Imprimir esta página

Sobre un puente, una fecha y una independencia

Artículo que contiene un niño que fue sargento

 

El puente de Boyacá, que a mediados del siglo XVII se construyó con madera y materiales (seguramente piedras pegadas con argamasa), atraviesa el río Boyacá y está en el camino que une a Tunja con Bogotá. Los dos nombres, Tunja y Bogotá (Bacatá) son chibchas, igual que Boyacá. Tunja era el nombre que los muiscas (que traduce hombres) daban al territorio de los Zaques y quizá quiera decir tierra abastecida (oro, sembrados, agua). Bacatá se traduce como campo para labrar y Boyacá es cercado del cacique. En Colombia los nombres indígenas abundan y tienen qué ver con lo que ven los ojos, cuando no con la tribu a la que se pertenece. Cali viene de los indios calis, Titiribí de los titiribíes (comerciante de sal), etc.

La batalla de Boyacá, que debió realizarse a lado y lado del río (el puente es muy pequeño como para permitir el paso de un ejército grande), duró dos horas efectivas y se acabó a las cuatro de la tarde con la victoria de las tropas de Bolívar. Algunos historiadores, para contar la batalla (que fue un sábado siete de agosto), hablan de cifras precisas de soldados: 2850 patriotas contra 2760 realistas. Otros ajustan el número de 3000 contra 3000, y el historiador inglés John Lynch dice que los que peleaban a favor de España eran más y los que estaban con Bolívar menos, lo que hace que la batalla les dé más lustre y ferocidad a los vencedores, que habían derrotado a un general y a un batallón español de Dragones que había vencido a las tropas de Pepe Botellas, el hermano de Napoleón Bonaparte.

Lo cierto es que la mayoría eran de infantería (los miles), que dejaron gran cantidad de comida en el terreno debido a la falta de mulas de carga; los de caballería, jinetes españoles (Dragones), versus llaneros-lanceros y los de artillería, dos grupos de 20 a 30, que hicieron poco porque la fuerza de la batalla se hizo con armas de mano, gritos enardecidos y gente que huyó despavorida, incluyendo caballos. En esta batalla (que fue la de la Independencia) participaron al lado de Bolívar soldados ingleses e irlandeses, criollos ilustrados (a Santander se lo nombró héroe), mulatos, mestizos e indios. Del bando español, españoles y mucha gente del común (de las comunidades negras y mestizas recientes, en especial) que creían en supersticiones y habían sido reclutados a la fuerza.

Para antes del siete de agosto, ya Bolívar se había tomado a Tunja y ganado la batalla del pantano de Vargas (25 de julio de 1819). El enfrentamiento de Boyacá se dio para cortarle a Barreiro (el comandante español) el paso hacia Bogotá, lo que se logró y creó rumores tan espantosos que al llegar la noticia a la capital los españoles salieron corriendo (se hablaba de la ferocidad de los llaneros). El virrey Juan Sámano tomó el camino hacia Cartagena, dejando olvidada una bolsa con más de un millón de pesos (parece que por estar muy afanado guardando ropa en unas maletas), y a muchos realistas (criollos que estaban a favor de Fernando VII), que cambiaron de bando, en especial cuando se enteraron de que Santander había fusilado a Barreiro (lo hizo arrodillar y le dio un tiro en la espalda, igual que a otros 34; luego hubo un desfile militar y después un baile).

A Barreiro lo había capturado un niño de 12 años, Pedro Pascasio Martínez, a quien Bolívar le dio 100 pesos de recompensa y nombró sargento. Se dice que a Pedro Pascasio, cuando encontró a Barreiro, lo quisieron sobornar con unas monedas de oro, pero el niño no se dejó. Tomó preso al español y lo llevó hasta donde estaba Bolívar. Sobre este niño se hicieron poemas y quizá alguna canción. Entre las tropas libertadoras iban muchos que cantaban y tocaban el cuatro, instrumento que por pequeño estorba poco.

Con una sola batalla, la del puente de Boyacá, Bolívar había independizado a la Nueva Granada. Esto asombró mucho a Fernando González Ochoa (el filósofo de Envigado), pues como escribe en Mi Simón Bolívar: había materializado una representación mental. Esto sí era tener conciencia.

La batalla de Boyacá y la de Carabobo cerraron el ciclo libertador. Y entre estas dos batallas, Bolívar se entrevista con el español Pablo Morillo, llamado el pacificador por lo sangriento. Y Morillo, que estaba entre los que habían vencido a Napoleón, expulsándolo de España, apenas si cree que Bolívar sea “aquel hombre pequeño, de levita azul, con gorra de campaña y montado en una mula”, como lo describe González. Y Bolívar con cuerpo de nada y sobre una mula (el animal que atravesó páramos y tierras de caminos endiablados), termina derrotando a quien tenía el título de conde de Cartagena, Marqués de la Puerta, cabeza de la reconquista y héroe de la batalla de Trafalgar.

Sin embargo, como anota Fernando González y con él otros historiadores y biógrafos (David Bushnell y Emil Ludwig, entre ellos), después de la Independencia, Bolívar termina siendo un extranjero entre los suramericanos. La independencia que quería, la que se había planteado en la Carta de Jamaica y en el Congreso de Angostura (donde Colombia se llamó Colombia y se planteó como República, según propuesta de Francisco Miranda, para esos días ya muerto), no se da. La palabra Independencia significa dejar de ser dependientes, ser autosuficientes (como dice Raph Waldo Emerson), poder crear una identidad y tener un sitio libre en la tierra. Y no se da porque seguimos enfrentándonos unos a otros, pensando a partir de la metrópoli y no desde aquí, y queriendo irnos a otra parte o buscando gente de otros lugares para que construyan por nosotros o se lleven lo nuestro.

La batalla de Boyacá nos hizo libres y esa libertad nos pudo, parece que nos quedó grande. A esto hay una frase de Hegel, el filósofo alemán: La libertad es mejorar lo que yo hago, porque si no mejoro lo que hago, soy esclavo de lo que hago.

Share this article

Lo último de Memo Ánjel

Acerca del Autor

Memo Ánjel