El Teatro: Terapia contra los dolores del alma

Adriana y Oscar son unos convencidos del papel que juegan las artes escénicas y el arte en general en la propuesta emancipatoria de la humanidad, por esta razón siempre le han apostado al trabajo con las comunidades más humildes, con los desplazados, con las víctimas de la violencia, con las negritudes. En esta conversación nos compartieron su experiencia con víctimas del desplazamiento en Santander. Ellos ofrecen su obra a las víctimas, como una herramienta de apoyo psicosocial y de recuperación de la autoestima y el amor por la vida. Esto fue lo que nos contó Adriana Diosa, integrante del grupo Arlequín y Los Juglares.

 

Hay una propuesta que nosotros hemos adelantado no solo en Colombia sino en otras regiones de Centroamérica, es una apuesta metodológica de trabajo con víctimas desde la perspectiva teatral, se llama Arte, Teatro, Memoria y Vida. La trabajamos especialmente en Guatemala y la hemos venido sistematizando para entregársela a las comunidades de todas partes.

En Guatemala trabajamos con jóvenes que nacieron después de la guerra terrible que vivió ese país, ellos nos contaban lo que sabían de su pasado. Nosotros les contamos lo que no les habían contado y lo que les contaron mal. También lo que habíamos aprendido e investigado a partir de las vivencias de sus abuelos, de sus padres y familiares y todo ello lo recreamos con el teatro a través de obras en las que ellos participaron. Todo eso en una localidad llamada Rabinal, en donde hubo más de 5000 muertos; la idea era que comentaran ese pasado y a partir de ello cómo veían el futuro.

El trabajo en Guatemala lo desarrollamos a instancia de un amigo alemán. A través de él, conocimos a otro alemán que trabaja en Bucaramanga en la Corporación Compromiso. Él nos invitó a hacer parte de un proyecto llamado Arti – Cultura - comisión de arte y cultura que trabaja la comunicación -. Bucaramanga, como la mayoría de ciudades colombianas, está rodeada de extensas zonas rurales afectadas por el terror de la violencia paramilitar y, en general, del conflicto armado. A esa ciudad llegan miles de desplazados y de víctimas. Con estas personas nos encontramos para escucharlas y buscar conjuntamente a través del teatro una terapia de resarcimiento del alma, de la autoestima y autovaloración y de atención psicosocial.

Hicimos una convocatoria en la casa de la cultura de Bucaramanga, donde presentamos la obra del Morir y El Nacer y el Vivir y el Hacer, como testimonio para que la gente viera cómo, desde otro lenguaje, se puede denunciar y contar los hechos que en un momento alteraron la paz y la armonía de muchos colombianos y hacer catarsis. Allí se inscribieron alrededor de 40 personas. Trabajamos desde el lenguaje lúdico y teatral la forma de concebir y transmitir a la sociedad el tema de la verdad, la justicia y la reparación integral de las víctimas a partir de su experiencia personal, a pesar de lo difícil que esto resulta para la mayoría; lo importante era cómo lo entendían y cómo podrían representarlo teatralmente. Hicimos muchos ejercicios de recuperación y elaboración de memoria con las experiencias aprendidas en las comunidades indígenas de Guatemala: Una propuesta llamada los Quita Pesares, que les permitió realizar un ejercicio apoyado en la solidaridad del otro para poder contarle con exactitud todo lo acontecido en su vida.

Con todos estos materiales se construyó una obra escénica y dramática dirigida por Oscar, que tuvo como nombre Cultivé una Rosa Blanca, a partir del poema de Martí. El logro de esta propuesta es que rebasa la denuncia, el panfleto y trasciende lo simbólico porque los actores son las propias víctimas entre las que se destacaban desplazados de Barranca, Santander, Pie de Cuesta y Montes de María. La idea era que ellos se dieran cuenta que también desde el arte se puede protestar y adelantar acciones fuertes y que generen reflexión y sensibilidad en la sociedad. El proceso llevó a que fueran los propios actores-víctimas los que definieran cuándo y en dónde se realizaría el acto, la obra escénica; ellos escogieron el parque Santander, un espacio muy popular y céntrico donde concurren personas proveniente de distintos barrios populares, vendedores ambulantes, víctimas de la violencia cotidiana del Estado y de la crudeza de las ciudades. Hubo mucha asistencia, el público transeúnte que pasaba en el momento se detenía a contemplar la obra como si previamente hubiese sido invitado.

Para las víctimas, que participaron como actores y actrices, fue una actividad que aumentó la autoestima al sentirse importantes, grandes, porque estaban haciendo lo más significativo de sus vidas interpretando otro lenguaje. Esto generó varios impactos: en la gente del común porque rompe la cotidianidad que oculta la verdad mostrando que aquí no pasa nada, cuestiona la indiferencia con las víctimas y descubre que hay otra lectura de lo que pasa en el país, sólo denunciada por la comunicación alternativa. De otro lado, permitió conocer el derecho que asiste a las víctimas a ser indemnizadas integralmente y cuestionarse sobre cómo los crímenes imprescriptibles de lesa humanidad continúan en la impunidad. Si todas estas personas asesinadas por el estado, y cuyo delito ha quedado impune, estuviesen vivas, el país sería distinto.

Nuestra propuesta como Arlequín y Los Juglares es que estas personas victimizadas por el Estado puedan desarrollar el trabajo de derechos humanos con toda la comunidad afectada y con otros grupos del país y que el teatro y, en general, el arte jueguen un papel importante dentro de ese propósito.

Al mismo tiempo, se le aporta a la comunidad fundamentalmente en lo psico–social y jurídico. Para fortalecer los procesos de las víctimas de Bucaramanga es muy importante que la gente maneje el tema de la memoria, la propuesta de retorno, la cual está muy avanzada como herramienta fundamental de reapropiación de sus territorios. Que las familias de los desaparecidos se articulen con los desplazados que viven en esta ciudad, con ASFADES y con los movimientos de víctimas de crímenes de Estado. La idea es que podamos acompañar otros procesos de víctimas para conjugarla en una sola propuesta que se exprese en lo simbólico para fortalecer la articulación cultural y de comunicación popular.

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Olimpo Cárdenas Delgado

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