Jose Abelardo Diaz

Jose Abelardo Diaz

El 29 de enero de 2016, el presidente Juan Manuel Santos sancionó en Orocue, municipio casanareño ubicado a orillas del río Meta, la ley que crea las Zonas de Interés de Desarrollo Rural y Social (ZIDRES). En el acto público, el mandatario afirmó que la mencionada ley constituía, ni más ni menos, una “verdadera revolución para el campo”, con la cual se garantizará la seguridad alimentaria del país. “Esta es la ley más audaz de nuestra historia para garantizar el desarrollo del campo. Iniciamos el camino para convertirnos en la despensa de alimentos del mundo”, indicó Santos, sin rubor alguno. La afirmación desde luego no deja de ser un chiste de mal gusto, especialmente para los productores agrícolas del país, grandes y pequeños, que ven cómo, con la venia del Estado, llegan a Colombia cada año millones de toneladas de alimentos importados y se pone en riesgo la seguridad y la soberanía alimentaria de la población, al tiempo que se ha transformado la vocación agrícola del campo, destinado ahora a los grandes negocios agroindustriales.

Que el lugar donde se sancionó la Ley 1776 de 2016 haya sido una población ubicada en los llanos orientales de Colombia, no es un hecho de menor valía, porque está relacionado intereses que el capital, nacional e internacional, han proyectado desde hace algún tiempo sobre esa extensa región del país, para satisfacer jugosos negocios en torno a la tierra y sus riquezas. En efecto, como lo han indicado investigaciones periodísticas y académicas, la región de la Orinoquia en los últimos años –aunque ya desde el siglo XVIII estuviese articulada tímidamente a las demandas del mercado nacional e internacional – ha adquirido una importancia especial en la fase de acumulación capitalista actual, lo cual es comprensible si se tiene en cuenta que la región representa el 22,7% del territorio nacional, y que allí se albergan 10 Parques Nacionales Naturales y una de las cuencas de exploración y explotación de hidrocarburos más importantes del país.

Diversas actividades económicas, articuladas a las demandas del capital internacional, se han posicionado en los llanos orientales, modificando aceleradamente su configuración espacial y agudizando los conflictos sociales. Entre las más visibles se destacan la profundización del modelo del latifundio ganadero, que lejos de perder fuerza, se consolida a tal punto que la ganadería representa un 90% de las tierras con esta vocación en la región. Lo novedoso de la actividad es que se orienta hacia la implementación de cultivos de cereales para ser usados como alimento del ganado, con modelos de alianza entre la agroindustria y ganadería. La otra gran actividad económica estratégica es la producción de petróleo, ampliamente conocida en el país, entre otras razones, por afectar los derechos fundamentales de las comunidades indígenas y campesinas que habitan en los territorios donde hay producción, con pésimas condiciones laborales de los trabajadores contratados para laborar en los campos de extracción.

De otro lado, se destaca la reconversión agroindustrial que estimula el monocultivo a gran escala y suplanta la economía campesina. Este fenómeno ha ocurrido en distintos lugares de la Orinoquia, y viene acompañado del acaparamiento de tierras por medios violentos o legales (a través de triquiñuelas jurídicas, por ejemplo), de las que se benefician grupos económicos del país (como el del magnate Luis Carlos Sarmiento, dueño de la empresa Corficolombiana, que posee más de 12 mil hectáreas de palma y 4 mil de caucho en el Meta, considerado el cultivo de su tipo más grande de América Latina; la empresa Manuelita, que tiene 37 mil hectáreas entre Meta y Casanare; o Riopaila, que tiene 40 mil hectáreas en Vichada), y multinacionales especializadas en la producción de agro-combustibles (Cargill, Pacific Energy y Poligrow, para mencionar algunos nombres), que hoy son propietarias de miles de hectáreas, dando origen a lo que se conoce a nivel mundial como land grabbing o acaparamiento de tierras por empresas internacionales.

Es aquí precisamente donde encaja el modelo de las Zidres, que vendrá a reforzar el proceso de reconfiguración económica que se está imponiendo en la región de los llanos orientales. De las siete millones de hectáreas que se destinarán para las Zidres en el país, varias miles están ubicadas en la Orinoquia, con lo cual se dará continuidad, esta vez de manera legal, a la acumulación irregular de predios, a través de figuras como la concesión o arrendamiento de tierras baldías, como ocurre en otros países del mundo. Lo llamativo de este proceso de adecuación económica auspiciado por el Estado, es que se da en un momento particular para el país, en donde las premisas de la paz y el fin de la guerra (con orígenes muy fuertes en la distribución desigual de la tierra), son mostradas por el gobierno como una meta que supondrá la reconciliación entre todos los colombianos.

Como es apenas lógico, las dinámicas económicas que se impulsan en los llanos orientales han recreado una conflictividad social que involucra, en particular, a las comunidades indígenas, campesinas y a sectores de la clase obrera. Aunque también comienzan a estimular la movilización de pobladores de las ciudades capitales y municipios, empujados por la incomodidad hacia un gobierno que, mientras habla de paz y reconciliación, se empecina en profundizar un modelo económico que impone los negocios y el afán de riqueza para pocos, a costa del bienestar de la mayoría de la población. Por eso muchos afirman que el peor enemigo de la paz es, paradójicamente, el propio presidente Santos y el modelo económico que se empecina en profundizar en el país.

En esta nota se referencian dos hechos conectados entre sí: el asesinato del ex guerrillero Guadalupe Salcedo Unda en una calle de Bogotá, el 6 de junio de 1957, y la obra Guadalupe años cincuenta del Teatro La Candelaria, que evoca los orígenes del movimiento guerrillero liberal en los llanos orientales a mediados del siglo XX. Tanto la obra de teatro –a su modo- como la evocación del asesinato de Guadalupe Salcedo, advierten la importancia de mirar el pasado cada vez que sea necesario, para poder advertir con acierto los caminos a seguir en el presente.

El asesinato de Guadalupe Salcedo
El 6 de junio de 1957 fue asesinado Guadalupe Salcedo Unda. Su muerte, nunca esclarecida, suscitó diversas lecturas. Que hubiese sido propiciada por agentes oficiales, luego de que Salcedo omitiera la orden de parar en un retén, contribuyó para pensar que pudo tratarse de un crimen premeditado. De hecho, de los impactos que recibió Guadalupe, uno se alojó en la palma de la mano izquierda, lo que demostraría que recibió los disparos cuando tenía los brazos levantados, en actitud de indefensión. Sin duda, no fue una muerte cualquiera. Se trataba del más importante líder de las guerrillas que surgieron en los llanos orientales de Colombia años atrás, que se había acogido a una amnistía otorgada por el Estado. Ese hecho le dio un carácter altamente simbólico a su asesinato.

Nacido en Tame, departamento de Arauca, Guadalupe terminó involucrado sin quererlo, como ocurrió con muchos colombianos, en la violencia política que desataron los miembros de los partidos liberal y conservador. Estando preso en la cárcel de Villavicencio por robo de ganado, fue liberado por el capitán Alfredo Silva, comandante de la base aérea de Apiay, y Eliseo Velásquez, a raíz de los hechos del 9 de abril en Bogotá. Esa acción dio inicio al movimiento de resistencia armada más importante que se gestó en el país en aquella época. En poco tiempo distintos grupos, unidos por el sentimiento liberal, se levantaron en distintos lugares: los Bautista, los Fonseca, los Sandoval, Eduardo Franco Isaza, el Pote Rodríguez, Dumar Aljure, entre otros. Los llanos orientales se convirtieron en un grande teatro de guerra: los guerrilleros derrotaron a la Policía y le propinaron golpes durísimos al Ejército Nacional. Además, lograron unificar el mando alrededor de Guadalupe, a quien nombraron jefe supremo de las guerrillas, y concibieron un conjunto de leyes que pretendían configurar un nuevo modelo de estado en la región.

Algunos años duró combatiendo Guadalupe junto a sus hombres, hasta que, luego del golpe de Estado del general Gustavo Rojas Pinilla, interesado en opacar a los grupos armados en el país, se decretó la amnistía, se indultó a guerrilleros y se pactó el fin de la guerra. Guadalupe firmó la paz en Monterrey el 22 de julio de 1953, atendiendo el llamado del primer mandatario. Luego de su alejamiento de la vida guerrillera, trabajó en un hato y colaboró en la pacificación de los llanos. Previo a su muerte, había sido invitado por el dirigente liberal Juan Lozano a un homenaje en Bogotá. En la noche del 6 de junio, luego de departir con algunos amigos cercanos, y cuando se disponía a regresar a Villavicencio, fue asesinado en esa extraña acción policial. De tal modo terminaba la vida del hombre que llegó a comandar a cerca de 10.000 llaneros armados y que puso en problemas a las elites del bipartidismo político de Colombia.

Una obra en clave de memoria
El 11 de junio de 1975 el Teatro La Candelaria estrenó Guadalupe años cincuenta, una obra de creación colectiva en la que participaron, entre otros, Santiago García, Patricia Ariza, Francisco Martínez, Fernando Peñuela, Alfonso Ortiz, Alvaro Rodríguez y el escritor Arturo Alape. Desde entonces, más de 2000 presentaciones se hicieron en escenarios nacionales e internacionales, convirtiéndose en la obra con más montajes en la historia del teatro colombiano. El reconocimiento internacional vino pronto: en 1976 obtuvo el Premio Casa de las Américas.

A juicio de los expertos, Guadalupe años cincuenta es una de las más importantes obras del teatro colombiano. Para su creación, los integrantes del grupo teatral realizaron un juicioso ejercicio de investigación que contempló entrevistas a diversas personas (exguerrilleros, campesinos, políticos), la consulta paciente de documentos y periódicos de la época, y la apropiación de aspectos de la cultura llanera, particularmente ligados a la tradición oral y la música, que, por cierto, es integrada de forma magistral en la trama, lo cual crea un factor vivencial de gran impacto.

La historia de la obra refiere el comienzo de la violencia política en Colombia, que ubica a mediados de los años cincuenta del siglo anterior, posterior al asesinato de Jorge Eliecer Gaitán. Aunque la puesta en escena tiene como protagonista a Guadalupe Salcedo, todo el relato va contando el surgimiento de las guerrillas liberales en los Llanos Orientales, y la participación de militares colombianos en una guerra ajena a nosotros, la Guerra de Corea. Para el dramaturgo Carlos José Reyes, Guadalupe años cincuenta “es una de las obras colombianas que han logrado conjugar mejor los hechos históricos con el lenguaje escénico, sin limitarse a la anécdota o a la escenificación del documento. Tiene, además, una sólida estructura y una alta calidad artística. Juega un papel crítico, incisivo, sobre los factores de poder en el país y en relación con la entrega de un movimiento guerrillero, sin haber establecido unas reglas de juego y unos acuerdos capaces de lograr una paz estable y duradera. Por eso es una obra que, en las condiciones actuales, conserva una gran actualidad”.

Guadalupe años cincuenta es una reivindicación de la memoria como recurso político para no olvidar lo ocurrido en el país. Es una invitación a recordar los orígenes de la violencia política, a volver a esas “historias que nadie cuenta, que ocurrieron de verdad”, como se afirma en una de las coplas musicales que hacen parte del montaje; un llamado para que los de abajo no olviden “su historia, su vida y su propia lucha”, y piensen “que los tiempos del pasado, se parecen al presente”.

La amenaza extractivista ha despertado en los últimos años múltiples acciones de resistencia y defensa del territorio. Una de estas experiencias la encontramos en el proceso que adelantan los habitantes del piedemonte llanero, y en particular, de la cuenca alta y media del río Humadea, quienes desde hace varios años promueven acciones diversas para impedir que el interés petrolero socave la vida en sus territorios.

El río Humadea
El río Humadea nace en la Cordillera Oriental y desciende a las llanuras del departamento del Meta, recibiendo la humedad de la cadena montañosa. Esa particularidad convierte la zona en una importante reserva de acuíferos y de amortiguación del páramo de Sumapaz. A su paso por el municipio de Guamal, el río se convierte en lugar para el encuentro social y la recreación. De hecho, desde hace varias décadas existe allí el balneario más importante de la región, siendo visitado por cerca de 25 mil turistas al año. Más de cien familias dependen de las actividades económicas asociadas al conocido “paseo de olla”.

Por esta razón, el río Humadea fue declarado como patrimonio turístico y cultural del departamento. Además, es una importante fuente de agua para el consumo, surtiendo acueductos como el del municipio de Castilla la Nueva y de varias veredas del municipio de Guamal, como Montecristo, donde residen 350 personas.

A pesar de las bondades derivadas del río, para los habitantes la situación comenzó a cambiar en 2011, cuando surgieron rumores acerca del interés de empresas petroleras por iniciar exploraciones en la zona. Si bien la información era imprecisa porque no había pronunciamientos oficiales, pronto se confirmó su veracidad. Se supo, en efecto, que la ANLA - Agencia Nacional de Licencias Ambientales, había entregado a Ecopetrol una licencia para explorar el bloque denominado Área de Perforación Exploratoria CPO9, localizado en jurisdicción de los municipios de Acacías, Castilla la Nueva, Guamal y San Martín.

En 2012 la empresa inició la construcción de una plataforma de exploración denominada Lorito 1 (la primera de cinco plataformas proyectadas en el área), lo que de inmediato originó la reacción de la comunidad, pues se construyó a escasos cien metros del río, afectando la bocatoma que surte de agua al acueducto del centro turístico de Humadea y la vereda Montecristo, y cerca de los tanques desarenadores del acueducto del municipio de Castilla la Nueva.

Ahondó la indignación ciudadana que, como suele ocurrir en este tipo de situaciones, Ecopetrol hubiese ocultado los proyectos de exploración en la zona, y que, una vez los habitantes los conocieron, la empresa hubiese empleado artimañas para confundir, engañar y dividir a los pobladores.

Las comunidades deciden
El protagonismo que ha asumido la comunidad desde el 2011 ha sido importante en muchos sentidos. En particular, se debe destacar su papel como defensora del territorio, para lo cual ha acudido a mecanismos que han originado valiosos resultados y enseñanzas. El más visible de ellos ha sido conseguir que el pozo Lorito 1 no haya podido iniciar operaciones hasta el día de hoy. Como lo destaca Edgar Cruz, director de Corpohumadea y uno de los líderes del proceso social, las comunidades han tenido que aprender a luchar en medio de la movilización por la defensa del territorio. Entre los repertorios de lucha empleados pueden destacarse los siguientes:

Recursos legales: La comunidad tuvo que estudiar documentos, leyes, (“Les decían que ellos no tenían conocimientos, los únicos eran los ingenieros de Ecopetrol”, comenta Cruz), y aprender a redactar escritos técnicos, como tutelas y acciones populares que, por ejemplo, obligaron al Tribunal Contencioso Administrativo del Meta, a decretar en septiembre de 2013 la medida cautelar en contra de la explotación de petróleo en Lorito 1. Estas acciones implicaron que las personas aprendieran a interpretar los mecanismos consagrados en la ley para hacer valer sus derechos y decidieran acudir a ellos, venciendo en muchos casos las desconfianzas. Lo anterior, sin duda, sirvió para cualificar los liderazgos que fueron surgiendo.

Movilización social: La comunidad también promovió acciones que implicaron la presencia en la vida cotidiana de los municipios y de la capital del Departamento. Por ejemplo, en marzo de 2013 realizaron una marcha por las calles de Villavicencio, la cual congregó a más de cinco mil personas de los municipios directamente afectados, así como de ciudadanos vinculados a la academia y organizaciones ambientales. También realizaron plantones, siendo el más significativo el de febrero de 2013 sobre la carretera que conducía a la plataforma (cerca del río), que duró ocho meses, y tuvo como propósito evitar la introducción del taladro y maquinaria para la activación de la plataforma.

La conjugación de acciones diversas permitió que el conflicto del Humadea tuviera una resonancia en distintos municipios del departamento, e incluso en el país. Los medios de comunicación regionales y nacionales hicieron referencias permanentes a lo que venía ocurriendo en la región, debido a su visibilización a través de marchas, recolección de firmas y presencia de líderes salidos de la comunidad en audiencias públicas y cuantos escenarios surgían para denunciar lo ocurrido.

Pese a estas ganancias, recientemente se puso en evidencia que Ecopetrol pretende insistir en la exploración en el pozo Lorito 1, contradiciendo y desconociendo un fallo de Tutela de la Corte Constitucional que favoreció la protección del río Humadea en 2013. Esto lo ratifica Corpohumadea cuando señala que la ANLA, omitiendo los pronunciamientos judiciales de la Corte Constitucional, manifestó que la empresa Ecopetrol está cumpliendo con las exigencias contenidas en la licencia ambiental, lo que consideramos contrario a la jurisprudencia y legislación de protección ambiental de Colombia, en tanto no se está cumpliendo con el principio de precaución en debida forma y se estarían vulnerando derechos fundamentales de las comunidades aledañas al pozo Lorito 1, que están ciertamente amenazadas, toda vez que se quiera continuar con el proceso de explotación petrolera”. Frente a esta pretensión la comunidad permanece alerta, con una mayor madurez organizativa y los ánimos intactos.

El 5 de febrero de 2016 se cumplieron cien años del nacimiento de Daniel Santos, el célebre cantante de agrupaciones como la Sonora Matancera y el Cuarteto Flores. El Jefe o El Inquieto Anacobero, como era conocido en los escenarios musicales de América Latina, gozó de un amplio reconocimiento, en especial desde la década de 1940, gracias a su potente voz y a su destreza para moverse en géneros musicales como el bolero y la guaracha. No obstante, existe un aspecto poco advertido de su vida, que no fue de menor valía: su militancia en el movimiento independentista de Puerto Rico y su simpatía por algunos procesos políticos y líderes revolucionarios de la región. Esto, que se reflejó a través de la música y el activismo político, merece ser resaltado, en el marco de la fecha que evoca su nacimiento.

Yo quisiera una bandera
Daniel Santos nació en San Juan en febrero de 1916, en el seno de un humilde hogar. Desde muy joven se vio abocado a trabajar en diversas labores, al tiempo que se dedicaba con inusitado interés al canto, lo que le valió para ser “descubierto” y tenido en cuenta en diversas agrupaciones menores. Con el paso del tiempo, y de la mano de la portentosa voz que lo acompañaba, recaló en conjuntos de reconocida importancia. El compositor Pedro Flores, resaltan algunos biógrafos, fue decisivo en la suerte de Daniel, no solo porque le dio la oportunidad de probarse como cantante en su agrupación a comienzos de los años cuarenta, sino porque puso parte de su repertorio musical (Despedida, Irresistible, Linda, entre muchas más) a su disposición. El culmen de la trayectoria musical de El Jefe fue su arribó en 1948, a la más importante orquesta del Caribe de la época: la Sonora Matancera.

A la par de la trayectoria musical, se gestó en el cantante boricua un profundo sentimiento nacionalista que se fundamentó en el reconocimiento de que su lugar de origen era una colonia de Estados Unidos, a la que se le negaba el derecho hasta de tener una bandera propia. Ese sentimiento generó en Daniel una actitud de rechazo a la presencia de la potencia del norte en los destinos de Puerto Rico, convirtiéndolo en un apasionado promotor de la independencia de la isla. Además, un hecho vivido de forma directa por él, fortaleció sus posturas independentistas: en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, fue alistado, al igual que muchos jóvenes nacidos en Puerto Rico, en las tropas de EEUU, y enviado a una guerra que le era ajena.
A su regreso a Puerto Rico, Daniel Santos grabó junto a Pedro Ortiz Dávila un LP titulado Los Patriotas, con canciones que cuestionaban la injerencia de Estados Unidos en los asuntos de la isla, y que llamaban a los puertorriqueños a luchar por la independencia. De las doce canciones, seis son autoría de Daniel Santos: Soldados de la Patria, Mi Patria es mi Vida, Yankee Go Home, Protesto, Los Tres Mosqueteros, Mi Credo. En Soldados de la Patria el anhelo de la independencia de Puerto Rico es evidente:

Estas dos voces que están cantando,
por todo el mundo piden la ayuda
para su lucha por libertad,
porque esta tierra no se regala
y no se vende, ni se permuta,
jamás se presta y no se da.

La conciencia de la doblegación de Puerto Rico se expresó en Daniel Santos también en el activismo político. Como lo resalta Josean Ramos, uno de sus biógrafos, después de la Segunda Guerra Mundial, Daniel se convirtió en seguidor del Partido Nacionalista de Puerto Rico, fundado por el líder Pedro Albizu Campos. Desde entonces, el cantante no escondió su abierta militancia en la causa independentista, la cual continuó plasmando en sus composiciones musicales. En 1960 grabó en compañía de Mike Hernández un disco con canciones cuyas letras reflejaban su postura frente a la situación de Puerto Rico. Los temas, todos de su autoría, tienen los siguientes títulos: La masacre de Ponce, Yo quisiera una bandera, Ayúdame paisano, Himno y bandera, Pobre jibarito, Viva mi bandera, Liberación, Esto es mío, De Diego, Betances y Don Pedro, Gloria incompleta, Un paso adelante y El grito de Lares.

Además de canciones, Daniel Santos también fue autor de varios manifiestos políticos que alimentaron el ideario de un grupo clandestino fundado por él en 1972 con el nombre de “Patriotas Puertorriqueños”. Estos documentos, descubiertos recientemente, ponen de manifiesto que Daniel Santos fue, además de artista, un individuo con ideales políticos relacionados con la situación de Puerto Rico, postura que mantuvo hasta sus últimos días, y que siempre le acarreó problemas con el FBI, el Departamento de Estado de Estados Unidos y con el Cuerpo de Investigaciones Criminales (CIC) de Puerto Rico.

Dale la mano a tu hermano
El anhelo independentista de Daniel Santos lo llevó a mirar con simpatía procesos revolucionarios que ocurrían en países de la región. Esto se plasma en múltiples canciones que compuso y cantó, por ejemplo, a favor del proceso cubano, contra la ocupación de Estados Unidos de República Dominicana en 1965 y a favor del proceso panameño de Omar Torrijos. Entre las canciones más destacadas figuran Sierra Maestra (que se convirtió en una especie de himno del Movimiento 26 de Julio de Cuba), Que me pongan en la lista (grabado con la orquesta del cubano Orestes Santos en 1960) y Si Fidel es comunista, en donde se cantan cosas como las siguientes: “Si las cosas de Fidel/ son cosas de comunistas/ que me pongan en la lista/ que estoy de acuerdo con él”. A propósito del triunfo cubano de 1959, Daniel Santos escribió Levanta Borinquén, donde le recuerda a sus compatriotas que allí tienen ellos un ejemplo para imitar: “No ruegues más Borinquen con palabras/ no ruegues más tu ansiada libertad/ levanta y glorifica tu bandera/ que el mundo está cansado de esperar/ Si Cuba con valor fue a la manigua, tú puedes irte al campo y el manglar/ Olvídate del dicho de la antigua/Que nada ya se saca con hablar”.

A raíz de la invasión de Estados Unidos a República Dominicana en 1965, Daniel compuso ¡Despierta, dominicano!, canción que generó profundos sentimientos de dignidad y movilizó el deseo de justicia en pobladores de la isla ocupada y de la región:

¡Despierta dominicano!;
¡despierta, que amaneció!
Dale la mano a tu hermano para que reine la unión;
para que respeten tu bandera,
para que respeten tu Nación.

También cantó Daniel Santos al proceso político que se abrió con la presencia del General Omar Torrijos en Panamá en 1968. Se recuerda que el cantante boricua compuso doce canciones bajo el título de “Revolución”, grabadas con la orquesta de la Guardia Nacional de Panamá en 1969. Las canciones se titulan La revolución, El campesino, Felicidad para todos, Su amigo el guardia, El abarrotero, El pescador, 11 de octubre, Chorrillo y marañón, El indio y la revolución, That old revolución, Inmaculado corazón y La noticia. También escribió una canción en honor a Camilo Torres Restrepo luego de su muerte ocurrida en 1966, y cuya letra dice: “Murió cual mueren los héroes que quieren a su patria de verdad y dan el todo por nada contra toda adversidad. Hombre de honor y coraje, roca de la lealtad, sufriendo sin inmutarse la injuria, la calumnia y la maldad”.

Como es apenas comprensible, las expresiones abiertas de nacionalismo y rechazo a la intromisión de Estados Unidos en la región, le acarrearon a Daniel Santos problemas. Se recuerda, por ejemplo, su expulsión de Costa Rica en 1960, en el marco de la VI Reunión de Consulta de los Ministros de Relaciones Exteriores de la Organización de Estados Americanos (OEA), cuando pretendió cantar en un acto de simpatía a la delegación cubana que se prestaba a participar en el evento. No obstante, ni este tipo de sanciones ni el sentirse expiado (como de hecho lo fue) por organismos de seguridad de Puerto Rico o Estados Unidos, hicieron que el cantante boricua renunciara a sus deseos de ver a su isla convertida en una nación independiente y con una propia bandera.

El semanario Frente Unido fue la publicación que acompañó al proyecto político del Padre Camilo Torres Restrepo, y con la cual se pretendió articular aspiraciones y dinamizar la contienda revolucionaria en 1965. Si bien tuvo una existencia fugaz (llegó apenas a trece números), adquirió un protagonismo inédito que merece ser reflexionado a la luz del presente, para comprender el impacto que despertó la propuesta del Padre Camilo en el país y los propósitos que acompañaron al semanario, y que a nuestro juicio fueron educar, agitar e informar, en clave de la construcción de una sensibilidad proclive a la lucha revolucionaria.

1965: un año de agitación política
En 1965 un hecho inédito se registró en Colombia. Un sacerdote que además fungía como investigador social y docente universitario, apenas conocido en ciertos círculos sociales, irrumpió en la vida política nacional, convirtiéndose en poco tiempo en un reconocido líder que, de la mano de la divulgación de un conjunto de tesis que cuestionaban el carácter antidemocrático del régimen que imperaba en el país, promovió la organización de distintos sectores en un frente político para producir un cambio radical de aquel sistema. A esta unión de fuerzas la denominó Frente Unido, la cual fue, sin duda, la expresión más acabada de la parábola política del Padre Camilo. Concebido como un bloque de poder capaz de ponerse a la cabeza de un proceso revolucionario, el Frente Unido surgió formalmente el 22 de mayo de 1965, reuniendo a sectores de las más diversas tendencias (izquierda tradicional, nueva izquierda, cristianos, no alineados, etc.), identificadas en la crítica al pacto oligárquico denominado Frente Nacional.

Entre mayo y octubre de 1965, es decir, desde el momento en que anunció la creación del Frente Unido hasta cuando decide vincularse a las filas del Ejército de Liberación Nacional, el Padre Camilo desarrolló una intensa agitación que contempló correrías por diversos departamentos del país. En reuniones, mítines y conferencias expuso sus planteamientos que se sintetizaban en el cuestionamiento, desde una lectura democrática radical, al sistema político con el que las elites bipartidistas controlaban el país y una crítica a los procederes de la izquierda, que solían estimular enfrentamientos y divisiones. Si bien la presencia del Padre Camilo fue corta, resultó rica en enseñanzas, algunas de las cuales continúan teniendo enorme relevancia.

Una de ellas es la tesis sobre la necesidad de constituir un frente de fuerzas políticas capaz de promover un nuevo país, con una democracia real, es decir, con una activa participación de los sectores populares en la conducción de sus destinos. En su interés por promover una sensibilidad revolucionaria, el Padre Camilo impulsó la creación de un medio impreso que se denominó Frente Unido, el cual a pesar de su corta existencia, expresó no solo el momento político al interior del campo de la izquierda del país, sino que cumplió un papel especial como actor movilizador, al convertirse en un instrumento para informar, educar y agitar a favor del proyecto político del padre Camilo.

Irrumpe el semanario Frente Unido
El 3 de julio de 1965, a su regreso de Lima, el Padre Camilo anunció la aparición de un periódico que tendría como propósito “la politización de la clase popular y la difusión de las ideas del Frente Unido”. El primer número apareció el 26 de agosto de 1965, agotándose pronto los 50.000 ejemplares que se editaron, lo que obligó a una nueva reimpresión en horas de la tarde. En la concepción del líder, el periódico debía ser financiado por las clases populares con su compra, porque como él mismo lo señalaba en las intervenciones públicas, la oligarquía no iba a financiar un periódico que estaba “destinado a derrotarla”. De hecho, el Padre Camilo se refería al semanario Frente Unido como “el periódico de la revolución”.

Las ediciones mantuvieron una regularidad entre el primer número (agosto 26) y el décimo número (octubre 28). El número posterior tardó más de una semana en salir (noviembre 18), y nuevamente hubo una demora en la edición del que vendría a ser el último número, que apareció un mes después de haber sido publicado el doceavo número. Dos razones explican estás interrupciones. En el caso de la primera, por las dificultades propias de la edición y publicación de este tipo de periódicos (escasez de papel, costos, etc.). En la segunda, por el hecho de que Camilo se había incorporado en octubre al ELN, y su ausencia, conocida al interior del Frente Unido, afectó el trabajo del equipo editor del semanario.

En las trece ediciones se utilizaron diversos formatos y en ellas escribieron miembros de las distintas agrupaciones que estaban vinculadas al FU, y que se articularon a las labores de distribución del semanario. También en la tarea de distribución, las denominadas brigadas estudiantiles cumplieron un papel destacado.

Educar, agitar, informar
En la concepción del Padre Camilo, el periódico debía tener propósitos estratégicos como servir para divulgar la plataforma del FU a lo largo y ancho del país, y especialmente entre los sectores populares; además, y esto es importante, debía contribuir a la generación de organización y aglutinar en torno a él a sectores sociales que estuviesen de acuerdo en lo fundamental: la unidad del movimiento popular. En ese sentido, el Padre Camilo advertía que el papel de una publicación debía ir más allá de informar, al considerar que la divulgación del semanario era en sí una “labor de trabajo político”, que haría posible organizar, financiar y capacitar políticamente al Frente Unido. Esto explica lo dicho por el líder revolucionario en alguna oportunidad: “(…) la distribución de nuestro semanario es una de las tareas inmediatas y vitales”, ya que permitirá “armar el aparato revolucionario necesario para que la clase popular se tome el poder”.

La educación política también fue un propósito especial del semanario. Incentivar el interés de los sectores populares por la política revolucionaria demandaba promover el ejercicio de la lectura y la difusión de concepciones sobre lo político de forma sencilla. Algunas secciones del semanario reflejan tal interés: Diccionario económico elemental, Trabajo político, Consignas, Cartas. También fueron publicados importantes documentos en las distintas ediciones, los cuales estaban redactados en forma sencilla. En la primera edición aparecieron cuatro textos: Plataforma del Frente Unido, Por qué no voy a las elecciones, Mensaje a los cristianos y Mensaje a los padres de familia. En cada una de las ediciones siguientes fueron apareciendo los otros mensajes: a los comunistas, a los militares, a los no alineados, a los sindicalistas, a los campesinos, a las mujeres, a los estudiantes, a los desempleados, a los presos políticos y a la oligarquía (estos cuatro últimos, no serían de la autoría de Camilo, advierten algunos biógrafos).

Por otro lado, desde el semanario se lanzaron consignas de acción, como la del boicot a El Tiempo durante la semana del 6 al 12 de octubre de 1965, para disminuir la circulación de ese periódico y así “tocar a la oligarquía donde más le duele: el bolsillo”. Y si bien la campaña no dio los resultados esperados, su existencia permite identificar un interés del Padre Camilo porque los sectores afines del FU divisaran la importancia política de los medios de información de los sectores dominantes en el país, y la necesidad de confrontarlos de distintas maneras: no acudir a sus productos e incluso destruirlos cuando existía la posibilidad, al tiempo que se fortalecía y ampliaba el medio de comunicación impulsado por el FU.

Finalmente, en el ámbito de la agitación, el semanario también cumplió un destacado papel. En este punto, la labor del semanario coincide con la concepción del tiempo revolucionario que tuvo el Padre Camilo, y que lo llevó a considerar la proximidad de un nuevo momento en la lucha revolucionaria en el país, y a demandar de los militantes del Frente Unido una preparación adecuada. Es por eso que en el semanario se dio prioridad a la información sobre los recorridos del Padre Camilo por distintas ciudades del país (notas acompañadas de fotografías de las concentraciones masivas), mostrando un creciente clima de agitación social y destacando la acción represiva del Estado como respuesta. Esta postura se evidenció también en la difusión de noticias relacionadas con la lucha guerrillera en América Latina y particularmente en Venezuela.

En los últimos meses Colombia ha asistido a un intenso debate acerca de lo que realmente aconteció en Mapiripán en enero de 1997, cuando un ejército paramilitar, con el apoyo de la fuerza pública, irrumpió en el pueblo y realizó una de las más sangrientas y macabras masacres de las que tenga memoria el país. Muchas personas fueron conducidas al matadero municipal, descuartizadas y luego arrojadas al río, sin que la fuerza pública hiciera nada por proteger a la población. Por los hechos, la Corte Penal Internacional condenó al Estado y lo conminó a investigar el caso y reparar a las víctimas.

 

Periferia entrevistó a Zoraida Hernández, abogada que acompaña a los campesinos que desde hace algunos meses adelantan una resistencia pacífica para no salir de sus tierras en la hacienda Las Pavas (sur de Bolívar), de donde pretenden sacarlos con procesos fraudulentos y violentos. Como es de público conocimiento, y al igual que en el caso de Mapiripán, ciertas instituciones estatales, periodistas oficiales y grandes empresarios, han estigmatizado a los campesinos y a las organizaciones sociales y de derechos humanos que los acompañan, buscando esconder dinámicas de apropiación de tierras y de exterminio social.

Los pobladores del oriente colombiano han padecido en carne propia la “maldición de la abundancia”. Habitar un territorio lleno de riquezas naturales se convirtió en la peor pesadilla para ellos. En tiempos de una nueva forma de capitalismo planetario, que algunos analistas definen como de acumulación por desposesión, la voracidad de las multinacionales no tiene fin. Éstas, en contubernio con el Estado y la clase politiquera regional, vienen explotando a cualquier precio las riquezas naturales, pasando por encima de las comunidades que históricamente lo han habitado y conservado. En eso consiste el llamado boom petrolero y la locomotora minera de que habla sonriente la élite dominante del país. Afortunadamente, la situación viene cambiando. Eso sereflejó los pasados 9, 10 y 11 de noviembre en el Foro Regional “El negocio del petróleo y su impacto en la región”, que se realizó en Yopal (Casanare).

 

Se ha puesto en evidencia en varias ediciones de Periferia y de otros medios alternativos de comunicación, en Bogotá se vienen impulsando una serie de megaproyectos que apuntan a convertirla en una urbe acorde con las dinámicas contemporáneas de acumulación capitalista. Uno de esos grandes proyectos es la Avenida Longitudinal de Occidente (ALO), el cual ha sido diseñado sin consultar la opinión de los pobladores que ocupan los terrenos por donde cruzará la vía. Periferia conversó con Jennifer Cruz Hernández y Camilo Andrés Julio Vergara, integrantes del Colectivo Suba Nativa, que ha venido estudiando el problema y generando procesos de concientización acerca de las consecuencias que tendrá éste para los habitantes pobres de la periferia de la ciudad.

 

Raúl Alameda Ospina perteneció a una de las generaciones más brillantes que ha dado nuestro país, desde el punto de vista académico y revolucionario. Nos referimos a la generación de Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna, Germán Zabala Cubillos, Luis Emiro Valencia, entre otros destacados intelectuales enemigos declarados de la injusticia social y fieles militantes de la vida. Como ellos, Raúl asumió desde temprano un compromiso con los pobres del país, que sólo fue interrumpido con su lamentable deceso ocurrido el primero de mayo de 2011.

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