Editorial No.85 Proteger el árbol en sus raíces

 Apenas empezando la noche del 14 de mayo, el padre Pedro Joya salió de su casa, en la vereda la Montonera del municipio de Carcasí en la provincia de García Robira, Santander, con rumbo a Bogotá, donde aspiraba a participar en un encuentro ecuménico por la paz. Eso le salvó la vida, porque a eso de las 10:00 p.m. llegaron hasta su casa a buscarlo los paramilitares denominados los Rastrojos. Pero, al no encontrarlo, arremetieron contra su hermana, Benedicta Joya Aponte, una anciana campesina, de 75 años, única compañía del padre Joya. La desnudaron, acaso con la intención depravada de abusarla sexualmente, la asesinaron a puñaladas y con su sangre escribieron en la pared el mensaje para el sacerdote: "fuera guerrillo". Luego rosearon el cuerpo con alcohol y le prendieron fuego.

 

Tanta alevosía no puede explicarla una ofensa personal que el padre Joya hubiera proferido contra los asesinos, y mucho menos con el mensaje que le dejaron. Todo parece entonces expresión de una ultraderecha envalentonada de nuevo, si es que alguna vez dejó de estarlo, y dispuesta a sembrar el terror en los campos y ciudades del país, ante la perspectiva, pavorosa para los guerreristas, de que un acuerdo de paz entre la insurgencia y el gobierno sea posible.

De hecho, el más grave delito del padre Joya ha sido ubicarse en el ala de la Iglesia que desde siempre ha resuelto su posición al lado de los pobres, explotados y oprimidos. Ha sido un luchador incansable por los derechos humanos de su comunidad, por la paz y por la defensa del medio ambiente, la alimentación sana y la lucha contra los transgénicos, y por ello ha sido amenazado en varias ocasiones. La casa misma donde su hermana fue asesinada es una sede en construcción de un centro formativo de educación popular para líderes regionales de la Corporación de Paz Desarrollo y Medio Ambiente Agroecológica de la Provincia.

No se trata de una acción aislada, como todo el tiempo quieren hacernos pensar las autoridades. Más bien estamos ante una estrategia renovada que pretende golpear en la base misma a los movimientos y organizaciones sociales, para desarticular su proceso y disuadir a sus simpatizantes. El movimiento ecuménico del cual hace parte el padre Joya, por ejemplo, está articulado a la Coordinadora de Movimientos y Organizaciones Sociales de Colombia- Comosoc.

Esta estrategia revela la inteligencia y la astucia de la ultraderecha colombiana en el estado que se encuentra hoy la confrontación de clases: en momentos en que la apuesta más consolidada del movimiento social y popular en el país es la gran articulación desde las bases, desde la transformación revolucionaria que hacen en pequeño las propias comunidades en su cotidianidad y en sus luchas más elementales, la ultraderecha ataca precisamente esas bases, a la gente humilde sobre la que en realidad se sostienen los procesos concretos de transformación, no sólo de la estructura social sino de la lógica que la domina.

Ello quiere decir que la ultraderecha no ubica, y nunca lo ha hecho, a la insurgencia como su gran enemigo, ni siquiera a la burocracia de las organizaciones sociales y populares. Ella es consciente de que la amenaza real para sus privilegios y para la perpetuación de su lógica de dominio está en el trabajo de hormiga que día a día realiza la gente humilde, tejiendo lazos de solidaridad y construyendo redes de apoyo para garantizar el bienestar colectivo y para construir otros ideales de vida buena. Lo que ocurre es que cuando se asesina o cuando se atenta contra un líder vistoso hay más escándalo, pero cuando de verdad se estremece el proceso de construcción colectiva de otro mundo es cuando asesinan, destierran o aterrorizan a los artífices reales de los sueños colectivos, a la gente humilde que encarna con su vida este sueño.

Por eso el paramilitarismo, que sigue vivito y en pleno furor, se ensaña contra los campesinos humildes que fueron expulsados de su tierra y hoy creen en la voluntad del gobierno para devolvérselas. La comunidad intereclesial de Justicia y Paz ha venido denunciando el acoso y las amenazas con que los paramilitares tienen aterrorizados a los campesinos reclamantes de tierras en los territorios colectivos de Curvaradó y Jiguamiandó, en Urabá. Todo ello a favor del empresario Darío Montoya, que se ha posesionado ilegalmente de las tierras. De hecho, la denuncia especifica en una lista de campesinos cuyo asesinato está previamente planeado. "Si querían guerra, guerra van a tener”, advirtió uno de los secuaces del empresario, y agregó que no iban a entregar “ni una cuarta de tierras". Todo ello sugiere que el famoso ejército antirrestitución de tierras no era un cuento y que la posibilidad de que las estructuras paramilitares que se han mantenido se pongan nuevamente al servicio de la apuesta electoral uribista es una amenaza real.

En esta misma dirección orientan la reflexión los hechos recientes en Tierralta Córdoba. Allí varias organizaciones sociales y populares del país desarrollaron una acción humanitaria entre el 16 y 17 de abril, que buscaba la protección y promoción de los derechos humanos de la población de la vereda Crucitos, cuyos territorios habían sido inundados para la construcción de la represa Urrá 1. Allí el ejército realiza una práctica sistemática de agresión e intimidación de la población civil y las comunidades campesinas, que resistieron al embate del megaproyecto y se quedaron en sus territorios. De hecho, la misión humanitaria fue todo el tiempo hostigada por el ejército. Y pocos días después de concluida la acción, cuando los acompañantes dejaron el territorio, el ejército atacó al campesino Manuel Enrique Martínez, quien falleció al otro día en el hospital de Tierralta - Córdoba.

Estos son apenas algunos casos, que las organizaciones defensoras de derechos humanos han podido denunciar públicamente. No obstante, la mayoría de agresiones, asesinatos y destierros que a diario se cometen contra personas humildes, que luchan por la construcción de sueños colectivos, se mantienen en el silencio. Lo que se comprende cuando se habla con los líderes campesinos y barriales es que hoy se ha puesto en marcha la estrategia de asesinar selectivamente a los miembros vertebrales de las organizaciones de base, a aquellos que desarrollan a diario el trabajo de hormiguitas, concientizando a sus compañeros y construyendo con ellos desde los escenarios pequeños aunque fundamentales.

En ello consiste justamente la estrategia de la oligarquía derechista hoy: atacar a los integrantes menos visibles, que no por ello menos importantes, de las organizaciones populares de base, de tal modo que se logre el objetivo de diezmar la organización y el proceso con el menor ruido posible, así, cuando menos acordemos, las organizaciones se habrán desvanecido desde sus cimientos mismos. Y hacia allá deben volver la mirada los procesos de articulación del movimiento social y popular en el país, abandonar el embeleso de los grandes esquemas de seguridad para los líderes más vistosos y empezar a construir estrategias de protección a los procesos de base y a sus artífices, estrategias que involucren campañas de denuncia pero que vayan más allá y se asienten en el fortalecimiento real de las organizaciones, porque sin ellos no habrá proceso de paz que valga ni una nueva sociedad posible.

Modificado por última vez el 04/02/2014

Share this article

Más en esta categoría: « arreglo

Acerca del Autor

Periferia

Nosotros

Periferia es un grupo de amigos y amigas comprometidos con la transformación de esta sociedad, a través de la comunicación popular y alternativa en todo el territorio colombiano.

 

Por ello comprendemos que la construcción de una sociedad mejor es un proceso que no se agota nunca, y sabemos qué tanto avanzamos en él en la medida en que las comunidades organizadas fluyan como protagonista. Es en este terreno donde cobra siempre importancia la comunicación popular.

Litografía Periferia

 

Ubicación

 

 

Medellín - Antioquia - Colombia

Calle 50 #46-36 of. 504

(4) 231 08 42

periferiaprensaalternativa@gmail.com

Apoye la Prensa Alternativa y Popular

o también puede acercarse a nuestra oficina principal en la ciudad de Medellín, Edificio Furatena (calle 50 #46 - 36, oficina 504) y por su aporte solidario reciba un ejemplar del periódico Periferia y un libro de Crónicas de la Periferia.