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El camino
Esa mañana habíamos madrugado desde el pueblo para llegar a la vereda El Plan. La chiva nos llevó hasta un sitio conocido como La Playa, en la vereda Villeta Florida, llamado así por estar ubicado en las orillas del río La Paloma, el cual atraviesa gran parte del territorio del municipio de Argelia de María, “Parcela Inmortal de Antioquia”, ubicado en el suroriente de este departamento.

Subimos bajo un cielo nublado por una montaña pendiente, paso tras paso, con la respiración agitada, hasta que llegamos a El Chingalé, el punto medio del trayecto, donde comienza la travesía para bajar hasta la escuela, que era nuestro destino. En El Chingalé hicimos un paro en el camino, que nos permitió fijar en la memoria algunas artes de vivir en el campo, que nos asombran mientras abrimos nuestros sentidos al recorrer el territorio y conversar con la compañera o el compañero con el que se anda.

Rápidamente notamos algo singular. En este lugar hay palos de calabazas, frutos con los que viejitos hacían los tarritos para cargar la bogadera y para hacer chicha, poniéndola a fermentar en los recipientes que hacían con su cáscara -contaba Doña Nelly, vecina de la vereda Villeta-. Varias voces hacían comentarios que aprobaban y complementaban esta información. Mientras descansábamos en El Chingalé a la sombra de los árboles y al calor de la conversación, esperamos a cuatro que se habían quedado atrás y se estaban demorando. Cuando llegaron, hablamos sobre otros usos que pueden tener las calabazas, que no eran solo cáscara sino también el interior y las carnosidades que allí guardan, que se usan en remedios para la tos y los resfriados.

Seguimos el camino, y andando fuimos aprendiendo de otras artes secretas para vivir en el campo. Ese día todos nos asombramos cuando Doña Nelly nos enseñó un truco que aprendió de su mamá: ella anda con altamisa en el bolsillo para no cansarse mientras camina; además, mantiene cultivos de esta planta en la huerta porque protege de las malas energías, lo ideal sería tenerla alrededor de toda la casa.

Esta técnica para caminar, basada en el uso de la planta medicinal, nos recordó otra que aprendimos de Doña Crusalba, vecina de la vereda argelina de Tabanales.
Cuando caminábamos con ella por su vereda, nos contó que andar la hacía feliz, porque cuando andaba todo se ponía en movimiento en el cuerpo, la sangre y el corazón. Mientras más se caminase era más fácil andar cada día más lejos, llegar a nuevos lugares sin cansarse. Y hablaba de las visitas que le hacía a su hija cuando vivía en una vereda lejana, a la vez que presumía, con orgullo, de su capacidad de aguante y resistencia para caminar que había logrado andando por las veredas, una tras otra, hasta perder la cuenta.

No solo andaba mucho, sino que trabajaba más, cogía café y hacía de todo porque su esposo estaba muy enfermo y casi no podía laborar. En su pensamiento, caminar estaba cargado de sentidos como la felicidad, el movimiento y la libertad; libertad que brinda habitar el campo, pues libera el movimiento y la vista de los límites que les impone la expansión de la ciudad, al reducir los movimientos con largas filas de carros, tumultos de personas y edificios hacinados que recortan la visión del horizonte.

Si la altamisa es un amuleto para no cansarse mientras se camina, el otro secreto es andar mucho, poner en movimiento el cuerpo, la sangre y el corazón, una, tras otra vez, para ampliar la capacidad de aguante y resistencia que nos permitan seguir caminando la palabra por muchos años más. Estas son las enseñanzas de las compañeras que van adelante, así debemos caminar.

Volviendo a aquella mañana, mientras caminábamos en dirección a la vereda de destino, pasamos por varios tramos en los que había caminos construidos con piedras detalladamente encajadas. Inevitablemente, en ocasiones como estas, algunos nos preguntamos quiénes habrán construido estos caminos. ¿Habrán sido indígenas? ¿Habrán sido labradores de antaño? ¿O campesinos? Doña Nelly dijo que ella había trabajado arreglando caminos como éstos, con personas que eran “muy baquianas” para este oficio, o sea que tenían mucho talento. Falta saber dónde aprenderían este oficio, desde cuándo, qué variaciones puede haber tenido en el tiempo.


Los actuales campesinos y campesinas usan estos caminos para bajar sus cargas de café a lomo de mula hasta descargarlas en la chiva, que las transporta hasta la cooperativa de la Federación de Cafeteros o a otras comercializadoras y compradoras del grano. Según Alfredo, el compañero con el que caminábamos, los caminos de las veredas lejanas de Argelia eran así como esos, todos de piedra. Así sucede también en otros rincones del sur de Antioquia, como aquellos que se orientan más al occidente, donde hay reconocidos caminos prehispánicos.

El motivo: resistiendo a las hidroeléctricas
Nos dirigíamos a la vereda El Plan, como parte de un proceso de resistencia frente a la inminente construcción de las “Pequeñas” Centrales Hidroeléctricas PCH Paloma II (Argelia II), PCH Paloma III, PCH Paloma IV y Argelia, que de desarrollarse afectarían a las veredas Rancho Largo, San Luis, El Zancudo, El Oro, La Plata, La Arboleda, La Quiebra, Villeta Florida, El Plan, Yarumal, San Pablo, La Paloma, El Guadual, El Pital, El Recreo y San Agustín. Las últimas tres PCH mencionadas ya cuentan con licencia ambiental otorgada por parte de CORNARE a la Empresa de Generación y Promoción de Energía de Antioquia S.A. E.S.P. GEN+.

Varias de estas comunidades manifiestan que no se les ha consultado ni socializado sobre estos proyectos hidroeléctricos, ni se ha tenido en cuenta lo que piensan y sienten frente al futuro de su territorio y sus ríos La Paloma, San Julián, Rionegrito, Tigre, Pozos y Chamberry, entre otros de la cuenca del río Samaná Sur.

La imposición de estos proyectos desconoce los saberes y prácticas que estas comunidades han desarrollado en relación con sus ríos, como la agricultura, la pesca, la ganadería, la minería artesanal, la extracción de material de playa y otras formas de sustento, así como el conocimiento de las especies de fauna y flora, la infraestructura comunitaria que han construido a su alrededor y las actividades de integración y recreación comunitaria, por ejemplo la tradicional “tirada de charco” y la preparación y el consumo del sancocho en familia y vecindad.

Saberes campesinos: entre el desconocimiento y la reivindicación
Los encuentros que hemos realizado en sitios como La Playa y El Plan, han tenido como objetivo conocer qué piensan y sienten las comunidades campesinas sobre su territorio y sus ríos, contribuyendo con su autorreconocimiento, valoración y visibilización frente aquellos que les ignoran y menosprecian como ignorantes e iletrados, que no saben lo que es el “desarrollo”; tal como pregonan los “salvadores” ingenieros paisas y sus “civilizadores” proyectos hidroeléctricos, con la complacencia de la Corporación “Autónoma” Regional CORNARE y las artimañas jurídicas que ésta usa para desconocer el saber campesino y entregar sus ríos al capital privado.

Una forma de enfrentar la ignorancia atrevida de las compañías energéticas y CORNARE frente a las comunidades campesinas del Oriente antioqueño, podría ser confrontando su prepotencia con otro saber supuestamente “experto”. Veamos, por ejemplo, la forma en que el Instituto Colombiano de Antropología e Historia ICANH, dependencia estatal, emite un concepto sobre lo campesino en Colombia:

“El campesino es un sujeto intercultural e histórico, con memorias, saberes y prácticas. Estas constituyen formas de cultura campesina, establecidas sobre la vida familiar, vecinal -para producir alimentos, bienes comunes y materias primas- y comunitaria multiactiva, vinculada a su vez con la tierra e integrada con la naturaleza y el territorio. El campesino es un sujeto situado en las zonas rurales y las cabeceras municipales asociadas a aquellas, el cual posee diversas formas de tenencia de la tierra y de organización, para garantizar el autoconsumo y la producción de excedentes con los que participa en el mercado local, regional y nacional”.

Si debatimos desde las reglas de juego impuestas por los despojadores, contamos con un argumento autorizado que nos dice que los campesinos y campesinas sí tienen saberes y cultura, que está estrechamente vinculada con la tierra, la naturaleza y el territorio. Por ende, los proyectos hidroeléctricos, en vez de traer el mencionado “progreso”, afectan esa cultura campesina y los vínculos que teje con bienes comunes como los ríos y otros ecosistemas donde el campesinado produce y reproduce su vida, mientras provee alimentos y servicios que son consumidos desde su vereda hasta el mundo entero.

Sin embargo, la intención de este artículo no es quedarnos con la voz de los llamados “expertos”, sino escuchar las voces campesinas que nos hablan de las historias y nos dibujan otros mapas de sus ríos y de sus vivideros.

Historias y mapas sobre el río y el vividero
En la jerga campesina que se escucha en las veredas y los caminos del Oriente antioqueño, es más común hablar de vividero que de territorio, palabra asociada a valores como la vecindad, la solidaridad, la ayuda mutua, los espacios de encuentro y trabajo comunitario. En investigaciones desarrolladas desde la Asociación Campesina de Antioquia –ACA-, hemos encontrado que el vividero se entiende como aquel espacio de disfrute, seguridad, certidumbre y bienestar.

A continuación, queremos explorar algunas historias y mapas en los que las comunidades campesinas compartieron sus sentidos sobre el vividero y los ríos que lo conforman; porque el agua es vida, como se repite frecuentemente cuando preguntamos: ¿qué significa el río para usted? Estos relatos se intercambiaron como parte de la acción local realizada en el municipio de Argelia, en la vereda Villeta Florida, el 28 de noviembre de 2020, en el marco del XII Festival del Agua “Las aguas, venas de nuestro territorio”, realizado de manera descentralizada por parte del Movimiento Social Por la Vida y La Defensa Del Territorio (MOVETE) en el año 2020.

“El río ha bajado mucho, primero había más agua, porque ya destaparon mucho las fuentes de las cañadas. Pa' mí eso es una historia que de verdad es preocupante… Cuidemos mucho el agua, que de verdad, detrás de eso es que estamos, supuestamente que le van a hacer unas hidroeléctricas pa' arriba, pa' la parte alta, aquí en lo bajo también, es algo que va a acabar de perjudicar el agua, va a acabar de destruir la potencia de las aguas, de los ríos, de las fincas, pa' mi pues creo que es una historia muy importante, que empecemos a ir reaccionando y a cuidala…” (Jose Weimer Alzate, habitante vereda El Plan, Argelia, 28 de noviembre de 2020).

“Yo no tengo muchas historias que contar, pero sí he visto pues vivencias en el río, no solo en este río sino en muchos ríos. Cuando yo estaba pequeño, uno bajaba al río y los ríos eran muy serenos, los ríos no eran tan caudalosos, los ríos tenían demasiada agua y al haber mucha agua ni se siente mucho el ruido, ni se ven tanto las piedras, y lo más bonito pa' nosotros, que [nos] dicen dizque los pescadores, a nosotros nos ha gustado pescar, y bajar uno y asomase y pódese escoger entre diez o quince pescados, el que más le parezca a uno, es una cosa muy bonita. Ahora uno baja y le toca escoger una piedrita pa' ponese a curosiala porque ya los pescaditos se acabaron. Entonces de verdad que es una historia maluca y desagradable. Pero en estos momentos gracias a Dios contamos todavía con el agua corriendo libremente por el caudal, aunque poquita, pero está corriendo, tenemos que unirnos y no permitir que de pronto nos la acaben de desaparecer porque con las talaciones de bosques y con estos proyectos minero energéticos que quieren meternos a nuestra región, ahí sí de verdad que nos van a quedar solamente las piedras, las poquitas arenitas que hay en el agua, entonces luchemos por eso y por defender nuestro territorio, porque, como lo decíamos antes, el agua es vida” (Arturo Ocampo, habitante vereda El Pital, Argelia, 28 de noviembre de 2020).

Terminó de hablar Don Arturo y se oyeron los aplausos de los vecinos y vecinas de diferentes veredas reunidos en La Playa, a la orilla del río La Paloma, que se escuchaba al fondo. Así su fuerza ya no sea la de antes, por las actividades humanas que le han debilitado, las comunidades luchan para mantenerlo con vida y corriendo con libertad, para que no les queden solo las piedras y la arena. Se apagaron los aplausos; comenzó el silencio y lo interrumpió con sabias palabras, Verónica, la anfitriona del espacio que administra el negocio donde estábamos reunidos. Ella nos contó la historia del río, intercalada con su historia de vida.

“Bueno, el río tiene muchos significados. Para mí fue vida y fue muerte también. Acá en un paseo cuando estaba en noveno de bachillerato, murió una compañera, más sin embargo yo por mucho tiempo no volví, no por eso, sino que yo me fui a estudiar y casi no volví a Argelia, no porque no la quisiera, siempre la llevé en mi corazón, me fui a formar profesionalmente, tuve la oportunidad de ejercer otras profesiones […], pero yo siempre quise volver al pueblo, quizás a esta vereda. […] Regresé otra vez ya a instalarme totalmente acá a la finca, queremos hacer muchos proyectos no solamente en beneficio económico sino también social y en cuestión del río como cuenca principal de Argelia. De todas maneras, sí ha cambiado mucho, porque primero tenía un caudal más abundante, la ribera era mucho más poblada en vegetación, el agua era quizás de una coloración más diferente, peces sí, yo las últimas veces que venía solo hay unos pequeñitos que no alcanzan pues a nada, más sin embargo aquí estamos y con la mejor actitud de todas y luchando por todos los derechos del río y como comunidad” (Verónica, habitante vereda Villeta Florida, Argelia, 28 de noviembre de 2020).

Los aplausos volvieron a sonar y las palabras de esta mujer resonaron en nuestras cabezas. El río tiene muchos significados, es vida y es muerte. Los ríos, cuando crecen, son capaces de llevarse las vacas que los padres regalan a sus hijas en sus cumpleaños, de meterse a las casas creando perjuicios y de acabar con la vida de seres queridos que se han ahogado en ellos por descuido. Pero no es la culpa de los ríos, solo es el ciclo de la vida y la muerte, que corre libre como sus aguas, sin ser detenido ni represado.

Las comunidades quieren defender estos ciclos del agua, las tramas de vida donde se tejen todas las relaciones, los trabajos y los descansos. Además de las historias, los campesinos y campesinas, adultos, jóvenes, niños y niñas, dibujaron mapas donde plasmaron ese tejido de relaciones alrededor de los ríos, que se hilan desde el páramo y se desenrollan hasta el río Samaná, integrando diferentes especies de peces, animales de finca, aves silvestres, insectos, con los cultivos de plátano, frijol, maíz, cacao, café y caña; las casas y las infraestructuras.

 

Siguiendo con las narraciones de los diferentes grupos poblacionales que participaron de la acción local del Festival, queremos resaltar los relatos de los niños y las niñas que,5 entre risas y pena nos explicaron su dibujo:

 

“Acá hicimos dos arbolitos, el río San Julián, el río La Paloma y el río El Tigre, un puente, las casas, el páramo, una huerta, el sol, un burro, un niño saltando al río para bañarse”. Luego las y los jóvenes compartieron: “este es el río La Paloma, el principal, hicimos a la familia, que nos reunimos a hacer sancochos en la quebrada; la importancia del río, no debemos dejar que se lleven los recursos”.


Las mujeres campesinas agregaron: “Esta es una vegetación con árboles, con pinos, aquí está el río La Paloma, aquí está Argelia, río San Julián, el puente de madera y el puente que están haciendo nuevo, la casa de acá donde estamos, aquí están los animales que tenemos en nuestras casas, aquí está una vegetación y está la mariposa, están las abejas, aquí tienen la casita, este es el chupaflor, que va a chupar las flores, esta es la olla con el sancocho, que la gente pues por ahí se iba de vez en cuando, por ahí al río cuando no está [crecido]… esta es la rana que no falta por ahí, o el sapo, el perro -es que está muy criao-, esta es la piscina, que está allá arriba, esto es sembrado de frijol, sembrao de plátano, sembrao de cacao, de maíz, de todo lo que cultivan por aquí. Esta ardilla se está comiendo el cacao, se lo está comiendo y no está dejando nada. El perro pa' cuidar la casa, no los ve, vea, mire. Y esos son los pescados que hay en el [río]… el pataló, los cuchos, los capitanes y el bocachico. Esta es una casita que hay por allí arriba, los gallinazos que no falten, las nubes, vea, todo, la iglesia de Argelia, el río y la carretera, vea…”.

Y los hombres adultos expresaron: “nosotros aquí tratamos de identificar el río, con sus respectivas veredas y algunos de los animales y productos para el consumo humano que allí se pueden tener. Aparte de eso también identificamos que en nuestro territorio hay muchas variedades de arborización, hay diferentes variedades de animales como serpientes, animales salvajes como conejos, guaguas, estos tales lobos perrunos, bueno, cantidad de animales […]. También tratamos de identificar en algunas veredas la cantidad de habitantes por vereda, el nacimiento de las quebradas, algunas fuentes de agua, algunas riquezas en el río como son los peces y de pronto también los puntos para nosotros extraer materiales. Es muy interesante eso, todo lo que tenemos, porque ya CORNARE va a pedir el significado de por qué estamos rechazando las microcentrales, entonces la significancia es que nosotros vivimos de esas fuentes de agua, todos los animales viven de esa agua, lo que es el ganado también bebe de esas aguas… Eso es pues lo que pusimos ahí, la significancia de lo que nos trae la naturaleza”.

Defensa del territorio: una urgencia histórica frente a la crisis civilizatoria
Lo que los campesinos y campesinas nos enseñan es una fuerte conciencia histórica y geográfica en relación con la trama de la vida, el agua, la tierra, los animales, los alimentos y los diferentes vínculos humanos y ambientales. La defensa del territorio no es algo que competa sólo a la lucha campesina, pero conmemorar esta lucha es un llamado a la unidad de todas las luchas por superar la crisis civilizatoria que amenaza la vida entera, buscando alternativas que pongan en el centro el cuidado de la vida, el agua, los alimentos, la tierra, los animales y las semillas, y rediseñan nuevas formas de relacionarnos con la energía, los conocimientos y la economía. Necesitamos un nuevo proyecto de sociedad, que ya prefiguran en el habitar cotidiano algunas artes campesinas de vivir en el campo.

Wednesday, 28 May 2014 00:00

ITUANGO, PRODUCTO DEL ABANDONO ESTATAL

Si bien la posición geostratégica de Ituango ha sido la condición para que surgieran y permanecieran en su territorio distintos grupos armados legales e ilegales, no quiere decir esto que los 27.000 habitantes que tiene el municipio participen de alguna forma con alguno de estos grupos. Más bien, el abandono sistemático del estado, ha dejado la población a su suerte. Si hoy fuéramos a evaluar la situación social de estas comunidades rurales, evidenciaríamos las precarias condiciones  en que viven los habitantes que quedan, después de los múltiples desplazamientos forzados de que han sido víctimas, propiciados por distintas causas y actores (principalmente en las zonas más alejadas del casco urbano).

 

La debilidad institucional, y la falta de apoyo por parte de instancias regionales y nacionales, y la ausencia de políticas que den solución a problemas estructurales de estas poblaciones, no ha permitido enfrentar la situación de conflicto y garantizar los derechos y  protección a la población civil de manera efectiva. Frente a esta situación ¿Cuál ha sido la respuesta de la población? renunciar a sus derechos y ceder todo el espacio geográfico, político, económico y social, ante la mirada pasiva de la institucionalidad local y regional, a los distintos grupos armados legales e ilegales. Por ejemplo en Ituango, está restringido el ingreso de alimentos e insumos agrícolas a las zonas rurales; la población está señalada y estigmatizada (lo que legitima cualquier acción en su contra); NO se puede denunciar porque no hay garantías para ello, ya que las personas que denuncian algún delito o conducta son acosadas y amenazadas, como pasó recientemente con algunos comerciantes; tampoco se denuncian los actos de corrupción, porque también eso es motivo de amenaza; no se participa efectivamente, porque no hay espacios para ello; y con relación al tema organizativo, el papel de las organizaciones sociales como garantes de un sistema democrático y abierto, no está claro todavía para un grupo muy amplio de la  población, que todavía las perciben como una amenaza, y  frente a cualquier intervención son señaladas de tener vínculos con la subversión.

 

La  violación sistemática de los derechos humanos y del Derechos Internacional Humanitario es flagrante y permanente, por parte de todos los actores armados presentes en el municipio, que se ve agravada con las amenazas de que fue víctima la Personera Municipal, que la obligaron a dejar el municipio (el día 21 de mayo de 2014), trasladando el despacho de forma indefinida para la ciudad de Medellín, dejando el municipio  y la población a merced de los grupos armados. Después de su partida han ocurrido dos hechos violentos donde se ha visto involucrado el ejército nacional, sólo uno de ellos fue denunciado ante las autoridades. En este momento la población se encuentra amenazada e intimidada por todas estas acciones violentas, que si bien eran recurrentes en el municipio, se daban en la zona rural la mayoría.

 

¿QUIEN DENUNCIA? ¿QUIEN GARANTIZA LOS DERECHOS DE LA POBLACIÓN? ¿QUE ORGANISMOS, INSTITUCIONES, ONG ACOMPAÑAN A LA POBLACIÓN CIVIL?

La respuesta por parte del Estado, ha sido el incremento de la fuerza pública (4.000 efectivos),  capturas masivas, la estigmatización y el señalamiento por parte de autoridades civiles y militares en contra de la población civil, también el año anterior apareció un blog en la web donde se publicaban informes judiciales de organismos de investigación, donde se señalaban de guerrilleros a un número importante de pobladores del municipio, sin que a la fecha haya una respuesta clara por parte de la Fiscalía frente a las denuncias instauradas por este caso.

 

RECRUDECIMIENTO DEL CONFLICTO

Si bien el municipio lleva alrededor de 30 años sumido en un conflicto interno, que le ha representado la pérdida de más de 15 mil habitantes, la reducción de la producción agropecuaria, y el detrimento de las condiciones de vida de la población, es a partir del año anterior donde se han intensificado las acciones  militares, pero también ideológicas por parte de los dos ejércitos que hacen presencia en la zona. De parte de las Farc este incremento en las acciones hace parte de su estrategia de fortalecimiento y demostración de poder frente a un posible escenario de negociación, donde no se puede llegar débil ni diezmado. En cuanto al ejército, el gobierno a través de su Plan Nacional de Consolidación, quiere retomar el control de territorios estratégicos,  que históricamente han estado abandonados, o en manos de grupos subversivos, donde existen recursos naturales abundantes, para concesionárselos a empresas nacionales y multinacionales para la exploración y explotación de dichos recursos. En este año y medio, las acciones bélicas de uno y otro lado han puesto a la sociedad civil en la mitad, sin que el estado, quien es el garante haga nada por evitar los desplazamientos forzados (17.600), las muertes, los abusos a mujeres, los excesos de la fuerza pública, las desapariciones forzadas de campesinos y el reclutamiento de menores.

 

También se han incrementado las estrategias ideológicas  de parte de los ejércitos para ganar simpatizantes. La banalización del conflicto, la socialización de la violencia como parte de la cotidianidad, la guerra como moda, el pago de dinero por información, la vinculación de menores, son estrategias que uno y otro utilizan en terreno indiscriminadamente, el reclutamiento es un delito que también es cometido por el ejército, cuando vincula jóvenes de escasos recursos en sus tropas y  sin experiencia los mete en una guerra fratricida. Las víctimas son victimas estén del lado que estén.

 

Si en este momento en Ituango, sus habitantes no reclaman sus derechos, no denuncian, no es porque estén vinculados a un actor armado, es porque la historia les enseño que en ITUANGO LA POBLACIÓN CIVIL NO TIENE DERECHOS.

 

Los estudios para el reconocimiento del aprovechamiento hidroeléctrico del Río Porce fueron elaborados en 1976 por la firma Consultores Técnicos Ltda. Más adelante, en 1983, la firma Ascon Ltda. realizó los estudios de prefactibilidad del potencial hidroeléctrico del río, y en diciembre de 1984 presentó el informe de factibilidad del proyecto Porce III, como parte de cinco posibles desarrollos a lo largo del cause, denominados Porce I, Porce II, Porce III, Porce IV y Ermitaño. El apetito del capital es visionario e inconforme. Así lo constatan estos datos históricos.

 

Cuando buena parte de la población rural del municipio de Guadalupe era “desplazada voluntariamente” por la construcción de la primera hidroeléctrica en esta región, ya se empezaban a realizar los estudios sobre la construcción de otras represas en el cauce del río Porce, que afectaría a unas cinco mil familias campesinas de vocación agrícola y minera de los municipios de Gómez Plata, Carolina, Amalfi y Anorí. Bien planificado han tenido siempre el desalojo de grandes territorios que han sido habitados históricamente por campesinos pobres, colonos, desarraigados de otros territorios que han ocupado los grandes terratenientes, mafiosos y paramilitares, apalancados en el fraude y el terror.

Invitados por uno de los líderes que conoce de cerca la problemática de la región y, en particular, la situación de los más de 1.500 mineros y de los propietarios de parcelas que van a ser afectados por la construcción del ambicioso proyecto hidroeléctrico Porce IV, acudimos a una de las reuniones convocadas en la vereda Naranjales del cañón del Porce, entre los municipios de Amalfi y Anorí. Acompañados por brigadas internacionales de paz y en compañía de otros líderes de la región, abordamos el chivero que nos llevaría a tres horas del casco urbano hasta el deslumbrante y armónico paisaje del cañón del río Porce. Allí nos esperaba un gran número de campesinos y mineros que se disponían a discutir sobre la problemática latente que traería para la región y para cada una de las familias la construcción de dicho proyecto.

Puntos divergentes se escucharon en varias intervenciones. Mientras para unos el tema a resolver era la elección del representante de la comunidad en la comisión tripartita que se reconoce en la ley 56/81, para otros el tema fundamental de la discusión debía ser la indemnización de los predios afectados. No faltó quien planteara la necesidad de avanzar en el diseño de un manual de valores distinto al que utilizó EEPP en la fase Porce III para indemnizar lo irreparable, y muchos que manifestaron su preocupación por no haber sido censados por los trabajadores sociales de EEPP que realizan esta labor. Lo que sí quedó claro en toda la disertación fue la preocupación generalizada de todos los afectados por el rumbo que puedan tomar las cosas luego que inicien formalmente las negociaciones con las Empresas Públicas de Medellín. Y es que se toma de referencia la forma y el contexto en que se desarrollaron las negociaciones en las anteriores fases de este megaproyecto. Jacob Escorcia, Ferney Ramiro Zapata (De 14 años), Yeison Cardona López y Humberto Zapata Guerrero son algunos de los muertos en este río a causa de la bucha (Corriente que se desata cuando se abren las compuertas de la presa). Bastante intimidante ¿No?

“No hay que olvidar- decían algunos de los líderes- que muchos fueron los mineros que recibieron migajas por décadas de trabajo en ese río que vio crecer a varias generaciones; tampoco se puede olvidar el alimento que ha proporcionado las tierras de este cañón a cientos de familias. Eso no tiene precio”. “Valdría la pena averiguar- seguían argumentando- cuántos de estos mineros viven hoy en condiciones dignas, ¿Cuántos están restablecidos socioeconómicamente? ¿Cuántos han engrosado la lista de los desempleados en el casco urbano de estos municipios? No sabemos”. “De lo que si estamos seguros – concluyen- es que muchos han tenido que excavar de nuevo la tierra río abajo en busca de sustento para sus familias”.

Retomamos nuestro llamado para plantearles respetuosamente nuestro punto de vista acerca de cómo se deberían desarrollar las negociaciones y la construcción de su plataforma reivindicativa. Les planteamos que no tenía sentido una negociación que se limitara solo a una indemnización “mejor remunerada” ¿Qué van a hacer ustedes con esa chichigua? – les preguntamos- no hubo respuestas, pero seguramente vinieron recuerdos de muchos de sus compañeros que después de haber recibido la exigua suma de dinero de Empresas Públicas quedaron peor que como estaban. Nuestro interrogante fue intencionado, queríamos persuadirlos de la necesidad de incluir dentro de la negociación el derecho de permanecer en el territorio, sin renunciar a la indemnización y demás derechos.

Aunque el manual de valores de las Empresas Públicas de Medellín no contempla la compra de tierras para la reubicación de los campesinos que son afectados por estas hidroeléctricas, es fundamental incluirlo como tema esencial dentro de esta negociación en el pliego de exigencias que se construya desde las comunidades. Lo ideal sería detener la construcción de este proyecto hidroeléctrico, pero bien sabemos los momentos tan adversos por los que pasa el movimiento campesino y popular en un contexto mundial desfavorable para las trasformaciones que requiere la humanidad para que sea verdaderamente humana; pero sí podemos aspirar a negociar con ese pulpo las condiciones que les permita a los agricultores y mineros permanecer en los territorios en condiciones dignas. Lo que significa tener acceso a tierras colectivas para la reubicación, proyectos productivos, acceso a servicios básicos, indemnización, libre asociatividad, entre otros derechos.
No es mucho exigir, pero es suficiente para que se inicien los hostigamientos y persecuciones de rigor contra los dirigentes de las asociaciones de mineros, como de hecho ha venido ocurriendo en contra de algunos líderes del municipio de Anorí, quienes han sido arbitrariamente detenidos, acusados de auxiliadores del terrorismo y luego dejados en libertad por falta de pruebas. Por lo anterior, se requiere de la solidaridad de los sectores populares, de derechos humanos, de los distintos espacios que trabajan el tema de lo energético y los megaproyectos asociados a esta actividad para que estos compañeros no se sientan solos en esta dura pelea.

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