Periferia

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El día 8 de octubre de 2010 se inició el Congreso de los Pueblos, con la participación de varias delegaciones de  todas las regiones. Organizaciones campesinas, indígenas, afrocolombianas, de trabajadores y estudiantes decidieron apostarle a la discusión sobre puntos esenciales para legislar a futuro e ir consolidando el país que tanto soñamos, el que nos merecemos. Y para ir consolidando los mandatos que saldrán de este Congreso, que atenderán las diferentes coyunturas y problemáticas del país, es necesario fortalecer la plataforma política para construir la autonomía de los pueblos. Hablamos con algunos asistentes para conocer sus impresiones y expectativas con el Congreso.

 
En medio de un panorama bastante oscuro celebramos ahora el primero de mayo, día internacional de la clase obrera. Con el repliegue del movimiento sindical, la organización obrera burocratizada y divorciada de sus bases, desarticulada y desgarrada en sus luchas internas; con políticas laborales vejatorias en casi todo el mundo, lo que ha posibilitado un recrudecimiento de la explotación en todas sus formas; con políticas migratorias en los Estados desarrollados que tratan a los inmigrantes, que ellos mismos han producido, como cotos de caza y ratas que infestan su aire y con una de las tasas más altas de desempleo y pobreza de los últimos años. En fin, es un momento de primacía aterradora del gran capital y de aparente impotencia de la clase obrera y de los movimientos populares en que se expresa. Pero es eso: solo un momento en el juego dialéctico de la historia. Y el primero de mayo es un día para el encuentro, la alegría y la fiesta, que nos permite un respiro para revitalizar la confianza en el futuro que podremos construir de otra manera.
Thursday, 25 March 2010 16:17

ADOPTA UN PRESO POLÍTICO

 

 

ADOPTA UN PRESO POLÍTICO

 

Privar de la libertad a cualquier ser humano es someterlo a un castigo terrible, pero quitarle la libertad a un revolucionario es como quitarle la vida, es como enjaular a un ave. Nada más doloroso que encarcelar a quien lucha por la libertad de todos.

Tuesday, 23 March 2010 14:24

EDITORIAL No. 49NO VOTE, luche y p…


Una horda de alimañas se dispone a salir del Congreso y de la casa de Nari; Sin embargo, la mayoría de ellas se quedará. En el caso contrario, alimañas de peor calaña los reemplazarán. Ese es el futuro que nos ha construido Álvaro Uribe Vélez y la élite mafiosa que lo acompañó en estos ocho años de perversidades políticas al frente del país. Pero aunque el hecho de que el congreso y la casa de Nari sigan habitados de alimañas ya no depende de nosotros, sí depende de nosotros la legitimación que le demos y de esta legitimación depende la prolongación en largos años de desventura para el país o el inicio de un periodo nuevo en donde reconstruyamos la dignidad de los colombianos. Por eso, NO VOTE, es el mejor favor que le puede hacer al país y a la humanidad.

Thursday, 18 February 2010 17:37

HOMENAJE: ANTONIO JOSÉ DE SUCRE

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Thursday, 18 February 2010 17:31

IMAGINARIOS - EL AMARILLITO -

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Thursday, 18 February 2010 16:51

Cuentos de fútbol: Domingo de fútbol

Hace dos ediciones empezamos a publicar en Periferia una serie de escritos que resultaron seleccionados en el concurso de escritos de Fútbol realizado el años pasado por la corporación cultural Los del Sur. En la edición pasada publicamos “Esto se Compone” que había logrado el segundo puesto en la categoría B (adultos). El cuento que publicamos en esta ocasión obtuvo el primer puesto en la categoría A (estudiantes).

 Domingo de fútbol

Jonathan Cubides. 1er puesto. Categoría A. (Estudiantes)

 

Nacional vs Medellín, clásico montañero, así es llamado el partido más importante del  futbol antioqueño  y más que todo para un  hincha del Verde que su  mayor satisfacción  es que nuestro equipo le gane al rival de patio. Así, de esa manera lo entendíamos  nosotros, quienes habíamos planeado  ir a este partido  durante la semana; era el  primer clásico  del año y  la ilusión de nosotros era estar allí. Por eso comenzamos a buscar a una apersona que nos consiguiera la boleta, ya que nosotros, por el estudio,  no  teníamos tiempo para ir  a hacer la fila y todo ese cuento. Entonces en nuestra búsqueda caímos en cuenta que nuestro profesor de educación física era la persona indicada para esto, por ello nos dirigimos a  él  y  le comentamos la idea y  él muy  amablemente  nos dijo que sí que de una. Así, el  primer paso estaba listo, las boletas las teníamos aseguradas un 50%. Lo que faltaba era mi segunda parte, conseguirme el dinero de la boleta, ya que yo  tenía el  pobre sueldo  muy  bien  llamado “sueldo  de estudiante” y mi presupuesto no me alcanzaba para mi  propósito: estar en el  clásico. Por eso  decidí acudir a mis padres, a quienes no les sonó muy buena la idea cuando  les dije para qué era la plata, ya que mi madre no es muy  amante al  futbol  y  lastimosamente menos del  Nacional;  mi  padre sí es muy  hincha del  Verde, pero  no  le gustaba  ni  poquito que fuera a clásico, todo  por los antecedentes de violencia. Pero,  para mí, esa no era excusa para faltar al  partido, por lo tanto me tocó prestar plata, y la intermediaria de esto era mi  hermana, que siempre me ayuda en  situaciones por el  estilo; claro  que me tocó portarme bien  todo un día con  ella, y no  les voy a contar qué hice por que sería humillante.

Todo estaba casi listo  para el  gran día; era sábado y ya tenía todo preparado para el  domingo  de futbol. Bueno,  eso  creía, porque los inconvenientes no  se hacían esperar. Ese mismo día estaba yo  en  la tienda del barrio, cuando me encuentro a mi vecina, que por cierto es de esas  mujeres que miras y te quedas idiotizado. Y estaba yo  ahí, la miro y le digo con una sonrisa de oreja a oreja “hola”. Y ella me saluda, ¡Sí, me saluda! Después dice el  nombre más dulce y hermoso  que haya escuchado: “me llamo Angélica”. Después de 4 meses viviendo  al  frente de ella y  nunca habíamos cruzado palabra y ese día por fin me habló y conversamos un buen rato. De pronto, ella se queda en  silencio unos segundos y me pregunta:

- Oye ¿quieres ir mañana a piscina con mis amigas?
- Y yo, de lo idiotizado que estaba le respondo.
- Claro  ¿Por qué no?
Entonces, antes de despedirse  me dice:
- Listo, mañana nos vamos a divertir mucho.

Pasan varios segundos y yo me quedo allí pensando e imaginando cómo la pasaría con  ella;  de repente reacciono y me doy cuenta del día del cual me hablaba. No lo podía creer, era domingo, mi  domingo,  el  domingo  de futbol, clásico, pasión, era todo  lo que significaba ese domingo para mi. Resultaba frustrante, tantos domingos que hay y ¿por qué la belleza utiliza el momento  más esperado  por meses y se cruza con  este? Era una posición  que no se la desearía a ningún hombre, estaba entre ver al equipo de mis amores jugar el  primer clásico  del  año o ver a esa mamacita en vestido de baño pasar por delante de mis  ojos. ¡Por favor! Son cosas muy complicadas. Toda esa tarde la cabeza la tenía un enredo, no sabía qué hacer, eran incógnitas por lado y lado. Entonces me decidí. Pensé: mujeres hay  muchas, pero este clásico  es único. Pero había dentro de mi otra preocupación: que mujeres como ella eran escasas.

No sabía qué hacer, estaba a punto de enloquecer; pero no, el  futbol  primero. Y, sin  darme tiempo a mi mismo de arrepentimientos, esa mañana fui de inmediato a hablar con la mujer de mis sueños. Ay, un fuerte suspiro, tomo aire,  toco la puerta y sale ella; baja las escaleras y la veo en una pijama muy, muy  pero  muy  sexy. Me provocó gritar o agarrarla ¡Ya! Reacciono, la miro y no sé por donde empezar; cada vez que tomaba impulso se me venía la imagen de ella en vestido de baño pasando por delante de mis ojos, haciéndome miraditas tentadoras. Ya es suficiente. Y las palabras comienzan a salir; vuelvo y tomo aire y  digo dentro de mí: todo  por el  Verde

- Hola ¿cómo estás? Oye, lo que pasa es que…
- ¿Qué pasó?- me dice ella.

- Lo  que pasa es que hoy hay futbol y me queda imposible acompañarte a piscina ¿tu me entiendes, verdad? 

El  silencio  la invadió, su  mirada ya no  era muy amigable que digamos, típica niña a la que nunca le han dicho que no. Me mira de arriba a abajo y, por fin, decide pronunciar palabra, y se le  ocurre decir una frase muy común  en  ellas para lograr que uno se arrepienta de una decisión.

- Ah, bueno, tu te lo  pierdes

¡Nooo! Un grito interno que me ahogo. ¿Por qué dijo  eso?  ¿No se le podía ocurrir otra frase menos cruel de todas las que existen? Hubiera sido preferible que no dijera nada, pero esa frase no, y menos de una mujer como esa. Y con esa mirada de traviesa que me decía muchas, pero muchas cosas. Y, claro, soy  hombre, y no era la excepción, estaba funcionando su estrategia. De pronto un sentimiento de arrepentimiento invadía mi mente. Estuve a punto  de decirle que no me importaba el  partido y que, claro, iba a ir con ella a piscina. Pero no, tuve mucha fuerza de voluntad y lo mejor que pude hacer fue callarme, voltear e irme. Cuando  estaba partiendo, ella reaccionó y me llamó. Volteo, me  sonríe y  me dice:

- Ay, vas para el  clásico, qué bueno.
 ¿A qué hora es el partido?

Creía que mi suerte había cambiado y que esta mujer era la perfección, aparte de mamacita y sexy le gustaba el  fútbol y, por supuesto, lo  que era mejor, era hincha de Nacional. Comenzamos a conversar sobre la pasión que teníamos en común y entonces ella empieza a lanzar frase como estas: “Ay, yo nunca he ido a un clásico”, “Ah, qué pereza ir a piscina hoy, no está haciendo buen día”, “Si no voy a piscina qué hago  hoy”. A esas frases no les presté mucha atención; o no sé, de pronto mi subcociente no  quería que asimilara lo que ella quería decirme. Por eso no le quedó más remedio que ser directa.

- ¿Me llevas al  estadio?
Yo no sabía qué hacer, me bloqueé. Es que le apuntó a lo  que más me duele a mí: presupuesto. No  tenía dinero. ¿Recuerdan  todo  lo  que tuve qué hacer para conseguirme una boleta? Y ahora para otra. No, ¿qué voy a hacer? Otro inconveniente más. Pero pienso  rápido  y  respondo

- Ay, mi  amor, las boletas están agotadas. Ojalá pudiera hacer algo, me hubiera encantado ir contigo. Bueno, me voy, que estés bien, chao.
Ya está todo  resuelto
- Oye- dice ella-,  mi  primo vende boletas y  esta mañana hablé con él y me dijo que aun tenía.
¡No  puede ser! ¿Qué hice para merecer esto? Parecía como si ella tuviera todo  planeado.

Como en los anteriores momentos, no  sabía qué hacer y menos qué decir. Otra vez estaba entre la espada y  la pared. Claro, de mi respuesta dependía lo que iba pasar en un futuro con  ella. Otro No en  un mismo día para ella sería como una puñalada en la yugular y un  Sí sería la puñalada para mí. Me tomo la cabeza, cierro los ojos y  con  una voz baja le respondo, y  la puñalada me la metí

- Sí, claro,  llámalo y  dile que te traiga una boleta.
¡Ay Dios! ¿qué hice? Ella se me lanza, me abraza y me


da un pico, y por un momento me hizo olvidar mis inconvenientes y me subió directamente al  cielo.

-Listo, ya lo  llamo- me dice ella.

Abro los ojos y la miro la cara; no estaba muy satisfecha. Sonrío pensando en que estaba salvado, lo único  que rogaba era que me dijera que ya no tenía boleta. Un suspiro  más sale de mí. Ella me dice:
- Ay, qué lastima. Hablé con  él y  me dijo  que ya no  tenía más boletas.

Me tuve que contener demasiado para que ella no viera mi alegría. Un “pero” interrumpe mi emoción interna otra vez ¿Ya qué pasó? Pienso que mi  corazón no va a soportar todo esto.

- Mi hermano me acaba de decir que él no va a ir al  partido  y que te vende la boleta.

Definitivamente el destino estaba empeñado en que de todo me pasara ese día. La sonrisa fingida invade mi  rostro 

- Listo  preciosa. Espera yo  voy  a la casa por la plata
Mientras voy  para mi  casa la prioridad que tenía era cómo me iba a conseguir la plata. Tenía una opción,  la cual  no me agradaba mucho porque me exigía comprometer otro día de humillación con la crueldad en  estampa de mi  hermana;  la verdad, estaba en manos de ella. Vuelve el perro arrepentido. Esa frase me quedaba muy bien en  ese momento. Con  la cabeza inclinada llego donde mi hermana, y, claro, ya sabía mi propósito al llamarla hermanita linda. Sin dejarme terminar de mencionar el favor, un No rotundo  estremeció mis oídos, así, enterrando mis ilusiones de conquistar a mi  amor platónico. Ahora más que nunca estaba desesperado,  a pocas horas de partir hacia el  estadio no  tenía ni  un peso  en  mis  bolsillos, y mis padres no me colaboraron por razones ya mencionadas. Solo me quedaba mi primo, el  hombre que, si  por él fuera, vendería a su madre. Yo,  sabiendo lo que me esperaba, sin pensarlo dos veces, recurrí a él. Lo  que me temía, el  favor salió más caro de lo que yo me imaginaba. Por el préstamo que él me concedió, a cambio  este pecho tenía que someterse a hacerle de cachifa durante 15 días. No lo podía creer, pero  igual él me tenía en  sus manos; era eso  o  renunciar a la oportunidad de  estar con  la princesa de mi  corazón.

Ya estando  todo  solucionado, me dispongo  a organizarme para irme de inmediato por Angélica. Todo  lo  tenía calculado; después del  partido pensaba confesármele y decirle lo mucho que me gustaba. Claro, no  quería pensar en ese refrán  que dice que las cosas planeadas no  funcionaban, para mi las peores cosas ya habían pasado. Cuando me estaba organizando, mi papá entró a la pieza y  vio que me estaba  poniendo una camiseta del  Nacional.

–Lo  mejor es que se valla sin  esa camiseta- me dijo-, usted sabe cómo es eso  de peligroso.

A esas palabras no les puse mucho cuidado  y,  como hijo desobediente, me la puse y  de inmediato arribé por Angélica. Todo estaba normal, nos dirigíamos directamente al  Atanasio Girardot; la piel  se me ponía de gallina, creo que son  de las pocas cosas que me ponen así. Ya estábamos allí, Angélica también se veía  emocionada y por fin, después de mucha espera, salió el  Atlético Nacional  y  la fiesta fue total. Estábamos muy  contentos y  lo  más vacano es que esa emoción la  compartíamos los dos.

Comenzó el  partido, un partido muy  sufrido, guerreado,  los cánticos era la mejor melodía para Angélica y  yo. El  partido  era de ida y vuelta, ya habían pasado muchos minutos del encuentro y un enganche del  siempre protagonista Camilo Zúñiga nos levantó del asiento; se sacó a dos del  Medellín  y  soltó un potente remate que nos hizo palpitar y, por  fin, lo más esperado llegó: el gol; un gol no, un  golazo, que fue la excusa perfecta para poder abrazarla y tocarla. Después del gol, la salida del equipo al  estadio fue también  un momento especial y lo  disfrute de principio a fin. El partido culminó y Nacional ganó, como casi  siempre que juega contra Medellín. A la salida del estadio ella no paraba de hablar del partido, lo cual me encantaba más de ella; hablaba con mucha propiedad y hablando y hablando íbamos camino hacia la estación del  metro y  ni  cuidado  le pusimos al bachiller que nos estaba dando instrucción. Nos montamos en  el metro como si nada, y mientras este avanza nosotros seguíamos hablando. De pronto, en el altavoz indican-“próxima estación  Floresta”. Angélica y yo nos miramos y de inmediato nos dimos cuenta del  problemón en que  estábamos. Reaccionamos y lo  primero que se nos ocurrió fue prestarle mi  buzo a Angélica para que cubriera la camiseta; pero ahí me entraron en la mente las palabras de mi padre, ahí me di cuenta de lo  importante que es hacer caso. No tenía como cubrirme la camiseta. Nos bajamos en Floresta para esperar el  metro  siguiente; llevábamos la cabeza inclinada, la subimos y lo  primero que vemos es en la plataforma de adelante camisetas rojas por lado y lado y  los gritos y los insultos no se dejaron  esperar. A un bachiller, supuestamente da seguridad, lo  primero  que se le ocurrió decirnos fue:

- No  bajen que los patean.
Parece increíble cómo una persona que supuestamente nos brinda seguridad nos diga eso. Entonces, preocupados e inquietos, nos sentamos en las escaleras de la plataforma. La vergüenza me invadía, no  sabía qué decirle a Angelica. De repente sube un man, peludo y  con mala cara; nos mira y en su mirada había odio, y sin  sentido, por su puesto, porque ni  nos conocíamos. El tipo se nos para al  lado y  después de un rato, creo  que por la cara de susto  que  teníamos, de pronto,  no  sé, se  compadece  y  nos dice.
- Vayan hacia San Javier, esperan una hora y  se devuelven.
La idea no  fue mala y  accedimos. Cuando  nos disponíamos, una mujer se nos acerca y  nos dice
- Ni se les ocurra bajar que los aporrean.

Ahí me di cuenta que el problema era más grave de lo que yo pensaba. Así nos fuimos y cuando llegábamos a San Javier el  panorama no  era muy  agradable; en esta estación también había una buena cantidad de hinchas del  Medellín y de regreso, en la estación Floresta, las cosas seguían igual. Otra vez la preocupación y una tímida risa me invadieron. Como quien  dice, estamos es muy de malas. Pero de pronto  la suerte cambió y por el  altavoz se anuncia que ese metro no hacia parada en  la estación Floresta. Ahí la risa tímida se convirtió en una carcajada que contagió a Angélica; fue una de las mejores cosas que habíamos escuchado después de toda esta travesía.

Ahora lo mínimo que esperaba era que mi amor platónico me correspondiera y así terminara el gran domingo. Ay, pero  las mujeres nunca son  lógicas, y lo que me temía sucedió. Ella dijo la frase más odiada por muchos, claro  común en  ellas para sacarlo a uno de “taquito”:

- Te quiero pero como amigo.
¿Por qué son  tan  crueles? Por ello llegué a la clara conclusión: primero  futbol, y eso  es sagrado.

 

Mi nombre por ahora no importa, puesto que podría llamarme como usted que está leyendo, como su hermano o hermana, como su novio o novia o como alguien cercano a usted. Soy estudiante universitario, ciudadano e hijo de este pueblo, una persona que cree en la construcción de un país más justo, un país donde la salud no se convierta en un lujo que únicamente puedan darse los ricos, un país donde no se castigue la diferencia de pensamientos, un país donde exista verdaderamente la justicia social y un país cuyo desarrollo depende en gran parte del compromiso que nosotros, estudiantes universitarios de diversas aéreas del saber, asumamos con aquel pueblo colombiano al cual pertenecemos y amamos.

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