Con dictadores así...

Nació en Birán, población del oriente cubano; su familia- cuenta él mismo- era dueña de casi todo, menos del telégrafo y de la escuelita. La  profesora de Birán convenció a su adinerado padre español de enviar al niño a Santiago con el pretexto de matricularlo en una buena escuela, ya que el niño era muy inteligente; allí llegó a casa del padre de la profesora, que era extremadamente pobre y destartalada. Nunca lo llevaron a la escuela y a sus cortos siete años de edad aguantó hambre y vivió en carne propia las carencias y la miseria que pasaban las familias pobres de Cuba: su padre había sido engañado, corría el año 1933. No obstante la situación, aprendió por su propia cuenta a leer y escribir y las tablas de multiplicar.

A los ocho años de edad pudo llegar por fin a un colegio prestante de los hermanos de la Salle, mientras vivía con una familia de clase alta. Dice que, desde esa edad tuvo conciencia de su rebeldía, porque se negó reiteradamente y con toda intención a seguir las elitistas y refinadas reglas de la familia y a comer lo que allí se imponía; esto le costó que lo enviaran a un internado. Para el jovencito el castigo era el mejor premio que recibía de la vida. Allí, de tercer grado fue promovido al quinto por sus excelentes notas; además, era destacado en casi todos los deportes y su compañerismo y conducta eran notables, sin embargo, a sus once años ya se asomaba el carácter fuerte, la dignidad y el arrojo frente a las injusticias. En alguna oportunidad recibió una bofetada del inspector de disciplina sin razón evidente y cuando éste quiso repetir la agresión, el chiquillo reaccionó con tal sorpresa que, delante de todos sus compañeritos, golpeó con pies y manos al inspector y le lanzó a la cara un pedazo de pan que llevaba en la mano. Tuvo que abandonar ese colegio y rogarle a su padre para que lo dejara retomar los estudios.

Ya el joven, graduado de bachiller a los 18 años, no solo fue el mejor estudiante, el mejor compañero, excelente en matemáticas, literatura y ciencias humanas, sino que fue designado el mejor atleta, orgullo de todos sus conocidos y por su puesto de sus padres. Era el año 1945. En menos de un año, la universidad de la Habana y después toda la Isla, conocerían  a un brillante estudiante de derecho, atleta consagrado y líder político indiscutible. Fue elegido representante del comité de solidaridad con las luchas de liberación de República Dominicana y de Puerto Rico, que luchaban contra la atroz dictadura de Trujillo y por la independencia de los Estados Unidos, respectivamente. Hasta ahora no militaba en ningún partido, pero sus ideas eran iluminadas por José Martí.

La dictadura de Machado y luego la de Fulgencio Batista, militar corrupto reclutado por los gringos, motivaron su militancia permanente por las causas de la revolución. La enmienda Platt de 1903, que había puesto en manos de los gringos territorio cubano para la construcción de bases norteamericanas como la de Guantánamo, los constantes abusos de los militares gringos en territorio cubano, la extrema pobreza de su pueblo  y la violencia del régimen de Batista contra las justas protestas, fueron caldo de cultivo para que tres años después de graduarse como abogado nuestro personaje reiniciara la lucha armada y dirigiera el ataque al cuartel Moncada el 26 de julio de 1953. Ese joven, ahora con 27 años de edad era, como ya los lectores habrán adivinado, Fidel Castro Ruz.

En su última obra “La victoria estratégica”, editada en la Habana en abril de 2010 y lanzada en la feria internacional del libro de Caracas en noviembre, que aun no ha llegado a Colombia y posiblemente no llegue, se pueden conocer detalles desconocidos de la vida de Fidel, pero especialmente uno a uno los días de ofensiva de la dictadura de Batista que movilizó desde mayo de 1958 a más de 10 mil hombres apoyados incondicionalmente por la CIA y el armamento norteamericano. Dedica Fidel su increíble memoria para comentar paso a paso cómo el ejército rebelde, conducido por él y bajo su impecable planeación llevó a una guerrilla que jamás superó los 300 hombres y mujeres a la contraofensiva que en 74 días derrotó a los 10 mil del ejército batistiano y luego lanzó la ofensiva final derrotando todos los batallones a su paso triunfal hacia la Habana. Al final, 100 mil hombres con sus armas se rendían ante los rebeldes y el pueblo en las calles, el 1º de enero de 1959.

Cientos de soldados del régimen fueron tomados prisioneros durante la campaña revolucionaria y entregados a la Cruz Roja, muchos de ellos se incorporaron luego al ejército rebelde. Maravillosa la estrategia de utilizar en plena selva las instalaciones de Radio Rebelde para informar a diario los resultados de los combates y para tratar de convencer al enemigo de las razones justas de las causas de la lucha guerrillera; de fábula resultan las anécdotas contadas por el propio Fidel, quien, casi conversando con el lector, cuenta como tomaba el altavoz de la radio y entraba en conversación con los jefes militares del ejército de Batista a tan solo 100 o 200 metros de distancia y hasta hacían treguas para descansar del fuerte combate, alimentarse, beber y hasta compartir los cuidados médicos que desde entonces prodigaba el ejército rebelde a quien los necesitara, así fueran sus enemigos.

Desde allí, en medio de la selva, Fidel soñó la educación, la salud, la alimentación para su pueblo. El pueblo cubano, los más pobres, los campesinos conocieron la bondad, la práctica revolucionaria y la contundencia de los argumentos de Fidel, su honestidad. Que nadie se equivoque, las tierras de su padre y su familia fueron expropiadas y distribuidas entre los campesinos, para que no quede duda. La coherencia del proceso revolucionario cubano no tiene igual y eso hay que reconocérselo a su conductor, al guerrero y al estadista.

Luego de su grave enfermedad en 2004 se retiró con la mayor decencia, y no a descansar; prometió y cumplió dedicarse a escribir; hoy tenemos, a parte de La Victoria estratégica, otra obra que vale la pena leer y estudiar: “Fidel Castro Reflexiones” publicada en 2010 y que compila los escritos profundos y humanos de Fidel desde el año 2007, que abarcan temas como: energía, medio ambiente y la supervivencia humana; la crisis mundial provocada por la desigualdad; la política terrorista del imperialismo norteamericano; las luchas populares en América Latina y finalmente y hasta ahora, la historia de Cuba, la ideología y otros temas. Son escritos cortos, pero contundentes.

Un millón de estudiantes universitarios cubanos, 22 facultades de medicina, 10 mil estudiantes de medicina de 20 naciones diferentes; más de un millón de personas de diferentes nacionalidades que recuperaron la vista gratuitamente gracias a la operación milagro; cientos de médicos trabajando voluntariamente en los países más pobres del mundo; cero analfabetismo, el país con la tasa de mortalidad infantil más baja del mundo; poetas, escritores, deportistas, cantantes, bailarinas conscientes, lejos de la industria cultural: esa es la obra del pueblo cubano y del “dictador Fidel”, como le dicen los medios masivos del capitalismo. Por eso hay que celebrar el cumpleaños número 52 de la Revolución cubana.

Modificado por última vez el 16/06/2012

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