Editorial Ed.75: A movilizarnos de verdad

Ya no sabemos hasta dónde puede llegar el cinismo, la cobardía y la corrupción de esta oligarquía; tampoco hasta cuándo resistirá la piel de este pueblo colombiano. Parece inconcebible que lo que pasa en Colombia no genere una reacción digna, espontanea, del pueblo que sufre a diario tanto atropello, tanta injusticia y tanta represión. Pero no es fácil, cuando los grandes medios masivos hacen muy bien su trabajo de lavarle la cara al gobierno, a los empresarios, a los militares y a la élite política, cada que cometen sus crímenes, que es casi a diario.{jcomments on}

Todos los días los grandes medios masivos de comunicación, que le pertenecen a los empresarios más poderosos del país y del mundo, informan a la ligera y sin ahondar, sobre los vínculos directos de la clase política, los ricos y las fuerzas militares con las mafias del narcotráfico y el paramilitarismo, y de éstos con decenas de miles de asesinatos, crueldades, trampas y crímenes de lesa humanidad cometidos contra su propio pueblo; pero, nos dan esas noticias gota a gota y sin contexto. Enseguida nos atropellan con una andanada de noticias sobre la crisis europea, sobre Chávez y en general sobre otros Estados y otros gobiernos, muy perversos, dictatoriales y asesinos, según ellos, como queriéndonos indicar que el de Colombia es mejor. Así van mermando la rabia y haciéndonos olvidar.

No había pasado el show de la reforma a la justicia, montado entre el presidente y su coalición de gobierno en el Congreso, cuando se vino encima otro escándalo, el del diario del gran capo del narcotráfico alias chupeta, que contenía los nombres de más de 18 generales y altos oficiales de las fuerzas armadas, congresistas y el ex fiscal de Uribe, Juan Camilo Osorio, al que premió con la embajada de México. Todos hacían parte de la nómina de “chupeta” y recibían jugosas propinas en dólares. Extrañamente, este diario tenía más de tres años en manos de las autoridades y sólo hasta ahora se toma como prueba para iniciar procesos penales contra estos personajes; y curiosamente al diario le faltan cinco hojas, ¿a quiénes estarán encubriendo, cuántos nombres habrán arrancado? También se vino encima el escándalo, provocado por los gringos, que señala a la policía nacional y al general Santoyo, responsable de la seguridad de Uribe, como facilitadores de la mafia; y otro escándalo que involucra a nuestro “héroe nacional”, el general Naranjo, también con el narcotráfico.

Y nosotros seguimos lelos, pensando si impulsamos un referéndum revocatorio contra el Congreso o contra el presidente o contra los dos, o una constituyente u otra salida institucional. Pero ya la ultraderecha, con Uribe, José Obdulio y Londoño, tomaron la delantera. Ellos tienen la salida y los medios están dispuestos a publicitarla, ellos quieren la guerra y van a impulsar una nueva constituyente que la respalde. Y el partido liberal también tiene propuestas a los graves problemas de la Nación, y los verdes también, en cabeza del desvergonzado Lucho Garzón. Los medios insisten en que esas son las únicas tres alternativas, dentro de las cuales debe escoger el país, para buscar una salida a semejante podredumbre, de la cual los únicos culpables son ellos mismos. Dan ganas de vomitar.

Las organizaciones sociales y populares debemos movilizarnos masivamente y unificadamente para repudiar no sólo a los congresistas sino al presidente y a toda esa estructura corrupta de las Cortes. Debemos movilizarnos no porque creamos que podemos tumbarlos, sino para que se den cuenta que tenemos dignidad y que no nos gusta lo que están haciendo. Tenemos que movilizarnos para moralizar a la Nación, a las comunidades, a los pobres en general y demostrar que somos capaces de construir otra propuesta, al margen de ese capitalismo que es el papá y la mamá de tanta injusticia. Tenemos que movilizarnos para convencernos que sí podemos tejer entre todos y todas nuevas subjetividades, nuevos valores de solidaridad, de colectividad, de fraternidad.

No es posible que nos dé pena o miedo hablar claro; aunque sabemos que no estamos en la misma situación de los militares retirados, a quienes nada les pasó por impulsar, hace apenas un mes, un golpe de Estado contra Santos, a pesar de que lo hicieron por internet y por todos los medios. Peor nosotros no necesitamos tumbar el gobierno, ni dar golpes armados, sino golpes al corazón, a la conciencia de nuestras comunidades. Convencernos de que estamos caminando en el sentido correcto con propuestas como las del Congreso de los Pueblos, nunca más oportuno que ahora. “Si los ricos tienen congreso de la república, nosotros tenemos Congreso de los Pueblos”. Y tenemos mandatos en defensa del agua y de la tierra y de la soberanía alimentaria. Y a favor de la paz con justicia social, de la educación y por la reivindicación de las mujeres, de la diversidad étnica y sexual; en fin, por un mundo con igualdad y justicia.

El Congreso de los Pueblos en su última Comisión Política, realizada en Cartagena de Indias el 16 y 17 de junio de 2012, aprobó trabajar unificadamente con todas las fuerzas democráticas y de izquierda que dignamente consideren que se requiere un cambio en este país y que ese cambio sea con justicia social. Y allí estuvo presente La Marcha Patriótica y el Partido Comunista, y todas las corrientes que participan en esta iniciativa de nuevo país. Se leyeron las propuestas de colombianos y colombianas por la Paz, frente a una gran campaña nacional por la Paz, pero con contenido y profundidad, evidenciando que la guerra y la violencia son armas de la oligarquía contra el pueblo y que por ello las llaves de la paz son del pueblo, no de la oligarquía.

Y unánimemente se definió participar con el mayor entusiasmo y vehemencia en las movilizaciones programadas: en julio, apoyando las reivindicaciones del pueblo indígena por sus territorios; en agosto, en contra de la locomotora minero-energética de Santos. Todo ello como calentamiento hacia la más gigante, consciente y digna Jornada nacional de protesta en el mes de octubre. Cada región, cada pueblo, cada barrio, cada vereda, deberá prepararse y salir en esa jornada a reivindicar su lucha, la suya, la que sienta en su corazón, la que considere justa. Y todos y todas bajo una sola consigna nacional, que por ahora está en construcción, pero que giraría al rededor de ese sueño por una Colombia diferente, igualitaria y justa. Desde este medio nos sumamos a esta propuesta y le pedimos a las diferentes corrientes políticas y partidos que por lo menos por ahora salgamos del debate egoísta, vanguardista y pobre que nos viene acompañando por décadas, y que alimentemos el más bello, el de la solidaridad y la fraternidad; el de la unidad, a pesar de las diferencias, el de la revolución.

Que hablen las paredes invitando a la calle a todo el mundo en octubre; que todos los medios populares y alternativos hagamos una agenda periodística y comunicativa unificada alrededor de la propuesta de movilización y que llenemos de argumentos nuestras páginas. Que las web y los blogs de los colectivos de comunicación convoquen a los jóvenes y que los colectivos de mujeres hagan lo propio, y los estudiantes y los campesinos. No hay una sola razón para no hacerlo.

Las salidas a los complejos problemas de la humanidad descompuesta de hoy, manejada por el sistema capitalista, son más sencillas de lo que pensamos. No se trata de la construcción de complejos modelos económicos, ni de engañarnos creyendo que los paños de agua tibia al modelo resolverán lo que claramente es un problema global del sistema. El problema es que cambiar nuestras costumbres y nuestra concepción de la vida y la felicidad hoy parece imposible, porque es cambiar lo que hay en nuestras cabezas. Pero, ¿para qué tanto consumo, para qué el oro, para qué el petróleo, para qué el río contaminado, para qué el camino verde lleno de celadas? Qué fácil nos la puso Pepe Mujica, el viejo guerrillero y hoy presidente de Uruguay, en su discurso básico, que le regaló a la humanidad entera hace pocos días en la cumbre de la tierra, en Río de Janeiro, y que nosotros recogemos aquí: “el desarrollo no puede ser en contra de la felicidad, tiene que ser a favor de la felicidad humana, del amor, de las relaciones humanas, de cuidar a los hijos, de tener amigos, de tener lo elemental. Precisamente porque eso es el tesoro más importante que se tiene. Cuando luchamos por el medio ambiente, el primer elemento del medio ambiente se llama la felicidad humana”.

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