Movimiento estudiantil en Colombia: un escenario que resiste a las adversidades

Los movimientos estudiantiles en Colombia han luchado durante más de 30 años para exigir sus derechos y los de la sociedad en general. Sin embargo, hoy el país presenta un contexto muy distinto en algunos escenarios, y sus mecanismos de manifestación parecen estar cambiando mientras la resistencia continúa.

 

La historia de los movimientos estudiantiles es un tema apasionante, pues, como menciona el vicerrector de la Universidad del Rosario, Richard Santamaría Sanabria, en su texto La importancia del movimiento estudiantil en Colombia, la relevancia de estos se debe al “reconocimiento del valor inmutable del estudiantado y su significancia dentro de la vida social bajo una perspectiva histórica amplia”. A su vez subraya que “las grandes reformas constitucionales que conllevan una real conmoción en el funcionamiento del estado se han gestado con un papel protagónico y contundente del movimiento estudiantil colombiano”.

En ese sentido, la lucha de los estudiantes en Colombia ha sido efectivamente vital para que la sociedad reconozca las distintas coyunturas que ha atravesado el país, pasando el surgimiento de grupos armados ilegales, los grandes cambios legislativos, y hasta por expresiones de resistencia ante la violencia armamentista.

Actualmente, el contexto es significativamente otro, aunque no por ello menos adverso. El país vive un proceso de paz con dos de los grupos armados más influyentes en la historia del conflicto armado colombiano, y en teoría los escenarios de lucha están cambiando, pero la estigmatización, la represión y las amenazas aún existen.

Una lucha que cambia, pero no termina
El diario El Espectador recordó en junio de este año cuando en 1971 se llevó a cabo una de las movilizaciones estudiantiles más grandes en la historia del país, uniendo a universidades privadas y públicas, gremios y sindicatos bajo una consigna: “Por una educación nacional, científica y de masas”.

Las protestas habían empezado en enero, pero el suceso que desencadenó en tal paro estudiantil a nivel nacional fue el asesinato de 20 personas en la Universidad del Valle, el 26 de febrero de ese mismo año.

La represión incentivó a la unión de las distintas asambleas estudiantiles plasmada en el Programa Mínimo del Movimiento Nacional Estudiantil, documento que proponía seis puntos. El más importante hablaba de abolir los Consejos Superiores Universitarios, conformados por representantes de los gremios y el clero (sectores extrauniversitarios), y modificarlos por un organismo integrado por estudiantes, profesores, rectores y un portavoz del Ministerio de Educación, cuya función sería la de gestionar las universidades bajo la fórmula del cogobierno.

El paro duró hasta septiembre y cerró en un común acuerdo entre estudiantes y el Estado, donde se constituyó el nuevo gobierno universitario y se estableció el cogobierno en la Universidad Nacional y la de Antioquia, disueltos ambos en 1972.

Esa fue una de las primeras luchas que lograron visibilizarse a nivel nacional y, por ende, una de las victorias más importantes obtenidas para el movimiento estudiantil.

Hoy parece ser que diversos factores han reducido al movimiento, la unidad y a la movilización. O al menos eso afirma María Fernanda Uribe, estudiante de Ciencias Políticas y miembro importante de la Oficina de Asuntos Estudiantiles de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad de Antioquia, pues para ella la lucha de los estudiantes universitarios ha perdido fuerza por una situación imperceptible: la edad. Y es que en las mismas inducciones que se realizan cada año en su universidad, se encuentra con estudiantes de hasta 15 años de edad. Para María “salir del colegio a los 15 años y llegar a un mundo tan grande como la universidad” es muy fuerte para ellos. Por lo tanto, vincularse a una lucha estudiantil que represente una mejora a nivel educativo, social o político es exigirle demasiado a un joven de esa edad.

Sin embargo, María Fernanda sostiene que el papel trascendental del movimiento estudiantil no es el único que ha decaído, pues, desde su punto de vista, las organizaciones políticas dentro de la universidad también están en un mal momento. María Fernanda dice que ha tratado de ser enfática en cambiar las formas de transmitir las ideas a la gente, pues puede ser otro gran motivo de la tangible falta de unidad. María lo propone con tal de incentivar a la participación y a adaptarse a las nuevas generaciones que van llegando a la academia universitaria.

Así las cosas, “ocurre que cuando se convoca a las marchas la gente a veces sale y a veces no”. Según María Fernanda, esa situación se debe a que hay métodos de convocatoria desgastados. De la misma forma, considera que en este momento el movimiento estudiantil se encuentra en un limbo ya que no se decide a la hora de proponer e implementar esos métodos los cuales se reducen al gusto de unos y se convierten en un repelente para las distintas voces que pretendan involucrarse.

Soranny Moncada, estudiante de la Universidad de Antioquia e integrante desde hace más de cuatro años de la organización Proceso Nacional Identidad Estudiantil, agrega que la problemática se podría deber en gran parte a una marca de temor creada por el paramilitarismo dentro y fuera de la universidad, que prevalece y sin duda cumplió su objetivo dividiendo y señalando al estudiante que quisiera integrarse en una organización social o estudiantil.

¿Por qué están luchando hoy los estudiantes?
Los estudiantes siempre se han vinculado a las luchas que proponen los distintos sectores sociales que se empeñan en exigir sus derechos, nunca sin olvidar sus necesidades. De esta manera, para Soranny hoy hay un problema clave para resolver: la desfinanciación.

Soranny explica que, aunque hace 10 años los movimientos estudiantiles estaban más atomizados regionalmente y hoy están más articulados a nivel nacional, falta superar esa barrera de unidad concertando las necesidades puntuales, apuntando a la construcción de paz, que abran espacios dentro de las mismas universidades.

Los casos específicos actualmente son el decreto 2034 y el programa Ser Pilo Paga (SPP). El primero, una reforma a la educación, y el segundo, para las organizaciones estudiantiles, una beca abstracta y egoísta. Ambos son para Soranny y muchos estudiantes, unas políticas aplicadas como forma de privatizar la educación. Según Soranny, se está eligiendo una estrategia política y económica por encima de una necesidad social, y siempre ha sido así.

Por lo tanto, la lucha estudiantil siempre tendrá cómo resistir y contra qué luchar, porque esa chispa de rebeldía necesaria para confrontar y reclamar sus derechos no desiste. Las expectativas de los movimientos de los estudiantes se basan en superar errores pasados y lograr la unidad que requieren para asumir los retos que década tras década no disminuyen, sino que, todo lo contrario, se reproducen sistemáticamente mientras atentan contra sus derechos.

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Manuel Sebastián Perdomo
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