El Inmaculado y Ubérrimo legado de opinión

A inicios del pasado mes de enero fue noticia para los grandes medios des-informativos, la cabalgata emprendida por los altos representantes demócratas del Congreso de los EEUU, hacia la hacienda “EL UBÉRRIMO”, del Presidente Álvaro Uribe Vélez. Con la visita de los facinerosos gringos a la hacienda del Presidente se plasma una vez más su estrecha relación con el narco paramilitarismo, y de la manifiesta presencia de altos delegados del gobierno de los Estados Unidos se interpreta que dentro de sus agendas está como prioridad el seguir alimentando y financiando el conflicto colombiano a través de la lógica militar.

 

Esta finquita, a cinco minutos de Montería, y en donde el jefe de Estado se interna para hacerse acompañar de algunos peones y nobles funcionarios, ha sido testigo de macabros acontecimientos: por allí han circulado oscuros personajes de la ganadería, grandes empresarios, y políticos colombianos comprometidos hasta el tuétano en la estrategia narco-paramilitar que ha diseñado el Estado contra las mayorías nacionales, siendo uno de sus aventajados estrategas Uribe Vélez. Hay que resaltar que fue en el departamento de Córdoba donde se establecieron y reorganizaron los grupos paramilitares en las autodenominadas Autodefensas Unidas de Colombia-AUC, las cuales emprendieron una guerra sin tregua contra la población civil y no sólo han participado en masacres contra la población indefensa, sino que, además, son las artífices del 80% del desplazamiento forzado en Colombia, convirtiéndose, a punta de amenazas, en los nuevos mega-terratenientes.

EL paramilitarismo se está reeditando
Durante el periodo 2003-2006, el Gobierno adoptó un proceso de “supuesta desmovilización” de cerca de 40 grupos terroristas que integraban la mafiosa coalición de las AUC (Autodefensas unidas de Colombia). Según la propia voz de los asesores del proceso, éste fue todo un éxito, ya que 30.000 personas que participaron en la “Desmovilización” se comprometieron a no seguir delinquiendo, y a sumarse a los benéficos programas presidenciales de empleo y capacitación. Desde ese entonces, tanto los voceros de este gobierno, como los altos mandos de las Fuerzas Militares vienen reiterando que ya no hay paramilitarismo en Colombia.               
Sin embargo, Human Righs Watch (HRW), en su más reciente publicación de febrero de 2010 titulada: “Herederos de los Paramilitares: La nueva cara de la violencia en Colombia”, demuestra que la mayoría de individuos que participaron en los actos protocolarios de las ceremonias de “Desmovilización” fueron absueltos por la participación en estos grupos, y nunca fueron investigados por otros delitos atroces contra la población civil. Además, HRW deja en claro que los antiguos bloques paramilitares se están reorganizando dentro de un proceso de reingeniería. Este informe es el resultado de 2 años de investigación de campo en Colombia, en donde se entrevistó a las mismas víctimas, a los paramilitares desmovilizados, miembros de la fuerza pública, y organizaciones no gubernamentales en Sincelejo, Barranquilla, Pasto, Tumaco, Cúcuta, Barrancabermeja, Bucaramanga, Medellín, Bogotá, Villavicencio, Puerto Rico (Meta), y de las Zonas Humanitarias de Curvaradó y Andalucía en Chocó.            

En dicho estudio, Human Righs referencia, entre otros aspectos, que durante la desmovilización del Bloque Cacique Nutibara en el año 2003, las fuerzas paramilitares reclutaban solo hombres jóvenes con el objetivo de que participaran en dichos actos de “Desmovilización”, prometiéndoles generosos beneficios. Las denuncias eran tan públicas que el mismo Luis Carlos Restrepo (Alto Comisionado para la Paz en dicha época) señalaba en ese momento que: “Nos revolvieron delincuentes callejeros 48 horas antes de la desmovilización, y nos los metieron en el paquete de los desmovilizados”. De igual forma un desmovilizado del Norte de Santander narra cómo en la desmovilización del Bloque Catatumbo hubo personas que nunca pertenecieron a dicho grupo, pero que se desmovilizaban buscando un beneficio.

MacFarland, Investigadora de HRW para Colombia, afirma que estos “nuevos grupos” armados, a los cuales el gobierno insiste en llamar pequeñas bandas emergentes, están compuestos por lugartenientes paramilitares que nunca se desmovilizaron, paramilitares que se desmovilizaron, y jóvenes que están siendo reclutados (incluyendo adolecentes). Para la investigadora de HRW tales grupos están operando de la misma forma que lo hacían antes las Autodefensas – AUC.

Dicha publicación muestra, además, que estos grupos poseen nombres como “Los Paisas”, “los Rastrojos”, “los Urabaeños”, “El Grupo Magdalena Medio”, “los Nueva Generación” y los conocidos “Águilas Negras”. Este último, muy probablemente con el nombre del Bloque Metropolitano Nueva Generación, fue el que el año pasado presentó su apoyo y respaldo político al cuestionado Rector de la Universidad Industrial de Santander, Jaime Alberto Camacho Pico, el mismo que fue reelegido por parte del Gobierno Nacional para el periodo 20009-2012. También fue este grupo quien, a través de un panfleto, amenazó y declaró objetivo militar a 44 miembros de la Comunidad universitaria, el 16 de febrero de 2009.

Asimismo, del estudio de HRW se desprende que el actual gobierno de Álvaro Uribe no ha hecho nada para prevenir los posibles vínculos entre los agentes del estado y estos nuevos grupos sucesores del paramilitarismo; y que no se están asignando a tiempo los fondos suficientes para activar medidas de protección como el Sistema de Alertas Tempranas de la Defensoría del Pueblo, para proteger a la población frente a esta inminente amenaza por parte de dichos grupos armados. Estos grupos, para el mes de Julio de 2009, hacían presencia en al menos 173 municipios de 24 departamentos del país, con más de 10.000 hombres que podrían ya estar reclutados.
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Finalmente, no hay que ser un especialista para saber que las próximas víctimas de estos grupos serán los sectores vulnerables que huelan a oposición política: estudiantes, maestros, líderes sociales, campesinos, indígenas, periodistas, etc. En fin, todos aquellos que se opongan al actual régimen o al que lo suceda, que  seguirán trabajando y trabajando para reencauchar el ADN paramilitar de sus cuadros políticos, elegidos en el nuevo Congreso de la República, y así garantizar la continuidad de su Estado narco de opinión.

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