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Por estos días el departamento de La Guajira volvió a ser noticia; mala noticia, porque más de siete niños Wayúu murieron y otros tantos están a punto de fallecer de desnutrición en hospitales del Atlántico. Las comunidades de regiones como la Alta Guajira, el Chocó, Cauca, Córdoba y Magdalena son las más pobres de Colombia y existen para el resto del país solo cuando la tragedia que las consume toca límites de crueldad; y son los medios masivos de comunicación los responsables de recordárnoslo, pero también de invisibilizarlos. Forman la alharaca y nos sensibilizan por unos días mientras baja la marea. Sobre las razones de esa miseria no dicen nada, lo ocultan porque sus jefes, los empresarios multimillonarios nacionales y extranjeros, tienen tanta responsabilidad en este drama como los que gobiernan el país y le abren la puerta a los extranjeros para que lo saqueen.

Nadie, salvo la prensa alternativa y popular, investigadores independientes y otros medios con perspectiva social, muy pocos y que por fortuna existen aunque con gran dificultad, tratan de gritar a los cuatro vientos y mostrar con argumentos las razones que consumen a esos hermanos y hermanas en la miseria. Estos trabajos casi nunca son fuente de consulta para los grandes medios ni para los organismos de control.

De acuerdo con un reportaje periodístico hecho en 2015 por el portal Las Dos Orillas, la nación indígena Wayúu, que sería la más grande de Colombia con más de 144 mil integrantes “muere de hambre y sed porque el río madre de la región fue represado y su agua privatizada para el servicio de la industria agrícola y la explotación de la mina de carbón a cielo abierto más grande del mundo”. Se trata de El Cerrejón, que no le deja al país sino pérdidas.

En la Guajira sí hay agua, y hay tecnología que desaliniza el agua del mar, pero es utilizada para mantener fresco el carbón que se va para el extranjero, no sin antes dejar enfermedades y daños ecológicos en la bella costa atlántica, por donde quiera que pase el tren cargado de miles de toneladas de este mineral.

“…Más de 37 mil niños indígenas sufren de desnutrición en esa zona (departamento desértico de La Guajira) y al menos 5 mil han muerto de inanición, aunque autoridades tradicionales Wayúu, como Armando Valbuena, sostiene que el número de pequeños muertos de hambre se acerca, en realidad, a los 14 mil”. Pero contrario a lo que plantean los periodistas de Las Dos Orillas, las cifras no han conmovido a nadie, o por lo menos nadie ha hecho nada para resolver semejante drama, en un departamento que puede ser el más rico del país, por sus reconocidas reservas de carbón, níquel y gas, entre otros.

El maestro Hernando Marín, compositor vallenato de “la Dama Guajira”, nunca se equivocó cuando señaló a su natal departamento como una dama a la que galantean los extranjeros por su riqueza, pero que luego de saquearla la abandonan. Deberíamos hablar de la “Dama Colombia”, a la que le quitaron Panamá, y su petróleo y su oro y su agua y a la que no se cansan de saquear.

Qué podemos decir del más reciente escándalo de Reficar, la refinería de Cartagena, a la cual se le invirtieron más de 8 mil millones de dólares. En 2006, Colombia estaba gobernada por Uribe Vélez y la plata era administrada por su ministro de Hacienda Oscar Iván Zuluaga; el contrato para la modernización de la refinería se hizo con Glencore, una empresa norteamericana que jamás había construido una refinería en su vida, por algo más de 3700 millones de dólares. Esta empresa no solo dejó tirada la construcción sino que salió premiada con 580 millones de dólares, según la Contraloría General de la Nación.

Lo peor es el cinismo que acompaña a los gobiernos sucesivos; a los ministros de antes y presidentes de empresas de ahora; y a los grandes medios masivos de comunicación que ocultan toda esta podredumbre y corrupción, y hasta lavan los rostros de los responsables.

En entrevista que Darío Arismendi de Caracol Radio le hizo a Juan Carlos Echeverry, presidente de Ecopetrol, en octubre de 2015 cuando se “inauguró” la refinería de Cartagena, las alabanzas de un lado y la falsa modestia del otro fueron el común denominador durante muchos minutos (20¨). Allí se minimizó el tema del descalabro financiero y hubo expresiones de Darío Arizmendi de “pero bueno nunca es tarde” para referirse a la demora en la culminación de la obra (10 años). Echeverry por su parte dijo que estaban investigando las irregularidades y que tratarían de rescatar el dinero que se hubiera perdido, no señaló a ningún responsable, por supuesto, pero sí dejó un manto de duda sobre el sindicato de la USO, según él, por la Huelga de 2013 en esa refinería, se habrían perdido 550 millones de dólares; además enfatizó que con esta refinería prácticamente estaría resuelto el abastecimiento de combustible para jet, diesel de bajo azufre, gasolina de alto octanaje, propileno, coke y nafta, y se desbordó en elogios sobre los aportes a la industria, el empleo y el PIB que esta obra representaba.

La refinería aún no está al 100% y según fuentes consultadas por Periferia, no lo va a estar y tampoco va a resolver el tema del abastecimiento, y es posible que se encuentren muchas otras irregularidades de tipo técnico que costarán muchos más millones de dólares al país. Aunque caracol señala a Echeverry como un prohombre de la economía y un inmejorable ejecutivo, es importante recalcar que era el Ministro de Hacienda entre 2010 y 2012, y como tal presidente de la junta directiva de Ecopetrol, cuando ese negocio estaba en plena ejecución, por tanto es responsable en parte de este robo descarado por acción u omisión.

Cuando estalló el escándalo en febrero de 2016, emanado del informe de la Contraloría General de la Nación, el mismo Arismendi manifestó que el único que había advertido las irregularidades del negocio de Reficar en su momento fue el Ministro de Hacienda Juan Carlos Echeverry; y que la única emisora que había denunciado y publicado sobre el tema era Caracol. ¡Que cinismo!. La USO, durante sus 100 años de existencia, ha denunciado cómo los gobiernos y las transnacionales se roban el petróleo colombiano. Fue una huelga de la USO en 1948, la que exigió la creación de Ecopetrol, como empresa estatal; desde hace aproximadamente 20 años vienen denunciando y demostrando como a Ecopetrol se lo roban, como lo privatizan por pedazos; desde hace por lo menos 8 años los dirigentes sindicales de la USO, advirtieron sobre irregularidades en Reficar y por mucho tiempo han exigido que el petróleo se refine en Colombia y en ese sentido han exigido la modernización de la refinería de Barrancabermeja; ningún medio ni organismo de control le ha parado bolas, jamás los micrófonos ni la pantalla, de los medios masivos, han estado disponibles para esta organización.

Es importante señalar algo más: Ecopetrol va a “regalar” Propilco y CENIT, la empresa de transporte de hidrocarburos, otra gallina de los huevos de oro, que le deja algo más del 40% de los ingresos a Ecopetrol. Esta privatización dejaría el cascarón de Ecopetrol quebrado, para echarle la culpa seguramente al sindicato. Vamos a ver si los medios masivos o los organismos de control son capaces de investigar, evitar este despilfarro; publicarlo y denunciarlo.

El 5 de febrero de 2016 se cumplieron cien años del nacimiento de Daniel Santos, el célebre cantante de agrupaciones como la Sonora Matancera y el Cuarteto Flores. El Jefe o El Inquieto Anacobero, como era conocido en los escenarios musicales de América Latina, gozó de un amplio reconocimiento, en especial desde la década de 1940, gracias a su potente voz y a su destreza para moverse en géneros musicales como el bolero y la guaracha. No obstante, existe un aspecto poco advertido de su vida, que no fue de menor valía: su militancia en el movimiento independentista de Puerto Rico y su simpatía por algunos procesos políticos y líderes revolucionarios de la región. Esto, que se reflejó a través de la música y el activismo político, merece ser resaltado, en el marco de la fecha que evoca su nacimiento.

Yo quisiera una bandera
Daniel Santos nació en San Juan en febrero de 1916, en el seno de un humilde hogar. Desde muy joven se vio abocado a trabajar en diversas labores, al tiempo que se dedicaba con inusitado interés al canto, lo que le valió para ser “descubierto” y tenido en cuenta en diversas agrupaciones menores. Con el paso del tiempo, y de la mano de la portentosa voz que lo acompañaba, recaló en conjuntos de reconocida importancia. El compositor Pedro Flores, resaltan algunos biógrafos, fue decisivo en la suerte de Daniel, no solo porque le dio la oportunidad de probarse como cantante en su agrupación a comienzos de los años cuarenta, sino porque puso parte de su repertorio musical (Despedida, Irresistible, Linda, entre muchas más) a su disposición. El culmen de la trayectoria musical de El Jefe fue su arribó en 1948, a la más importante orquesta del Caribe de la época: la Sonora Matancera.

A la par de la trayectoria musical, se gestó en el cantante boricua un profundo sentimiento nacionalista que se fundamentó en el reconocimiento de que su lugar de origen era una colonia de Estados Unidos, a la que se le negaba el derecho hasta de tener una bandera propia. Ese sentimiento generó en Daniel una actitud de rechazo a la presencia de la potencia del norte en los destinos de Puerto Rico, convirtiéndolo en un apasionado promotor de la independencia de la isla. Además, un hecho vivido de forma directa por él, fortaleció sus posturas independentistas: en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, fue alistado, al igual que muchos jóvenes nacidos en Puerto Rico, en las tropas de EEUU, y enviado a una guerra que le era ajena.
A su regreso a Puerto Rico, Daniel Santos grabó junto a Pedro Ortiz Dávila un LP titulado Los Patriotas, con canciones que cuestionaban la injerencia de Estados Unidos en los asuntos de la isla, y que llamaban a los puertorriqueños a luchar por la independencia. De las doce canciones, seis son autoría de Daniel Santos: Soldados de la Patria, Mi Patria es mi Vida, Yankee Go Home, Protesto, Los Tres Mosqueteros, Mi Credo. En Soldados de la Patria el anhelo de la independencia de Puerto Rico es evidente:

Estas dos voces que están cantando,
por todo el mundo piden la ayuda
para su lucha por libertad,
porque esta tierra no se regala
y no se vende, ni se permuta,
jamás se presta y no se da.

La conciencia de la doblegación de Puerto Rico se expresó en Daniel Santos también en el activismo político. Como lo resalta Josean Ramos, uno de sus biógrafos, después de la Segunda Guerra Mundial, Daniel se convirtió en seguidor del Partido Nacionalista de Puerto Rico, fundado por el líder Pedro Albizu Campos. Desde entonces, el cantante no escondió su abierta militancia en la causa independentista, la cual continuó plasmando en sus composiciones musicales. En 1960 grabó en compañía de Mike Hernández un disco con canciones cuyas letras reflejaban su postura frente a la situación de Puerto Rico. Los temas, todos de su autoría, tienen los siguientes títulos: La masacre de Ponce, Yo quisiera una bandera, Ayúdame paisano, Himno y bandera, Pobre jibarito, Viva mi bandera, Liberación, Esto es mío, De Diego, Betances y Don Pedro, Gloria incompleta, Un paso adelante y El grito de Lares.

Además de canciones, Daniel Santos también fue autor de varios manifiestos políticos que alimentaron el ideario de un grupo clandestino fundado por él en 1972 con el nombre de “Patriotas Puertorriqueños”. Estos documentos, descubiertos recientemente, ponen de manifiesto que Daniel Santos fue, además de artista, un individuo con ideales políticos relacionados con la situación de Puerto Rico, postura que mantuvo hasta sus últimos días, y que siempre le acarreó problemas con el FBI, el Departamento de Estado de Estados Unidos y con el Cuerpo de Investigaciones Criminales (CIC) de Puerto Rico.

Dale la mano a tu hermano
El anhelo independentista de Daniel Santos lo llevó a mirar con simpatía procesos revolucionarios que ocurrían en países de la región. Esto se plasma en múltiples canciones que compuso y cantó, por ejemplo, a favor del proceso cubano, contra la ocupación de Estados Unidos de República Dominicana en 1965 y a favor del proceso panameño de Omar Torrijos. Entre las canciones más destacadas figuran Sierra Maestra (que se convirtió en una especie de himno del Movimiento 26 de Julio de Cuba), Que me pongan en la lista (grabado con la orquesta del cubano Orestes Santos en 1960) y Si Fidel es comunista, en donde se cantan cosas como las siguientes: “Si las cosas de Fidel/ son cosas de comunistas/ que me pongan en la lista/ que estoy de acuerdo con él”. A propósito del triunfo cubano de 1959, Daniel Santos escribió Levanta Borinquén, donde le recuerda a sus compatriotas que allí tienen ellos un ejemplo para imitar: “No ruegues más Borinquen con palabras/ no ruegues más tu ansiada libertad/ levanta y glorifica tu bandera/ que el mundo está cansado de esperar/ Si Cuba con valor fue a la manigua, tú puedes irte al campo y el manglar/ Olvídate del dicho de la antigua/Que nada ya se saca con hablar”.

A raíz de la invasión de Estados Unidos a República Dominicana en 1965, Daniel compuso ¡Despierta, dominicano!, canción que generó profundos sentimientos de dignidad y movilizó el deseo de justicia en pobladores de la isla ocupada y de la región:

¡Despierta dominicano!;
¡despierta, que amaneció!
Dale la mano a tu hermano para que reine la unión;
para que respeten tu bandera,
para que respeten tu Nación.

También cantó Daniel Santos al proceso político que se abrió con la presencia del General Omar Torrijos en Panamá en 1968. Se recuerda que el cantante boricua compuso doce canciones bajo el título de “Revolución”, grabadas con la orquesta de la Guardia Nacional de Panamá en 1969. Las canciones se titulan La revolución, El campesino, Felicidad para todos, Su amigo el guardia, El abarrotero, El pescador, 11 de octubre, Chorrillo y marañón, El indio y la revolución, That old revolución, Inmaculado corazón y La noticia. También escribió una canción en honor a Camilo Torres Restrepo luego de su muerte ocurrida en 1966, y cuya letra dice: “Murió cual mueren los héroes que quieren a su patria de verdad y dan el todo por nada contra toda adversidad. Hombre de honor y coraje, roca de la lealtad, sufriendo sin inmutarse la injuria, la calumnia y la maldad”.

Como es apenas comprensible, las expresiones abiertas de nacionalismo y rechazo a la intromisión de Estados Unidos en la región, le acarrearon a Daniel Santos problemas. Se recuerda, por ejemplo, su expulsión de Costa Rica en 1960, en el marco de la VI Reunión de Consulta de los Ministros de Relaciones Exteriores de la Organización de Estados Americanos (OEA), cuando pretendió cantar en un acto de simpatía a la delegación cubana que se prestaba a participar en el evento. No obstante, ni este tipo de sanciones ni el sentirse expiado (como de hecho lo fue) por organismos de seguridad de Puerto Rico o Estados Unidos, hicieron que el cantante boricua renunciara a sus deseos de ver a su isla convertida en una nación independiente y con una propia bandera.

Los primeros dos meses del gobierno de Mauricio Macri muestran el cambio regresivo que implicó el triunfo de la Alianza Cambiemos en el balotaje del 22 de noviembre de 2015, tras ganar la elección por muy poco –el margen fue de 2,7%-. El nuevo gobierno se lanzó de lleno a la aplicación de medidas con un profundo sentido neoliberal.

En los primeros días bajó los impuestos a las exportaciones agropecuarias y liberó el precio del dólar oficial, que en una sola jornada aumentó casi un 50%. Como consecuencia inmediata, amplió las ganancias de empresas exportadoras y grandes terratenientes y al mismo tiempo aumentó el precio interno de los principales productos de consumo, golpeando el bolsillo de la clase trabajadora.

Pocos días después, el gobierno avanzó de forma ilegal sobre la ley de medios audiovisuales sancionada durante el 'kirchnerismo', que recoge la lucha por la democratización de la comunicación impulsada por medios comunitarios, alternativos y populares. Así, Macri impuso por decreto un nuevo ente, desconociendo la ley, y ahora pretende invalidar concursos donde medios populares obtuvieron licencias para transmitir en radio y televisión. Esta ofensiva está impulsada por los principales medios privados del país, en particular por el grupo Clarín, que de acuerdo a las normas antimonopólicas debería desprenderse de gran parte de su conglomerado de medios.

Luego, entre fines de 2015 y los primeros días del año, comenzaron los despidos en los organismos públicos, acompañados también por las firmas privadas. Si bien aún no hay estadísticas certeras, en parte por la desprolijidad del proceso, diversos medios mencionan una cifra superior a 25 mil personas que perdieron su trabajo. Estas cesantías, a su vez, golpean en particular a la fuerza laboral precarizada –empleada bajo contratos “flexibles, casi sin derechos–, parte de la herencia neoliberal de los 90 que no fue tocada por los gobiernos kirchneristas, facilitando ahora los despidos.

La última de las medidas más relevantes fue un aumento de tarifas de luz: el precio del servicio -que se mantiene privatizado- subió entre el 300 y el 700%. Tarifa que además se trasladará rápidamente a los precios de todos los productos; esto significa la pérdida de ingresos para la mayoría de la población.

En simultáneo, se ha endurecido la represión a la movilización popular con episodios de persecución a organizaciones políticas, sindicales y sociales. Un caso es el de la dirigente social Milagro Sala, detenida por liderar un acampe frente a la gobernación de Jujuy.

En el plano internacional, Macri ya se convirtió en un presidente directamente alineado con EEUU. Allí se inscriben los ataques a los procesos de cambio más avanzados del continente, como el de Venezuela; la renegociación con los llamados Fondos “buitres”, reconociendo la deuda externa ilegítima e inmoral a favor de esos acreedores especulativos; y la asistencia al Foro de Davos para negociar los próximos pasos de “apertura” al gran capital norteamericano y europeo.

En ese marco, la canciller argentina Susana Malcorra ya anticipó que “el ALCA no es una mala palabra” y Macri presiona por la rápida firma de un acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea. Incluso, no es descartable que Argentina vire abiertamente hacia la Alianza del Pacífico y con ella hacia el Acuerdo de Asociación TransPacífico (TPP, por sus siglas en inglés). Este proceso se da en el contexto de una búsqueda por debilitar los nuevos mecanismos de integración regional –en particular, Unasur y CELAC-, relegitimando el rol histórico de la OEA como un espacio regulador de la geopolítica continental.

La orientación, a nivel global, está al servicio del libre acceso a territorios y mercados por parte de las corporaciones extranjeras, profundizando el modelo extractivista -de saqueo de bienes comunes-, que ya predominaba en la economía del país.

Mientras todo esto ocurre, los principales medios privados han pasado a realizar una abierta defensa de las políticas de Macri; presentan una visión favorable al gobierno en todos los temas e invisibilizan las protestas en su contra, que se registran prácticamente todos los días desde su asunción como presidente.

El movimiento popular ante el cambio de etapa
Las medidas aplicadas evidencian la magnitud de lo que se jugó en el último proceso electoral en Argentina. A partir del resultado en la primera vuelta del 25 de octubre, el movimiento popular ingresó en un debate en torno a qué hacer en el balotaje que enfrentó a Macri con el candidato del Frente para la Victoria, Daniel Scioli, representante del kirchnerismo. Ante la disyuntiva, una gran cantidad de organizaciones convocó a votar en blanco, planteando el carácter capitalista de ambos candidatos. El movimiento Patria Grande, creado a partir de la confluencia de una decena de organizaciones en 2014, convocó a votar críticamente a Daniel Scioli, bajo el concepto “No da lo mismo”, y consideró que el llamado al voto en blanco favorecía las chances de Macri.

A poco andar, el nuevo gobierno confirmó la última de las hipótesis. Macri representa un bloque político directamente alineado con los centros de poder del capitalismo global, dispuesto a desarrollar una política de shock que favorece a las grandes empresas y perjudica al pueblo trabajador. En el plano regional, tiene el objetivo de romper la alianza entre los gobiernos de izquierda y el bloque neodesarrollista (ALBA + Mercosur), articulándose con los gobiernos neoliberales de la Alianza del Pacífico, en un movimiento de gran importancia para el futuro del continente. Se trata de un cambio que no puede resultar inadvertido para las organizaciones con vocación revolucionaria.

El campo popular argentino, ante la nueva etapa, presenta por un lado una tendencia sostenida a la movilización popular, asentada en pisos de politización y organización mayores que en la etapa neoliberal anterior (1989-2001). Sin embargo reproduce un alto grado de fragmentación, que perjudica el proceso de resistencia a las medidas antipopulares. Las movilizaciones son numerosas, pero dispersas. Y las organizaciones tienen enormes problemas para consolidar procesos de unidad que ofrezcan respuestas a la altura del momento político.

En una cultura organizativa donde aún predominan el divisionismo y la competencia entre fuerzas del mismo campo por sobre la cooperación, y donde los balances autocríticos son bastante escasos, los procesos de unidad orgánica de los movimientos se cuentan con los dedos de una mano. Aún así, existe un amplio proceso de movilización por abajo que continuará dando batalla y presentando nuevos debates.

La gran incógnita, en los próximos meses, es hasta dónde puede avanzar el macrismo con el proceso de transferencia de riqueza de la clase trabajadora hacia la clase propietaria. Es decir, qué capacidad de resistencia efectiva puede desarrollar el movimiento popular en barrios y lugares de trabajo, para oponerse a despidos, aumentos de precios y pérdidas de derechos laborales y sociales en general.

A mediano plazo, el gran desafío sigue siendo la conformación de un proyecto político de alcance masivo, que pueda superar el horizonte capitalista en cualquiera de sus versiones. El escenario implica una nueva prueba de fuego para los movimientos: ¿Cómo pasar de la suma de micro-resistencias fragmentarias a la construcción de un proyecto popular que pueda insurgir como alternativa? ¿Cómo construir la unidad necesaria para que eso sea posible? Discusiones que -más que a una consigna- remiten a la acción política concreta que los movimientos populares deben realizar en el día a día de esta etapa compleja que se abre.

*Periodista e integrante del Movimiento Popular Patria Grande (Argentina)

 

Dicen que ante los ojos de Dios y ante la ley todos los hombres y mujeres somos iguales, aunque esto en la práctica no sea cierto, porque, solo por poner un ejemplo, a las mujeres todavía no se les reconocen los mismos derechos. Sin embargo, algunos hombres y mujeres por igual se han esforzado por vivir en paz, por levantar familias enteras en medio de las adversidades y aportar a su comunidad con su trabajo digno y su esfuerzo.

Hay oficios que no son fácilmente reemplazables, como los que realizan muchas personas de la periferia. Oficios clásicos que las máquinas y el capitalismo tienden a desaparecer, pero que son ejemplares porque se convierten en una forma de resistir la envestida del consumismo y de la tecnología, mitigan la destrucción ambiental y favorecen el bolsillo de su comunidad.

Tato, un artista del calzado
Cuando Gildardo Moreno, también conocido como Tato, tenía apenas tres años, su familia decidió desplazarse desde Anzá hasta Medellín en busca de mejores oportunidades, porque no encontraban qué hacer en este pueblo. Vivieron en diferentes barrios, como San Javier y Santo Domingo, en una época donde era más fácil y rentable unirse a las milicias y al narcotráfico. Tato fue creciendo y se mantuvo lejos de esa vida; decidió trabajar para poder ayudarle económicamente a su familia. Antes de los 17 años ya estaba vendiendo solteritas en los barrios Villa del Socorro, Aranjuez y Santa Cruz, hasta que un día habló con un amigo que trabajaba en una zapatería del centro, a ver si podía ayudarlo a conseguir algo.

— ¡Ah sí! Allá hay un señor que necesita un ayudante, si quiere mañana lo llevo –le respondió.
Entonces se fueron los dos por el sector del huevo en Medellín. Llegaron a una casa de madera vieja de dos pisos, y cuando se presentó el zapatero le dijo que le ofrecía 40 pesos, y además de trabajar le tocaba quedarse a cuidar la casa; poca plata para la época pero le servía a Tato para ayudar a la familia, porque su madre estaba postrada en la cama y su papá no alcanzaba a cubrir todos los gastos.

Sus primeros trabajos eran limpiar los zapatos, empacarlos, organizar el almacén, y apoyar en la soladura, es decir, pegar la capellada a la suela. Al año ya ganaba como zapatero, cuenta Tato mientras pone hilo a la aguja capotera, pero su especialidad era la de solador. Cuando era aprendiz no tuvo accidentes, solo recuerda alguno después de viejo. Gildardo dice esto mientras deja a un lado la chancla y se sube el pantalón estrecho para enseñarnos las piernas y la rodilla.

—Actualmente me duele esta rodilla y antes se mantenía negra del golpe de la horma del zapato, porque antes apoyaba mucho el zapato y lo golpeaba sobre la pierna.
Tato baja su pantalón y una mujer lo llama a la reja para preguntarle que si tiene recargas o minutos. Al regresar recuesta levemente su cuerpo en una estantería llena de zapatos, en su mayoría de mujer, zapatos que no han reclamado y que pronto se alista a botar pues llevan más de 12 meses esperando a que los reclamen.

—Hay días que no cae un peso, no gano ni para el pasaje, pero mantengo trabajo constante y uno espera que llegue la platica. Si no es hoy, es mañana.
Otra experiencia, fue intentar montar un taller de zapatería en Turbo, pero no habían facilidades para conseguir los materiales ni la tecnología, y además no hicieron clientes entonces se regresó y se fue a prestar el servicio militar porque lo cogieron en la calle.

Para Tato es mucha la gente que bota los zapatos, porque según él, por la prisa y la vanidad, mucha gente desecha sus zapatos por daños menores; además, por la oferta de zapatos chinos, que son bonitos y más baratos, pero muy malos en calidad, la gente encuentra fácil comprar y tirar.

—Esos zapatos chinos están hechos con pegas que se sueltan con el mero calor y no se dejan limpiar porque daña la lija y la pega sigue ahí. Por eso no se pueden arreglar –, dice don Gildardo mientras arrima sus lentes a los ojos y toma unos zapatos de dama. Al soltarlos voltea y muestra en una mesa dos discos con unas lijas acabadas y añade:

—Los chinos se acomodaron para que el zapato dure dos meses y comprar otros; los materiales se dañan rápido, se pelan y pierden la textura. Lo peor es que acá en Colombia y en Brasil ya los estamos imitando.
Tato camina hacia afuera entre estanterías llenas de zapatos, cuchillos acabados totalmente, martillos, cueros, lonas, pegantes, tinturas, hormas y un horno artesanal hecho por él mismo, que está contiguo a una sala de internet, usada por sus vecinos para hacer tareas o chatear.
De otra estantería donde pone los trabajos pendientes toma unos tacones y nos muestra que la suela es vacía y la capellada se pela fácilmente y al pintarla pierde la textura:
—Los zapatos de mala calidad se guardan y al sacarlos a los días pueden tener raspones y peladuras ocasionadas hasta por la humedad y el contacto leve de otros zapatos.

Gildardo toma unos zapatos y nos muestra la labor más sencilla: poner una hebilla. Coge una horma para
mostrarnos que él es capaz hasta a hacer un zapato por completo. A pesar de sus capacidades, su dominio total del oficio de la zapatería y de estar en un lugar


donde la gente cuida su bolsillo y puede pagar la reparación, este oficio no le da para cubrir todos los gastos, por eso debe recurrir a otras actividades económicas.

Los zapateros, como la mayoría de quienes tienen oficios de la periferia, terminan haciendo muchos trabajos que se pierden porque no los reclaman y tampoco los pagan; lidian con los sobrecostos en las materias primas y no suben sus tarifas por su servicio a la comunidad; se las ingenian para conocer y reparar los objetos hechos con nuevas tecnologías que ellos no tienen, y soportan las vacunas de las BACRIM, situación latente en los barrios, pero que hasta se ha normalizado.

A pesar de todo esto, don Gildardo Moreno es feliz en su trabajo, y su pasión nos recuerda que estos oficios más que labores románticas son tareas necesarias y urgentes para el mundo.

 

En el marco de la V Asamblea del Coordinador Nacional Agrario (CNA), realizada del 1 al 6 de febrero del presente año en el resguardo indígena San Lorenzo del municipio de Riosucio (Caldas), Periferia conversó con diversos líderes y lideresas nacionales y regionales de esta organización campesina, acerca de las perspectivas y caminos de construcción de paz que desde el movimiento campesino se vislumbran en medio de un contexto de negociación entre el Gobierno Nacional y las Farc-Ep, y de posibles diálogos con el ELN, para la terminación del conflicto armado. Sus voces nos dejaron ver preocupaciones y  retos que como movimiento social vienen planteando.

 

Las ZIDRES, un obstáculo para la paz en los territorios
Para el dirigente campesino y hoy senador de la república por el Polo Democrático, Alberto Castilla, “las Zonas de Interés de Desarrollo Rural, Económico y Social (ZIDRES) son la apuesta del Gobierno nacional por acabar con el campesinado, centralizar el territorio y quitar la facultad a los entes territoriales para ordenarlo y ponerlo en función del empresariado y las transnacionales. Es una política para entregar la tierra como activo a los empresarios y buscar “asociar” al campesino y pequeño productor a su gran proyecto productivo. Esto implica entregar las tierras baldías y acabar con las formas de protección de los territorios como las zonas de reserva forestal”.

Según Castilla, estas medidas se convierten en una forma concreta de obstaculizar la construcción de paz en los territorios. “… consideramos que el reconocimiento del campesino como sujeto político y de sus derechos, la forma como se ordena el territorio, la defensa de la economía campesina, la producción de alimentos, la soberanía que debe tener el campesino para decidir a través de la consulta popular lo que se hace o no en su territorio, son las mejores maneras de confrontar el modelo impuesto por el gobierno en las ZIDRES. De lo contrario el campesino desaparece”, manifestó el senador.

Por su parte Ricardo Herrera, quien fue elegido presidente del CNA en esta asamblea, manifiesta que “nos parece muy importante y respaldamos los diálogos de La Habana, pero nos preocupa mucho que ya no se habla de reforma agraria integral, sino de desarrollo rural. Este va en los términos modernistas del capitalismo y el modelo neoliberal, mientras que la reforma agraria integral ha sido nuestra bandera de lucha desde hace 60 años o más. Nos preocupa mucho que no se toque el problema de la tenencia de la tierra en este país, y que no haya un espacio de participación de las organizaciones campesinas, indígenas, afrodescendientes y populares”.

La participación en la construcción de la paz
Marylen Serna, vocera nacional del Congreso de los Pueblos y del CNA, quien además lidera la Mesa Social por la Paz, señala que “el campesinado ha venido ganando un protagonismo en la movilización social, en la articulación y también en la lucha jurídica por su reconocimiento en la constitución, pero también en la construcción de propuestas de país, de salidas a la situación que vive el campo colombiano. Hay que decir que los procesos de negociación no logran recoger esta perspectiva del movimiento campesino; por ejemplo en los diálogos de La Habana en el punto de desarrollo rural, no se ve una negociación que dé respuesta a este planteamiento del movimiento campesino en cuanto a la distribución inequitativa de la tierra y cómo frenar el despojo de bienes comunes de las comunidades en sus territorios. Ese es un punto donde el campesinado no se siente representado y por ello plantea generar otros escenarios de participación”.

En ese sentido considera que el espacio de negociación que se abriría con el ELN podría ofrecer algunas posibilidades. “Hay un planteamiento muy general; el ELN lo que ha dicho es que va a convocar a la sociedad para la participación; nos corresponde a los campesinos prepararnos con nuestras propuestas, con nuestra articulación, con nuestra fuerza de movilización para buscar unas garantías y condiciones para esa participación y proponer los cambios que se necesitan en cuanto a la tierra, la autonomía, la cultura, la soberanía. Sin embargo eso sigue siendo un atranque pues hasta ahora no hay un esquema de participación abierto, amplio, incluyente”.
Marylen afirma que desde el movimiento social se considera necesario “mirar el proceso de paz con una visión más integral y por eso hablamos de un gran diálogo nacional, y de una Mesa Social por la Paz, porque los actores para construir la paz no son solo la insurgencia y el gobierno. Ellos van a ser una parte importante en cuanto a la negociación del conflicto armado y también algunos componentes del conflicto social, pero eso no es todo. El escenario de paz tiene que ver con la implementación de los acuerdos, así como con un ejercicio real y directo de participación, donde sean las organizaciones y la sociedad representada en distintas instancias, quienes se sienten a negociar de manera directa con el gobierno nacional, no mediado ni dependiente de las insurgencias sino de una forma autónoma. Requerimos escenarios y agendas propias, y son necesarios los ejercicios de movilización para presionar el cumplimiento de los acuerdos”.

Frente a este tema, Ricardo Herrera complementa “nosotros creemos que es importante que se habilite la mesa con el ELN, pero el ejercicio que hemos venido haciendo de fortalecer la organización campesina, de construir plataformas y propuestas políticas, son apuestas reales y hechos concretos para construir la paz. Nosotros no podemos tener como única opción la mesa con las insurgencias, por eso hemos venido construyendo una verdadera paz para nuestra gente, para nuestros territorios, para nuestra nación. No debemos esperar que se establezcan esos diálogos, sino exigir al gobierno, a través de la movilización, que establezca una mesa con el movimiento social y que cumpla los acuerdos. Algo hemos hecho desde la cumbre agraria y, por lo tanto, debemos fortalecer ese proceso”.

Las voces de las regiones
Campesinas y campesinos de todo el país, también expresaron desde su cotidianidad las preocupaciones por una paz que, según ellos, sigue esquiva en las políticas de gobierno, y que debe nacer de las prácticas que tejen las organizaciones sociales en los territorios.

Para Luz Stella Cifuentes de la Asociación Campesina de Antioquia (ACA), existe una gran preocupación en tanto que “… con las comunidades que trabajamos en el suroeste, occidente y oriente Antioqueño hemos conversado y reflexionado sobre esa paz que se está construyendo desde el Estado, es una paz pensada para la entrega de los territorios, porque igual siguen avanzando los proyectos para hacer micro-centrales, para explotaciones mineras, para proyectos agro turísticos pero con visión de mercado, entonces ¿dónde van a vivir los campesinos? Esos son unos acuerdos de paz que buscan un país para las empresas trasnacionales, para el mercado y la producción de dinero, y no propiamente para los campesinos, campesinas, indígenas, negros”.

“La opción de vida nuestra es la paz. Nos hemos visto insertos en una guerra que no provocamos, que no es nuestra; todo lo que hacemos en nuestra cotidianidad como campesinos, son hechos de paz. Estamos recuperando la soberanía alimentaria, producimos nuestra comida limpia y orgánica, nuestros propios abonos. La paz es que todos vivamos en condiciones de dignidad; estamos luchando por una propuesta de economía propia donde la producción, la transformación y la comercialización sea de los campesinos y campesinas, de los indígenas y los negros; estamos luchando por una educación propia, por una salud propia, por recuperar todos esos saberes ancestrales”, puntualiza Luz Stella.

Por su parte Cruz Quilina Piraza de Asoquinchas, municipio Litoral del San Juan al sur del Chocó, manifiesta que: “Como pueblos interétnicos reclamamos la participación de la sociedad en el proceso de paz. En nuestro territorio hay cantidades de macroproyectos, una fuerte presencia paramilitar, y encima, un descuido y desamparo del Estado. En el Alto Baudó se está viendo afectada el agua; en el Litoral del San Juan hay concesiones mineras que comprometen el río San Juan y Condoto, toda la parte del Alto San Juan. Hay otros proyectos como la carretera Panamericana, y la carretera de agua dulce que se va a hacer desde Bahía hasta Tribugá”.

Sin embargo, señala “en el Alto Baudó se está llevando a cabo una propuesta de mejoramiento de planes de vida de los pueblos afro e indígenas; se hizo una minga interétnica con la que se logró que las instituciones del Estado y la gobernación del departamento instalaran unas mesas de trabajo con las comunidades afro e indígenas, para que estas formulen sus propios proyectos y aporten a los planes de vida de los pueblos interétnicos”.

De igual modo Gonzalo Romero, del Congreso de los Pueblos Santander, dice que “en la región queremos la paz, pero no cualquier paz; nos parece muy bien el ejercicio de negociación del Estado con la Insurgencia, pero la paz que nos imaginamos es una donde haya una real participación de la sociedad y se vean resueltas las condiciones sociales, económicas, de salud, de educación y laborales del pueblo. Las manifestaciones del Estado en el territorio no son de paz; por ejemplo, la privatización de las aguas en las provincias Guarentina, Comunera y Veleña para hacer 14 represas; o que el 70% del territorio de Santander esté concesionado a multinacionales mineras; o que en Vélez, Caño Bonito, Cimitarra, Landázuri aproximadamente 3000 hectáreas se le entregaran a una multinacional hindú para la explotación de carbón a cielo abierto”.

Gonzalo cuenta que en su región vienen haciendo esfuerzos para organizarse y trabajar por la paz: “Estamos organizados en torno a la tierra, y a 250 acueductos comunitarios construidos y administrados por las mismas comunidades, como propuesta de resistencia a esos megaproyectos de represas”.

Dagoberto Medina Martínez, Vocero del CNA en el departamento del Tolima, dice que “nosotros hacemos un análisis bien concienzudo en el territorio porque estamos a la expectativa, porque vemos que desde el Estado y las Multinacionales va a haber una andanada de recursos en los territorios que no sabemos de qué índole, pero que van a desestabilizar la región. Estamos aportándole a la paz muy decididamente, con propuestas claras: hay que dignificar al campesino como sujeto político, y los campesinos necesitamos una reforma agraria integral”.

Por último, Gabriel Henao integrante de la Comisión de Interlocución del Sur de Bolívar, Centro y Sur del Cesar y dirigente regional del CNA, señala que “si bien es positivo que se esté hablando de paz en la Habana, vemos en los territorios que están creciendo los grupos paramilitares que nunca se fueron. Hace poco llegó a la zona un grupo de 80 paramilitares a disputarse el territorio, entonces mientras se habla de paz nos despojan del territorio, y esa es precisamente nuestra lucha, por el territorio”.

Según Gabriel, “la propuesta de paz de nosotros es que si la gente tiene donde trabajar, si tiene salud, educación, vivienda y lo necesario para vivir dignamente, puede haber paz, pero parece que eso en la agenda del gobierno no está. Y con nosotros por ejemplo ha habido una mesa, pero el gobierno no ha querido volverse a sentar; quieren cansarnos, quieren dividirnos, pero con el gran paro que estamos preparando creemos que es el momento para hacer sentar al gobierno a negociar con el movimiento social".

Enero de 2016 ha sido un mes terriblemente caluroso en el mundo y también en Colombia. Algunos datos lo demuestran: en España la temperatura ha estado 2.3°C por encima de lo normal; en Argentina se registraron las temperaturas más altas del último medio siglo, por encima de los 40°C; en Bogotá se alcanzó una temperatura record de 25.6°C y en Puerto Salgar el termómetro rebasó los 45°C, la temperatura más alta registrada en algún lugar del país en todos los tiempos.

Mientras el planeta tierra se calienta en forma peligrosa, el 18 de enero la ONG Oxfam dio a conocer un informe sobre la desigualdad en el mundo, en la que señala que el 1% de la población mundial (los supermillonarios) tienen tanta riqueza como el 99% restante; 62 potentados poseen la misma riqueza que 3.600 millones de personas (la mitad más pobre de la humanidad) y la riqueza en manos de esas 62 personas se incrementó en un 44% en los últimos cinco años. Colombia es, a su vez, uno de los países más desiguales del mundo: el 10% de la población más rica del país gana cuatro veces más que el 40% más pobre; 32% de la población es pobre, con ingresos inferiores a 200 mil pesos mensuales y solamente el 2.4% de personas tienen ingresos superiores a 2,7 millones de pesos mensuales; con razón el economista Thomas Piketty acaba de decir en una conferencia dictada en Bogotá que “la desigualdad en Colombia es una de las más altas del mundo”.

A primera vista estas dos informaciones –la de un calor abrasador sin precedentes y la acumulación de la riqueza en manos de unos cuantos individuos– no tendrían nada que ver la una con la otra. Sin embargo, están íntimamente conectadas en una estrecha relación que vale la pena desentrañar, ya que el “misterio” subyace en la esencia del funcionamiento del capitalismo realmente existente.

Ya está establecido que el calentamiento global es el resultado de la producción incrementada de determinados gases, denominados por eso mismo Gases de Efecto Invernadero (GEI), entre los cuales se encuentran el Dióxido de Carbono (CO2), el metano (CH4), vapor de agua y óxido nitroso como los más importantes. A su vez, los GEI se incrementan en la medida en que cada día se producen más mercancías de todo tipo (empezando por automóviles, aviones, barcos, aparatos microelectrónicos). Crecen las ciudades o surgen nuevas; en China en los últimos 25 años han aparecido 160, cada una de ellas con un millón de habitantes, y de esa forma se arrasan los ecosistemas y se destruyen y contaminan las fuentes de agua. Aumentan los viajes y el uso de transportes que consumen energías fósiles. Se industrializa y petroliza la agricultura, y se acaba con las economías campesinas. Se producen a gran escala mercancías desechables, que suponen el consumo destructivo de plástico, papel, cobre y mucho más. En fin, se generaliza la producción de mercancías, pero no con el propósito de satisfacer las necesidades humanas, sino para incrementar las ganancias de los empresarios capitalistas.

Para producir esas mercancías se requieren grandes cantidades de materiales, minerales y energía, principalmente petróleo. Extraer tanto los minerales como el petróleo resulta muy costoso en términos ambientales y humanos, puesto que se destruyen los lugares donde se almacenan esos depósitos de riqueza geológica y se arrasa con las sociedades que allí se encuentran. Esa búsqueda insaciable de nuevas reservas de energía y materiales, en un planeta con recursos limitados, tiene efectos devastadores sobre los ecosistemas y la base natural del planeta, empobreciendo a millones de seres humanos, mientras enriquece a una minoría, formada por los mismos dueños de las empresas de los sectores que contaminan el mundo, y generan la mayor cantidad de GEI.

En efecto, si se observa el listado de las empresas más ricas y poderosas del mundo, como lo hace la revista FORBES, que cada año publica una clasificación de las cien primeras, encontramos que entre las del sector petrolero, Exxon Mobil tiene un beneficio neto de 30.5 miles de millones de dólares, la Royal Dutch Shell, 20.1, y la Chevron, 19. Ese listado se puede extender a los sectores informático, automotriz, transporte aéreo, financiero, agrícola, y comercio mayorista, donde se confirma la misma lógica de grandes ganancias, a costa de la mayor parte de los seres humanos, explotados y empobrecidos, y a la destrucción del medio ambiente.

Al conocer esta realidad, no resulta difícil constatar que son esas mismas empresas, y los multimillonarios que se mueven alrededor de ellas, los primeros en negar el cambio climático y en sostener que no hay de qué preocuparse, porque si se acaban los recursos y la energía en la tierra, nos podemos trasladar a Marte o a cualquier otro planeta del sistema solar. En breve, puede decirse que las empresas capitalistas y los supermillonarios se dedican a destruir y calentar el planeta, buscando aumentar sus ganancias, sin importar el destino de los seres animales y las diversas formas de vida generadas durante millones de años de evolución.

Hoy como ayer, la memoria de Camilo Torres Restrepo vuelve a ser foco de tensión, de contradicción, así como de diferentes reacciones ante su legado tras cumplirse 50 años de su muerte en combate, siendo un insurgente del ELN.

 

Tras las exigencias del pueblo colombiano y de diversos sectores sociales de que sea entregado el cuerpo de Camilo Torres, muchos han salido presurosos a tratar de invisibilizar ese testimonio vivo que se ha convertido en símbolo para Colombia y toda América Latina. Por otra parte, diferentes sectores de la sociedad como los movimientos sociales, organizaciones comunitarias, campesinas, sectores de la iglesia católica, movimientos ecuménicos y en suma, la clase popular, lo han mantenido palpitante como un referente ético, político y espiritual, por su opción comprometida y su coherencia entre el hacer y el pensar; por ser un símbolo de unidad, e incluso, por ser un signo de reconciliación nacional, como lo señala el Arzobispo de Cali, Darío de Jesús Monsalve, lo que plantea nuevas lecturas para transitar la construcción de paz.

La manipulación mediática que hace la burguesía de su memoria -que es la memoria del pueblo colombiano-, a través de sus medios de comunicación, parece evidenciar que la clase minoritaria esconde otros fines al ponerlo en la opinión pública. Sin embargo, esto no es algo nuevo bajo el sol, pues desde que Camilo decidió amar eficazmente a su pueblo, buscaron menospreciarlo, desprestigiarlo y eliminarlo del corazón de quienes creyeron en su mensaje. Camilo fue calumniado y a través de “sesudos” análisis, fue puesto en duda su compromiso con las mayorías empobrecidas; también lo tildaron de títere, de ingenuo, de lobo vestido con piel de oveja, y un sinfín de remoquetes que no lograron, ni han logrado en el devenir de los tiempos, desvirtuar la coherencia entre su pensamiento y su práctica.

Después que Camilo cayó muerto en las montañas de Patio Cemento (Santander), no sólo volvieron a pulular las infamias, las mentiras triunfalistas con la que los usurpadores del poder trataron, inútilmente, de reducir su importancia histórica. Esta vez, lo mostraron como el cura descarriado que se había equivocado de camino al irse a la guerrilla y quisieron borrarlo para siempre de la memoria del pueblo, desapareciendo su cuerpo inerte, al que consideraban un trofeo de guerra. Creyeron ver en ello la oportunidad de enviar un mensaje a los luchadores y luchadoras populares, pues si Camilo había perecido en la búsqueda de las transformaciones sociales, todo aquel que lo siguiera en su ejemplo correría el mismo destino.

A partir de este momento se instauraron una serie de prácticas de terror que se repiten en la historia de nuestro país, y que buscan no sólo eliminar físicamente al contradictor político, sino también borrar su memoria. Luego de endilgarlo de fracasado en numerosas ocasiones, especialmente cuando se conmemoraba algún aniversario de su muerte, salían los coristas del reduccionismo a vociferar que ya solo un puñado de “desganados” lo recordaban, tal como lo muestra un artículo escrito en 1986, “Camilo: el cadáver de la izquierda”. También quisieron suprimirlo de la historia del pueblo colombiano, usando la estrategia de no mencionar siquiera su nombre. Pero Camilo Torres siguió teniendo vida, resonando en la memoria popular, resistiendo ese silencio bullicioso de quienes han visto en su legado un peligro contra sus intereses. Y si no era esa omisión la que se ponía en marcha, era usada la estrategia de encajarlo con el remoquete del cura guerrillero. Su vigencia es muestra de que no hay nada más alejado del sentir popular.

Suprimir al opositor y desaparecer su cuerpo es un acto que nunca más se debe repetir en Colombia, si en realidad queremos alcanzar la paz con justicia social. Por eso, el hecho de que podamos encontrar los restos de Camilo, tras cincuenta años de esa ignominia que es haber escondido su cuerpo al pueblo, a su madre, quien falleció sin poder lograr que se lo devolvieran, debe poner de relieve que esa práctica perversa no puede volverse a repetir jamás.

Para la clase popular colombiana, que devuelvan el cuerpo de Camilo Torres no sólo constituye la oportunidad de darle una cristiana sepultura a sus cenizas, sino sobre todo, recuperar su testimonio vivo, legado al pueblo colombiano: la necesidad de llevar la lucha hasta las últimas consecuencias. Es decir, mantener una opción ética y política que busque transformar de raíz la violencia estructural del Estado colombiano.

En el momento actual, como dice el refrán popular, “vuelve la burra al trigo”, pues los medios des-informativos vuelven a tratar de distorsionar la memoria, buscando con ello oficializarla y perpetuar las mentiras de ayer, hoy y siempre. Desviaciones abyectas con afirmaciones que dislocan los hechos, propenden por oficializar una mirada sobre este ejemplo que es, fue y será Camilo.

Para traer sólo un ejemplo a colación, basta mirar algunas noticias publicadas en medios como El Espectador, en donde apareció recientemente una titulada “Santos confirma que autorizó búsqueda de restos del cura guerrillero Camilo Torres”, en donde el solo titular ya demuestra un sesgo, pues si sus restos son buscados no es por una autorización del presidente, sino porque la presión política de algunos sectores de la sociedad lo han llevado a ese punto. Además, el viejo epíteto de cura guerrillero también es una mirada estrecha y reduccionista para un ser integral como lo fue él. En esa misma noticia, como si fuera poco, se hace una afirmación no menos recargada, en la que se dice que el ELN “le solicitó al Gobierno ubicar los restos de uno de los fundadores de esta guerrilla”. Y esto no es sólo una desfachatez, una falta de rigor investigativo, sino un engaño con fines políticos, pues cómo es posible que afirmen que él sea un fundador del ELN.

Es en este sentido que vale recordarle a la burguesía que aunque traten de usar la memoria de Camilo no son poseedores de ella, ya que los movimientos sociales, el pueblo colombiano, son quienes la han mantenido vigente, viva, palpitante en todas sus reivindicaciones y luchas. Es la clase popular la que por cincuenta años la ha vivido, la ha vuelto camino de liberación. Así lo confirma el hecho que en este cincuentenario diversos sectores sociales estén conmemorando la vigencia de su legado; que estudiantes, católicos, ecuménicos, organizaciones comunitarias, sociales, culturales, y un largo etcétera, a través de manifestaciones artísticas, producciones audiovisuales, acciones callejeras, tertulias, y entre muchas otras actividades que conforman la agenda nacional, estén celebrando que Camilo Vive.

El semanario Frente Unido fue la publicación que acompañó al proyecto político del Padre Camilo Torres Restrepo, y con la cual se pretendió articular aspiraciones y dinamizar la contienda revolucionaria en 1965. Si bien tuvo una existencia fugaz (llegó apenas a trece números), adquirió un protagonismo inédito que merece ser reflexionado a la luz del presente, para comprender el impacto que despertó la propuesta del Padre Camilo en el país y los propósitos que acompañaron al semanario, y que a nuestro juicio fueron educar, agitar e informar, en clave de la construcción de una sensibilidad proclive a la lucha revolucionaria.

1965: un año de agitación política
En 1965 un hecho inédito se registró en Colombia. Un sacerdote que además fungía como investigador social y docente universitario, apenas conocido en ciertos círculos sociales, irrumpió en la vida política nacional, convirtiéndose en poco tiempo en un reconocido líder que, de la mano de la divulgación de un conjunto de tesis que cuestionaban el carácter antidemocrático del régimen que imperaba en el país, promovió la organización de distintos sectores en un frente político para producir un cambio radical de aquel sistema. A esta unión de fuerzas la denominó Frente Unido, la cual fue, sin duda, la expresión más acabada de la parábola política del Padre Camilo. Concebido como un bloque de poder capaz de ponerse a la cabeza de un proceso revolucionario, el Frente Unido surgió formalmente el 22 de mayo de 1965, reuniendo a sectores de las más diversas tendencias (izquierda tradicional, nueva izquierda, cristianos, no alineados, etc.), identificadas en la crítica al pacto oligárquico denominado Frente Nacional.

Entre mayo y octubre de 1965, es decir, desde el momento en que anunció la creación del Frente Unido hasta cuando decide vincularse a las filas del Ejército de Liberación Nacional, el Padre Camilo desarrolló una intensa agitación que contempló correrías por diversos departamentos del país. En reuniones, mítines y conferencias expuso sus planteamientos que se sintetizaban en el cuestionamiento, desde una lectura democrática radical, al sistema político con el que las elites bipartidistas controlaban el país y una crítica a los procederes de la izquierda, que solían estimular enfrentamientos y divisiones. Si bien la presencia del Padre Camilo fue corta, resultó rica en enseñanzas, algunas de las cuales continúan teniendo enorme relevancia.

Una de ellas es la tesis sobre la necesidad de constituir un frente de fuerzas políticas capaz de promover un nuevo país, con una democracia real, es decir, con una activa participación de los sectores populares en la conducción de sus destinos. En su interés por promover una sensibilidad revolucionaria, el Padre Camilo impulsó la creación de un medio impreso que se denominó Frente Unido, el cual a pesar de su corta existencia, expresó no solo el momento político al interior del campo de la izquierda del país, sino que cumplió un papel especial como actor movilizador, al convertirse en un instrumento para informar, educar y agitar a favor del proyecto político del padre Camilo.

Irrumpe el semanario Frente Unido
El 3 de julio de 1965, a su regreso de Lima, el Padre Camilo anunció la aparición de un periódico que tendría como propósito “la politización de la clase popular y la difusión de las ideas del Frente Unido”. El primer número apareció el 26 de agosto de 1965, agotándose pronto los 50.000 ejemplares que se editaron, lo que obligó a una nueva reimpresión en horas de la tarde. En la concepción del líder, el periódico debía ser financiado por las clases populares con su compra, porque como él mismo lo señalaba en las intervenciones públicas, la oligarquía no iba a financiar un periódico que estaba “destinado a derrotarla”. De hecho, el Padre Camilo se refería al semanario Frente Unido como “el periódico de la revolución”.

Las ediciones mantuvieron una regularidad entre el primer número (agosto 26) y el décimo número (octubre 28). El número posterior tardó más de una semana en salir (noviembre 18), y nuevamente hubo una demora en la edición del que vendría a ser el último número, que apareció un mes después de haber sido publicado el doceavo número. Dos razones explican estás interrupciones. En el caso de la primera, por las dificultades propias de la edición y publicación de este tipo de periódicos (escasez de papel, costos, etc.). En la segunda, por el hecho de que Camilo se había incorporado en octubre al ELN, y su ausencia, conocida al interior del Frente Unido, afectó el trabajo del equipo editor del semanario.

En las trece ediciones se utilizaron diversos formatos y en ellas escribieron miembros de las distintas agrupaciones que estaban vinculadas al FU, y que se articularon a las labores de distribución del semanario. También en la tarea de distribución, las denominadas brigadas estudiantiles cumplieron un papel destacado.

Educar, agitar, informar
En la concepción del Padre Camilo, el periódico debía tener propósitos estratégicos como servir para divulgar la plataforma del FU a lo largo y ancho del país, y especialmente entre los sectores populares; además, y esto es importante, debía contribuir a la generación de organización y aglutinar en torno a él a sectores sociales que estuviesen de acuerdo en lo fundamental: la unidad del movimiento popular. En ese sentido, el Padre Camilo advertía que el papel de una publicación debía ir más allá de informar, al considerar que la divulgación del semanario era en sí una “labor de trabajo político”, que haría posible organizar, financiar y capacitar políticamente al Frente Unido. Esto explica lo dicho por el líder revolucionario en alguna oportunidad: “(…) la distribución de nuestro semanario es una de las tareas inmediatas y vitales”, ya que permitirá “armar el aparato revolucionario necesario para que la clase popular se tome el poder”.

La educación política también fue un propósito especial del semanario. Incentivar el interés de los sectores populares por la política revolucionaria demandaba promover el ejercicio de la lectura y la difusión de concepciones sobre lo político de forma sencilla. Algunas secciones del semanario reflejan tal interés: Diccionario económico elemental, Trabajo político, Consignas, Cartas. También fueron publicados importantes documentos en las distintas ediciones, los cuales estaban redactados en forma sencilla. En la primera edición aparecieron cuatro textos: Plataforma del Frente Unido, Por qué no voy a las elecciones, Mensaje a los cristianos y Mensaje a los padres de familia. En cada una de las ediciones siguientes fueron apareciendo los otros mensajes: a los comunistas, a los militares, a los no alineados, a los sindicalistas, a los campesinos, a las mujeres, a los estudiantes, a los desempleados, a los presos políticos y a la oligarquía (estos cuatro últimos, no serían de la autoría de Camilo, advierten algunos biógrafos).

Por otro lado, desde el semanario se lanzaron consignas de acción, como la del boicot a El Tiempo durante la semana del 6 al 12 de octubre de 1965, para disminuir la circulación de ese periódico y así “tocar a la oligarquía donde más le duele: el bolsillo”. Y si bien la campaña no dio los resultados esperados, su existencia permite identificar un interés del Padre Camilo porque los sectores afines del FU divisaran la importancia política de los medios de información de los sectores dominantes en el país, y la necesidad de confrontarlos de distintas maneras: no acudir a sus productos e incluso destruirlos cuando existía la posibilidad, al tiempo que se fortalecía y ampliaba el medio de comunicación impulsado por el FU.

Finalmente, en el ámbito de la agitación, el semanario también cumplió un destacado papel. En este punto, la labor del semanario coincide con la concepción del tiempo revolucionario que tuvo el Padre Camilo, y que lo llevó a considerar la proximidad de un nuevo momento en la lucha revolucionaria en el país, y a demandar de los militantes del Frente Unido una preparación adecuada. Es por eso que en el semanario se dio prioridad a la información sobre los recorridos del Padre Camilo por distintas ciudades del país (notas acompañadas de fotografías de las concentraciones masivas), mostrando un creciente clima de agitación social y destacando la acción represiva del Estado como respuesta. Esta postura se evidenció también en la difusión de noticias relacionadas con la lucha guerrillera en América Latina y particularmente en Venezuela.

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