Huertas urbanas, propuestas para sobrevivir y resistir

Sembrar tu comida en tu casa, en la ciudad, puede sonar descabellado o simplemente fuera de nuestra imaginación, pero en el barrio Aranjuez de Medellín es una realidad desde hace alrededor de dos años. Cuatro familias se han ingeniado un sistema productivo basado en los principios de la agroecología, y de esa manera están obteniendo alimentos para su propia subsistencia y contrarrestando los efectos producidos por las problemáticas como el desempleo y la carestía de los alimentos ¿Podrá ser viable este tipo de propuestas para las periferias de la ciudad?

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Según datos de la ACNUR, el conflicto armado interno ha llevado a Colombia a ser actualmente el segundo país del mundo con mayor número de desplazados/as. Cerca de cuatro millones de desterrados/as llegan con la expectativa de alcanzar mejores condiciones de vida en las urbes, pero, por el contrario, encuentran ausencia de fuentes de trabajo y/o precarización de las condiciones laborales, grandes limitaciones en la prestación de los servicios sociales básicos, altos costos en el valor de los artículos de la canasta familiar y grandes dificultades para acceder a una vivienda digna.

Sin embargo, ante las difíciles condiciones que ofrece este sistema capitalista, en el barrio Aranjuez del nororiente de Medellín se construye una propuesta autogestionaria para afrontar la mencionada crisis que viven a diario las clases populares.

Asumiendo el reto para sobrevivir
Su nombre es Natalia, hace poco se graduó de bióloga en la Universidad de Antioquia. Ella se pensó hace dos años, para su proyecto de tesis, un sistema productivo familiar en el solar de su casa, que lograra por un lado poner en uso un espacio de 200 m2 para sembrar su propia comida, además de que sirviera de ejemplo para que se pueda replicar en cualquier hogar de la periferia de las ciudades. Nada fácil, teniendo en cuenta que podría estar muy enamorada de la agricultura, pero temerosa de asumir el reto pensando en que no tenía los conocimientos suficientes para lanzarse a esta actividad, y sobre todo en su casa.

“Con mi familia –nos cuenta Natalia- nos pensamos un proyecto basado en los principios agroecológicos que buscara el autoabastecimiento y la auto sostenibilidad, además de romper un poco con las lógicas del mercado, y, por supuesto, alimentarnos más sanamente”. Asimismo, tuvieron en cuenta que en el espacio de una de las casas se está proyectando la posibilidad de tener un preescolar, dado que algunos miembros de las familias trabajan con la pedagogía y la educación popular.

“El contacto de los/as niños/as con el agroecosistema que estamos construyendo les permitiría comprender más fácilmente cómo funciona un medio natural, con las vivencias que se desprenden del cuidado diario de los animales y las plantas, ellos/as llegan a entender que cada planta, insecto, árbol, cumple un papel en los ecosistemas y que es vital para el funcionamiento de los demás. Los primeros que están aprendiendo son nuestros/as hijos/as. Por ejemplo, mi hija de 5 años le da de comer a las gallinas y los peces en las mañanas, y lo hace voluntariamente. Que sepa que las verduras no salen de la nevera sino que siembre una semilla y vea todo lo que puede demorarse en crecer y todos los cuidados que puede demandar es una oportunidad que ojalá tuvieran todos los/as niños/as de la ciudad”.

Una de las principales características de este proyecto es su propuesta de trabajar con principios agroecológicos. Según Natalia, “la agroecología es una propuesta de producción alternativa en la que se busca replicar los principios ecológicos de los sistemas naturales para construir sistemas productivos (agroecosistemas). A partir de la comprensión de  los roles ecológicos de los diferentes integrantes de un medio productivo (insectos, plantas, animales, microorganismos, suelo) se diseñan agroecosistemas que se integren al máximo en la dinámica del medio natural buscando que el impacto sobre ese medio sea mínimo. Así se logra un sistema productivo más sustentable, con una menor demanda de insumos externos”.

La agricultura urbana es un fenómeno mundial, lo más interesante es que siempre se da como una respuesta a la agudización de la inseguridad alimentaria en las ciudades; eso ocurrió en Cuba durante el llamado 'periodo especial' y en Argentina después de la crisis del 2002. Ahora en ambos países hay procesos más amplios de producción urbana.

En el terreno
Para el montaje del sistema productivo se hizo un convite con familiares y amigos/as para preparar el terreno. En este proceso limpiaron el terreno de basuras, derrumbaron un muro de 20ms de largo y construyeron uno nuevo a 5m de distancia del muro viejo; construyeron dos estanques de peces y una fuente con las piedras que recogieron del mismo terreno; adecuaron dos tanques de recolección de aguas de lluvia para surtir a los estanques y conectarlos con los baños y lavaderos de las casas. Buena parte de los materiales empleados para esta adecuación la obtuvieron de un viejo techo de madera que tenía goteras en una de las casas y que fue remplazado por una terraza. Sólo compraron cemento y varillas para la construcción de los estanques, logrando así la reducción de los costos.
Sin duda, el eje central del sistema productivo es el sistema de recolección de agua lluvia que surte el acueducto de las cuatro familias, se riega la huerta y mantiene lleno a los estanques para la producción de peces. Buena parte de los materiales empleados para la construcción de los estanques de peces se obtuvieron del proceso de limpieza del terreno en el que se construyó la huerta. Además de esto, se construyó un gallinero, un secador solar para el procesamiento de los productos obtenidos de la huerta y un lombricultivo del que obtiene abono para la huerta y lombrices como insumo para la producción del concentrado que demandan las gallinas y los peces.

Picar la tierra, sembrar, abonar, regar las plantas todos los días implica horas y horas de trabajo, y para Natalia este fue un aspecto crucial para la credibilidad de las personas. “Aquí no fue tan difícil –cuenta Natalia- pero sé que en otros lugares puede ser más complicado lograr que la comunidad realmente crea que los pequeños espacios urbanos pueden convertirse en lugares de producción de alimentos para las familias. Por ejemplo, con el tema del agua lluvia fue complicado, pocos creían que con esa agua, aparte de regar las plantas, fuéramos a bañarnos y lavar la ropa y los platos. A veces la gente piensa que el agua lluvia que ha sido filtrada por las nubes es menos limpia que el agua tratada por EPM, pero esto no es más que un logro de la publicidad de esta empresa, nosotros realizamos un análisis químico del agua lluvia que estamos colectando y encontramos que es completamente apta para el consumo humano”.

El reto apenas comienza en esta huerta. Ahora Natalia y su familia están haciendo un calentador solar para aumentar un poco la temperatura del agua del estanque. Asimismo se están pensando formas de producir energía para solventar los gastos que se generan en el sistema (como el bombeo del agua en el estanque por ejemplo) y algunas otras cosas. “La idea es experimentar muchísimo y apenas estamos comenzando”.

Modificado por última vez el 16/06/2012

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Andrés "El Germen"  Markez

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