EDITORIAL No. 38 Asamblea del Bid: para subastar a Colombia

Editorial

Asamblea del Bid: para subastar a Colombia

Colombia, o mejor, la burguesía colombiana, se acicala para recibir con todos los honores la quincuagésima asamblea de gobernadores del Banco Interamericano de Desarrollo- BID, la institución creada para financiar el “desarrollo” de los países americanos, y que se realizará en Medellín del 27 al 31 de marzo. También los sectores y organizaciones populares nos preparamos para recibir al BID como se merece. Esta no es solo la oportunidad para decirle al BID, al gobierno norteamericano, a los inversionistas extranjeros, a la burguesía nacional y a sus gobiernos lacayos que no queremos más el tipo de desarrollo que nos han venido imponiendo y que nos condena cada vez más a la miseria; es ante todo la oportunidad para entender la necesidad de darle un nuevo rumbo al desarrollo social y empezar a caminar en esta dirección.


El BID es una institución fundada en el contexto de la guerra fría que se configuró después de la segunda guerra mundial; como tal se plantea desde el principio como una estrategia para frenar el avance del comunismo en los países americanos. Su principal socio - prácticamente dueño- son los Estados Unidos, quien en su política de garrote y zanahoria ha utilizado al BID como la zanahoria, a través de sus programas de crédito dirigidos, casi en su totalidad, a infraestructura, que en últimas beneficia al capital extranjero. El BID nos prestan plata, pero nos dice en qué invertirla. En realidad, lo que ha buscado y logrado el BID con su política de crédito es darle salida a los capitales represados de los monopolios financieros, que se ubicaban así como socios estratégicos de los países denominados por ellos mismos “en vías de desarrollo”.

La profundización del neocolonialismo, o el perpetuo estado de subdesarrollo, que impulsa el BID para los países de América Latina y del Caribe está garantizada por su propia estructura, dividida en países prestatarios y países no prestatarios. O sea, entre países que requieren créditos y países que los otorgan. Y son estos últimos los que tienen capacidad de decisión. La máxima instancia de decisión es la asamblea de gobernadores; cada país miembro designa un gobernador que lo representa, pero su poder de voto es proporcional al capital que su país suscribe a la institución. Curiosamente, de los 48 países miembros del BID, 22 de ellos son no prestatarios (ricos), que suscriben capital a la institución para ser distribuido en créditos. Entre ellos no hay ninguno de América Latina y del Caribe; la lista la encabezan Estados Unidos y Canadá, con cuatro países asiáticos y 16 europeos.

Ahora, en pleno apogeo del neoliberalismo, el BID sostiene que es la inversión privada la que agencia el desarrollo. Y su concepción de desarrollo apunta hacia el aumento del comercio y las oportunidades de inversión para los países miembros; pero bajo su dogma neoliberal se hace evidente que el comercio y las oportunidades de inversión que impulsa son para los países no prestatarios (ricos), los países de América Latina y el Caribe apenas son receptores de las mercancías de estos y campo de oportunidades para las inversiones de sus capitales. El BID ofrece créditos a unas tasas de interés definidas en función de la tasa de interés de los bonos del tesoro norteamericano más el spread, una especie de castigo financiero impuesto por las calificadoras de riesgos para la financiación. Es decir, para los países más pobres (todos los países de América latina y El Caribe) las tasas de interés son las más altas.

El año pasado el BID aprobó créditos por valor de U$ 14.400 millones y para este año anuncia U$ 18.000 para América Latina y El Caribe. De los créditos otorgados el año pasado, el 50% fue destinado a mejorar la competitividad de los países receptores, es decir, a la construcción de infraestructura vial, puertos y otros para agilizar las importaciones y las exportaciones. Desde luego, esta infraestructura no hace en realidad más competitivos a los países, sino que en las condiciones actuales los entrega en bandeja de plata a la voracidad del capital extranjero. Como dice Héctor Mondragón, por estas vías anchas se derramarán las mercancías norteamericanas hacia los países del sur y se esfumarán los recursos naturales que constituyen nuestra real riqueza.

En el caso de Colombia, el BID es su principal fuente de endeudamiento externo; del total de la deuda con organismos internacionales, el 41% proviene del BID. Sus créditos van dirigidos en su mayoría a financiar al sector eléctrico. Pero Colombia tiene suficiente energía para satisfacer sus necesidades, entonces este sector es más bien un jugoso negocio para los inversionistas extranjeros a través de la exportación de energía. El BID, en este sentido, ha financiado el 30% de la capacidad de generación en el país, impulsando la construcción de 11 centrales hidroeléctricas, entre ellas Porce III, con un crédito a EPM por U$ 200 millones en el 2005. Las altas tasas de interés de estos créditos son uno de los factores que mantienen elevadas las tarifas de los servicios públicos, las mismas que hoy tienen asfixiada a buena parte de la población colombiana.

Recientemente esta institución aprobó otro crédito a Empresas Públicas de Medellín por U$ 450 millones para la segunda etapa de saneamiento del río Medellín. Esto parece muy bueno a primera vista, si no fuera por los altos intereses y porque detrás de este crédito vienen amarrados otros proyectos de infraestructura ya no tan sanos, que serán presentados en la Asamblea para buscar financiación, entre ellos la del proyecto Porce IV. Y paralelamente a la Asamblea se va a realizar Expodesarrollo, en el cual se pretende “vender el país” a los inversionistas extranjeros que asistirán. Allí se presentarán otros proyectos energéticos como la hidroeléctrica Pesacadero-Ituango, que junto con todos los proyectos hidroeléctricos desarrollados en Colombia han estado precedidos de un terror generalizado impulsado por el propio Estado a través del ejército o sus fuerzas oscuras para obligar a la población a desplazarse y dejarle vía libre a los capitalistas para realizar su proyecto, que en vez de desarrollo trae para los colombianos muerte, destierro y miseria.

Ese es el desarrollo que desde hace cincuenta años ha venido financiando el BID. Y por eso mismo son muchas las voces de organizaciones e individuos que se levantan hoy para rechazar esta institución y su ideal de desarrollo, también para rechazar a la élite gobernante que ha venido entregando el país impúdicamente en las garras del imperio. Como siempre, la respuesta del Estado para acallar estas voces de protesta y la campaña de confrontación que se anuncia ha sido el terror. Por eso hoy Medellín está envuelta en una atmósfera enrarecida como hacía mucho tiempo no se vivía. De un momento a otro se multiplicaron los panfletos que anuncian una campaña de limpieza social contra grupos específicos, pero que en realidad logran esparcir el miedo en general con asesinatos en toda la ciudad. A ello se suman las groseras amenazas distribuidas en la Universidad de Antioquia, uno de los centros de protesta social más dinámicos en los últimos tiempos, contra las oficinas estudiantiles y sus líderes con nombre propio. Y para completar, el asesinato de un estudiante dentro de la universidad el pasado jueves 12 de marzo. A nuestro juicio nada de esto es accidental ni aislado, y mucho menos desvinculado del Estado. Es más bien una combinación de estrategias para embozar la protesta social y crear un ambiente de silencio frente a lo que hace el BID y los gobiernos títeres con este país.


A pesar de ello, la organización de actividades alternativas para las fechas de la Asamblea debe continuar. Pero no solo como una estrategia contestataria frente a un evento específico o como una forma para expresar nuestra rabia e inconformidad con el estado de cosas que ha ayudado a crear impunemente el BID. Más allá debe ser este el escenario para juntar voluntades orientadas hacia un trabajo de mediano y largo plazo en el que se ponga en debate el modelo de desarrollo que nos ha sido impuesto y se exploren formas alternativas de desarrollo en las cuales el despliegue de la humanidad logre al fin domesticar la voracidad acompañada de criminalidad del gran capital y sus dueños. Para explorar sobre todo las formas de romper la dependencia con el monstruo imperial y ganar autonomía para definir nuestro destino en función del desarrollo humano. En este propósito nos empeñamos desde Periferia, al lado de las organizaciones populares que hoy le ponen el pecho no solo a la discusión sino ante todo a la construcción.

Modificado por última vez el 16/06/2012

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