(12)

Rio Sogamoso

Antecedentes del proyecto Hidrosogamoso 

Desde la década de los 60, el Estado Colombiano avizoraba la posibilidad de construir una hidroeléctrica en los causes del Río Sogamoso, aprovechando su gran caudal hídrico para la generación de energía. Desde ese primer momento el proyecto fue promocionado por los políticos locales y empresarios nacionales e internacionales como una mega obra que traería prosperidad y progreso para la región. Nunca se tuvo en cuenta la opinión y menos la participación de los pobladores, que iban a ser impactados por la construcción de esta hidroeléctrica, en esa decisión. 

Después de 40 años y una vez realizados los estudios pertinentes, el Ministerio de Ambiente, mediante la Resolución 0476 del 17 de mayo de 2000, otorgó Licencia Ambiental a la empresa ISAGEN S.A. E.S.P., con el propósito de llevar a cabo la ejecución del Proyecto Hidroeléctrico Sogamoso, en la región nororiental de Colombia, más exactamente en el departamento de Santander sobre la Cordillera Oriental. 

La hidroeléctrica represó las aguas del Río Sogamoso, lo que implicó la inundación de cerca de siete mil hectáreas, afectando los Municipios de Betulia, Girón, Zapatoca, San Vicente de Chucurí, Los Santos y Lebrija, Puerto Wilches, Barrancabermeja y  Sabana de Torres. Sin mencionar las comunidades aguas abajo del proyecto. 

Impactos ambientales y sociales  

En la cuenca baja del Río Sogamoso y del río Chucurí, la riqueza íctica y los humedales potenciaron el comercio pesquero, que incentivó y movilizó muchos habitantes, quienes finalmente se asentaron allí. Igualmente, los colonos agricultores alternaban sus labores tradicionales con las actividades pesqueras.  Este reciente poblamiento en las laderas del río, también es producto de los procesos de violencia y exclusión de los derechos por la tierra. En efecto, el Río y sus ecosistemas asociados (bosques, playones, islotes, humedales, entre otros) han representado la única fuente de subsistencia de pobladores que, en muchos casos, llegaron allí huyendo de la guerra y el hambre.  

La llegada del proyecto hidroeléctrico y la alteración de los servicios ecosistémicos del Río Sogamoso limitó el desarrollo de la pesca y la agricultura, produciéndose con ello una afectación no solo a su alimentación tradicional, sino también al acceso de otros productos de la canasta familiar, los cuales se podían adquirir por el intercambio comercial de los pescados que brindaba el Río Sogamoso.  

Con el llenado de la represa, se perdió la posibilidad de producir alimentos agrícolas, en las más de siete mil hectáreas de tierras afectadas, que brindaban la posibilidad al consumo local y nacional.  Además, se creó un inmenso espejo de agua en la zona inundada por el proyecto, causando la muerte de muchos animales  y el daño a los cultivos. Igualmente, los pobladores han percibido variaciones en el microclima de la zona, lo que puede ocasionar la inutilización de la tierra, y en consecuencia, la afectación a sus actividades económicas de subsistencia.  

En vista de los impactos causados, desde el año 2009 las comunidades afectadas por el proyecto de Hidrosogamoso decidieron organizarse y crear el Movimiento Social en Defensa del Río Sogamoso, como una plataforma para la defensa del territorio y de los ríos. Esta organización realizó movilizaciones, plantones y protestas para visibilizar los problemas, y denunciar al Estado y a ISAGEN por los daños causados. Pero el Estado en lugar de atender a las comunidades, las criminalizó, las  estigmatizó y las reprimió. Prueba de lo anterior, son los seis casos de desaparición y homicidios que se registran sobre miembros de este movimiento. 

Por otro lado, el día 08 de junio de 2014, producto de un error técnico en el  cierre de las compuertas para el llenado de la represa de Hidrosogamoso, se obstruyó en su totalidad el caudal del Río Sogamoso, impactando negativamente el recurso íctico de dicho afluente. Lamentablemente, ni la empresa ISAGEN ni la A.N.L.A, decidieron aceptar responsabilidad en la tragedia ambiental, a pesar de que reconocieron la existencia de la falla técnica.  Debido a este ecocidio, el Movimiento Social en Defensa del Río Sogamoso decidió cualificar sus procesos de exigibilidad instaurando una acción popular. Esta demanda fue admitida por el Tribunal Administrativo de Santander el día 2 de Septiembre de 2014. 

Mientras tanto la situación ambiental en vez de mejorar se agravó, debido a que los procesos de eutrofización de la capa vegetal inundada por el agua del embalse, generaron la aparición de olores nauseabundos que afectan derechos constitucionales a la comunidad, como la tranquilidad, el goce de un ambiente sano y la salud pública. Esta circunstancia fue el detonante para que diversas familias decidieran declararse desplazadas, permaneciendo  frente a la Gobernación de Santander desde el 18 de marzo hasta el 10 se septiembre de 2015. 

Acuerdos entre la comunidad, ISAGEN y la Gobernación de Santander

En el trascurso de los seis meses de desplazamiento y resistencia en el Parque García Rovira frente a la Gobernación de Santander, se realizaron diversas reuniones entre las comunidades que hacen parte del Movimiento Social en Defensa del Río Sogamoso, la Gobernación de Santander y la empresa ISAGEN S.A. E.S.P, con el propósito de solucionar  las exigencias de la comunidad sobre reubicación y reparación integral por los daños ambientales causados por la implementación del proyecto hidroeléctrico.

En estas negociaciones, ISAGEN, de manera reiterada se negó a aceptar responsabilidad en cualquier daño ambiental, económico y social causado a las comunidades. Para la empresa la pérdida del recurso íctico y de las actividades económicas de subsistencia de la población, son consecuencia de fenómenos naturales y de las malas prácticas de los pescadores en el ejercicio de su actividad pesquera. Según lo manifestado por el señor Ricardo Sánchez integrante del Movimiento Social y delegado en las negociaciones: “Esta postura es rechazada por las comunidades, ya que ha sido la empresa ISAGEN la causante de la perdida de nuestro trabajo y de nuestro Río Sogamoso”.

Cuando ya se estaban perdiendo las esperanzas de concretar un acuerdo por vía administrativa, la empresa ISAGEN y la Gobernación de Santander decidieron comprometerse a entregar a la comunidad, previa conformación de una Asociación Comunitaria, un predio por valor de Quinientos Millones de Pesos ($500.000.000), con el propósito de que se implementen los proyectos productivos agrícolas y agropecuarios que serán gestionados por la Gobernación de Santander. Este acuerdo como lo afirma a continuación la delegada por las comunidades Claudia Ortiz fue acogido por el Movimiento Social como un avance para la recuperación de su autonomía económica: “Aunque no fue posible la reubicación de las familias, iniciamos con un proceso que antes no teníamos para empezar a generar ingresos y que la gente permanezca en el territorio, pues algunos de ellos ya se estaban desplazando”. No obstante, como la Empresa ISAGEN S.A. E.S.P en estos acuerdos se negó a la reubicación de las comunidades y no se declaró responsable por los daños ambientales que se han ocasionado al ecosistema, el debate sobre estos aspectos será resuelto en los estrados judiciales en el marco de la acción popular instaurada ante el Tribunal Administrativo de Santander.

 

Las comunidades afectadas, conformaron y legalizaron una Asociación Comunitaria, denominada “ASOCHOCAS”, en honor al pescado que más ha resistido el impacto ocasionado por este proyecto. Se espera que este 23 de octubre en las instalaciones de la Defensoría del Pueblo Regional Santander, se lleve a cabo la primera mesa técnica entre los actores del acuerdo para trazar la hoja de ruta que permita hacer efectivos los compromisos asumidos por las partes.  

Fotografía: Colombia Informa

Representantes de los Consejos Comunitarios de la población afro y de los Cabildos indígenas de toda la región del Alto Baudó, en el Chocó, realizaron el pasado jueves 8 y viernes 9 de octubre una asamblea interétnica; tomaron la decisión de movilizarse hacia la cabecera municipal en el mes de noviembre, y realizar un Minga que haga visible los reclamos de las comunidades. Abandono del Estado y corrupción de los gobernantes son los principales señalamientos que hacen los pobladores. Piden que el gobierno cumpla, detenga las fumigaciones con glifosato y se aprueben proyectos para incentivar la soberanía alimentaria.

Fotografía: Carlos Mario Marín

En el noroccidente del departamento de Risaralda se encuentra ubicado el Corregimiento de Santa Cecilia (municipio de Pueblo Rico), limitando con el departamento de Chocó. Es un territorio de asentamiento triétnico, con un clima tropical húmedo, bastante caluroso, enclavado en medio de hermosas montañas, de una vegetación exuberante, y bañado por un sinnúmero de ríos cristalinos. Allí, en medio de las montañas, de la paz y de la evocación de un paraíso perdido para la mayoría de la humanidad, viven las etnias indígenas Emberá Chamí y Emberá Katío.

La apreciación de la coyuntura política, económica y social en el ámbito internacional, al igual que en lo nacional, confunden. No es fácil atinar a una lectura acertada del periodo, porque aún dentro de una correlación de fuerzas desfavorable con crisis civilizatoria, de guerra contra la humanidad y el planeta, se presentaba un aparente despertar del bloque popular, con aparición de movimientos políticos alternativos y grandes movilizaciones que reclamaban cambios y transformaciones. Otros acontecimientos como las negociaciones entre USA y Cuba, las giras papales y sus declaraciones “liberales” en favor de los pobres; los acuerdos entre las Farc y el gobierno de Santos y el inminente inicio de la fase pública con el ELN, entre otros, permitían avizorar un giro positivo del periodo más favorable a los procesos de transición democrática.

Pero los últimos acontecimientos generan desesperanza tanto en el contexto internacional como en el nacional, y hasta mostrarían unos elementos de cambio del periodo, pero hacia la contraofensiva  militar, económica y política del bloque dominante, una profundización de la violencia imperial con arremetidas de la OTAN, con masacres gringas en Afganistan, con bombardeos rusos en Siria, con crisis de inmigrantes en Europa, y con revaluación del dólar, caída de los precios del petróleo y decrecimiento de las grandes economías, en todo el mundo. La presencia del monstruo creado por USA, denominado Estado Islámico, con presencia en los cinco continentes, podría ser “la mejor excusa” generadora de una conflagración de grandes magnitudes globales.

Aparte de ello, los países latinoamericanos, que se vislumbraban como camino y esperanza a los pueblos del mundo, no han podido superar la arremetida del capitalismo y sus repercusiones en materia de explotación extractivista, ambiental y financiera; ni los antivalores como la corrupción, derivados precisamente de las practicas históricas del modelo neoliberal, y en especial no han podido profundizar las reformas democráticas que sus pueblos soñaron, o por lo menos van muy lentas. 

En Colombia, mientras por un lado se llega a acuerdos con las Farc en materia de justicia, y se define con el ELN la agenda a tratar en la fase pública, elementos que deberían generar un ambiente favorable a los cambios que el gobierno y las insurgencias discuten, por otro lado sube el tono de las posturas contrarias al proceso que encuentran eco en los medios masivos de comunicación; adicionalmente como si se estuviera poniendo zancadilla, el gobierno toma medidas de corte social, económico y político, como la privatización de la producción de energía eléctrica y del petróleo; en el primer caso dándole luz verde a la venta de Isagén, y en el segundo, a la de Ecopetrol, desmembrándolo en pedazos. Estos elementos, sumados a la judicialización de reconocidos líderes sociales como Feliciano Valencia del movimiento indígena, Carlos Morales de la Marcha Patriótica, la persecución y amenazas contra el Congreso de los Pueblos, la Cumbre Agraria, y el movimiento social y popular en general; para rematar, los incumplimientos a los acuerdos alcanzados en las más recientes protestas señalan un ambiente contrario a la paz, de desesperanza y preocupación por lo que pueda venir en el mal llamado posconflicto.

Falta analizar, pero no hay espacio en este editorial, la coyuntura electoral regional, cuyos resultados podrían dejar mal parados a los sectores que estamos por la paz, y en cambio abrirles espacios a los áulicos de la guerra. Pero, como dijo Walter Benjamín justamente valorando la terrible condición humana y la perversidad de la política y la sociedad capitalista, “solo por amor a los desesperados conservamos aún la esperanza”.

Este año ha estado lleno de trabajo social, político, popular;  como nunca, hemos sido testigos de los esfuerzos pedagógicos por descubrir formas de sumarse a las iniciativas de paz, dándole sentido y profundidad, provocando la participación, señalando todas las aristas que esta construcción debe integrar. Las mujeres han puesto todas sus apuestas a jugar, demandando reconocimiento, respeto, participación e igualdad. Los afrodescendientes y los indígenas se han movilizado como lo saben hacer con energía, con arte, con posturas que logran voltear los ojos de la Nación hacia la Colombia diversa, pluriétnica y pluricultural; sumados con los campesinos en la Cumbre Agraria, en septiembre de 2015, volvieron a las carreteras, a las tomas de instituciones, a las mesas de debate a exigir el cumplimiento de los acuerdos. 

Los obreros a través de la Unión Sindical Obrera, ponen su grano de arena con la segunda Asamblea nacional por la Paz, y se van por todo el país, a las regiones y realizan decenas de asambleas con comunidades, empresarios, iglesias; el énfasis de esta propuesta descansa en la problemática minero energética. Las iniciativas de paz como el Frente amplio por la Paz, Clamor por la Paz y la Red de universidades por la paz, entre otras iniciativas, hacen esfuerzos inimaginables por llegar a todos los rincones para discutir sobre la participación de la sociedad en la construcción de la paz y en especial buscando unir los esfuerzos en un gran movimiento.

En el mes de noviembre de 2015, se llevará a cabo en Bogotá, el llamamiento de La Mesa Social Por la Paz, una iniciativa que ofrecen diversos procesos sociales, religiosos, políticos y sindicales a todo el país, sin excepción. En primera instancia al bloque popular, los sectores sociales, los partidos y movimientos, a todos y todas las que encuentren en la coyuntura la posibilidad de disputar nuevos escenarios democráticos. Un espacio para construir un gran dialogo nacional que ponga el acento en las transformaciones que necesita un país en paz. Que discuta también con los empresarios, con los militares, con los sectores de derecha que coinciden con la necesidad de reformas sociales y aún con aquellos que consideran que el país no necesita cambios.

Dos grandes retos tenemos. El primero: desarrollar propuestas metodológicas que garanticen que la voz de las comunidades organizadas se materialicen en propuestas políticas, sociales y económicas para ese nuevo país, y construir un escenario en donde esas propuestas se disputen con posibilidades reales de éxito. El segundo y tal vez el más necesario y por tanto complejo, es conseguir la atención y la participación de los sectores no alineados, como los llamaría Camilo Torres, que son la mayoría. Esos sectores a los cuales o no les llama la atención los asuntos políticos y el futuro del país o simplemente no creen en la posibilidad del cambio. Cualquiera sea la razón de su rechazo o indiferencia, la construcción de un momento propicio para la transición hacia la democracia y la paz pasa por alcanzar estos dos retos. Ya las Farc y el ELN están haciendo lo que les corresponde, y también, a su manera, están abriendo espacios para que el país y la nación los aprovechen en beneficio de todos y todas. Aunque es frase de cajón, la esperanza es lo último que se pierde.

Page 2 of 2

Nosotros

Periferia es un grupo de amigos y amigas comprometidos con la transformación de esta sociedad, a través de la comunicación popular y alternativa en todo el territorio colombiano.

 

Por ello comprendemos que la construcción de una sociedad mejor es un proceso que no se agota nunca, y sabemos qué tanto avanzamos en él en la medida en que las comunidades organizadas fluyan como protagonista. Es en este terreno donde cobra siempre importancia la comunicación popular.

Litografía Periferia

 

Ubicación

 

 

Medellín - Antioquia - Colombia

Calle 50 #46-36 of. 504

(4) 231 08 42

periferiaprensaalternativa@gmail.com

Apoye la Prensa Alternativa y Popular

o también puede acercarse a nuestra oficina principal en la ciudad de Medellín, Edificio Furatena (calle 50 #46 - 36, oficina 504) y por su aporte solidario reciba un ejemplar del periódico Periferia y un libro de Crónicas de la Periferia.