Editorial: Santos el ajedrecista y envenenador

De repente en Colombia todo parece haber cambiado. Como si desde el siete de agosto del año pasado se hubieran acabado los falsos positivos, la persecución a líderes sociales y populares, la desaparición, la tortura y, tal vez lo más importante, la criminalización de la protesta social y popular, que ha sido política de Estado desde hace tantos años que ya no recordamos. Pero la realidad es tozuda y día a día desmiente esta esperanza construida artificialmente por la élite oligarca, ahora integrada en la famosa unidad nacional, para inyectarnos como veneno dosificado desde sus medios masivos. De ello dan prueba la militarización de la universidad pública y la amenaza de convertirla en escenario de inversión para el capital privado; las desapariciones forzadas que se acrecientan, el asesinato a lideres barriales, artistas populares, y campesinos que reclaman sus tierras; esto entre muchas otras desgracias a que nos somete este régimen.

 

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El programa de esta unidad nacional puede leerse con toda claridad en el tratamiento de los medios masivos a la información relacionada con las políticas, prácticas y decisiones del gobierno de Santos. Lo que nos han dejado ver es una campaña de constante refacción del gobierno y particularmente de su presidente.
Entre tanto, Santos se mueve como un verdadero ajedrecista. Su primera gran movida fue la escogencia de otro camaleón como vicepresidente. Angelino Garzón también ha mostrado en toda su historia política las mañas de negociador al gane, alineándose siempre a la corriente que se mueva con más fuerza y posibilidad de éxito, comprometido sólo con un proyecto personal que ha sabido vender como una apuesta de izquierda por la verdadera democracia. Lo primero fue desenredar las negociaciones del TLC con USA, que ya habían sido empujadas por Garzón al frente de un grupo de sindicalistas que se reconocían como uribistas, enquistados en las centrales obreras. De contera, Garzón engancha a viejos camaleones de estas centrales, como Julio Roberto Gómez, presidente de la CGT, que ha estado siempre dispuesto a poner la fuerza de su organización al servicio de las políticas de derecha.

A parte de eso, con Garzón, Santos se jugó la neutralización de los movimientos populares en varios frentes. Por ejemplo, el ambiente de la Minga Social y Popular se enrareció en un momento, cuando el Cric (Consejo regional Indígena del Cauca) se animó con la invitación de Garzón a entablar diálogos con el gobierno alrededor de los acuerdos incumplidos, que siempre han hecho parte de su agenda de lucha por más de cuatro décadas. Por otro lado, las plataformas en que se integran las diversas organizaciones defensoras de derechos humanos están trenzadas hoy en una gran discusión, en donde la mayoría parece más dispuesta a relajar su denuncia y resistencia en aras de establecer conversaciones con el gobierno nacional, que les promete lo imposible, como a los indígenas.
También se ha movido como un buen ajedrecista el presidente Santos en la relación con sus vecinos, en lo cual se muestra la artificialidad y el pragmatismo de la política, no sólo de Santos, sino también de sus vecinos, Chávez y Correa. De ser enemigos furibundos, ahora han pasado, por decisión explícita, a ser los mejores amigos de la región. Hay un dicho popular, según el cual el matrimonio es la única relación donde uno duerme con el enemigo; en esta medida uno podría decir que la política es una práctica social en donde tanto los amigos como los enemigos se construyen por conveniencia, lo cual retrató con maestría George Orwell en su novela 1984. Y es que la izquierda misma tampoco ha sido ajena a la práctica ajedrecística de la política. Prácticamente todos los proyectos de unidad, en cualquier país, son juegos de ajedrez en donde cada uno mueve sus fichas pensando menos en un proceso revolucionario que en la posición y fortalecimiento de su fuerza particular, con lo que llegan a juntarse fuerzas absolutamente irreconciliables que convierte la búsqueda de la unidad en una historia de traiciones, engaños y puñaladas traperas.

Mientras Santos juega su ajedrez, los medios, por su parte, y los órganos de control (que en Colombia realmente no controlan nada) se han dedicado a mostrar los escándalos de corrupción atribuibles a los funcionarios segundones de gobiernos anteriores, pero ninguno que afecte a las cabezas del anterior ni del actual gobierno. De esta manera siembran en la conciencia de las personas ingenuas la idea de que este sí es un gobierno transparente que combate la corrupción y está dispuesto a llevar esta lucha hasta sus últimas consecuencias. Lo más seguro es que los escándalos de este gobierno se tapen y desplacen para que salgan a la luz cuando ya no puedan tocarlo, cuando ya no sea presidente. Esto será cuando empiecen a salir a la luz pública los acuerdos y las promesas incumplidas con todos los caníbales que hoy integran la unidad nacional.

Los medios han adoptado la estrategia de no mostrar nada que manche la imagen del Santo presidente. Entre los múltiples ejemplos se destaca el cubrimiento hecho a la histórica movilización de los sectores populares en el tradicional primero de mayo de este año. En varias ciudades esta movilización fue infiltrada, provocada, agitada, dispersada por la fuerza pública en todas sus expresiones, y atacada por los asesinos del ESMAD, con saldos muy grandes de heridos y detenidos. Pero eso en los medios masivos no mereció ninguna atención; estaban entretenidos con el matrimonio real en Inglaterra y la beatificación del papa fascista Juan Pablo II.

Por ahora, Santos ya no aparece en los medios como un bravucón, un retador y provocador, tal cual era el estilo de Uribe. Son los medios, en la propia voz de sus periodistas y de sus opinadores, quienes van delineando una imagen de fantasía para el presidente, como si estuviera produciendo un corte en la historia política de Colombia. Es toda una estrategia de envenenamiento suave, lento pero persistente, cuyo primer síntoma es el alineamiento con Santos de todos los opinadores profesionales y los intelectuales que se opusieron seriamente al gobierno uribista. Lo que busca, sin embargo, esta estrategia, es que dicho envenenamiento surta efecto como una especie de anestesia general en las masas, que poco a poco las incapacite para la reacción, para la crítica y la confrontación, la haga ciega para percibir el alcance del cierre de las universidades, el desangre del sistema de salud, la pobreza y la miseria creciente, y sobre todo, de la política criminal de las fuerzas armadas.

Por fortuna no se ha dado un envenenamiento masivo. Y esto en buena medida es resultado también de la estrategia de choque del gobierno de Uribe, de su ramplonería y desprecio frente a los movimientos y organizaciones populares, y la incondicionalidad de los medios masivos. Esto nos previno de una manera ya irreversible frente a estos medios, siempre vendidos al poder. Por donde uno se mueve hoy encuentra la desconfianza en tales medios y la disposición a apostarle a los medios alternativos y populares, como antídotos frente al veneno que destilan los medios masivos, por eso las organizaciones están hoy empeñadas en la construcción de agencias populares, de coordinadoras de medios alternativos, etc. Y desde estas iniciativas avanzan también en la articulación de movimientos nacionales como La Minga Social y Popular, el Congreso de los Pueblos, La Marcha Patriótica, COMOSOC, etc. Esta articulación no se mueve desde el juego del ajedrez y el pragmatismo, sino desde la consciencia de la necesidad de una nueva ética en la política. Sólo se vale aquello que potencie la posibilidad de un sujeto nuevo, individual y colectivo. Para los otros aún es tiempo: hay que dejar de comer en esa mesa santista donde adoban la comida con veneno; hay otras mesas donde la unidad se cocina con otros condimentos, más sanos y sabrosos: la solidaridad y el compromiso real con un futuro mejor para todos. A esa mesa los invitamos generosamente.

 

Modificado por última vez el 16/06/2012

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