Bernardo Jurado

Bernardo Jurado

Thursday, 18 February 2010 16:56

La barra más peligrosa

Entre los que asistimos a fútbol hace muchos años existe un consenso y es que la verdadera “barrabrava” de todo el país es la policía.  Esa fue la conclusión en la cumbre de seguridad en eventos deportivos realizada en 2008 en Medellín, y fue también una de las pocas cosas que lograron poner de acuerdo a todas las barras e hinchas de los diferentes clubes del país. Este escrito no es para hacer una apología de la violencia irracional de muchas barras, es más para mostrar con algunos casos cómo la policía no cumple su papel básico de prevención sino que se convierte en uno más de los que fomentan la violencia.

El día 7 de enero de 2010 se jugó un partido en el estadio el Campin de Bogotá para hacerle un homenaje a Edson Arantes do Nacimento “Pelé”. En las horas de la noche la prensa registraba enfrentamientos de barras antes y después del partido con el titular de prensa: “Joven perdió un ojo en disturbios ocurridos antes del homenaje a Pelé en el Campín”. Y luego dice “Con piedras, los hinchas se agredieron y le causaron lesiones en el rostro a dos de los 50 efectivos de la Fuerza Disponible, que acudieron a calmar los ánimos. Tres tanquetas utilizaron mangueras para echarles agua a los hinchas, que además fueron controlados con bombas de aturdimiento” (El Tiempo.com. Enero 18 de 2010). Y más aun, presentaron una cifra de heridos producto del “enfrentamiento” entre barras.

Dos días después entrevistan a uno de los heridos que estaba todavía en el hospital y para sorpresa de muchos “Según Jorge Enrique León (el herido), un artefacto de gas lacrimógeno de la Policía lo golpeó… Jorge dice que alcanzó a ver cuando la Policía disparó los artefactos de gas lacrimógeno de frente y que instantes después de sentir el golpe vio a sus pies cuando comenzó a salir el gas. "Yo lo vi con el otro ojo. Cuando comenzó a salir el gas, salí corriendo para que no me ahogara. Me pegó muy duro…(eltiempo.com Enero 19 de 2010). La policía agredió al joven que manifestó no ser hincha de ninguno de los dos equipos bogotanos, pero que fue al partido por ver a Pelé.

La policía no respondió ante estos hechos. “El Mayor Alexander Murcia, comandante del Esmad de la Policía, dijo que por ahora no hay una investigación porque no hay una denuncia formal, pero aseguró que es difícil que haya sido uno de los artefactos de gas el que golpeó el ojo del muchacho" (eltiempo.com febrero 10 de 2010).

El año pasado, el 9 de agosto, después de un partido entre Nacional y Tolima en la ciudad de Medellín, en un enfrentamiento entre hinchas de Nacional y la policía, un agente sacó su arma y disparó varias veces a la gente. En el video que fue presentado a secretaría de gobierno y a la personería de Medellín en el comité de seguridad que se realiza todos los martes para tratar el tema del fútbol en la ciudad, se ve claramente al policía, primero detrás de un árbol, luego con otro hincha como escudo y luego saca su revólver y dispara varias veces a la gente, a un nivel que podría darle a cualquiera de todos los que estaban en el lugar, ya que sucedió en la estación Estadio del Metro. Afortunadamente no se dieron heridos, pero no hubo tampoco pronunciamiento oficial por parte ni de la alcaldía, ni de la personería, ni del Metro, quienes acostumbran hacerlo cuando son los hinchas los culpables de algo.

En el año 2008, hinchas del Deportivo Cali, en un partido ante Medellín, fueron agredidos brutalmente por el Esmad antes de entrar al partido. Este hecho hubiera pasado desapercibido o sería solo una anécdota más del hincha que sufrió la agresión de no haber sido por dos cosas. La primera es que había una abogada de la personería cerca, que se dio cuenta de la agresión y trató de pararla, en ese momento el policía la agrede a ella también. Todo esto fue observado y grabado por cámaras de Noticias 1, que presentó ante el país la  noticia: El policía agredió a un hincha sin motivo alguno y luego agredió a la abogada de personería de Medellín por tratar de parar la agresión.

Todas estas agresiones pasan a diario, no solo desapercibidas, sino que los medios de comunicación en muchos casos solo presentan la versión del Estado, en este caso de la policía. En esta versión todos son culpables y sospechosos de serlo, mientras ellos, los policías, parecen ser los adalides de la justicia. Nada más lejano de la realidad. Al parecer seguimos acostumbrándonos a lo que en el país se ha llamado “falsos positivos” que no son otra cosa que la continuación de la agresión del Estado sobre los ciudadanos y el encubrimiento de los delitos que a diario cometen.

Han sido tantos los abusos que se cometen en los estadios de fútbol por parte de la policía, desde tirarle los caballos a la gente en las filas, atropellar en las requisas, insultar a los hinchas, etc., que la barra Los Del Sur solicitó hace ya varios años la presencia de la personería en los partidos, aunque sea para que sirvan como testigos de los atropellos más fuertes. Estos sucesos no son todos, son solo algunos de los más “notorios”, faltan los que ocurren por ineficacia de un operativo policial, o por omisión estatal y que han terminado en muchos casos en situaciones muy lamentables. Con el agravante de que todos estos casos quedan en la impunidad, solo en el recuerdo y anecdotario de cada uno.

Como lo presentó el mismo diario El Tiempo, entrevistando a un agente del Esmad ante las acusaciones reiteradas por las agresiones y los delitos cometidos que llevaron a la muerte de Nicolás Neira con uso de armas no convencionales: “El capitán Julio César Devia Torrijos, ex comandante de la Primera Sección del Escuadrón Móvil Anti Disturbios, Esmad, en Bogotá, no sólo ordenaba la fabricación de municiones, cuyo uso estaba prohibido, sino que daba instrucciones para dispararlas inmediatamente en contra de estudiantes” (El Tiempo.com. Febrero 4 de 2010). Obviamente, estas situaciones no solo se dan contra los estudiantes, también contra los indígenas, contra los que protestan por el despojo de sus casas por los bancos, contra los hinchas de fútbol, contra los que se le enfrenten o simplemente contra todos los que manifiesten algo contra este régimen de muerte.

Friday, 20 November 2009 18:48

El toque toque de los millones


 
En medio del mediocre torneo de fútbol colombiano, los equipos se han nivelado por lo bajo, por la mediocridad dirigencial, los malos jugadores y el pobre fútbol que se exhibe cada domingo en todos los estadio del país. Ni qué hablar de la Selección Colombia, con la que desempeñamos una pobre actuación en las eliminatorias, quizá, aterrizándonos un poco en el cruel lugar de equipos chicos de Suramérica. Ahora Venezuela tiene mejor selección, o al menos más decorosa.
Wednesday, 22 July 2009 14:31

De fútbol y violencia

¿Qué la violencia se tiene que acabar? ¡Claro que sí! Y tiene que acabarse en todas sus formas, en todos sus momentos, escenarios y desde todos los responsables. Este país cada vez más demuestra que vive un mundo al revés. Cada vez, desde hace años, se presentan más casos de violencia relacionados con hinchas de fútbol. Pero cabe resaltar que las agresiones no son exclusivamente de los hinchas y que lo que vemos hoy es un incremento de la violencia en general relacionada con los actores futbolísticos, desde los hinchas, hasta jugadores y empresarios.

Sostengo que la violencia no es del fútbol como muchos lo presentan. Ésta es propia de una sociedad con los valores invertidos, donde no importa la vida del “otro”, del semejante, donde el ser humano parece no significar nada y en este sentido quitarle su vida hace parte de la cotidianidad. Pero responsabilizar de esto al fútbol puede ser tan lejano de la realidad como pensar que se están haciendo cosas serias para solucionarlo. La gente en el estadio reproduce las condiciones en las que vive, condiciones de solidaridad, de respeto y de sobrevivencia, entre otras. O de permanente insulto y agresión. Así, cuando nos preguntamos ¿por qué alguien tiene que llevar un puñal al estadio? debemos preguntarnos también si éste en su barrio anda con algún tipo de arma, si la ha utilizado y por qué. La repuesta a las dos primeras casi siempre será sí, la de la última es más compleja. ¿Se le ha educado a esta persona para la vida y el respeto? ¿o para qué se le ha educado?

Ahora no sólo los hinchas son los causantes de los muertos en el fútbol. Este 5 de julio Javier Flores, jugador del Júnior de Barranquilla, asesinó a un hincha por que le reprochaba y le incriminaba por haber perdido la final del fútbol colombiano frente al Once Caldas de Manizales el 28 de junio. Así como los hinchas, en muchos casos de violencia en Colombia han estado involucrados los jugadores, desde asesinatos, como el pasado en Barranquilla, hasta el tráfico y consumo de drogas, líos con las mafias en el país y combos de las ciudades, detenciones por porte de armas de fuego, etc.

El tema de los jugadores no es para pasarlo rápido. En países como Argentina la provocación a las barras o hinchas presentes en el estadio puede dar varios días de cárcel o sanción económica. El jugador de fútbol se convierte, sin darse cuenta muchas veces, en ídolo de grandes multitudes, pero a la vez ha recibido todo tipo de maltratos de parte de muchos clubes. Éste mismo mes de julio se despidió del fútbol profesional en Medellín el “Tino” Asprilla, a su mejor manera, y mostrando un poco lo que ha sido su carrera futbolística y su vida personal. Entró al estadio en limosina blanca, prácticamente no vista antes en la ciudad, al menos por la mayoría de los asistentes. Faltó poco para que hiciera su arribo al estadio a caballo y haciendo tiros, como en su última detención donde hizo varios tiros con un fusil en el Valle del Cauca.

Los casos de los jugadores son diversos como víctimas o victimarios, como indefensos en muchos casos o como responsables o cómplices de muchos delitos. Podemos hablar, por ejemplo, de El “torito” Cañas, conocido no solo por su fútbol sino porque trabajaba como sicario a finales de la década del 90; el “palomo” Usurriaga, asesinado hace unos años, y Andrés Escobar, cuyo asesinato en la ciudad de Medellín cumplió ya 15 años. Siempre se ha especulado con la relación de Fredy “Totono” Grisales con combos de sicarios en Bello, Neider Morantes en Barrio Antioquia o el “choto” Cortés con “una gente” de San Pío, en Itagüí.

Si a esto le sumamos las relaciones con sus patrones naturales en el fútbol, los dirigentes, que, como se mostraba en la edición anterior de este periódico, son en muchos casos parte de las mafias de este país, obviamente saben que pueden contar con su “respaldo”. En Colombia podríamos decir que en muchos casos las menos bravas son las barras, teniendo en cuenta las características de muchos de los jugadores y dirigentes de los clubes. Ahora los hinchas, esos a los que todos los días se inculpan de todo, a los que se les atribuye la violencia en el fútbol, pasan a ser las víctimas, una vez más. La diferencia es que nadie dice que todos los jugadores son iguales y que hay que encarcelarlos a todos, esa diferencia, la generalización y la estigmatización sí es una marca que siguen cargando los hinchas, de cuenta de las autoridades y los malos comentaristas deportivos.

En nuestro país, además de todos los problemas que tenemos, el fútbol, del que se espera que sea un elemento de recreación, se ha convertido no solo en uno de los negocios más lucrativos, sino también y en este sentido, en campo de acción de las mafias y grupos delincuentes de nuestras ciudades. Estos, grupos algunos ilegales y otros legalizados, suman numerosas relaciones y vínculos con equipos, y muchos títulos y obviamente millones y millones de pesos.

 

Podemos ver que en muchos de los casos en que han resultado campeones equipos que siempre fueron considerados pequeños, estos muestran una clara relación con grupos mafiosos y terminan siendo investigados y condenados por comprobárseles el uso de dineros de éstas mafias y por las presiones que estos generan. Miremos algunos casos que son muestra fehaciente del problema (uno de tantos) del fútbol nacional.

Históricamente se ha dicho y comprobado que equipos grandes como América, Millonarios y Nacional recibieron plata de los carteles de la droga, el de Medellín, de Cali y el de Rodríguez Gacha. Estas platas datan básicamente la década del 80. Por ejemplo, El América de Cali no había ganado ningún titulo del fútbol colombiano hasta el año 1978, y ahora tienen 13 estrellas. Nacional también inició su época de gloria al final de la década de los 80, cuando llegó incluso a ganar la copa libertadores de América; y Millonarios no sale campeón desde 1988, por la época que Rodríguez Gacha estaba dando plata para el club bogotano.

Éstas parecían historias del pasado, ¡pero no!, está toda la mafia detrás de algunos equipos del fútbol colombiano. Veamos algunos ejemplos: actualmente 8 personas, entre ellos directivos de Independiente Medellín, continúan detenidos, después de pasar unos meses por la cárcel nacional Bellavista, ahora en cárceles municipales como Itaguí o Envigado. El expresidente del Medellín, Javier Velásquez, y el gerente Libardo Serna, entre otros que llevaron a Medellín a salir campeón después de 45 años, enfrentan hoy cargos de lavado de activos y compra del árbitro en la final que jugaron con Nacional en el año 2004.

El caso más reciente y evidente fue el del Chicó, pequeño equipo de la ciudad de Bogotá que trasladaron a Tunja aduciendo motivos económicos y que salió campeón el año pasado. Hace pocos días el periódico El Tiempo mostró cómo en el estadio de Tunja estaba Eduardo Pimentel, presidente del club, en un palco del estadio observando el partido junto a alias “Duglas”, uno de los jefes de la oficina de Envigado y quien hace poco fue detenido en el Poblado. De “Duglas” se dice que sería dueño de pases de jugadores e inversionista en varios clubes del país.

Real Cartagena llegó hace varios años a la final del fútbol colombiano y posteriormente descendió a la segunda categoría. Mucho se especuló acerca de las relaciones con el América de Cali, ya que se le atribuye ser un equipo satélite de éste. Santa Fe, el equipo de tradición bogotana se dice que recibió platas de esmeralderos (Carranza y otros) para conformar la nomina de hace un año y medio, cuando llevó casi 15 jugadores al plantel. La Fiscalía ya plantea la necesidad de investigar esta situación. En el Envigado todos conocieron a su presidente Gustavo Upegui, jefe de la llamada oficina de Envigado, quien fue asesinado al parecer por ajustes de cuentas entre la mafia. Upegui fue presidente de Envigado y miembro de la Dimayor durante varios años.

Millonarios está intervenido por la división de estupefacientes de la Policía Nacional, por la comprobación de dineros del narcotráfico en el club. Actualmente esta dirección de la policía hace parte de las decisiones del club. América de Cali necesitó cambiar de razón social, ya que, debido a que sus dueños eran los antiguos jefes del cartel de Cali, los hermanos Rodríguez Orejuela e incluso desde la prisión seguían manejando este equipo y los pases y contrataciones de jugadores, fueron incluidos en la lista Clinton. Por este motivo muchas empresas se abstuvieron de negociar con ellos incluso patrocinio para su camiseta. Y esto es lo que lleva al club a una situación difícil económica.

También están otros que aparentan ser “limpios” pero que hacen parte de esa mafia legalizada que opera en Colombia, la familia de “Los Char” en Junior, el Senador Camargo en Tolima, la organización Ardila Lulle en Atlético Nacional o el alcalde de Cúcuta que estuvo preso hasta hace poco y tenía relaciones hasta para manejar jugadores del equipo de su ciudad. En varios de estos casos se han denunciado su relación con grupos de mafias en el país; por eso hacen parte de eso que llamo mafias legalizadas, que están presentes públicamente pero que como secreto a voces se sabe de muchas de sus relaciones.

El fútbol, lejos de ser el deporte del “juego limpio”, como invita la FIFA, muestra que es solo un negocio más y que así lo quieren manejar, incluso llevando esto hasta sus últimas consecuencias. Y bueno, hay que hacer una “salvedad” para no ser “injustos” con nuestro fútbol colombiano, y es que esta situación no solo es de este país, recordemos como “La Juventus” fue descubierta y sancionada hace ya casi 3 años por compras de árbitros y relaciones con la mafia italiana.

Con este panorama es imposible pensar en un fútbol por lo menos limpio y que pueda ser ese deporte serio y honesto que todos promulgan. Al contrario, se convierte en una más de tantas mafias que existen en Colombia, donde se evidencia una relación de algunos de los últimos títulos con mafias que se dan detrás de ellos, al menos desde los dirigentes. Desde lo deportivo y popular, sigue siendo el deporte que lleva más gente a acompañarlo, y muchos seguimos asistiendo a los partidos religiosamente a vibrar con cada jugada, cada taco o gambeta así sea de este malogrado y manipulado fútbol colombiano.

 

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