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Minutos antes de iniciar en la Asamblea Departamental de Antioquia el evento de apoyo a las listas del Polo Democrático Alternativo hacia las elecciones legislativas del 2018, dialogamos con el Senador y candidato oficial a la presidencia de este partido, Jorge Robledo. Nos contó su visión sobre la coyuntura del país, los temas principales que conformarían su propuesta de Gobierno, y cómo van las conversaciones para crear una coalición.

Periferia: Últimamente las comunidades han optado por las Consultas Populares, como un mecanismo para defender su territorio. ¿Qué piensa sobre eso?
Jorge Robledo: Yo defiendo las consultas como posición de principios porque al final qué es lo que sucede... el Gobierno nacional toma decisiones y se las quiere imponer a las regiones con el cuento de que yo mando aquí. El caso de la minería es dramático, entonces qué dice el Gobierno nacional, el subsuelo lo representa el Estado, entonces podemos hacer lo que se nos dé la gana en el subsuelo, pero entonces resulta que la gente vive en el suelo, y si le destruyo el subsuelo a la gente le destruyo el suelo, entonces con razón la gente reclama y la Corte Constitucional ya dijo que el Gobierno no puede hacer lo que se le dé la gana en el subsuelo, sino que esto hay que concertarlo y hay que tramitarlo con los municipios y los departamentos y las comunidades. Entonces las consultas son una manera mediante la cual la gente opina qué es lo que va a pasar con el subsuelo y con su suelo, y yo soy de esa concepción democrática de las cosas.

P: ¿Qué piensa de los recientes paros cívicos que han ocurrido en el país en los últimos meses, como el caso de Buenaventura, Chocó, y también el paro de Maestros?
JR: Yo he venido respaldándolos, incluso en estos días fui objeto de ataques por parte de algunos Santistas por eso. Yo antes de ser Senador fui líder social, por ejemplo de luchas cafeteras, yo sé qué es lo que es amanecer en una carretera defendiendo una idea, defendiendo por ejemplo a los cafeteros o a la gente del agro. Fui profesor universitario, y estuve en no sé cuántas marchas con las organizaciones sindicales de profesores de la Universidad Nacional de Colombia. Entonces mal podría yo que llego al senado en buena medida por mis luchas, una vez como senador, traicionar mis convicciones. No, yo sigo siendo más o menos el mismo. Y estoy respaldando, el Polo está respaldando, es la posición del partido, porque pensamos que son luchas justas, democráticas, pacíficas, no hay una sola razón para no acompañarlos.

P: Existen diferencias entre quienes han hecho parte del Polo. ¿Usted cómo lee la salida de estos diferentes líderes del partido?
JR: No hay proyectos de seres humanos en donde alguien no se baje del proyecto. Tu montas alguna orquesta y en algún momento un músico dice, no, yo prefiero irme para otra orquesta. Y en política es lo mismo, eso no nos debe impresionar tanto, y esa es la vida, ahí sí como dice el proverbio oriental, caen las flores y qué le vamos a hacer. Yo preferiría que nadie se fuera, pero eso es imposible, y lo que ha sucedido con una minoría muy minúscula que decidió apartarse del Polo es que prefirieron seguir las orientaciones del presidente de la República, del doctor Santos, y nosotros fuimos creados como un proyecto político de ruptura con la política tradicional, entonces mal podríamos irnos hacia ese lado. Pero bueno, si a ellos les parece insoportable estar aquí porque no somos santistas, son decisiones, pero es una minoría muy ínfima, y cada vez más de quiénes estaban allá entienden nuestras razones y están acá. Yo diría que hoy el Polo, por ejemplo la bancada, estamos ya casi todos aquí, y uno que falta estoy seguro que va a estar aquí. En todas las direcciones departamentales el Polo está unido en torno al proyecto que estamos planteando

P: Si bien nos decía que apenas están construyendo las propuestas de Gobierno, ¿cuáles son los temas centrales?
JR: Yo estoy hablando de unos ocho o nueve temas centrales que están en construcción, muy esquemáticamente. Somos el planteamiento contra la corrupción, por supuesto, eso es una cosa que he abanderado toda mi vida. El tema que en nuestro Gobierno se cumplan los acuerdos de La Habana. El problema de los sectores populares, o sea de las condiciones de vida y de trabajo de los asalariados, su estabilidad laboral, pensiones, salud y educación como derechos, o sea reducir la desigualdad social. Al mismo tiempo, este no es un proyecto contra la empresa, no, este es un proyecto amigo de las empresas, de las pequeñas, de las medianas e incluso de las grandes, mientras estén generando riqueza y haciendo las cosas bien, somos partidarios de ella. Pensamos que el sector financiero debe ponerse al servicio del progreso del país, ahí hay mucho que trabajar, lo mismo que en el tema de servicios públicos, hay cambios que hay que introducir. El medio ambiente es un tema importantísimo en nuestra concepción. Vamos a hacer una campaña muy grande antidiscriminación; me irrita particularmente el maltrato a mujeres, a negros, a indígenas, a cualquier sector discriminado de la vida del país.

También hablamos de relaciones internacionales con todos los países del mundo, pero relaciones en las que Colombia gane, que no sea como el trompo de poner, el Estado vasallo. También democracia, defensa de la democracia, no a la lucha armada, monopolio del Estado sobre la fuerza. Y agrego estas tres cosas, que insisto, no somos amigos de la lucha armada, nunca lo hemos sido, no somos partidarios de acabar con la propiedad privada, nada tiene qué ver nuestra propuesta con eso, y no somos satélites de ningún centro de poder extranjero, de ninguno. Son cosas importantes.

P: ¿Cómo continuaría usted el proceso de diálogo con el ELN, y la implementación del acuerdo con las FARC?
JR: Es difícil uno desde aquí sin conocer los detalles de adentro del proceso precisar las cosas, pero el Polo se crea con dos ideas: no a la lucha armada, y sí a un proceso de paz. Por eso hemos respaldado el de las FARC, y estamos respaldando el del ELN, y el día que yo sea presidente de Colombia se cumplirán los acuerdos de La Habana, y si el del ELN no se ha concluido, haremos los esfuerzos por concluirlo, para garantizar el monopolio del Estado sobre la fuerza. Eso es un punto bien importante, un país no puede salir adelante si el Estado no logra tener el monopolio sobre la fuerza, una fuerza, claro, democrática, civilizada, etc.

P: ¿Con quiénes cree usted que se debería hacer una coalición y con quiénes no?
JR: Ya estamos en conversaciones y esa es parte de mi convicción, para crear una gran convergencia nacional. Ya estamos en conversaciones con el Partido Verde de Antonio Navarro y Claudia López, con Compromiso Ciudadano de Sergio Fajardo, y el Polo Democrático Alternativo, pero no son solo las personas, son las organizaciones. Ya estamos en la tarea de nombrar compromisarios que empiecen los trámites para definir programa y para definir la manera de escoger un solo candidato. Eso va muy bien, y lo que hemos visto es que lo mejor es avanzar nosotros y ya veremos por el camino cuánto más podemos incluir dentro de este proceso. Estos son procesos difíciles, entonces ahí sí como la vieja frase de Napoleón: vístame despacio que estoy de prisa. Aquí nos pasa lo mismo, esto es un tema que es bueno irlo adelantando con prudencia.

Sandra vive en Caño Pescado, una vereda de San José del Guaviare desde que tenía ocho años, cuando llegó con su madre desde Cundinamarca. Desde entonces cocinan en promedio para veinte “raspachines”, solas en medio de los cultivos de coca. Durante todo ese tiempo, Sandra apoyó a su madre en las labores domésticas asociadas a la producción, pero también aprendió a raspar, a fumiguiar y a quimiquiar.

Como Sandra, muchas mujeres con hijos también raspan y hasta “raspan más que los hombres, son unas berracas” nos cuenta ella. Sandra y su madre fueron empleadas de muchas chagras o cultivos, hasta que con su esposo comenzó a sembrar la coca en la finca y, en la división de las labores, ella cocinaba. Ella siente que no fue adecuada la distribución de las ganancias de la producción porque su esposo disponía del dinero de la finca y “la mujer y los hijos muy poco miran la plata”. Sandra considera que con la producción de coca también viene el consumo de licor y los conflictos, hay mucha zozobra. Recuerda ese momento con mucha nostalgia y afirma que “eso era como una esclavitud para mí”.

La profesión de cocinera es dura porque “se está trabajando desde las cuatro de la mañana y casi siempre es una la última en acostarse a dormir, a las 8 de la noche… el trabajo de la cocina es el más desagradecido”, cuenta. La mayor parte de las mujeres que participan del cultivo lo hacen como cocineras, también lavando la ropa de los raspachines y muy pocas deciden sobre el proceso productivo y las ganancias.

En las veredas donde prima la presencia de la coca se compra en gramos y las cosas cuestan el doble. El Censo Agropecuario del 2014 mostró que la mayoría de las mujeres trabajadoras rurales del Guaviare pertenecen al hogar donde trabajan, sin decir que solo el 0,1 de las Unidades Productivas Agropecuarias (UPA) censadas pertenecen a mujeres responsables de la producción, y que entre menor la dimensión de la UPA –menos de 5 hectáreas– mayor es la participación de las mujeres productoras en la tenencia de la tierra.

Las mujeres campesinas del Guaviare son de las más olvidadas por el Estado. Sandra y otras tantas mujeres, al sustituir el cultivo de la coca se dedican a la leche, los quesos, y a la ganadería, porque es muy difícil comerciar cuando se cultivan alimentos. Algunas con dificultad estudiaron ya que en el campo generalmente la oferta es hasta el noveno grado de educación, no hay infraestructura suficiente para cubrir la demanda y, de acuerdo a información de la Secretaría de Educación departamental, en todo el Guaviare las mujeres representan el 67% del analfabetismo, en uno de los departamentos más afectados por ello en el país. Este Guaviare rural no tiene acceso a agua potable ni al sistema de salud –en general, los prestadores de servicios de salud son auxiliares de enfermería que deben cubrir grandes zonas rurales sin acceso a medicamentos–, sumado a que la alimentación es deficiente porque desafortunadamente la coca le quitó espacio al cultivo de alimentos.

Muchas de las mujeres han sido víctimas del cruento conflicto armado que desató la presencia del paramilitarismo durante finales de los noventas, y que se ha venido prolongando durante el tiempo en el marco de la confrontación con las FARC, por lo que muchas de ellas se declaran revictimizadas. A esto se le suma que en buena parte del área rural durante diferentes periodos, el acceso institucional es limitado por causa del conflicto y esto ha conllevado a la imposibilidad del acceso a la justicia en casos de violencia intrafamiliar o de género. Los contextos cocaleros por sí mismos construyen unos estereotipos machistas frente a las mujeres que dificultan la libre expresión y el ejercicio a decidir sobre sus cuerpos y su sexualidad.

En manos de las mujeres campesinas, indígenas y afrocolombianas del área rural guaviarense han estado muchos de los pocos alimentos que circulan en esa zona, especialmente aquellos que sirven para el autoconsumo. Las afrocolombianas del río Inírida, por ejemplo, guardan celosamente sus huertas de jengibre y achiote, el árbol de pan. Son mediadoras de conflictos y generan solidaridades entre ellas, enseñando a ser resilientes y propositivas en medio de la manigua.

De acuerdo a cifras del año pasado del Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos de Naciones Unidas, en Colombia para el 2016 habían 96 mil hectáreas de coca sembrada con fines ilícitos. Muchas de esas hectáreas se encuentran en territorios dispersos, inaccesibles, abandonados por el Estado o mejor dicho, donde la principal presencia del Estado es la represión. Ahí en esos territorios “macondianos”, hay mujeres que se disputan la posibilidad de existir en cada jornada diaria. Hoy ellas se disputan la posibilidad de ser incluidas en los procesos de paz, sea en la implementación de los acuerdos con las FARC o sea en la construcción de la agenda de negociación con el ELN.

Ejemplo de ello es también el Encuentro de Mujeres Cocaleras del Sur de Colombia, que se realizó en Puerto Asís, Putumayo, el 17 y 18 de marzo, donde mujeres de diferentes regiones del país dialogaron y definieron seguir luchando por la no criminalización de sus labores, la participación efectiva en la construcción de la paz, el derecho a un territorio libre de multinacionales, el aseguramiento de la propiedad sobre la tierra y el acceso efectivo de las mujeres a la misma, la financiación de proyectos que permitan a las mujeres dirigir procesos productivos acordes a las condiciones de su entorno y el fortalecimiento de los procesos educativos para mujeres.

Aunque a este encuentro no asistieron mujeres del Guaviare, fue un aliento que evidenció la necesidad de dialogar. Por eso, estas mujeres ahora proponen una Juntanza de Mujeres por la Paz el próximo 8 de julio, con el impulso de la Confluencia de Mujeres para la Acción Pública del Guaviare, en la que pretenden hablar de las violencias y buscar mecanismos para enfrentarlas, y así mismo, construir juntas las posibilidades de transformar la región. En ese camino van las mujeres del Guaviare, y ellas, sobre todo ellas, ya tienen un terreno abonado: el de la lucha cotidiana por la dignidad y la vida.

Un legado lleno de esperanza

Trascurrían las décadas de los 80 y los 90, un periodo histórico y convulso para la dirigencia social en el Catatumbo, región donde líderes populares de la talla de José Trinidad Torres brotan día a día de la mano de las comunidades. Trino como le llamaban quienes lo conocian, desde su corregimiento natal San Juancito, en Teorama, emprendió una carrera social, popular y campesina; carrera que era motivada por la esperanza de encontrar soluciones a las necesidades que historicamenete han azotado la región. Así, su lucha por el derecho a la educación, la salud, la recreación, la soberanía alimentaria, la comercialización de doble vía, se convirtió en la apuesta máxima de este dirigente.

Trino Torres fue un dirigente sui géneris, de esos que nacen para dejar huellas de mucho valor para su comunidad; fue cofundador de tiendas comunales y de cooperativas, e impulsor del deporte, a través del cual fomentaba la unión, la integración de las comunidades y sobre todo la tolerancia y la convivencia pacífica. Estaba profundamente convencido que era con la lucha social y popular que se lograba el cambio, las transformaciones y el desarrollo para su pueblo.
Siempre batalló por superarse académica, política y socialmente, pues entendía la importancia, seriedad y exigencia que demanda el desarrollo del trabajo comunitario.

Fue muy solidario, gran hijo, gran esposo, gran padre, y gran compañero, caracterizado por su buen sentido del humor. Así, él es un referente obligado para el momento actual que vive la región y las futuras generaciones que se están formando. Con su ejemplo nos dejó un gran legado donde nos resalta la importancia de ser constantes y perseverantes con el trabajo comunal y social, poniendo como principal sujeto al campesinado y su lucha por el territorio, las transformaciones sociales y el buen vivir.

Sus profecías se hicieron realidad
Desde aquella época hasta nuestros días, la guerra fratricida en contra de los campesinos, campesinas e indígenas del Catatumbo no ha parado. Conociendo la historia y lo nocivas que habían sido para la región la explotación minera, y la profundización de monocultivos, Trino con mucha sabiduría y en compañía de otros dirigentes buscó el fortalecimiento del territorio, para resistir al contexto de agudización del conflicto armado, de la violencia y la barbarie inclemente de los grupos paramilitares, que querían desplazar a toda la población y apoderarse de su territorio. Dicha acción con el propósito de obtener nuevos títulos mineros para otorgarse a multinacionales, mediante el plan minero energético y extractivo planteado por el Gobierno nacional.

Es de anotar que Trino no se equivocó en sus predicciones y lecturas de lo que se avecinaba para la región; a pesar de tan violenta arremetida y el desprecio del establecimiento hacia la población, estas aguerridas comunidades resistieron, y hoy el Catatumbo continúa sembrando las semillas de la esperanza que él emprendió, y ha sido a través de la resistencia, la organización, las movilizaciones, los paros, etc., que han logrado frenar tan oscuros propósitos dirigidos por el Estado para favorecer intereses foráneos, de multinacionales, terratenientes y empresarios de las agroindustrias.

Con su ejemplo mostró que la solidaridad no tiene fronteras ni límites. Él seguirá siendo idea

 

 

 

 

 


de cambio y superación en cada uno de los campesinos y campesinas que siguen su legendaria lucha de transformación; demostrando que los sueños se hacen realidad cuando hay esfuerzo y dedicación.

La dirigencia social y popular se hace al fragor de las luchas, el trabajo colectivo y productivo. Trino fue una de esas personas que se destacó por su particular forma de liderar los procesos organizativos. Así, dejó su legado a la región, a su Catatumbo que tanto amó y protegió, a su gente para que tuviera una vida digna llena de progreso.

La mejor manera de honrar la memoria de José Trinidad es continuar la lucha social, popular y campesina iniciada por él, en compañía de las comunidades organizadas en el Comité de Integración Social del Catatumbo (CISCA) que siempre fueron su respaldo y apoyo real en todas sus gestiones y manifestaciones. Es decir, seguir emulando con su pensamiento, y construyendo paz y progreso auto-sostenible, donde el medio ambiente y la soberanía alimentaria en el marco de la protección del territorio sea el eje fundamental.

Cuando a mi viejo le pagaron la liquidación de una empresa en la que laboró por mucho tiempo, pudo al fin comprar un ranchito, al suroccidente de Cartagena. Aunque fuera de madera, tablitas y láminas de zinc viejas, y piso de tierra, ya nadie nos podría molestar por el interminable y hasta humillante arriendo.

Era la última casita del barrio y solo tenía luz, no había agua ni servicios básicos, ni siquiera una batería de baño. Los alrededores eran unos cerros o lomas altas, las necesidades se hacían al estilo gato: haga el hueco y luego tape. Al interior de la loma, como a cinco cuadras, estaba la única llave con que se abastecía de agua toda la comunidad y sus aledaños.

Por un tanque de cinco galones o la lata se pagaba un peso. Eran unas filas larguísimas, pero uno de pelao era feliz en esas filas hablando con amigos y conocidos, pero al que se descuidaba le brincábamos el turno, y ¡se armaban unas trifulcas!

A mi papa le regalaron una carretilla de esas antiguas, toda metálica, a la que con el tiempo y por el uso –y hasta el abuso– se le pudrió el platón hasta que se le cayó; quedó como una hormiga, solo varillas y tubos. La acomodamos de tal manera que fuera más liviana y fácil para cargar los tanques del agua, y la bautizamos la cibernética. Recuerdo que la cibernética recorría todo el barrio de casa en casa, los vecinos la prestaban para arriar el agua más fácil y cómodo. Era mucho mejor que usar las balanzas (un palo fuerte con dos ganchos a los lados que se cargaba en los hombros).

Para los ranchos típicos de invasión, cada quien dividía su terreno con hilos de alambre de púa y estacones. Eran como pequeñas aldeas y todo era muy sano. Había muchos árboles de ciruelos y nos divertíamos recogiéndolos para comer. En medio de aquella pobreza y humildad éramos felices, muy felices, no existía el celular, ni Whatsapp, ni internet, y los juegos eran el trompo, el velillo, el quemao, entre otros, que hoy se han perdido en medio de la tecnología.

Muy cerca había unas minas de arena que emergían de las lomas, y que los dueños de los terrenos explotaban artesanalmente para su sustento y el de sus familias. Con el tiempo esas minas de arena atravesaban una de la lomas; eran
como un subterráneo y nosotros jugábamos allí a policías y ladrones, sin saber que aquel túnel en el futuro sería el artificie de un desdén.

Con el pasar de los días llegaron unas empresas constructoras y compraron esa loma donde estaba la mina de arena. En el barrio todos estábamos contentos, porque se construiría un barrio nuevo, el progreso vendría de la mano, y nos quedaría la pavimentación cerca. Se hicieron las adecuaciones y sobre aquella inmensa loma empezó a surgir un lindo barrio, mejor dicho, uno de los mejores, hasta con cancha y todo. Nosotros vivíamos en un lugar pobre, humilde y sano, y todos empezamos a transitar por las calles de ese nuevo sector que nos conectaba con la civilización. La constructora vendió las casas y los nuevos propietarios empezaron a arreglarlas con rejas finas, buenas puertas, cielo raso, finas baldosas y espectaculares ventanas.

Sin embargo, con el pasar de los días se generó una falla geológica de hundimiento progresivo en el terreno, porque la construcción, justamente, se hizo sobre el lugar que antes fue una mina de arena. Las casas empezaron a agrietarse, y descontentos los propietarios le reclamaron a la constructora, quien los evacuó y reubicó por prevención, mientras realizaban los estudios de suelos.

Aledaño a nuestro barrio había otros también muy humildes. Un día como a las 3:00 p.m. yo veía pasar un gentío con picas, palas, martillos, machetes, masetas, entre otros. Mi susto fue inmenso al observar aquella turba; pasaron de largo, había viejos, jóvenes, niñas, niños, señoras, mejor dicho, gente de todas las edades. Como a las tres horas regresaban cargando en la cabeza láminas de eternit, ventanas, puertas y hasta las rejas. Habían desvalijado aquel barrio. Pensé: “bueno, eso es todo”.

Pero que equivocado estaba yo. Al día siguiente, como a las 5:00 a.m. se sintió el estropicio. Era de nuevo la misma gente; empezaron arrancando las tazas de los baños, los lavamanos, los adobes, las baldosas y hasta el sistema eléctrico. Mis ojos no daban crédito a lo que veían, solo exclamé: ¡Mierda, qué vaina! Al día siguiente la misma escena se repitió; arrancaron todo lo que pudieron.

Pero nuevamente esta turba superaba mis expectativas, y yo en mi inocencia juvenil me preguntaba en silencio por qué seguían tumbando con macetas, si ya solo quedaban ruinas. Demolieron las vigas y bases para sacar el hierro y venderlo, y por último se llevaron hasta los tubos de desagües. En un dos por tres había desaparecido aquel barrio y solo quedaban escombros por todas partes, que luego la gente se iba llevando para rellenar las calles, las casas, o los patios.

Días después se nos dio por visitar uno de los barrios vecinos, y el contraste que encontramos era entre mágico y chistoso. Se observaban unas casitas de tablitas con cartón, bolsitas plásticas, y piso de tierra, pero en su parte delantera, en la terraza, lucían rejas finas amarradas con alambre dulce a los maderos, y otras apuntaladas con clavos; otras casi cayéndose tenían sus láminas de eternit nuevas; otro rancho al que pudimos pasar tenía el baño hecho de tablas viejas, y la puerta era un trapo viejo con un roto, por el cual pude ver una taza de baño muy fina, y un lavamanos anclado a la tabla con clavos grandes.

Entonces comprendí que el mundo es así. Habían desbaratado un barrio completo, porque la necesidad no da tregua. Estos pobladores vieron en la situación una oportunidad para mejorar y hasta dignificar sus condiciones.

En Santa Rosa de Cabal, Risaralda, se llevó a cabo el pasado 27 de mayo un Cabildo Abierto, promovido por una iniciativa popular en cabeza del Comité por la Defensa del Patrimonio de este municipio. El tema en debate fue un cuestionado contrato de venta de agua en bloque, realizado por la administración municipal y el gerente de la empresa pública EMPOCABAL, encargada de la prestación del servicio de acueducto, alcantarillado y aseo, con un privado de dudosa procedencia, sin experiencia en el servicio que pretende prestar, sin la infraestructura que para ello necesita, y cuya sede principal al momento de la firma del contrato era un almacén de zapatos.

Origen de la discordia
La empresa EMPOCABAL fue creada en los años ochenta con un carácter estatal. Hasta ahora se ha encargado de la prestación del servicio de acueducto, alcantarillado y aseo, ostentando un monopolio natural público. De esto se deriva que su finalidad no es el ánimo de lucro sino, por el contrario, el ánimo de cumplir con una función social y garantizar un derecho.

El 25 de febrero del año 2016 se constituyó con un capital de 10 millones de pesos la empresa Proactivos Inversiones S.A.S., cuyo propietario es el señor Alberto López y representante legal la señora Yudy López, familiar del propietario. El 9 de marzo del mismo año, esta empresa se registró en la Cámara de Comercio con un capital pagado de 100 millones de pesos. Posteriormente, el 26 de mayo de 2016 la asamblea de socios de Proactivos S.A.S. ordenó constituir la empresa Serviaraucarias, lo cual se hizo efectivo el 9 de junio de 2016, con un capital de 400 millones de pesos, siendo propietaria en un 100% Proactivos Inversiones S.A.S.. En agosto 31 del mismo año EMPOCABAL le concedió a Serviaraucarias un contrato para la venta de agua en bloque, de forma que entró a competir con el mismo objeto comercial de la empresa estatal.

Voces en torno al tema
Para Aurelio Suárez Montoya, quien participó en el Cabildo Abierto en vocería del Comité Cívico, el contrato es ilegal, inconveniente e innecesario. Ilegal porque no se acudió a la figura de convocatoria y se entregó a dedo un contrato que disfraza realmente una concesión a una empresa sin idoneidad. Inconveniente porque EMPOCABAL renuncia a su objeto comercial en favor de una empresa privada, y de paso renuncia a expandir la empresa con la creación de 13 proyectos habitacionales que están proyectados en este municipio. Esto afectará, según Aurelio, la situación financiera de la empresa, por lo que seguramente terminará siendo privatizada. Innecesario, porque las finanzas de la empresa han mejorado con activos que superan los 52.000 millones de pesos, con importantes ganancias y una rentabilidad adecuada.

Miguel Fernández Quiroga, representante de los trabajadores de EMPOCABAL, plantea que el contrato no se acogió a los parámetros de la Ley 142 ni de la Comisión Reguladora de Agua Potable. Así mismo, que la empresa Serviaraucarias tendrá que hacer una enorme inversión en planta de tratamiento para cumplir con el objeto social del contrato, lo cual significa además el marchitamiento de la empresa estatal, un perjuicio para el trabajo de los empleados, y un incremento de las tarifas para los usuarios, por cuanto lo que persigue esta empresa privada no es la prestación del servicio, sino la búsqueda de ganancia monetaria. Fernández plantea además que en esas condiciones se violenta el derecho fundamental al agua, porque será más costosa, y que no se garantiza su prestación en términos de calidad pues la empresa privada no tiene las condiciones para hacerlo.

El sacerdote franciscano Bernardo Mesa también hace parte del Comité Cívico, y considera que el contrato conduce a privatizar el agua. Anota que este es a dedo y que presenta serias fallas. Aunque el contrato tenga una validez jurídica, no tiene una validez ética, enfatiza.

Por su parte, algunos líderes que están a favor del contrato, como en el caso de los señores Albeiro Ríos y Nelsón Andrés Trujillo, consideran que Serviaraucarias mejorará la prestación del servicio, generará mayor empleo, se desprenderá de la convención colectiva de trabajo que se plantea como demasiado onerosa, y aprovechará los excedentes de agua con que cuenta el municipio, luego de perder como cliente en la compra de agua en bloque al municipio de Dosquebradas.

Un debate entre el Gobierno municipal y los habitantes
La administración municipal, principal opositora de la iniciativa del Cabildo Abierto y defensora del contrato con Serviaraucarias, argumenta que este tipo de contratos son permitidos por la ley, y que son necesarios para el municipio tanto como para EMPOCABAL, puesto que esta última se encuentra en una insolvencia económica cuya principal causa es la convención colectiva firmada con el sindicato de trabajadores, y de la cual le es imposible salir sin los recursos que ganarán a razón de este contrato de venta de agua en bloque.

Sin embargo, el comité promotor y demás ciudadanos afirman que aunque es permitido por la ley, fue firmado a espaldas de la comunidad, sin su respectiva publicación, sin tenerse en cuenta a la junta directiva de la empresa y al Concejo municipal. Dicen además que tampoco se hizo un estudio previo, necesario para todo tipo de contratación que involucre servicios públicos, para garantizar la sostenibilidad económica de EMPOCABAL.

Cuando el Cabildo Abierto ya había sido aprobado por la Registraduría municipal, el alcalde de Santa Rosa y el gerente de EMPOCABAL se reunieron nuevamente con la empresa privada, anularon el contrato y firmaron uno nuevo que medianamente intenta subsanar algunas de las quejas del pueblo: estableció cuatro puntos de conexión, clarificó un poco el asunto de las tarifas y cambió la multa de 5.000 SMLMV a 2.500 SMLMV.

No obstante, un contrato donde se establece una multa de más de 1.500 millones de pesos para EMPOCABAL en caso de que incumpla, pero ninguna para el privado, deja serias preguntas en los ciudadanos, más cuando hay antecedentes de ser esta la fórmula de la privatización de las empresas públicas del país. En ese sentido, la postura más destacada dentro del Cabildo Abierto por parte de la comunidad fue su constante negativa a que en corto, mediano o largo plazo su recurso hídrico se encuentre manejado por un privado y no por su empresa pública.

Durante 13 años de existencia, el periódico Periferia ha relatado múltiples historias que resaltan las luchas y resistencias de las personas de a pie y de las comunidades organizadas. Eso nos permite afirmar que la historia de Colombia, nuestra historia, se hace y se escribe en la periferia. 

Memoria en la tinta
El 27 de abril de 2002 desapareció Luis Enrique Guerra, un taxista que se dedicaba a hacer transportes entre Cáceres y Tarazá en el Bajo Cauca antioqueño. Las versiones sobre su desaparición y asesinato señalan a las AUC como los autores, sin embargo, aún no existe claridad sobre los hechos y la verdad de su caso.

David, hijo de Luis, salió para Medellín junto a sus dos hermanas después de este trágico suceso. Su madre, Lina María Cano, se quedó un tiempo en Cáceres, luego se reencontró en la ciudad con sus hijos, y allí comenzó a trabajar con organizaciones de víctimas como las Madres de la Candelaria en la búsqueda de respuesta a lo sucedido con su esposo.

“Yo recuerdo que en mi casa había una hoja de un periódico que ya estaba como muy café, como desteñidita, y mi mamá andaba con unas carpetas con algunos documentos de la fiscalía, radicados de víctimas, un montón de cosas; en algún momento eso llegó a mis manos y junto con mis hermanas lo leímos”, recuerda David al referirse a uno de los artículos impresos de la edición de noviembre- diciembre de 2006 de Periferia, que acompañó a su familia durante varios años.

Esta historia, escrita por Nelson Orrego, fue narrada desde la voz de Lina María, esta mujer que comenzaba a juntarse con otras mujeres y madres, que también habían atravesado historias de su misma magnitud. “Lo del periódico fue a los añitos, tendríamos por ahí 9 o 10 años, el punto es que yo reconstruí mi historia a partir de lo que decía ahí, ni siquiera por la voz de mi madre, por eso no la culpo, ni se lo recrimino, porque nosotros estábamos muy pequeños”, afirma David, quien ahora estudia periodismo en una universidad de Medellín. David creció leyendo esta historia hasta que desapareció el desgatado papel.

Con el tiempo y al ver el ejemplo de su madre, David comenzó a interesarse por los temas del conflicto armado y la historia del país. Un día decidió buscar a Periferia a través de internet para tener una copia de la historia de su padre. “Lo volví a leer, se lo pasé a mis hermanas y las dos también recordaron que existió esa hoja, que ellas también leyeron, luego me nació el interés de publicar aquí mismo, donde había leído yo ese pequeño fragmento de mi vida”.

Desde entonces escribe periódicamente sobre diferentes temas de interés nacional en el periódico, para él las coyunturas nacionales deben ser explicadas de manera pedagógica ya que estas tienen mucho que decirles a las vidas cotidianas de los colombianos. "Hay que hablar de los asuntos más desde lo legal, desde lo político, uno pensaría que por ser tan públicos se deberían conocer, pero en realidad son los más mal tratados por sus propias exigencias, fuera de eso son los más necesarios, es muy importante a mi parecer por ejemplo saber que va a cambiar el sistema político", sostiene este joven periodista.

Trotamundos de la periferia
Saúl Peláez llegó a Periferia junto a Graciela Vélez y Giovanni Benavides en 2014 para denunciar la desastrosa organización y la cancelación de una de las pruebas principales del XVII Campeonato Suramericano de Atletismo Máster. Estos atletas lograron con su protesta hacer eco en los medios locales y posteriormente consiguieron la renuncia del presidente de la Asociación Suramericana de Atletismo Master.

En la edición 101 de Periferia se publicó la historia escrita por Olimpo Cárdenas, que más allá de denunciar aquel hecho en particular, mostró a través de las vidas de estos atletas las dificultades que tiene que afrontar un deportista en Latinoamérica, y sobre todo los de nuestro país, para salir a representar una bandera en los diferentes certámenes a nivel nacional e internacional. “Plastifiqué el artículo y lo pegué en una de las ventanas del tercer piso de mi casa”, recuerda Saúl, para quien las historias narradas en este periódico no eran nuevas, ya que desde 2009 compraba cada mes la edición del periódico en los bajos de la estación Parque Berrío del Sistema Metro de Medellín.

Saúl volvió a Periferia nuevamente para solicitar solidaridad en un nuevo viaje que emprendería en 2016 al Campeonato Suramericano de Ruta en Chile, y desde entonces comenzó a llevar el periódico a cada lugar al que viaja, muy pronto no sólo llevaría el periódico sino que traería consigo historias de las múltiples periferias que visita en sus eventos deportivos. Fue así como comenzó a escribir diferentes artículos, por ejemplo uno sobre la problemática del agua en San Andrés, otro sobre el paro camionero, otro sobre San Basilio de Palenque, entre otros.

“Lo que pasa con los periódicos tradicionales es que en la época de los 70 y 80 sí pasaban mucha información del atletismo con crónicas muy completas de carreras callejeras, de eventos de pista, inclusive de los locales, y hoy en día, sino es que porque “x” atleta tuvo una muy buena actuación en el exterior o porque le hicieron una entrevista especial a cierto atleta de cierto renombre que va a competir en el exterior, de resto no pasan absolutamente nada”. De esta manera también Saúl ha escrito sobre problemáticas que aquejan a los deportistas como lo es el caso de la pretensión de la privatización de los escenarios deportivos públicos en el país. Correr para Saúl es un espacio de alegría, y en este sentido los artículos que ha escrito han coincidido con circunstancias relacionadas con su vida deportiva.

Hay que aprender a leer
Jhon Jairo Grisales es un hombre de habla pausada, pero también de afirmaciones contundentes. En la edición 122 de Periferia conocimos su historia como mecánico del barrio Alfonso López en la Comuna 5 de Medellín. En aquella oportunidad conocimos los ires y venires de su profesión y también algunas de sus reflexiones sobre el ámbito social del país.

Su historia, escrita por Saúl Franco, fue publicada en la sección de Oficios de la Periferia, una recopilación de historias de vidas narradas a través de los diferentes trabajos que el pueblo colombiano realiza diariamente. Jhon Jairo afirma que fue una sorpresa salir en el periódico ya que desde el 2009 es un fiel lector de este, dice que le hace falta: “mes por mes espero encontrar otra cosita nueva que no se encuentra en los otros periódicos”.

Después de conversar un rato con él confiesa que si por azares de la vida abandonara la mecánica, le gustaría montar una café para tertuliar sobre los temas del país. “Es triste decir esto, pero el 90% de los colombianos desconocemos la mayoría de los conflictos a nivel internacional y a nivel local”, y también considera importante que se visibilicen otras historias de la gente, no solo las de la corrupción de las élites.

La esposa de Jhon Jairo tiene una peluquería, en esta aprovecha para dejar el periódico para que más personas lo lean, lo abre en los títulos más sugestivos con el objetivo de atrapar a las personas que puedan verlos, sin embargo, algunos lo ven, lo cogen y dejan tirado por ahí. Jhon Jairo insiste en que “leer no es juntar la M con la A pa' que diga MA, ni la P con la A pa' que diga PA, saber leer es tener un criterio definido acerca de un artículo. La diferencia que yo he visto en los periódicos rutinarios es que, en vez de contribuir a desapañar todo este pantanero, por el contrario, como en la torre de babel, confunden a la gente, la veces que uno los lee sabe que están en defensa de los mismos intereses que nos han tenido sumidos en tanta tristeza y tanta miseria a la vez”.

Hace casi 13 años que se materializó la idea de Periferia como prensa alternativa, y con ella se avivó el debate por la necesidad de la comunicación popular como proceso para la formación de sujetos políticos, autónomos y transformadores. Una propuesta que aún la mayoría de las organizaciones sociales y políticas, y la izquierda en general, no ha podido o querido adoptar a pesar de reconocer y denunciar a los cuatro vientos el poder de los dueños de los medios masivos de comunicación, y su papel determinante en la orientación de la política, la economía, la forma de pensar y sentir, y en general de la ideología de casi toda la sociedad.

Se ha dicho hasta el cansancio que en los medios masivos, especialmente en los audiovisuales, jamás informan de manera objetiva; que allí no salen las historias de los pobres y de las comunidades que luchan por sus derechos, menos las de sus líderes y lideresas; que en ellos se exaltan a los ricos y se protegen a los corruptos. Al contrario los grandes medios que son propiedad de poderosos grupos industriales o financieros, nacionales y extranjeros, banalizan y ridiculizan los procesos de transformación de los pueblos y los satanizan, les quitan su validez, los convierten en amenazas a la democracia, los condenan para que luego lleguen las demás instituciones a jugar su papel de judicialización o de criminalización. Por eso el asesinato o detención de líderes y lideresas sociales pasa desapercibido o es justificado para la sociedad.

La comunicación nos pertenece naturalmente a todos y todas, porque nacimos con ese don; no le pertenece a los grandes medios y grupos económicos. Sin embargo la sociedad entera les ha cedido esa exclusividad a ellos, y le endosamos el fundamental papel de educar, formar, informar y divertir a nuestras familias. Y es obvio, porque los dueños de esos grandes medios nos entregaron la tarea de trabajar muchas horas y cansarnos al extremo, para que luego lleguemos a verlos y escucharlos, para que nos digan qué hacer, a quién querer y a quién odiar sin formula de juicio. Por eso son tan poderosos, por eso aunque nos manipulan terminamos abrazándolos y reconociéndolos como si estuvieran haciendo una gran labor. Por ello aunque odiemos los impuestos, la corrupción y la violencia, no conectamos a las clases políticas ni a la élite económica con el desastre social y ambiental de la Nación, y más bien señalamos en sentido equivocado, el que ellos nos señalan.

La comunicación popular es núcleo de la autonomía, de la democracia. De la autonomía porque les da la herramienta a las comunidades para que se autorreconozcan, y para que valoren sus propios esfuerzos, sus luchas y sus propuestas sociales y políticas, para que se vean como protagonistas de su propio presente y futuro, y no como gregarios de las apuestas de otros. Y es clave para la democracia porque les permite a los sectores y regiones abandonadas, excluidas y segregadas por el Estado, plantear sus cosmovisiones, su diversidad, sus apuestas territoriales y sus problemáticas, vinculándolas a la lucha por el poder político, cosa que no va a hacer nadie sino las propias comunidades.

Por eso no es poca cosa que un gran medio invisibilice los paros de Buenaventura y Chocó, y las acciones represivas de las fuerzas armadas y de policía contra los y las manifestantes, mientras al desayuno, almuerzo y comida nos muestran las protestas de la oposición en Venezuela, y señalan y denuncian como graves las acciones de la guardia en ese país. ¿Qué diferencia, según los medios masivos, existe entre la violencia de la policía venezolana, y la brutalidad de los escuadrones antidisturbios colombianos, Esmad, que se llevan por delante ancianas, niños y niñas y habitantes de una región que todos sabemos que han sido abandonados y condenados a la miseria y la muerte? Ahí está el centro del asunto, si no nos apropiamos y desarrollamos nuestros propios procesos de comunicación popular, otros nos van a mostrar lo que se les ocurra y con el enfoque que quieran.

Es cierto que las redes sociales podrían funcionar en estos casos para mostrar las injusticias, siempre y cuando cuenten con un importante nivel organizativo y se usen de manera leal, pero jamás servirán, si se usan de manera parcial o espontanea, para formar a esos sujetos políticos que interpreten y asuman un papel transformador de realidades, como por ejemplo la precarización de la labor docente que hoy viven cientos de miles de maestros y maestras y sus familias, y el sistema de educación en general. No obstante, algunos maestros aún no conectan su dura y difícil realidad con los responsables de esta, y hasta los eligen para que gobiernen.

Hoy más que nunca la comunicación popular, que no es solo la prensa, los audiovisuales, la radio y demás, debe resaltarse y ganar un papel protagónico en las luchas que libra el pueblo colombiano. El arte en toda su dimensión también educa, forma y transforma y hace parte de la comunicación popular.

Las organizaciones sociales y populares, los sectores democráticos y progresistas, se deben a sí mismos una reflexión profunda sobre la necesidad de vincular en todas sus apuestas, procesos y proyectos la comunicación como eje estratégico, pero la comunicación que camine hacia la construcción de una nueva hegemonía, una humanista, democrática, con valores solidarios, etc. No hay que perder el tiempo tratando de derrotar a los monstruos mediáticos a través de sus mismos juegos de engaño y posverdad; hay que hacerlo a través de propuestas creativas, nuevas, propias, honestas, que engrandezcan la condición humana de los más humildes y les dé su valor en esta tierra.

Por lo tanto, mientras verdaderamente tomamos conciencia del papel de los medios y la importancia de adelantar proyectos de comunicación popular para nuestras apuestas y las comunidades con las que trabajamos, lo mínimo es apoyar aquellas que ya existen y le han brindado años de esfuerzos a esta difícil contienda, como Periferia, por ejemplo.

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Nosotros

Periferia es un grupo de amigos y amigas comprometidos con la transformación de esta sociedad, a través de la comunicación popular y alternativa en todo el territorio colombiano.

 

Por ello comprendemos que la construcción de una sociedad mejor es un proceso que no se agota nunca, y sabemos qué tanto avanzamos en él en la medida en que las comunidades organizadas fluyan como protagonista. Es en este terreno donde cobra siempre importancia la comunicación popular.

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