Periferia

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Desde el 8 de febrero de este año se podrá visualizar en la página web de periferia -www.periferiaprensa.com- un nuevo documental cada 8 días. Este nuevo espacio se llama “Miércoles de Documental” y busca ser una ventana para difundir diferentes producciones universitarias que han alcanzado múltiples reconocimientos en diferentes festivales a nivel nacional e internacional.

Cada una de las historias que se relatan en esta primera temporada tiene como eje común ser historias de personas: entre ellos campesinos, pescadores, sacerdotes y hasta cantantes vallenatos de las diferentes regiones del país.


A continuación las sinopsis de las historias que se podrán ver en la página desde el 8 de febrero:


• 8 de febrero: En La Unión, de Michael Osorio


“En La Unión” es un documental que narra la cotidianidad de una pareja de ancianos que viven solos entre las montañas del municipio de La Unión, Antioquia, alejados de la vida urbana y dedicando su vida al campo. Siendo de carácter observacional, esta obra audiovisual refleja, tanto la labor del hombre campesino, como la de su mujer. Junto a algunas de sus vivencias, esta pareja demuestra cómo el amor y la compañía mutua es de vital importancia para continuar cada día.


• 15 de febrero: Mar de Fondo, Johnf Carmona


La vejez y la enfermedad evidencian a un pescador el fin de la actividad a la cual ha estado arraigado toda su vida. Este hombre, único sobreviviente de la primera generación de pescadores artesanales en Arboletes, se niega a dejar de navegar, y se aventura mar adentro en el que podría ser su último viaje.

 

• 22 de febrero: El cristo de los nadies, de Miguel Ángel Romero



Hoy en el retiro, la casa de Gabriel nos muestra a un hombre apasionado por la vida, de pensamiento heterodoxo y con la plena convicción de la alegría como herramienta de transformación. Regresamos con Gabriel al Barrio Santo Domingo acompañados por la historia de uno de los sacerdotes latinoamericanos que durante los años 60 ́s se alzaron las sotanas para caminar por entre el barro de los barrios populares. Esta es una historia de la consecuencia entre las ideas y el obrar del hombre.


• 1 de marzo: El Andén del Junglar, de Mauricio Villa


El acordeonero y cantante vallenato Éibar Gutiérrez vuelve a su natal Valledupar para recorrer los espacios donde transcurrió su infancia y juventud, con el fin de buscar inspiración para componer una canción que hable de sus memorias.

 

Estos documentales se podrán ver todos los miércoles a partir

de las 8 de la noche en la página web de Periferia.

Wednesday, 25 January 2017 19:00

Paz, movilización y elecciones

En los próximos 18 meses se confirmarán las posibilidades de un acuerdo entre el gobierno y el ELN para terminar el conflicto armado, así como de la realización e implementación de los acuerdos logrados en La Habana con las FARC y el inicio real de una transición democrática en Colombia. Todo ello en medio del proceso electoral para elegir presidente de la República y renovar Senado y Cámara, proceso que en cierto modo expresará la correlación de fuerzas entre las organizaciones sociales y políticas. Ambos procesos tendrán en su base una muy posible reactivación de las movilizaciones y protestas populares frente al recorte del gasto público, los impactos del aumento del IVA, la profundización del modelo extractivista y la mayor agresividad de la fuerza pública para reprimirlas. A la fecha, cada uno de estos escenarios ha producido una alineación política de las organizaciones y movimientos sociales: quienes consideran que el campo de la paz debe ordenar la mirada sobre lo electoral y la movilización; quienes ven la paz y la movilización como mero escenario para una acumulación electoral; y quienes subordinan (y hasta subestiman) lo electoral y el proceso de paz frente a los desafíos de la lucha contra un neoliberalismo cada vez más agresivo y cínico. 

 

Las tensiones en cada escenario son conocidas: la paz se juega entre el apaciguamiento de las luchas sociales pretendido por el régimen como resultado de los acuerdos con las FARC y la continuidad del terrorismo de Estado, entre la urgencia de implementar los acuerdos de La Habana y la apertura de un proceso de participación previsto entre el gobierno y el ELN para acordar las transformaciones que requiere la paz, entre la disminución de la actividad militar y los anuncios de grandes operativos contra el ELN, y entre la necesidad de que el gobierno cumpla lo pactado y un establecimiento cicatero que no desaprovecha oportunidad para mezquinar desde la seguridad hasta la comida de los excombatientes en transe de dejación de armas, incluida su repulsa a cualquier acto de reconciliación, sea un baile decembrino, o sea una fotografía de soldados e insurgentes.

Por su parte, los alinderamientos electorales se mueven entre la continuidad de una tendencia para agruparse ideológicamente, cuyo protagonista principal es la convergencia entre el conservadurismo social y el liderazgo de extrema derecha (cristofascismo ha sido llamado en otras latitudes) y las urgencias de sumar grandes electorados a despecho de las distancias o cercanías ideológicas; entre la apuesta por unificar la agenda electoral en torno a la paz (que paradójicamente beneficia a la derecha) y por diversificarla con asuntos como la corrupción y algunos puntos del modelo económico; todo ello expresado en un juego de posibles alianzas y coaliciones, e incluso posibles fusiones partidarias, donde la izquierda socialista o revolucionaria (que vota) se ve descolocada.

La movilización y protesta popular siguen con las mismas urgencias e idénticas limitaciones a las que ha debido sortear en los últimos años: mantiene la fortaleza de las organizaciones del campo (indígenas, afros y campesinos) y tiene una negociación bloqueada con el gobierno, lo que se expresará muy posiblemente en nuevas acciones socio-políticas; pero a su interior hay una diferencia sobre cómo armonizar lucha por la paz y lucha por los derechos, que hasta el momento se ha zanjado con un acuerdo tácito de “dejar hacer” a los que priorizan el enfrentamiento al gobierno pero sin que los otros los acompañen con determinación. Lo nuevo en el campo rural es la inminente traición del gobierno al espíritu de los acuerdos de La Habana: las Zonas de Reserva Campesina no se desatascan y es obvio que el gobierno las dejará para después de la dejación de armas… y varios semestres más. Pero las modificaciones en los acuerdos sobre cultivos ilegales que se hicieron a los Acuerdos de La Habana serán punto de conflictividad con muchas comunidades campesinas que ya habían avanzado acuerdos directos de sustitución menos onerosos con el gobierno. De hecho, la obligación de erradicar antes de iniciar la sustitución es una imposición no solo agresiva sino antitécnica, y producirá “soluciones informales” por parte de las personas cultivadoras y por ende “soluciones típicas” por el aparato policivo-militar. Por otra parte, siguen afirmándose las grandes luchas urbano-rurales contra el extractivismo y por el derecho al agua y al medio ambiente, y en las ciudades se abren paso los procesos de revocatoria de mandatos de alcaldías impopulares, el principal de ellos en Bogotá contra Peñalosa, que por su impacto tendrá repercusiones nacionales.

Si los anteriores son rasgos principales de la coyuntura 2017-2018, se ponen a la orden del día algunos elementos de agenda:

El escenario electoral
Es costumbre en los medios de comunicación del establecimiento condenar lo que llaman la “politización de la paz”, en otras palabras, la inclusión de los temas del conflicto armado en las campañas electorales. Y en sectores de la izquierda a menudo hay un sentimiento de temor cuando la paz aparece en boca de candidatos. El problema es que la derecha ha sido más eficaz utilizando el conflicto armado y la paz para crear mayorías conservadoras (a veces cavernarias) con las cuales movilizar al electorado, como aconteció en octubre de 2016 en el plebiscito para refrendar los acuerdos de La Habana.

Las fuerzas sociales que siguen defendiendo la necesidad de una superación negociada del conflicto armado no deben eludir el escenario de las próximas elecciones, y antes por el contrario deben volcarse audazmente a ganarlo. Hasta ahora la paz no ha permitido que la izquierda unifique una estrategia electoral, mientras que oponiéndose a ella la extrema derecha cristofascista y el conservadurismo social (homofóbico, misógino, antiabortista, antilaicista) han creado una mayoría electoral. Es casi inevitable que el discurso guerrerista contra la paz, montado sobre estas ideologías reaccionarias, centre la campaña electoral del uribismo. Excluirse de ese espacio es simplemente dejarlo en manos de la politiquería y del Centro Democrático; y ya se evidenció el 2 de octubre cómo se comporta el llamado santismo en los escenarios electorales asociados a la paz.

Por el contrario, en el escenario electoral urge posicionar la implementación de los acuerdos de La Habana y la participación de la sociedad en los diálogos con el ELN. Al respecto, algunas acciones resultan prioritarias: Primero, el movimiento social popular y las izquierdas deben demandar de los partidos políticos y de todos los candidatos al Congreso y Presidencia un posicionamiento explícito sobre la continuidad de la política de negociación existente, tanto sobre la implementación de los acordado en La Habana como del diálogo participativo con el ELN; en el marco de la formulación de los Planes para la Transformación Rural y los Planes de Desarrollo con el Enfoque PDET, así como del Diálogo Nacional, un bloque de la izquierda y el movimiento popular debe establecer conversaciones directas y debates públicos con esos actores; también es necesario de esta parte un pronunciamiento claro sobre las acciones que van a promover o implementar respecto del terrorismo de Estado y la creciente ola de asesinatos y atentados al liderazgo social popular. Ya se conoce la posición de la extrema derecha, pero es dable obligarles a pronunciarse sobre el modo de terminar la guerra que promueven y tener un adversario más claro en la denuncia; y más importante es presionar a partidos como Cambio Radical y Conservador a sincerarse, igual que a sectores de La U y el Liberal, que formalmente han acompañado a Santos en su política de paz pero que poco hacen para que la implementación se desarrolle adecuadamente y que usan los acuerdos con un sentido corporativo que los erosiona.

En este mismo campo -en segundo lugar- resultaría muy importante que el ELN y las FARC se incorporaran en estos diálogos con todos los candidatos y partidos. La carga principal le corresponde al ELN, que no ha llegado a acuerdos con el Estado, sobre todo para des-militarizar el escenario electoral y politizarlo; un desescalamiento de las acciones militares de esa organización y del Ejército, acompañado de un intercambio epistolar y directo sobre los temas centrales de la terminación del conflicto -que en la agenda pactada se llama con acierto “transformaciones para la paz”- contribuiría a que el ámbito electoral cumpliera su cometido. No hay que desestimar el papel de propuestas que excluyen la paz de la discusión electoral, pues algunas propugnan por la marginalización del proceso de paz y de sus actores centrales; esto es aún más negativo para el ELN cuyo proceso apenas empieza. Así mismo, la izquierda social y política debe tomar nota de las declaraciones de varios vocerías de partidos del establecimiento en el sentido de no abrir espacios políticos ni mediáticos a las insurgencias en tránsito a la vida legal; para impedir el aislamiento de las FARC una vez dejen las armas -cuando el establecimiento espera que su capacidad de presión disminuya- y del diálogo de Quito y el Diálogo Nacional que proponen diversas organizaciones, es necesario actuar con audacia a favor de la visibilidad y no estigmatización de esas fuerzas políticas, pues la transición es imposible sin que FARC y ELN se conviertan en un actor natural y aceptado en una posible eventual democracia colombiana.

La agenda de paz y las luchas populares
Hasta ahora la agenda de paz ha logrado en alguna medida subordinar, apaciguar u ocultar la agenda de luchas populares. Esto fue posible porque se impuso en varios sectores populares un enfoque político que asoció la posibilidad de los acuerdos a la legitimidad del gobierno y en consecuencia contuvo las acciones de protesta; pero también porque las conversaciones de La Habana se acordaron como una fase de “terminación del conflicto” armado. El escenario que se abre en los procesos con FARC y ELN permiten un nuevo enfoque que es posible aprovechar: la implementación de los Acuerdos de La Habana entran ya en el campo de la “construcción de la paz”, o en otras palabras, en la transformación de las causas estructurales del conflicto, como el mismo gobierno ha anunciado; espacio convergente con la participación protagónica de la sociedad para definir las transformaciones necesarias para la paz, como está previsto en el diálogo del gobierno con el ELN. Así las cosas, la paz ya no podrá ser utilizada fácilmente por el discurso del establecimiento como un mecanismo para vaciar de contenido transformador el proceso de paz.

Esto permite posicionar los contenidos estructurales tanto en la implementación (La Habana) como en la participación (Quito). En la construcción de los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial y del Plan de Acción para la transformación regional la lucha será obviamente por quién controla la implementación (el primer round lo ha ganado el establecimiento), pero es central impulsar el posicionamiento de los cambios necesarios para la paz.

Sin que signifique reabrir debates sobre los asuntos ya acordados, que pongan en riesgos los avances conquistados por las FARC, es claro que podemos profundizar en algunos de ellos y llenar de sustancia tanto los espacios de la paz como los espacios electorales. Las movilizaciones sociales que prevemos en torno del extractivismo, la erradicación de cultivos ilegales, el aumento de impuestos, la corrupción del empresariado a gran escala y el robo de los recursos públicos, la reducción del salario real, permiten posicionar los cambios institucionales y de política pública que deberán expresarse en los Planes de Transformación Regional como en los Acuerdos sobre las transformaciones para la paz. Contrario al temor de varios sectores políticos sobre el riesgo de que la paz o las elecciones nos absorban las luchas sociales, son éstas las que podrán posicionar los cambios necesarios.

Quienes impulsan el Diálogo Nacional y la Mesa Social para la Paz han insistido en que las organizaciones populares y democráticas acuerden con el gobierno, el ELN y los gremios del capital la agenda temática de la participación de la sociedad en el proceso de Quito. Ninguna mejor oportunidad para perfilar esos asuntos que en medio de las movilizaciones que se avecinan.

Construcción de democracia y desmonte del paramilitarismo
La implementación de los acuerdos de La Habana pondrá en evidencia la voluntad política del gobierno y del establecimiento para avanzar hacia una variante moderna de democracia. La falta de voluntad política del establecimiento todo -uribistas y santistas- se corrobora con la actuación de las élites que ante la dejación de armas de las FARC buscan imponerles en esta fase lo que no pudieron en la guerra ni en la negociación. Esto estaba advertido, es cierto, pero no por ello justifica una especie de perplejidad ante lo que acontece y un desgano político para confrontarlo con la movilización.

Urge desmontar una idea que reduce las responsabilidades de la oleada criminal a la extrema derecha uribista y a su entorno, mientras que llama y espera que el gobierno de Santos garantice la seguridad del movimiento social y de los excombatientes de las FARC. Lo cierto es que fue el gobierno el que en la mesa de La Habana impidió acciones profundas contra el paramilitarismo; es el gobierno a través de su Ministro de Defensa el que niega la existencia del paramilitarismo; fue Santos quien impulsó al Fiscal Martínez Neira, quien sostiene sin vergüenza que los cientos de asesinatos no responden a un patrón criminal; fue este gobierno el que propuso el ascenso a generales de los militares comprometidos con los falsos positivos; y es este gobierno el que no ha adoptado ninguna medida seria para desmantelar los vínculos del Ejército con los grupos de sicarios. Regalarle a Santos la inocencia por adelantado es no solo ingenuo sino que reproduce la impunidad del aparato que sostiene el terrorismo de Estado.

Todo el establecimiento debe responder por el terrorismo de Estado, no solo por obligación institucional sino porque han sido responsables materiales de este modelo de acción política. La obligación de los sectores populares es poner sobre el tapete que ninguna transición es posible sin su desmonte. Los acuerdos que se lograron en La Habana son un primer paso, pero son evidentemente insuficientes; el movimiento por la paz debe ser radical en esta exigencia, que debe estar en primer plano en los tres escenarios identificados: el de la paz, el electoral y el de la lucha popular de masas.

No es necesario esperar a que la cifra de asesinatos ascienda a 5.000 para constatar el nuevo intento de genocidio político; hace ya varios meses se debió acordar una acción nacional de masas contra el paramilitarismo y el terrorismo de Estado, acompañada de propuestas específicas para su desmonte. Éstas deben incluir, sin duda, un proceso público de depuración de la fuerza pública y el cambio de la doctrina represiva que la sustenta, monitoreada por organismos democráticos de la sociedad; las organizaciones de derechos humanos han elaborado propuestas concienzudas y equilibradas que tienen consenso en amplios sectores, incluida la llamada comunidad internacional y los organismos multilaterales de derechos humanos.

Fase pública con el ELN y participación
Los diálogos del gobierno y el ELN se iniciarán este 8 de febrero en su fase pública. La discusión sobre los temas humanitarios y la participación de la sociedad serán los temas que de forma directa se vincularán con la agenda electoral y de las movilizaciones populares.

La primera tarea en este semestre es acordar la forma como deberá darse esa participación para que sea activa, determinante, útil, democratizadora. Como se señaló antes, el Comité de Impulso del Diálogo Nacional ha insistido en lograr un pacto político entre el movimiento y organizaciones populares con los gremios del capital, el gobierno y el ELN para definir los temas gruesos de esa participación, a lo que debe agregarse la definición del alcance de la misma, las garantías y sobre todo los procedimientos; los Cabildos Abiertos locales y regionales se erigen en la propuesta más viable para avanzar. Un Encuentro Nacional de Paz debería tomar una decisión en tal sentido; con presencia de todos los actores sociales y políticos del país, de todas las tendencias, será un lugar privilegiado para ganar políticamente a la derecha el sentido de paz transformadora.

Previo a ello, en el campo popular se necesario unificar una propia propuesta de mecanismo y de agenda, en el entendido de que luego habrá que acordarla con los contradictores. Lo que sí es innegociable es que se trata de una participación protagónica que no será delgada a nadie más. El ELN ha logrado que el gobierno acepte que la negociación fundamental se haga en Colombia y en el seno de la sociedad; sería un desperdicio que el movimiento democrático y de paz mantuviera una estrategia de “incidencia” en Quito cuando ya existe ganado un espacio para la decisión y la construcción de acuerdos en Colombia. El gobierno insiste en que el ELN no tiene la legitimidad para discutir ni para acordar los asuntos del modelo económico y de las fuerzas militares; pero la discusión es otra: si la sociedad en su conjunto tiene la legitimidad soberana para reestructurar el Estado y el gobierno, y sobre todo si tiene la capacidad y voluntad para lograrlo.

Finalmente, en cuanto a los diálogos de Quito el establecimiento debe abandonar cualquier idea de una negociación exprés y de adhesión a lo ya acordado en La Habana con las FARC; ese es un camino fallido. Pero sí hay cosas que se pueden aprender de lo recorrido: Por un lado, insistir en la importancia de desescalar las acciones militares. Está visto que la sociedad en su conjunto pero especialmente las comunidades locales y las organizaciones sociales se marginan del proceso si éste no implica inmediatos cambios en las condiciones humanitarias. Y por otro, empezar a adoptar acuerdos de aplicación inmediata en el Diálogo Nacional, que refuercen la vinculación activa de comunidades y organizaciones al proceso; pactos de convivencia local para superar situaciones de violencia aguda y la respuesta positiva del gobierno a los acuerdos históricamente incumplidos, son pequeñas felicidades que sustentan verdaderas transformaciones para la paz.

Wednesday, 25 January 2017 19:00

Arte para la transformación

Del 9 al 12 de diciembre de 2016 se realizó en Medellín el 4to Festival Nacional de Arte a la Esquina y la Vereda. Con aproximadamente 300 artistas de todo el país, algunos de los barrios populares de la ciudad se contagiaron con la risa, el color y la diversidad que llevaban consigo los visitantes, que tienen como propósito, además, que el arte se manifieste desde una apuesta crítica y transformadora.

Con 80 presentaciones culturales distribuidas en 14 barrios del Valle de Aburrá, los 320 artistas provenientes de diferentes regiones del país recrearon el 4to Festival Nacional de Arte a la Esquina y la Vereda, que además de ser un espacio para la expresión cultural y artística, fue un espacio de debate y discusión sobre el papel que debe tener el arte frente a las realidades sociales, políticas y económicas de Colombia.

Por ese motivo, fue común que antes de las presentaciones y visitas barriales, los participantes trabajaran en mesas temáticas alrededor de temas como formación, economía, organización y comunicación, con el objetivo de adelantar discusiones de cara a la conformación de un Movimiento Nacional de Artistas. Esta idea, que nació desde el primer Festival, pretende contribuir al desarrollo creativo del país pero desde una posición que refleje el sentir de las expresiones populares, y que además visibilice y genere propuestas ante las diferentes problemáticas del país.

Para Ferney Vergel Cárdenas, participante e integrante del Colectivo Teatro Errantes, el festival es una ganancia en materia cultural dado que logra convocar a las regiones desde el sentir más natural de las expresiones culturales y populares. Para este colectivo, comenta Ferney, “el arte no puede estar de espaldas a la realidad, pero tampoco puede dejar de ser arte; tiene que sostenerse en su plataforma estética, creativa, productiva, siendo arte en sí mismo, pero dándole la cara a la realidad, evidenciando, mostrando, criticando, reivindicando, sin caer en el panfleto y en la subestimación de la misma esencia artística. El arte debe despertar preguntas en la gente”.

Aunque lo anterior ha sido tema de debate desde el primer Festival, todavía entre amigos o colectivos, y en diferentes espacios, se siguen escuchando preguntas sobre el carácter del arte y del artista. Y no están de más, porque para la consolidación de dicho Movimiento Nacional de Artistas aún queda otro camino por delante en el que será necesario generar consensos y apuestas comunes. Por eso entre todos los participantes, además de escoger a Bucaramanga como próximo anfitrión del festival, priorizaron cinco ejes sobre los que giraría el Movimiento: el artista como sujeto político; circuitos de circulación alternativa del arte; organización de los artistas; dignificación de la labor artística y memoria y ancestralidad.

Según Nelson Román Castro, integrante de la escuela popular Taller Sur de Bogotá, este proceso debe incidir socialmente, pero además “pelear con varios monstruos, como la industria cultural, y los imaginarios culturales de élites que privilegian los circuitos económicos. El propósito es llegar a la cuadra, donde están los niños, la abuela, la gente, para enraizar en arte en el contexto de la vida social y desde los saberes artísticos construir tejido social”.

Sunday, 22 January 2017 19:00

¿Qué camino tomamos?

No existe la forma de señalar cuántos y cuáles fueron los acontecimientos más importantes que determinaron el rumbo de la política, la economía y la justicia social en nuestro país en 2016. El saldo es negativo para el pueblo colombiano en casi todas las materias. Los medios masivos de comunicación levantaron una montaña mediática, parecida a la escombrera de la Comuna trece de Medellín, que impide buscar y encontrar los restos de las víctimas, la verdad y los responsables de tantos vejámenes. Los medios masivos sepultaron toneladas de escándalos de corrupción y violencia de las élites con más escándalos, así ningún colombiano podría percatarse de la verdad, las causas y las intenciones de los responsables de tanto daño, e impidieron que la nación tomara la senda correcta hacia las transformaciones que requiere el país y más bien desviara su mirada hacia asuntos que en verdad interesan a las clases dominantes.

La que pudo ser la mejor noticia de las últimas décadas, se vio vergonzosamente frustrada por el sorpresivo triunfo del No liderado por quienes le han hecho la guerra a este país y apoyado por millones de personas engañadas y otras convencidas por la salida militar. Luego del acuerdo de paz y su posterior revisión, se vino encima una escalada de violencia contra los líderes campesinos de las zonas en donde se concentrarían los guerrilleros de las Farc, y los medios masivos ocultaron la gravedad de más de 100 asesinatos, al mismo tiempo que el Presidente de la República los tildó de casos aislados. Aunque las Farc, y a la postre el pueblo salieron tumbados, el peso de esa traición ni se sintió, ni generó el repudio social esperado.

Es que tenemos una sociedad cínica, que mira para otro lado ante el sufrimiento de sus hermanos, que no mueve un dedo ante la injusticia ni contra sus responsables; una sociedad a la que le gustan las armas y las motosierras de los unos, pero condenan el fusil de los otros. La misma vota por la guerra, y también es capaz de sorprender masivamente con la solidaridad ante el maltrato animal o frente a hechos como la tragedia aérea que le costó la vida a todo un equipo de fútbol. Ahí sí se ven en las calles, llorando lágrimas de cocodrilo.

Tirados en el camino quedaron los más graves hechos de corrupción, que involucran a las oligarquías santistas y uribistas, como son los casos de la venta de Isagen y el robo descarado de miles de millones de dólares en la contratación irregular y posterior proceso de construcción de la refinería de Cartagena, Reficar. En estos casos las vísceras y el odio de los que se dicen oposición, de los que votaron por el No, y de los que culpan a las insurgencias por todo lo mal que está el país, no se sintieron.

Ni tampoco se van a sentir en contra del escándalo del confeso acto de corrupción y de robo descarado en los contratos con Odebrecht, de la Ruta del Sol, a manos de funcionarios del gobierno Uribe; ni en contra de la reforma tributaria, o del miserable incremento del salario mínimo. Es mucho más fácil para la mayoría encontrar los responsables entre sus hermanos y condenarnos a un debate insulso entre uribistas y santistas, como en la patria boba.

La gente no se siente capaz de asumir la responsabilidad de construir su propio futuro, de involucrarse en las transformaciones que requiere su país, y lo deja en manos de los que siempre han mal gobernado. Todos y todas deberíamos ver un sorprendente e ilustrativo discurso que se mueve en las redes sociales, en donde  Tomas C. Douglas haciendo referencia a Canadá, se inventa un cuentico infantil que cae de perlas al ejemplo colombiano. Según el cuento de Douglas, Mouseland es un país de ratones. Allí cada cuatro años los ratones van a las urnas y eligen a grandes gatos negros y gordos para que los gobiernen. Ya podemos imaginar el resto. Lo peor es que cuando quisieron los ratones cambiar de gobierno, entonces eligieron a gatos blancos. Por supuesto jamás hicieron leyes que beneficiaran a los ratones. Algún día un ratoncito les dijo a sus compañeros que el problema no era el color de los gatos sino los gatos y les propuso que eligieran un gobierno de ratones; entonces lo trataron de comunista y lo encarcelaron. Pero lo importante según Douglas, es que la idea aún encerrada no muera.

La reciente condena al Estado por los irregulares hechos de la Comuna trece, lograda por la tenacidad y valor de las comunidades y los defensores y defensoras de derechos humanos, es un ejemplo de lo que nos falta a la mayoría: tenacidad, persistencia y dignidad para continuar sin descanso en la reivindicación de las causas justas. Es necesario reforzar nuestro trabajo social mancomunado para algún día encontrar a los responsables de la crisis social que vivimos, para enjuiciarlos, condenarlos y sacarlos del poder, al igual que a su cultura de doble moral.

Por otro lado, es fundamental darle contenido a la lucha por la paz, porque esa es otra pelea que se va perdiendo. La paz es un imperativo ético de la humanidad; es un asunto propio del engrandecimiento del ser y está íntimamente ligado con la justicia, la solidaridad, la sensibilidad humana, el rechazo a la violencia, a la discriminación, y a las conductas segregadoras. La paz va de la mano con la educación, la cultura, la música, el arte, el enriquecimiento del espíritu. El Estado y las élites vaciaron de contenido este pilar que debe estar al centro de nuestras búsquedas, y lo separaron limitándolo a la dejación de armas de un reducido grupo, a la vez que se las permite a otro no tan reducido.

Entonces la tenacidad, la persistencia, y la movilización deben ser por alcanzar un país en paz con todos los ingredientes que esta contiene, y para ello seguramente hay que agotar todos los esfuerzos de nuestra existencia. No se puede separar la lucha por la paz de la lucha en contra de las políticas del Estado; no debe existir confusión entre la paz buena de Santos y la mala de Uribe. La pelea es contra esos dos y lo que representan, la lucha popular es por unir a los ratones para que bajen del gobierno a los gatos, y de una vez por todas gobierne un ratón y lo haga con sus hermanos y para sus intereses.

Sunday, 04 December 2016 19:00

Desaparecidos made in Medellín

“Yo siempre soñaba con la misma escena: él golpeando en la casa y yo abriendo, y él abrazándome, diciendo que lo tenían escondido en un lugar, que se había logrado escapar. Era como mi deseo que eso pasara. Yo me levantaba llorando todos los días, es como que tengo tan marcado ese sueño, que creo que lo soñé todos los días. Se le detiene a uno la vida”. Testimonio de Shaira Rivera, hija del desaparecido Guillermo Rivera

 

Medellín, la ciudad más innovadora y la más educada. 968 personas desaparecidas, solo entre los años 2012 y 2015, a las que hay que sumarle 66 nuevos casos en lo corrido de 2016. De las 347 personas reportadas como desaparecidas en 2015, 26 aparecieron muertas y 132 continúan desaparecidas.

El propósito sigue siendo el mismo, ejercer terror como mecanismo para extorsionar o para controlar a la gente y el territorio.

"Las estructuras ilegales utilizan esa práctica para bajar el perfil y no hacerse tan visibles. No aumenta el número de asesinatos, pero desaparecen personas", es lo que según el periódico El Tiempo ha dicho el alcalde Federico Gutiérrez, quien al conocer el informe sobe Derechos Humanos presentado por la personería de Medellín, aseguró que “si bien bajaron los homicidios, aumentaron otros tipos de delitos como la desaparición y eso es gravísimo”. La Personería municipal sostiene sobre las desapariciones, que “las cifras son más que preocupantes”, y Human Rights Watch señaló que la desaparición es una forma de control y dominio de los grupos armados para ocultar los cadáveres y no incrementar las cifras de homicidios.

Esta última entidad advirtió a comienzos del año en curso, que los grupos surgidos después de la desmovilización de los paramilitares siguen cometiendo actos de violencia, y citó el informe 2015 del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, en el que se reportan 24 personas desmembradas presuntamente por grupos sucesores del paramilitarismo, lo cual es coherente con la denuncia hecha por defensores de Derechos Humanos de Medellín sobre la existencia de “casas de terror” o sitios donde se tortura, descuartiza y desaparece personas. Este hecho además es reconocido por el alcalde como “una realidad en la ciudad” y reseñado en informes del Centro de Consultoría de Conflicto Urbano C3 donde se habla de la existencia de al menos 15 viviendas en la comuna 10, destinadas a torturar y descuartizar personas.

Fernando Quijano, director de la Corporación para la Paz y el Desarrollo Social (Corpades), también describió para la revista Semana la existencia de casas del terror ya identificadas en el Valle de Aburrá, tales como “la casa de las muñecas”, ubicada cerca de la antigua Catedral en el municipio de Envigado; “el matadero” de Caldas; “la ratonera” en Aranjuez, entre otras. Afirma que “hay denuncias de que están desapareciendo gente en ladrilleras, los pican y los echan al horno”. También explicó en entrevista para Caracol TV que “tenemos en Aranjuez la llamada Ratonera, está la de la parte alta de la Comuna 16, está la de la zona del sector del Cafetal en Comuna 8, hay dos o tres identificadas en Comuna 10, una en El Chagualo, una en La Paz y hay una en el sector de Barrio Triste”.

Pero las “casas de terror” en el Valle de Aburrá tienen su historia y no es reciente. Se dice que las impuso el cartel de Medellín en épocas de Pablo Escobar, durante la fatídica guerra que libró contra el Estado y los Pepes. Pero fue el Bloque Cacique Nutibara de las AUC quien las desarrolló como método intimidatorio aplicado a sus enemigos y opositores; a las milicias populares primero y luego contra el Bloque Metro.

La explicación para el incremento de la desaparición de personas podemos encontrarla en el panorama de alianzas criminales establecidas a finales de la década pasada, y que aún continúa con algunas mutaciones entre grupos criminales de narcotraficantes y estructuras paramilitares de las AUC con sectores importantes la élite local que incluye a empresarios y la institucionalidad (policía, ejército, fiscalía y gobierno municipal y departamental) que permitieron, en principio, implementar “el proyecto Orión”; un tipo de alianza entre la legalidad y la ilegalidad que puso en marcha el experimento piloto para sembrar el paramilitarismo en la ciudad de Medellín y otras ciudades de Colombia.

De ahí, pasando por el pacto de la “Paratranquilidad urbana” y el “Pacto del Fusil”, tan convenientemente negados por la institucionalidad y los empresarios, hemos llegado a un Medellín con una imagen tan eficazmente promocionada como destino turístico y ciudad para los negocios, que el maquillaje de las estadísticas de inseguridad, violencia y violación de Derechos Humanos son sistemáticamente ocultadas por el marketing de ciudad. Es allí donde también, según Análisis Urbano, “el accionar de las Convivir, la explotación sexual de menores, las apuestas ilegales, el control territorial de las estructuras paramafiosas y sus bandas, las vacunas, el pagadiario, el lavado de activos” sirven de caldo propicio para las casas de tortura y la desaparición forzada.

Y para recordarnos que los desaparecidos son seres humanos con familias que aún esperan verlos, así sea su cadáver o sus restos, están las Madres de La Candelaria, organización nacida en 1999 en respuesta a las numerosas desapariciones forzadas, secuestros y homicidios en el marco del conflicto armado colombiano. Madres, padres, esposas, hijos y familiares de víctimas del secuestro, la desaparición forzada y demás violaciones de los Derechos Humanos, en busca de la verdad, la justicia, la reparación y la garantía de no repetición de actos violentos, generadores de intenso dolor y múltiples sufrimientos. Ellas hacen visible la situación de desaparición forzada que padece la ciudad, el departamento y el país. Es una resistencia civil que tiene el propósito de hallar las personas que han sido secuestradas. Se niegan a ser parte de una sociedad ciega, sordomuda.

Presurosos y optimistas, más de un centenar de hombres y mujeres, representantes de organizaciones sociales, campesinas, indígenas, étnicas y populares de distintas regiones de Colombia pasaron la frontera por vía terrestre y aérea buscando llegar hasta Quito, Ecuador, el pasado 27 de octubre. Su objetivo era presentar en la instalación de la mesa de diálogos entre Gobierno y ELN una propuesta construida a muchas voces para que la sociedad participe, aprendiendo de los aciertos y desaciertos de La Habana, en este nuevo proceso de negociación, que precisamente tiene como primer punto la “Participación de la sociedad”. Por su lado, los distintos medios de comunicación nacional e internacional estuvieron durante horas en la Capilla del Hombre, lugar elegido para la instalación, expectantes por las diferentes declaraciones de miembros del alto gobierno que no dejaban en claro los pormenores para la instalación de la mesa de negociación ese día.

Sin embargo el optimismo pronto se convirtió en desilusión cuando el Gobierno desautorizó a su delegación para viajar a Quito, horas antes a la instalación, y a su vez anunció públicamente que no se instalaría la mesa hasta que el ELN liberara a Odín Sánchez, político chocoano retenido por esta insurgencia desde el pasado abril.

Condiciones y desconfianzas
Luego de dos años de diálogos exploratorios, el 30 de marzo de este año el ELN y el Gobierno anunciaron desde Caracas el acuerdo de diálogos para instalar una mesa pública de conversaciones en Quito, Ecuador, y que en posteriores momentos podría desarrollarse en Brasil, Cuba, Venezuela y Chile. Este acuerdo definió una agenda de negociaciones, así como criterios frente a información, pedagogía, funcionamiento y financiación. Allí, por ejemplo, consta que “Las conversaciones en la fase pública se desarrollaran de acuerdo con el orden de la agenda establecida. Cualquier cambio se hará de mutuo acuerdo”; sin embargo, ese mismo día el presidente Juan Manuel Santos anunció en una alocución que no instalaría la mesa en Quito hasta que el ELN liberara a los secuestrados, pese a que hasta el momento este tema no era una condición consensuada, sino que hacía parte del subpunto 5F de la agenda de negociación. Desde este momento el Gobierno condicionó la negociación, al mejor estilo de las exigencias que han hecho sectores de la derecha durante todo el proceso de La Habana.

De esta manera empezó el tire y afloje entre las partes. Durante meses reinó la incertidumbre por las acciones militares y políticas del Gobierno y el ELN que ponían freno o alumbraban el inicio de la fase pública. Santos seguía insistiendo públicamente en la necesidad de que el ELN liberara a todos los secuestrados para poder darle inicio a este proceso, y por su parte el ELN se mantuvo entre la espada y la pared, es decir, entre hacer valer el acuerdo pactado o ceder a la presión mediática.

El ambiente además se ponía más tenso dados los avances de la mesa de negociación de La Habana y su pronta refrendación, lo que en palabras de los medios masivos y algunos analistas, significaba para el ELN quedarse atrás en el tren de la paz. De hecho, a finales de septiembre, antes del plebiscito, el ministro del interior Juan Fernando Cristo, y el presidente Juan Manuel Santos, anunciaron de nuevo que si el ELN liberaba a todos los secuestrados, esa misma semana iniciaban la fase pública. Así, no es difícil pensar que toda esta presión sobre el ELN no era más que una dilación por parte del Gobierno mientras avanzaba en La Habana, y con dicho acuerdo pactado y refrendado, obligar a los elenos a una negociación exprés, y de paso, negar la posibilidad de participación a la sociedad.

Pero sucedió lo que pocos esperaban. En el plebiscito especial para la paz resultó como ganador el No, y aunque por una mínima diferencia, esto frenó el ritmo en el que se movía el acuerdo logrado entre el gobierno y las FARC, y puso en el debate público la necesidad de modificarlo de cara a las exigencias de algunos sectores de la élite colombiana. Esto, además de desesperanzador, generó nuevas preguntas sobre lo que pasaría, en consecuencia, con una posible refrendación de acuerdos con el ELN. De hecho, esta insurgencia publicó en su cuenta de twitter que “los adversos resultados del plebiscito dejan claros los obstáculos para el avance de la paz”; sin embargo la reacción espontánea de miles de jóvenes universitarios, organizaciones sociales, y sectores que respaldaban dichos acuerdos, que convocaron a marchar en defensa de la solución negociada al conflicto armado en las principales ciudades, consiguiendo llenar las plazas públicas, ejerció presión para que el Gobierno desempolvara la negociación con el ELN y pusiera sus esfuerzos en desenredar el inicio de la fase pública.

El resultado del plebiscito también evidenció la relevancia que pueden tener los puntos de la agenda acordada en marzo con el ELN, y de manera concreta el primer punto de participación de la sociedad, ya que muchas voces se alzaron exigiendo participación, llamando a un diálogo nacional que lograra involucrar también al 63% de colombianos que no participaron en el plebiscito por indiferencia, por desconocimiento, por rechazo a lo pactado, o por sentirse desconocidos por el Estado que los busca en elecciones pero los margina de las decisiones fundamentales que tienen que ver con su vida. Esta situación, en últimas, puso de manifiesto la necesidad de volver a la sociedad protagonista en las transformaciones para la paz.

Ante este nuevo impulso, ambas partes declararon que no se levantarían de la mesa, y por tanto el 6 de octubre llegaron a un nuevo acuerdo de diálogos anunciado días después desde Caracas para destrabar el proceso. En este, acordaron instalar el 27 de octubre la mesa pública de conversaciones en Quito, e iniciar la agenda con el punto 1 de Participación de la Sociedad, y el subpunto 5F de Acciones y dinámicas humanitarias. Además, el ELN se comprometía a liberar a dos de los secuestrados antes de esta fecha, y “A solicitud del ELN, y conforme a la ley, y una vez instalada la Mesa se procederá a desarrollar el trámite correspondiente para conceder dos (2) indultos en un plazo de 30 días”, data en otro de los documentos firmados por el Gobierno y la insurgencia.

Así las cosas, el ELN procedió a liberar inmediatamente al ex-alcalde de Charalá (Santander), Fabio León Ardila y a Nélson Alejandro Alarcón, último de los cuatro arroceros que estaban en su poder, y días antes también liberados. Y aunque con esto ya cumplía su compromiso, también inició operativos para proceder con la liberación de Odín Sánchez de Oca, político chocoano que le adeuda al Estado colombiano 5.855 millones de pesos y que fue condenado por participación en la conformación de grupos paramilitares en asocio con Fredy Rendón Herrera, alias “el Alemán”.

Con estos hechos, el panorama parecía alentador para dar inicio a la fase pública. La Cancillería de Ecuador tenía todo listo para garantizar las condiciones logísticas de la instalación, y por su parte Gobierno y ELN detallaron quiénes integrarían sus respectivas delegaciones negociadoras. A este ambiente se sumó que un día antes de la instalación circuló la noticia de que Odín Sánchez ya se encontraba en libertad. Sin embargo, horas después el Comité Internacional de la Cruz Roja desmintió la información, y a partir del momento el silencio prevaleció hasta el día siguiente, cuando al medio día, el jefe negociador del Gobierno, Juan Camilo Restrepo, anunció en un comunicado que “la ceremonia inaugural será reprogramada hasta que exista la certeza que el Señor Odín Sánchez ha regresado sano y salvo a la libertad”, señalando además que el Gobierno siempre “dejó claro que era necesaria la liberación efectiva del ex congresista Odín Sánchez para dar inicio a esta fase pública”.

Los sectores sociales que se sentaron en Quito
Lo sucedido fue para muchos colombianos una odisea, en especial para quienes viajaron por tierra y luego de 20 horas de viaje, justo cuando llegaron a la Capilla del Hombre, se dieron cuenta que la instalación había sido cancelada. Sin embargo, también fue una oportunidad para fortalecer y consolidar propuestas. Luego de debatir y analizar lo sucedido, los representantes de sectores sociales de Colombia presentes en Quito, entre ellos la Comisión Étnica de Paz, el Movice, la ONIC, el Comité de Impulso de la Mesa Social para la Paz, el Congreso de los Pueblos, el Movimiento Social de Discapacidad de Colombia, el Coordinador Nacional Agrario y Voces por la Paz - grupo de refugiados colombianos en Ecuador-, citaron a varios medios de comunicación a una rueda de prensa para dar a conocer un documento público construido conjuntamente. Su mensaje fue que pese a la no instalación de la fase pública con el ELN, la sociedad ya se había sentado en la mesa, y por lo tanto, la negociación tendría que ser también con esta. Expresaron que se ofrecen como mediadores para contribuir a superar eventuales crisis del proceso, e hicieron un llamado a las partes “al cumplimiento de los gestos humanitarios que hayan asumido para la instalación de la mesa”.

Durante esta rueda de prensa también manifestaron que “La sociedad continúa trabajando en el fortalecimiento de una propuesta de participación en la construcción de paz”, y en función de eso, desarrollaron al día siguiente una reunión de organizaciones sociales en la Universidad Andina de Quito, con el objetivo de compartir las distintas visiones, apuestas y preocupaciones alrededor del tema de paz. Terminada esta agenda regresaron a Colombia con la esperanza de que los problemas y dificultades del proceso entre Gobierno y ELN se superaran, y así la fase pública en la que esperan participar, pudiera iniciarse prontamente.

¿En qué va el proceso?
La poca información existente frente a las conversaciones entre Gobierno y ELN luego de la fallida instalación, no brindan muchas ilusiones para el futuro próximo.

Luego del 27 de octubre han continuado los intercambios pero de manera muy esporádica, según lo contó el jefe de la delegación del ELN, Pablo Beltrán, al portal Verdad Abierta, cuando dice que “De vez en cuando aparece es el general Eduardo Herrera; a Frank Pearl no lo han vuelto a mandar por aquí; vino el cuñado del presidente, Mauricio Rodríguez, y tampoco volvió a aparecer”.

Las discusiones se han centrado en el tema de la liberación de Odín Sánchez como exigencia del Gobierno por fuera de lo pactado, mientras que el ELN dice que lo liberarán cuando el Gobierno cumpla con su parte de nombrar a dos prisioneros del ELN como gestores de paz e indultar a dos más. Sin embargo, el Gobierno se ha negado a ello y continúa dando un manejo mediático al caso del político chocoano a fin de ejercer presión sobre el ELN, a la vez que gana tiempo para concretar el acuerdo y refrendación de la negociación de La Habana, y convertir ello en otro elemento más de presión que obligue a la insurgencia elena a ceder en sus pretensiones de participación de la sociedad, transformaciones y democracia, cerrando de paso cualquier posibilidad de un acuerdo que en verdad contribuya a la construcción de la paz.

La sociedad insiste en la paz
Pese a esta dinámica estática que ha tomado la instalación de fase pública de la mesa de negociación, las diferentes organizaciones sociales del país han estado en constante movimiento exigiendo y construyendo propuestas para materializar el anhelo de paz de los colombianos. Este es el caso de la Mesa Social para la Paz que busca ser un espacio complementario de los diálogos con la insurgencia. Por ello, el Gobierno y el ELN no pueden menospreciar la participación activa de las organizaciones que hacen parte de su comité impulsor, y la de otras organizaciones que también asistieron a Quito; su papel en la fase de negociación será vital para avanzar en la consolidación de un consenso con las mayorías que hasta el momento no participan en la decisiones del país. Por eso, en el comunicado que elaboraron en Quito manifestaron que “los problemas que evidencia la actual crisis es la falta de mecanismos de comunicación entre las partes, y entre éstas y la sociedad”, dejando en claro que el éxito del proceso que se avecina dependerá en parte de aprender de los errores, en gran medida impuestos por el Gobierno, en materia de pedagogía y comunicación de la negociación de La Habana.

Muchas personas del Valle de Aburrá están expectantes frente al evento que se avecina ¡Y no es para menos! Más de 400 artistas de todos los rincones de Colombia, entre ellos cantantes, músicos, bailarines, actores, muralistas, cuenteros, payasos… y todos los que están convencidos de que el arte, además de brindar diversión, debe cumplir el papel social de transformar la realidad, se reunirán este año en nuestra ciudad. Los artistas, en el marco de este evento llamado Festival Nacional de Arte a la Esquina y la Vereda, tienen una cita desde el 9 hasta el 12 de diciembre con las comunidades que habitan los barrios de Medellín y sus alrededores, pues es que ellos creen que todas las comunidades, con dinero o sin dinero, deben tener acceso al arte y a su creación.

Es por eso que el Festival quiere extenderles la invitación con el fin de que ustedes no se queden por fuera. Este es un evento para todos y todas, donde podremos confluir entre el arte y la cultura, porque al son que nos toquen, bailamos.

Ustedes se preguntarán de dónde salieron este montón de aparecidos con la idea de hacer un Festival Nacional de Arte. Pues déjennos contarles que ya van siendo cuatro añitos en que todo este montón de artistas se reunieron, en las cálidas tierras de Barranquilla, con el propósito de crear un Movimiento Nacional de Arte y Cultura, donde personas de todos los lugares, estratos, edades, colores y sabores, pudieran disfrutar de los espectáculos totalmente gratis, es más, en sus barrios, esquinas y veredas, porque es que este festival se traslada solito a donde usted lo necesite. Luego de eso, el festival ha andado el frío paisaje de Pasto, el caliente clima de Arauca, y ahora, llega al clima templadito del Valle de Aburrá donde los anfitriones esperan con los brazos y el corazón abierto.

¡Hey usted! Sí, usted, señor artista. Escríbanos a This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it. y pregunte por el formulario de inscripción, ¿o es que se va a perder la oportunidad de compartir el sabor y las culturas que vienen con los artistas de todo el país?

Monday, 28 November 2016 19:00

Entren que caben cien

El Timbalero sonó con fuerza. La versión del coro más conocida de Héctor Lavoe. El salón del club de ejecutivos en el piso 30 del edificio Tequendama estaba con sobrecupo. “Entren que caben cien, entre que solo falta usted”, retumbó con fuerza en la voz del cantante; enseguida y ante la invitación del artista, desde la multitud fueron desfilando los sombreros caribeños y las marimondas, las decimas de los afros y el tiple y la machetilla de los norte santandereanos, las mujeres y la comunidad LGTBI, los llaneros, todo el centro oriente colombiano, y las comunidades de fe e iglesias. En pocos minutos estaba el escenario lleno de color, lleno de país, y los que no habían sido llamados querían pasar al escenario, querían participar de la fiesta.

Así, con alegría y rompiendo esquemas, la Mesa Social para la Paz le daba la bienvenida a cerca de 500 personas que reflejaban toda esa diversidad étnica, cultural y de clase que contiene nuestro país. Con esta puesta en escena, con esa explosión de alegría, el mensaje de la participación había sido bellamente expresado. “Entre usted también, empresario, Gobierno y todo el mundo, en esta propuesta caben todos y todas porque con los que se discute, se dialoga y se construye paz, y el país es también con los diferentes, con los contradictores”, así lo manifestó Marylen Serna, una de las lideresas del Congreso de los Pueblos y del comité de impulso de la Mesa Social para la Paz, quien además hacía las veces de maestra de ceremonia.

La Mesa Social para la Paz nacía oficialmente después de trasegar un año, en el que se dedicó a crecer, a conversar con todos y todas, a llenar de contenido la propuesta de participación y diálogo nacional para construir colectivamente la paz de Colombia. En esa tarea, fue fundamental el Comité de Impulso de la Mesa, que se había conformado en noviembre de 2015. En ese entonces acudieron al llamamiento más de mil personas que representaban 48 grandes procesos con cientos de organizaciones, entre las que se destacaron las comunidades de fe, iglesias menonitas, presbiterianas, musulmanas, que llegaron de regiones y del extranjero. También las comunidades afro y los indígenas. Esta era la cuota inicial de un gran movimiento por la paz.

Grande fue la sorpresa cuando Daniel García Peña, profesor de la Universidad Nacional, quien acompañaba en el protocolo a Marylen, invitó a dar un saludo al ex vicepresidente Francisco Santos del Centro Democrático. El auditorio enmudeció, era osado que una figura abiertamente contraria a la mayoría de los que llenaban el recinto se apareciera allí y mucho más para tomar la palabra. “Todos dirán que estoy en el lugar equivocado", manifestó Santos, y rompió el hielo; según el ex vicepresidente, la propuesta de participación de la Mesa Social para la Paz le gustaba, y hasta dijo que compartía la agenda del ELN, de la participación y el diálogo, y que estaba dispuesto a firmar el pacto que se proponía, el cual conservaba ese espíritu. Le aplaudieron y no hubo tomates ni insultos.

Es que la propuesta de participación de la Mesa Social para la Paz, y su invitación a ambientar un gran proceso democrático nacional para construir un país plural, justo, a través del diálogo entre los más diversos sectores, parece que le suena cada vez a más personas y procesos. Según la exposición que hizo uno de sus miembros, esta propuesta consta de tres pasos: ambientación y pacto político para el diálogo y la participación, que se haría después de caminar los territorios, hablar con las comunidades y sectores y sondear los temas polémicos de nuestra sociedad, tratando de construir una agenda común de país. Este pacto se acordaría entre la sociedad, el Gobierno y el ELN en la mesa de Quito, pero se desarrollaría fuera de allí. Una segunda etapa sería la deliberatoria o de diálogo nacional, debate, sistematización, y ordenamiento de los espacios en donde se concentrarían los temas de agenda de transformaciones necesarias para la paz y la democracia, que constituyen la tercera etapa de negociación de esa agenda junto con los acuerdos necesarios para la transformación. La refrendación e implementación se desarrollarían en la medida que la sociedad tenga capacidad de llegar a acuerdos, algo así como acuerdo alcanzado, acuerdo refrendado e implementado. Eso le propondrían a la mesa de Quito las organizaciones que se sumen a la iniciativa, que según dijeron sigue siendo un borrador al que le falta aún y que van a someter a la construcción colectiva. Participar es paz fue y será la consigna que impulsen en adelante.

Thursday, 24 November 2016 19:00

Editorial 123: La ruleta de la paz

A la paz se llega para vivir, para ser feliz, para alcanzar un mundo soñado, para lograr la libertad y hacer a otros lo que quisiéramos hacer con nosotros mismos, a la paz no se llega para morir.

Pero este es un país en un planeta donde buscar la paz es emprender un camino hacia la muerte. Un lugar en donde luchar por los cambios que aparentemente todos y todas queremos, es meterle cinco balas al tambor de la vida y darle vuelta para luego apuntarse en la cabeza; aunque tal vez tenga la oportunidad de sobrevivir.

Eso le viene sucediendo desde hace décadas a las personas que lo han intentado. Le sucedió a Guadalupe Salcedo en los años 50 cuando creyó en la paz que le ofrecía el general Rojas Pinilla. Salcedo, un hombre liberal que se dedicó a combatir contra las injusticias de su época y que jamás fue derrotado en el campo de batalla, vino a sucumbir en la silla vieja de una humilde tienda de barrio, bajo las balas del pacificador que lo invitó a él y a su ejército a hacer la paz.

Y le sucedió en los años 60 a unos hombres y mujeres conducidos por Ciro Trujillo, que huyendo de las violencias causadas por el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán en 1948, buscaron alejarse de la pacificación conservadora para construir su propia paz en territorios autónomos alejados del egoísmo individualista, pero también allí fueron alcanzados por las balas puestas en el tambor. Solo el azar permitió que un puñado de ellos lograra huir al juego de la ruleta y se fueran a construir un ejército del pueblo en las montañas de Colombia, para construir la paz algún día. A Pedro Antonio Marín le correspondió liderar ese grupo que ofrendaría muchas vidas durante décadas... por la paz.

También contra el plan de pacificación del pacto de élites acordado en 1958 y durante 16 años por el partido liberal y el conservador, llamado Frente Nacional, se fueron unos jóvenes para Cuba a entrenar para tratar de repetir en suelo patrio la proeza de los barbudos. Hoy, ya maduros y conducidos por uno de sus fundadores, se encuentran en Quito esperando a que los pacificadores decidan emprender con ellos el camino de la paz. Ojalá, pensarán ellos, que la invitación no sea a jugar a la ruleta de siempre, la misma que desde 1964 viene jugando Nicolás Rodríguez cuando apenas tenía 14 años y su señora madre remendaba los uniformes de la recién fundada guerrilla del ELN.

Entre los años 80 y 90 se quedaron en el camino otros soñadores de la paz como las cinco mil almas de la Unión patriótica, o los cientos de almas de A Luchar, y Carlos Pizarro Leongómez comandante del M-19 asesinado dentro de un avión en pleno vuelo, solo semanas después de haber firmado la paz con Virgilio Barco. Y muchos, pero muchísimos más, centenares de miles de anónimos se han quedado en el camino que emprendieron un día creyendo que por allí se llegaba a la justicia, a la igualdad y a la paz.

Hoy, ese camino plagado de peligros es evitado por la mayoría de la nación, y es lógico, ¿quién quiere andarlo sabiendo lo que le espera? Seguramente la gente no es boba, y no es que no quiera los cambios, pero no es capaz, le da miedo entrar en el juego mortal de la ruleta de la paz.
Por eso, quizás, queriendo salir del problema de cualquier manera, hoy se pide a gritos la paz a cualquier precio. La paz sin participación y sin cambios. La paz exprés desean otros y otras. Una paz sin armas y sin guerra dicen los más ingenuos. Será sin las armas y sin la guerra de las guerrillas porque en una sociedad militarizada y sin la opción de debatir sobre ese flagelo, millones de armas seguirán en las manos de paramilitares, bandas, mafias, civiles y fuerzas militares; estas últimas, en especial, no están dispuestas a dejar de disparar bajo ninguna circunstancia, se necesitan para “defender la patria”, aunque no se sabe ahora de quién la defenderán. Tal vez sea para defender a las transnacionales, a la oligarquía, a los corruptos y a los pacificadores de turno.

Después del 2 de octubre de 2016, cuando se perdió el plebiscito por la paz, las insurgencias y los millones que esperábamos el triunfo del Sí entramos en modo incertidumbre. Y aunque se encendieron las luces de la posible instalación de la mesa de Quito con el ELN, seguramente para ocultar el fracaso de La Habana, el gobierno y la oligarquía empezaban a vivir un sueño dorado, un país sin guerrilla a cambio de una ilusión de acuerdo de paz. Un sueño dorado porque con una guerrilla jugada por la paz y la otra esperando en Quito la instalación de unos diálogos que tal vez jamás inicien, el gobierno tiene el camino despejado para continuar la aplicación de reformas en contra de las libertades y la justicia social, y favorables al gran capital. Mientras tanto, el movimiento social ha estado ocupado, razonable y honestamente movilizándose en defensa de los acuerdos y exigiendo mayor participación de la sociedad en la construcción de la paz integral. ¿Qué más quieren los señores de la guerra?

Tal vez el nuevo acuerdo de La Habana del 12 de noviembre, aunque remendado y maltratado por la ultraderecha y quienes apoyaron el suicidio colectivo de la nación, sea un paso para que el camino de la incertidumbre y las minas anti transformaciones se abra. Como se dijo en el pasado editorial, la tierra está abonada para seguir sembrando. Y es terreno fértil para todos y todas, nadie tiene excusa para no jugársela por un país a la medida de sus intereses, los que sean. Los de una colonia en ultramar con reyezuelos terratenientes y homofóbicos; o la de una nueva patria equitativa, libre y soberana.

Ahí están las opciones. Pueden ser muchas más: la indiferencia, la de tirar la piedra y esconder la mano, la de responsabilizar a los demás. O, la de la participación y el diálogo entre todos y todas, la de los oídos abiertos especialmente a las necesidades de las víctimas y los despojados, la que distribuye mejor la riqueza, la que busca educación y salud universal y de calidad al alcance de todos y todas. No hay que tenerle miedo a la participación, a la democracia y a la vida.

Señores y señoras empresarios, políticos de toda clase, partidos, obreros y campesinos, negros e indígenas, estudiantes y mujeres, colombianos y colombianas, la mesa está servida.

Wednesday, 16 November 2016 19:00

Reseña: La concepción americana del bien común

La concepción americana del bien común es un libro escrito por Jaime Celis Arroyave, que analiza el hilo conductor de la historia de nuestro continente, desde sus verdaderos orígenes, los indígenas, hasta nuestros días; hilo conductor que se refiere a la lucha entre la concepción del bien común, desarrollada por los pueblos originarios, durante miles de años (el mayor aporte de América a la humanidad), y la concepción de la codicia particular, impuesta violenta y engañosamente por los invasores eurocristianos, a partir del siglo XVI. Por tanto, un balance de la rebeldía que hemos construido los pueblos americanos durante cinco siglos de resistencia a los diferentes imperialismos, que ha devenido en una corriente de avanzada, fundamento de nuestra inaplazable liberación.

En la presentación, el autor dice:

“América, a lo largo de su milenaria historia, que parte de los pueblos indígenas, ha construido su propia experiencia, su propia cultura y, esta, a pesar de la enorme influencia externa, a partir del siglo XVI, principalmente europea, sigue siendo americana, es decir, única; pero, a la vez, forma parte del bagaje cultural del mundo, con el que se interrelaciona dialécticamente y al que le ha aportado importantes elementos. Sin embargo, sigue teniendo, como los demás países y continentes, su propia identidad, la cual debe ser entendida para poder impulsar los cambios más acertados.

Precisar la singularidad de América, sin subjetivos regionalismos, es, además de recuperar y darle significado a sus valiosos aportes a la cultural mundial, encontrar el camino acertado para su transformación al servicio del bien común”.

Y en otros apartes dice:

“Con la concepción indígena del bien común se inició tanto la historia de América como la de su proceso revolucionario que nos llevará a una sociedad integral, plena, equitativa soberana y en paz, para el buen vivir”.

“El pueblo americano tiene su propio y original discurso, expresado por millones de bocas y de ejemplos a lo largo del continente y de su historia; este discurso cuenta con una matriz: el bien común, la cual tiene presencia, gracias a nuestros pueblos indígenas, desde el principio de los tiempos”.

El libro puede conseguirse en la sede del periódico Periferia, en algunas de las principales librerías de Medellín, o llamando a su autor, al teléfono 3146020150.  

    

 

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