La historia de un amigo: Un camino marcado hacia el paramilitarismo

Recuerdo muy bien toda nuestra niñez en el barrio, cuando con Alberto me iba para la cancha a jugar fútbol; aunque casi siempre salíamos peleando por tonterías, luego nos reconciliábamos. Entre el polvero de la cancha de tierra en Alto Bonito y con las historias horripilantes de masacres que se habían hecho allí, jugábamos día y noche. Pero como el tiempo nunca se detiene crecimos, con la mayoría de mis amigos me distancié, pero con Alberto aun me hablaba. Hasta hace 2 años, antes de que se fuera para el ejército a prestar servicio, nos la llevábamos muy bien, salíamos con algunas muchachas los sábados en la noche a la discoteca, jugábamos partidos con otros amigos; pero todo cambia cuando se llega a la mayoría de edad, se piensa en la independencia. A  los 17 años Alberto se había salido del colegio, de séptimo grado, no le entraba por ninguna parte el estudio, no le gustaba; solo quería trabajar.

Salirse de estudiar para buscar trabajo es algo que viven muchos jóvenes de los barrios pobres de Medellín. Igual que Alberto, la mayoría son muy enfermos, tal vez por la pobreza, la mala alimentación y las condiciones deplorables del entorno. Cuando están en el colegio no se hallan, no entienden las lecciones, tampoco les importa, porque encuentran cosas más importantes qué hacer, como trabajar para colaborar en la casa o para mantener una familia o para el vicio.

Cuando llega la hora de mirar qué hacer con sus vidas, se ven acorralados, solo les queda presentarse para el ejército o quedarse en la casa haciendo nada. Y es que sin libreta militar no puedes aspirar ni al más bajo trabajo que pueda haber. Alberto se vio en estas, no estaba estudiando, no había terminado el bachillerato, estaba desesperado sin saber qué hacer, había conseguido trabajos por fuera de Medellín recogiendo café, también en construcción; pero no tenía sentido estar lejos de casa y trabajando en condiciones tan difíciles. Yo no sabia como ayudarlo, no tenía forma. Él vivía con sus dos hermanas y su mamá, que trabajaban y con eso se sostenían; pero comprendo que es muy incómodo depender de la familia cuando uno siente la necesidad de tener sus cosas, un trabajo estable aunque sea.

Lo último que supe de él, después de que regresó del ejército y yo no estaba más en el barrio, fue que se había vuelto paramilitar, que lo habían visto en las madrugadas haciendo guardia bien armado. Desde hace rato se sabe que los paramilitares del sector han incentivado a los jóvenes para que se metan en ese grupito, que en La Sierra hoy se dividen en dos, los de la Sierra y los de Villaturbay, que se mantienen como perros y gatos, pero luego de que se agarran y matan a unos cuantos que no tienen que ver nada, hacen la paz, para luego volver a la guerra por cualquier cosa. Esto es lo que espera a los jóvenes que se arman so pretexto de vigilar el barrio, así van cayendo los sueños y se arruinan las vidas.

Siempre conversábamos de qué íbamos a hacer de grandes, y soñábamos con tener un buen empleo digno y una linda familia. Y es que las situaciones difíciles nos arrinconan y nos hacen tomar decisiones erradas. A Alberto no le estaba yendo muy bien, vino muy cambiado del ejército, estaba más delgado, y se había vuelto muy agresivo, había tenido problemas en la casa, estaba peleando mucho con las hermanas, también le había pegado a la mujer; después de esa paliza ella se fue de Medellín. Todo me hace pensar que era el desespero de no saber qué hacer, después de unos días el remordimiento y la culpa lo hicieron irse del barrio para estar con ella en otro lugar, lo que sé es que él va a regresar.
 
Alberto recién llegado del ejército había hecho un curso de vigilancia, apenas lo terminó empezó a enviar hojas de vidas a todas partes, lamentablemente no tenía cartón de bachiller y eso le era indispensable; su Hermano Julián trabaja en vigilancia privada, y le iba a colaborar; un sábado lo llamaron de la empresa donde trabaja Julián, pero desafortunadamente él no estaba en la casa, había esperado mucho y la llamada le resulto cuando él había salido; luego le resultó la oportunidad de trabajar de vigilante en la Universidad de Medellín, pero la falta de un título de bachiller le cerró esta oportunidad. Después de todos estos golpes bajos ya no sabía que hacer, si quedarse en la casa esperando llamadas o mandar más hojas de vida; o ponerse a estudiar, aunque esa alternativa no le sonaba; o trabajar en construcción, pero eso lo veía como algo degradante, para evitarlo precisamente era que había hecho el curso de vigilancia, además en el ejército lo tuvieron que operar de una hernia en los testículos, lo cual no le permitía hacer mucho esfuerzo.

En gran parte, la culpa de que los pelaos tomen el camino fácil de ponerse a tirar vicio, meterse en las bandas, incluso hasta robar, sin mencionar el extremo de irse a vivir a la calle, es la falta de oportunidades y las pocas condiciones mentales adquiridas en una infancia dura por la pobreza y el hambre, lo cual se ve reflejado muchas veces en su difícil aprendizaje y desinterés por el estudio. Alberto fue muy enfermo pequeño, sufrió de una enfermedad que por suerte no lo dejó con alguna discapacidad mental, pero los médicos sí previeron que tendría dificultades con el aprendizaje, y eso fue real.

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Diego Martinez

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