Periferia

Periferia

(ARTÍCULO PUBLICADO EN LA EDICIÓN IMPRESA No. 136 MARZO EN EL 2018)

Líderes y lideresas, no simplemente cifras
Prisciliano Manuel Mercado García, de 63 años, era reclamante de tierras en el corregimiento de Guaripa, Sucre; él venía exigiendo trazar los linderos en su finca La Concepción, pero la vigilancia privada del exdirector de la Caja de Compensación Comfasucre, William Martínez, se lo impedía. Yolanda Maturana era lideresa social y ambientalista del municipio de Pueblo Rico, Risaralda, y venía desarrollando una férrea lucha contra la actividad minera en esta región controlada por las nuevas bandas paramilitares. Luis Díaz López, de 22 años, era secretario del Cabildo indígena de Tame, en Arauca, y su hermano Miller Díaz López era el fiscal de la comunidad indígena del Juliero de Betoyes. Estos hombres y mujeres tenían una cosa en común y era que ejercían la vocación más peligrosa en Colombia: ser líderes y lideresas sociales. Ahora tienen una dolorosa razón más que los identifica: todos ellos fueron asesinados. En el caso de los hermanos Díaz López, fueron asesinados por el Ejército nacional y presentados como guerrilleros del ELN, según denunció la ONIC.

Estos nombres, con sus luchas y sus vidas, según la Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular (CACEP), hacen parte de los más de 220 líderes y lideresas sociales, defensores de derechos humanos y ambientalistas, asesinados desde el momento en que se firmó el acuerdo de paz entre el Gobierno nacional y la ya extinta guerrilla de las FARC, el 26 de septiembre de 2016. Estas muertes causadas por el Estado (Ejército y Policía) y por el neoparamilitarismo, se suman a los 48 excombatientes, luego integrantes del partido político Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, y los 13 familiares suyos también asesinados.

¿Por qué nos están matando?
Cínicamente el ministro de defensa Luis Carlos Villegas señaló un par de meses atrás que estas muertes obedecían a “un tema de linderos, un tema de faldas, de peleas por rentas ilícitas”. Lo que no explica este funcionario encargado de la defensa de las élites económicas del país, es que dichos linderos son los que reclaman los campesinos a grandes hacendados y a multinacionales que se han valido del paramilitarismo y el terrorismo de estado para quitarle la tierra a quien la trabaja; que las faldas envueltas en líos son las de muchas tierras productivas que son arrebatadas mediante la violencia a la gente del campo, para entregarla a compañías mineras; que las rentas ilícitas son las que financian a esas nuevas bandas paramilitares que ejecutan el asesinato de todo líder social. En síntesis, el mismo ministro explica en un lenguaje cifrado y cínico, algunas de las razones por las que se asesina a muchas personas que tienen por vocación liderar causas justas en favor de sus comunidades.

También nos están matando por protestar contra las injustas condiciones laborales que impone el empresariado poderoso del país, por movilizarse por una mejor salud, educación, vivienda digna, por denunciar y evidenciar la criminalidad estatal y exigir garantías de protección de los derechos humanos.

No es algo nuevo
Pero lo más grave es que las razones de fondo se siguen ocultando. Estas tienen que ver con la profunda desigualdad social y económica que impera en Colombia, y que ha sido la causa principal del conflicto armado interno. Aunque el Gobierno dice que estos asesinatos no son sistemáticos, la realidad misma de nuestro país demuestra que estas muertes sí corresponden a un patrón de sistematicidad impuesto por décadas.

Son una práctica histórica de las clases dominantes encabezadas por las viejas castas políticas y económicas (Santos, Vargas Lleras, Pastrana, Ardila Lülle, Santo Domingo, Sarmiento Angulo) y por las emergentes provenientes del narco paramilitarismo (Álvaro Uribe, Cabal, Lafaurie) que se resisten no solo a brindar posibilidades de participación real a los sectores sociales empobrecidos, para que con dicha participación se puedan superar sus problemáticas, sino que también se niegan a reconocer el pensamiento diferente y las formas distintas de construir sociedad. Lo hacen eliminando al otro porque ese pensar y actuar diferente de las comunidades, de sus lideresas y líderes sociales, toca los intereses económicos de esas mismas élites que han gobernado los últimos 200 años.

Tal práctica histórica se recrudece hoy como lo señala recientemente la CACEP en un comunicado: “Hoy nuevamente recordamos que existe un fortalecimiento del paramilitarismo en las regiones, la militarización de los territorios, una guerra contra el movimiento social y popular y falta de diligencia en los deberes de respeto, prevención y protección efectiva y garantía a los Derechos Humanos por parte del Estado Colombiano”.

En un momento en que se habla de paz por el logro de un acuerdo entre FARC y Gobierno, acuerdo por demás hasta hoy incumplido por este último, pero también en un momento de profunda tensión en los diálogos entre Gobierno y ELN en Quito, resulta sumamente preocupante la manifiesta falta de voluntad política de las élites, que se expresa en los incumplimientos mencionados, y también a los acuerdos con el movimiento social y popular, pero sobre todo por el tratamiento de guerra que sigue dando a las luchas populares del campo y la ciudad.

Tal situación se hace evidente en un momento de escalamiento del conflicto armado interno luego de terminado el cese bilateral entre la guerrilla elena y el gobierno de Juan Manuel Santos, cuando ante las acciones de la insurgencia contra la infraestructura petrolera, con la Fuerza Pública y las fuerzas militares al servicio de esas élites, la respuesta del Estado con sus aparatos legales e ilegales se enfila contra el movimiento social, contra los líderes y lideresas en los territorios, para encubrir su incapacidad tanto de contener a la insurgencia, como de cumplirle a las comunidades y a la misma FARC, y se excusa diciendo que las víctimas eran guerrilleros de civil, auxiliadores o en el mejor de los casos cómplices.

La paz es de los pueblos
Tenemos la fuerza, el coraje y la razón desde las clases populares para hacer emerger la posibilidad de vivir en paz, solo si creemos en nosotros mismos, nos juntamos, defendemos y protegemos a nuestros líderes y lideresas, en el día a día de batallar contra las penurias personales y las amenazas permanentes que el terrorismo de Estado impone. Tenemos que cuidarnos mutuamente, no solo porque hacer un líder es un esfuerzo individual y colectivo, sino ante todo porque es una vida al servicio de la gente, y toda vida vale, más cuando está en función del otro.

Las recientes elecciones presidenciales, sin lugar a dudas, marcan un precedente en la historia reciente de Colombia. Como pocas veces, la disputa por la Presidencia de la República estuvo marcada por una clara confrontación de dos modelos de Estado y sociedad. Por un lado, estuvo la ya conocida clase política tradicional, que se agrupó alrededor de Ivan Duque, para dar continuidad al modelo neoliberal privatizador y motor del despojo, sumado al regreso de un discurso guerrerista y prácticas propias de la anticultura del narcotráfico.

Por otra parte, emergió la candidatura de la Colombia Humana en cabeza del ex senador y ex alcalde de Bogotá Gustavo Petro, quien logró recoger el descontento de millones de colombianas y colombianos que se sumaron con entusiasmo a su campaña, la cual levantó en el centro la justicia social y ambiental como claves para la construcción de una era de paz, tantas veces aplazada en Colombia.

El carácter antagónico de ambas propuestas marcó la agenda de los debates, las encuestas y todo el entramado mediático, con un claro respaldo de los medios masivos de comunicación como Caracol, RCN, Blu Radio, El Tiempo, entre otros, al candidato de la derecha reagrupada en torno a Duque.

Politización vs polarización
En el transcurso de la campaña los grandes medios y las distintas candidaturas de la derecha y del auto denominado centro (Sergio Fajardo y Humberto de La calle), se la jugaron por señalar de dos extremos a las candidaturas de Duque y Petro, generando con ello equivalencias en los peligros que representaban. De este modo instalaron en el imaginario colectivo la idea de la polarización y que ello representaba un riesgo para la “estable democracia” de nuestro país. Sin embargo, lo que no contaron ni contarán los medios es que del lado de la campaña de la ultraderecha uribista, fortalecida y respaldada finalmente para segunda vuelta por las élites económicas, financieras y empresariales tradicionales, y por los partidos oligárquicos de siempre, se apeló a la mentira, a las medias verdades y a la estigmatización. Con esto llenaron de miedo a las mayorías colombianas que empezaban a ver en la candidatura de Petro la posibilidad de salir de las condiciones de miseria e indignidad en que las mismas élites las han sumergido.

Entonces se señaló a Petro de castrochavista, guerrillero, ateo, inepto y tantas otras cosas, cuando este desde su programa de gobierno y sus correrías por cientos de plazas públicas en todo el país lo que expresó fue la defensa del Estado social de derecho, consagrado en la Constitución del 91, pero desmontado por las posteriores reformas impulsadas por las clases corruptas que han gobernado desde entonces. De ese modo, las oligarquías y las clases emergentes provenientes del narcotráfico demostraron que le temen profundamente a la democracia real, y que no están dispuestas a tolerar que se dé en Colombia siquiera un gobierno de carácter reformista como el propuesto por Petro.

Por su parte, aunque todos los demás candidatos, los medios de comunicación y los generadores de opinión se encargaron de decir que Petro polarizaba (es decir, poner la discusión en dos extremos), incitaba al odio de clases, al revanchismo y la venganza, lo cierto es que su campaña estuvo signada por la alegría, la multiplicidad de voces y formas de comunicar, y sobre todo por un profundo ejercicio pedagógico que permitió más que polarizar contribuir a la politización de millones de hombres y mujeres que lo escucharon en plazas, parques, emisoras, canales de televisión, foros y redes sociales, y que lograron entender que la crisis generalizada del pueblo colombiano tiene unas causas y unos responsables concretos que han gobernado durante 200 años, que sí es posible cambiar este país, que se necesita voluntad política y que el protagonismo de dichos cambios está en las ciudadanías.

En síntesis, la campaña de la Colombia Humana en cabeza de Gustavo Petro y Ángela María Robledo logró rescatar la política y sobre todo evidenciar por lo menos para 8'034.189 colombianos, que existen otras maneras de entender la política, de gobernar y construir país

Resultados que quiebran la historia, pero no la cambian
Es común decir en estos tiempos que en Colombia están sucediendo hechos históricos; más allá de la frase de cajón, no es descartable tal afirmación. Los resultados de la primera vuelta generaron algo que no se había dado antes, y es que la disputa por la presidencia hacia la segunda vuelta fuera entre un proyecto de despojo, miseria y muerte, y un proyecto reformista, progresista y con matices de izquierda, como alternativa para lograr cambios sustanciales hacia la dignificación de la vida.

Lo otro significativo es que los resultados muestran un creciente descontento con la política tradicional y también con el uribismo como forma particular de la política guerrerista y mafiosa, y mejor aún que existen posibilidades para las fuerzas alternativas que también van ganando en una dimensión de superar ser simplemente oposición para tener vocación de ser poder. A ello se suma que casi la totalidad de los sectores democráticos, progresistas y de izquierda confluyeron alrededor de una candidatura presidencial y se configuran hacia el futuro posibilidades de convergencias que disputen escenarios institucionales regionales y que den impulso a la movilización social.

Pese al avance de las fuerzas democráticas y a que empieza a evidenciarse un agotamiento del discurso hegemónico de las derechas, no podemos desconocer que estas lograron mantenerse en el poder, entre otras razones por la capacidad que tienen sus medios de comunicación para manipular y moldear la opinión y decisión de las mayorías; por el cansancio y desinterés de una porción muy grande de personas que no votan y sobre todo por la capacidad que tienen las élites tanto tradicionales como emergentes para juntarse y poner de lado sus limitadas diferencias en pro de defender sus intereses.

Los resultados de primera vuelta, cuando el candidato Germán Vargas Lleras salió estrepitosamente derrotado, llevaron a algunos a considerar que se había derrotado a las maquinarias. Los resultados en segunda vuelta, sin embargo, demuestran que eso no es cierto, que las maquinarias simplemente se aceitaron desde la primera vuelta con Iván Duque ante el decaimiento de Vargas Lleras, y que esto no se debe al simple engolosinamiento con la denominada “mermelada”, sino que muy seguramente obedeció a la estrategia pensada por esas élites para afianzarse en el poder. Las “distancias” del uribismo y el “santismo” quedaron a un lado para apostarle de nuevo a un proyecto unificado en todos los aspectos. Su división en materia de paz les sirvió para debilitar la posición negociadora de la Farc y del movimiento social, y lograr un acuerdo de paz ajustado al tamaño de sus intereses; ahora para seguir incumpliendo los acuerdos, limitar los escenarios de negociación con las demás insurgencias y con el movimiento social, necesitan volver a estar unificados para hacerle frente a un bloque democrático y popular en construcción que va ganando capacidad de ser gobierno y ser poder.

Nuevamente los mismos de siempre se erigen en la presidencia, y desde allí, con los poderes reales seguirán buscando defender sus privilegios a capa y espada, pero cada vez la tienen más difícil porque emergen nuevas ciudadanías que junto al movimiento social y popular se van abriendo espacio en la lucha por vida digna y justicia social. Los resultados de las elecciones presidenciales anuncian que otra Colombia está naciendo y que a los de siempre se les puede derrotar.

Como dijo Borges “Hay derrotas que tienen más dignidad que una victoria”. Esos más de ocho millones de votos alcanzados por la Colombia Humana tienen un inmenso valor, más que los 10 millones del nuevo presidente, porque son votos conscientes, sensibles, amorosos, llenos de energía y deseo por las transformaciones, y casi todos estaban llenos de vehemencia contra la corrupta clase política apoltronada por más de dos siglos abusando del poder; son votos que gritan a los cuatro vientos su deseo de cambio.

Ya las bases hablaron en las urnas, dijo alguien; ahora le corresponde a los líderes y lideresas conducir el trabajo que multiplique esos resultados y convenza a esas mismas bases de su capacidad transformadora. Eso es lo primero, consolidar el mayor avance de este importante fenómeno político que fue justamente el empoderamiento de la gente, sentirse y observarse a sí misma dirigiendo su propio destino, abandonando paso a paso la idea del caudillo o el mesías que milagrosamente lo resuelve todo. Así como lo hicieron María y Sandra y toda su comunidad en San Pablo en el Sur de Bolívar, golpeando en cada puerta y en cada corazón; o con la energía de los grupos de jóvenes en las barriadas de Cali, Bogotá, Barranquilla, Pasto, Mocoa, Cartagena, Popayán, Quibdó, Riohacha, Santa Marta, Mitú, Sincelejo y Tunja; o con la creatividad de los estudiantes de las universidades públicas y privadas; o la formidable entereza de los pueblos afrocolombianos e indígenas, y del campesinado organizado.

La que habló fue la Colombia profunda, la de la periferia; en el mapa nacional el centro político aparece rodeado por un cerco que avanza lleno de esperanza por superar y sacudirse de una vez por todas la opresión, la violencia, la subordinación, la desigualdad social y la miseria en la que fueron postrados por las prácticas clientelistas y corruptas de los que dirigen todo desde el centro de poder político y económico. Ese cerco es para que no se escape el sueño, para que se asfixie el egoísmo y la maldad. Para que se contagie la voluntad, el amor y la dignidad.

Fueron ocho departamentos y trece capitales las que dijeron aquí estamos presentes por el cambio, y será a partir de estas y de los cientos de municipios pequeños y grandes desde donde se construirá la estrategia común para alcanzar un nuevo poder en Colombia; pero debe ser con las más amplias voces, con los sectores y movimientos sociales, con los partidos democráticos, con las mujeres, los jóvenes y los ancianos, con el pueblo. La agenda de cambios que fue tomando forma en la contienda electoral y que incluye la eliminación de las EPS y la construcción de un nuevo sistema de salud; la educación superior gratuita; las reformas necesarias en el agro y el sistema pensional; la defensa del medio ambiente y la promoción de la cultura, entre otras, serán mandatos para la sociedad. La movilización estará presente durante este cuatrienio.

En la estrategia seguro habrá una ruta y un plan de acción, que incluirán la participación masiva en la consulta popular contra la corrupción el 26 de agosto de 2018. Esta primera derrota contra la clase política legitimará a los procesos sociales y grupos de ciudadanos, asociaciones, partidos, etc, para exigir al nuevo gobierno que destape todas las ollas podridas de la clase política, devuelvan los recursos y se vayan a la cárcel. Las veedurías ciudadanas y otras formas de seguimiento y control ciudadano serán fundamentales para apretar el cerco popular. Las luchas por los cambios y las transformaciones necesarias para construir una nueva democracia hay que imaginarlas y hacerlas realidad a través de la participación y la movilización de millones de personas. De la mano de la participación y la movilización, viene la organización social; se necesita una fuerte y vigorosa participación en las elecciones locales para alcaldes, consejos y gobernaciones. También en ese campo hay que dar la pelea y ganar.

Alguien con mucho tino planteó también en las redes, la razón cruel por la que los pobres votan por la clase política y los partidos corruptos responsables de su propia desgracia; es porque solo así logran ganar algo, porque es tal vez la única alegría que pueden obtener. El pueblo está acostumbrado a perder en las contiendas más importantes de su vida, y por ello se resignan con los triunfos ajenos, que creen propios.  Por eso es necesaria la moralización del pueblo a través de pequeños y grandes triunfos y alegrías. Ya no serán más las alegrías ajenas de los poderosos las que les den un poco de satisfacción, serán las propias, construidas en colectivo, con sus manos y su esfuerzo. 

La estrategia de lucha, trabajo social y popular por los cambios tienen garantía de triunfo, y se refuerzan con el regreso de Gustavo Petro y Angela María Robledo al Congreso de la República. Muy acertada la decisión y fundamental para el momento político que se vive en Colombia. Los debates serios, el control político y la presión que ejercerán contra la clase política corrupta está garantizada con su presencia y con la de más de 40 hombres y mujeres que conformarán la bancada alternativa más grande de todos los tiempos; los sectores populares, los movimientos sociales y todos los que apoyaron y alimentaron el sueño de la Colombia Humana, además de tener una representación de lujo en el Congreso, deberán tener un rol protagónico en la consolidación de un bloque democrático, para conducir junto a esta bancada alternativa la estrategia política hacia una verdadera transición a la democracia.

Thursday, 05 July 2018 00:00

Convocatoria: AGENDA 2019

PRESENTACIÓN

Periferia es una corporación que nació en el 2004 como un proyecto de comunicación popular. Desde entonces editamos mensualmente el periódico Periferia Prensa Alternativa, una publicación de alcance nacional, elaborada con los aportes de colaboradores y reporteros populares de diferentes regiones del país.

Desde hace nueve años  sacamos a circulación anualmente una agenda que en principio recogió los aportes fotográficos del periódico, pero  a lo largo del tiempo  se ha perfilado como una apuesta estética y como un espacio de difusión del trabajo de fotógrafos, colaboradores y amigos  que trabajan en la periferia con las comunidades, por lo cual en las últimas ocasiones la agenda ha tenido un enfoque temático, con la finalidad de poner la mirada sobre un asunto específico de las comunidades periféricas.  A su vez esta agenda es una manera de autogestión de la Corporación para el trabajo periodístico y  formativo.

 TEMA

El tema central de este año “los juegos de la periferia”.  Con esta convocatoria queremos rescatar el juego como un derecho incuestionable para cada ser humano en todas las etapas de crecimiento y desarrollo que experimenta. Como Corporación nos parece importante reivindicar el juego como una valiosa herramienta para fortalecer los vínculos de las personas en sociedad; a la vez  visualizarlo como elemento indispensable para el descubrimiento de la creatividad individual. Jugar es un impulso que nos empuja desde pequeños a descubrir, manipular, observar e interpretar el mundo que nos rodea. Jugando aprendemos a relacionarnos con los demás, ejercitamos nuestras habilidades y capacidades y nos arriesgamos a asumir pequeños retos que nos ayudan a crecer a conocer y transformar lo que tenemos en nuestras comunidades. 

 

 BASES

  • Pueden participar fotógrafos profesionales o aficionados
  • Se pueden enviar entre una y cinco fotografías
  • Cada fotografía debe llevar un pie de página que contextualice dónde se tomó, quién es la persona fotografiada y cuál es el juego que se lleva a cabo. (máximo 40 palabras)
  • Las fotografías deben enviarse al correo This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it. con el asunto: Convocatoria - Agenda 2019
  • Las fotografías deben estar en alta calidad
  • Fecha límite: 1 de septiembre

 

SELECCIÓN

La selección estará a cargo del comité editorial del periódico Periferia Prensa Alternativa.

 

RECONOCIMIENTO

A las personas con fotografías seleccionadas se les hará saber a través del correo electrónico, igualmente se publicará en la página web www.periferiaprensa.com. Los ganadores recibirán  un certificado de su participación, dos Agendas y  colección de libros

 

FECHAS

Convocatoria:  1 julio – 01 septiembre

Publicación de resultados: 10 de septiembre

 

DERECHOS DE AUTOR

La Corporación Periferia es una organización sin ánimo de lucro cuyo objetivo es visibilizar las luchas y apuestas de las comunidades en la Periferia. El propósito de este concurso no es comercial y la inscripción para participar es gratuita.  Los autores de las obras que resulten finalistas y entren a formar parte de la selección final aceptan ceder a Periferia –de manera no exclusiva- el derecho de uso y reproducción de las imágenes. El derecho de uso que asume Periferia sobre las fotografías finalistas no enajena la propiedad patrimonial e intelectual de los autores y su campo de acción está limitado para fines educativos y sociales. Periferia se compromete a reconocer los respectivos créditos de autor cuando las fotografías sean publicadas.

 

Como dijo Borges “Hay derrotas que tienen más dignidad que una victoria”. Esos más de ocho millones de votos alcanzados por la Colombia Humana tienen un inmenso valor, más que los 10 millones del nuevo presidente, porque son votos conscientes, sensibles, amorosos, llenos de energía y deseo por las transformaciones, y casi todos estaban llenos de vehemencia contra la corrupta clase política apoltronada por más de dos siglos abusando del poder; son votos que gritan a los cuatro vientos su deseo de cambio.

Ya las bases hablaron en las urnas, dijo alguien; ahora le corresponde a los líderes y lideresas conducir el trabajo que multiplique esos resultados y convenza a esas mismas bases de su capacidad transformadora. Eso es lo primero, consolidar el mayor avance de este importante fenómeno político que fue justamente el empoderamiento de la gente, sentirse y observarse a sí misma dirigiendo su propio destino, abandonando paso a paso la idea del caudillo o el mesías que milagrosamente lo resuelve todo. Así como lo hicieron María y Sandra y toda su comunidad en San Pablo en el Sur de Bolívar, golpeando en cada puerta y en cada corazón; o con la energía de los grupos de jóvenes en las barriadas de Cali, Bogotá, Barranquilla, Pasto, Mocoa, Cartagena, Popayán, Quibdó, Riohacha, Santa Marta, Mitú, Sincelejo y Tunja; o con la creatividad de los estudiantes de las universidades públicas y privadas; o la formidable entereza de los pueblos afrocolombianos e indígenas, y del campesinado organizado.

La que habló fue la Colombia profunda, la de la periferia; en el mapa nacional el centro político aparece rodeado por un cerco que avanza lleno de esperanza por superar y sacudirse de una vez por todas la opresión, la violencia, la subordinación, la desigualdad social y la miseria en la que fueron postrados por las prácticas clientelistas y corruptas de los que dirigen todo desde el centro de poder político y económico. Ese cerco es para que no se escape el sueño, para que se asfixie el egoísmo y la maldad. Para que se contagie la voluntad, el amor y la dignidad.

Fueron ocho departamentos y trece capitales las que dijeron aquí estamos presentes por el cambio, y será a partir de estas y de los cientos de municipios pequeños y grandes desde donde se construirá la estrategia común para alcanzar un nuevo poder en Colombia; pero debe ser con las más amplias voces, con los sectores y movimientos sociales, con los partidos democráticos, con las mujeres, los jóvenes y los ancianos, con el pueblo. La agenda de cambios que fue tomando forma en la contienda electoral y que incluye la eliminación de las EPS y la construcción de un nuevo sistema de salud; la educación superior gratuita; las reformas necesarias en el agro y el sistema pensional; la defensa del medio ambiente y la promoción de la cultura, entre otras, serán mandatos para la sociedad. La movilización estará presente durante este cuatrienio.

En la estrategia seguro habrá una ruta y un plan de acción, que incluirán la participación masiva en la consulta popular contra la corrupción el 26 de agosto de 2018. Esta primera derrota contra la clase política legitimará a los procesos sociales y grupos de ciudadanos, asociaciones, partidos, etc, para exigir al nuevo gobierno que destape todas las ollas podridas de la clase política, devuelvan los recursos y se vayan a la cárcel. Las veedurías ciudadanas y otras formas de seguimiento y control ciudadano serán fundamentales para apretar el cerco popular. Las luchas por los cambios y las transformaciones necesarias para construir una nueva democracia hay que imaginarlas y hacerlas realidad a través de la participación y la movilización de millones de personas. De la mano de la participación y la movilización, viene la organización social; se necesita una fuerte y vigorosa participación en las elecciones locales para alcaldes, consejos y gobernaciones. También en ese campo hay que dar la pelea y ganar.

Alguien con mucho tino planteó también en las redes, la razón cruel por la que los pobres votan por la clase política y los partidos corruptos responsables de su propia desgracia; es porque solo así logran ganar algo, porque es tal vez la única alegría que pueden obtener. El pueblo está acostumbrado a perder en las contiendas más importantes de su vida, y por ello se resignan con los triunfos ajenos, que creen propios.  Por eso es necesaria la moralización del pueblo a través de pequeños y grandes triunfos y alegrías. Ya no serán más las alegrías ajenas de los poderosos las que les den un poco de satisfacción, serán las propias, construidas en colectivo, con sus manos y su esfuerzo. 

La estrategia de lucha, trabajo social y popular por los cambios tienen garantía de triunfo, y se refuerzan con el regreso de Gustavo Petro y Angela María Robledo al Congreso de la República. Muy acertada la decisión y fundamental para el momento político que se vive en Colombia. Los debates serios, el control político y la presión que ejercerán contra la clase política corrupta está garantizada con su presencia y con la de más de 40 hombres y mujeres que conformarán la bancada alternativa más grande de todos los tiempos; los sectores populares, los movimientos sociales y todos los que apoyaron y alimentaron el sueño de la Colombia Humana, además de tener una representación de lujo en el Congreso, deberán tener un rol protagónico en la consolidación de un bloque democrático, para conducir junto a esta bancada alternativa la estrategia política hacia una verdadera transición a la democracia.

Este domingo 27 de mayo de 2018, por primera vez en la historia nacional, una propuesta social interpretada por un colombiano venido de la lucha popular pasó a segunda vuelta en las elecciones presidenciales, a pesar del miedo impuesto por las élites a través de los medios masivos de comunicación. Ganó en las urnas el valor de los humildes y su anhelo por encontrar un camino que les permita vivir mejor en su país; en esa Colombia saqueada y depredada por los de siempre, por las élites de la derecha, los liberales y los conservadores, los del Centro Democrático, los de Cambio Radical y la U.

Y no es cualquier triunfo, es uno que eriza la piel, que da esperanza, que permite recuperar el amor propio, la autoestima y el auto-reconocimiento de los desposeídos; es David elevando su onda al viento y descargando la piedra contra el gigante Goliat. Es la periferia haciéndose sentir.

En nueve de los 32 departamentos del país ganó Gustavo Petro, pero lo que hay que destacar es que son nueve de los más pobres, azotados por el conflicto armado y por el paramilitarismo. Varios de ellos aún viven bajo el control y la amenaza paramilitar o de mafias locales poderosas, como Córdoba y La Guajira; y otros como Nariño, que en su región pacífica sufren una guerra sin cuartel entre carteles mexicanos, paramilitares, y disidencias guerrilleras, bajo la mirada cómplice de las Fuerzas Militares y de la Policía. Los demás tienen de todo un poquito, corrupción, desigualdad, hambre, abandono estatal, racismo y exclusión, entre otros flagelos.

Hay que analizar otros elementos que confirman la tesis de que en las zonas que han sufrido la violencia y el control en carne propia, es donde la gente quiere el cambio y vota por alternativas que le juegan a la paz con justicia social. Por ejemplo en Antioquia, donde arrasó el uribismo en cabeza de Duque, en municipios como Vigía del Fuerte, Segovia y Remedios ganó Fajardo; mientras que en Turbo, Apartadó y Murindó, municipios con antecedentes de extrema violencia y control paramilitar, pero también de gran resistencia social, ganó Petro; han de sentirse con mucho deseo de salir de ese control mafioso para retar al establecimiento y apostarle a propuestas alternativas como la de la Colombia Humana o la de la Coalición Colombia, que junto a la de Humberto De La Calle alcanzaron casi diez millones de votos.

Perdieron en estas elecciones la extrema derecha y los medios que quisieron asustar a la población con el Castrochavismo, y estigmatizando a Petro; se sorprenden hoy los grandes opinadores y los analistas con el incremento de las votaciones, pero no reconocen que en esta contienda hubo un animador de primer orden que obligó a todas las campañas a hablar temas serios, los que la gente quería escuchar hace rato. Gustavo Petro y toda la gente que lo apoyó son responsables de animar la democracia, y poner al centro un discurso lleno de contenido humano. Los que tenían miedo eran otros, no la gente de la periferia; los que polarizaban eran otros, que en los territorios habían montado un ambiente de desolación en donde nadie pudiera creer en las transformaciones.

Yann Basser, director del observatorio de representación política de la Universidad del Rosario, manifestó en una entrevista para la Silla Académica del 9 de marzo de 2018, que “...la clave de la polarización está en los territorios, no en el discurso de Petro…”. Basser además de acertado en la mayoría de sus vaticinios electorales, señala al uribismo como el responsable de la polarización entre centro y periferia, ya que las bases del Centro Democrático se beneficiaron de su gobierno, mientras las regiones alejadas en el Norte y Sur del país sufrieron la intensificación de la guerra y la pobreza. Y las poblaciones jóvenes de estos territorios, y las de las zonas urbanas de las grandes ciudades se sentían excluidas y no veían la razón de participar en elecciones; la aparición de una propuesta que los incluyera garantizó que se rescataran para la democracia, y jugaran como sujeto político en estas presidenciales.

Como sea, y pase lo que pase en la segunda vuelta, este proceso ha sido muy interesante y deja muchas enseñanzas y también mucha gente desnuda. A la izquierda tradicional le enseña a que no se vive del discurso y del sectarismo, sino que los programas políticos hay que aterrizarlos en propuestas concretas, y que es necesario hacer los mayores esfuerzos por reconciliarse con las corrientes afines al cambio social si no quiere que la posibilidad real de ser gobierno se esfume. Quedan desnudos y de cuerpo entero los de Cambio Radical por su doble moral frente a la paz, y los liberales con Santos a la cabeza por su evidente mala intención y ruindad a la hora de aplicar los acuerdos de paz firmados con las FARC.

Aunque haya ganado el Centro Democrático, no ganó el discurso contra la paz; por el contrario viene en franco ascenso el concepto de la paz con justicia social, y eso se evidenció en medio de los debates televisados, en las entrevistas radiales y en las plazas públicas, en donde quién lo creyera, hasta los candidatos de la derecha que le quitaron la salud, las pensiones y los derechos laborales a la mayoría de colombianos y colombianas, terminaron hablando y comprometiéndose de manera muy “incluyente” con reformas en la educación, la salud, el empleo; y hasta se vieron de lo más diversos y antipatriarcales en sus intervenciones. Todos los candidatos se acordaron que las mujeres, los sectores Lgtbi, los jóvenes, los afros, los campesinos y los indígenas, sí existen.

Un día después de la primera vuelta presidencial en Colombia, se siente la resaca de la derecha. Ellos ya llegaron a su techo, y los votos de Vargas Lleras no son todos para Duque. El nerviosismo de los encuestadores y los directores de medios de comunicación, como Darío Arismendi, que en su programa radial de caracol recriminó fuertemente a Darcy Quinn por insinuar que si se juntan los votos de Petro, Fajardo y De la Calle, ganarían el 17 de junio; Arizmendi desea que las cosas sigan como hasta ahora, y más parece un jefe de campaña angustiado, que un periodista.

Pero para nadie es secreto que la Colombia Humana necesita del compromiso de la Coalición Colombia y de los liberales de base que acompañaron este bloque democrático; y especialmente de la gente de la Colombia profunda que aún está rezagada e indiferente. Hay esperanza en la periferia colombiana, hay razones para sacudirse y salir a apoyar una propuesta de cambio, de buen vivir. Hay que seguir pilas vigilando y denunciando las jugarretas de la Registraduría, la compra de votos, y lo que seguramente va a ser una guerra a fondo de la derecha para ganar a cualquier precio. Ojalá que los que no se han decidido a votar lo hagan, y que los que ya lo hicieron se metan a trabajar a fondo estas tres semanas que quedan. No hay nada que perder; es cierto que cuando más se oscurece es porque va a amanecer.

Después de los resultados de las elecciones del pasado domingo la cumbre invitó a los candidatos y partidos alternativos a un pacto para superar la guerra y la desigualdad social

En una misiva dirigida este miércoles a los líderes, sectores sociales y partidos políticos del país, La Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular, surgida a raíz del paro agrario del 2013 manifestó la necesidad de “promover un pacto liderado por diversos sectores sociales, políticos, económicos, étnicos, religiosos, para generar un ambiente más comprometido con la paz y el buen vivir”.

Este llamado a la unidad se da después de que en la primera vuelta presidencial los partidos alternativos lograran más de 9 millones de votos, y de que por primera vez en la historia de Colombia pasara a segunda vuelta un candidato de izquierda, como lo es el exalcalde de Bogotá, Gustavo Petro.

Por esto la Cumbre, que aglutina a diferentes expresiones del movimiento social, propuso un diálogo constructivo entre las tres propuestas y programas representados por la Colombia Humana con Gustavo Petro y Ángela María Robledo, la Coalición Colombia con Sergio Fajardo y Claudia López, y  el partido Liberal con Humberto de la Calle y Clara López. Según ellos el objetivo debe ser construir en conjunto unas propuestas básicas “para que la vida sea el eje principal de la dignidad de los hombres y mujeres que luchan por un país en paz y con democracia plena”

De igual manera manifestaron la importancia de que este pacto defienda el cumplimiento de los acuerdos del Estado con los diferentes sectores sociales,  alcanzados a través de la movilización en los últimos años, así como con la implementación de los acuerdos con las FARC y los avances de los diálogos de paz entre el gobierno y el ELN. “Hagamos realidad la unidad desde la diversidad, seamos una sola voz que retumbe en las ciudades y campos, hagamos real la consigna el pueblo unido jamás será vencido” Puntualiza la carta.

Esta carta se da en el momento en que continúan tejiéndose las alianzas de cada candidatura para la segunda vuelta presidencial. En este momento se encuentran deliberando los partidos que hacen parte de la Coalición Colombia, El Polo Democrático y la Alianza Verde, algunos sectores de cada partido ya han dejado ver sus afinidades con el candidato de la Colombia Humana.

Por otra parte, en la campaña del candidato de la derecha, Iván Duque, continúan llegando apoyos de los partidos tradicionales que resultaron derrotados el domingo, así Cambio Radical, el Partido Conservador y el Partido Liberal, en cabeza de César Gaviria, ya manifestaron su adhesión a la campaña en la cual se encuentran los ex presidentes Andrés Pastrana y Álvaro Uribe Vélez.

Lea aquí la carta completa: Carta de unidad

Acumular poder económico, político y militar sin límite y sin escrúpulos para apropiarse de la fuerza de trabajo de los demás, de su conocimiento, y de todos los medios de producción creados por la inteligencia, el esfuerzo de la sociedad, y la propia naturaleza; beneficiarse de su comercialización y de las ganancias individualmente o entre un pequeño grupo de personas, hace parte de un sistema llamado capitalismo, que hoy en día muy pocos cuestionamos como inmoral, antiético e inhumano, y al cuál lamentablemente nos hemos acostumbrado, al punto de practicarlo sin darnos cuenta. De este sistema hacemos parte desde hace más de cuatro siglos, por tanto, es a este que debemos atribuirle las inmensas injusticias que se imponen en todo el planeta.

La forma como los capitalistas han logrado tener poder económico, político, militar, y hasta mediático, se llama modelo de acumulación. Este ha ido desde el atesoramiento de joyas y metales preciosos, hasta la acumulación desbordada de tierras, inmuebles, vehículos, empresas, dinero, bonos y acciones, entre otros.

Convertir los bienes naturales como el agua, los bosques, la salud, las pensiones, la educación, la vivienda, los servicios públicos de acueducto, energía eléctrica, gas o medicinas, en negocios privados, e invertir las jugosas ganancias en el sector financiero, para que los inescrupulosos empresarios de la banca y otros sectores se llenen los bolsillos y defrauden a la nación, es una de las formas o modelos con los cuales los capitalistas nacionales y extranjeros se enriquecen en Colombia, y se llama modelo económico neoliberal, y se profundizó desde los años noventa con la apertura económica y los Tratados de Libre Comercio.

Hoy en día y con la desenfrenada y competitiva carrera por apropiarse del poder y las riquezas del planeta, los capitalistas practican y combinan todas las formas de acumulación posible sin importar que sean antiguas y atrasadas, como la extracción de oro y piedras preciosas, o sofisticadas como las inversiones y transacciones electrónicas de bonos y acciones en el mercado virtual del sistema financiero, que especula con la plata de la salud, la educación, los servicios públicos, las pensiones, es decir con la plata pública.

El problema es que hoy, para los capitalistas, todo es susceptible de convertir en mercancía, y tampoco hay límite en los métodos para hacerlo. Le han puesto valor y mercado a los bienes más sagrados y necesarios para la vida. Ni la fantasía, el ocio y los sueños de la gente han escapado a esta lógica; en su loca carrera están dispuestos a destruirlo todo: páramos, bosques, tierras fértiles, ríos, quebradas, culturas, etnias, en fin. El sistema y sus modelos de acumulación son una amenaza para la supervivencia de las especies, la convivencia entre los humanos y la vida toda. Los responsables de semejante tragedia siguen conduciendo el presente de las naciones y de los pueblos, y planean el futuro ante su mirada frustrada, esquiva, indiferente o complaciente.

Sin embargo, en las últimas dos décadas los procesos sociales, algunos movimientos y convergencias políticas y naciones en Latinoamérica han puesto sobre el tapete este debate y en algunos casos han ganado el corazón y la razón de sus pueblos, permitiendo la oportunidad de cambiar los gobiernos tradicionales por unos alternativos. En Colombia la cosa ha sido más difícil, no obstante también se han desarrollado este tipo de propuestas y recaen en procesos sociales nacionales como la Minga Social e Indígena, el Congreso de los Pueblos, la Marcha patriótica, la Cumbre Agraria; otros regionales y locales, la mayoría de corte ambientalista como Ríos Vivos, Cinturón Occidental Ambiental - COA, Movete, y todos los movimientos espontáneos o permanentes que han enfrentado los megaproyectos extractivistas en el Tolima, el Meta, Cundinamarca, Quindío, Santander, Casanare, entre decenas de ejemplos a lo largo y ancho del país.

También existen partidos como el Polo Democrático Alternativo, los Verdes, los Progresistas, y Mais, entre otros, cuyas plataformas políticas si bien no impulsan transformaciones radicales y estructurales que acaben con el sistema y sus modelos, al menos se circunscriben en reformas que caminan en la vía de recuperar principios democráticos y equidad social.

Los movimientos sociales, las iniciativas populares y los partidos alternativos se empeñan en recuperar el valor de lo público como esencia de la democracia. En ese sentido han logrado generar una opinión importante en los pueblos alrededor de unos mínimos básicos como la defensa del territorio, del agua, la distribución de la tierra, la soberanía alimentaria, el respeto por la diversidad sexual, los derechos de las mujeres, entre otros asuntos que permitan abrir las puertas a una nueva era social y política. En todo caso, lamentablemente, no se puede esperar que esos cambios se den de la noche a la mañana y que sean de carácter estructural, porque falta sumar comunidades, voluntades y compromisos con esas apuestas.

La actual coyuntura electoral en Colombia presenta oportunidades que no se pueden dejar perder para avanzar, así sea levemente. Mucho menos si se valora la crítica situación y el entorno negativo que presenta la coyuntura regional latinoamericana que atenta contra estas propuestas de cambio de modelo económico y de paz. Hay que saber leer el momento político y actuar de manera acertada porque tal vez no se presente en años. Aún hay tiempo para que movimientos sociales, comunidades, procesos e iniciativas democráticas, y todo el espectro político en donde se reflejan o se sienten identificadas estas propuestas, presionen por la base la unidad en torno al candidato que mejor pueda transitar el camino de las transformaciones.

Las élites terminarán como siempre unificadas alrededor de sus intereses comunes, los mismos que han defendido por siglos. Los demás, que no sean o no se sientan de la élite deberían pensar en el pueblo y sus necesidades y menos en sus intereses de grupo. Hay una oportunidad, una que tal vez no resuelva los más graves problemas de Colombia, pero que podría ponernos sobre la ruta acertada, aquella donde nos encontraremos caminando para el mismo lado.

Monday, 09 April 2018 00:00

La vocación más peligrosa en Colombia

Líderes y lideresas, no simplemente cifras
Prisciliano Manuel Mercado García, de 63 años, era reclamante de tierras en el corregimiento de Guaripa, Sucre; él venía exigiendo trazar los linderos en su finca La Concepción, pero la vigilancia privada del exdirector de la Caja de Compensación Comfasucre, William Martínez, se lo impedía. Yolanda Maturana era lideresa social y ambientalista del municipio de Pueblo Rico, Risaralda, y venía desarrollando una férrea lucha contra la actividad minera en esta región controlada por las nuevas bandas paramilitares. Luis Díaz López, de 22 años, era secretario del Cabildo indígena de Tame, en Arauca, y su hermano Miller Díaz López era el fiscal de la comunidad indígena del Juliero de Betoyes. Estos hombres y mujeres tenían una cosa en común y era que ejercían la vocación más peligrosa en Colombia: ser líderes y lideresas sociales. Ahora tienen una dolorosa razón más que los identifica: todos ellos fueron asesinados. En el caso de los hermanos Díaz López, fueron asesinados por el Ejército nacional y presentados como guerrilleros del ELN, según denunció la ONIC.

Estos nombres, con sus luchas y sus vidas, según la Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular (CACEP), hacen parte de los más de 220 líderes y lideresas sociales, defensores de derechos humanos y ambientalistas, asesinados desde el momento en que se firmó el acuerdo de paz entre el Gobierno nacional y la ya extinta guerrilla de las FARC, el 26 de septiembre de 2016. Estas muertes causadas por el Estado (Ejército y Policía) y por el neoparamilitarismo, se suman a los 48 excombatientes, luego integrantes del partido político Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, y los 13 familiares suyos también asesinados.

¿Por qué nos están matando?
Cínicamente el ministro de defensa Luis Carlos Villegas señaló un par de meses atrás que estas muertes obedecían a “un tema de linderos, un tema de faldas, de peleas por rentas ilícitas”. Lo que no explica este funcionario encargado de la defensa de las élites económicas del país, es que dichos linderos son los que reclaman los campesinos a grandes hacendados y a multinacionales que se han valido del paramilitarismo y el terrorismo de estado para quitarle la tierra a quien la trabaja; que las faldas envueltas en líos son las de muchas tierras productivas que son arrebatadas mediante la violencia a la gente del campo, para entregarla a compañías mineras; que las rentas ilícitas son las que financian a esas nuevas bandas paramilitares que ejecutan el asesinato de todo líder social. En síntesis, el mismo ministro explica en un lenguaje cifrado y cínico, algunas de las razones por las que se asesina a muchas personas que tienen por vocación liderar causas justas en favor de sus comunidades.

También nos están matando por protestar contra las injustas condiciones laborales que impone el empresariado poderoso del país, por movilizarse por una mejor salud, educación, vivienda digna, por denunciar y evidenciar la criminalidad estatal y exigir garantías de protección de los derechos humanos.

No es algo nuevo
Pero lo más grave es que las razones de fondo se siguen ocultando. Estas tienen que ver con la profunda desigualdad social y económica que impera en Colombia, y que ha sido la causa principal del conflicto armado interno. Aunque el Gobierno dice que estos asesinatos no son sistemáticos, la realidad misma de nuestro país demuestra que estas muertes sí corresponden a un patrón de sistematicidad impuesto por décadas.

Son una práctica histórica de las clases dominantes encabezadas por las viejas castas políticas y económicas (Santos, Vargas Lleras, Pastrana, Ardila Lülle, Santo Domingo, Sarmiento Angulo) y por las emergentes provenientes del narco paramilitarismo (Álvaro Uribe, Cabal, Lafaurie) que se resisten no solo a brindar posibilidades de participación real a los sectores sociales empobrecidos, para que con dicha participación se puedan superar sus problemáticas, sino que también se niegan a reconocer el pensamiento diferente y las formas distintas de construir sociedad. Lo hacen eliminando al otro porque ese pensar y actuar diferente de las comunidades, de sus lideresas y líderes sociales, toca los intereses económicos de esas mismas élites que han gobernado los últimos 200 años.

Tal práctica histórica se recrudece hoy como lo señala recientemente la CACEP en un comunicado: “Hoy nuevamente recordamos que existe un fortalecimiento del paramilitarismo en las regiones, la militarización de los territorios, una guerra contra el movimiento social y popular y falta de diligencia en los deberes de respeto, prevención y protección efectiva y garantía a los Derechos Humanos por parte del Estado Colombiano”.

En un momento en que se habla de paz por el logro de un acuerdo entre FARC y Gobierno, acuerdo por demás hasta hoy incumplido por este último, pero también en un momento de profunda tensión en los diálogos entre Gobierno y ELN en Quito, resulta sumamente preocupante la manifiesta falta de voluntad política de las élites, que se expresa en los incumplimientos mencionados, y también a los acuerdos con el movimiento social y popular, pero sobre todo por el tratamiento de guerra que sigue dando a las luchas populares del campo y la ciudad.

Tal situación se hace evidente en un momento de escalamiento del conflicto armado interno luego de terminado el cese bilateral entre la guerrilla elena y el gobierno de Juan Manuel Santos, cuando ante las acciones de la insurgencia contra la infraestructura petrolera, con la Fuerza Pública y las fuerzas militares al servicio de esas élites, la respuesta del Estado con sus aparatos legales e ilegales se enfila contra el movimiento social, contra los líderes y lideresas en los territorios, para encubrir su incapacidad tanto de contener a la insurgencia, como de cumplirle a las comunidades y a la misma FARC, y se excusa diciendo que las víctimas eran guerrilleros de civil, auxiliadores o en el mejor de los casos cómplices.

La paz es de los pueblos
Tenemos la fuerza, el coraje y la razón desde las clases populares para hacer emerger la posibilidad de vivir en paz, solo si creemos en nosotros mismos, nos juntamos, defendemos y protegemos a nuestros líderes y lideresas, en el día a día de batallar contra las penurias personales y las amenazas permanentes que el terrorismo de Estado impone. Tenemos que cuidarnos mutuamente, no solo porque hacer un líder es un esfuerzo individual y colectivo, sino ante todo porque es una vida al servicio de la gente, y toda vida vale, más cuando está en función del otro.

Monday, 09 April 2018 00:00

Editorial 136: Una nueva oportunidad

De vez en cuando alguna de las imágenes que salen por las redes virtuales resulta sabia o divertida. Una de ellas decía: “¿qué es miopía?”, y respondía: “ver mejor de lejos que de cerca, por ejemplo, ver lo que está pasando en Venezuela y hacerse el loco con lo que pasa en Colombia”. Este es un mensaje muy inteligente y nos sirve para conversar con los lectores frente a los graves perjuicios que le hacen a la democracia las cortinas de humo, los falsos mensajes repetidos muchas veces, las injurias, las calumnias, los fotomontajes groseros, los epítetos y las descalificaciones sin sustento, que los grandes medios y algunos grupos que manejan redes sociales han fabricado para polarizar, llenar de odio y basura los cerebros de la humanidad. Además, contribuir a desmejorar el mínimo de cultura política que nos queda; peor si hablamos de esta práctica en medio de procesos electorales, que para algunos es la máxima expresión de la democracia. Ojo, la culpa no es de las redes.

Pero por las redes se vienen reproduciendo con mayor eficiencia, a través de herramientas audiovisuales ágiles y fáciles de percibir, los mensajes anticomunistas, xenófobos, racistas, machistas, arribistas y conservadores, en contra del cambio y la igualdad, mensajes de las clases políticas más atrasadas, muchas de ellas con gran poder político-militar no solo en Colombia sino en el planeta, y que han promovido una sociedad mundial inculta políticamente y llena de todos estos antivalores y prejuicios. Tremenda estrategia de cuarta generación que viene causando tragedias políticas hasta en los países que se suponían desarrollados como Inglaterra, Francia, Estados Unidos, Italia, entre otros, en donde la ultraderecha y los grupos fascistas y nazis vienen ganando espacios de poder, en algunos casos hasta la presidencia. Lo peor es que con esta estrategia se logra vaciar de contenido y contexto cualquier debate serio. En últimas la gente puede terminar eligiendo como gobernante al que ofrezca salidas radicales, violentas y excluyentes, que para nada conducen a resolver los verdaderos y cotidianos problemas de los pueblos.

Por ejemplo, en el caso colombiano: ¿Qué es eso del castrochavismo?, ¿que Colombia en manos de ciertos candidatos se convertiría en Venezuela?, ¿es que alguien se ha encargado de hacer cuadros comparativos serios frente a los derechos sociales, económicos y políticos de uno u otro país?, ¿en qué es mejor Colombia que Venezuela?, ¿es honesto el dolor que expresan los grandes medios masivos por los niños que mueren de hambre en Venezuela?, ¿y por qué no les duelen los del Chocó, La Guajira, el Cesar y Ciudad Bolívar en Bogotá?, ¿por qué no fomentan en sus radios y pantallas la rebelión del pueblo contra esas realidades, por qué hacerlo para alguien a miles de kilómetros?, ¿es que no han visto en el centro de las grandes urbes colombianas a niños limpiando parabrisas de carros, y a jóvenes y ancianos escarbando entre la basura en busca de alimentos? Vayan a los basureros, y a las plazas de mercado o galerías en donde se botan los frutos en descomposición a ver cuántas personas hurgan allí en búsqueda de alimento. ¿No será que mientras nos “condolemos” hipócritamente de los pobres y miserables de otras latitudes, los que se roban el país hacen fiesta?

No hay nada más extraordinario y perverso que escuchar a una persona humilde y desposeída de todo lo material, sufriendo por la supuesta expropiación que le harían si sube un candidato de la izquierda al poder. ¿Y qué le podrían expropiar si no tiene nada? Peor escuchar a la clase media que tiene algo de educación enfrentar radicalmente la posibilidad del cambio social parados en argumentos elitistas, “…con Uribe al menos se podía pasear y visitar la finca”, aunque estén debiendo el carro y no tengan finca. Las élites políticas, los que siempre han manejado y administrado mal los recursos del país nos han propinado un golpe en el cerebro, uno muy grave que nos hace pensar en cuerpo y mente ajena, nos han trasladado sus mayores temores, los de ellos, y nos han hecho olvidar el camino de la lucha por la conquista de los derechos sociales y en especial nos han inculcado el desprecio por lo público, porque lo privado no se reparte, y porque lo privado es de ellos.

La reflexión es general. Es un llamado casi de angustia para que dejemos de ceder la responsabilidad de disputarnos el poder palmo a palmo con aquellos que evidentemente han despedazado y entregado el país, por un lado. Por el otro, para desechar los mensajes sin contenido y sin argumento, exigir en todo escenario en donde se presenten discusiones el debate con argumentos y sin violencia; también por las redes y los grupos es nuestra responsabilidad no hacer el juego a los mensajes basura. Hay que llamar la atención a amigos y familiares para que eleven su nivel cultural y cerremos las puertas a la desviación de lo verdaderamente importante. Promovamos por todo medio de comunicación mensajes, educativos, rechacemos el epíteto, la mentira y la exageración. El humor es clave en las relaciones sociales, pero el humor también es de utilidad para pensar, criticar y construir, no para descalificar o insultar.

Preocupémonos por la situación social, económica y política que nos estalla en la nariz, busquemos sus raíces y fundamentos, y tratemos de cambiar esa realidad. En este momento, es clave exigir a los opinadores, a los medios masivos y especialmente a los candidatos que aspiran conducir la Nación, que se refieran sin rodeos frente al derecho que tenemos todos y todas a la salud, la educación, la soberanía alimentaria, el empleo, la vivienda, los servicios públicos. Hay que preguntar en manos de quién están, cuánto producen y para dónde van esos recursos. Es necesario que se nos explique por qué nuestros bienes comunes son explotados por empresas extranjeras, y es menester informarse del destino de los dineros derivados de esas explotaciones económicas. En medio de este debate podríamos descubrir el país que nos han ocultado, el poder popular que tenemos y no hemos sacado de nuestras entrañas. El país que queremos no es el que tenga más minas, más hidroeléctricas y más carreteras 4G, sino el que tenga mejores seres humanos, más educados, y más solidarios; el país en el que ninguno muere peleando las guerras de otros y en nombre de falsos ideales, o mejor en el que a ninguno le interesa que el otro muera.

Como expusimos en el pasado editorial, nos parece que hoy se presenta la oportunidad de votar por los otros y las otras que no han usufructuado el poder. Nada con los conservadores, nada con los liberales, ni con los del centro democrático, los de cambio radical y esos otros partidos nacidos del paramilitarismo y las mafias. Hay que mirar hacia los candidatos y candidatas que provienen de sectores humildes, sociales y que le han dedicado su vida desinteresadamente al fomento de los derechos humanos, a la defensa de la vida y de los territorios, y que tal vez no habían pensado ni siquiera lanzarse a la política electoral. Tal vez sea el primer paso hacia el cambio, por lo menos en materia institucional.

Page 1 of 23

Nosotros

Periferia es un grupo de amigos y amigas comprometidos con la transformación de esta sociedad, a través de la comunicación popular y alternativa en todo el territorio colombiano.

 

Por ello comprendemos que la construcción de una sociedad mejor es un proceso que no se agota nunca, y sabemos qué tanto avanzamos en él en la medida en que las comunidades organizadas fluyan como protagonista. Es en este terreno donde cobra siempre importancia la comunicación popular.

últimas publicaciones

Contacto

Medellín - Antioquia - Colombia

Calle 50 #46-36 of. 504

(4) 231 08 42

periferiaprensaalternativa@gmail.com

 

Apoye la Prensa Alternativa y Popular

o también puede acercarse a nuestra oficina principal en la ciudad de Medellín, Edificio Furatena (calle 50 #46 - 36, oficina 504) y por su aporte solidario reciba un ejemplar del periódico Periferia y un libro de Crónicas de la Periferia.