Violencias de género étnico-raciales: racismo y covid-19

Texto: Círculo de Formación Política ARKABUKO - Proceso de Comunidades Negras (PCN)

Imágenes tomadas de: Afrofáminas

El territorio es la vida y la vida no se vende, se ama y se defiende
Proceso de Comunidades Negras (PCN)

Los pueblos negros, tanto del pacífico como del caribe, son quienes se han visto más vulnerables ante la actual pandemia del covid-19. Y es que, como lo menciona la lideresa Francia Márquez, la historia del conflicto en nuestras comunidades comienza desde la traída de millones de negros y negras en el proceso de la trata transatlántica, dejando como resultado la destrucción sistemática de la civilización negra. Por lo tanto en los procesos de (re)construcción de comunidad en los territorios, las mujeres negras han jugado un papel fundamental en la construcción de libertad, comunidad, sistemas de medicina propia, espacios de vida y de cuidado, y de justicia ancestral a lo largo del territorio nacional.

La actual crisis del covid-19 se ha convertido en una excusa para desestabilizar y romper con el tejido social del pueblo negro, la segregación es tal, que se han hecho evidentes los tipos de violencia ejercidas de manera directa hacia las mujeres, sin distinción de género, ni generación. Amenazas, persecuciones, desplazamientos, hostigamientos, feminicidios y desapariciones, se han evidenciado con el confinamiento. La falta de agua potable, electrificación, y de un sistema hospitalario que responda a la emergencia sanitaria y el hambre en las zonas periféricas del país. La marginalidad y olvido por parte de un gobierno indolente hacen aún más vulnerables a las mujeres, hombres, niñas, niños, jóvenes y la diversidad existente al interior de la comunidad negra, lo cual fundamenta el proyecto de exterminio étnico.

 Racismo hacia las mujeres negras.

Las mujeres negras enfrentan una triple opresión: el racismo, el patriarcado y el clasismo. En el caso de las mujeres negras trans y lesbianas, además de estas formas de opresión se enfrentan a la transfobia y lesbofobia, lo que las deja en un lugar de desventaja y a su vez son más propensas a ser violentadas de distintas formas por un sistema que evita que avancen y sobrevivan.

Con el covid-19, se han intensificado las violaciones de los derechos humanos de las mujeres en contextos donde hacen de las mujeres negras su presa, con el propósito de desestabilizar el proyecto de vida del que hacen parte como pueblo.

Además, en la medida en que confrontan el sistema patriarcal, racista y capitalista, aquellas mujeres negras que viven en territorios étnicos, ya sean urbanos o rurales codiciados por las dinámicas del capital, son más vulnerables a las violencias de género y étnicoraciales . Ellas están expuestas a la violencia continua, pero también a la agresión planificada en el marco del contexto armado, ejercida como estrategia bélica de control en los espacios territoriales geoestratégicos para la consolidación de las dinámicas del capital.

Mujeres Negras y Diversas En Tiempos Del COVID-19

Mientras los medios de comunicación en el país muestran cómo han incrementado los casos de infección, a su vez ocultan otra problemática que es igual de importante y se expande a niveles mucho más altos que el propio covid-19. Son los casos de violencia doméstica racista y xenófoba que van en incremento sin que ninguno de los gobiernos locales pongan mayor atención. El confinamiento aviva la tensión y el estrés, dado que refuerza el aislamiento de las mujeres que conviven con compañeros y núcleos familiares violentos que les restringen el contacto, ya sea virtual o personal con personas cercanas.

A pesar de que la institución policial ha hecho acompañamientos y hay diferentes líneas de atención a las que las mujeres pueden acudir, las respuestas no han sido suficientes, incluso la institución policial aprovecha su autoridad para agredir físicamente a las mujeres. Han sido las plataformas alternativas y populares las que han acompañado a las mujeres diversas en esta lucha contra el patriarcado, el capitalismo y el racismo.

Son múltiples los medios de opresión y explotación a los que han sido sometidas las mujeres negras, las lesbianas y las trans. Todas las formas violentas de opresión se han manifestado no solo en el hogar, también en el ámbito público con las ideologías xenófobas y el odio que minimiza otras diversidades de género. Si para las mujeres negras heterosexuales es difícil la situación del confinamiento, lo es aún más para las mujeres LGBTI negras, pues corren mayor riesgo de ser agredidas. Diferentes organizaciones de mujeres han identificado que en este contexto de emergencia se ha aumentado en un 70% los índices de violencia contra la mujer.

Lo anterior es consecuencia de un sistema de dominación social que está constituido por prácticas sociales discriminatorias, fundamentadas en la exclusión e inequidad de quienes asumen una relación de poder de manera selectiva. El pico y género implementado en varias ciudades de Colombia como Bogotá y el Chocó, son un claro ejemplo de agresión contra la integridad de las mujeres que no se asumen bajo estándares blancos hegemónicos. 

Alternativas solidarias

A lo largo de la historia han sido las mayoras, las tias, las nanas, las abuelas, las madres negras, las que nos han enseñado que otras alternativas son posibles. Han sido los remedios de las ancestras, los que han permitido al pueblo negro creer que otras formas de vida son posibles.

En este momento de crisis mundial, han sido las organizaciones de base, las colectivas feministas negras, las comunidades negras, las mujeres rurales y urbanas, y otros grupos étnicos, los que han respondido con alternativas solidarias, populares y comunitarias, encaminadas a una sociedad que defiende el territorio desde las diferentes concepciones de vida.

Para hacer frente a esta pandemia  es necesario pensarnos nuevos retos y otras alternativas de ciudad y de campo que no sean las impuestas por los gobiernos de turno. Apostar por alternativas que vayan contra los modelos económicos que han fragmentado la población y nos han negado el acceso a la salud, la vivienda, la educación, etc. Han sido muchas las estrategias propias sustentadas en el bien común, el fortalecimiento del tejido social y la cooperativizacion del trabajo, planteadas por los sectores comunitarios y periféricos del país.

Para sobrevivir a esta pandemia es necesario fortalecer nuestro nivel estructural, físico, emocional y espiritual; algo que aviva las almas en confinamiento es el escuchar un currulao, un bullerengue, un mapalé. Retomar prácticas ancestrales como el trueque o la mano cambiada, también posibilitan la vivencia de nuestros pueblos. El trueque, como lo hacían nuestras mayoras de vereda a vereda, barrio a barrio, es la manera mancomunada de seguir construyendo comunidad con palabras tan sabias como: “donde comen dos, comen diez”.

 

 

 

 

 

 

 

 

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