Fallo de la OIT no satisface a extrabajadores de Sofasa

Finalizando el año 1991, Sofasa, una de las ensambladoras de autos más importantes del país presentó ante el Ministerio del Trabajo una solicitud para que le permitiera despedir 400 trabajadores. El fundamento de tal solicitud era la difícil situación económica que vivía la empresa, pero no parecía esto tan verosímil, sobre todo porque hacía poco Toyota había comprado un buen porcentaje de las acciones de Sofasa, inyectándole así un gran capital. Los trabajadores demandaron y su litigio aun hoy, más de 15 años después, no acaba de resolverse. Carlos Jurado y Pedro Luis Aguirre, dos empleados despedidos en aquel entonces, entre 169 que aprobó el ministerio, nos cuentan la historia y la situación actual de la lucha.

 

Arremetida contra los trabajadores
El despido está precedido por una huelga que acabábamos de realizar exigiendo la estabilidad laboral. Porque ya venía dándose el fenómeno de contratar para la producción trabajo temporal o contratar mejor con Cooperativas de Trabajo Asociado. Ese punto estaba prohibido por la convención colectiva. Ellos insistían diciendo que la competencia tenía un promedio de producción más alto que nosotros y por eso nos tildaban de haraganes. Eso, desde luego no era cierto, pero sobre todo nosotros no estábamos dispuestos a ceder en ese punto, pues sabíamos que si nos temporalizaban la producción perdíamos beneficios, perdíamos maniobra política y de trabajo.

Por otro lado, la resolución del ministerio le aprobó a la empresa 169 despidos, de los 400 que había solicitado. La primera tanda, de 126 trabajadores despedidos, fue en agosto del 92, la segunda fue en octubre de ese mismo año. Paradójicamente, 15 días después de tales despidos la empresa contrato 171 personas, 99 a término indefinido y 72 a término temporal. Eso no tiene presentación si lo que la empresa alegaba para justificar los despidos era su mala situación económica y contratan incluso un número mayor al de los despidos. Incluso después de la primera tanda de despidos hubo un aumento de salarios, que muchos no alcanzaron a disfrutar más de un mes.

Por otro lado, mientras se daba el trámite ante el ministerio, entre agosto de 1991 y agosto de 1992, la empresa muy hábilmente fue presionando a los trabajadores dándoles un porcentaje más sobre la tabla de liquidación convencional. Fuimos testigos incluso de cómo las trabajadoras sociales de la empresa llamaban a las esposas de los trabajadores diciéndole que el panorama estaba muy complicado, que era mejor que el trabajador arreglara para que no se sometiera a un despido; entonces muchos compañeros cayeron en esa trampa presionados por sus esposas. Fueron muchos los que negociaron; prácticamente fueron despidos concertados.

En esta situación tuvo también mucha incidencia el ingreso de Toyota a Sofasa con el convenio de Renault y Toyota. Esta última entró poniendo condiciones y su presión mayor era entonces acabar con la organización sindical. Fue con Toyota que se vinieron los despidos masivos y sistemáticos y con eso se quebró prácticamente la columna vertebral del sindicato, que había sido uno de los más fuertes en la ciudad en la década de los ochenta. En 1995 ya no existía sindicato. El 95 por ciento de los despidos fueron sindicalistas, sobre todo los líderes de la organización. El resto de los despedidos eran enfermos.

Algunos compañeros que continuaron en la empresa, al ver que se había acabado prácticamente el sindicato, se organizaron en otro sindicato, que prácticamente era desechable. Pero muy poco duró, porque rapidito siguieron los despidos con ellos. Pero interpusieron una demanda, con mejor suerte que nosotros, y ganaron el reintegro. Fue un asunto como de risa, si no fuera porque en el fondo es muy doloroso: hubo gente que fue reintegrada por la mañana, que por la tarde los volvieron a despedir, los recibían en la mañana con la carta de reintegro y en la tarde salían con la de despido en la mano

Otras formas de trabajo
Además, Toyota llegó imponiendo una nueva forma de trabajo. Ya entró con la política del justo a tiempo (Just Time) e inclusive se hacían círculos después de la jornada de trabajo donde el supervisor se reunía con los trabajadores y les preguntaba cuáles eran las dificultades que había en la producción. Empezaron de una manera muy sutil a hacerle creer al trabajador que él era partícipe de la producción, que el era importante en ella. Si el trabajador decía que tenía que inclinarse mucho porque la matriz donde se ensamblaba el chasis estaba muy alta, entonces le colocaban un banquito, o de pronto se bajaba la altura de la matriz.

El método del Just Time consistía en poner al trabajador todo a la mano para que se concentrara en hacer su trabajo sin perder un segundo de tiempo, con el objetivo de aumentar la productividad; mejor dicho, si es que el trabajador tenía que irse a cobrar su salario a tesorería, el supervisor iba y se lo reclamaba para que él no perdiera tiempo.

Todo se basaba en lo que ellos llamaban el manejo de los tiempos muertos. Lo que pasa es que de todas maneras en el proceso de producción el trabajador no solo adquiere una experiencia en el manejo de su labor sino una rapidez para la labor, es que trabaja por ráfagas. Efectivamente a este ritmo no puede trabajar de manera incesante. Pero si pasado un tiempito de jornada activa al trabajador le daba por ir al baño o hacer una pausa para tomarse un café o fumarse un cigarrillo, el patrón lo consideraba como una pérdida de tiempo productivo, tiempo muerto, que había que eliminar. Entonces ellos planteaban el asunto del Kaizen, donde se daban las reuniones en las que todos opinaban sobre la mejor manera de incrementar la productividad y eliminar estos tiempos en la medida de lo posible. Así cogían al trabajador y lo hacían supuestamente partícipe de las decisiones. Pero eran decisiones nimias, solo para hacer más rendidor el trabajo, porque las decisiones grandes las tomaban ellos en la dirección.

El viacrucis jurídico
Inicialmente después de despedidos planteamos las respectivas demandas en el juzgado de Envigado. Después de un tiempo salieron los fallos que le daban prácticamente la razón a la empresa; entonces acudimos al Tribunal Superior de Medellín, en donde también emitieron un fallo favorable a la empresa. Pero aún así no nos conformamos y llevamos el caso hasta la Corte, hasta la sala de casación. Allí también la sentencia salió por donde no era, a pesar de todas las evidencias que dejaban ver la intencionalidad de la empresa con los despidos. Y eso que los tres primeros casos, interpuestos individualmente, fueron declarados a favor de los trabajadores. Pero entonces cuando el caso llegó al tribunal como que ordenaron que ya no se diera por ganado ninguno de estos casos. Y así fue. El caso es que el propio juez de Envigado y el secretario de despacho terminaron andando en toyotas último modelo, que entonces eran prácticamente inaccesible para empleados. Puede ser suspicacia, pero todo este asunto nos lleva a pensar que ahí debe haberse movido un buen dinero.

Y otro caso que nos extrañó fue cuando fuimos algunos compañeros a la Defensoría del Pueblo. Ahí encontramos como defensor del pueblo al mismo que nos había despedido de Sofasa, Álvaro González, entonces Jefe de personal. Y el hombre nos recibió con esta pregunta: ¿si a ustedes se les muere la mamá se quedarían llorándola toda la vida? Claro, él no podía decir nada ante este caso ni ayudarnos, porque estaba bien comprometido.

Nosotros hemos caminado mucho con esto. Después de la Corte, elevamos la queja ante la OIT. Pero desafortunadamente nos equivocamos, porque la demanda estuvo mal presentada. Porque estábamos planteando la violación a la convención, la imposición del pacto colectivo, cuando el asunto que teníamos que plantear era la violación al derecho de asociación, el irrespeto al convenio 97 y 98 de la OIT. Por eso, de la OIT nos respondieron que la demanda no casaba con la situación y que debíamos allegar otras pruebas. Entonces nos dimos a la tarea de recomponer el proceso en función de esos dos convenios.

Cabe anotar aquí también que antes tuvimos un fallo de la Corte, en donde nos respondían que aun reconociéndonos la razón no podían dar un fallo a favor nuestro porque entonces le ocasionarían un trauma a la empresa cuando volviera a resurgir el sindicato. ¡Como si el trauma que le produjo la empresa al sindicato y a los trabajadores en general no contara!

Después de recomponer la demanda ante la OIT, recibimos de esta una respuesta, que a nuestro juicio es también bastante olímpica. Por ejemplo, aquí en el documento podemos leer la siguiente cita, tan cínica como la respuesta de la corte: “En lo que respecta al despido colectivo en Sofasa alegado por la CUT, el gobierno señala que ya ha respondido suficientemente a todos los alegatos presentados y que se trata de alegatos que se remontan a un pasado lejano, resultando imposible suministrar mayor información”.

Esa es una respuesta que a nosotros nos ofendió. Es el mismo Estado el que con su negligencia y parcialidad ha impedido que una injusticia cometida por Sofasa, con apoyo del mismo Estado en cabeza del Ministerio de Trabajo, ocurrida en 1992 se pudiera juzgar debidamente. Y ahora su respuesta es que por haber transcurrido tanto tiempo no pueden suministrar mayor información. Este es simplemente un monumento a la impunidad que viene reinando en nuestro país; es más, es una legalización de tal impunidad.

Y sin embargo, a pesar del cinismo ramplón de esta respuesta, la OIT se limita a pedirle al Estado colombiano que se asegure de que los trabajadores despedidos hayamos recibido una indemnización completa. Podemos hacer abstracción del problema que significa que sea el propio Estado el que se asegure de esto, aunque sus antecedentes no den mucha confianza. Efectivamente el Estado puede decir que fuimos liquidados plenamente a la hora del despido. En ese aspecto nosotros no podemos quejarnos, la empresa no nos quitó un peso. Pero, ¿qué significa en este país indemnización completa? Pues no es lo mismo una liquidación tarifaria que una indemnización completa.

En primer lugar, nosotros fuimos terriblemente macartizados. Después del despido intentamos emplearnos en alguna otra empresa; apenas el nuevo patrón se daba cuenta que habíamos estado en Sofasa, hasta ahí nos llegaba el contrato. Eso nos pasó a la inmensa mayoría; podíamos darnos por bien servidos si nos dejaban trabajar tres meses. Pero además, casi todos los que fuimos despedidos en esta arremetida llevábamos ya más de 10 y 15 años trabajando en la empresa, pasábamos de los 40 y hasta 45 años de edad. Y con esa edad aquí y en las actuales condiciones uno ya no es útil en la producción, o al menos el empresario juzga que uno ya no sirve.

Por otro lado, muchos tuvimos que sacar de estudiar a nuestros hijos o cambiarlos de institución. Y eso también es un trauma que hay que sumar al despido. Y es que en la empresa nosotros teníamos becas para nuestros hijos, por eso no había problemas con la educación, e incluso como teníamos un buen ingreso podíamos darle algo de dinero al muchacho para que pasara en la universidad. Pero una vez despedidos todo cambió. Se acabaron las becas y sobre todo nuestros ingresos. Muchos de nuestros hijos tuvieron entonces que frustrar sus carreras.

Hubo inclusive uno de los compañeros que se suicidó. Parece que estaba viviendo endeudado, esperando que con el fallo de la OIT iba a lograr un dinero para pagar y estabilizarse. Estaba esperanzado por lo que había sucedido con los trabajadores despedidos de Empresas Varias en circunstancias muy parecidas a las nuestras. A ellos los tuvieron que reintegrar, y por lo tanto pagar brazos caídos. En eso estaba confiado el compañero. Pero cuando conoció la respuesta de la OIT ya no vio ninguna salida para su situación.

Frente a todos estos asuntos es que nosotros nos preguntamos ¿Qué es indemnización completa? La OIT nos deja como si tuviéramos entonces que recurrir para solucionar el asunto a nuestro propio Verdugo, al mismo Estado que fue el que aprobó los despidos y después hizo todo lo posible por mantener el asunto en la impunidad. En este respecto es que nosotros venimos pronunciándonos y tratando de mover el asunto. Aunque tenemos que ser claros; después de tanto inconveniente y esta salida tan fría de la OIT, ya no tenemos grandes apuestas que presentarles a los compañeros de Sofasa que fueron despedidos con nosotros. Entre otras cosas, nosotros ya no estamos en la producción, entonces nuestra capacidad de presión es más bien poca. Eso complica mucho más la situación. Muchos de los trabajadores despedidos se han dispersado y ya solo quedamos un comité pequeño. Nos interesa visibilizar este caso sobre todo para que la experiencia sirva a los otros trabajadores y a los sindicatos que se vienen renovando, para que estén pendiente y alertas ante esa alianza terrible entre el Estado y el capital en contra de los trabajadores.

 

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