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Riosucio es un municipio de Caldas, rico étnica y culturalmente; su población es mayoritariamente indígena y se organiza en resguardos. También en recursos naturales tiene de todo, ostentan un territorio rico en oro, agua y tierra fértil, estratégicamente ubicado ya que es el centro del reconocido triángulo de oro que forman los departamentos de Caldas, Risaralda y Quindío. Sobre este territorio tienen puestos los ojos los grandes capitales y se planean megaproyectos como el puerto seco de Supia, la explotación a gran escala de oro y la producción de energía para abastecer esos megaproyectos.
Recuerdo muy bien toda nuestra niñez en el barrio, cuando con Alberto me iba para la cancha a jugar fútbol; aunque casi siempre salíamos peleando por tonterías, luego nos reconciliábamos. Entre el polvero de la cancha de tierra en Alto Bonito y con las historias horripilantes de masacres que se habían hecho allí, jugábamos día y noche. Pero como el tiempo nunca se detiene crecimos, con la mayoría de mis amigos me distancié, pero con Alberto aun me hablaba. Hasta hace 2 años, antes de que se fuera para el ejército a prestar servicio, nos la llevábamos muy bien, salíamos con algunas muchachas los sábados en la noche a la discoteca, jugábamos partidos con otros amigos; pero todo cambia cuando se llega a la mayoría de edad, se piensa en la independencia. A  los 17 años Alberto se había salido del colegio, de séptimo grado, no le entraba por ninguna parte el estudio, no le gustaba; solo quería trabajar.

Salirse de estudiar para buscar trabajo es algo que viven muchos jóvenes de los barrios pobres de Medellín. Igual que Alberto, la mayoría son muy enfermos, tal vez por la pobreza, la mala alimentación y las condiciones deplorables del entorno. Cuando están en el colegio no se hallan, no entienden las lecciones, tampoco les importa, porque encuentran cosas más importantes qué hacer, como trabajar para colaborar en la casa o para mantener una familia o para el vicio.

Cuando llega la hora de mirar qué hacer con sus vidas, se ven acorralados, solo les queda presentarse para el ejército o quedarse en la casa haciendo nada. Y es que sin libreta militar no puedes aspirar ni al más bajo trabajo que pueda haber. Alberto se vio en estas, no estaba estudiando, no había terminado el bachillerato, estaba desesperado sin saber qué hacer, había conseguido trabajos por fuera de Medellín recogiendo café, también en construcción; pero no tenía sentido estar lejos de casa y trabajando en condiciones tan difíciles. Yo no sabia como ayudarlo, no tenía forma. Él vivía con sus dos hermanas y su mamá, que trabajaban y con eso se sostenían; pero comprendo que es muy incómodo depender de la familia cuando uno siente la necesidad de tener sus cosas, un trabajo estable aunque sea.

Lo último que supe de él, después de que regresó del ejército y yo no estaba más en el barrio, fue que se había vuelto paramilitar, que lo habían visto en las madrugadas haciendo guardia bien armado. Desde hace rato se sabe que los paramilitares del sector han incentivado a los jóvenes para que se metan en ese grupito, que en La Sierra hoy se dividen en dos, los de la Sierra y los de Villaturbay, que se mantienen como perros y gatos, pero luego de que se agarran y matan a unos cuantos que no tienen que ver nada, hacen la paz, para luego volver a la guerra por cualquier cosa. Esto es lo que espera a los jóvenes que se arman so pretexto de vigilar el barrio, así van cayendo los sueños y se arruinan las vidas.

Siempre conversábamos de qué íbamos a hacer de grandes, y soñábamos con tener un buen empleo digno y una linda familia. Y es que las situaciones difíciles nos arrinconan y nos hacen tomar decisiones erradas. A Alberto no le estaba yendo muy bien, vino muy cambiado del ejército, estaba más delgado, y se había vuelto muy agresivo, había tenido problemas en la casa, estaba peleando mucho con las hermanas, también le había pegado a la mujer; después de esa paliza ella se fue de Medellín. Todo me hace pensar que era el desespero de no saber qué hacer, después de unos días el remordimiento y la culpa lo hicieron irse del barrio para estar con ella en otro lugar, lo que sé es que él va a regresar.
 
Alberto recién llegado del ejército había hecho un curso de vigilancia, apenas lo terminó empezó a enviar hojas de vidas a todas partes, lamentablemente no tenía cartón de bachiller y eso le era indispensable; su Hermano Julián trabaja en vigilancia privada, y le iba a colaborar; un sábado lo llamaron de la empresa donde trabaja Julián, pero desafortunadamente él no estaba en la casa, había esperado mucho y la llamada le resulto cuando él había salido; luego le resultó la oportunidad de trabajar de vigilante en la Universidad de Medellín, pero la falta de un título de bachiller le cerró esta oportunidad. Después de todos estos golpes bajos ya no sabía que hacer, si quedarse en la casa esperando llamadas o mandar más hojas de vida; o ponerse a estudiar, aunque esa alternativa no le sonaba; o trabajar en construcción, pero eso lo veía como algo degradante, para evitarlo precisamente era que había hecho el curso de vigilancia, además en el ejército lo tuvieron que operar de una hernia en los testículos, lo cual no le permitía hacer mucho esfuerzo.

En gran parte, la culpa de que los pelaos tomen el camino fácil de ponerse a tirar vicio, meterse en las bandas, incluso hasta robar, sin mencionar el extremo de irse a vivir a la calle, es la falta de oportunidades y las pocas condiciones mentales adquiridas en una infancia dura por la pobreza y el hambre, lo cual se ve reflejado muchas veces en su difícil aprendizaje y desinterés por el estudio. Alberto fue muy enfermo pequeño, sufrió de una enfermedad que por suerte no lo dejó con alguna discapacidad mental, pero los médicos sí previeron que tendría dificultades con el aprendizaje, y eso fue real.

Existe una polémica y una discusión mundial frente a la vocación y la ética médica en
tiempos donde la salud se ha convertido en una mercancía como cualquier otra y el
sistema de salud en un negocio al servicio de los monopolios nacionales y multinacionales.
Como resultado de todo ello, son miles los desposeídos que no tienen ningún derecho ni
ninguna oportunidad de atención digna a sus problemas de salud.

…Yo me sueño un salón de clases con aire acondicionado, unos sofás, no más de esas sillas universitarias incomodas y torturadoras; no tener  esos tableros del siglo antepasado con tiza, tener unos profes conocedores del tema y que les entendamos fácil, que no suene el timbre cada hora y que llegue otro profe con una carreta bien diferente, parece como un desfile de modas donde los modelos son ellos mismos; los profes…

 

Escuchamos esto múltiples veces cuando le preguntamos a cualquier joven que vive 6 horas dentro del contexto escolar (Institución educativa) ¿cómo se sueña la escuela?; ya sea de la educación pública o privada; aunque cabe la aclaración que toda la educación es pública, en un colegio de pago de matrícula o mensualidad o gratuito.

Por ello, la educación parece estar siempre en los comentarios de pasillo de las universidades, de las alcaldías, en fin, de todos los estamentos; donde muchos grandes analistas la toman como la única forma de solucionar todas las problemáticas sociales que aquejan las sociedades y la única que es la culpable, al mismo tiempo, de todas las problemáticas sociales: “que esta persona no tuvo una buena educación”, “que le faltó más formación en la escuela”, “que no le enseñaron suficientes normas de urbanidad”. Son comentarios que rondan en todas partes. Es como si el sistema educativo fuera una varita mágica que solucionaría todos los problemas de las familias y de las sociedades; es como si olvidáramos que los sistemas cultural y político influyen también progresivamente y profundamente en la formación del individuo; y que el único culpable de que este modelo de sociedad esté como esté (desfragmentado, dividido e inhumano) es el maestro; ese que tiene el fundamental trabajo de la transmisión de la cultura a los pequeños o pequeñas que llegan a la escuela, como en muchos casos un centro de crianza, ya que los padres y madres no pueden ejercer esa función.

En conversaciones con maestros, ya sean directivos o docentes, ellos son consientes de la necesidad del cambio del sistema educativo y que ellos mismos están en primer orden en la lista de responsabilidades. Un coordinador de una institución oficial comentaba, y en su tono de voz con toda la seguridad del caso: “Sabemos exactamente lo que debemos cambiar; horarios, muchas clases, pedagogía y didáctica; pero aún hay una resistencia al cambio por parte de muchos de los docentes; muchos no se apoyan en las nuevas tecnologías; a los docentes les falta cambiar y mucho. Como decía Estanislao Zuleta, la educación es una olla de presión la que creemos que puede caberle de todo y ponerla en fuego alto a esperar que explote; así  está el sistema educativo”. Lo más paradójico es que los docentes manejan otra versión frente a las problemáticas del sistema: “El docente pasó a segundo plano; la profesionalización docente no existe y como docentes estamos mal pagos para la función tan importante que realizamos; nosotros somos los que en muchos casos cargamos todo en las instituciones educativas”. Si fuéramos al análisis y a ver cuál de las versiones tiene mayor validez en el momento de buscar culpables de una crisis dentro del sistema educativo que está generando caos dentro de las instituciones, altos índices de drogadicción, peleas entre estudiantes y docentes, poca motivación para la adquisición de conocimiento, el vivir el momento por parte de los estudiantes, alta deserción escolar, violencia dentro de las instituciones, siendo esta lista muy larga, deberíamos también conocer mejor qué dicen otras personas que no soportan esas 6 horas dentro de estos establecimientos, que no son docentes o directivos docentes (Rectores y Coordinadores)

“Esa lista de útiles (cuadernos-libros, etc) siempre a comienzos de año, para llevar una maleta, que le tiene que caber todos los días la mayoría de los cuadernos; hasta que en uno de estos días las maletas más finas se rompan, se les reviente la cargadera, se les daña el cierre;  sin poder volver a enmendar muchas veces tantos cuadernos y libros”. Esto decía un padre de familia al que se le preguntó ¿Qué piensa del colegio? Ante esta misma pregunta, un estudiante de 10º grado, en su forma tan particular de concebir el mundo, con una pinta muy particular, nos decía: “En un cuaderno podemos copiar todo, sólo es que por día  nos den una materia; es que muchas veces no sabemos qué nos enseñan, porque  en el mismo día hay tantos profes.”

“Clases de música, de baile, espacios lúdicos, contenidos en las materias más prácticos; yo reflexiono, ¿por qué los pobres vamos a seguir siendo pobres? Sencillo: la educación que se nos brinda es de pobres; y podemos tener la mejor infraestructura, como lo están haciendo en muchos municipios, pero si se sigue con el mismo modelo educativo del siglo XVII nada cambiará, pareciese que todo en el mundo hubiese evolucionado y el sistema educativo anquilosado”. Esto nos contaba un estudiante que cursa el último grado de bachillerato”.

Si muchos saben lo que esta ocurriendo, muchos lo sienten y padecen; si el Estado tiene la función social y legal obligatoria en la transformación de las estructuras y conoce las problemáticas actuales ¿qué ha hecho? ¿Esperar que se reviente el modelo educativo y cause más daños a los niños y niñas que allí están 6 horas de su vida al día?

Música, paz y resistencia


 
“No me pidan poemas de amor, cuando quiero cantar la verdad, es la vida la que hay que enfrentar, yo no puedo esconderla en la flor… El niño que amamanta, en las tetas resecas, de la madre del tiempo, con canciones de lucha, quiero verlo crecer, con canciones de lucha, con canciones de pan, y por menos sufrir le cantaré a los hombres con guitarra y fusil.”

El 1 de mayo de 2005 cayó asesinado por el ESMAD Nicolás Neira, un estudiante de 15 años, un crimen cometido por el Esmad, que aún permanece en la impunidad, a pesar de ser cometido a los ojos de mucha gente. Apoyar la marcha de los trabajadores le costó la vida a Nicolás. Como si fuera poco su padre, Yuri Neira, ha tenido que afrontar desde aquél día la más cruel y despiadada persecución del Estado colombiano por averiguar la verdad de lo ocurrido y exigir que se haga justicia con el caso de su hijo. Conversamos con él para conocer su situación

P  eriferia cumple cinco años de vida. Cuando empezamos, en noviembre de 2004, fueron muchas las apuestas, pero también muchas las dificultades, las críticas. Sobrevivir a la primera edición era incierto, una angustia; así es casi todo lo nuestro. Las experiencias que la izquierda colombiana ha visto nacer, tratar de crecer y morir en el intento son incontables, a pesar que muchas de ellas han sido de reconocida calidad. Pero fue justo ese impulso suicida, esa obsesión que caracteriza a quienes estamos en la margen contraria de la política tradicional, lo que nos presionó a realizar un nuevo intento. Por supuesto nuestro interés por la comunicación fue fundamental.

Las preguntas que nos hicimos en ese momento y que hoy siguen vigentes, eran a nuestro juicio las que cualquier comunicador responsable debería hacerse siempre. ¿Cómo ayudar a la gente humilde a entender que la realidad de los medios masivos de comunicación es diferente a la que viven en su propia carne? ¿Cómo ayudar a recuperar en nuestra gente la capacidad de juicio frente a lo que escucha, oye y ve en los medios masivos? ¿Cómo poner al servicio de las clases populares un medio de comunicación para que ellas se escuchen y se vean? ¿Cómo hacer de la prensa alternativa un medio de educación y organización popular? Esas preguntas se las han formulado los educadores populares, los dirigentes sociales, los estudiantes, los demócratas, los intelectuales desde hace más de un siglo, desde entonces, en nuestro país los próceres de la independencia, los artesanos, los obreros, los revolucionarios han tratado de contestar a esa pregunta con periódicos, con pasquines, con boletines, con revistas, con libros, con poesía, con arte.

No es tan simple responder estas preguntas, mucho menos pensar que en una sola propuesta de prensa alternativa se pueda recoger todo el sentimiento que atraviesa a las diferentes expresiones políticas y sociales. Tampoco podemos creer que una prensa alternativa contrahegemónica pueda hacerle frente a la poderosa maquinaria informativa transnacional. Son necesarios las revistas de cultura política, las de música, las de arte y poesía, los periódicos partidistas, los comunitarios, los sindicales, los que le hablan a la intelectualidad y los que le hablan a la periferia, los murales y todo tipo de medios de comunicación alternativa y popular en las comunidades.
Nuestra propuesta es que estos medios proliferen, que se despierte la comunicación popular dentro del alma de la resistencia social, que en cada dirigente político haya un comunicador al que le interese escuchar el corazón de sus bases, y lograr que su propio mensaje las impacte también en el corazón; que las organizaciones no hagan el periódico o el boletín por cumplir con la tarea, sino porque están convencidos que esa es una labor estratégica de su propuesta social que debe dejar huella. Que los jóvenes hagan teatro, cine, video; que hagamos de la comunicación popular parte de nuestra vida, de la cotidianidad; que sea su fin la recuperación de los valores de justicia y humanismo; que le brindemos ese regalo a los más necesitados, a nosotros mismos y a nuestras organizaciones.

Estos cinco años han sido vividos a plenitud dentro del esfuerzo por ofrecerles a los luchadores y luchadoras sociales de todo el país nuestra propuesta de comunicación popular. Periferia es parte de la respuesta a algunas de esas preguntas históricas surgidas del bloque popular. Nos hemos llenado de autoridad moral y ética en la práctica porque trabajamos hombro a hombro con sindicalistas, indígenas, obreros, defensores de derechos humanos, dirigentes políticos, intelectuales, docentes, jóvenes y comunidades pobres en general.

Hemos luchado contra nuestros propios prejuicios para evitar sectarismos y discusiones sin sentido dentro de la izquierda; sin ambigüedades le hemos ofrecido las páginas de Periferia a todas las corrientes que hacen parte del prisma político de las organizaciones sociales y comunitarias, a todas las etnias y a todos los sectores. No obstante nos hemos atrevido a hacer críticas y a provocar debates políticos como el que hoy promovemos. Ante tanta dificultad y pobreza en la que se debaten las propuestas de comunicación popular preguntamos ¿A quiénes les corresponde garantizar la vida y desarrollo de la comunicación popular en sus diferentes expresiones? ¿Quiénes, si no los sindicatos, las organizaciones sociales, los partidos de izquierda, los demócratas son los que deben ponerle el pecho a esta responsabilidad?¿A quiénes les interesa escribir y leer la prensa alternativa y popular? ¿Quiénes la deben financiar, dado que este no es un negocio lucrativo?


Estas son reflexiones hechas a partir de la observación juiciosa de cinco años de trabajo duro y honesto, son preguntas directas para nuestros lectores,  que en su gran mayoría se encuentran en estos espacios de lucha. Nos conocemos muy bien, por ello no nos debe dar temor entrar en el debate, reconocer que no somos consecuentes cuando diagnosticamos los principales problemas de nuestra sociedad y a la hora de hacer planes y establecer presupuestos dejamos a la educación, la formación y la comunicación con muy pocos recursos o sin ellos. De otro lado, hay que reconocer y debatir frente a nuestras propias prácticas formativas, el nivel de lectura, lo que se lee y los comportamientos que asumimos como uno o una más dentro de la cultura mediática. Se supone que como dirigentes o líderes debemos superar imposiciones del capitalismo, pero somos grandes consumidores de comunicación y cultura burguesa, de ideología racista, autoritaria, machista y conservadora; eso se nota mucho desde afuera y especialmente a la hora de resolver nuestras diferencias internas. Es difícil conseguir un sindicalista que escriba para los demás y en lenguaje sencillo; es complicado que un dirigente social o un profesional de una organización social también lo hagan, pero con todo y las críticas es a ese movimiento social que le debemos la existencia de nuestra propuesta.

Desde hoy recibimos regalos; y desde ya nos disponemos a hablar con todos ustedes para echar a andar proyectos de trascendencia, propuestas estratégicas en comunicación que nos ayuden a todos a hacer más fácil y feliz el trabajo en el que por gusto y conciencia ustedes y nosotros nos hemos empeñado. Hoy, en nuestro cumpleaños número cinco, creemos que las construcciones colectivas son cada vez más indispensables, y en el sentido concreto de la comunicación sabemos que sigue siendo urgente la coordinación nacional de medios alternativos y populares, olvidándonos de protagonismos y sectarismos, de tal forma que podamos hacer frente, desde los más insospechados rincones de la cotidianidad, a esa avalancha mediática de la oligarquía que nos inunda de bazofia, mentiras y frivolidades.
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Nosotros

Periferia es un grupo de amigos y amigas comprometidos con la transformación de esta sociedad, a través de la comunicación popular y alternativa en todo el territorio colombiano.

 

Por ello comprendemos que la construcción de una sociedad mejor es un proceso que no se agota nunca, y sabemos qué tanto avanzamos en él en la medida en que las comunidades organizadas fluyan como protagonista. Es en este terreno donde cobra siempre importancia la comunicación popular.

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