¿No pasa nada en Medellín?

¿No pasa nada en Medellín?

La noche del martes 3 de marzo fue quizá una de las peores que vivió en los últimos 10 años la familia Tapias, del barrio Las Palmas. Eran pasadas las nueve de la noche y una de las niñas, menor de trece años, estaba todavía en la calle, sin atender los llamados para que se entrara. Eso tenía esta familia al borde de un ataque de nervios. Es cierto que las nueve y media no era una hora escandalosa, ni era la primera vez que la niña estaba afuera con sus amigos a esa hora, pero esta noche la situación era de otro color, más todavía cuando la calle estaba completamente sola, situación extraordinaria en el sector y sobre todo en la calle más movida del barrio. Y es que algo raro pasaba en la ciudad, algo que al parecer anunciaba un nuevo tiempo de zozobra en Medellín.

 

Esa misma noche, a las nueve, terminaba sus actividades de la jornada la Escuela de Formación Popular, en el centro de la ciudad. Carlos, uno de sus facilitadores, no pudo evitar el asombro al ver que los jóvenes participantes de la escuela salían disparados a tomar el transporte para sus barrios. Procuró por lo menos seguir el paso de uno de ellos para enterarse de lo que acontecía.
- Es que tengo que coger el bus rápido- le dijo con preocupación el muchacho-. No ve que no podemos llegar al barrio después de las nueve de la noche- remató mientras se encaramaba en el bus.

De camino hacia su casa, Carlos pudo comprobar que el centro de la ciudad estaba vacío. Al cruzar Junín encontró la única chacita que seguía abierta a esa hora y se acercó a comprar un cigarrillo para mitigar el frío.
- Vea esto como está de horrible, tan temprano y ya no se ve un alma - le comentó la señora que atendía. Carlos aprovechó entonces para preguntarle qué pasaba.
- Yo no sé bien, pero es como si hubiera toque de queda.

En realidad, la preocupación de la familia Tapias, en el barrio Las Palmas, obedecía a un panfleto que habían metido esa mañana por debajo de su puerta, anunciando, con un discurso grotesco, una campaña de limpieza social en la ciudad, dirigida sobre todo contra las prostitutas que, según los autores del panfleto, estaban propagando el sida por todas partes. Igualmente amenazaba a todos los hombres, clientes de los bares donde estas mujeres trabajaban, y en general a los vagos, viciosos y ladrones. “Para ellos va también la limpieza sin contemplaciones”, anunciaba el panfleto. Además, advertía a los padres de familia para que no permitieran que sus hijos estuvieran en la calle después de las diez de la noche porque “no respondemos si caen inocentes”. El panfleto no estaba firmado por ninguna organización, pero en todo caso se refería a que, dado que la limpieza social se necesitaba, “La Organización” así lo había decidido.  Anunciaban pues que en poco tiempo arreciarían las masacres y- cosa extraña- pedían por anticipado perdón a la sociedad por los inocentes que pudieran caer en esta cruzada.

Este mismo panfleto había sido ya distribuido en muchísimos barrios populares de Medellín, y era el mismo que mantenía y que aún mantiene vacío el centro de la ciudad y las calles de los barrios después de las nueve o nueve y media de la noche.

La respuesta del gobierno municipal
A pesar del terror que se respira en la ciudad, el gobierno ha optado por restarle importancia al asunto, sugiriendo que posiblemente se trata de inventos de algunos ociosos. En un artículo publicado por el diario El Mundo, de Medellín, referente a la situación, el secretario de gobierno, Jesús María Ramírez, afirmó que la publicación de este panfleto no debía generar ningún temor. Su afirmación se fundaba en el hecho de que el panfleto no cuenta con slogan ni emblemas ni firmas que identifiquen el grupo armado. Esto, desde luego, no toma en cuenta en que el panfleto original (porque de él se distribuyeron copias resumidas) la organización se identifica como Ogdis y va acompañado de dos imágenes que hacen referencia a las autodefensas. El panfleto lo encabeza una bandera con un fusil atravesado en la esquina izquierda, y un combatiente caminando de frente a ella. Casi finalizando la página, a lado derecho, está la imagen de un hombre vestido de camuflado, con el brazalete de AUC y con la cara apoyada en la mira del fusil que apunta a corta distancia.

“De esos panfletos hemos conocido muchos- explica el secretario de gobierno al periodista de El Mundo- firmados por las Farc, autodefensas o Águilas Negras. Los hemos encontrado siendo utilizados para extorsionar y generar temor en la comunidad justificando las vacunas de grupos de vigilancia privada ilegal. En otros casos hemos encontrado problemas vecinales que se resuelven por la vía de estos panfletos como en un caso reciente del barrio La América donde el papá de un adolescente que se la pasaba en una tienda de su sector tomando licor, escribió y distribuyó un comunicado de estos sólo para que el joven se le quedara en casa temprano”.

Por su parte, el alcalde Alonso Salazar, en declaraciones para el diario El Tiempo, asegura que los volantes son parte de una campaña para desestabilizar a la ciudad en vísperas de la Asamblea del Banco Interamericano de Desarrollo. "Enemigos de la ciudad, desde la criminalidad, nos seguirán haciendo daño, pero las instituciones están fuertes para enfrentarla".

Sin embargo, algunos analistas consultados por Periferia, que prefirieron mantener en reservas sus nombres debido a lo complicado del momento, ven en esta campaña un objetivo distinto, incluso muy funcional para la institucionalidad en la víspera de la asamblea número 50 del Banco Interamericano de Desarrollo, a realizarse próximamente en la ciudad. “Más bien se puede esperar que la campaña de terror desatada tenga como propósito presentar la ciudad como una tacita de plata para los inversionistas extranjeros que estarán atentos a la asamblea, y sobre todo amedrentar a las organizaciones sociales y populares, previniendo así de paso cualquier brote de protesta contra la realización de la asamblea”.

En todo caso, cualquiera que sea la causa por la que las autoridades municipales desestiman los alcances de esta campaña de terror, lo que es cierto es que la ciudad está prácticamente en un toque de queda decretado por un grupo ilegal, la gente anda temerosa por todas partes porque de hecho ya son muchos los testimonios que dan cuenta de la materialización de estas amenazas. De hecho, una de las pruebas fehacientes del terror en la ciudad es que no solo se vacía indefectiblemente antes de las 10 de la noche, sino que los albergues desde estas horas están a reventar. Los habitantes de la calle están aterrorizados. Muchos de ellos cuentan que ya se han salvado de milagro, porque han podido correr a tiempo cuando han visto a los hombres armados que se roban a sus compañeros o compañeras.

Los testimonios que hablan del terror
En el barrio La Libertad hay una esquina muy tradicional donde los jóvenes acostumbraban parcharse por las noches a conversar. En su mayoría son estudiantes que han crecido juntos en el barrio y ahora en su tiempo de universitarios aprovechan las horas frescas de la noche para reencontrarse y compartir anécdotas. Hace días allí no se ha vuelto a parchar nadie. Eso fue después de que una de estas noches, no hace mucho, salieron como por arte de magia cuatro encapuchados y los increparon con el panfleto en la mano. Allí mismo han sido desaparecidas tres jovencitas. Recientemente también han desaparecido una niña, estudiante del colegio Héctor Abad Gómez, cerca de la Plaza de Flores.

Hace poco, dos mujeres que trabajan como vendedoras, estaban llegando a sus casas en el barrio Aures, al occidente de Medellín, después de salir de su trabajo; fueron abordadas por tres tipos armados al momento de abandonar el bus, mostrándoles el panfleto. Las mujeres intentaron explicar que venían de trabajar, pero los tipos decidieron que una debería contar el cuento para que vieran que la amenaza era real. En frente de ella asesinaron a su compañera.

En el parque de Boston se encontró también a dos jovencitas muertas, descuartizadas, en lo que parece la modalidad preferida por estos asesinos. También en el sector de Palos Verdes, en lo que ha sido utilizado como un botadero de basura y donde hoy todavía se realizan trabajos del Metroplus, se encontraron dos jóvenes asesinadas de la misma forma. Incluso cerca de la estación Niquía, un barrio estrato 4, al frente de uno de los almacenes más grandes del Éxito, se han encontrado a varias mujeres descuartizadas.

En la comuna 8 se ha puesto a circular otro panfleto dirigido a mujeres infieles, con una lista concreta de 17 mujeres declaradas objetivo militar, entre ellas una señora de 63 años y una niña de 13. Los jóvenes del sector aseguran que ya es normal ver a los encapuchados patrullar  por las calles después de las diez de la noche e incluso han sacado a algunas personas de su casa. También esto parece estarse generalizando en los barrios populares. Se tiene testimonios de que esto ocurre en Manrique, Aranjuez, Caicedo, entre otros.

La situación de terror es tan evidente que el comercio se apaga prácticamente a las nueve de la noche en todos los barrios. Un caso paradigmático es el del Café Manrique, un sitio que tradicionalmente ha sido un referente en la ciudad y reconocido por estar abierto las 24 horas; ahora lo están cerrando a las diez de la noche.

Lucha territorial
Como para mostrarle a la alcaldía de Medellín que los panfletos no han sido producidos por algún padre de familia desocupado y que tienen una dimensión más amplia de lo que los funcionarios han querido reconocerle, los panfletos se han esparcido hasta muy lejos de Medellín y su área metropolitana, y no solo los panfletos sino las acciones. En la zona del Bajo Cauca estos panfletos han sembrado también el terror. En Puerto Valdivia, por ejemplo, casi inmediatamente aparecidos los panfletos aparecieron también  dos mujeres, reconocidas en el pueblo como prostitutas, descuartizadas. Esto fue el sábado 7 de marzo; ese mismo día en la noche mataron a dos hombres en la calle principal. También han aparecido los mismos panfletos en Soacha, Cundinamarca, en Buenaventura y en Cali.

Sin embargo, la situación en Medellín se complica todavía más porque la campaña de limpieza social se realiza en medio de una abierta lucha por el control territorial entre dos mafias que en distinto momentos han estado al servicio de la ultraderecha en Colombia: las estructuras heredadas de Don Berna y las estructuras de don Mario. De hecho, algunos analistas están convencidos que por ahora esta campaña de limpieza social puede ser una estrategia de posicionamiento y legitimación de los grupos al servicio de don Mario en territorios donde antes ejercía el control la estructura de don Berna. “Esta siempre ha sido una estrategia empleada por los grupos que han querido hacerse con el territorio en toda esta larga historia de violencia en Medellín- explica uno de los analistas entrevistados-. El terror es la forma de generar respeto y la supuesta limpieza social la manera como se presentan tal cual si le hicieran un favor a la comunidad librándola de sujetos indeseables e incómodos”

Pero en los barrios donde la arremetida de don Mario encuentra todavía resistencia de las viejas estructuras, el terror puede ser incluso peor, aunque de otro tipo. Los habitantes no pueden pasar de una cuadra a otra, en cualquier momento del día o la noche se arma una balacera como si se soltara un aguacero, y la gente vive encerrada no solo en la noche sino todo el día.

La situación de zozobra generalizada en la ciudad por el panfleto y por las acciones que vienen materializando las amenazas, se complican todavía más con un panfleto aparecido en la Universidad de Antioquia el pasado viernes 6 de marzo. Quienes lo realizaban se identificaban como un grupo de paramilitares pertenecientes al Bloque Antioqueño de las Autodefensas, infiltrado en la Universidad. Allí acusaban de guerrilleros a todos los responsables de los tropeles, las marchas, los paros en la Universidad y las asambleas, además declaraban objetivo militar a las oficinas estudiantiles de las diversas facultades y agregaban una lista de 29 estudiantes, junto con todos los que entran y salen de las oficinas estudiantiles y los que con ellos se reúnen. Al final del panfleto advertían que ya tendrían noticias de ellos en el transcurso de la semana.

Y como para no desmentirse, el jueves 12 de marzo asesinaron a un estudiante, cuando estaba departiendo con sus amigos en una de las mesas de estudio de la Facultad de Derecho. Esa misma noche el noticiero RCN transmitió la noticia acompañada de un perfil superficial del estudiante en el que destacaban que este había sido más bien un estudiante mediocre, como si fuera una forma de justificación del asesinato. En el mismo sentido se pronunció ante los medios de comunicación el vicerrector de la Universidad Martiniano Jaimes, destacando también en el perfil del estudiante, a manera de justificación del crimen, que tenía antecedentes judiciales por concierto para delinquir, hurto agravado y porte ilegal de armas. Haciendo caso omiso de todo el contexto de la ciudad y, particularmente de la Universidad, el vicerrector convocó a continuar normalmente las actividades académicas al día siguiente porque, según él, lo ocurrido era apenas un caso aislado.

Así pues, en la vida social de Medellín se cierra una tenaza de terror contra su población en donde las autoridades encargadas de afrontar el problema no solo no hacen nada para solucionarlo y prevenir las masacres ya anunciadas, sino que en sus declaraciones hacen todo lo posible por minimizarlo y vendernos la idea de que en esta ciudad, modelo de pacificación, no pasa nada. Lo peor es que, tal como muestra el desdoblamiento de los panfletos que anuncian la limpieza social, esta campaña parece concentrarse en Medellín para tomar vuelo en todo el país, sin que tampoco las autoridades nacionales parezcan dispuestas a reconocer la dimensión del problema que hoy ahoga sobre todo a los habitantes de los barrios populares.

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