Periferia

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CAÑO LIMÓN, ARAUCA – 99 familias ajustan cinco años desde que retomaron las tierras de las que fueron desplazados con engaños por la OXY - Occidental Petroleum Corporation-, en 1995, cuando llegó el boom petrolero al departamento de Arauca. Hasta allí, en medio de esteros y un extenso bosque húmedo tropical, llegó la Caravana de la Red de Hermandad y Solidaridad con Colombia (Redher), en su sexto día de recorrido por la región del Centro Oriente.

Luego de cruzar un retén militar, desde el que la OXY controla este extenso territorio, se observan las primeras casas de El Vivero, una de las veredas que hacen parte de este proceso de retoma de tierras. A escasos 100 metros, rodeados de platanales y otros de los cultivos de estos campesinos, se aprecian pozos de petróleo liviano que la empresa transporta por el oleoducto Caño Limón – Coveñas.

En total, son 4000 hectáreas en disputa, que además de El Vivero, comprenden otras veredas como Corralito, Líbano y La Osa. Estas familias, aparte de convivir con la explotación petrolera dentro de su territorio, con la contaminación a las fuentes hídricas y las afectaciones al ecosistema que esta genera, han tenido que soportar lanzamientos (intentos de desalojo) por parte del Ejército nacional al servicio de la empresa, y ataques con armas de fuego. Tampoco tienen luz ni servicios públicos, pese a que allí también está la planta que abastece de energía a todo el departamento.

Algunos de los líderes de este proceso relatan que antes de que las 175 familias que habitaban allí fueran desplazadas, también fueron víctimas de los atropellos de la fuerza pública: “la Policía arrancaba o envenenaba los cultivos. También tumbaba las casas y cambuches, pero los campesinos pasábamos la noche con los hijos en el monte, y al otro día volvíamos a montar el rancho”. Con esto, alistaban el terreno para la multinacional, quien impidió que fueran oficializados los títulos de las tierras para los campesinos. Posteriormente, el Estado los obligó a salir, y el Incora ordenó que fueran reubicados en un plazo no mayor de 30 días, pero esto nunca sucedió.

Dixon interviene durante reunión con la caravana de la Redher

Dixon Torres, actual presidente de la Junta de Retoma de Tierras del complejo Caño Limón, y quien salió del territorio con sus padres cuando apenas tenía cuatro años de edad, explica que “esta es una lucha jurídica y de hecho, porque si nos atacan por todos los medios, no nos queda más que coger nuestras herramientas de trabajo para también defendernos”. Además de intentar frenar próximas explotaciones, su lucha es por recuperar plenamente su tierra y por constituir allí Territorios Campesinos Agroalimentarios, que les garanticen soberanía alimentaria y permanencia en condiciones dignas.

 

 

 

FORTUL, ARAUCA – Cuando el Ejército dispara, mata. El 5 de agosto de 2004, el Ejército disparó y acabó con la vida de Leonel Goyeneche, Héctor Alirio Martínez, y Jorge Eduardo Prieto; también hirió los procesos sociales que lideraban estos hombres, y dejó huérfanos y viudas en sus familias. Casi siempre que el Ejército dispara, tira a matar.

Los que mueren por la defensa de la vida y los derechos humanos –como Leonel, Héctor y Jorge– no pueden llamarse muertos, porque son semilla y  florecen en la memoria. Aunque los asesinos usaron tierra para alterar la escena del crimen, las manchas de sangre todavía podían advertirse al siguiente día del crimen, las heridas también, hasta el día de hoy.

El teatro del horror ahora es un espacio que honra la vida y la memoria. La casa donde los asesinaron, hoy se llama Urim Ubasha: Casa de la sabiduría y memoria histórica de los pueblos. En el zaguán contiguo a la casa hay tres palmas, altas y rebosantes, en las que hay amarrados tres carteles con la cara y el nombre de los tres muertos vivos en la memoria.

Monumento en homenaje a  Alirio Martinez, Leonel  Goyeneche y Jorge Eduardo prieto

A metros del mausoleo, en una de las calles de tierra la vereda Caño Seco de Fortul, las patas de una carpa naranja están apoyadas sobre cajas de cerveza. Debajo de la carpa, una camioneta cuatro por cuatro blanca. Y en el volco de la camioneta, una mesa blanca que hace las veces de atril.

Es una mañana soporífera de domingo. Hoy se conmemoran catorce años del asesinato de Leonel, líder de la Central Unitaria de Trabajadores, Héctor, líder de la Asociación Departamental de Usuarios Campesinos, y Jorge, líder de la Asociación Nacional Sindical de Trabajadores del Sector de la Salud. Frente a la carpa, más de trescientas personas escuchan las palabras de una familiar de Héctor Alirio Martínez:

 –Nos quitaron a tres hombres valientes que dejaban de estar con sus familias por estar luchando con ustedes. Los padres de toda una comunidad.

La Caravana organizada por la Red de Hermandad y Solidaridad con Colombia (Redher), que desde hace varios días recorre el Centro Oriente colombiano, llegó hasta este caserío ubicado en el departamento de Arauca, uno de los más militarizados del territorio nacional, para participar del emotivo acto.

No es la primera vez que Redher visita Arauca. Los días posteriores a la dolorosa masacre, representantes de esta organización visitaron el lugar y acompañaron en el duelo a los familiares y a la comunidad. Redher puede dar testimonio de la saña con que el Estado y los grupos al margen de la ley han violentado al departamento.

Asistencia de la comunidad durante el acto de mermoria

Arauca resistió –y sigue resistiendo– a los asesinatos selectivos, los falsos positivos, las masacres, las tomas, la persecución, y la aspersión de glifosato que envenena el cuerpo humano, las fuentes hídricas, la fauna y la flora.

El acto de memoria que año tras año se realiza en el corregimiento Caño Seco ejemplifica la capacidad organizativa y política de las comunidades y los procesos del Centro Oriente colombiano. El mensaje es claro: los familiares de los connotados líderes exigen que el Estado reconozca los hechos y pida perdón en el parque principal de Fortul; la comunidad ratifica que si matan uno matan a todos. Por más que el Ejército tire a matar –por más que quiera matar(los)–, nunca podrá eliminarnos de nuestra memoria.  

 

 

 

YOPAL, CASANARE - En todas las ciudades del país, los barrios de asentamiento ejemplifican la desigualdad y la exclusión social. Con la llegada a Yopal de la Caravana de la Red de hermandad y solidaridad con Colombia – Redher-, se dieron a conocer, entre otros,  los casos de los asentamientos La Libertad, La Victoria, Mi Nueva Esperanza y La Bendición, lugares en donde campesinos y desplazados llegaron en busca de un hogar. Ahora viven bajo la incertidumbre y el miedo constante del desalojo por parte del ESMAD, pero exigen condiciones de vida digna a la administración municipal.

El terreno donde se encuentra Mi Nueva Esperanza fue ocupado en el 2012 y ahora existen 409 casas que no cuentan con servicios públicos, aunque gracias a acciones de tutelas han conseguido recientemente que la administración les suministre agua con un carrotanque.

Alice Miriam Aguilar, hace parte del comité de mujeres Mi Nueva Esperanza de la asociación de Mujeres Unidas por Casanare (ASMUC). Es víctima del conflicto armado y lidera la petición de reubicación con todas las garantías y mejores condiciones por el derechos a una vivienda digna

Mi Nueva Esperanza se encuentra al lado del caño Usibar, el cual está contaminado con desechos orgánicos, pero a pesar de esto, y con carencia de agua, algunas personas hacen uso de sus aguas.

 Esta es la casa de Miriam Hueso, otra de las mujeres que habitan Mi Nueva Esperanza. Tiene tres hijos, uno de ellos en condición de discapacidad, es desplazada de Arauca y ha ido construyendo su casa de a poco.

En el caso del asentamiento La Bendición, este comenzó en el año 2012 con la urbanización ilegal por parte del ex alcalde Jhon Calzones. Posteriormente, personas desplazadas y sin vivienda llegaron a ocupar los predios que faltaban.

En la Bendición, las condiciones de vida para los actuales pobladores son muy difíciles: no tienen servicios públicos; los acuíferos están contaminados con materia fecal, lo cual genera enfermedades en muchos de los niños; muchas de las madres son cabezas de hogar; hay personas en situación de discapacidad sin acceso a salud; y población afro desplazada y discriminada.

Doris Constaza Niño vive junto con su marido. Esta es una de las más de 700 familias que ocuparon este predio. A raíz del cáncer de su esposo y su inmovilidad, Doris llegó del campo a este asentamiento para buscar atender la enfermedad de su esposo. Pero por el estrés de los desalojos y con las difíciles condiciones para desplazarlo, sufrió una parálisis facial.

El papel de las mujeres en estos asentamientos se hace muy relevante. Marly García es una de las lideresas del asentamiento La Bendición. Por su papel en la defensa de los derechos de los pobladores ha recibido constantes amenazas de muerte y tiene ahora un esquema de protección que es insuficiente: “si yo me retiro, quién va a defender a estas familias”, manifestó durante su intervención a la llegada de la caravana.

 

TAURAMENA, CASANARE - A pesar del sol inclemente que desde temprano resplandece en los Llanos orientales, cerca de 50 trabajadores de la estación de bombeo Cusiana, en el municipio de Tauramena, salieron este viernes tres de agosto a un mitin convocado por la Unión Sindical Obrera - USO, con el objetivo de presionar a la empresa para conseguir un acuerdo en la negociación de la tabla salarial, que venció desde el 30 de junio de este año.

Hasta allí llegó la quinta caravana de la Red de Hermandad y Solidaridad con Colombia - Redher, en donde los caravanistas nacionales e internacionales, además de sumarse al mitin programado, conocieron de primera mano las problemáticas de este municipio que en los últimos años se ha configurado alrededor de una economía petrolera.

Desde el 2010 la USO se consolidó en este municipio, motivada por las múltiples afectaciones sociales, culturales y ambientales que ha dejado consigo la explotación del petróleo. Con su primer paro en ese año, planeado durante 42 días con comunidades y trabajadores de la industria, lograron concertar con la empresa British Petroleum la creación de cinco mesas de trabajo (ambiental; bienes y servicios; inversión social; derechos humanos; y laboral), en las cuales se trascienden las reivindicaciones salariales, para poner en cuestión el modelo extractivista y sus impactos sobre el territorio, que ya tiene más del 89% en concesión para actividades extractivas.

Llega la explotación de hidrocarburos

“Nosotros sembrábamos el topochito, la yuca, el plátano y el arroz. Nos conocíamos todos porque éramos poquitos”. Así recuerda Serafín Cruz Moreno la vida en Tauramena, al suroccidente de Casanare, antes de la llegada de las empresas petroleras a este municipio.

La realidad cambió de la noche a la mañana, cuando en 1993 llegó la British Petroleum e inició los trabajos de construcción del Centro de Producción del Fluido - CPF, en lo que sería el primer complejo petrolero del municipio. Para entonces, Tauramena apenas podía abastecer en infraestructura a sus cinco mil habitantes, pero con la promesa de empleo llegaron alrededor de tres mil trabajadores de diferentes regiones del país.

“Como se anunciaba que los sueldos petroleros eran superiores a los suelos de nuestros campos, muchas personas, principalmente los más jóvenes, también dejaron las labores del campo”, relata con nostalgia Serafín, casanareño con 75 años de edad y una memoria intacta. De esta manera, Tauramena se expandió exponencialmente y empezó a transformar su economía agrícola y ganadera por una petrolera.

Serafín interviene durante conversatorio con la USO

Pero la bonanza del petróleo y las esperanzas de condiciones de vida digna, luego de algunos años, se transformaron en dolores de cabeza para las comunidades, principalmente las que históricamente habitaban el territorio. La prostitución, la drogadicción, la falta de inversión social, las precarias condiciones laborales, sumado a las afectaciones ambientales, fueron semilla de fuertes movilizaciones sociales que le hicieron frente a estas empresas, a pesar del fuerte conflicto armado que atemorizaba a la región.

Así, no solo nace la USO con sus múltiples paros, sino que también en el 2013, Tauramena se convierte en un referente nacional por la defensa del territorio, con la realización de la consulta popular en la que los taurameneros rechazaron el proyecto Odisea 3D, el cual pretendía realizar exploración y explotación en el piedemonte llanero, zona de recarga hídrica de la región.

***

Durante este segundo día de caravana también se llevó a cabo un conversatorio, en el que además de exponer estas problemáticas, William Eslava, integrante de la subdirectiva Tauramena de la USO, explicó algunas de las apuestas y proyecciones que tienen en este ejercicio de organización social. Además de continuar la defensa de Ecopetrol como una empresa 100% nacional, y de impulsar la creación de un sindicato de rama que agrupe petroleras, hidroeléctricas y carboneras, participan en la construcción de una Ley Orgánica de Hidrocarburos que regule el modelo de explotación petrolero en el país.

 

 

 

FONDO BONITO, PUERTO GAITÁN - Violencia y despojo son denominadores comunes a lo largo y ancho de Colombia; pero en cada región esa violencia y ese despojo se materializan de formas particulares. En el centro oriente colombiano, terratenientes, políticos y empresarios se apropiaron de tierras que ancestralmente le pertenecen a comunidades indígenas y campesinas. El capital privado que se adueña del territorio para explotar los recursos naturales y la fuerza de trabajo, obligaron al Movimiento Político de Masas y Popular del Centro Oriente a conformar una plataforma organizativa que aglutine diversas luchas y procesos de resistencia.

La quinta caravana organizada por la Red de Hermandad y Solidaridad con Colombia (Redher) recorrerá entre el 1 y el 11 de agosto los departamentos de Meta, Casanare, Arauca, Boyacá, y Cundinamarca para que los 25 participantes -entre los que se encuentran internacionalistas y colombianos de diferentes partes del país-  documenten las violaciones a los derechos humanos ocasionados por el abandono estatal, la apropiación ilegal de la tierra, el auge de la agroindustria, la explotación petrolera, y la delimitación de los páramos. 

A la caravana que ya rueda le espera una semana de puro llano. Ayer, 1 de enero, los caravanistas llegaron a Puerto Gaitán, en el extremo oriental del Meta, después de atravesar extensas hectáreas de caucho, arboles maderables, maíz que siembra la empresa Fazenda para alimentar sus cerdos, y caña que siembra Bio Energy para producir etanol.

 

Foto 2: Planta de BioEnergy donde se procesa la caña para producir etanol

 

Puerto Gaitán, municipio que da testimonio de la concentración desmesurada de la tierra, cuenta con nueve resguardos indígenas y tres asentamientos, agrupados en la organización Unuma que significa mano sobre mano.

En horas de la noche, cuando la llanura se convierte en un mar verde y estático, la caravana fue recibida por la comunidad Fundobonito del resguardo Wacoyo, donde viven 1.730 personas de 473 familias.

Sebastián Yepes, líder de la comunidad, manifestó su alegría y su agradecimiento a los caravanistas por la visita. “Personas ajenas a nuestro historia nos han puesto el nombre de nómadas, pero anteriormente podíamos ir desde Venezuela hasta Puerto López porque el territorio era libre y amplio, no había cercas, no había haciendas, no había nada. Pero llegó la colonización con la evangelización, luego las guerrillas y la coca, más tarde los paramilitares, y ahora las multinacionales que nos obligan a pedir permiso para movernos fuera del resguardo”, manifestó Sebastián en el saludo de bienvenida.

“Siempre hemos luchado para que las empresas se acerquen a los pueblos indígenas y hagan una consulta previa (...) Hubo un alcalde de turno que autorizó al Esmad para que nos desalojara. Las entidades públicas siempre han estado en contra de nosotros”, aseguró Ignacio Gaitán, gobernador del resguardo Corozal Tapaojo, en la socialización que hicieron los delegados de cada resguardo la mañana de hoy 2 de agosto. 

 

Foto 3: Intervención de Ignacio durante reunión con representantes de los diferentes resguardos y los caravanistas.

 

A la vulneración de la soberanía territorial de multinacionales como Aliar S.A, se suma la exploración y explotación petrolera que seca y contamina las fuentes hídricas, el ruido de las maquinarias que ahuyenta los animales, la proliferación de enfermedades por culpa de los olores que expelen los criaderos de marranos de la empresa Fazenda, los abusos de autoridad, el narcotráfico, la negligencia de las autoridades estatales, y las deficientes condiciones de salud y educación.

Los pueblos indígenas Sikuani, Piapoco, y Saliba de Puerto Gaitán exigen respeto por su soberanía, sus costumbres y creencias. Todos los que participamos en esta caravana estamos convencidos de que estas tierras de atardeceres salvajemente coloridos les pertenecen a nuestros hermanos indígenas.

Hoy la caravana llegará al municipio de Tauramena, en el departamento del Casanare, para comprobar que la lucha por la tierra es la lucha por la dignidad.

(ARTÍCULO PUBLICADO EN LA EDICIÓN IMPRESA No. 136 MARZO EN EL 2018)

Líderes y lideresas, no simplemente cifras
Prisciliano Manuel Mercado García, de 63 años, era reclamante de tierras en el corregimiento de Guaripa, Sucre; él venía exigiendo trazar los linderos en su finca La Concepción, pero la vigilancia privada del exdirector de la Caja de Compensación Comfasucre, William Martínez, se lo impedía. Yolanda Maturana era lideresa social y ambientalista del municipio de Pueblo Rico, Risaralda, y venía desarrollando una férrea lucha contra la actividad minera en esta región controlada por las nuevas bandas paramilitares. Luis Díaz López, de 22 años, era secretario del Cabildo indígena de Tame, en Arauca, y su hermano Miller Díaz López era el fiscal de la comunidad indígena del Juliero de Betoyes. Estos hombres y mujeres tenían una cosa en común y era que ejercían la vocación más peligrosa en Colombia: ser líderes y lideresas sociales. Ahora tienen una dolorosa razón más que los identifica: todos ellos fueron asesinados. En el caso de los hermanos Díaz López, fueron asesinados por el Ejército nacional y presentados como guerrilleros del ELN, según denunció la ONIC.

Estos nombres, con sus luchas y sus vidas, según la Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular (CACEP), hacen parte de los más de 220 líderes y lideresas sociales, defensores de derechos humanos y ambientalistas, asesinados desde el momento en que se firmó el acuerdo de paz entre el Gobierno nacional y la ya extinta guerrilla de las FARC, el 26 de septiembre de 2016. Estas muertes causadas por el Estado (Ejército y Policía) y por el neoparamilitarismo, se suman a los 48 excombatientes, luego integrantes del partido político Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, y los 13 familiares suyos también asesinados.

¿Por qué nos están matando?
Cínicamente el ministro de defensa Luis Carlos Villegas señaló un par de meses atrás que estas muertes obedecían a “un tema de linderos, un tema de faldas, de peleas por rentas ilícitas”. Lo que no explica este funcionario encargado de la defensa de las élites económicas del país, es que dichos linderos son los que reclaman los campesinos a grandes hacendados y a multinacionales que se han valido del paramilitarismo y el terrorismo de estado para quitarle la tierra a quien la trabaja; que las faldas envueltas en líos son las de muchas tierras productivas que son arrebatadas mediante la violencia a la gente del campo, para entregarla a compañías mineras; que las rentas ilícitas son las que financian a esas nuevas bandas paramilitares que ejecutan el asesinato de todo líder social. En síntesis, el mismo ministro explica en un lenguaje cifrado y cínico, algunas de las razones por las que se asesina a muchas personas que tienen por vocación liderar causas justas en favor de sus comunidades.

También nos están matando por protestar contra las injustas condiciones laborales que impone el empresariado poderoso del país, por movilizarse por una mejor salud, educación, vivienda digna, por denunciar y evidenciar la criminalidad estatal y exigir garantías de protección de los derechos humanos.

No es algo nuevo
Pero lo más grave es que las razones de fondo se siguen ocultando. Estas tienen que ver con la profunda desigualdad social y económica que impera en Colombia, y que ha sido la causa principal del conflicto armado interno. Aunque el Gobierno dice que estos asesinatos no son sistemáticos, la realidad misma de nuestro país demuestra que estas muertes sí corresponden a un patrón de sistematicidad impuesto por décadas.

Son una práctica histórica de las clases dominantes encabezadas por las viejas castas políticas y económicas (Santos, Vargas Lleras, Pastrana, Ardila Lülle, Santo Domingo, Sarmiento Angulo) y por las emergentes provenientes del narco paramilitarismo (Álvaro Uribe, Cabal, Lafaurie) que se resisten no solo a brindar posibilidades de participación real a los sectores sociales empobrecidos, para que con dicha participación se puedan superar sus problemáticas, sino que también se niegan a reconocer el pensamiento diferente y las formas distintas de construir sociedad. Lo hacen eliminando al otro porque ese pensar y actuar diferente de las comunidades, de sus lideresas y líderes sociales, toca los intereses económicos de esas mismas élites que han gobernado los últimos 200 años.

Tal práctica histórica se recrudece hoy como lo señala recientemente la CACEP en un comunicado: “Hoy nuevamente recordamos que existe un fortalecimiento del paramilitarismo en las regiones, la militarización de los territorios, una guerra contra el movimiento social y popular y falta de diligencia en los deberes de respeto, prevención y protección efectiva y garantía a los Derechos Humanos por parte del Estado Colombiano”.

En un momento en que se habla de paz por el logro de un acuerdo entre FARC y Gobierno, acuerdo por demás hasta hoy incumplido por este último, pero también en un momento de profunda tensión en los diálogos entre Gobierno y ELN en Quito, resulta sumamente preocupante la manifiesta falta de voluntad política de las élites, que se expresa en los incumplimientos mencionados, y también a los acuerdos con el movimiento social y popular, pero sobre todo por el tratamiento de guerra que sigue dando a las luchas populares del campo y la ciudad.

Tal situación se hace evidente en un momento de escalamiento del conflicto armado interno luego de terminado el cese bilateral entre la guerrilla elena y el gobierno de Juan Manuel Santos, cuando ante las acciones de la insurgencia contra la infraestructura petrolera, con la Fuerza Pública y las fuerzas militares al servicio de esas élites, la respuesta del Estado con sus aparatos legales e ilegales se enfila contra el movimiento social, contra los líderes y lideresas en los territorios, para encubrir su incapacidad tanto de contener a la insurgencia, como de cumplirle a las comunidades y a la misma FARC, y se excusa diciendo que las víctimas eran guerrilleros de civil, auxiliadores o en el mejor de los casos cómplices.

La paz es de los pueblos
Tenemos la fuerza, el coraje y la razón desde las clases populares para hacer emerger la posibilidad de vivir en paz, solo si creemos en nosotros mismos, nos juntamos, defendemos y protegemos a nuestros líderes y lideresas, en el día a día de batallar contra las penurias personales y las amenazas permanentes que el terrorismo de Estado impone. Tenemos que cuidarnos mutuamente, no solo porque hacer un líder es un esfuerzo individual y colectivo, sino ante todo porque es una vida al servicio de la gente, y toda vida vale, más cuando está en función del otro.

Las recientes elecciones presidenciales, sin lugar a dudas, marcan un precedente en la historia reciente de Colombia. Como pocas veces, la disputa por la Presidencia de la República estuvo marcada por una clara confrontación de dos modelos de Estado y sociedad. Por un lado, estuvo la ya conocida clase política tradicional, que se agrupó alrededor de Ivan Duque, para dar continuidad al modelo neoliberal privatizador y motor del despojo, sumado al regreso de un discurso guerrerista y prácticas propias de la anticultura del narcotráfico.

Por otra parte, emergió la candidatura de la Colombia Humana en cabeza del ex senador y ex alcalde de Bogotá Gustavo Petro, quien logró recoger el descontento de millones de colombianas y colombianos que se sumaron con entusiasmo a su campaña, la cual levantó en el centro la justicia social y ambiental como claves para la construcción de una era de paz, tantas veces aplazada en Colombia.

El carácter antagónico de ambas propuestas marcó la agenda de los debates, las encuestas y todo el entramado mediático, con un claro respaldo de los medios masivos de comunicación como Caracol, RCN, Blu Radio, El Tiempo, entre otros, al candidato de la derecha reagrupada en torno a Duque.

Politización vs polarización
En el transcurso de la campaña los grandes medios y las distintas candidaturas de la derecha y del auto denominado centro (Sergio Fajardo y Humberto de La calle), se la jugaron por señalar de dos extremos a las candidaturas de Duque y Petro, generando con ello equivalencias en los peligros que representaban. De este modo instalaron en el imaginario colectivo la idea de la polarización y que ello representaba un riesgo para la “estable democracia” de nuestro país. Sin embargo, lo que no contaron ni contarán los medios es que del lado de la campaña de la ultraderecha uribista, fortalecida y respaldada finalmente para segunda vuelta por las élites económicas, financieras y empresariales tradicionales, y por los partidos oligárquicos de siempre, se apeló a la mentira, a las medias verdades y a la estigmatización. Con esto llenaron de miedo a las mayorías colombianas que empezaban a ver en la candidatura de Petro la posibilidad de salir de las condiciones de miseria e indignidad en que las mismas élites las han sumergido.

Entonces se señaló a Petro de castrochavista, guerrillero, ateo, inepto y tantas otras cosas, cuando este desde su programa de gobierno y sus correrías por cientos de plazas públicas en todo el país lo que expresó fue la defensa del Estado social de derecho, consagrado en la Constitución del 91, pero desmontado por las posteriores reformas impulsadas por las clases corruptas que han gobernado desde entonces. De ese modo, las oligarquías y las clases emergentes provenientes del narcotráfico demostraron que le temen profundamente a la democracia real, y que no están dispuestas a tolerar que se dé en Colombia siquiera un gobierno de carácter reformista como el propuesto por Petro.

Por su parte, aunque todos los demás candidatos, los medios de comunicación y los generadores de opinión se encargaron de decir que Petro polarizaba (es decir, poner la discusión en dos extremos), incitaba al odio de clases, al revanchismo y la venganza, lo cierto es que su campaña estuvo signada por la alegría, la multiplicidad de voces y formas de comunicar, y sobre todo por un profundo ejercicio pedagógico que permitió más que polarizar contribuir a la politización de millones de hombres y mujeres que lo escucharon en plazas, parques, emisoras, canales de televisión, foros y redes sociales, y que lograron entender que la crisis generalizada del pueblo colombiano tiene unas causas y unos responsables concretos que han gobernado durante 200 años, que sí es posible cambiar este país, que se necesita voluntad política y que el protagonismo de dichos cambios está en las ciudadanías.

En síntesis, la campaña de la Colombia Humana en cabeza de Gustavo Petro y Ángela María Robledo logró rescatar la política y sobre todo evidenciar por lo menos para 8'034.189 colombianos, que existen otras maneras de entender la política, de gobernar y construir país

Resultados que quiebran la historia, pero no la cambian
Es común decir en estos tiempos que en Colombia están sucediendo hechos históricos; más allá de la frase de cajón, no es descartable tal afirmación. Los resultados de la primera vuelta generaron algo que no se había dado antes, y es que la disputa por la presidencia hacia la segunda vuelta fuera entre un proyecto de despojo, miseria y muerte, y un proyecto reformista, progresista y con matices de izquierda, como alternativa para lograr cambios sustanciales hacia la dignificación de la vida.

Lo otro significativo es que los resultados muestran un creciente descontento con la política tradicional y también con el uribismo como forma particular de la política guerrerista y mafiosa, y mejor aún que existen posibilidades para las fuerzas alternativas que también van ganando en una dimensión de superar ser simplemente oposición para tener vocación de ser poder. A ello se suma que casi la totalidad de los sectores democráticos, progresistas y de izquierda confluyeron alrededor de una candidatura presidencial y se configuran hacia el futuro posibilidades de convergencias que disputen escenarios institucionales regionales y que den impulso a la movilización social.

Pese al avance de las fuerzas democráticas y a que empieza a evidenciarse un agotamiento del discurso hegemónico de las derechas, no podemos desconocer que estas lograron mantenerse en el poder, entre otras razones por la capacidad que tienen sus medios de comunicación para manipular y moldear la opinión y decisión de las mayorías; por el cansancio y desinterés de una porción muy grande de personas que no votan y sobre todo por la capacidad que tienen las élites tanto tradicionales como emergentes para juntarse y poner de lado sus limitadas diferencias en pro de defender sus intereses.

Los resultados de primera vuelta, cuando el candidato Germán Vargas Lleras salió estrepitosamente derrotado, llevaron a algunos a considerar que se había derrotado a las maquinarias. Los resultados en segunda vuelta, sin embargo, demuestran que eso no es cierto, que las maquinarias simplemente se aceitaron desde la primera vuelta con Iván Duque ante el decaimiento de Vargas Lleras, y que esto no se debe al simple engolosinamiento con la denominada “mermelada”, sino que muy seguramente obedeció a la estrategia pensada por esas élites para afianzarse en el poder. Las “distancias” del uribismo y el “santismo” quedaron a un lado para apostarle de nuevo a un proyecto unificado en todos los aspectos. Su división en materia de paz les sirvió para debilitar la posición negociadora de la Farc y del movimiento social, y lograr un acuerdo de paz ajustado al tamaño de sus intereses; ahora para seguir incumpliendo los acuerdos, limitar los escenarios de negociación con las demás insurgencias y con el movimiento social, necesitan volver a estar unificados para hacerle frente a un bloque democrático y popular en construcción que va ganando capacidad de ser gobierno y ser poder.

Nuevamente los mismos de siempre se erigen en la presidencia, y desde allí, con los poderes reales seguirán buscando defender sus privilegios a capa y espada, pero cada vez la tienen más difícil porque emergen nuevas ciudadanías que junto al movimiento social y popular se van abriendo espacio en la lucha por vida digna y justicia social. Los resultados de las elecciones presidenciales anuncian que otra Colombia está naciendo y que a los de siempre se les puede derrotar.

Thursday, 05 July 2018 00:00

Convocatoria: AGENDA 2019

PRESENTACIÓN

Periferia es una corporación que nació en el 2004 como un proyecto de comunicación popular. Desde entonces editamos mensualmente el periódico Periferia Prensa Alternativa, una publicación de alcance nacional, elaborada con los aportes de colaboradores y reporteros populares de diferentes regiones del país.

Desde hace nueve años  sacamos a circulación anualmente una agenda que en principio recogió los aportes fotográficos del periódico, pero  a lo largo del tiempo  se ha perfilado como una apuesta estética y como un espacio de difusión del trabajo de fotógrafos, colaboradores y amigos  que trabajan en la periferia con las comunidades, por lo cual en las últimas ocasiones la agenda ha tenido un enfoque temático, con la finalidad de poner la mirada sobre un asunto específico de las comunidades periféricas.  A su vez esta agenda es una manera de autogestión de la Corporación para el trabajo periodístico y  formativo.

 TEMA

El tema central de este año “los juegos de la periferia”.  Con esta convocatoria queremos rescatar el juego como un derecho incuestionable para cada ser humano en todas las etapas de crecimiento y desarrollo que experimenta. Como Corporación nos parece importante reivindicar el juego como una valiosa herramienta para fortalecer los vínculos de las personas en sociedad; a la vez  visualizarlo como elemento indispensable para el descubrimiento de la creatividad individual. Jugar es un impulso que nos empuja desde pequeños a descubrir, manipular, observar e interpretar el mundo que nos rodea. Jugando aprendemos a relacionarnos con los demás, ejercitamos nuestras habilidades y capacidades y nos arriesgamos a asumir pequeños retos que nos ayudan a crecer a conocer y transformar lo que tenemos en nuestras comunidades. 

 

 BASES

  • Pueden participar fotógrafos profesionales o aficionados
  • Se pueden enviar entre una y cinco fotografías
  • Cada fotografía debe llevar un pie de página que contextualice dónde se tomó, quién es la persona fotografiada y cuál es el juego que se lleva a cabo. (máximo 40 palabras)
  • Las fotografías deben enviarse al correo This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it. con el asunto: Convocatoria - Agenda 2019
  • Las fotografías deben estar en alta calidad
  • Fecha límite: 1 de septiembre

 

SELECCIÓN

La selección estará a cargo del comité editorial del periódico Periferia Prensa Alternativa.

 

RECONOCIMIENTO

A las personas con fotografías seleccionadas se les hará saber a través del correo electrónico, igualmente se publicará en la página web www.periferiaprensa.com. Los ganadores recibirán  un certificado de su participación, dos Agendas y  colección de libros

 

FECHAS

Convocatoria:  1 julio – 01 septiembre

Publicación de resultados: 10 de septiembre

 

DERECHOS DE AUTOR

La Corporación Periferia es una organización sin ánimo de lucro cuyo objetivo es visibilizar las luchas y apuestas de las comunidades en la Periferia. El propósito de este concurso no es comercial y la inscripción para participar es gratuita.  Los autores de las obras que resulten finalistas y entren a formar parte de la selección final aceptan ceder a Periferia –de manera no exclusiva- el derecho de uso y reproducción de las imágenes. El derecho de uso que asume Periferia sobre las fotografías finalistas no enajena la propiedad patrimonial e intelectual de los autores y su campo de acción está limitado para fines educativos y sociales. Periferia se compromete a reconocer los respectivos créditos de autor cuando las fotografías sean publicadas.

 

Como dijo Borges “Hay derrotas que tienen más dignidad que una victoria”. Esos más de ocho millones de votos alcanzados por la Colombia Humana tienen un inmenso valor, más que los 10 millones del nuevo presidente, porque son votos conscientes, sensibles, amorosos, llenos de energía y deseo por las transformaciones, y casi todos estaban llenos de vehemencia contra la corrupta clase política apoltronada por más de dos siglos abusando del poder; son votos que gritan a los cuatro vientos su deseo de cambio.

Ya las bases hablaron en las urnas, dijo alguien; ahora le corresponde a los líderes y lideresas conducir el trabajo que multiplique esos resultados y convenza a esas mismas bases de su capacidad transformadora. Eso es lo primero, consolidar el mayor avance de este importante fenómeno político que fue justamente el empoderamiento de la gente, sentirse y observarse a sí misma dirigiendo su propio destino, abandonando paso a paso la idea del caudillo o el mesías que milagrosamente lo resuelve todo. Así como lo hicieron María y Sandra y toda su comunidad en San Pablo en el Sur de Bolívar, golpeando en cada puerta y en cada corazón; o con la energía de los grupos de jóvenes en las barriadas de Cali, Bogotá, Barranquilla, Pasto, Mocoa, Cartagena, Popayán, Quibdó, Riohacha, Santa Marta, Mitú, Sincelejo y Tunja; o con la creatividad de los estudiantes de las universidades públicas y privadas; o la formidable entereza de los pueblos afrocolombianos e indígenas, y del campesinado organizado.

La que habló fue la Colombia profunda, la de la periferia; en el mapa nacional el centro político aparece rodeado por un cerco que avanza lleno de esperanza por superar y sacudirse de una vez por todas la opresión, la violencia, la subordinación, la desigualdad social y la miseria en la que fueron postrados por las prácticas clientelistas y corruptas de los que dirigen todo desde el centro de poder político y económico. Ese cerco es para que no se escape el sueño, para que se asfixie el egoísmo y la maldad. Para que se contagie la voluntad, el amor y la dignidad.

Fueron ocho departamentos y trece capitales las que dijeron aquí estamos presentes por el cambio, y será a partir de estas y de los cientos de municipios pequeños y grandes desde donde se construirá la estrategia común para alcanzar un nuevo poder en Colombia; pero debe ser con las más amplias voces, con los sectores y movimientos sociales, con los partidos democráticos, con las mujeres, los jóvenes y los ancianos, con el pueblo. La agenda de cambios que fue tomando forma en la contienda electoral y que incluye la eliminación de las EPS y la construcción de un nuevo sistema de salud; la educación superior gratuita; las reformas necesarias en el agro y el sistema pensional; la defensa del medio ambiente y la promoción de la cultura, entre otras, serán mandatos para la sociedad. La movilización estará presente durante este cuatrienio.

En la estrategia seguro habrá una ruta y un plan de acción, que incluirán la participación masiva en la consulta popular contra la corrupción el 26 de agosto de 2018. Esta primera derrota contra la clase política legitimará a los procesos sociales y grupos de ciudadanos, asociaciones, partidos, etc, para exigir al nuevo gobierno que destape todas las ollas podridas de la clase política, devuelvan los recursos y se vayan a la cárcel. Las veedurías ciudadanas y otras formas de seguimiento y control ciudadano serán fundamentales para apretar el cerco popular. Las luchas por los cambios y las transformaciones necesarias para construir una nueva democracia hay que imaginarlas y hacerlas realidad a través de la participación y la movilización de millones de personas. De la mano de la participación y la movilización, viene la organización social; se necesita una fuerte y vigorosa participación en las elecciones locales para alcaldes, consejos y gobernaciones. También en ese campo hay que dar la pelea y ganar.

Alguien con mucho tino planteó también en las redes, la razón cruel por la que los pobres votan por la clase política y los partidos corruptos responsables de su propia desgracia; es porque solo así logran ganar algo, porque es tal vez la única alegría que pueden obtener. El pueblo está acostumbrado a perder en las contiendas más importantes de su vida, y por ello se resignan con los triunfos ajenos, que creen propios.  Por eso es necesaria la moralización del pueblo a través de pequeños y grandes triunfos y alegrías. Ya no serán más las alegrías ajenas de los poderosos las que les den un poco de satisfacción, serán las propias, construidas en colectivo, con sus manos y su esfuerzo. 

La estrategia de lucha, trabajo social y popular por los cambios tienen garantía de triunfo, y se refuerzan con el regreso de Gustavo Petro y Angela María Robledo al Congreso de la República. Muy acertada la decisión y fundamental para el momento político que se vive en Colombia. Los debates serios, el control político y la presión que ejercerán contra la clase política corrupta está garantizada con su presencia y con la de más de 40 hombres y mujeres que conformarán la bancada alternativa más grande de todos los tiempos; los sectores populares, los movimientos sociales y todos los que apoyaron y alimentaron el sueño de la Colombia Humana, además de tener una representación de lujo en el Congreso, deberán tener un rol protagónico en la consolidación de un bloque democrático, para conducir junto a esta bancada alternativa la estrategia política hacia una verdadera transición a la democracia.

Este domingo 27 de mayo de 2018, por primera vez en la historia nacional, una propuesta social interpretada por un colombiano venido de la lucha popular pasó a segunda vuelta en las elecciones presidenciales, a pesar del miedo impuesto por las élites a través de los medios masivos de comunicación. Ganó en las urnas el valor de los humildes y su anhelo por encontrar un camino que les permita vivir mejor en su país; en esa Colombia saqueada y depredada por los de siempre, por las élites de la derecha, los liberales y los conservadores, los del Centro Democrático, los de Cambio Radical y la U.

Y no es cualquier triunfo, es uno que eriza la piel, que da esperanza, que permite recuperar el amor propio, la autoestima y el auto-reconocimiento de los desposeídos; es David elevando su onda al viento y descargando la piedra contra el gigante Goliat. Es la periferia haciéndose sentir.

En nueve de los 32 departamentos del país ganó Gustavo Petro, pero lo que hay que destacar es que son nueve de los más pobres, azotados por el conflicto armado y por el paramilitarismo. Varios de ellos aún viven bajo el control y la amenaza paramilitar o de mafias locales poderosas, como Córdoba y La Guajira; y otros como Nariño, que en su región pacífica sufren una guerra sin cuartel entre carteles mexicanos, paramilitares, y disidencias guerrilleras, bajo la mirada cómplice de las Fuerzas Militares y de la Policía. Los demás tienen de todo un poquito, corrupción, desigualdad, hambre, abandono estatal, racismo y exclusión, entre otros flagelos.

Hay que analizar otros elementos que confirman la tesis de que en las zonas que han sufrido la violencia y el control en carne propia, es donde la gente quiere el cambio y vota por alternativas que le juegan a la paz con justicia social. Por ejemplo en Antioquia, donde arrasó el uribismo en cabeza de Duque, en municipios como Vigía del Fuerte, Segovia y Remedios ganó Fajardo; mientras que en Turbo, Apartadó y Murindó, municipios con antecedentes de extrema violencia y control paramilitar, pero también de gran resistencia social, ganó Petro; han de sentirse con mucho deseo de salir de ese control mafioso para retar al establecimiento y apostarle a propuestas alternativas como la de la Colombia Humana o la de la Coalición Colombia, que junto a la de Humberto De La Calle alcanzaron casi diez millones de votos.

Perdieron en estas elecciones la extrema derecha y los medios que quisieron asustar a la población con el Castrochavismo, y estigmatizando a Petro; se sorprenden hoy los grandes opinadores y los analistas con el incremento de las votaciones, pero no reconocen que en esta contienda hubo un animador de primer orden que obligó a todas las campañas a hablar temas serios, los que la gente quería escuchar hace rato. Gustavo Petro y toda la gente que lo apoyó son responsables de animar la democracia, y poner al centro un discurso lleno de contenido humano. Los que tenían miedo eran otros, no la gente de la periferia; los que polarizaban eran otros, que en los territorios habían montado un ambiente de desolación en donde nadie pudiera creer en las transformaciones.

Yann Basser, director del observatorio de representación política de la Universidad del Rosario, manifestó en una entrevista para la Silla Académica del 9 de marzo de 2018, que “...la clave de la polarización está en los territorios, no en el discurso de Petro…”. Basser además de acertado en la mayoría de sus vaticinios electorales, señala al uribismo como el responsable de la polarización entre centro y periferia, ya que las bases del Centro Democrático se beneficiaron de su gobierno, mientras las regiones alejadas en el Norte y Sur del país sufrieron la intensificación de la guerra y la pobreza. Y las poblaciones jóvenes de estos territorios, y las de las zonas urbanas de las grandes ciudades se sentían excluidas y no veían la razón de participar en elecciones; la aparición de una propuesta que los incluyera garantizó que se rescataran para la democracia, y jugaran como sujeto político en estas presidenciales.

Como sea, y pase lo que pase en la segunda vuelta, este proceso ha sido muy interesante y deja muchas enseñanzas y también mucha gente desnuda. A la izquierda tradicional le enseña a que no se vive del discurso y del sectarismo, sino que los programas políticos hay que aterrizarlos en propuestas concretas, y que es necesario hacer los mayores esfuerzos por reconciliarse con las corrientes afines al cambio social si no quiere que la posibilidad real de ser gobierno se esfume. Quedan desnudos y de cuerpo entero los de Cambio Radical por su doble moral frente a la paz, y los liberales con Santos a la cabeza por su evidente mala intención y ruindad a la hora de aplicar los acuerdos de paz firmados con las FARC.

Aunque haya ganado el Centro Democrático, no ganó el discurso contra la paz; por el contrario viene en franco ascenso el concepto de la paz con justicia social, y eso se evidenció en medio de los debates televisados, en las entrevistas radiales y en las plazas públicas, en donde quién lo creyera, hasta los candidatos de la derecha que le quitaron la salud, las pensiones y los derechos laborales a la mayoría de colombianos y colombianas, terminaron hablando y comprometiéndose de manera muy “incluyente” con reformas en la educación, la salud, el empleo; y hasta se vieron de lo más diversos y antipatriarcales en sus intervenciones. Todos los candidatos se acordaron que las mujeres, los sectores Lgtbi, los jóvenes, los afros, los campesinos y los indígenas, sí existen.

Un día después de la primera vuelta presidencial en Colombia, se siente la resaca de la derecha. Ellos ya llegaron a su techo, y los votos de Vargas Lleras no son todos para Duque. El nerviosismo de los encuestadores y los directores de medios de comunicación, como Darío Arismendi, que en su programa radial de caracol recriminó fuertemente a Darcy Quinn por insinuar que si se juntan los votos de Petro, Fajardo y De la Calle, ganarían el 17 de junio; Arizmendi desea que las cosas sigan como hasta ahora, y más parece un jefe de campaña angustiado, que un periodista.

Pero para nadie es secreto que la Colombia Humana necesita del compromiso de la Coalición Colombia y de los liberales de base que acompañaron este bloque democrático; y especialmente de la gente de la Colombia profunda que aún está rezagada e indiferente. Hay esperanza en la periferia colombiana, hay razones para sacudirse y salir a apoyar una propuesta de cambio, de buen vivir. Hay que seguir pilas vigilando y denunciando las jugarretas de la Registraduría, la compra de votos, y lo que seguramente va a ser una guerra a fondo de la derecha para ganar a cualquier precio. Ojalá que los que no se han decidido a votar lo hagan, y que los que ya lo hicieron se metan a trabajar a fondo estas tres semanas que quedan. No hay nada que perder; es cierto que cuando más se oscurece es porque va a amanecer.

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