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Ni tanto ni tan poquito Destacado

El mapa político que dejan las elecciones legislativas de 2018 en Colombia

El pasado 11 de marzo se realizaron en el país elecciones legislativas a Senado y Cámara, y dos consultas interpartidistas para elegir candidatos presidenciales. Un aumento inesperado en la participación y un mapa político variopinto fueron hechos a destacar en la jornada.

El aumento de la participación
Contra muchos pronósticos, los niveles de participación presentaron un incremento importante en el país en términos porcentuales y totales. Tanto la tradición histórica de unas elecciones que no han sido muy atractivas para los votantes en Colombia, como los escándalos de corrupción que han salido a la luz pública en los últimos años y que han tenido al Congreso como epicentro, hacían pensar en elecciones poco concurridas. Sin embargo, la participación en 2018 se incrementó significativamente con respecto a los cinco anteriores eventos electorales, cuyo comportamiento había tenido pocos sobresaltos.

En Colombia la participación para estos comicios subió para Senado un 4.63% y para Cámara un 4.9%. En Antioquia 5.21% y 5.07% respectivamente, ligeramente por encima de los niveles nacionales. Y en Bogotá se dio el crecimiento de participación más espectacular, subiendo en un 12.93% en Senado y 13.57% en Cámara. Esto significa que en Bogotá, en números totales, votaron 916.360 personas más para Senado y 951.209 para Cámara. Pongo como ejemplo estas dos circunscripciones porque han sido, en buena medida, el meridiano electoral del país.

¿Por qué subió la participación en las legislativas del 11 de marzo? Varios elementos ayudan a explicar este hecho. En primer lugar, las consultas interpartidistas que se hicieron ese día, de izquierda y derecha, parecen haber dado un impulso importante a las elecciones parlamentarias. Se trataba de un pulso en el que estaban involucrados los dos candidatos que se han venido posicionando en la opinión pública en los últimos meses (Gustavo Petro e Iván Duque), lo que generó seguramente un mayor ambiente electoral y supuso un arrastre para las parlamentarias. Incluso cabe pensar que la torpeza de la Registraduría, dadas las dificultades con los tarjetones electorales para consultas, subió los ánimos de una jornada que se esperaba fuera tranquila.


De otro lado, no se debe perder de vista que son las primeras elecciones que se hacen en el país después de la firma de los acuerdos de La Habana. De hecho, fueron las elecciones más tranquilas que se han realizado en Colombia en ese aspecto en muchos años. Al eliminar un factor de guerra importante en el país, que fue también señalado como causa de abstencionismo en muchos eventos electorales (especialmente en algunas poblaciones de actuación directa de las FARC), las posibilidades para que la gente se acerque a las urnas aumentan. No deja de ser importante resaltar este hecho que está acompañado del paso de esta guerrilla a un partido político que se estrenaba en estas elecciones.

En Antioquia y Bogotá pueden verse otras razones particulares para que en estos dos lugares la votación creciera por encima del porcentaje nacional de participación. En Antioquia, el voto uribista ha sido muy alto, y en buena medida ha determinado el crecimiento de la participación en este departamento. Por su parte en Bogotá, asuntos como la reedición del fenómeno Mockus y la aparición de otras opciones, que pudieron haber cautivado votantes nuevos o abstencionistas crónicos, hicieron que, entre otros factores, la participación creciera en la proporción ya mencionada.

El mapa político
La persistencia de fuerzas tradicionales y la emergencia (o resurrección) de otras fuerzas políticas dejaron un mapa político del que difícilmente puede decirse que no cambió. No estamos hablando de cambios espectaculares, pero algunos detalles pueden ayudar a aclarar esto.

Dentro de las marcas conocidas se destacan varios hechos. En primer lugar, el Centro Democrático, pese a perder una curul en el Senado, pasa a ser la primera fuerza política en esta corporación y gana un terreno importante en las elecciones de Cámara. Esto no solo por el arrastre de la consulta de derecha sino porque este partido ha venido cultivando en los últimos años una especie de voto fiel, consistente elección tras elección, y eso se ha evidenciado en estos comicios. Esto puede explicar, en parte, que los resultados para ellos hayan sido mejores en las elecciones a Cámara, en términos de curules alcanzadas, dado el carácter territorial de estas elecciones.


El otro fenómeno importante es el de Cambio Radical que ha demostrado tener una fuerza regional importante basada en la existencia de barones electorales que saben cómo se consiguen votos en este tipo de elecciones. Este partido casi duplicó su representación en el Congreso y eso hace pensar que su candidato presidencial tiene fuerza suficiente para pelear un cupo a la segunda vuelta o para inclinar la balanza hacia la derecha, en caso que decida unirse al candidato de Uribe en primera o segunda vuelta. El gran perdedor entre los partidos grandes es, sin duda, el partido de la U, que cede terreno en una y otra cámara: pasa de 21 a 14 senadores y de 36 a 25 representantes. Uno podría preguntarse ¿por qué le fue tan mal? Sin embargo, sería más sensato preguntar ¿por qué no le fue peor? Esto último porque ha sido el partido sobre el que, en gran medida, han recaído los escándalos en contra de la clase política en los últimos años, y porque ser partido de gobierno le ha generado un gran desgaste.

Para completar esta parte de la foto, los dos partidos tradicionales pierden terreno, sobre todo el Conservador que ha padecido en los últimos años una indefinición que ha hecho que muchos de sus adeptos y políticos migren hacia otras opciones. El deterioro del partido Liberal no parece tan grande, y eso se evidencia en que sigue siendo el partido con más curules en la Cámara de Representantes. Con el transcurso del tiempo los tradicionales tienen una porción cada vez más pequeña de la torta, pero siguen jugando un papel importante en las elecciones parlamentarias, en las que los partidos aún son las formas organizativas más exitosas.

En el otro lado del espectro se encuentran algunos partidos de centro izquierda o izquierda cuyo desempeño estuvo, en unos casos, por encima de las expectativas. Me refiero a los casos de la Alianza Verde y la llamada lista de los Decentes. Ambos acudieron al voto de opinión, tan poco decisivo en este tipo de certámenes, y lograron captar votaciones importantes en Bogotá, cuna del voto no tradicional. La Alianza Verde dobló las curules que tenía en el Senado, pasó de cinco a diez, y tendrá tres curules más en Cámara. Los Decentes se hacen contar por primera vez obteniendo cuatro curules en Senado. El Polo Democrático mantiene sus cinco curules, mientras el partido FARC tendrá cinco curules en Senado y cinco en Cámara, producto lo pactado en La Habana.

Con un Congreso de la República así configurado, queda, para finalizar, un gran interrogante: ¿cuál será la suerte de asuntos tan importantes que pasarán por el nuevo Congreso, como la implementación misma de los acuerdos de paz? Con todo y su desgaste, en buena medida todo dependerá de hacia dónde se muevan los dos partidos tradicionales, el Liberal y el Conservador, y el partido del actual gobierno, el partido de la U.

*Docente-investigador del Instituto de Estudios políticos de la Universidad de Antioquia.

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Acerca del Autor

Juan Carlos Escobar E