entonces cuando se rompe un nudo, todo se desarticula. Grandes ecosistemas se ven afectados por ese modelo capitalista. La idea no es chocar y crear más caos, sino fluir por otros rumbos y buscar mejores alternativas.”

Saturday, 07 July 2018 00:00

Jardinear con amor

“Mi labor: convertir los basureros
por donde pase en jardines”. Teresa Mejía

Sus canas, arrugas y sonrisa, hacen juego perfecto con las flores que planta en las pendientes que comunican los barrios Campo Valdés y Miranda en Medellín. El dulce tono de su voz hace canción con el murmurio de las abejas que se alimentan del polen de sus jardines. No teme a que sus años le pongan zancadilla y ruede entre la basura que arrojan los transeúntes a las zonas verdes que decide amadrinar. Ante la mirada impávida de quienes pasan por su lado, sonríe y saluda entusiasta; ya muchas personas reconocen su labor y lanzan palabras de ánimo cuando la encuentran en alguna de las mangas de estos barrios del norte de Medellín.

“Cuando pasa la gente, me felicita. Me dicen que tan juiciosa, que tan guapa… Me admiran”, anota con un humilde tono de orgullo que muchos anhelarían poseer, y enalteciendo su labor, afirma que ya en varias ocasiones le han hecho entrevistas para reportear en noticieros o magazines su misión positiva de embellecer la ciudad. En pocos años, miles de flores ha visto nacer Teresa Mejía, obteniendo como recompensa la alegría que le inspiran sus formas y sus colores.

“Empecé hace cuatro años después de ver tanta basura en las zonas verdes. Luego me fui a vivir dos años a una finca en Envigado y cuando volví estaba todo muy abandonado; nadie había hecho mi labor, entonces ahora lo estoy volviendo a hacer. Yo no le sé los nombres a las flores, pero me gustan mucho; aquí sembré estas moraditas y arribita pienso sembrar unas amarillas”, comenta Teresa mientras expresa con sus gestos una emoción similar a la exhibida por un infante con sus juguetes nuevos.


No vacila en afirmar que no les teme a las pendientes por las que se trepa para recoger el plástico abandonado y arar con sus uñas la tierra en la que siembra nuevas flores. A pesar de su edad, se le ve moverse ágilmente en su lugar de trabajo. A lo mejor es porque tiene la resistencia y agilidad que obtuvo desde la infancia. Aunque sembrar jardines en basureros es una labor de los últimos años, dice Teresa que desde pequeña le ha gustado hacerlo.

“Desde niña tengo la goma de jardinear. Recuerdo los tulipanes rojos que mantenía bien abonados en mi casa y aquellas flores que no recuerdo el nombre que mamá conseguía donde las vecinas.”

Tal vez esa sea una razón por la que Teresa se vea en algunas ocasiones con acompañantes particulares, que enamorados de su labor y motivados con su bondad, deciden unírsele para formar un combo de sembradores de esperanzas, de sueños e ideales hechos flores, que poco a poco van formando en la comuna cuatro barreras vivas y no invisibles.

“Hay algunos niños que cuando me ven haciendo esto, se ponen a ayudar. Yo les pregunto '¿quieren ver esta manga llena de flores?', y ahí mismo responden todos contentos que sí. Entonces yo les digo que se pongan pues a recoger la basura que hay, o a mover la tierra para plantar el jardín, para que se haga realidad. Por allí abajo tenemos un jardín hermoso ya sembrado con la ayuda de niños”.

Su labor es inspiradora, desinteresada, cargada de sentimientos que motivan a cualquiera a cuidar los bienes comunes como son los parques y los senderos. Más allá de esto, con su labor Teresa nos invita a reproducir la vida con las capacidades que tengamos. Ella es un ejemplo para muchas personas que aun teniendo la energía y un espacio para plantar todo un jardín, no plantan una semilla. También nos da una lección en su forma de invertir sus tiempos.
Esta mujer es toda una polifacética. Es consciente de la necesidad de invertir el tiempo en prácticas diversas. Además de hacer florecer basureros en las pendientes de Medellín, Teresa crea bordados, pinta acuarelas y aunque no pertenece a una fundación, es voluntaria de su comunidad: ayuda a personas más necesitadas y acompaña enfermos.

“También estoy en un programa en el centro Vida de Moravia donde hacemos manualidades, salimos a caminatas, hacemos gimnasia y de todo un poquito…”, comenta. Ella tiene visionado varios deseos que buscan más bienestar común. Siente la necesidad de proyectar campañas para que las personas valoren más los espacios públicos y para que se motiven a preservarlos. Es por eso que ha planeado varias alternativas.

“A mí me gustaría que las personas fueran más conscientes y no arrojaran tanta basura. Quisiera poner un basurero allí arriba y otro allí abajo para que todos los estudiantes que pasan no dejen tantos papeles de confites y galletas en el césped. También me gustaría poner un avisito que diga 'por favor dejar este lugar limpio y agradable'. No que diga 'prohibido arrojar basura'… No, sino en el sentido propositivo… Por aquí cerca no hay ni avisos de la alcaldía, ni canecas; falta todo eso”.

Teresa es una colombiana a seguir, es de esas personas que motivan a no desistir ante las adversidades; es el rostro de esos seres que nacen para promover la esperanza entre la gente, que crecen promoviendo la confianza y la conciencia colectiva con quehaceres sencillos pero esenciales y que no mueren porque su legado es más fuerte que el olvido y perdura entre tiempos y distancias. Mil sonrisas hay que darle cuando se le encuentre entre el césped y la basura, floreciendo con pasión. A Teresa Mejía, larga vida y pleno estar por su incansable labor. “A veces me preguntan '¿Ay, usted no está muy cansada?', y yo respondo que no porque lo que estoy haciendo, lo hago con amor”.

Hace más de dos décadas, Juan Guillermo Carvajal, tecnólogo agropecuario, licenciado en agricultura y administrador de empresas agropecuarias, envió un estudio de suelos a la Universidad de California con los datos del cañón del río Arma, en Sonsón, y recibió como respuesta que se trataba de la segunda o tercera zona más propicia a nivel mundial para sembrar Aguacate Hass. Esta es una de las razones por las que Carvajal tiene una finca productora de la fruta en la vereda Tasajo este municipio ubicado en el Oriente de Antioquia.

Juan Guillermo recuerda que en octubre de 1987, mientras solucionaba un problema con el tomate de árbol en Sonsón, dictó unos talleres sobre distintos frutales a varios campesinos. “Por aquí todo el mundo decía que cómo iba a pegar el aguacate en tierra fría; que eso no servía. Entonces dije 'cómo no, espere y verá', y me fui allí a Tasajo y allá me recibió la familia Castañeda, que fueron de los primeros en empezar a sembrar aguacate en Sonsón”. Ya instalado en Tasajo, desplegó su accionar por veredas como Llanadas, El Brasil, La Morelia y muchas otras, injertando en la cultura campesina de la región el apego a productos como el aguacate y la uchuva. En los últimos días, desde el acopio de Sonsón han llegado a salir, en un mes, unas 280 toneladas de aguacate.

Según un artículo publicado en el periódico De La Urbe por la estudiante de Comunicación Social y Periodismo Jesica Montes en diciembre de 2018, a la fecha había aproximadamente 3000 hectáreas cultivadas con aguacate en Sonsón y en 28 de las 153 veredas del municipio se sembraba la fruta. El articulo llamado “Si todos nos ponemos a sembrar aguacate ¿qué vamos a comer?”, dice que en 2016 Colombia exportó 35 millones de dólares en aguacate de la variedad Hass y que al año, Sonsón cosechaba unas 15.000 toneladas de aguacate. Sobra decir que el foco de este artículo giraba en torno a fomentar la discusión sobre la expansión acelerada del monocultivo.

“El padre Henry”, reconocido líder comunitario de Sonsón, perteneciente al Movimiento por la Vida y la Defensa del Territorio -MOVETE- expone claramente los efectos negativos de la siembra extensiva de aguacate en la vereda Sirgua Abajo del corregimiento Los Medios: “Ahora solo se nos habla del aguacate y entonces todo el mundo comienza a sembrarlo porque es el boom del momento y lo que más plata va a dar. Tradicionalmente por aquí esta vereda es de mucho cultivo: la papa criolla, la papa capira, el maíz, el frijol, la arveja. Pero al parecer, solamente vamos a comer después aguacate”.

Entre el consuelo y la preocupación, el padre narra cómo toda esa diversidad va quedando en el olvido, mientras el monocultivo se expande. En Sirgua Arriba, muchas fincas las han comprado y arrendado inversionistas de EEUU y Chile. Esto ha hecho que la tierra se privatice al punto que prohíben el paso a personas de la comunidad por caminos que originalmente han sido comunes.

Rosa, una mujer de avanzada edad, relata cómo se ha visto afectada por este y otros fenómenos. “A uno ya le toca dar la vuelta por la quebrada, porque por encima no se puede; dicen que es malo para el cultivo. Otra cosa es que primero uno podía tomarse el agua así cruda y ahora ya nos da miedo porque está contaminada con tantos venenos que le echan al aguacate”.

Juan Guillermo ha sido testigo de cómo el cultivo se ha extendido de manera exponencial. Pasó de ser uno de los mayores productores, a ser uno mediano precisamente por la saturación del mercado. “De una u otra forma no es bueno que la gente se dedique a sembrar solo aguacate porque uno ve que por ejemplo muchos que sembraban papa, ahora la compran en el pueblo. Yo en mi finca procuro sembrar muchas cositas para comer, porque sé que hace falta”.

Sin embargo, asegura que es más buena que mala la expansión del cultivo en Sonsón, y piensa que el monocultivo de aguacate le ha dado un mejor nivel de vida muchos campesinos. Carvajal tiene algunos referentes para asumir su posición. En la actualidad, países como México y Chile tienen gigantes proyectos en marcha con el monocultivo del “Oro verde”, al punto tal de que hace poco México dijo que generaría más ingresos a la economía nacional con el aguacate que con el petróleo. Es por eso que no solo en Sonsón, sino en muchas regiones de Colombia, la moda de sembrar la fruta está en pleno auge y en muchos proyectos productivos está inmersa la idea de hacer brillar más este “metal” vegetal.

Por el contrario, el ambientalista Sebastián Román, representante de la Corporación Ambiental “Amigos del bosque andino”, asegura que la expansión del monocultivo promueve la deforestación, la desmineralización del suelo y la contaminación del aire y las fuentes de agua. Román amplía la perspectiva de la situación al hablar de la legislación frente a la producción y de cómo el mercado maneja a su amaño el accionar de los campesinos. “Esta semana escuchaba en la radio a un profesor explicar la manera en que el mercado era quien imponía las leyes de producción en un país como Colombia; y eso es muy delicado, porque sabemos que son los mercados los que están acabando con los recursos naturales”.

Román habla de la importancia de ir cambiando paulatinamente, porque el campesino es muy reacio y se ha dejado influenciar del discurso extractivista de las multinacionales. “Yo pienso que al campesino hay que brindarle esa capacitación que no se le ha brindado y recordarles que sus abuelos cultivaban de todo un poquito, sin ningún veneno y con las fuentes de agua limpias. El campesino debe dejar de sembrar una sola cosa y sembrar de todo para el consumo: hortalizas, tubérculos, frutas, y si quiere vender, está bien que deje de usar tanto químico”.

Frente al uso de agrotóxicos en el cultivo de aguacate, Juan Guillermo piensa que aquí el campesino por lo general los usa de manera irregular y con pocos controles. “Yo mantengo otros sistemas de control biológico, pero los vecinos míos que son de cultura papera y frijolera, y que están acostumbrados a usar mucho veneno, dicen que tienen que regar cada ocho o cada quince días, cuando el aguacate no necesita tanto”.

Si bien el aguacate ha sido clave para el fortalecimiento de las economías campesinas de Sonsón y de otras regiones del país donde se cultiva la fruta, cabe resaltar que hay pérdidas ecológicas y sociales que a mediano plazo pueden ser irremediables. La contaminación de las fuentes de agua, la deforestación y la pérdida de la soberanía alimentaria, son algunas. Si Colombia tiende a cambiar su dependencia de los hidrocarburos, deberá poner en el centro la soberanía; al fin de cuentas, como sucede con el oro amarillo o el oro negro, el oro verde no se come, se va para el extranjero.

"Para arepa de maikki morado: Maikkika, maikki, molina, echa queso, masar con leche, ichi (sal) y fogón", cuenta la vieja apoyada de gestos. "En lluvia, nace ahuyama, frijol, patilla, yuca, guanábana y aceitunas. Todos "paliamos" pa' come cosecha", dice, soltando entre sus arrugas una carcajada juguetona, sabia. Con su lengua aferrada al Wayuú, intenta hablar español fluidamente.

Mercedes Uriana, indígena Wayúu, vive entre chivos, cabras y gallinas en la ranchería El Tablazo del corregimiento Nazareth, en la vía que comunica a Maicao con Riohacha en La Guajira. La abundante vegetación que surge de la arena y la diversidad de aves, reptiles y mamíferos de la zona, contrasta con la imagen que muchos se hacen de La Guajira: un desierto árido sin árboles ni animales.

Mercedes vive con sus hermanos Gabriel y Nelly, y sus sobrinos, en un rancho con áreas independientes. La cocina, con techo de zinc, es rodeada de madera, el dormitorio es de bahareque, el baño es en adobe y hay una maloca hecha en madera y palma. Dos ranchos más son cuna en las tardes. Hasta en la cocina hay chinchorros; estos son la cama favorita de los Wayúu.

"En verano, tejemos chinchorros y mochilas, hacemos vasijas con totumas y recolectamos leña", cuenta Nelly. "La chicha de maíz morado, la arepa con queso, los frijoles con ahuyama (saprana) y la carne de chivo condimentada son algunas comidas típicas", apunta. La yuca con queso es otro manjar que se disfruta con los Wayúu. Nelly sale eventualmente a Maicao a vender arepas para encuentros comunitarios; con esta y otras labores, sostiene el hogar.

Al preguntarle a Nelly por sus creencias, voltea su mirada a varios lados, y algo insegura responde: "Te cuento las creencias de nuestros abuelos, pero hoy nosotros creemos en dios. Los abuelos creían mucho en los sueños. Ellos veían revelaciones en ellos. Decían a veces, al levantarse a las tres de la madrugada, que había que bañar los niños para limpiar energías. Hoy nosotros no creemos en eso, yo creo en dios todo poderoso que me ha ayudado a salir adelante con mis hijos y mi negocio. Yo soy evangélica".

Gabriel, hermano de Nelly, poco recuerda de los ritos de sus ancestros. Al llevar una vida dedicada a la pesca, conoce más del mar que del desierto, sin embargo, no se pierde entre los laberintos que se forman entre la vegetación guajira, así se haya tomado la mitad de su botella de chicha. “Este se llama dividivi, este otro es guamacho y ya sabés que este es un cactús", comenta Gabriel mientras camina descalzo alrededor de la ranchería.

Aunque quizás poco sepa de sus ancestros, Gabriel contempla la flora como si se tratase de su dios: acaricia las hojas, ofrece datos de algunos frutos y sus aplicaciones, y sonríe con las flores exóticas. "Está seca, pero en invierno, los flamencos la visitan", apunta, refiriéndose a una laguna gigante, habitada en el momento por decenas de cabras. Al observar con inquietud varios postes medianos de color amarillo, en distintos puntos del recorrido por El Tablazo, comenta Gabriel: "Yo ayudé a guiar a los hombres que pusieron estos palos. Fue hace como tres años. Ellos decían que aquí había petróleo y que en el futuro lo iban a sacar". No parecía preocupado ante semejante afirmación, más bien parecía interesado en saber cuándo llegaría ese momento.

Nelly tiene una pequeña tienda en la ranchería donde vende agua y mecato a sus vecinos. El plástico y la doctrina se pasean de ranchería en ranchería, representando el establecimiento mercantil, dejando basura en el camino y apadrinando el miedo, el sometimiento religioso y el abandono de costumbres ancestrales.

Esta región, una de las más abandonadas históricamente por el Estado, es fiel muestra de la diversidad infinita de nuestro país. Es contradictorio tener que llorar de alegría ante un atardecer único y llorar de tristeza porque ya es la noche y el agua hoy no llegó como es común cada ocho días.

 

Habla con tal pertinencia de las recetas de su país, que parece dar a entender que hoy no están desnutridas las alacenas, y que podrían estar preparándose, en este momento, cientos de platos con sus ingredientes completos por todo el territorio nacional. “Ustedes aquí también hacen arepas; son muy similares, igual de maíz. Es que dicen que los latinoamericanos somos de maíz, porque es un ingrediente típico de nosotros igual que la papa. La diferencia es que las arepas de nosotros son rellenas”. Puede percibirse una clase de adoración a lo ausente, al verlo sumergido entre los olores que suscitan sus comentarios con sabor a cocina internacional. “El relleno varía depende de lo que a la gente le guste. Puede ser pollo desmechado, carne molida, atún, camarones, mariscos, huevo perico y la clásica que es rellena de queso”.

Las guerras de mitad del siglo XX propiciaron una migración europea a Latinoamérica; una gran parte de estos extranjeros se asentaron en Venezuela. Eso ayudó a que obtuviera una diversificación cultural y especialmente gastronómica. Néstor recuerda cómo “una familia de clase media venezolana, un lunes podía comer arroz chino, un martes lasaña, un miércoles una Paella valenciana y así por el estilo”. Antes del declive socio-económico, era común ver colonias españolas, francesas, italianas o portuguesas administrando restaurantes y panaderías en las calles de Valencia, San Cristóbal o Caracas.

Néstor Prana es alto, moreno, de barda pulida, gesto un poco confundido y acento marcado: no es difícil descubrir su nacionalidad, entre otras cosas por el vocablo característico de un bolivariano. Llegó con su familia a Sonsón a finales julio de 2017, e inicialmente se hospedaron en la casa de una cuñada. “Como no teníamos experiencia viajando como familia, tuvimos algunos percances al adaptarnos. Después de llegar a Sonsón, nos devolvimos para Medellín y estuvimos buscando apartamento, pero como en todos exigían fiador con finca raíz y no conocíamos a nadie, entonces decidimos regresar a Sonsón”, expresa Berta, la esposa de Néstor. Pronto obtuvieron el permiso especial de permanencia, una documentación legal que otorga el Estado colombiano a ciertos ciudadanos venezolanos, y pudieron arrendar un apartamento en una de las calles comerciales de Sonsón, un pueblo ubicado al suroriente del departamento de Antioquia, que por asares del destino y el desvío de una vía nacional, no es la Medellín de hoy, pero sí cuna de la colonización antioqueña, región de diversos pisos térmicos y bien llamada “tierra de la esperanza”, un valor bien recibido por los Prana Vera.

Después de ocho meses de partir de Táchira, estado en el que vivía con su esposa y sus dos hijos, Néstor, chef profesional, se siente regocijado con la paz que le inspira Sonsón. Es consciente y comparte la cultura gastronómica que predomina, por eso en su carta ofrece platos típicos de la región como sudao', pechuga, sancocho, bandeja paisa y otros; resalta además las visitas de sus clientes fieles. “El que viene y prueba los platos, los disfruta, nos recomienda y vuelve. Son profesores, policías o personas que han vivido en otros lugares y conocen un poco más la diversidad gastronómica del país”.

Asumiendo como suyo el discurso sobre la situación política de su país, Néstor hace usos creativos del leguaje para describir cual experto analista, con figuras literarias, lo que él llama "una especie de engaño". Toma aire, como queriendo obtener paciencia, por tener que volver a contar la historia que ha maquinado repetidamente su cabeza durante los últimos años con distintos tonos, y ofrece una reflexión.

"Es un proceso de más de veinte años; al principio hubo una especie de engaño con Chávez. Por la abundancia petrolera se vieron momentos muy buenos, pero él no percibió el rumbo que iba tomando el país. Te lo explico en un ejemplo: tú tienes tu casa, y tienes mucho dinero, de repente empiezas a tener problemas de gotera, se te daña el gas o el fogón, y tú en vez de repararlo, más bien comes en restaurantes finos, duermes y te bañas en hoteles... El caso es que cuando se te acaba el dinero empiezas a notar que no tienes dónde vivir ni qué comer. Eso más o menos pasó en Venezuela. Había tanto dinero que los problemas no se iban viendo. Se adoptó una economía de aduana, es decir, se prefería importar la comida que producirla. Algunos economistas percibieron lo que estaba pasando y alertaron, pero la gente del común no creíamos. Con la muerte de Chávez y la posesión de Maduro, eso fue el acabose total. De verdad que ha sido fatal. Dicen que se robaron el dinero. Yo no tengo pruebas, pero dicen que se robaron más de cuatrocientos mil millones de dólares. Para que te hagas una idea, Colombia tiene cincuenta millones de habitantes; con diez mil millones de dólares, comen todos los colombianos gratis por un año, ¿sí me entiendes?".

Berta Vera, la esposa de Néstor, piensa que “la no producción, la no inversión, la importación y el no apoyo al productor nacional, provocaron la migración de la industria y ahora de los ciudadanos”. Por la actitud en su rostro, Berta da a conocer una clase de impotencia paciente.

Con la incertidumbre a flor de piel, esta familia se arriesgó a viajar en conjunto, asumiendo las consecuencias del viaje y del destino, un destino no muy promisorio y no muy lejos de “la especie de engaño” vivido en Venezuela. No es precisamente Colombia el país ideal para llegar a afrontar una crisis. A pesar de la riqueza natural y socio-cultural con la que cuenta el país más biodiverso del mundo, y además de ser países hermanos, los altos niveles de desempleo, la inseguridad, la inequidad o la corrupción, hacen que esta no sea la mejor “tierra prometida”.

La falta de garantías estatales en Colombia, disminuye la posibilidad de que familias venezolanas como la de Néstor, puedan visionar lo que por siglos han visionado, con poco éxito, millones de familias colombianas: un proyecto de vida íntegro donde sus derechos sean fielmente respetados; o donde por lo menos la vida sea respetada. En todo caso, conscientes de la situación acontecida en el lugar de procedencia, ellos disfrutan de una cierta abundancia, muchas sonrisas y buenos momentos vividos en Sonsón.

 

“Este cuento se está regando de buena manera por muchas partes del país  y esa es la intención”

En compañía de Yuliet, Yanet, Ferney y Alejandro, el primero de enero molimos caña en una montaña de la vereda El Popo, del municipio de Alejandría. Usamos como motor nuestras manos y el sol fue testigo del delicioso guarapo que saboreamos esa tarde. Aunque Harold no estaba ese día, fue él quien meses antes consiguió la máquina artesanal, y junto a unos amigos la instaló en la cima de su finca, con el fin de empezar a producir el dulce. La caña que sembró un año antes, daba cosecha en medio de piñas, árboles de aguacates, zapotes, guanábanos y papayos.

“Mano de Sol es un espacio que estamos construyendo para promover la evolución de la vida; quisimos hacer este complemento en el nombre, porque consideramos que el sol es un camino de luz hacia la búsqueda de la verdad, promotor de vida; y la mano es manifestación de fortaleza del hombre”, dice Harold Urrea, al tiempo que atiza el fogón de leña para hervir agua de panela. “Aquí hay una pequeña reserva de cinco hectáreas. Buscamos reparar el daño que se hizo. Aquí hubo un potrero de más de ochenta años. Ya llevamos más de cinco años en este proceso. Al inicio solo había grama, y ya tenemos bosque y muchas especies nativas plantadas, estamos trabajando en algunas huertas y en unas construcciones amigables con el medio ambiente, utilizando elementos locales como la madera y el barro. Este espacio busca que las personas se reconozcan en una especie de regreso a ese origen un poco salvaje pero esencial, lleno de magia y contenido espiritual. Aquí seguimos un parámetro fundamental que es la permacultura, es decir, la cultura de lo permanente, de lo que no hay que cambiar”.

La permacultura es un sistema de vida holística (es decir, que busca comprender las cosas desde su totalidad) donde confluye el cuidado de la naturaleza a través de la optimización de sus recursos; el arte como factor de integración social y conexión espiritual, la agricultura orgánica y otros aspectos que buscan hacer diversa e integral la rutina humana. “En Mano de Sol queremos consolidar una Eco-aldea donde varias familias puedan vivir y colaborarse mutuamente en las labores necesarias para mantener el sistema permacultural. Invitamos por diferentes medios a personas para que encuentren conexión con el aire, el agua, el fuego y la tierra, para que vean que sí es posible vivir en una sociedad más sostenible” dice Harold. Allí se hacen eventos puntuales con grupos que quieren aprender y disfrutar. Un sendero ecológico a la orilla de la quebrada y en medio del bosque, donde se aprecian cascadas, charcos, especies animales y vegetales es uno de los atractivos favoritos de Mano de Sol.


La justicia y la igualdad son pilares fundamentales en la estructura social de Mano de Sol. “Sentimos que en una comunidad uno no puede ser más rico que otro, la abundancia debe ser repartida y todos trabajamos por igual, en la medida de lo posible. Otro pilar permacultural es ver a la naturaleza como un ejemplo. En el bosque no hay competencia; un árbol suelta sus hojas y beneficia a otras plantas y hay una correlación donde todos los seres se colaboran mutuamente. El bien común debe ser más importante que el bien individual”.

Milton Herrera es un permacultor que abandonó la universidad porque se dio cuenta que esta no apoyaba la soberanía alimentaria, sino más bien la industria de los agroquímicos. En la actualidad, Milton trabaja con Alma Yoga, una organización en la que coordina procesos de agricultura orgánica en la vereda El Arenal del municipio de San Rafael. En este municipio, también es el cofundador de Savia Orgánicos, una bio-fábrica encargada de producir bio-fertilizantes. “La bio-fábrica fue creada hace unos años con el objetivo de satisfacer la demanda de productos de este tipo. Si queremos que el campesino siembre orgánico, debemos ofrecerle alternativas. La empresa está arrancando y ya empieza a posicionarse en el mercado. Allí también capacitamos a las personas para que aprendan a elaborar los productos”. Milton es un empoderado de la permacultura y siente que “debemos cambiar nuestro chip y transformar los sistemas de vida”.

Milton y Harold son viejos amigos que se han encargado de promover la permacultura en la región. Darío Gómez los conoce y ha compartido muchos saberes con ellos. Darío es un maestro jubilado que decidió unirse a la agricultura orgánica sintiendo que “no es una alternativa de vida, sino la única alternativa de vida si el ser humano quiere prorrogar más la existencia. Hoy en día los recursos naturales se convirtieron en una fábrica de billetes. La agricultura orgánica la hemos ido asumiendo muchos amigos de la región del Oriente antioqueño y del país, con el fin de promover el cuidado del medio ambiente y de la salud humana”.

Después de caminar diez minutos bajo un sendero de árboles medianos, se llega a Maporita, la finca de Darío Gómez, ubicada estratégicamente entre las veredas Piedras y La Pava del municipio de Alejandría, y Camas, de San Rafael. En la entrada de Maporita hay un teatro al aire libre, visitado frecuentemente por aves y mamíferos comunes de la zona. Allí se han realizado eventos de permacultura con campesinos de la región y muestras artísticas que promueven la identidad. “Desde hace cinco años tomé la decisión de unirme a este camino al lado de mi familia por lo que fui aprendiendo con el tiempo y por el legado de mis padres que siempre sembraron sin agroquímicos. En Maporita elaboramos bio-fertilizantes para fortalecer las especies frutales y hortícolas que allí tenemos, y para mejorar la microbiología del suelo” afirma Darío.

Entre 2016 y 2017, Darío, en compañía de otros amigos y representados por la Asociación Pachamama del municipio de San Rafael, gestionaron varios proyectos donde pudieron capacitar a más de cien familias de la región en aspectos permaculturales. “Para el 2018 nos soñamos otras cien familias de siete u ocho municipios del Oriente de Antioquia trabajando en la permacultura”, dice Gómez.

Aunque los impactos deben ser globales, Darío tiene claro que si desde las pequeñas comunidades no se trabaja como es debido, será difícil. Por eso están unidos en una red conformada por familias de Granada, San Carlos, San Rafael, San Roque, Concepción, Santo Domingo y Alejandría, trabajando en pro de la permacultura.

Así como en Alejandría y en San Rafael, en otros municipios de Antioquia se adelantan procesos relacionados con la permacultura. En Entrerríos, Natalia y Andrés alimentan ovejas y cabras con pastos orgánicos, al tiempo que elaboran artesanías; en el Cármen de Viboral, la organización Hojarasca siembra y vende hortalizas orgánicas; en Sonsón, Luis Suaza dejó de usar agroquímicos, tiene éxitos con la agricultura orgánica y produce miel de abeja. En este mismo municipio la organización Arcoíris enseña a los niños de las escuelas rurales buenas prácticas agrícolas, a través del teatro y la lúdica.

Harold dice “la idea no es alejarse y olvidarse del mundo y dejar que la sociedad siga destruyendo la naturaleza, sino más bien compartir con otros seres y entender que todos somos hijos de la tierra y que el valor de este proceso está en guiar y dejarse guiar. Darío Gómez siente que “este cuento se está regando de buena manera por muchas partes del país y esa es la intención”. De otro lado, Milton afirma que “si no empezamos ayer, aún hay tiempo, si empezamos hoy, excelente, pero si dejamos para mañana, puede ser tarde”.

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