Riosucio tiene un nuevo diablo entre sus hijos

A finales del año que acaba de terminar la junta organizadora del Carnaval del Diablo en Riosucio – Caldas le informó al maestro Ovidio Rúa Figueroa, teatrero y músico, que había sido nombrado “hijo adoptivo de Riosucio”. Esto en reconocimiento a su aporte cultural al carnaval, a su constancia en la participación activa en él y cómo reconocimiento a la vinculación estrecha de su hermano, el fallecido juglar Juan Guillermo Rúa, el primero de la familia que se enamoró de esta fiesta popular.
Conversamos con Ovidio a propósito de esta distinción y aquí está lo que nos contó.

Los orígenes del Carnaval del Diablo:

Sobre los orígenes del Carnaval del Diablo, les puedo contar lo siguiente: en la época de la colonia, lo que hoy es el municipio de Riosucio estaba dividido en dos caseríos: Quiebralomo y La Montaña. Quiebralomo estaba habitado por los esclavos negros traídos de África para trabajar en la minería y por los europeos, especialmente ingleses, dueños de las minas de oro de esa región. El otro caserío, La Montaña, estaba habitada por indígenas originarios de la región y por religiosos españoles que cumplían su labor de evangelizadores.

Entre esas dos comunidades existía una rivalidad propia de las diferencias culturales de cada una. Los negros trataban de mantener las costumbres de su tierra que les arrebataron al traerlos esclavizados a esta tierra, por su parte los indígenas adoraban a la madre tierra y al sol. La tierra estaba representada simbólicamente por medio de la diosa chicha y el sol era representado por el jaguar o tigre americano. Llegó un momento dentro de la labor evangelizadora de los frailes españoles en el que decidieron unir estas dos comunidades y para lograrlo más fácilmente asimilaron las creencias de los indígenas al imaginario católico y es así como a la diosa chicha, la “convierten” o asimilan a la católica virgen de la Candelaria; y al jaguar lo convierten en el diablo (personaje este que siempre ha tenido un lugar muy especial en la cultura negra africana).

Ya propiamente hablando de los orígenes del carnaval, estos nacen de la “permisividad” de los religiosos españoles que permite a los pobladores de los dos caseríos recién unidos realizar para la fiesta de reyes una celebración donde no había ningún tipo de restricción y así comenzaron a celebrarse estas festividades que hoy conocemos como Carnaval del Diablo. En ellas tanto negros como indígenas recuperaban las costumbres de cada uno. La figura principal de esta celebración es el diablo porque es el jaguar- sol que los indígenas todavía adoran y es un amigo entrañable de los negros africanos. Para ambas culturas el diablo es bueno y regala alegría, en contraposición con esa figura atemorizante que la cultura judeo-cristiana nos ha enseñado.

El Carnaval es así
El Carnaval del Diablo tiene como característica particular la oralidad, que es la palabra acompañada de música y vestuario que le transmite a los asistentes diversidad de temas que durante su duración se desarrollan. Para ello los participantes conforman las llamadas “cuadrillas” y cada una de ellas elije un tema sobre el que va a versar su participación y sobre ese tema componen 4 canciones que son las que presentan a lo largo del carnaval.

Yo empecé a asistir al Carnaval del Diablo hace 24 años. Allí llevé una propuesta de cuadrilla que rompía un poco con la costumbre que se tenía de que las canciones que presentan las cuadrillas participantes en el carnaval eran parodias con ritmos heredados de los españoles como el pasodoble. Desde el principio yo comencé a llevar canciones con ritmos autóctonos compuestos por nosotros mismos. Así mismo introdujimos en la ejecución de la música instrumentos electrónicos que hasta ese momento no se utilizaban por ninguna de las cuadrillas. Esto al principio generó malestar y oposición en algunos de los organizadores y participantes del Carnaval, pero también hubo gente que nos respaldó en esa innovación. Con el paso del tiempo se ha reconocido, incluso por parte de muchos de los que se opusieron al principio, que hemos hecho un aporte importante al carnaval. Y eso motivó la resolución que me nombra como hijo adoptivo de Riosucio.

En lo personal, esta distinción me genera una satisfacción muy grande porque es un reconocimiento que lo siento como muy generoso por parte de los organizadores, ya que yo nunca he aspirado a eso y mi participación en el carnaval es y ha sido siempre un gran espacio de disfrute y así seguirá siendo.

El Príncipe desolado
Este año con la cuadrilla presentamos una propuesta que titulamos “El príncipe desolado”, que en pocas palabras está tomada del drama de Lilith y Luzbel después de ser expulsados del paraíso y las situaciones que se presentan entre “los buenos y los malos”. Se trata entonces, en lo que llevamos al carnaval, de quitar ese estigma de la maldad, porque en el drama de Luzbel y Lilith se percibe claramente que quien está en el poder señala al otro de malo pero él mismo es bueno así masacre o cometa los crímenes que sea.

Para nosotros esta es una tragedia muy común y muy vivida en nuestro tiempo y en nuestro país, porque desde el discurso de la ética civilista se justifica y se lleva a la praxis una ética bélica; aprobando los actos horrendos de los amigos, pero condenando los actos horrendos de los enemigos. Ese fue el mensaje que quisimos dejar para el carnaval este año.
Modificado por última vez el 16/06/2012

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