Entren que caben cien

El Timbalero sonó con fuerza. La versión del coro más conocida de Héctor Lavoe. El salón del club de ejecutivos en el piso 30 del edificio Tequendama estaba con sobrecupo. “Entren que caben cien, entre que solo falta usted”, retumbó con fuerza en la voz del cantante; enseguida y ante la invitación del artista, desde la multitud fueron desfilando los sombreros caribeños y las marimondas, las decimas de los afros y el tiple y la machetilla de los norte santandereanos, las mujeres y la comunidad LGTBI, los llaneros, todo el centro oriente colombiano, y las comunidades de fe e iglesias. En pocos minutos estaba el escenario lleno de color, lleno de país, y los que no habían sido llamados querían pasar al escenario, querían participar de la fiesta.

Así, con alegría y rompiendo esquemas, la Mesa Social para la Paz le daba la bienvenida a cerca de 500 personas que reflejaban toda esa diversidad étnica, cultural y de clase que contiene nuestro país. Con esta puesta en escena, con esa explosión de alegría, el mensaje de la participación había sido bellamente expresado. “Entre usted también, empresario, Gobierno y todo el mundo, en esta propuesta caben todos y todas porque con los que se discute, se dialoga y se construye paz, y el país es también con los diferentes, con los contradictores”, así lo manifestó Marylen Serna, una de las lideresas del Congreso de los Pueblos y del comité de impulso de la Mesa Social para la Paz, quien además hacía las veces de maestra de ceremonia.

La Mesa Social para la Paz nacía oficialmente después de trasegar un año, en el que se dedicó a crecer, a conversar con todos y todas, a llenar de contenido la propuesta de participación y diálogo nacional para construir colectivamente la paz de Colombia. En esa tarea, fue fundamental el Comité de Impulso de la Mesa, que se había conformado en noviembre de 2015. En ese entonces acudieron al llamamiento más de mil personas que representaban 48 grandes procesos con cientos de organizaciones, entre las que se destacaron las comunidades de fe, iglesias menonitas, presbiterianas, musulmanas, que llegaron de regiones y del extranjero. También las comunidades afro y los indígenas. Esta era la cuota inicial de un gran movimiento por la paz.

Grande fue la sorpresa cuando Daniel García Peña, profesor de la Universidad Nacional, quien acompañaba en el protocolo a Marylen, invitó a dar un saludo al ex vicepresidente Francisco Santos del Centro Democrático. El auditorio enmudeció, era osado que una figura abiertamente contraria a la mayoría de los que llenaban el recinto se apareciera allí y mucho más para tomar la palabra. “Todos dirán que estoy en el lugar equivocado", manifestó Santos, y rompió el hielo; según el ex vicepresidente, la propuesta de participación de la Mesa Social para la Paz le gustaba, y hasta dijo que compartía la agenda del ELN, de la participación y el diálogo, y que estaba dispuesto a firmar el pacto que se proponía, el cual conservaba ese espíritu. Le aplaudieron y no hubo tomates ni insultos.

Es que la propuesta de participación de la Mesa Social para la Paz, y su invitación a ambientar un gran proceso democrático nacional para construir un país plural, justo, a través del diálogo entre los más diversos sectores, parece que le suena cada vez a más personas y procesos. Según la exposición que hizo uno de sus miembros, esta propuesta consta de tres pasos: ambientación y pacto político para el diálogo y la participación, que se haría después de caminar los territorios, hablar con las comunidades y sectores y sondear los temas polémicos de nuestra sociedad, tratando de construir una agenda común de país. Este pacto se acordaría entre la sociedad, el Gobierno y el ELN en la mesa de Quito, pero se desarrollaría fuera de allí. Una segunda etapa sería la deliberatoria o de diálogo nacional, debate, sistematización, y ordenamiento de los espacios en donde se concentrarían los temas de agenda de transformaciones necesarias para la paz y la democracia, que constituyen la tercera etapa de negociación de esa agenda junto con los acuerdos necesarios para la transformación. La refrendación e implementación se desarrollarían en la medida que la sociedad tenga capacidad de llegar a acuerdos, algo así como acuerdo alcanzado, acuerdo refrendado e implementado. Eso le propondrían a la mesa de Quito las organizaciones que se sumen a la iniciativa, que según dijeron sigue siendo un borrador al que le falta aún y que van a someter a la construcción colectiva. Participar es paz fue y será la consigna que impulsen en adelante.

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