Periferia

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Friday, 13 April 2012 16:14

Edición 72 Abril 2012

El conflicto armado en Colombia no existe porque a un grupo de campesinos forajidos se les haya ocurrido, de buenas a primeras, organizarse y armarse para atacar al Estado. Eso es lo que quiere hacernos creer la élite económica y política, reproduciéndolo cada vez de forma más impúdica en sus cajas de resonancia: los medios masivos de comunicación. A lo que le apuestan definitivamente es al embotamiento de la memoria. Por eso una obligación, de los medios de comunicación popular y de todos los escenarios políticos construidos por los sectores populares, es la preservación de esta memoria. De ello depende la paz del futuro.

 

“Una señora sacó del brasier, la vi con mis propios ojos, 80 mil pesos. Y les dijo a los delegados de la Procuraduría: vea, a mí me dieron esa platica para que votara por ellos. Los delegados recibieron la denuncia y hasta con la plata se quedaron… y eso sigue quieto”. Anécdotas como la que cuenta Pedro* pululan en Liborina, y todas apuntan a lo mismo: la corrupción institucional se pasea campante en los tres poderes del Estado.

 

 

Daniel Samper Ospina, en su estilo irreverente, puede burlarse abiertamente de las locuras del doctor Ternura, que casi desde la clandestinidad convoca a sus compinches a una oposición al gobierno. Al fin de cuentas, lo que haya de serio en esta apuesta poco le afectará a su familia de delfines, acostumbrada a ver los vaivenes de la política nacional desde las alturas. La gente de la periferia, de los sectores populares, en cambio, no podemos darnos esos lujos, pues cada vaivén de la política, cada confrontación entre los diversos sectores de la clase dominante nos afecta en el alma y la pagamos con sangre y muchas vidas. Por tanto, tenemos la obligación de mirar con lupa lo que se agita en esta confrontación entre la supuestamente moderada política social del gobierno Santos y la recalcitrante ultraderecha uribista que auspició y se benefició con el despojo realizado a campesinos, indígenas y comunidades negras a manos de los ejércitos paramilitares.

 

Las élites de Panamá y Colombia se parecen cada vez más: son sumisas a los Estados Unidos de América, tienen gobernantes devotos, multimillonarios que amparan los empresarios y las transnacionales, albergan en su suelo a criminales extranjeros, destrozan el medio ambiente con políticas mineras y energéticas y asesinan a su propio pueblo en resistencia. En lo que va corrido del año Panamá ha estado al borde varias veces de insurrecciones populares por cuenta de la indignación de las organizaciones sociales, sindicales y grupos étnicos unidos en el Frente Nacional por la Defensa de los Derechos Económicos y Sociales, Frenadeso.

 

 

En su columna del 13 de noviembre de 2011, en El Espectador, a propósito de la muerte del comandante de las Farc Alfonso Cano, Alfredo Molano asegura que a los militares como gremio no les conviene la paz, con lo cual no hace más que expresar una verdad de Perogrullo. Pero se equivoca Molano al creer que a Santos, por el contrario, sí la persigue como una forma de pasar a la gloria en la historia de Colombia. Por principio, la oligarquía capitalista, de Colombia y de cualquier lugar del mundo, vive en función de la guerra: la guerra es el motor que alienta permanentemente el régimen de acumulación de capital y conjura sus crisis recurrentes. O para decirlo de forma contundente: la guerra en el capitalismo no es un estado de excepción sino la norma.

 

Wednesday, 18 January 2012 16:17

Homenaje Rosa Luxemburg

 

 

Al fin los europeos se han dado cuenta que la crisis financiera que explotó hace tres años no es un simple resfriado del modelo económico. Todos sabemos, además, que las crisis económicas no ocurren mágicamente, sino que son provocadas periódicamente por la avaricia constitutiva de los capitalistas, materializada en las políticas de los Estados para garantizarles las condiciones nacionales e internacionales de acumulación constante de capital y explotación inmisericorde de la fuerza de trabajo. Y sabemos también que, por lo menos hasta hoy, los costos de las crisis, grandes o pequeñas, siempre la hemos pagado los pobres a través de las reformas impuestas por los países ricos a los países pobres y de las políticas desarrolladas por estos últimos contra las clases populares. Es el momento de revertir el asunto y lograr que esta vez la crisis la paguen los mismos que la provocaron.

 

Tuesday, 22 November 2011 11:34

El modelo educativo del Sena es alienante

La fundación del Sena en 1957 reflejaba el anhelo de las clases trabajadoras del país de cualificarse técnicamente para insertarse en la industria nacional. Pero ahora se viene convirtiendo en la tumba de una educación superior, debido a la inminente privatización de la universidad pública y el privilegio dado en el Plan de Desarrollo Nacional de este gobierno a la formación técnica y tecnológica, que no es educación sino instrucción, es decir, capacitación de la mano de obra únicamente para convertirla en una mercancía cualificada para venderse al mejor postor.

La diferencia entre educación e instrucción la planteaba de una manera muy básica el filósofo oriental Jiddu Krishnamurti, quien en uno de sus textos llamado “Sobre la educación” definía a la formación impartida por las escuelas como un proceso sólo programado para crear personas con competencias laborales, es decir, para crear un Homo Faber, simples máquinas de creación de mercancías para ser vendidas. En cambio una educación integral debía tocar, para el filósofo, entre otros, temas tan fundamentales como el amor y la muerte, dos situaciones que consideraba de vital trascendencia en la vida de cualquier ser humano.

En este marco de ideas la formación brindada por el Sena, la única institución de educación gratuita en el momento, es instrucción y no educación, ya que pone su énfasis en el desarrollo de competencias laborales, reforzadas por el énfasis en el emprendimiento y el empresarismo, que refuerzan el individualismo, completando el cuadro “robótico-formativo” (robot significa “esclavo”) que hace recordar las escenas del musical The Wall del grupo Pink Floyd en donde se muestra a los estudiantes producidos como salchichas por la gran industria escolar, o la escena de la película “Tiempos Modernos”  de Charles Chaplin, en donde se observa al icónico Charlotte convertido en un “robot-trabajador” del proceso productivo.

Esta es la formación y la única opción que se está brindando en este momento a los colombianos desde que Uribe fue presidente, que ha convertido al Sena en la única opción de los jóvenes colombianos para acceder a educación post secundaria, por lo menos a nivel técnico. No responde a una preocupación dirigida al mejoramiento de la calidad de vida de los colombianos, sino a una estrategia laboral-empresarial para crear la fuerza de trabajo calificada y barata para la explotación laboral internacional que se viene con los futuros Tratados de Libre Comercio. Y decimos única, porque este modelo instructivo del Sena comenzó a ser utilizado por Darío Montoya Mejía para atacar el modelo pedagógico de las universidades y a colocarlo como modelo educativo por excelencia a seguir en Colombia.

Pero, además, las cifras de atención del Sena, que son elevadas, al igual que las del programa “Familias en Acción”, han sido utilizadas políticamente por Uribe y Santos para mostrar una inexistente preocupación por lo social, y para maquillar las verdaderas cifras de desempleo, a través de planes como el “Plan 250.000”, ya que se sabe que el DANE no cuenta a los que manifiestan estudiar, como desempleados, resultando las cifras de desempleo más bajas que las reales.

Pero además, la formación brindada en el Sena está en crisis. Ésta se refleja en la baja calidad en el proceso formativo, la poca claridad en el manejo del presupuesto y de las inversiones prioritarias para el funcionamiento de los centros tales como los salones, los equipos, los insumos, entre otros. Los estudiantes se han visto sometidos a recibir su formación en condiciones inapropiadas, lo que a su vez se refleja en la etapa práctica donde las quejas por la calidad de los aprendices son constantes. Finalmente son jóvenes que ingresan a un mercado laboral cada vez más competido con bajos niveles de conocimiento. Los jóvenes son sometidos a desarrollar labores operativas de la atención de las áreas productivas, y la formación conceptual, analítica y social pasa a un segundo plano.

En los 8 años que estuvo Darío Montoya Mejía en el Sena como Director Nacional, los estudiantes, los empleados y los docentes tuvieron que acostumbrase al discurso demagógico de los “nuevos ambientes de aprendizaje”, que significaba que hasta una escalera podía ser un espacio para aprender, mientras el Sena se atiborraba de manera abrupta de grupos de estudiantes que no veían donde recibir sus clases. También se hicieron evidentes la falta de planificación y la improvisación en los procesos, el abuso hacia los docentes, a quienes les tocó acostumbrarse a doblar su jornada de trabajo para atender la gran cantidad de grupos sin pago excedente, so pena de no ser renovado su contrato. Pero lo peor fue la posición fascista y persecutoria hacia el sindicato y hacia toda posición crítica por parte de la cúpula de la Dirección General, acusándolos de ser colaboradores de la guerrilla. También se dio la utilización del nombre del Sena en boca de Darío Montoya Mejía para catapultarse a la alcaldía de Medellín en las elecciones de octubre, de las cuales finalmente declinó.

Respecto al carácter autoritario en el proceso de formación, cuentan los estudiantes de algunos centros que en el proceso de inducción a su formación les advierten que es prohibido quejarse, hacer mítines o protestas, so pena de recibir sanciones disciplinarias. Los estudiantes han manifestado que  “mucha gente que es muy buena académicamente no habla por temor a ser expulsada, por un conducto regular y mediocre, que a lo único que conduce es al entorpecimiento de la labor educativa y académica”, actitud que refleja el discurso demagógico que pregona el Sena en materia de formación integral. Sumado a esto y similar a lo que se ha venido realizando en la U de A, los estudiantes son sometidos, a menudo, a requisas continuas por parte de la policía con perros y a un ambiente de represión y temor continuado.

La inminente privatización de la universidad pública, a través de la reforma a ley 30 impulsada por el gobierno Santos, la importancia dada a la formación técnica y  tecnológica en  el Plan Nacional de Desarrollo por encima de la educación superior (Reflejado en la evidente desigualdad de los presupuestos), en el que no se reflejan en un mejoramiento de la calidad de la formación, y las firmas de los TLC con otros países, refleja el interés del gobierno de Santos por promover no la educación, sino la instrucción operativa de labores, que permite a los futuros técnicos y tecnólogos obtener solo salarios mediocres que son funcionales a la explotación laboral internacional.

 

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