Periferia

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Thursday, 22 October 2009 16:52

EDICIÓN No. 45 ACTUAL OCTUBRE

Thursday, 22 October 2009 16:47

Cuentos de Fútbol

En el marco de la fiesta del libro que se realizó el mes pasado en el Jardín Botánico de la ciudad de Medellín, se presentó el libro con los escritos ganadores y seleccionados del concurso “Con la Pelota en La cabeza” que organiza la barra futbolera “Los del Sur”. Los jurados resaltaron de forma especial la cantidad de escritos (más de 600) recibidos y sobre todo su calidad, lo cual deja en evidencia una estrecha relación viviente entre el fútbol y el arte, en este caso, la literatura. Con la autorización de los organizadores del concurso, nos proponemos publicar aquí en las sucesivas ediciones algunos de los cuentos seleccionados por los jurados. En esta edición traemos el cuento ganador.

 

Tumbaítos - Por: Hernando González Rodríguez. 1er puesto Categoría B. (Mayores)

Parecía querer beberse la vida en el pique con que entraba a la cancha. Llevaba adentro el motor: El tumbaíto del piano de Ricardo Ray en Sonido bestial. La cancha lo centripetaba en un impulso de alegría y de anhelo. Era distinto a los viernes de taberna, a ese ambiente calentón que la salsa torea, a la pared en que se recostaba a beber unas cervezas, al baile solo, sin hembra, sin amigos, a pesar de que el antro reventaba de gente. Su pasión se repartía entre esos dos mundos, la salsa y el fútbol, el resto consistía en su anónima semana de obrero. Pero los días volaban en el ansia del partido de los domingos, de ese sprint que lo llevaba de un costado al otro del campo en andas de una felicidad indescriptible. Las mágicas teclas de Ricardo resonaban en su interior, se imbricaban con sus músculos y sus sensaciones. Entonces sentía la ciudad como un sueño placentero que se desovillara perezosamente. Sentía que era posible hallar la dicha en el momento en que la pelota se adaptaba a sus pies y abría riberas a la fantasía y era seguro que la jugada acababa en gol, en triunfo, en celebración. Eran momentos especiales. Sentía que todo se conjugaba, el arte con el balón, el embrujo del piano, la visión de Medellín como una ciudad bonita. Qué disfrute jugar fútbol. Una corriente sensual lo ligaba al entorno. Subía desde la arenilla a sus pies, la sentía como agua represada en el pulso de la multitud en la tribuna, se elevaba hasta la flecha plateada de un avión que cruzaba el azul. Todo era azul en ese instante. Pero era un azul muy distinto al que veía desde el edificio en construcción, arriesgando la vida a treinta metros de altura, el cuerpo molido por la suma de fatigas superpuestas, esperando la hora del almuerzo para engullir la desabrida y menguada coca. La salsa sonando en su radiecito inseparable sazonaba la rebeldía y amortiguaba el hambre.

II
En la entrada de la taberna, cerveza en mano, recostado a la pared, se movía al son de La última rumba, de Henry Fiol, uno de sus temas preferidos, trompeta celestial, y evocaba ese golazo del domingo. Fue en la cancha de grama de la Unidad Deportiva de Belén, en una mañana fresca y clara como una cascada de música. Como un colibrí atolondrado de miel, el balón quedó picando a un paso. Goloso, se le fue con todo y sacó un zurdazo. Entre el impacto del guayo y el zarandeo de la red, el balón describió una curva a lo Falcao en Brasil-Italia en el 82. El arquero la vio pasar, impotente. Lo cantó con una efusión de apoteosis, mientras era cubierto por la avalancha de los compañeros, que se agolparon a felicitarlo. Sintió que podía ir por la vida, ajeno a las trampas del mundo, pertrechado con el recuerdo de un gol. Sólo con eso. El sonido de las bestias rugió en la esquina. La noche parpadeó y en ese instante de suspenso se percibió el cambio de velocidades de la moto. En la máquina de la muerte los sicarios eran como un centauro bicéfalo. ¡Bang, bang, bang! ¡Bang, bang, bang! Era el sonido de las bestias, no las de Ricardo, sino las que llenaban a Medellín de tumbaítos frioleros, tumbaítos que resbalaban en el piso como sordos fardos de hielo, tumbaítos sin posibilidad de levantarse, aunque en el momento de la caída les ataque unas ganas briosas de vivir. Tendido en la acera, embotado, en una realidad sin tiempo, escuchó que decían: “Ah, lo tumbaron. Pa la tumba”. En el ahogo de lo irremediable, se aferró al recuerdo más hermoso, al gol de zurda. Vio otra vez a los amigos corriendo hacia él, rodeándolo, estrechándolo, amparándolo contra el espanto del aire que le faltaba, del aire que se le iba, se iba, se iba… a la red.

 

La derrota de Carlos Gaviria en la consulta interna del Polo Democrático Alternativo para escoger el candidato presidencial por ese partido a las elecciones de mayo de 2010 es un llamado de atención para todo el movimiento social, popular y digámoslo claro: para la izquierda. Si el movimiento popular en verdad contempla la vía electoral como uno de los muchos mecanismos en la tarea de la transformación social, debe pensarse seriamente la posibilidad y afrontar dicha práctica política con compromiso.

Sunday, 27 September 2009 22:08

Homenaje 44

Wednesday, 23 September 2009 15:43

EDICIÓN No. 44 ACTUAL SEPTIEMBRE

Con esta contagiosa consigna coreada por cientos de panameños y panameñas durante los días 14, 15 y 16 de agosto de 2009, se desarrolló el más importante evento de las organizaciones sociales y populares de Panamá, el Segundo Congreso del Frente Nacional por los Derechos Económicos y Sociales- FRENADESO.

Una canción es un libro chiquito, muy corto y además cantado. Con ella uno tiene la ventaja de saber quién la interpreta y a veces quién la compone. En ese sentido la música no solo es armonía, ritmo y esas cosas que los músicos expertos sabrán explicar muy bien, sino que la música también es texto; la música, como todo, habla del momento en que fue creada, del pensamiento de su autor, de la ciudad y sociedad donde ha sido creada. De esto hay tantos ejemplos como canciones escritas. Esta vez tomaremos un ejemplo que tiene que ver un país, dos momentos y muchos personajes: Chile, la dictadura militar y Los Prisioneros.

 

 En Chile se da el golpe de estado militar en septiembre de 1973; este no solo fue la masacre de todo el pueblo y su presidente, Salvador Allende, no sólo sirvió para frenar el avance de la izquierda y los sectores populares, sino que, sobre todo, la dictadura sirvió para la implementación del modelo neoliberal en Latinoamérica, como profundización del capitalismo y las contradicciones existentes en cada país.

A inicios de la década del 80, los movimientos sociales y populares estaban reorganizándose y volviendo a las calles, a la expresión de inconformidad con la dictadura. En medio de esta recomposición, los estudiantes de secundaria comenzaron a organizar de nuevo federaciones estudiantiles, organización y actividades, incluso toma de liceos públicos, todo en medio de la dictadura. La represión fue durísima, la lucha se abría de nuevo. En este contexto nace un grupo musical de jóvenes de secundaria, un grupo de rock que se llamará para la historia “Los Prisioneros”.

Los Prisioneros nos van a  mostrar ese Chile que, después de 10 años de dictadura, ha desarrollado todas las reformas para la implementación del neoliberalismo. Así, sus canciones nos muestran el Chile de ellos- de los marginados y excluidos -, desde los obreros, la cultura, los jóvenes, etc. “Están paradas esperando a las manos que decidan hacer andar… cuando vino la miseria los echaron, les dijeron que no vuelvan más, los obreros no se fueron, se escondieron, merodean por nuestra ciudad…” ¿Cómo entender esta canción si no como la descripción del cierre de tantas industrias, el despido de los obreros que sin trabajo y sin otra opción se quedan en la ciudad como desempleados tratando de sobrevivir?

Luego dicen en otra canción: “Únanse al baile de los que sobran, nadie los va a echar de más, nadie los quiso ayudar de verdad…”, en referencia a los jóvenes que no tienen ninguna oportunidad porque todo ha sido privatizado o elitizado y puesto en función del beneficio privado. Parte de los jóvenes que creyeron las ideas y engaños de la dictadura como progreso, finalmente tuvieron que aceptar su frustración.

La dependencia de los gobiernos latinoamericanos de otro gobierno en un estado imperialista como los Estados Unidos, mucho más marcado y evidente en las dictaduras, la muestran también Los prisioneros: “Nadie en el resto del planeta toma en serio a este inmenso pueblo lleno de tristeza… Las potencias son los protectores que prueban sus armas en nuestras guerrillas… Somos un pueblito tan simpático que todos nos ayudan si se trata de una guerra armar, pero esa misma cantidad de oro la podrían dar para encontrar la solución definitiva al hambre. Latinoamérica es grande debe aprender a decidir… Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos…”

Un último elemento (sin agotarlos todos) conocido de éste grupo musical es su posición frente a tantos “chilenos” y su “identidad” y “sentimiento patrio” que se refleja en su vida en Miami u otros países o con la reproducción total del estilo de vida norteamericano o europeo dentro de Chile. En una de sus canciones Prisioneros nos dice: “si sueñas con Nueva York y con Europa, te quejas de nuestra gente y de su ropa… si eres artista y los indios no te entienden, si tu vanguardia aquí no se vende… por que no se van, no se van del país…”

Este escrito quizá es medio nostálgico, no solo de “Los Prisioneros” sino de la crítica que el grupo de rock más reconocido del chileno desplegó contra la dictadura. Y lo manifestó al punto de que el ejército le suspendiera conciertos en la ciudad. Su crítica incluso fue más allá de la dictadura y atacó de frente al mismo capitalismo, como cuando nos dice: “es mentira eso del amor al arte, no es tan cierto eso de la vocación… nadie te puede ayudar, nadie tiene tiempo de reclamar, solo algo deja bien a casi todo el mundo… ¡quieren dinero!...”. Se que ellos no son lo únicos grupos que más allá del talento tienen conciencia y capacidad crítica;  hay más grupos que lo hacen, y en Colombia también hay mucha gente que lo está haciendo. También hay mucha gente que escucha su música y no comprende o no se detiene en la letra. Esta también es pues, una invitación a escuchar música con todos los sentidos, comprendiendo su mensaje, pues la música como los libros, entre otros, puede generar denuncia, emancipación y resistencia.

 

Friday, 18 September 2009 10:49

Diplomacia bélica por Latinoamérica

¿Los colombianos nos hemos vuelto bélicos?, o ¿nacimos bélicos?, o ¿nos aceptamos como soldados del ejercito de Uribe? Esta es la pregunta que no hacen los medios de comunicación a los colombianos cuando atizan los ímpetus de nacionalismo trasnochado provocando en los ciudadanos el surgimiento guerrerista como la única “opción de dignidad”. Lo anterior es parte de la nueva telebobela colombiana que se ha llamado la campaña de la ruta libertadora a la cual es necesario crear y garantizar  un triunfo y que mejor que “un recorrido por Latinoamerica para fortalecer su ejército”.

Habría que reconocer que la estrategia mediática está muy bien montada, solo que a los asesores se les quedó un pequeño detalle que resolver y es que los gobiernos latinoamericanos vienen construyendo una propuesta libertadora para América Latina mucho antes que a los colombianos se les hubiese desarrollado el complejo de soldado eligiendo por presidente no a un hombre de paz sino a un hombre de guerra.

Alucinados o indiferentes, o como queramos llamarle al estado de ánimo, por conveniencia o por contradicción ninguna condición justifica la postura silenciosa de un país que dice estar cansado de la violencia; ahora, además de la incapacidad de resolver el conflicto interno, estamos cazando pelea permanente con todos nuestros vecinos, a costa de romper todos los lazos construidos históricamente. Definitivamente los colombianos a futuro debemos leer los diagnósticos mentales de todos los candidatos o candidatas a presidente, de lo contrario nuestra única imagen a exportar es la de ser psicópatas con tendencias a esquizoides y paranoides con unas fuertes expresiones de megalomanías. Claro, también surge la duda y conociendo como se tejen los hilos que dominan la humanidad, ¿será que la nueva tendencia  es que los colombianos y las colombianas estamos siendo adiestrados para ser útiles como guerreros a cuanta batalla requieran los poderes mundiales para imponerse en un territorio de tan profundas riquezas como América del sur?.
Imperio es imperio, definitivamente, no importa la pelambre que use. Y lo que en principio lo hace imperio es la voluntad de su élite para someter territorial, política y económicamente el mundo o la mayor parte de él. Lo otro es la capacidad que tenga para lograrlo, pero siempre en la historia imperial han existido élites locales dispuestas a entregar la soberanía de sus territorios a cambio de que el imperio les tolere y garantice sus privilegios y felonías dentro de este territorio sometido. Aunque en los países latinoamericanos y del Caribe casi todas sus élites se han postrado vilmente a los pies del imperio, hoy por hoy muchos gobiernos cercanos a los movimientos populares intentan revertir esta historia; sin embargo, en Colombia la derecha empotrada en el poder nos ha sumido en uno de los momentos más oscuros de nuestra historia; se abre impúdicamente ante las peticiones del gobierno norteamericano y se dispone a ser la punta de lanza para el hostigamiento, el ataque y la invasión a los países vecinos que han osado reclamar en serio sus soberanías.

Nada de esto debe extrañarnos, sin embargo. Todo se veía venir desde hace mucho. Casi al mismo tiempo en que empezaron a perfilarse algunos gobiernos progresistas en América Latina con proyectos económicos disidentes del modelo impuesto por el consenso de Washington, dispuestos a defender sus recursos naturales de la ambición sin fondo del capital extranjero, y con proyectos de integración regional política y económica distintos a la propuesta colonizadora del ALCA, más basados en la complementariedad y la solidaridad que en la competencia, empezó también el gobierno colombiano a perfilarse como el dique de contención que se le ofrecía a la USA para frenar estos procesos.  El pretexto perfecto: la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, que demandaba la intervención solidaria de los Estados Unidos en nuestro territorio para combatir este gran problema, y la colaboración solícita de los países vecinos, so pena de ser enlistados como alcahuetes del narcotráfico y el terrorismo cuando no de terroristas ellos mismos.

Hoy la élite colombiana en su impudicia ha ido demasiado lejos al entregar 7 bases militares a los gringos para que desde aquí operen, so pretexto de la manida colaboración en la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, en labores de desestabilización de los gobiernos vecinos, calificados por los mismos gringos como países del eje del mal, porque se alejan decididamente de sus disposiciones imperiales y tratan de construir su propio proyecto político. Es tanta la confianza del gobierno colombiano en la protección de los gringos que ni siquiera se siente obligado a someter a debate en Colombia tal decisión, ni en la consulta con el Congreso- aunque las mayorías uribistas allí la aprobarían sin ningún debate - ni ante las altas cortes.

Y mientras los movimientos populares no salimos del asombro y la indignación – no estábamos preparados para el golpe, a pesar de que las piedras del río sonaban ya con la decisión, esa sí soberana, del gobierno de Ecuador de retirar de su territorio la base de Manta-, los distintos estamentos del establecimiento cierran filas a favor de la decisión del presidente. Lo curioso es que en esta actitud, en vez de intentar dilucidar los alcances de tal acuerdo se echa mano de un patriotismo trasnochado que a nadie en su sana razón podría convencer- tal vez los colombianos no tenemos sana la razón-. Realmente lo que hacen es desviar la discusión del asunto de las bases gringas en Colombia al de la soberanía nacional frente a los reclamos- naturales y justos, por demás- de los países vecinos, particularmente Venezuela y Ecuador que ven venir el tiburón con sus dientes afilados.

Todo parece una conspiración de la más rancia godarria contra los gobiernos progresistas de Venezuela y Ecuador. Los medios de comunicación se empecinan de manera grosera en publicitar las denuncias que ha hecho el gobierno colombiano de relaciones de Chávez y Correa con la guerrilla colombiana, denuncias que sospechosamente se hacen justo en los tiempos en se que anuncian las siete bases para los gringos, y que no tienen otro fundamento que la información de un supuesto computador que milagrosamente sobrevivió al bombardeo al campamento de Raúl Reyes y que solo conocen el gobierno colombiano y la Interpol. Sin cuestionar este hecho, los medios dan por verdadera tal relación y en vez de investigar se empeñan en una campaña de desprestigio a dichos gobiernos. Hasta periodistas que se han caracterizado por su independencia y sentido crítico han caído en el embrujo estigmatizador y despachan el asunto atribuyendo la actual tensión en las relaciones con Venezuela como una bravuconada más del presidente Chávez, sin prestar atención a lo que hay de fondo.

Patrañas. Toda la escaramuza de la élite colombiana son patrañas groseras para desviar la atención y atizar el conflicto con los países vecinos que avanzan en proyectos políticos distintos, lo cual es precisamente el objetivo inmediato de los Estados Unidos. Ahora resulta que el gobierno Colombiano reclama frente a los demás países soberanía para entregar su soberanía, aunque con ello pretenda socavar también la de los vecinos. Sin tener en cuenta que el gobierno norteamericano exige inmunidad total para sus soldados en Colombia. Es decir, estos pueden hacer lo que les dé la gana, cometer todo tipo de fechorías en nuestro territorio sin que puedan ser juzgados aquí. Y como la experiencia no se improvisa sabemos a qué atenernos con esta claudicación humillante del gobierno. El ejército de los Estados Unidos es uno de los más depravados del mundo, por lo menos fuera de su país y quizá por esta misma inmunidad. A parte de las masacres perpetradas en territorio extraño, han sembrado el dolor y la tragedia en miles de familias por los territorios donde han cruzado. No es sino recordar las imágenes de la guerra de Vietnam, o una imagen que recorrió el mundo gracias a la hermosa película de Oliver Stone, la violación miserable a dos monjas que prestaban asistencia a la población herida en la guerra de El Salvador. De hecho, mientras funcionó la Base Militar de EEUU en Manta, Ecuador, hubo más de 300 denuncias por robos y homicidios cometidos por soldados estadounidenses contra ciudadanos ecuatorianos.

Hace poco, en una sesión del Congreso, el senador Petro llevó a la señora Olga Castillo Campo para que relatara el caso de su hija de doce años violada en Melgar por dos soldados norteamericanos que prestaban sus servicios en la base aérea de Tolemaida en el marco de la ayuda al Plan Colombia. No la dejaron hablar, con argumentos baladíes entre los que se contaba la muy sensiblera razón de una senadora que aseguraba que aquello era pura morbosidad y un disfrute con el dolor del otro. El caso es que así embolataron el debate sobre lo que puede ocurrir a mucha gente en Colombia con la presencia de soldados gringos protegidos por la  inmunidad de los gringos. Este tema es conocido por el presidente Uribe, por la Fiscalía y la Cancillería, pero nada ha pasado.

No deja de ser interesante esta concepción de soberanía que, copiada del imperio, acoge el gobierno colombiano. Es la soberanía de la oligarquía para disponer de los recursos y las vidas de los colombianos a su antojo, por un lado, y para violar la soberanía de los vecinos- con el apoyo, claro, del imperio- con el flojo discurso de la lucha antiterrorista y la guerra preventiva. Así, pues, el acuerdo entre los estados de Colombia y de Estados Unidos son acuerdos entre las oligarquías respectivas, en donde la primera, como una meretriz mañosa y hasta pervertida se abre mimosa y siempre dispuesta a recibir  a su amante para que la descuartice, si es su deseo, siempre y cuando ella sea su consentida y la señora respetada en la casa. Eso hace ahora Uribe, eso hicieron sus antecesores y eso harán los demás presidentes que salgan de este grupo. Por algo, los candidatos políticos que hoy andan en campaña electoral no se atreven a hablar duro del asunto, aunque sería un punto fuerte para confrontar a Uribe, pero no quieren molestar al señor del imperio que los habrá de tutelar después, en caso de ser elegidos.

No es que debamos avergonzarnos por la conducta de esta élite podrida, la misma que nos ha mantenido en el oprobio y la miseria. Pero sí podríamos preguntarnos ¿cómo hemos llegado hasta aquí, hasta ser el mango de la espada que empuñan los gringos para atacar a los países americanos que intentan sacudirse su tutela y construir solidariamente su propio destino? ¿Cómo ha sido posible? Ahora lo que se juega es el destino de América, de esa América grande que soñó Bolívar y que poco a poco empieza a vislumbrarse como posible hoy, pero que justamente aquí, en el suelo donde se proyectó el sueño, nació también la oligarquía más monolítica y reaccionaria como el mayor obstáculo, desde Bolívar hasta hoy, para la realización de tal sueño. Suenan trompetas de guerra, pero esta no debe distraer la atención de los movimientos populares en la lucha por sacudirse el yugo de esta élite desnacionalizada, descastada y mercenaria. Ese será el mayor aporte de los colombianos a la construcción de una América fuerte y unida, que resista los embates del imperio y de sus propias oligarquías.
Wednesday, 22 July 2009 17:08

Homenaje a Simón Bolivar

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