En Medellín se evidencian las falencias de la seguridad democrática

En Medellín se evidencian las falencias de la seguridad democrática

El doctor Jorge Mejía Martínez fue secretario de gobierno del departamento de Antioquia en la gobernación de Aníbal Gaviria, ha sido columnista de varios diarios, profesor universitario y analista político. También fue candidato a la alcaldía de Medellín para el periodo 2004-2007 por el Partido Liberal. Por su conocimiento de la ciudad, conversamos con él para que nos hiciera su propio análisis sobre la situación de Medellín.

 

Periferia: Para usted, ¿cuál es la situación actual de Medellín?
Jorge Mejía: Hay dos indicadores que llaman la atención y que dan cuenta de la problemática que hoy se vive en Medellín. Uno de ellos es el incremento de los homicidios del año pasado, que es un incremento superior al 15% luego de varios años de tener una tendencia a la reducción, tendencia que se quebró a partir de mediados de 2007. El otro indicador es el desplazamiento intraurbano que también está disparado; según la Registraduría, en 2008 tuvimos un desplazamiento intraurbano superior al de los últimos años, hubo por lo  menos 22.000 personas que fueron desplazadas en la ciudad y todavía está pendiente de escudriñar las características y modalidades de ese desplazamiento, aunque lo cierto es que ocurre al interior de Medellín donde de una comuna a otra, de una manera forzada, las personas se tienen que desplazar.

Yo creo que ese desplazamiento urbano tiene que ver con la confrontación, con la disputa que hay en la ciudad por el control del narcotráfico, por el control de los sitios de expendio de alucinógenos, el control de los lavaderos de carros, la extorsión, los juegos de maquinitas, el chance etc. y que una parte de esos desplazados fueron desmovilizados de los bloques diferentes de las autodefensas. Estamos viviendo una disputa territorial entre sectores claramente definidos como don Mario y don Berna, pero también hay otra disputa “intra Berna”, porque al interior del sector llamado de don Berna también hay confrontación. Estas disputas son las que llevan a que se haya incrementado la sensación muy real de inseguridad en la ciudad.

Periferia: ¿Por qué se llega a esta situación en la ciudad?
Jorge Mejía: Yo creo que son varias cosas. Primero la seguridad democrática demostró sus falencias para atender la seguridad ciudadana, particularmente la seguridad urbana. Yo creo que la seguridad democrática ha sido exitosa para recuperar la seguridad en las vías y en algunas zonas rurales, así como para la confrontación con la guerrilla. Pero no ha tenido igual éxito para brindarle a los habitantes de los centros urbanos y de algunas zonas rurales la protección que ellos requieren.

Segundo, el proceso de desmovilización de las autodefensas fue un proceso que arrancó con muchas debilidades que jamás fueron superadas, además de ser un proceso muy centralizado en Bogotá y en el gobierno nacional. De otra parte, el marco jurídico de este proceso se adoptó muy posteriormente al inicio del proceso mismo, en esa desmovilización no se contempló la exigencia del gobierno a la comandancia de las autodefensas de que desmontaran la estructura y las actividades ilícitas. Entonces esas estructuras y esas actividades ilícitas pervivieron y quedaron en manos de los mandos medios, que hoy son los grandes capos en el país; y son ellos los que están agenciando esta nueva oleada de violencia que estamos viviendo.

Tercero, las autoridades nuestras hoy tienen una gran impotencia para controlar la actividad de bandas y combos que actúan en la ciudad, lo cual se nota en el incremento de la criminalidad.

Además, el resurgimiento de esos grupos emergentes, si bien no se pueden caracterizar como estrictamente paramilitares, sí tienen una connotación de ese tipo en cuanto buena parte de sus integrantes son desmovilizados que le hicieron conejo al proceso de desmovilización. Aunque es importante destacar que estos nuevos grupos emergentes no tienen una clara vocación antisubversiva o antiguerrillera; al contrario, la tendencia es que tanto estos grupos, como una parte de la guerrilla, se identifiquen alrededor de preservar sus negocios ilícitos que los alimentan, como, por ejemplo, el narcotráfico. Y no tiene nada de raro que, por ejemplo, don Mario hoy éste siendo protegido por las Farc en el Urabá chocoano.

Periferia: ¿Por qué es insuficiente la seguridad democrática para garantizar la seguridad ciudadana? Se lo pregunto porque hay opiniones que dicen que lo que pasó en 2002 con la operación Orión fue un pacto tripartito entre el gobierno nacional de Uribe Vélez, recién posesionado, el alcalde Luis Pérez y el Bloque Cacique Nutibara liderado por don Berna, para sacar adelante una prueba piloto de que la política de seguridad democrática sí era efectiva.
Jorge Mejía: Yo creo que indudablemente la operación Orión implicó la consolidación del paramilitarismo en Medellín, precisamente de la mano de esa confabulación o complicidad de sectores de la fuerza pública con don Berna y seguramente sectores de la institucionalidad local. Esa confluencia produjo resultados inmediatos en la comuna 13 pero implicó que en el resto de la ciudad se consolidara un sector armado como las autodefensas con todas las consecuencias que posteriormente hemos vivido en la ciudad.

Ahora, sobre las falencias de la seguridad democrática tienen que ver con el excesivo énfasis que se ha puesto en la confrontación militar con la guerrilla, en considerar que el copamiento territorial es con fuerza pública dejando a un lado la atención a las comunidades que de una u otra manera estuvieron sometidas a la presencia de los paramilitares o de la misma guerrilla; o sea que la inversión social no acompañaba ese copamiento territorial por parte de la fuerza pública, lo que ha permitido que persistan las condiciones sociales, económicas, y culturales que constantemente están alimentando a los distintos grupos armados ilegales por cuanto mucha gente no tiene otra opción para sobrevivir a la de vincularse a esos grupos.

Periferia: ¿Existe o existió en Medellín la llamada “donbernabilidad”?
Jorge Mejía: Yo sí creo que en Medellín en años anteriores ha sido real la existencia de la llamada donbernabilidad, y precisamente uno de los problemas que ha tenido Alonso Salazar luego de su posesión como alcalde fue que él quiso romper con esa modalidad y cuando, en buena hora, decidió romper, se le han presentado los problemas que todos hemos conocido. Se le vinieron encima los paramilitares, igualmente un sector de la clase política tratando de originar procesos de revocatoria de su mandato y en general tratando de impedir el ejercicio de gobierno a nivel local.

En años anteriores se adoptó la actitud de que el conflicto o la paz se pueden comprar, lo que ha sido la tónica por parte de las administraciones anteriores. Comprar en el sentido de darle plata a los delincuentes, y se ha creído que eso es suficiente para garantizar la convivencia y su salida de la criminalidad, lo que no ha sido cierto. Por ejemplo, Luis Pérez planteó que él estaba dispuesto a comprar la guerra, eso fue en las postrimerías de su mandato y creo que durante la administración de Fajardo ocurrió esa misma modalidad. Esa misma visión persistió y, de hecho, hoy es muy clara la situación que se presenta. Tenemos cerca de 5000 muchachos que son financiados con recursos de la administración local; de esos, 3700 desmovilizados que reciben una mesada sin mayor control y entre 1100 y 1500 muchachos que hacen parte del programa de Jóvenes en Riesgo, que también reciben una mesada. Se ha logrado establecer que buena parte de esos muchachos destinan parte de esos recursos para comprar armas.

Mientras tanto, hay otro programa para incentivar muchachos que se destaquen en la actividad académica pero que no tienen ni la remuneración que se le da a los pillos y delincuentes de la ciudad, ni la sostenibilidad que los delincuentes sí tienen. Y es que cada año estos muchachos tienen que estar sometidos a justificar con notas sobresalientes su permanencia en ese programa, lo que no se le exige a los que ya hemos mencionado.

Periferia: Medellín es una ciudad que ha estado en disputa hace muchos años, se la han disputado el narcotráfico, las milicias y el paramilitarismo, entre otras. ¿Por qué es tan importante Medellín?
Jorge Mejía: Yo creo que Medellín es importante por varias cosas. Primero, es un corredor estratégico, por Medellín pasa buena parte de la droga que circula hacia Centroamérica y Norteamérica; igualmente Medellín es un centro muy importante de mercado negro de armas. Además, la cultura de la ilegalidad igualmente es un caldo de cultivo significativo en Medellín; aquí la cultura antioqueña se resquebrajó con la consolidación de expectativas que buscaban resolver rápidamente, y con atajos, el afán de enriquecimiento. Entonces esa quiebra de valores de la cultura antioqueña trastocó en casi 180 grados y se convirtió en una cultura permisiva con la delincuencia, en una cultura sumamente complaciente con la delincuencia en aras de lograr resultados a toda costa. Aquello de que el fin justifica los medios tiene una gran base de apoyo entre nosotros.

Periferia: Hoy Alonso Salazar no puede gobernar. Está enfrentado con sectores de la clase política, enfrentado con sectores muy poderosos de la delincuencia y en la ciudad uno puede sentir que hay quienes lo ven como una víctima de una serie de factores que atentan contra la posibilidad de que pueda gobernar, pero hay otros que dicen que parte de esa situación es responsabilidad de él porque mientras estuvo en la administración de Sergio Fajardo permitió de alguna manera que este tipo de cosas se dieran y no dio la voz de alerta frente a lo que se estaba presentando en Medellín debajo de esa aparente tranquilidad que se pregonaba en la ciudad. ¿Qué nos puede decir sobre eso?
Jorge Mejía: Yo creo que Alonso con muchas dificultades sí ha estado gobernando en Medellín, de pronto le podría ir mejor si no tuviera que dedicar esfuerzos y atención a esas escaramuzas que se le han presentado tratando de ponerle zancadillas a su labor. Sin embargo, reitero que lo deseable es que hubiese habido normalidad porque indudablemente el plan de desarrollo que Alonso Salazar logró aprobar en el Concejo de la ciudad, es un excelente plan de desarrollo, tiene un contenido muy importante para la ciudad, pero ha tenido ese problema.  Lo otro es que al equipo de gobierno le ha faltado más dinamismo, le ha faltado más fuerza, de tal manera que el alcalde no se viera tan sólo, tan aislado. A este equipo le falta experiencia y formación política, lo que en circunstancias tormentosas como las actuales es importante y es necesario. Lo otro es que, lógicamente, Alonso tiene que estar salpicado del pantanero en que estuvo la ciudad en años anteriores, fruto de esa cierta connivencia de la autoridad civil y la fuerza pública con estos sectores ilegales, pero lo importante a destacar aquí es la decisión que tomó, cuando se posesionó como alcalde, de romper toda esa herencia que se traía y que de una u otra manera lo tenía salpicado. Al fin y al cabo no era él quien tenía en sus manos los destinos de la ciudad, no era él quien decidía las políticas públicas que en este campo de la convivencia y la seguridad se adoptaban en Medellín, lo que sí hizo cuando tuvo esa oportunidad.

Periferia: Hay un ambiente muy pesado en Medellín, una sensación de intranquilidad, de inseguridad, de no saber qué va a pasar, esto producto de la confrontación por el poder territorial, del reacomodamiento de diferentes grupos ilegales y del resurgir de lo que en Medellín se ha conocido como los combos. Frente a esta realidad, ¿Cómo podemos mirar a Medellín en el futuro inmediato, en medio de una situación que, aunque la gente no quiera, le está tocando vivir nuevamente?
Jorge Mejía: Otra falencia del proceso de desmovilización, cuyas consecuencias hoy estamos observando, fue la no existencia de un marco jurídico que permitiera atender a los jóvenes que han hecho parte de los combos y las bandas en la ciudad. La ley de justicia y paz y toda la normatividad que hay alrededor de ese proceso básicamente ha estado orientada a atender jurídicamente a los desmovilizados, pero esos otros sectores, esas otras redes que eran reguladas por los paramilitares, no se atendieron, no tuvieron espacio en esa negociación. Por ello, mientras don Berna y compañía tenían las riendas, esas bandas y combos estaban apaciguadas, pero cuando ese control desapareció y se abrió campo para la confrontación y la disputa por el control, se revivió nuevamente la actividad criminal de esas organizaciones. De allí que programas como jóvenes en Alto Riesgo, mientras no exista ese marco jurídico que permita negociar, que permita brindarle alternativas judiciales a los miembros de esas organizaciones, serán programas que no podrán resolver el problema.

El otro asunto es la necesidad de una mayor depuración de la institucionalidad en lo local. Lo ocurrido con la Fiscalía seccional; lo ocurrido con algunos funcionarios de la administración local, desde Mateo el guerrillero de las FARC, que hacía parte de la junta de EPM, hasta Gustavo Villegas y sus vínculos con sectores de la sociedad civil proclives a la delincuencia desde el empresariado y la corrupción que todavía existe en la fuerza pública. Particularmente, en la policía local hay sectores que han sido sumamente complacientes con estos grupos ilegales. Mientras todo ese panorama persista, difícilmente vamos a salir de esta coyuntura.

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