Equipo Periferia Bogotá

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A los hermanos Castaño, Fidel y Carlos, les robaron 43 vacas de su finca “La Tanga”, en Turbo, Antioquia. Ellos tomaron venganza la noche del 14 de enero de 1990. Fueron a Pueblo Bello, por donde supuestamente pasaron las vacas robadas, sacaron a golpes a 43 campesinos de sus casas, los montaron en un camión y se los llevaron, diciendo que eran ayudantes de las Farc; grupo armado al que responsabilizaron del robo. 43 vacas por 43 campesinos.

A los 25 días de los hechos, los familiares de los secuestrados recibieron una llamada en la que les decían que podían reclamar los cuerpos de sus seres queridos en el hospital. Solo había seis bolsas negras con restos, tirados en un rincón del Hospital de Montería; contó una de las víctimas, en su denuncia ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos. 25 años después de lo sucedido, en enero de 2015, los paramilitares solo habían entregado siete cuerpos, de los 43 desaparecidos en 1990.
Por esa época, Ramón García era un joven desplazado de Pueblo Bello, que huyó con su familia a Medellín, obligado por los paramilitares. En la ciudad comenzó a estudiar en el Liceo Consejo y uno de sus profesores, que era docente de la extinta Escuela Popular de Arte de Medellín (EPA), lo invitó a que asistiera a clases de arte. Allá, Ramón aprendió lo “técnico y lo poderoso” –dice– que sabe del teatro.

Cuando cualquier grupo armado llegaba a una finca campesina, obligaba a las familias a salir corriendo con lo poco que tuvieran puesto o lo que alcanzaran a tomar en el instante. Si no se iban, les prometían la muerte y no era una amenaza. Fue poco lo que estuvo Ramón en la EPA, porque tuvo que volver a Pueblo Bello a recuperar alguna ropa, cobijas, ollas y otras cosas que su familia no había alcanzado a sacar de la finca el día que los desplazaron. Ramón pensaba ir rápido, volver a Medellín y a la EPA y formarse como artista; pero lo sorprendió un accidente –no tan accidental- que cambiaría su vida.

“El día que volví a Pueblo Bello pensé que podía sacar las cosas y devolverme rápido, pues me habían dicho que el ambiente estaba calmado, es decir, que los paracos no habían vuelto”. Ramón ya había sido retenido en tres ocasiones por las Autodefensas Unidas de Colombia y no quería que el regreso a la finca motivara su cuarta retención. Con miedo viajó 15 horas y entró a la casa a recoger sus cosas.

Estando allá, escuchó un alboroto de gente que desde lejos decía que los paramilitares se acercaban al pueblo. Salió corriendo hacia el río, sin recuperar ninguna pertenencia. El afán de sus pasos lo hizo resbalar, cayó en el río y se golpeó la columna. Ramón perdió la movilidad de su cuerpo y se sometió a varias cirugías que le devolvieron parte de la movilidad, mediante el uso de una silla de ruedas. “Mi accidente tiene mucho que ver con el conflicto armado” –dice–. Ramón no volvió a la EPA, pero le quedó lo que aprendió del teatro.

El accidente, permanecer con vida y ver cómo se desangraba Pueblo Bello llevaron a Ramón a formar el grupo Talento y Futuro en 1999, un colectivo de teatro que tenía dos propósitos: exteriorizar el dolor de un pueblo de madres, hermanas, padres e hijos que habían perdido en un solo día a 43 de sus habitantes y, aún más importante, ser una opción distinta para los jóvenes que por la fuerza o por la necesidad se enlistaban día a día en las filas de los grupos armados que tenían influencia en esa esquina del norte del país.

Por la misma época en la que Ramón fundó Talento y Futuro, el 9 de enero de 1999, 150 paramilitares del Bloque Sur, Putumayo, interrumpieron una noche silenciosa en la zona urbana de la Inspección de Policía El Tigre, en el Bajo Putumayo, un pueblo estigmatizado por este mismo grupo como “pueblo guerrillero”. Eligieron 28 personas al azar, las pusieron en un círculo y las asesinaron, acusándolas de ser colaboradoras de la guerrilla. Entre los jóvenes que cerraron los ojos con fuerza, para creer que no veían morir a sus familiares y vecinos, estaba Antonio Santacruz, quien nunca olvidó lo sucedido.

Sin conocerse, Ramón y Antonio tuvieron la misma iniciativa. En el 2010, Antonio ya era docente del Colegio Rural El Tigre, y allí también fundó un grupo de teatro, al que llamó Tierra Fértil, con el mismo objetivo, ser una alternativa distinta y resistir a las atrocidades de los grupos armados. Luego convocó a los alumnos y exalumnos del colegio, por demás el único del pueblo, y desde entonces, hasta hoy, estos jóvenes conforman el grupo. “Fue tanta la expectativa de la comunidad por nuestra iniciativa –recuerda Antonio-, que en la presentación de la primera obra que hicimos no cabía la gente en el auditorio, desde entonces Tierra Fértil tiene como política que todas sus obras se presentan primero en El Tigre y luego en cualquier otro escenario”.

Talento y Futuro y Tierra Fértil, tienen en común que son dos iniciativas sociales alternativas a la guerra y ambas expresan el dolor que el conflicto armado ha dejado en millones de familias colombianas. Por estos colectivos teatrales han pasado más de 500 jóvenes de Antioquia, Chocó, Córdoba y Putumayo que por estar haciendo teatro han dejado de pertenecer a los grupos armados. Como reconocimiento a su trabajo, la Unidad de Víctimas y el Festival Iberoamericano de Teatro invitaron a Talento y Futuro y Tierra Fértil a participar en la obra inaugural del Festival, coordinada por La Fura Dels Baus.

La Fura Dels Baus fue el grupo catalán que abrió el Festival. Su estilo de trabajo consiste en montar un macroespectáculo con luces, fuegos pirotécnicos y un elenco de actores profesionales y amateurs oriundos del país en el que se va a presentar La Fura. Esta vez su obra inaugural solo tuvo actores colombianos, 30 jóvenes víctimas del conflicto armado, integrantes de Talento y Futuro y Tierra fértil.

Estos jóvenes actuaron el pasado domingo 6 de marzo en la inauguración del Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá, con la obra Afrodita y el juicio de Paris, un mito clásico griego. Esta historia consiste en que las diosas del Olimpo se disputan entre ellas quién es la más hermosa y para remediar la discusión Zeus envía al príncipe Paris a que la elija. Cada una le ofrece algo a Paris para obtener el título, la ganadora es Afrodita, pues le promete a Paris entregarle a Helena de Troya, la mortal más hermosa del mundo. Pero el guión de la obra de teatro no contó la historia completa, le faltó narrar que tal “regalo” de Afrodita es lo que desata la legendaria guerra de la ciudad de Troya.

Al estudiar el mito para su presentación, a los jóvenes de Talento y Futuro y de Tierra Fértil, no les fue difícil creer que la discusión entre las diosas desatara la legendaria guerra, pues sus vivencias los han llevado a confirmar que cualquier disputa puede detonar una: el puesto de la diosa más bella del Olimpo o el robo de 43 vacas.

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