(1)

A 34 años de su nacimiento

Cómo nace la esperanza
Recuerdo que terminaba un gobierno, el de Turbay Ayala, una administración de muchísima represión contra el movimiento social y las organizaciones de izquierda, y se iniciaba el de Belisario Betancourt, el presidente de la paz, le decían, pues logró sentar a dialogar varias insurgencias y dejar un camino para que otras se desmovilizaran posteriormente.

Al tiempo que estos gobiernos consolidaron su estrategia paramilitar, nosotros junto con otros, nos convocamos a construir diversas propuestas políticas para transformar el país. Nos dimos cita en espacios sindicales, estudiantiles, convocamos a cumbres de unidad popular y otros espacios que se me escapan, pero que nos sirvieron para iniciar ese duro caminar de hacerle frente a la coyuntura más jodida que hemos podido vivir. Y así, por encima de la represión, continuábamos organizándonos y resistiendo a las medidas sociales, económicas y políticas de los gobiernos. Hay que anotar que veníamos de la realización del Paro Cívico Nacional de 1977, en el cual nosotros, la izquierda radical, fuimos simples observadores, pues el sectarismo que nos identificó no nos permitió articularnos de manera real con sectores más reivindicativos.

Los inicios de ¡A LUCHAR! Umm… ¡Cómo olvidarlo! Fue el 28 de mayo de 1984 que echamos andar este proyecto, fue el día en que quizás algunos nos sentenciamos a muerte, por el solo hecho de soñar con un país distinto, u otros asumieron el mayor reto de sus vidas: construir el socialismo. Recuerdo esta fecha con precisión porque curiosamente ese mismo día una organización guerrillera firmaba acuerdos de cese al fuego con el Gobierno.

Hay que decirlo de una vez. “A Luchar” nace como una propuesta extra institucional y combativa, pues “no en cualquier periodo las fuerzas del cambio [estaban] en condiciones de empezar a resolver por su cuenta y riesgo los problemas, no en cualquier periodo las fuerzas de cambio [eran] alternativa de poder, pero en Colombia, [en esa década] decidimos postularnos para hacerlo”.

En este momento que realizo un esfuerzo por recordar cómo fue que empezamos a darle cuerpo a este sueño colectivo, podría decir que varios meses después de realizado el acuerdo de crear AL, como para el mes de agosto, se empezaron a desarrollar reuniones de coordinación entre los procesos que decidimos estar en AL, pero estas reuniones no eran otra cosa que la madurez de casi dos años de discusiones. Cuando ¡A Luchar! salió a la luz pública era porque veníamos con casi dos años de trabajo continuo.

Cuando menciono que AL recoge distintas luchas políticas que se libraron en el país no es simplemente por hablar, nosotros éramos los herederos, o los hijos, por decirlo de otra forma, del Partido Socialista Revolucionario - PSR, de Galán el comunero, del Frente Unido, entre otros, y por eso decidimos darnos a conocer entre el 16 y 17 de marzo de 1985, en el encuentro Obrero, Campesino y Popular, uno de los tantos eventos conmemorativos de la muerte del líder comunero José Antonio Galán.

Nacimos en medio de un agudo conflicto social, nacimos en la pelea y nos hicimos organización peleando. Estábamos en las huelgas obreras, en paros de trabajadores del Estado, en la toma de tierras rurales y urbanas, en muchísimas movilizaciones, y no podían faltar los mítines, ahí estábamos nosotros en la candela como se dice.

Es más, para aquellos que preguntan de quién era AL, o a qué respondía, la respuesta siempre fue sencilla: “es de todos, el del alpargate y la mochila, el de la mano laboriosa y el escritor rebelde, la del libro y la alegría, del que se desvela y no claudica, el que cayó y hoy vive en nuestros corazones y de aquellos trabajadores silenciosos que no aparecen, pero sin los cuales, darle vida a esto, seria tal vez más que un imposible”. Ah, y dejando claro con esto que no éramos ningún proceso traído del extranjero, ni ensamblado, ni enlatado en otras fronteras, y mucho menos ser materia de exportación, solo quisimos entregarles a los pobres de Colombia nuestro grano de arena.

¡Por la vida y la libertad! ¡Asamblea Nacional Popular!
Te lo diré de manera sencilla: “promover entre todos un amplio torrente político entre las masas”, es decir, la construcción de poder obrero y popular, fue la base real de nuestros acuerdos políticos y programáticos. De aquí partieron otros acuerdos, unos quizá muy ambiciosos o estratégicos, otros que daban cuenta de nuestras aspiraciones en el momento histórico, pues nuestra lucha era por un gobierno de los trabajadores, los campesinos y todos los pobres de Colombia, para lo cual, era indispensable la construcción del socialismo; y para esto necesitábamos que la clase obrera y popular tuviera su propio programa y sus propias organizaciones independientes, independientes de partidos políticos, de la burguesía y de cualquier actor político; que fuera la clase popular la que construyera sus organizaciones, igualmente era indispensable una alianza obrera-campesina y popular, es decir, una organización política de masas, que confrontara abiertamente al régimen y se propusiera abiertamente construir poder “apoyado en el sentimiento de amplios sectores de las masas”.

Y sentíamos que nuestras aspiraciones se podían concretar en la construcción de una Asamblea Nacional Popular –ANP–, que fuera el encuentro de tantísimas y variadas luchas del pueblo colombiano, sus movilizaciones, las consultas populares. Llegar allí con los planes de desarrollo construidos de manera autónoma y de esta forma concretar el Poder Popular forjando espacios con capacidad de decisión y de mandato, que nos permitiera desencadenar la lucha contra el imperialismo y la burguesía. Siempre consideramos que la ANP era la forma de ir “educando en ideas de revolución, organizando, buscando la unidad de la fuerzas populares”, pues básicamente se trataba de dar respuesta a las exigencias que estaba haciendo la lucha de clases en el país y fue en ese contexto que propusimos la ANP, óigase bien, propusimos, porque para AL, la ANP era un punto de partida para la acción y para la discusión, no pretendía ser algo acabado.

Y como la intención nuestra siempre fue presentarnos como alternativa de poder, gritamos en todas partes, incluso en las paredes, que debíamos dejar de ser oposición, para convertirnos en una fuerza que respondiera a los anhelos mayoritarios, que escuchara las inquietudes del pueblo, pues ahí estaban muchas de las salidas a los problemas.

He venido hablando de ¡A Luchar! y se me escapa decir que nos gustaba mucho cuando nos decíamos y nos decían “¡AL!”, esa abreviación aún suena en mi cabeza. ¡AL! Y suena y seguirá sonando porque “la esperanza y la alegría es posible, y aunque muchos y muchas murieron en esta lucha, es por ellos y por los que seguimos batallando en los caminos de la certeza de una patria libre con las posibilidades de una vida mejor para todos, que seguiremos pensando en A Luchar”.

El ocaso de un proceso o el amanecer que no llegó
Hoy pienso que nuestros mejores años fueron entre 1984 a 1988, pues fueron quizá los años de mayor movilización y coordinación política, y porque luego de estos años se presentaron altos niveles de represión, rupturas internas y lecturas muy cerradas del momento político. Bueno, cuando digo que estos fueron nuestros años mozos, es en especial por las movilizaciones, porque fue una muestra real de nuestros principios políticos, es decir, de la apuesta por la lucha extra institucional, por la acción directa, por ejercer la democracia callejera, y muestra de ello son el paro cívico del 20 junio de 1985, el paro del nororiente colombiano en 1987, las famosas marchas del primero de mayo de 1988. Por último, sería recordar los inmensos cabildos populares, esa pequeña muestra de poder, de organización y debate para llegar a la ANP; por ejemplo, en el cabildo de Pailitas, Cesar, éramos miles de delegados, óigase bien, delegados, miles de delegados reunidos en medio de un calor esperanzador.

Pero nuestra realidad como proyecto empezó a cambiar, no recuerdo en qué documento lo consignamos pero nuestra apuesta inicial era que AL fuera una organización autónoma abierta a todas las organizaciones que estuvieran interesadas en un cambio real y que se dedicaran a trabajar por la revolución, así sea en la más sencilla de las actividades, pero todo fue cambiando y nos fuimos dejando llevar por lo que venía pasando en el país, en el mundo y por la forma como otros procesos de izquierda venían desarrollando su trabajo.

Sumado a todo lo que vivimos en los ochenta, AL aceptó la práctica libre en materia de participación en la coyuntura del 90-91, es decir, nos tocó casi que abandonar lo que seis años atrás fue un principio político, y el dejar que cada quien decidiera cómo afrontar ese momento nos llevó “a que la organización se viera comprometida en varias campañas electorales, o abstencionismo militante de manera indiferenciada, perdiendo perfil nacional y seriedad en la política de alianzas”, como consta en el documento de trabajo n°1.

Aun así le hicimos frente a la Asamblea Nacional Constituyente, aunque esto implicara abandonar el sueño de una Asamblea Nacional Popular. Pero, ¿qué más podíamos hacer? La realidad era otra, así que diseñamos un plan de acción de masas para presionar la asamblea, y acompañamos las negociaciones de la insurgencia, otra cosa con la que no estuvimos de acuerdo años atrás; también acompañamos las disputas en contra del clientelismo, insistimos en que la nueva Constitución implementara los acuerdos pactados en la pre-constitución. Y sí, nos metimos de lleno en la coyuntura hasta con alianzas electorales y todo.

Esperanza en el vacío
Así que nacimos en el 84 y cerramos nuestro primer capítulo el día de las elecciones para la constituyente. Este día sí lo he intentado borrar de mi mente porque fue ver cómo se venía abajo un sueño colectivo.

No fuimos capaces de responderle al extermino, esto lo digo para la izquierda en general. Así que nos tocó llevar la peor parte, ya que no solo vimos caer a nuestros mejores hombres y a nuestras mejores mujeres, sino que además perdimos credibilidad, confianza y espacio entre la gente… quién le quería apostar a una propuesta que era sinónimo de muerte y sufrimiento.

Pero todo fue muertes. Sabemos que logramos construir lucha directa de masas, organización de masas, nuestra concepción de lo popular fue desarrollada abiertamente, fue una muy bonita propuesta de unidad. Sabemos que “nacimos en la cima del movimiento de masas, presentamos un camino diferente a la concertación, experimentamos la democracia directa en la participación y definición de situaciones, y nuestra irrupción la hicimos por la puerta grande con el paro del nororiente colombiano y posteriormente con las marchas del primero de mayo de 1988. Nos ganamos nuestra cédula de ciudadanía política” con el ejemplo.

Con la tristeza que genera la muerte, y no solo la muerte humana si no la muerte de un proyecto, con el taco en la garganta de decir no va más, cuando sabíamos que había forma de continuar, pero con la alegría de saber que se cumplió con la labor histórica de los pueblos, ser sujetos políticos, podemos decir a viva voz: qué orgullo haber sido AL.

Nota: Este artículo es fruto de una investigación monográfica de pregrado, y en esta se decidió crear un personaje ficticio. Los argumentos esbozados son el sentir de las personas entrevistadas, así que quien narra esta historia es cualquiera de las personas que integraron estos procesos. Es la voz de esos hombres y esas mujeres que hoy ya no están; de los que hoy construyen sus vidas en otras latitudes, y recoge los recuerdos de los sobrevivientes de esa guerra sucia. Así que fácilmente esta historia la puede estar narrando Manuel Gustavo Chacón, Chucho Peña, Marta Cecilia Yepes… entre tantos otros y otras que valerosamente integraron cada una de las organizaciones presentes en la década del ochenta. Incluye conclusiones de los informes y las cartillas de la ANP, y de distintos espacios de discusión social.

Nosotros

Periferia es un grupo de amigos y amigas comprometidos con la transformación de esta sociedad, a través de la comunicación popular y alternativa en todo el territorio colombiano.

 

Por ello comprendemos que la construcción de una sociedad mejor es un proceso que no se agota nunca, y sabemos qué tanto avanzamos en él en la medida en que las comunidades organizadas fluyan como protagonista. Es en este terreno donde cobra siempre importancia la comunicación popular.

últimas publicaciones

Contacto

Medellín - Antioquia - Colombia

Calle 50 #46-36 of. 504

(4) 231 08 42

periferiaprensaalternativa@gmail.com

 

Apoye la Prensa Alternativa y Popular

o también puede acercarse a nuestra oficina principal en la ciudad de Medellín, Edificio Furatena (calle 50 #46 - 36, oficina 504) y por su aporte solidario reciba un ejemplar del periódico Periferia y un libro de Crónicas de la Periferia.