Memo Ánjel

Memo Ánjel

Wednesday, 06 November 2019 00:00

Sobre periferias. El asunto del afuera

Hacia las tres de la tarde, Bessie Popkin comenzó a prepararse para salir a la calle.
Isaac Bashevis Singer. Un amigo de Kafka (cuento La llave).

 

Los afueras
Lo correcto sería decir el afuera, pero no hay un afuera sino muchos afueras, nos rodeamos de afueras, y en este círculo o cuadrado o triángulo, en el que somos el centro, aparece el concepto de periferia y de contenido de certidumbre (espacio donde sabemos lo que pasa). Y si bien la periferia se define como lo que cerca un cuerpo (lo que le da límites), en la realidad no es la cubierta de algo, sino lo que establece su perímetro. Y el perímetro es lo que rodea un centro con radios (como una rueda de bicicleta), siendo esto (los radios desde el centro) lo que permite que el objeto ruede o no pueda hacerlo. Hasta aquí la teoría.

Don José Ortega y Gasset (filósofo español), dice que somos un yo y sus circunstancias, definiendo muy bien que yo logro entender qué me pasa de acuerdo a las circunstancias políticas, económicas, sociales, culturales y científicas que me rodean. Y que soy yo en la medida en que entro en contacto con estas circunstancias, entendiéndolas para tenerlas en cuenta, debatirlas, cambiarlas o no aceptarlas. Vista así la cosa: somos la periferia que tenemos.

Para los urbanistas, la periferia son los límites de una ciudad, lo suburbano, el contacto con la ruralidad; para los agricultores y ganaderos, los mojones de sus terrenos determinan hasta dónde llega su tarea. Los medios de comunicación establecen su periferia en los puntos más lejanos a los que llegan sus informaciones y opiniones, y la política, en los límites de dominio de un país: sus fronteras. De esta manera establecemos hasta dónde llegan nuestras afueras, siendo esta la realidad más cercana, el punto de referencia para entender lo demás y entrar en contacto con los de otras periferias.

Aristóteles decía que el infinito no existe para el análisis. En lo infinito terminamos perdiéndonos y creando fantasías. No así en lo finito (en lo que tiene límites), que permite tener un espacio preciso para analizar lo que contiene y, al saberlo, deja ampliarse un poco para continuar en la búsqueda. La educación, por ejemplo, es un espacio preciso y este se amplía en la medida que usamos lo que sabemos para ampliar ese espacio que nos permite aprender más. ¿Y qué es lo que nos da la limitación? La periferia, los límites conocidos, las afueras entendidas.

La periferia de una región
Toda región o territorio parte de un centro. Pero no crece solo desde el centro sino desde la periferia, que, al ser debidamente pensada, produce un crecimiento hacia adentro. Así, un país depende de la periferia, de los puertos que tenga y del desarrollo de sus fronteras, que son la entrada y salida de lo que producen. Ejemplos de esto son Estados Unidos, Rusia, China y Japón, países que se han preocupado por tener una buena periferia con el fin de crecer hacia el interior. Ahora, por el contrario, países como Colombia no han sufrido de este crecimiento (de la periferia hacia adentro) debido a que no se ha pensado en las afueras sino en una centralidad que se agota a sí misma, precarizando lo que le rodea, dado que todos vienen hacia el centro a buscar oportunidades que, de haber tenido una periferia desarrollada, no habrían buscado en el centro sino en la periferia misma. De esa manera se evitaría la acromegalia (desarrollo desordenado) de la capital, convertida ahora en una megalópolis con problemas de sobrepoblación, problemas viales y de servicios públicos, contaminación ambiental y desorden social en las partes más deprimidas.

Lo peor es que esta migración hacia el centro deja abandonadas grandes extensiones de tierra que se usan para monocultivos y potrerización extensiva, minería planificada para una economía de extracción (la peor, porque deja la región sin materias primas para usos futuros) y pocas cotas crecientes de empleo debido al modelo que se usa, en el que pocas personas son necesarias para hacer el trabajo que antes hacían muchas, debido a la diversidad en los cultivos, ganado y oficios que existían cuando la vida social se centraba en poblaciones pequeñas que manejaban comercios tradicionales de artesanías, excedentes de producción y otras maneras de tejido social. Con los migrantes (desplazados, gentes sin empleo, buscadores de mejores condiciones), la periferia se anula como generadora de desarrollo y se va convirtiendo en una bodega de tierras afectadas o dañadas del todo.

La periferia de Antioquia
Antioquia es una región inmensa (en su perímetro cabe tres veces Israel, diez Líbano, dos Bélgica, y tres Eslovenia) que ha centrado su desarrollo en Medellín, dejando a las otras regiones casi en completo abandono. Si quisiéramos definir Medellín, se diría que es una ciudad moderna, que avanza, pero está rodeada de pobreza por todas partes. Y esa pobreza incluye calidad de vida deficiente, pocas posibilidades de educación competitiva y salud defectuosa. Y esto se ha debido a la miopía de los gobernantes, que nunca han visto la periferia más que para ir de paseo o conocer el mar.

Si la periferia de Antioquia hubiera tenido el mismo crecimiento (o parecido) al de Medellín, las gentes del departamento se habían situado en partes diversas y tendrían una mejor calidad de vida. Además, su productividad sería mayor. Pero no, en toda la extensión del territorio apenas hay una sola gran ciudad, unas pocas intermedias que no se desarrollan bien y unos pueblos de frontera o cerca al mar (Sonsón, Apartadó) que, en lugar de llamar migrantes para crecer, más bien los desvía hacia Medellín, que crece, se estrecha, tiene problemas con la contaminación y la cota de agua, encarece los alimentos porque hay que traerlos de más lejos (ya que ha perdido su ruralidad) y se desordena socialmente debido a la falta de oportunidades.

La periferia es la suerte de una región. Es su piel, sus miembros, el poder ver más lejos y tener más contactos. Y, en lo que más importa, la periferia (bien desarrollada) es tener mejores ciudadanos, educación más diversa y mejores condiciones sociales, nacidas de una mejor planeación.
Así como una bicicleta avanza por la calidad de la periferia de sus ruedas, así la región que ve desde su centro la periferia y la conecta a su desarrollo, puede avanzar. Pero si solo nos vemos el ombligo, cualquier cosa del afuera nunca se ve. Irse a la porra, es irse hasta los límites. Y bueno, de esa porra se crece hacia dentro.

Artículo que contiene un niño que fue sargento

 

El puente de Boyacá, que a mediados del siglo XVII se construyó con madera y materiales (seguramente piedras pegadas con argamasa), atraviesa el río Boyacá y está en el camino que une a Tunja con Bogotá. Los dos nombres, Tunja y Bogotá (Bacatá) son chibchas, igual que Boyacá. Tunja era el nombre que los muiscas (que traduce hombres) daban al territorio de los Zaques y quizá quiera decir tierra abastecida (oro, sembrados, agua). Bacatá se traduce como campo para labrar y Boyacá es cercado del cacique. En Colombia los nombres indígenas abundan y tienen qué ver con lo que ven los ojos, cuando no con la tribu a la que se pertenece. Cali viene de los indios calis, Titiribí de los titiribíes (comerciante de sal), etc.

La batalla de Boyacá, que debió realizarse a lado y lado del río (el puente es muy pequeño como para permitir el paso de un ejército grande), duró dos horas efectivas y se acabó a las cuatro de la tarde con la victoria de las tropas de Bolívar. Algunos historiadores, para contar la batalla (que fue un sábado siete de agosto), hablan de cifras precisas de soldados: 2850 patriotas contra 2760 realistas. Otros ajustan el número de 3000 contra 3000, y el historiador inglés John Lynch dice que los que peleaban a favor de España eran más y los que estaban con Bolívar menos, lo que hace que la batalla les dé más lustre y ferocidad a los vencedores, que habían derrotado a un general y a un batallón español de Dragones que había vencido a las tropas de Pepe Botellas, el hermano de Napoleón Bonaparte.

Lo cierto es que la mayoría eran de infantería (los miles), que dejaron gran cantidad de comida en el terreno debido a la falta de mulas de carga; los de caballería, jinetes españoles (Dragones), versus llaneros-lanceros y los de artillería, dos grupos de 20 a 30, que hicieron poco porque la fuerza de la batalla se hizo con armas de mano, gritos enardecidos y gente que huyó despavorida, incluyendo caballos. En esta batalla (que fue la de la Independencia) participaron al lado de Bolívar soldados ingleses e irlandeses, criollos ilustrados (a Santander se lo nombró héroe), mulatos, mestizos e indios. Del bando español, españoles y mucha gente del común (de las comunidades negras y mestizas recientes, en especial) que creían en supersticiones y habían sido reclutados a la fuerza.

Para antes del siete de agosto, ya Bolívar se había tomado a Tunja y ganado la batalla del pantano de Vargas (25 de julio de 1819). El enfrentamiento de Boyacá se dio para cortarle a Barreiro (el comandante español) el paso hacia Bogotá, lo que se logró y creó rumores tan espantosos que al llegar la noticia a la capital los españoles salieron corriendo (se hablaba de la ferocidad de los llaneros). El virrey Juan Sámano tomó el camino hacia Cartagena, dejando olvidada una bolsa con más de un millón de pesos (parece que por estar muy afanado guardando ropa en unas maletas), y a muchos realistas (criollos que estaban a favor de Fernando VII), que cambiaron de bando, en especial cuando se enteraron de que Santander había fusilado a Barreiro (lo hizo arrodillar y le dio un tiro en la espalda, igual que a otros 34; luego hubo un desfile militar y después un baile).

A Barreiro lo había capturado un niño de 12 años, Pedro Pascasio Martínez, a quien Bolívar le dio 100 pesos de recompensa y nombró sargento. Se dice que a Pedro Pascasio, cuando encontró a Barreiro, lo quisieron sobornar con unas monedas de oro, pero el niño no se dejó. Tomó preso al español y lo llevó hasta donde estaba Bolívar. Sobre este niño se hicieron poemas y quizá alguna canción. Entre las tropas libertadoras iban muchos que cantaban y tocaban el cuatro, instrumento que por pequeño estorba poco.

Con una sola batalla, la del puente de Boyacá, Bolívar había independizado a la Nueva Granada. Esto asombró mucho a Fernando González Ochoa (el filósofo de Envigado), pues como escribe en Mi Simón Bolívar: había materializado una representación mental. Esto sí era tener conciencia.

La batalla de Boyacá y la de Carabobo cerraron el ciclo libertador. Y entre estas dos batallas, Bolívar se entrevista con el español Pablo Morillo, llamado el pacificador por lo sangriento. Y Morillo, que estaba entre los que habían vencido a Napoleón, expulsándolo de España, apenas si cree que Bolívar sea “aquel hombre pequeño, de levita azul, con gorra de campaña y montado en una mula”, como lo describe González. Y Bolívar con cuerpo de nada y sobre una mula (el animal que atravesó páramos y tierras de caminos endiablados), termina derrotando a quien tenía el título de conde de Cartagena, Marqués de la Puerta, cabeza de la reconquista y héroe de la batalla de Trafalgar.

Sin embargo, como anota Fernando González y con él otros historiadores y biógrafos (David Bushnell y Emil Ludwig, entre ellos), después de la Independencia, Bolívar termina siendo un extranjero entre los suramericanos. La independencia que quería, la que se había planteado en la Carta de Jamaica y en el Congreso de Angostura (donde Colombia se llamó Colombia y se planteó como República, según propuesta de Francisco Miranda, para esos días ya muerto), no se da. La palabra Independencia significa dejar de ser dependientes, ser autosuficientes (como dice Raph Waldo Emerson), poder crear una identidad y tener un sitio libre en la tierra. Y no se da porque seguimos enfrentándonos unos a otros, pensando a partir de la metrópoli y no desde aquí, y queriendo irnos a otra parte o buscando gente de otros lugares para que construyan por nosotros o se lleven lo nuestro.

La batalla de Boyacá nos hizo libres y esa libertad nos pudo, parece que nos quedó grande. A esto hay una frase de Hegel, el filósofo alemán: La libertad es mejorar lo que yo hago, porque si no mejoro lo que hago, soy esclavo de lo que hago.

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