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Homenaje a Mateo Cramer

 

 

Para recordar a nuestro amigo, ese suizo que nos enseñó el valor de vivir, es necesario recordar una de las frases que más le gustaba pronunciar: Es mi voz la que sigue viva, es mi grito el que sigue entero, y sepan que solo muero si ustedes van aflojando, porque el que murió luchando vive en cada compañero. Para poder siquiera definir lo que significa un amigo, un camarada, un parcero, un caminante de la vida como fue Mateo, no tendríamos otra manera que aludir a su entrega para con las causas nobles y justas. Con su muerte el 10 de Diciembre, nos dimos cuenta que no podemos llamarle muertos a los que luchan por la vida.


Y es que hace ya diez años que el Mono, como lo solíamos llamar, llegó desde Suiza para quedarse entre nosotros, con todo lo que significa una vida comprometida y un aprendizaje alternativo. Recordamos que en 1997 había iniciado su viaje hacia Latinoamérica, aún sin definir que Colombia sería su segunda patria. Un año tardó su recorrido por Argentina, Chile, Bolivia, Ecuador, Colombia. Su excusa para poder estar en el país fue terminar su carrera universitaria. En Suiza había iniciado estudios en matemáticas, los cuales terminó en la Universidad Nacional de Colombia. Con su acento pastuso, producto de los meses que vivió en Ecuador y Pasto, andaba en su bicicleta panadera por las calles bogotanas. Con la nobleza impetuosa y su sonrisa ávida.

La universidad fue el escenario, -como lo es para muchos-, donde se forjó una identidad política. La del Mono estaba arraigada en la idea de estar trabajando con todos, donde fuera, sin ultrajes y envidias como las que se dan entre los pertenecientes a grupos o combos políticos, y que nunca llegan a realizar trabajos juntos; en tanto, Mateo decía haciendo, mientras el resto nos quedábamos definiendo las estrategias y las tácticas.

Llegó al Cauca y a la Asociación Protierradentro unos meses después de haber llegado de su viaje por Latinoamérica, mejorando su español. En Bogotá permaneció mientras buscaba un lugar para vivir. De esa manera encontró en el barrio Quinta Paredes un techo provisional. Allí se compartía la vivienda con costeños, guajiros y caucanos en un espacio reducido, escandaloso y nada solidario. Incluso se tenía que dormir en el baño y en la cocina. Esta situación llevó a que los caucanos conspiraran aparte y decidieran salirse de allí y en conjunto buscar otro lugar para vivir. De esta manera llegaron al barrio La Soledad en compañía de Mateo, quien tampoco soportó mucho la situación junto a ellos, y desde entonces se involucró en cada una de las actividades de Protierradentro.

Tierradentro era entonces una zona para llegar. Para Mateo el Cauca era otra casa para visitar constantemente en los días de vacaciones. De esta manera se empezó con el preicfes, el cual se realizaba en varios colegios de Tierradentro. Con su compañía y ánimo se preparaban todos los materiales y simulacros de prueba, pensábamos en mejor educación y en las razones por las cuales el Estado se olvida de sus responsabilidades sociales y educativas.

Con el Mono caminamos las montañas de Inzá, hogar que se tejía con la complicidad de las mujeres, los jóvenes, indígenas y los campesinos. Incansable, dedicábamos horas enteras a charlas escuchando sus inquietudes y ganas de hacer y hacer, de juntar trabajo colectivo, sin distinción de políticas, porque pobres somos todos, nos decía, y los que se quedan riendo al final son otros con las peleas tan tontas que damos entre nosotros mismos, pobres y excluidos.

Además del preicfes, en la Nacional inicio la Olla Comunitaria, que sin dueño y sin cliente nació en Protierradentro. Un día propuso a Chelo y Jairo reunir algunos plátanos, papas y arroz y las preparamos en la Universidad. En esos días la Cooperativa de Estudiantes de Economía, Coomunal, estaba a punto de ser cerrada por las políticas de la Universidad, y surgió la idea de que utilizáramos sus platos y estufas para tales fines. Luego de unos meses Coomunal pasó a ser una simple caseta de empanadas y tinto, y la Olla Comunitaria inició su periplo gastronómico con una rica pasta con carne frente a la facultad de sociología. Pronto ya no eran tres las personas que impulsaban aquel proyecto. Entonces, la olla giraba sin cesar por toda la universidad, cociendo alimentos, pero también exigiendo y sugiriendo un verdadero bienestar para los estudiantes. Producto de tantos días de olla comunitaria, y para apaciguar la fuerza que tenía, se abrieron los bonos estudiantiles, los cuales existen hasta la fecha.

Luego de recibir el título como matemático, el Mono se fue para Inzá a vivir allí. En la comunidad de San José encontró cariños y muchos amigos, allí fue nombrado profesor de matemáticas por más de dos años. Además de su labor como docente, campesina y participaba de las iniciativas de las mujeres y los jóvenes de la zona.

Habría que decir, como ya lo han dicho muchas organizaciones, amigas y amigos, que Mateo fue y seguirá siendo un ejemplo de humanidad, porque con sus acciones enseñó que las cosas pequeñas enaltecen al ser humano. Nos dejó claro que gastamos más tiempo protegiendo nuestros pequeños poderes, siempre aludiendo a un mundo mejor, mientras es más demorado y difícil luchar juntos. Con todos aquellos que empuñen una piedra, con ellos se habrá de luchar, recuerda.

Nuestro amigo había aprendido en su español acorazado, la virtud de lo diverso, recorría toda Colombia, conociendo su gente, a los campesinos, a los labradores de la tierra, a los cañeros, a los indígenas. Conocía caminos para andar la palabra, para saber de la pobreza absurda de este país desgarrador, al cual le ofrecía siempre una sonrisa. Caminaba con los rojos, los azules y los amarillos, con los pobres de cada sector, con los excluidos, haciendo redes de hermandad.

Aprendimos con Mateo a echar dedo, montados en un carro para ir a Cartagena o Cali o a cualquier parte de Latinoamérica, sin pagar pasaje, venciendo el temor al que dirán, y sintiendo el viento rozarnos la cara, entre otras porque cuando se echa dedo se conoce mejor a las personas y se siente eso que para muchos tarda montones de tiempo o se lee cómodamente en informes sociales: las personas, con sus angustias y sus luchas, con sus necesidades y sus sueños, recios en el sistema que agobia. Eso se aprende de inmediato, sin intermediarios, sin traductores. El Mono nunca necesitó de uno, siempre aprendió de viva voz el dolor de un pueblo y estuvo con él.

 

Ahora que no está, nos damos cuenta que nunca intentó dejarnos una enseñanza, él fue la enseñanza. Sin envidias, de esas que no dejan avanzar, compartiendo sus chocolates, a nadie le dijo que no, siempre queriendo tejer, haciendo redes de solidaridad y recuperando todo lo que se pueda.

Quisiéramos retomar unas palabras de un buen amigo, Mauricio Dorado, quien escribió en la página de la ACIN lo siguiente refiriéndose a Mateo: “Recuperar es la opción. La palabra, por ejemplo: el poder la ha tomado y con su manipulación daña al mundo. El coraje de subvertir la ley, por ejemplo. En una reunión de comités de la ACIN Mateo hacía una férrea defensa de la necesidad de romper los protocolos, requisitos y normas de los proyectos de cooperación que bloquean y obstaculizan los procesos: 'A eso le podríamos llamar corrupción alternativa', comentábamos con Omar aquella vez, mientras disfrutábamos de las ocurrencias del Mono”.

Y es que todo en Mateo era subversivo. Mientras muchos buscan estudiar y ubicarse del otro lado, el Mono se vino a estudiar acá, en la Nacional, "la Nacho" como él la llamaba. El mismo sentido de esta palabra debe ser recuperado. En un tiempo en el que los caminos ya están trazados y los movimientos parecen pegarse al poder y la propia palabra quiere ser exclusividad del movimiento guerrillero, subvertir es una necesaria opción.
“Dejemos a un lado eso de buscar llevarnos algo en la mochila" dijo en la pasada Minga, en alusión a un sector de la dirigencia que pretendía negociar proyectos con el gobierno. Adiós al poder dice Mateo desde el horizonte. Es el momento de recuperar el valor de lo pequeño. “Mientras las comunidades construyen una alternativa desde abajo, algunos tienen entre sus sueños húmedos una foto con Uribe”. Estas palabras de Mauricio definen lo que había forjado en su paso por Colombia y por la vida. Lo recordaremos siempre. El camino está trazado, seguiremos caminándolo.

Modificado por última vez el 16/06/2012

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