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El mundo seguirá igual

Texto: Juan Camilo Gallego Castro

Ilustración: Valentina González

 

En mi mesa de noche hay una pila de libros a mitad de camino. Hace casi un año que me cuesta terminarlos. Llego a la casa y estoy demasiado cansado, pareciera que solo los utilizo como un ritual antes del sueño, pues con dos páginas, a veces media, me quedo dormido.

Esto cambió desde que empezó este simulacro de fin del mundo. No paro de trabajar en casa, es cierto, pero tengo espacio para leer de nuevo una historia fascinante sobre ciudad de México, que escribió Juan Villoro, o el perfil del periodista Alberto Donadío. Estar en casa me reconforta, es transitar de nuevo por las hojas de mis libros. Trabajo en una ONG y en una universidad, a lo mejor comprendan por qué en el último tiempo las lecturas de noche fueron esporádicas.

No viajo las tres horas diarias entre mi pueblo y Medellín, ni estoy corriendo para llegar a tiempo a una entrevista o una reunión, ni renegando por que el bus que tomo en la terminal es el lugar más caliente de toda la ciudad. No está el aire contaminado ni el calor sofocante, ni el estrés ni el afán ni el temor de que abran un bolsillo del morral mientras voy en el Metro. Solo en este momento soy consciente de todo eso.

Sigo madrugando como siempre. En la sala encuentro a mi mamá escuchando la misa de las siete. No más empezaba la cuarentena, un bello sacerdote, abrumado ante la iglesia vacía, dijo que le olía a muerte, que le olía a sangre. Debe ser un buen consejero para mantener la calma. Con el paso de los días se la pasa vendiendo cirios, el de cincuenta y el de cien mil.

En la mañana intento escribir o entrevistar a alguien. Mientras, me acompañan un par de perros. El más grande acaba de cumplir diez años y el pequeño, al que llamo Satanás, hoy cumple seis meses. Es un lobo, ya se tragó dos billetes de cincuenta mil y persigue las gallinas de mi abuela como un poseso. Ya desplumó un par de gallos que, por suerte, se salvaron con mi aparición.

Al final de la tarde me reúno con mi familia y jugamos parqués. Es posible que haya pasado una década desde la última vez que estuvimos tirando dados. Mi hermana será mamá en tres meses. Mi sobrina no puede escucharme, pero en esta época de miedo y precaución es un mal momento para nacer; mi mamá está conmigo siempre, pero mi papá está por fuera casi toda la semana, mientras transporta legumbre entre Medellín y Sincelejo. Una vez allá, va hasta Cartagena o Barranquilla. Esta vez le tocó en la capital del Atlántico, en donde lleva dos días esperando que carguen su camión porque la cantidad de carros para cargar es más larga que un viacrucis. El viaje de regreso será eterno.

No mucho ha cambiado en estas semanas, salvo que estoy todo el día en la casa y que mi papá está expuesto todo el tiempo a ese virus del que no paran de hablar en las noticias. Mi única licencia para abrir la puerta de la calle es salir con mis perros a las cuatro de la tarde, luego de comer. Continuamos con las rutinas de siempre, pero con el encierro de nunca. Esto nos tomará varios meses más. El mundo sigue igual de ruin allí afuera. En estos días he escrito sobre personas que perdieron sus trabajos o que les cambiaron el salario de forma unilateral, de campesinos cocaleros a quienes les están erradicando sus matas de manera forzada, aprovechando esta situación, de exguerrilleros que ahora se tienen que ir de Ituango porque este Gobierno no les garantiza su propia existencia, de hidroeléctricas en una región como el Oriente, en donde antes eran guerrillas y paramilitares y ahora son empresas públicas y privadas que quieran quedarse con cada río que encuentran libre.

El mundo seguirá igual. No creo en las encuestas que preguntan si somos más solidarios que antes. No cambiará el sistema, seguiremos en el capitalismo, en la misma depredación de la naturaleza. Cuando todo esto acabe, lamentaremos las vidas que no están, seguirán matando líderes sociales, continuará el amago de presidente y el aire de Medellín volverá a ser la misma mezcla de hollín e ineptitud de algunos políticos y funcionarios públicos.

Mucho han comparado a la Segunda Guerra Mundial con el Coronavirus. Al final de la primera surgió la ONU, se firmaron acuerdos y tratados, el mundo supo lo cruel que era la guerra, pero le siguieron las guerras de Corea y de Vietnam, de los Balcanes y el Golfo Pérsico, de Afganistán y Siria. Igual aprendimos, igual nos seguimos matando. Decimos que nuestras vidas no serán iguales luego de esto, pero, a lo mejor, y como en la guerra, todo seguirá siendo igual.

Habitando la espera-nza

Texto: Joaquin

Ilustración: Valentina González 

 

En los días que supe que la tal pandemia estaba posicionándose en los pensamientos paranóicos de la gente, sólo podía pensar en lo egoístas que estaban siendo algunas personas amigas, al publicar en sus redes sociales sus posturas sobre lo fácil que sería abordar el encierro recurriendo a clases virtuales, trabajar desde las casas y solucionar asuntos médicos vía WhatsApp.

Tengo que decirlo: les odié al leer sus estados porque el quehacer explorado en los últimos años me ha dado la posibilidad de tener la certeza de que en innumerables veredas y municipios de Antioquia, y otras zonas del país, no disponen de medios suficientes y apropiados para poderse cobijar con estas propuestas, que en principio fueron publicaciones en redes sociales, pero que pasados los días se fueron volviendo realidad.

Afortunadamente, la contingencia me agarró en mi pueblo: San Francisco, Antioquia. Aunque inicialmente no supe qué tan positivo fuera eso, pues hace mucho rato no me veía obligado a convivir y habitar constantemente el mismo espacio que mi familia. Las diferencias y ausencias en la interacción y los intereses de cada personalidad siempre nos prohibieron la confianza y los mimos que veo en otras familias.

Y bueno, me dispuse a la discusión constante sobre lo injustas que estaban siendo las medidas propuestas  de encierro y virtualización, cuando una gran parte  de las personas pobladoras del Oriente Antioqueño no tendrían forma de “conectarse” a las dinámicas de digitalización de las vidas. Incluso, habría quienes tuvieran los medios, pero no la facilidad de encarrilarse en el reto complejo de manejar las tecnologías de la información.

Y no, no estaba siendo paternalista. Lo que intentaba era que reconociéramos otras maneras de habitar el mundo; que no tenemos por qué imponer lógicas de una partecita de un universo con discurso citadino, la partecita que dispone de los medios y de la facilidad para manejarlos.

Como pueden ver, hasta el momento estaba en un vaivén, entre lo políticamente correcto y la sensibilidad que siempre quiero mantener con un montón de vidas que me importan y me hicieron reconocerles durante el compartir comunitario y la reflexión colectivizada en los territorios que, con las complejidades del día a día, me pusieron a sonreír y me llenaron de motivación para seguir exigiendo justicias y libertades. 

Aun no pensaba en el virus como algo que trastocara de forma drástica mi cotidianidad. Y al cabo de algunos días me tocó hacer consciencia de dónde estaba yo en la ya nombrada crisis sanitaria. Estaba en casa, con comida suficiente para varios días, sin realmente preocuparme por las medidas de contingencia, y sin reconocer que en mi cuerpo se estaba materializando la impaciencia y el estrés de un nosequé que me producía el encierro. Y aunque a veces me suene grosero, era el encierro con una dinámica familiar que, en otros momentos, fácilmente hacía a un lado con uno de mis viajes a otros territorios.

Aquí me encuentro yo en la mencionada crisis sanitaria: un ser convocado a la deconstrucción de prácticas, comentarios y conversaciones machistas, misóginas, homofóbicas y demás, que al omitir los compartires íntimos me perdí por años de mi familia. Ahí estaba yo, enfrentándome a la realidad que casi nadie quiere ver(se), retarse en la paciencia, el amor y la atención promulgada con personas que casi nunca quieren hacer pasitos en los procesos de reflexión, pensarse cómo hacerse menos grotescas, cómo hieren la sensibilidad de otras, en este caso mi familia.

Ese gran reto que me atravesaba era el no juzgar a mi familia aferrándome de los procesos de divagación que asumí en solitario y que se moldearon día tras día sin las interferencias molestas de esas intimidades familiares de las que quizás muchas de ustedes sí podrán hablar. Se me presentó lo insólito: juzgar y confrontar desde mi posición deconstruible, o comprender, callar e intentar.

Ustedes se imaginarán mi fatiga. No habían sido tantos los días de cuarentena, pero yo no aguantaba más, era demasiada información, noticieros, alocuciones presidenciales cada noche, palabras y frases desprevenidas de mi hermano, alegatos en redes sociales, la inconsciencia de la crisis en la vecindad, llamadas paternas innecesarias, ¡no aguantaba más! ¿En qué momento me dio esta terrible crisis mental y corporal?, ¿Por qué mi rostro estaba cayéndose a pedacitos?, ¿por qué mi mente no paraba de desencontrarse en los pensamientos que antes me frustraban, pero no me generaban tanto desasosiego? ¿Qué?, ¿ahora tengo síntomas? Pues bueno, todo lo anterior, y quién sabe qué más se me escapa, andaba alborotándome fuertemente la cotidianidad, y vivirlo en cuatro paredes era una experiencia que no quería repetir. Los síntomas eran amigdalitis, lo demás no hubo inyección que lo curase.  

En medio de todo esto y otras cosas más, a mi mamá se le ocurrió sugerir una mudanza temporal a una vereda del pueblo. Y yo, con todos los enredos planteados anteriormente, grité –mentalmente– de alegría. Fue un sí rotundo, porque no podía(mos) más. Fácilmente nos dispusimos a empacar lo necesario: mi mamá agarró sus novenas de santos, algunas prendas y empezó pensar en el mercado que llevaríamos; mi hermano tomó algunas ropas y ya estaba listo; y yo, me demoré un rato decidiendo qué libros no podía dejar, también cogí ropa y ya esperaba la salida.

Realmente fue mucho más complejo que eso, pero en resumen así estábamos. Nos vinimos a la vereda de donde es mi papá: La Esperanza. Un día para lavar, organizar la casa y al siguiente ya empezamos a habitar.

¡Qué diferencia! Aire puro purito, árboles adonde mire, por este lado aguacates, que por este hay plátanos y murrapos, si miro pa’ allí veo guayabas y naranjas, plantas aromáticas por montones y un árbol de deliciosos zapotes, que aunque sin cosecha, me genera un pensamiento de tranquilidad y regocijo que afortunadamente me tienen admirado.

Agradezco infinitamente a la existencia que, en estos días de angustia, por aquí todo fuese como si nada. Compadres y comadres compartiendo alimentos, avisos a los gritos de montaña a montaña, y el constante canto de toda clase de animales que como yo transitan libres entre las trochas y los potreros. Venir de una sensación paranóica y extremista del no contacto a un entorno de abrazos y cuchicheos desprevenidos, me hizo rediseñar los pensamientos y aflorar una esperanzadora sensación de no querer marcharme jamás.

Aquí hay tres métodos pa’ recibir la información: la radio funcional y dispuesta a las masas; los celulares, con des-sincronía absoluta con el mundo virtualizado; y el voz a vos fraterno que en ocasiones tergiversa la veracidad. Si bien la primera está a disposición, quienes se encargan de producir y distribuir la información oficial no estaban diciendo mucho pa’l campesinado y sus dudas frecuentes sobre esta crisis. Me encontraba entonces entre la felicidad de la tranquilidad y la incertidumbre de la amenaza que no nos llegaba dicha, pero va uno a saber si física, si rondaba.

Con todo y los peros señalados –más las disposiciones a la tranquilidad–, sí llegó una noticia abrumante: en San Francisco existe un contagiado de covid-19, y vive en la zona rural. La tranquilidad se volvió carcajada resignada, pero pudo el verde inigualable de los campos y al siguiente día, todo de nuevo a la calma.

En este punto tengo una sensación extraña. Si bien la parte íntima del compartir familiar me pone a “volar en el pelo”, y la contentura de habitar estas tierras florecentes y pintorescas me desbordan de sonrisas el alma, al continuar con la historia, curiosamente tengo que volver con demasiado énfasis a algunas de las vainas nombradas al principio, sumando otras que empeoran el panorama y materializan parte de esas injusticias que se evidenciaban en posturas y textos.

Estando en la vereda La Esperanza tengo que vivir de cerca todo lo que igual he defendido, pero no necesariamente había compartido: los teléfonos celulares no tienen señal (a menos de que se ubique en un lugar équis y no se permita movimiento alguno), sólo la escuela de la vereda tiene red wifi, y son abrumadores los intentos fallidos que se deben hacer para lograr la conexión; los trámites administrativos o médicos se preguntan vía WhatsApp, y si al intentarlo estando en el casco urbano me llevaba pura desilusión y soluciones tardías, no me quiero imaginar las odiseas de quienes vean necesario hacerlo desde esta u otras veredas.

Estando aquí he podido escuchar cómo la institucionalidad, a tan sólo media hora de distancia, no llega efectivamente. Cómo funcionarias y funcionarios se la pasan alardeando, en conversaciones informales y en sus redes sociales, del trabajo tan incansable que realizan cada día, cuando la verdad es que pareciera que se cansan tan fácil y rápido que dejan muchos lugares sin la atención que deberían brindarle.

Durante esta contingencia han hecho videos y emitido decretos, que aparte de que sólo son órdenes y más órdenes (cuando podrían estar explicando de fondo el por qué de las medidas, que son necesarias y deberíamos acatarlas pero las personas no deberíamos hacer las cosas por miedo a la represión o las consecuencias legales, sino por la comprensión real de lo que acontece, que en este caso es un virus mortal que nos puede llegar en cualquier momento). Ordenes sin medidas y propuestas claras pa’l grueso campesino de la población.

Tengo que nombrar otro tipo de acciones de la institucionalidad: unos folletos que explican medidas pedagógicas de prevención y tienen una sección de entretenimiento. Creo que sobra decir que, aunque empezó a circular el 28 de marzo, a esta vereda (a sólo media hora de distancia, repito) no ha llegado, siendo hoy 7 de abril, ¿será que aun le podemos esperar?

No puedo discutir el hecho de que las medidas que han tomado en este municipio no sean funcionales, aplaudo varias; lo que exijo, con lo que me molesto y lo que espero que nunca me deje de mover, es la injusticia en las posibilidades de acceso y en las decisiones de personas que trabajan en espacios de gobierno. Desconocen personas y comunidades que existen y sostienen economías y estabilidades de todo tipo. Pero claro, siempre voy a ser una persona de esas exageradas, problemáticas e incómodas que “sólo le gusta ver lo negativo”; y sí, si nadie más va a nombrar lo que está mal, orgullosamente lo seguiré haciendo, más que por orgullo, porque es necesario pa’ poder seguir soñando con la tal anhelada equidad.

Y ya sé que esto va pareciendo encíclica, pero aún me falta reafirmar que estos días me han puesto en la línea más gruesa del desespero, del desespero por tener un estado incompetente y unas figuras administrativas que se la pasan haciendo los mejores esfuerzos y haciendo “lo que mejor pueden hacer”, que, sin decir que esté mal, no ha sido ni será suficiente si las decisiones sólo se toman desde la lógica institucionalista tradicional.

El campesinado colombiano necesita visibilidad, necesita garantías de vida digna. Así como al personal médico, a los voluntarios que apagan incendios y a los integrantes de la fuerza pública y militar, a la gente del campo también les hemos debido aplausos, pero combinados con intenciones de mejorar sus condiciones y el respeto merecido, anhelado y exigido constantemente.

Lo que es claro es que esta dulce espera-nza me desborda en motivación hacia nuevos retos. Me impulsa a no aplacar la búsqueda de justicias sociales y me invita –o exige– que fortalezca mi consciencia y accionar pa’ que después de que pasen estos lamentos, pueda caminar aguerrido a una dinámica de lucha rural que se compone de procesos comunitarios, conversaciones intergeneracionales y co-habitanza en la exigencia de garantías y dignidades pa’ todas las personas y tierras que no están siendo contadas en la satisfacción de sus necesidades.

 

 

Por: Julián Alvarán

 

Desde diciembre el mundo empezó a vivir un escenario inesperado producto de la propagación del denominado virus covid-19. El trasfondo de este nuevo agente biológico (natural o incubado) es aún materia de estudio del campo médico y de las ciencias sociales, desde los cuales afloran análisis que van desde las teorías conspirativas, hasta balances en los impactos económicos, sociales, políticos e ideológicos.

Si bien el covid-19 es hoy una realidad innegable que está propagándose a una gran velocidad por cientos de países, afectando la salud de multitudes y ocasionando ya la muerte de miles de seres humanos, es también innegable que, en tanto fenómeno geopolítico, social y mediático, marca quizás el inicio de nuevas disputas en la reconfiguración de los bloques de poder capitalista y el posicionamiento de su visión y dominio del mundo. Si la balanza se inclina en favor del capital o de los pueblos en resistencia, las opciones alternativas, los movimientos sociales viejos y nuevos, es una cuestión aún difícil de predecir, sobre todo cuando el covid-19 sigue creciendo y es aprovechado para afianzar el poder de las élites ancladas al capital[1].

El propósito del presente escrito no es abordar lo que está sucediendo globalmente producto de esta pandemia, sino esbozar algunos elementos sobre la actuación del gobierno de Iván Duque frente a este fenómeno, y cómo su respuesta a la crisis es expresión de los intereses de clase que representa.

Las medidas frente a la crisis

La respuesta del gobierno Duque a la emergencia derivada del covid-19 ha sido tardía e insuficiente. Desde el primer momento quedó en evidencia que para Duque y los suyos la mayor preocupación es la afectación a la economía del gran capital. Esto se expresó en su negativa a tomar, desde un primer momento, medidas efectivas de cuarentena que evitara la llegada y posterior propagación del virus, a fin de no afectar la circulación de mercancías y flujos de capital; al punto de oponerse y querer desmontar las medidas que los gobiernos municipales y departamentales estaban tomando desde una lógica preventiva.

La promulgación del Decreto 417 de Emergencia Económica, social y ecológica se da cuando ya el covid-19 se estaba propagando en el país y se evidenciaba la preocupación creciente de la población frente a lo que podía suceder. Además aunque el gobierno anuncia el Decreto, se muestra lento y errático para definir las maneras concretas de ejecutarlo.

Pero además de errático, el gobierno Duque actúa en contravía de las acciones que oportunamente tomaban la mayor parte de los gobiernos locales. Un ejemplo de ello es el decreto 444 por medio del cual el gobierno traza los lineamientos para financiar la emergencia. En ella deja abiertas, como es su costumbre, todas las interpretaciones posibles para favorecer, en este caso, al sector financiero. El gobierno toma los recursos de los entes territoriales con el argumento de que son préstamos para paliar la situación derivada del virus, pero en esencia autoriza que esos recursos pasen a los bancos para que estos entreguen créditos a personas y empresas que tributan al sistema financiero. Es decir, le da la plata de los fondos de los municipios a los bancos para que especulen con el dinero público[2].

Asistencialismo, voluntarismo y coerción

De acuerdo con lo planteado por la trabajadora social e investigadora del Cedat de la Universidad de Caldas, Carolina López[3], el papel del gobierno de Iván Duque frente a esta crisis podríamos caracterizarlo desde tres perspectivas:

"Desde la asistencia social: ante la crisis de la salud pública el gobierno genera estrategias de intervención asistencialista, focalizando estas ayudas en las poblaciones más vulnerables. Estas medidas paliativas resultan insuficientes por las profundas condiciones de injusticia social y desigualdad económica en la que está enraizada nuestra sociedad colombiana.

Voluntarismo altruista: ausencia del Estado que es mediada por el llamado de los gobiernos locales y el gobierno nacional a que a través de "voluntariados y la solidaridad" se pueda contribuir a solucionar la crisis de manera colectiva. Este hecho se traduce en la transferencia o delegación de la responsabilidad a la sociedad civil.

Paradigma punitivo: fundamentado en impartir castigo a quienes no cumplan con el aislamiento preventivo o la cuarentena. Este castigo está primordialmente asociado a medidas sancionatorias de carácter económico y penas privativas de la libertad".

Lo mediático e Ideológico.

Esta situación es aprovechada por el gobierno uribista de Duque para hacer un lavado de cara. En un país que ha sido condicionado a sentir el dolor de manera lastimera (lo cual lo deja desprovisto de dignidad), visibilizar a Duque como alguien vulnerable, más aún cuando todos lo somos ante la pandemia, antes que restarle puntos, puede resultar en una buena jugada para mejorar su imagen y mostrar que su "torpeza" es producto de una situación difícil para cualquiera, y no como lo que es, como medidas pensadas solo en favor de las minorías. En el imaginario de la gente se instala la idea del "pobre presidente como le toca de duro", y se deja de lado su mezquindad y cinismo para responder como un verdadero gobernante.

Así mismo, la actual coyuntura derivada por el Coronavirus permite hoy quitarle presión al senador y expresidente Álvaro Uribe, justo cuando venía atravesando su peor momento en cuanto a popularidad y ante graves, y cada vez más constantes, denuncias y procesos penales por corrupción, criminalidad estatal, paramilitarismo y vínculos con el narcotráfico. Cuando todas las puertas se le cerraban a Uribe, aparece un virus que a quienes contagia les produce afecciones respiratorias pero a él logra darle un respiro en su ya vetusta imagen.

Lejos de caer en teorías conspiranoícas, es importante señalar que la élites no siempre lo tiene todo calculado, que no erran, o que tienen miles de conspiraciones para desviar la atención. Sin lugar a dudas quienes mal gobiernan, aquí y en cualquier parte hacen uso de artimañas para ocultar sus suciedades, ese es del ABC de la propaganda. Sin embargo, también existen hechos y fenómenos que sin ser esperados, logran ser aprovechados por esas élites para ocultar otras realidades y problemáticas. Es de este modo como el Coronavirus le permite al régimen de Uribe-Duque, pasar a un segundo plano o desaparecer de la agenda pública nacional temas como los falsos positivos, los narcolaboratorios en fincas de embajadores, la compra de las elecciones presidenciales, el genocidio contra lideresas y líderes sociales, los abusos policiales, el incumplimiento de los acuerdos de Paz con las FARC y también de todos los acuerdos firmados con el movimiento social, campesino, indígena y afro, entre tantas otras problemáticas. Hoy esas realidades que el uribismo y las élites de siempre han incubado, dejan de estar en la retina de la gente para ubicar como única y gran preocupación el virus y cómo sobrevivir a él; a tal punto que, a quienes alzamos la voz cuestionando todas las perversidades del régimen, se nos tilda de inhumanos por querer "polarizar en un momento en que debemos estar unidos".

De allí se desprende una cuarta jugada mediática: posicionar un discurso patriótico ligado a la idea de "Unidos todos". Se reduce la problemática a un asunto de voluntad donde la unión se fundamenta en la obediencia, en no cuestionar. Tanto los gobiernos alternativos como sectores de la oposición terminan haciendo juego a este discurso, llamando a la unidad nacional, a no polarizar, a estar unidos en torno a un propósito común (o enemigo común con la intención de mantener una mentalidad y narrativa guerrerista). De esta manera el carácter de lucha de clases que también tiene este momento, queda desfigurado o cuando menos, oculto.

Medidas antipopulares en favor del capital

Favorecer al capital antes que a la gente. Como ya se mencionaba, los decretos contemplan solo a la población que ya es considerada vulnerable y a quienes dependen del sistema financiero, en tal sentido los créditos o “ayudas” están dirigidas a personas y empresas que tributan al sistema financiero, lo que en últimas apunta a favorecer a los bancos.

No se frena, y por el contrario se profundiza la agenda legislativa: reforma a la justicia, seguridad ciudadana, sistema general de regalías, conciliación de los pliegos tipo, entre otros. Lo anterior con el agravante que la bancada de gobierno pretendía que no se legislara y aplicar todo por decreto. Ante el rechazo de la bancada de oposición y algunos otros sectores hoy poco afines al uribismo, el gobierno maniobra para intentar que se siga legislando de manera virtual, lo que les facilita evadir debates y así imponer su agenda regresiva y antipopular.

Además, continúa la criminalización, estigmatización y asesinato de líderes y lideresas sociales, la erradicación forzada de cultivos de uso ilícito, el cobro de impuestos, de altas tarifas de servicios públicos, despidos masivos y respuesta represiva a los reclamos de la gente enviando al Esmad a gasear y atropellar, y posteriormente la militarización de los territorios tanto rurales como urbanos, incrementando así el miedo y el ambiente de guerra en el que nos han querido acostumbrar a vivir.

Avanzada contra Venezuela.

En medio de ese panorama, Colombia actúa como punta de lanza para la muy factible intervención militar a Venezuela por parte del gobierno de los EE.UU y sus peones en el continente, lo que agudizaría la situación sanitaria y humanitaria, pero, además, abre el escenario de una guerra regional que va generar una crisis profunda. La reciente "reelección" fraudulenta de Luis Almagro cómo secretario de la Organización de Estados Americanos (OEA), la recompensa que ofrece Trump por el presidente legítimo de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, y los movimientos de tropas norteamericanas en el mar Caribe, evidencian la intención invasora, para lo cual el Pentágono cuenta con 7 bases militares en suelo Colombiano, y una primera línea de paramilitares a ambos lados de la frontera colombovenezolana; y si bien el gobierno de Uribe-Duque a través de su Ministro de "Defensa", Carlos Holmes Trujillo, apela a apoyar medidas políticas y diplomáticas, deja claro que están trabajando en conjunto con el gobierno de EE.UU "para enfrentar el narcotráfico en la región". Primero perfilan al gobierno bolivariano como narcotraficante para así dejar de lado las medidas políticas y "diplomáticas" y pasar a la agresión militar.

Tensiones con gobernabilidades locales y departamentales

La tardía respuesta a la crisis por parte del gobierno nacional generó una significativa tensión con los gobiernos locales que desde los primeros indicios de la dimensión de la pandemia, asumieron una actitud más preventiva. Esta tensión pone en evidencia el peso que sigue teniendo el centralismo, lo cual genera desencuentros con el poder gamonal expresado en las regiones. Detrás de ello, desde luego, está el manejo de los recursos públicos.

Las gobernabilidades “alternativas” en un primer momento son quienes más tensionan pero terminan reforzando el discurso de la Unidad Nacional, pues no solo tienen que ceder ante el poder central en temas como el decreto 444, sino que insisten en que "es momento de estar todos unidos", sin problematizar el manejo errático y amañado que hace Duque y su gobierno.

Esto nos demuestra una vez más que, sin existir contradicciones antagónicas entre las clases dominantes, si hay roces importantes entre estas. Los pueblos en resistencia y sus organizaciones debemos saber comprender tales tensiones para tener incidencia política en los hechos que han de venir.

Las pujas de la ultraderecha

Hay sectores dentro del mismo uribismo que están jugando a agotar a Duque. En esa línea hay que entender la iniciativa de algunos integrantes del Centro Democrático, que hace un mes propusieron crear un partido calcado del partido español Vox, o las declaraciones del abogado uribista Abelardo de la Espriella, o del influencer uribista y ex candidato a senador, el "Patriota", y hasta la actitud “reivindicativa” que el mismo Uribe viene expresando en sus redes, pretendiendo mostrarse como el primer reclamante ante el gobierno nacional para que no se le vincule como el mayor responsable de la nefasta ley 100 de salud y seguridad social.

Lo anterior es clave comprenderlo, porque se podría inferir que un sector del uribismo (Fernando Londoño, María Fernanda Cabal, Rafael Nieto, entre otros) calcula que Duque no les va a dar para terminar su periodo presidencial, y en tal caso buscan tener la iniciativa para removerlo si es el caso.

La movilización social y la posibilidad de propiciar una crisis de gobernabilidad

De lo anterior se deriva la importancia de que el movimiento social asuma como tarea principal, pasado el momento de mayor riesgo, propiciar una crisis de gobernabilidad, tomar la iniciativa y lograr una victoria política que aunque no transformadora, es fundamental para dar saltos en los procesos de acumulación: la caída del gobierno Duque.

En gran medida va a depender de cómo salga librado Duque de esta crisis: si logran diezmar el ánimo movilizatorio, y vender la idea de que se logró la unidad nacional para derrotar el coronavirus, se habrá reforzado el uribismo. Si queda mal librado y no tenemos iniciativa, ellos mismos la tomarán.

¿Cómo puede ser una posible iniciativa enarbolar la bandera "fuera Duque" en estos momentos? ¿Eso no nos pondría del mismo lado que los sectores del uribismo a quienes les interesa que a Duque le vaya mal? No, porque en este terreno la disputa es por la iniciativa, y quién tenga la iniciativa puede trazar el horizonte del alcance de esa apuesta.

Es complejo pensar que este sea el momento exacto para gritar"fuera Duque". El riesgo de contagio es real y tal exigencia nos obliga a las calles, desatando la movilización con un nuevo propósito, más aterrizado, y que responda al sentir de la gente inconforme que desde el 21N ha mostrado su indignación. No solo es riesgoso e irresponsable en cuanto a la propagación de la pandemia, sino que convocarlo desataría una condena social fuerte.

Pero hay una realidad que parece aproximarse y sobre la cual tampoco podemos permanecer impávidos. Realidad que está generando el mismo gobierno con sus medidas y restricciones: la miseria, el confinamiento sin garantías, los despidos masivos, la prohibición al 60% de la población trabajadora para salir a conseguir el rebusque, el pésimo sistema de salud, la falta de atención y prevención, sumado a los abusos de la fuerza pública, puede desatar en cualquier momento una bomba social incontenible, tanto para el gobierno como para las fuerzas del campo democrático y popular.

Si el virus nos mantiene en cuarentena y el gobierno no responde más allá de lo paliativo y en favor del capital mas no de la gente, nadie va a poder evitar que millones de hombres y mujeres se lancen a las calles, ya sea a reclamar atención y ayudas, rebuscarse alimento para los suyos, o hacerse de manera violenta con aquello que requieren para sobrellevar la crisis. Ese escenario, complejo desde cualquier ángulo, dejaría sin sustento práctico el mensaje que todos hemos acogido de quedarnos en casa, pues ante el riesgo de morir de hambre y miseria o de ser contagiados por un virus, la gente va a reaccionar ante tal encrucijada escogiendo el camino que le resuelva lo cotidiano, lo urgente.

¿Qué hacer en tal situación? Es una pregunta que requiere encontrar respuestas creativas, responsables y colectivas para que las mayorías puedan defender la vida y ganar en derechos y en conciencia. Estas situaciones inesperadas que pueden significar una fractura histórica, un cambio de época como ya hablan algunos, o un nuevo inicio para la humanidad, son los que requieren que los revolucionarios, los pueblos en resistencia, el pensamiento y la militancia crítica, asumamos un rol protagónico como sujetos políticos para que esta crisis derivada de un virus, pero hija del capital, pueda significar avances emancipatorios para los pueblos, y no simplemente otro momento donde las crisis que ellos generan la paguemos los de abajo.

Sí, esta es una lucha de la humanidad toda, pero para vencer la pandemia hay que estar dispuestos a hacerle frente al sistema que lo engendra, y superarlo.

 

 

[1] Sobre la diferenciación planteada entre Covid-19 como hecho biológico y sanitario, y el Coronavirus como fenómeno mediático leer: http://lobosuelto.com/la-pandemia-del-covid-19-no-ocurrio-ni-ocurrira-pluralincognite/?fbclid=IwAR1zxfPvxY_a1vND4x6KuZswCwCYjk8ljSVtSNwWS4bw1ZWTlqp7NmDURo4

[2] https://www.desdeabajo.info/colombia/item/39210-medidas-de-emergencia-para-mitigar-los-efectos-socio-economicos-de-la-propagacion-del-coronavirus-covid-19-una-vision-alternativa-a-la-gubernamental.html

[3] https://www.colombiainforma.info/crisis-y-salud-publica-durante-la-pandemia/

Por Oscar García, integrante de la junta nacional de la USO

 

La economía y los presupuestos colombianos tienen una dependencia creciente del petróleo. En septiembre de 2012, Colombia cambió su indicador de crudo de referencia WTI, la cual usaba desde 1985, al BRENT, alentada por la mayor cotización de este debido a la demanda creciente en Asia y Europa, también por la menor cotización del WTI dada la sobre oferta de petróleo canadiense.

Los efectos que tiene la reducción de los precios de los hidrocarburos en las  economías dependientes de su producción o exportación son diversos: menores ingresos por el valor de sus exportaciones, debilitamiento de la industria local, mayor dependencia de productos manufacturados, lo cual tiene relación con la mayor o menor depreciación del peso ante el dólar, disminución del gasto social y aumento de la pobreza y la conflictividad.

Colombia, por ejemplo, debe importar diversos productos para poder solventar las necesidades del sector productivo y del consumo de la población. Sus exportaciones son deficientes y poco diversificadas, indicador de un claro desbalance de su comercio internacional.

                Elaboración del DANE 

 

Los productos manufacturados ocupan la mayor proporción de las importaciones, seguido por insumos agropecuarios, alimentos y bebidas, y por combustibles y productos requeridos por el sector extractivo.

Colombia es unos de los países más afectados en América Latina por el desplome de los precios del crudo, pues más del 50% de sus exportaciones son combustibles y productos de la industria extractiva, lo cual, aunado a la depreciación del peso, puede llevar al derrumbamiento de su economía. La volatilidad de los precios del petróleo en las últimas décadas ha sido una constante. Basar nuestras exportaciones en la industria extractiva es un doble problema al que Colombia está expuesta.

Estamos asistiendo a una guerra que va más allá del petróleo, sin embargo esté juega un papel de muy importante en la disputa mundial por el control político, económico y comercial.

Esta compleja disputa mundial tiene al petróleo como un arma de guerra para debilitar al contendor. Los actores de la crisis del 2014 vuelen al ruedo: Estados Unidos, La Federación Rusa y Arabia Saudita, ya sea excediendo la producción o pactando alianzas con alguno de sus contendientes que cuente con reservas petrolíferas relevantes. También hay otros países con grandes reservas mundiales, pero su poco o limitado poder, o los cercos políticos y económicos que se le han impuesto, le quitan importancia en el concierto petrolero mundial. Tal es el caso de Venezuela, quien tiene las reservas certificadas más grandes del mundo, y de Irán,  que posee la cuarta parte de las reservas mundiales.

Los países de la región del medio oriente tienen una ventaja sobre muchos otros países productores de petróleo por sus bajos costos de producción petrolera. En Arabia Saudita y Kuwait los costos de producción son inferiores a los 10 dólares, en México ese valor es de 24 a 25 dólares, en Colombia el promedio es de 24 a 29 dólares, y en Rusia es alrededor de 32 dólares. Las ventajas para los saudíes son mucho más alentadoras, pero a largo plazo se complicará su situación económica.

 

 

 Elaboración del DANE

 

Algunos miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), más otros países productores, entre ellos Rusia, a la postre el de mayor peso, propusieron mantener un acuerdo de cuotas de producción para mantener un nivel estable en los precios del petróleo. Sin embargo, Rusia, segundo productor y número seis en reservas mundiales, no estuvo de acuerdo con la reducción, pues ello significaba ceder cuotas de producción a sus contradictores. La respuesta de Arabia Saudita fue el incremento de la producción petrolera, una abierta declaración de guerra a Rusia que generó una presión sobre los precios a la baja.

Adicionalmente, la pandemia del covid-19 constituye una presión adicional, pues la demanda de combustibles y los productos derivados de los hidrocarburos ha disminuido por el confinamiento de los ciudadanos y el cierre de fronteras aéreas, terrestres y marítimas que han adoptado los distintos gobiernos.  

Tal vez uno de los más beneficiados de la crisis sea Rusia, y el mayor damnificado Estados Unidos, quien sufrirá los efectos en la producción de crudos de esquisto. Sin embargo, está dentro de sus cálculos imperiales de dominación, puesto que es un asunto que implica dimensiones comerciales, políticas, mercados laborales y control territorial y militar.  

Los impactos sobre el mercado de trabajo del sector petrolero

Paradójicamente, el sector extractivo no es el que más demanda empleo en Colombia, siendo esta una de las industria que mayor valor agregado genera en una economía siempre y cuando esté desarrollado todo el proceso industrial encadenado. Pero Colombia exporta gran parte de la materia prima que produce, y escasamente procesa sus necesidades relacionadas con combustible y sus derivados, como no desarrolla otras cadenas de valor de esa industria generalmente tiene que importarlos.

Elaboración del DANE

 

El valor agregado de la explotación de minas y canteras representa apenas el 5.55% del PIB nacional, apenas por encima del suministro de electricidad, información y comunicaciones, actividades financieras y de seguros, y actividades artísticas. La explotación de minas y canteras, a la postre, es el octavo sector que genera valor agregado en la economía del país, y en el 2018 fue la décima generadora de empleo.

 

Elaboración del DANE

 

 

Elaboración del DANE

 

Los trabajadores son los primeros afectados en estas crisis. En la de 2014, más de 20.000 trabajadores fueron despedidos o sufrieron recortes de sus derechos laborales, los cuales no lograron volver a recuperar.

En el marco de esta crisis, la Unión Sindical Obrera [sindicato de la empresa estatal petrolera Ecopetrol] no tiene un consolidado de los trabajadores que han sido afectados por diferentes medidas, la gran mayoría trabajadores tercerizados y con contratos precarios. Sin embargo, ya se han tenido noticias de cientos de despedidos, presuntos acuerdos de terminaciones de contratos por mutuo acuerdo, licencias no solicitadas y no remuneradas por los trabajadores, o envíos a vacaciones.

¿Qué plantea la USO?

La USO impulsa la creación de un fondo para ayudar a los trabajadores, interlocuta ante las empresas, principalmente con Ecopetrol, para mitigar las afectaciones a los trabajadores, y vigila el cumplimiento de sus derechos legales y de las convenciones colectivas.

Hasta el momento la USO no ha consolidado una propuesta política para atender esta crisis. Sin embargo, el gobierno no debería aprovechar la situación para adelantar reformas que precaricen más a los trabajadores, pues el confinamiento y el miedo generado por la pandemia del covid-19 restringe la expresión popular en las calles.

Además, ante la crisis de los precios del petróleo, el país y el gobierno deberían contemplar una reforma de la política petrolera que permita generar recursos de impulso para otros sectores de la industria nacional, fortalecer los encadenamientos productivos y diversificar la economía y las exportaciones.  

Con esa reforma, el gobierno también debería impulsar la sustitución de los combustibles fósiles por energías limpias. La misma industria de los hidrocarburos, teniendo en cuenta los recursos que genera, debe ser el motor que promueva el viraje.

Urgente, además, reanudar las conversaciones de paz con el ELN, y las relaciones bilaterales con Venezuela para consolidar una coordinación económica y política en el marco de la solidaridad internacional.

 

Imagen tomada de: sputniknews.com

 En la noche del 29 de marzo de 2020, el país conoció una comunicación oficial del Ejército de Liberación Nacional (ELN) en la que decretaba un cese unilateral al fuego, entre el 1º y el 30 de abril, el cual caracterizó como “activo” ya que esa guerrilla se arroga el derecho de responder a las agresiones que en medio del cese se puedan presentar contra ellos.

El ELN, sin embargo, no solo se refirió al cese sino que planteó nueve consideraciones de carácter político, social, económico y humanitario. Por ejemplo dijo en su comunicado que la pandemia del coronavirus es una problemática que “va a determinar todo el comportamiento mundial, agravando las crisis estructurales existentes”. También criticó el enfoque que el capitalismo mundial le ha dado a la crisis, privilegiando los negocios y dejando a los más pobres la carga de soportar un confinamiento sin las condiciones básicas para sobrevivir. Condenó las políticas de Iván Duque para enfrentar la pandemia, y criticó las medidas represivas para controlar la cuarentena, la crisis carcelaria y sanitaria; y se refirió al pedido del secretario general de la ONU, Antonio Guterres, de un cese al fuego mundial en todos los conflictos armados. Y reconoció que organizaciones sociales y políticas también habían hecho solicitudes similares.

El comunicado contiene quince exigencias. Se destaca el llamado al gobierno a reunirse con su delegación que se encuentra en la Habana, Cuba, para concretar, con la presencia de los países garantes, un cese bilateral y temporal. Dentro de las exigencias de carácter social pide que se ofrezcan las pruebas de detección y los requerimientos médicos básicos para enfrentar el coronavirus de manera gratuita; se reforme la ley 100 de seguridad social para que sea pública y cubierta por el estado; apoyos económicos para desempleados, estratos bajos, pequeños y medianos empresarios y campesinos; cobertura de servicios públicos para toda la población; y la creación de un “fondo especial de 30 billones de pesos para atender la emergencia por el coronavirus, mediante el cobro de un impuesto extraordinario, al sistema financiero, a los grandes industriales, comerciantes y empresas multinacionales.

Para analistas como Victor de Currea Lugo, quien no solo conoce de cerca el proceso de negociación con el ELN, sino que ha escrito varios libros sobre el tema, y sobre los perfiles políticos y humanos de sus integrantes, la declaración de cese unilateral es muy importante porque trae un tono especial de gran madurez política, con reconocimiento a la ONU y los procesos sociales, y con alta valoración del momento político y social de la humanidad, con datos acertados y serios al respecto. De otro lado, de Currea considera que la declaración no viene sola sino que es la continuidad de lo que parece ser unos acercamientos discretos, pues están acompañados de liberaciones previas, por parte del ELN, de retenidos en los departamentos del Cauca y Arauca. Estos gestos, al parecer, fueron una respuesta al gobierno por la liberación de Francisco Galán y Felipe Torres, y su retorno a la condición de gestores de paz.

En las organizaciones defensoras de derechos humanos, los procesos sociales y políticos, y las comunidades en los territorios más afectados, el comunicado fue bien recibido y valorado. El movimiento Defendamos la Paz así lo reconoció, al tiempo que valoró también que el gobierno le devolviera el estatus de gestores de paz a Francisco Galán y Felipe Torres, exguerrilleros del ELN. Defendamos la Paz pidió que se hiciera lo mismo con Juan Carlos Cuellar, gestor recientemente detenido y privado de la libertad: “…consideramos como urgente y necesario que el presupuesto que se ha invertido en la guerra sea ahora destinado para cubrir y atender la situación de salud pública”. Además, exigieron al gobierno tomar las medidas necesarias para que cesen los asesinatos contra líderes y lideresas sociales, y se unieron al llamado del secretario de la ONU y el Papa Francisco, para que todos los actores armados en Colombia y el mundo cesen el fuego y paren las guerras. Más tarde, se conoció la reacción favorable del secretario general de la ONU, quien acogió con “beneplácito el anuncio” de cese unilateral del ELN, y pidió a otros grupos armados que hagan lo mismo.  

Organizaciones sociales y políticas como el Congreso de los Pueblos, cuya presencia campesina abarca varios departamentos y regiones donde hace presencia la guerrilla del ELN, se manifestaron complacidos con el anuncio de cese unilateral, por considerarlo un alivio para las comunidades; además deja la puerta abierta para que se dé continuidad a los diálogos de paz, y se acuerden condiciones para adelantar acciones humanitarias en los territorios.

Sería fundamental que no paren los gestos de paz, dice el analista Victor de Currea Lugo, y que el gobierno le concediera la libertad a Juan Carlos Cuellar y se le encomendara la tarea de construir los puentes necesarios para reanudar los diálogos de paz. También, como acto humanitario, y dentro de lo establecido en el decreto de emergencia carcelaria, el gobierno no tendría inconvenientes legales y políticos para liberar presos de esa guerrilla.

Debates de analistas y defensores de derechos humanos y constructores de paz, coinciden con estas apreciaciones, y algunos consideran que este es un momento político diferente que llama a pensar de otra manera, y a ponerse a la altura de salidas que privilegien el valor de la vida, la salud de la gente y del planeta.

Los acuerdos humanitarios en territorios como el pacífico colombiano, especialmente en Chocó, en el departamento del Cauca, y en la zona del Catatumbo del departamento de Norte de Santander, lugares donde las comunidades, los procesos, la insurgencia, los organismos internacionales y el mismo gobierno han tenido experiencias valiosas, son posibilidades más cercanas para que las partes tomen confianza y reanuden el proceso con acciones concretas: desminado, sustitución manual y voluntaria de cultivos de uso ilícito, entrega de retenidos, diálogos territoriales, campañas de salud, planes de vida y autogestión, de soberanía alimentaria, podrían abrir paso a las noticias que esperan los y las colombianas.

 

 

 

 

 

 

Señor Daniel Quintero: Me dirijo a usted, fiel encarnación de la crisis ética y política del país.

 

El 20 de febrero del 2020, usted, otro de los decepcionantes “independientes”, demostró con quiénes se compromete a la hora de gobernar —evidentemente no con quienes fuimos sus votantes... quienes nos dijimos que “¡era el mal menor!”, así de mal está todo. Es importante explicarle por qué es una barbaridad lo que hizo. Por qué está mal que viole la autonomía universitaria, que viole ese recinto con la violencia de los esbirros del orden por el orden. Que vuelva inseguro el único lugar donde tenemos el privilegio de refugiarnos de la violencia de una sociedad podrida por la muerte.

¿Le preocupa la violencia?, ¿le preocupa el terror? ¿Se da cuenta que le escandalizan más unos explosivos artesanales que el asesinato de un joven de 15 años la semana pasada en San Javier? Eso pasó un par de horas antes del asesinato de un hombre de 30, aparentemente por cruzar una frontera trazada por los violentos que ostentan el poder y que también tienen explosivos. Señor alcalde, ¿por qué no les manda al valiente y heroico ESMAD? Esto en medio de las guerras que no son capaces de detener con todas sus operaciones y que parecen acolitar de [la operación] Orión hacia acá. Mientras desenvuelve su show, a nadie le queda duda de que Medellín está repartida en feudos, fiel y terrible representación del orden en Colombia. Solo se les pide a los respectivos señores que mantengan el control y garanticen cierta seguridad —nunca se fue aquello de la donbernabilidad, con sus respectivos cambios de apelativo. Incluso, permiten que se peleen insignificantes fronteras de sus territorios, pues al fin y al cabo no amenazan el orden institucional, no importa mucho a quién se lleven por delante. La ideología de mantener en orden el negocio (o la vuelta) es la misma y todo está bien mientras se mantenga la apariencia de orden para mostrar, ¿no? Lo que importa es que aquí los muertos no hacen tanto ruido como las papas bomba.

 Compañero, —su sonrisa abierta significa que le puedo llamar así, ¿cierto?— hablemos de la universidad pública. A muchas personas les suena a simple egocentrismo aquello de que es difícil comprenderla si no se la ha habitado. Allí se da algo único que parece no darse en las privadas, instituciones de gran calidad académica, sin duda, pero donde tanto los fines como la composición humana varían significativamente.

Quizás debido a las condiciones materiales de muchos de los que llegamos a ella —por mérito y no por privilegio—, realmente la sentimos como una segunda casa. Uno resulta amando cada espacio de la universidad pública. En la universidad pública se come, se duerme, se hacen amigos, se conversa, se comparten ideas, se debate, se hace pereza, se vive, se ama; pero también pasa que uno se ve confrontado y se siente incómodo: ese es el aprendizaje más significativo. Uno se encuentra con personas de todas partes y siente que tiene un deber con la universidad, que no es simplemente un usuario o un cliente. Uno se siente seguro, seguro como no se siente en su otra casa donde la muerte espera en cualquier esquina.

¡Y claro que estudiamos! ¿Vos lo sabés, no? Siempre presumiste de que venías desde abajo. Estudiamos entre todo lo demás porque quienes crecimos en las barriadas sabemos que solo podemos estudiar en la universidad pública, que ella es nuestra esperanza y nuestro lugar. Y no se trata solo de las condiciones materiales. No me refiero solamente a la incapacidad de pagar una universidad privada; algunos nos ganamos becas estatales que nos permitirían estudiar en cualquier universidad, y aun así la buscamos a ella. Cuando uno ha crecido viéndole la cara poco amable a este país, le cuesta encerrarse en una burbuja bonita, llena de futuro y de salvación individual. Solo la universidad tiene ese ambiente, ese espíritu de creer en que la educación, las ciencias y las artes son la solución —o al menos una gran parte— a los problemas del país; y  pensar que nosotros podemos ser los protagonistas de esa solución, no solo los que siempre han protagonizado el problema. Compañero Quintero, ¿en qué clase te enseñaron que los problemas de esta sociedad se solucionaban con pie de fuerza? Así los vienen “solucionando” hace décadas, ¿siglos? Y nada. Y uno cree en eso de la educación, en eso que creías hace unos meses, porque ve crecer a sus compañeros y llega a creer que esto tiene arreglo. Una ingenuidad. Pero así es la universidad pública, es la utopía que aloja utopías.

¿Creés que vas a solucionar el tropel con un grupo de robots desalmados que entran rompiéndolo todo, que interrumpen toda la existencia universitaria?

Uno aprende a convivir con la manifestación violenta llamada “tropel” porque uno conoce peores violencias. Por ejemplo, la protagonizada por el ESMAD. Cuerpo liderado tras bambalinas por vos, el hombre fresco, aparentemente descomplicado, de camisa y blue jean que parece cercano a todos. Que al medio día es sensato convirtiendo un metro ligero en uno pesado y en la tarde le da por violar la institución que en una democracia liberal tiene la función de ser el caldo de cultivo de la sociedad, y que por tanto debe estar libre de la intromisión de los caprichos del gobernante de turno. ¿Quién te está hablando al oído? Vos y yo sabemos que nadie es independiente, que siempre dependemos de los otros, ese es uno de los aprendizajes de la universidad pública, ¿o vos a qué universidad fuiste? No. Es claro que usted no es mi compañero, ni el de ninguno de los que gaseó hoy en aras del falso orden que rige a esta ciudad. Señor alcalde, muchos decían hoy mientras los gases de su horda nos obligaban a salir llorando de los salones, que usted pasó por la universidad pública sin comprender nada. Esto es evidente ahora que se ha reafirmado en su bárbaro error y ha anunciado que lo repetirá. No ha sido el primero en no comprender... ojalá no sea el peor, pues la macabra competencia es reñida.

Pero déjeme explicarle algo: ¿por qué el estudiantado de la Universidad de Antioquia nunca ha atendido ni atenderá a una orden de evacuación? En el momento en que el ESMAD ingresó, los capuchos ya no estaban. Quizás eran infiltrados, quizás no, lo que importa es que, a pesar de los gases, los estudiantes se quedaron haciendo presencia. ¿Por qué? Porque lo público desarrolla el valor de la responsabilidad con lo público, más allá de las diferencias políticas. Y usted está agrediendo lo público. No está agrediendo a los explosivistas, ellos realizan su acto y se van. Su medida es un mal chiste. Usted está agrediendo uno de los resquicios que ha sobrevivido a la privatización de los espacios de socialización y de desarrollo de lo humano, de un “progreso” que no es solo económico. Usted está agrediendo uno de los únicos lugares donde sabemos que nadie nos va a hacer daño indiscriminadamente, hasta que llegue el ESMAD. Usted “tiene” que garantizar “el orden”, pero para hacerlo está dispuesto a violentar a cientos de personas, ¿qué orden es ese? Usted está agrediendo a las personas que se forman en el espacio que encarna la utopía de un país mejor. ¿Entiende la gravedad de agredir ese símbolo? 

Señor alcalde, uno comprende que no es fácil gobernar en este país, menos en esta ciudad. Que lo deben estar presionando de muchos lados, que debe tener favores por pagar. Algo similar le debe estar ocurriendo a Claudia. Nótese que la ingenuidad me alcanza todavía para tenerles buena fe. El truco de la “independencia”, de la política luego del fracaso de los partidos, es la promesa de complacer a todos.

Pero eso es un riesgo demasiado grande. A las alas retardatarias de la sociedad, ustedes —Claudia, Daniel— nunca les han gustado y nunca lo harán, por más que copien la mano dura y la seguridad demoníaca. Al final siempre se toma partido y siempre se le rinde cuentas a alguien. A diferencia del “Presidente”, ustedes todavía pueden enderezar. ¿Para quiénes van a gobernar? El cuento de “gobernar para todos” parece que solo significa gobernar para los mismos, para los de la billetera gorda y la mano en el pretil.

Señor alcalde: recupere la dignidad y retire ese decreto, se lo pido encarecidamente. Respete la universidad. Recuerde sus años en ese recinto que vigila La mujer creadora de energía, de Rodrigo Arenas Betancourt. Y si sigue en la línea que va, está bien. Entonces las cosas están claras. Usted es uno más, nada ha cambiado. Pero no olvide que algo que tampoco cambia es que aquellos que hemos habitado la universidad pública —habitar es diferente a solo transitar por ella, a usufructuarse de ella— no sabemos qué significa abandonarla, por más que usted, un personaje pasajero, dé orden de evacuar. ¿De cuándo acá a uno le ordenan que se vaya de su casa?

 

Sebastián Castro

Febrero 23 de 2020

Medellín

Por Carolina López Giraldo

 

“¿Cómo puede odiarse el pueblo entre sí, si todos padecen la misma hambre y la misma desolación? Pero conviene a los fines de los explotadores este odio, del cual se ríen, porque mientras ustedes se matan por la pasión política, ellos constituyen compañías, reparten dividendos y se apoderan de las tierras”. Grupo de Memoria 2011

 

¿Cómo explicarle al país que un joven, a pocos días de graduarse como bachiller de un colegio público en Bogotá, tenga que dejar cuadernos, lápiz, uniforme y morral por recorrer las calles de la capital de Colombia, exigiendo oportunidades de educación superior para salir adelante junto a su familia? ¿Acaso se le acusa por soñar con educación superior?

¿Cómo explicarle al país y al mundo que el Estado colombiano, en representación hoy del gobierno de Iván Duque, responde con armas letales, balas recalzadas, granadas aturdidoras y gases lacrimógenos a las nuevas generaciones de estudiantes y trabajadores que le exigen en las calles educación, salud, trabajo digno, pensión, y sobre todo el derecho a vivir en paz? ¿Acaso se les acusa a nuestros jóvenes de exigir un real Estado Social de Derecho?

¿Cómo explicarle al país y al mundo que millones de jóvenes, al igual que Dylan Cruz, han sido asesinados y desaparecidos forzadamente por el Estado en sus territorios; en esa Colombia que ha vivido la guerra silenciosamente en todas sus expresiones y que ha instrumentalizado la vida de las nuevas generaciones para la guerra, o para convertirlos en víctimas de un conflicto armado que tampoco era de ellos y ellas? 

La escena registrada para la historia y la memoria colectiva en la cual un agente del ESMAD le dispara a Dylan a menos de 10 metros de distancia, es la escena que se ha repetido miles de veces en Colombia cuando el Ejército ejecutó extrajudicialmente más de 4000 jóvenes en los parajes solitarios y oscuros de la Colombia rural y olvidada; ni qué decir de los miles de jóvenes desaparecidos forzadamente en tantas regiones del país, que fueron dados de baja en circunstancias parecidas, iguales o peores a las de Dylan, en la "limpieza social" de la diferencia o del enemigo en cada región de Colombia. ¿Acaso se le acusa a las nuevas generaciones de tener memoria de su historia reciente, la de una generación de niños, niñas y adolescentes asesinados y desaparecidos por el Estado?

¿Cómo no entender que la muerte de Dylan es un homicidio cometido por un agente del ESMAD contra un joven indefenso de 18 años? ¿Qué pretende la Ministra del Interior reconociéndolo ante la opinión pública como un “accidente”? ¿Si ya está individualizado mediante pruebas audiovisuales por qué no han capturado y judicializado al agente del ESMAD responsable de este homicidio?

Como Dylan son miles más los jóvenes, hombres y mujeres. Es gran parte de la generación anterior a nosotros la que hoy no está en este mundo terrenal debido a la Criminalidad Estatal en Colombia.

¿Cómo no reconocer que la única arma de las nuevas generaciones son sus esferos, el papel, su voz, sus cantos y su enérgica alegría para escribir en la historia indeleble la agonía de un pueblo que quiere romper sus cadenas? La cuchara y la cacerola constituyen la única estrategia, la propiedad con que las usamos nos habla de las clases sociales a las que pertenecemos y representamos; el sonido nos invita pronto a una comunidad que se toma la plaza pública, esa plaza que nos pertenece desde la Grecia Antigua, la polis, espacio en el que se construye la verdadera democracia.

Se han metido con las generaciones que no tienen nada que perder, esas que con memoria, organización y acciones no violentas recorren diariamente las calles de nuestras ciudades movilizando sensibilidades políticas frente a las injusticias estructurales de esta adolorida Colombia.

En palabras de Eagleton, “La única cura para el terror es la justicia, y el terror surge cuando la legitimidad se desmorona”. Es preciso superar el pacto de sangre y silencio en estas violaciones de Derechos Humanos; el primer paso para restaurar la legitimidad es negarse a la complicidad y la impunidad.

 

 

 Por Hernando Steven Oliveros Yara

En la capital del Huila, según la administración municipal, existen 117 asentamientos sin legalizar a lo largo y ancho del municipio. Estos asentamientos llevan más de 20 y 30 años conformados, y por ende no pueden acceder a inversiones que mejoren su calidad de vida. Hasta el momento, solo 28 asentamientos están legalizados en Neiva.

Actualmente, en todas las comunas de Neiva existe por lo menos un asentamiento. Las comunas 3, 5, 6, 8, 9 y 10 son las que cuentan con el mayor número, mientras que en la 1, 2, 4 y 7 se pueden identificar unos pocos. El proceso de legalización ha sido complicado, lento, y vislumbra un panorama de zozobra. Algunos líderes comunales de los asentamientos mencionan que los Estudios de Amenaza, Vulnerabilidad y Riesgo (AVR) del oriente de Neiva son de hace 20 años y desde entonces no han sido actualizados. Por esta razón los procesos de legalización de los asentamientos no han avanzado hasta el momento.

Al ser legalizados, aumentan las probabilidades de que sean tenidos en cuenta por la administración municipal, lo que significaría que son reconocidos como lugares habitados y habitables que requieren proyectos e inversión en infraestructura. Lo paradójico es que muchos asentamientos cuentan con todos los servicios públicos, y pagan por ellos; pero no todos están legalizados.

  

La actual administración ha legalizado diez asentamientos de diferentes sectores de Neiva. Algunos de ellos venían con un proceso avanzado de años atrás. En la comuna 10, por ejemplo, se han legalizado los asentamientos Neiva Ya, Palmas II, San Bernardo, Sector Barreiro y Camelias. Y están ad portas de una posible legalización Machines, Palmas III y Álvaro Uribe, este último tiene la particularidad que dentro de los terrenos ocupados hay predios privados. Sin embargo, la comunidad no está del todo satisfecha con el proceso de legalización. De las 185 familias que habitan en Camelias, solo legalizaron 73, y en Sector Barreiro solo 52 de las 140 familias.

Las personas que habitan los asentamientos están a la expectativa de que la próxima administración tenga un compromiso con esta sentida necesidad. Piden que se haga un Plan de Ordenamiento Territorial que incluya los asentamientos del municipio, que se actualice el estudio del AVR, y se ejecute el proyecto de mitigación de riesgo que necesitan. La legalización es un gran beneficio para estas personas, pues así contarían con un terreno propio, y contarían con las escrituras necesarias para poder acceder a créditos y construir o realizar mejoras. De momento, muchas familias no tienen la posibilidad de aplicar para el programa de mejoramiento de vivienda que ofrece el municipio, precisamente por no estar en un asentamiento legalizado.

Por su parte la Alcaldía de Neiva, por medio del Área de Asentamientos de la Secretaría de Vivienda y Hábitat, ha informado que continúa ejecutando el Plan de Acción de la Política Pública para los Asentamientos Informales del municipio de Neiva. Hasta la fecha, ha recuperado 88 predios ubicados en los asentamientos informales. Además, las personas ubicadas en 300 predios que se encontraban en zona de alto riesgo, fueron reubicadas y accedieron al beneficio de subsidio y vivienda gratis.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 Varios presidentes de las Juntas de Acción Comunal aseguran que a pesar de contar con muchos problemas dentro de los asentamientos, su mayor deseo es que sean legalizados. Aclaran que si bien es un proceso que tiene unas directrices, sus asentamientos cumplen con los requisitos, y conviene la legalización debido a que muchos de los habitantes quieren mejorar sus viviendas, pero temen hacerlo y que luego estas les sean arrebatadas o demolidas. Debido a que con la actual administración ese deseo no se pudo materializar, piden diligencia por parte de la próxima.

Entre los ciudadanos de a pie, hay quienes afirman que los asentamientos son un negocio que da muy buenos réditos económicos. “Muchas de estas personas se especializan en esta actividad, con el apoyo de políticos y funcionarios inescrupulosos. Una vez invaden le aplican una mejora al terreno y a los pocos meses o años lo venden por intermedio del documento de "compraventa", y quedan listos para invadir en otro sector de la ciudad. Las autoridades saben cómo opera este negocio, pero no aplican ningún control, a sabiendas de que este tipo de asentamientos o barrios son la principal razón del crecimiento desordenado y sin ninguna planificación de la ciudad”.

Negocio o no, lo cierto es que tanto la administración municipal, los líderes, y presidentes de las JAC deben ponerse de acuerdo, y trabajar mancomunadamente para hallar soluciones a la problemática. A diario siguen apareciendo nuevos asentamientos en donde, muchas veces, se vive en condiciones precarias, a diferencia de los que, tal y como lo mencionan algunos ciudadanos, habitan personas que solo pretenden lucrarse económicamente del asunto.

 

 

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