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Editorial 158: Es tiempo de ellas

El patriarcado ha sido la forma de organización social que nos da la autoridad a los hombres para manejarlo casi todo. Ha sido impuesto y perpetuado durante miles de años en la historia de la humanidad en detrimento de las mujeres, pero también de los bienes comunes y del planeta. La mezcla patriarcado y capitalismo son los responsables de la mayor desigualdad, discriminación, depredación y violencia jamás conocidas contra la humanidad, el planeta y contra las mujeres en particular. Este sistema patriarcal se empeñó en construir un mundo que no fuera apto para las mujeres, uno donde todo estuviera al servicio de nosotros los hombres, en especial el poder político y económico.

Para no ir lejos, en Colombia, desde que se declaró la “independencia”, las mujeres fueron reducidas a los extenuantes trabajos del cuidado de la casa, de la familia, de la alimentación y la limpieza, incluso a duras tareas del campo; durante más de siglo y medio no tuvieron derecho a la propiedad, ni al voto, ni a decidir sobre la política y la economía; pero para ellas nunca faltó la violencia en el hogar y en la sociedad.

Según cifras del DANE, de un total de 48.258.494 habitantes que tiene el país en la actualidad, el 51, 2% son mujeres. Son mayoría y sin embargo los gobiernos sucesivos casi nada han hecho para garantizar condiciones democráticas mínimas para que las niñas, las mujeres y ancianas disfruten de una vida con dignidad.

Cabe destacar que la tasa de desempleo de mujeres en Colombia para octubre del 2019 fue de 12,6 %, mientras que la de los hombres fue de 7,2 %. Sin embargo, el valor de la economía del trabajo doméstico y del cuidado no remunerado, al cual las mujeres destinan 36,5 millones de horas al año, fue de 185.722 millones de pesos en 2018, lo que correspondía al 20% del PIB del país, cifra superior al valor agregado de las actividades económicas más relevantes del país, entre esas la industria minero-energética.

Es evidente la ausencia de medidas estructurales que promuevan el respeto por las mujeres, les brinden la libertad de decidir sobre sus cuerpos, y equiparen sus posibilidades de acceder a empleo y ocupar escenarios decisorios de la vida pública, en el Senado, por ejemplo, representan el 19,7% cuando la ley dice que debería ser mínimo el 30%. Por el contrario, la política pública promueve la naturalización de prácticas discriminatorias en su contra y el aumento de todo tipo de flagelos. Las cifras son aterradoras, 796 mujeres fueron asesinadas entre enero y octubre de 2019. Pero con las cifras de Medicina Legal el panorama es mucho más crítico y preocupante. Su directora manifestó que, de un total de 40.000 mil mujeres valoradas, 20.000 están en riesgo de ser asesinadas por sus parejas o exparejas.

Casi todas las cifras sobre las modalidades de violencias contra las mujeres van en aumento. Además hay que tener en cuenta los subregistros, es decir los casos en que las mujeres no reportan o no denuncian. Entre enero y octubre de 2019, fueron registrados alrededor de 19.000 los casos de violencia sexual, 34.000 casos de violencia de pareja y 13.000 casos de violencia intrafamiliar. Por supuesto que el común denominador es la impunidad, especialmente de aquellas otras violencias que los hombres ni siquiera reconocemos, por ejemplo la violencia sicológica, entre otras que no conllevan violencia física pero que pueden resultar mucho más perjudiciales y agresivas.

Los hombres debemos comprometernos, en el discurso y en la práctica, con la eliminación del patriarcado y sus violencias, a través de la puesta en marcha de prácticas responsables, equitativas, solidarias y cooperativas. Pero el compromiso también tiene que venir por parte del Estado y del modelo económico, agentes que por naturaleza son violentos y opresivos.

Los esfuerzos, luchas y vidas que fueron necesarias para que el 8 de marzo fuera declarado el día internacional de la mujer, hoy siguen siendo luchas importantes y necesarias. Muestra de ello es que actualmente las mujeres son protagonistas de las revueltas populares en el mundo entero. Una revolución sin un replanteamiento de la concepción que tenemos de lo femenino, y también del género, es una contradicción. Desde nuestro lugar nos sumamos a esa demanda actual e histórica. Esta es una edición con un carácter reivindicativo fundamentada en nuestra disposición a que, sin importar el mes, se denuncien las violencias de género, se reivindiquen las mujeres que el patriarcado busca invisibilizar, se propongan medidas y soluciones, y a que se piense y se narre el mundo desde una mirada femenina.

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