Guerra entre pobres para que los ricos vivan bueno

¿Cómo es que en una comuna (barriada) o en un sólo barrio de Medellín (Colombia) se pueden encontrar tantas similitudes con las características que genera el imperialismo en diferentes lugares del planeta? Aquí se plantearán algunas de esas similitudes y usted, amigo lector, con toda su capacidad de análisis, reflexión y experiencia podrá encontrar muchas más. Pequeños grupos se imponen a grandes colectivos por medio de las armas. Propiciada tal imposición por el terror, el miedo, la indiferencia y la desorganización. Este es el mundo donde desgraciadamente nos tocó vivir, pero a la vez, tenemos la oportunidad y la posibilidad de transformar radicalmente esa podredumbre de sistema social.

 

 

Todo tiene dueño, todo se vende o todo se compra y se crean fuertes monopolios en todos los campos y aspectos de la vida.

La guerra es por el poder, los territorios, los recursos y las ganancias para individuos o pequeños grupos, aunque traten de disfrazar y ocultar la realidad con miles de mentiras sobre las causas que la generan.

Los de abajo son los que ponen los muertos, son carne de cañón que arde en las hogueras que veneran a la diosa guerra reaccionaria.

Los de arriba ponen el capital, las reglas y las políticas. Son los grandes jefes y patrones. Y los de abajo obedecen sumisamente para proteger su miserable vida.

Los pobladores sufren todas las consecuencias de esa guerra injusta, al sistema político y a los ricos se le hace el mínimo daño directo y muy poco indirecto.

Los muertos son los negros, los latinos, los pobres; y los ricos se mueren de viejos y de placer. La guerra generada por los burgueses es entre los pobres; los ricos miran el espectáculo y las corridas desde las tribunas tomando whisky y comiendo caviar.

Los que dirigen esta guerra no proletaria por su concepción, no están presentes, dirigen a control remoto y no ponen el pecho.

Todos los que mueren son reemplazados rápidamente por otros “donnadies”, pues sobra mano de obra barata e ignorante para los ejércitos.

Los dineros para financiar las guerras salen de los mismos que las padecen, pero sin su conocimiento ni su consentimiento ni su voluntad, y son estos los que menos se benefician de ella.

Las condiciones de vida de los afectados son horribles, mientras que las condiciones de quienes la dirigen son muy buenas. La gran mayoría de guerreros son del pueblo raso. Nos matamos entre nosotros mismos y ellos lo saben, lo aprovechan y lo celebran.

Los problemas de tipo delincuencia o narcotráfico pueden durar décadas o nunca ser resueltos ya que no ponen en peligro el poder del Estado ni el funcionamiento del sistema. Si fueran expresiones revolucionarias serían eliminadas lo más pronto posible.

Los medios de comunicación, de forma directa o indirecta, promueven y apoyan la guerra reaccionaria contra el pueblo con tal de que no los afecte a ellos; por eso fue que el secuestro se convirtió en el principal y único problema del país.

La guerra injusta es un negocio muy rentable y millones viven de sus ganancias. Expertos dicen que si las guerras se acabaran se desplomaría la economía de un país o del mundo. Esta guerra infame la convirtieron en un “mal necesario” y rentable.  

Hay unas grandes mayorías que padecen la guerra burguesa, pero que son indiferentes y se vuelven víctimas impotentes; si actuaran y la rechazaran organizadamente serían un factor decisivo en su terminación o solución.

El Estado tiene miles de hombres armados con su buen salario y un único régimen especial; de tales hombres la mayoría solo sirve para vender armas y pasar información a los delincuentes. Son de lujo, para cuidar los intereses de los ricos y de las empresas transnacionales o para poder gastar el presupuesto.

Muchos de los niños y los jóvenes que sufren las tristes y lamentables consecuencias de esas condiciones que crea el sistema político, no ven ningún futuro promisorio para ellos, y entre las múltiples razones para tal pensamiento tenemos: el conocimiento, la ciencia, el estudio no son atractivos ya que no estamos en una sociedad y una cultura científica; lo que prima son la ignorancia, el analfabetismo, la opinión, el chisme, la superstición, la brujería, los avivachos, los cuenteros, los demagogos, los politiqueros, los facilistas, los narcos y los traquetos, etc. Lo importante es que usted tenga plata (así sea lo más bajo, lo más ruin o lo más asesino del mundo) y si tiene títulos y sabiduría pero no dinero, usted es un bobo, un güevón. Supongamos que a los niños y jóvenes les gustara la ciencia (por la carreta publicitaria del gobierno u otras razones) y se prepararan en sus estudios juiciosamente y, aun así no tienen futuro asegurado porque ya saben que la mayoría saldrá a vagar o a ganarse un mísero salario; es eso lo que más los desmotiva.

Por todo el ambiente familiar, social, económico y cultural que el sistema ha creado, hay millones de jóvenes que quieren ingresar a los grupos armados legales o ilegales, quieren ser policías, soldados o delincuentes que es casi lo mismo. Así, tenemos guerra suicida asegurada para mucho rato.

La burguesía, los ricos que dirigen y mandan en este país, no tienen propuestas ni salidas que resuelvan y beneficien al pueblo. No hay coherencia en las políticas que buscan; por ejemplo, proponen acabar con la guerra matapobres por medio de las campañas para que las armas no estén en manos de “civiles”  (“Sin armas la vida es otro cuento”, dicen, ¡CLARO!?????), pero a la vez aumentan las fuerzas militares y policiales en miles de hombres para reprimir y contener la protesta popular en aumento. Si usted es de los que todavía come cuento, ojo no coma cuento, que lo que necesitamos es comida, salud, educación, recreación, vivienda, empleo, cariño, dignidad, futuro y muchas otras cosas más, ya que el pueblo es el que sostiene con sus hombros, sudor y sangre todo este sistema social putrefacto que no tiene remedio y que lo que necesita es transformarse en una sociedad totalmente diferente, donde el objetivo principal sea conseguir la felicidad colectiva y no la ganancia y la acumulación capitalista.

Modificado por última vez el 16/06/2012

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Alejo Alegría

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