Conmemoración de a masacre de 2005 a la Comunidad de Paz San José de Apartado

El pasado 19 de febrero la comunidad de paz de San José de Apartadó convocó a la conmemoración de las víctimas. Diferentes organizaciones sociales de Medellín y algunos medios de Comunicación Alternativa acompañamos el triste duelo donde se inauguraba en San Josecito el Parque Monumento, con el traslado de los restos de las víctimas de la masacre de febrero de 2005, que reposaban en su antiguo pueblo, San José de Apartadó. Se realizó un recorrido por las veredas de Mulatos y la Resbalosa, sitios donde ocurrió esta masacre. Este acto comenzó con una marcha fúnebre antecedida por una carroza florecida donde se llevaron los restos y donde la gente portaba las fotografías de los rostros de las víctimas de estos últimos 5 años.

 

A la comunidad de paz de San José de Apartado la ha mantenido viva la memoria y la construcción de paz desde el corazón, esto dice doña Frida, víctima y lidereza de la comunidad cuando relata la historia de su pueblo unido por el dolor y las ganas de seguir viviendo, creando espacios de dignidad. El trabajo organizativo de las víctimas  da cuenta de 185 muertes por parte de los actores armados, de las cuales 24 han sido por parte de la guerrilla y el resto del ejército colombiano en operaciones conjuntas con grupos paramilitares.

Para La Comunidad de Paz, el 21 y 22 de febrero son fechas que no pueden pasarse por alto; en sus corazones están aquellos recuerdos de los pequeños inocentes y de las compañeras y compañeros constructores de sueños, cuyos pies no pueden recorrer la tierra por la que tanto lucharon. La memoria mantiene aún viva la llama de la esperanza, pues esta no se apaga con las balas de los asesinos. En palabras de Luis Eduardo Guerra, asesinado en la masacre de 2005, “mientras estemos, nuestros proyectos de vida siguen”. Esta frase aún refleja su conciencia y su condición frente a un contexto de violencia.

Luego de la masacre de 2005, el gobierno colocó un puesto de policía en San José, la comunidad entonces no tuvo más opción que desplazarse a escasos kilómetros de su antiguo casco urbano; así crearon a San Josecito. Entre el caserío de San Josecito y las diferentes veredas de la zona, algunas de ellas en los límites de Córdoba y Antioquia viven hoy 280 familias.

Todo viene de más atrás

En 1970 se comienza la construcción del corregimiento de San José de Apartadó, en la zona del Urabá antioqueño, por iniciativa de un grupo de campesinos en la búsqueda de opciones de vida digna, y en especial la educación de sus hijos. San José se convirtió en centro turístico y un lugar de progreso en esta década. Con esta propuesta política, influenciada posteriormente por la Unión Patriótica, la comunidad comienza la lucha por la tierra, consiguieron recursos para colocar la red de energía eléctrica y para hacer carreteras, para la construcción de aulas escolares en la mayoría de las veredas al igual que centros de salud.

Simultáneamente, el Estado gestaba su plan de muerte para la Unión Patriótica; así entra el paramilitarismo en la región de Urabá. Su primer objetivo de muerte es el fuerte movimiento sindical de la industria bananera. Después entró al campo el señor Fidel Castaño, diciendo “Venimos a tomarnos a Urabá a sangre y fuego”.  Este accionar del paramilitarismo es patrocinado por el Señor Rito Alejo del Rio, comandante general en ese tiempo de la brigada 17 del ejército, protagonista de la matanza de tantísima gente de la Unión Patriótica. Después de la primera masacre, donde mataron a todos los líderes, emigraron a San José muchos  de los campesinos desplazados de la zona a pensar y crear alternativas de vida; así se conformó el consejo interno de la comunidad como órgano central de la organización, que trabaja administrativamente para el sostenimiento de la comunidad que funciona como una red.

El asedio actual
Actualmente, la Región continúa militarizada, el pasado 9 de febrero en las horas de la madrugada ejecutaron en su propia casa, ubicada a 10 minutos del caserío de San José, en el camino que conduce hacia la vereda La Unión, a Don Fabio Manco; lo mataron dos paramilitares que llegaron a su vivienda encapuchados. Su muerte había sido anunciada el 16 de noviembre de 2009, cuando el paramilitar conocido como Wilfer Higuita, acompañado de otro personaje vestido de civil, abordó a un poblador del caserío de San José y le mostró una lista de personas para ejecutar, entre las cuales estaba el nombre de Don Fabio Manco, y los de Reinaldo Areiza, Mario Arias, Jesús Quinero, Wilmer Tuberquia y otros. También estaba el de Luis Arnelio Zapata, ejecutado el 29 de noviembre.

Otra fuente de asedio son las inversiones privadas e institucionales. Han llegado a ofrecerle a la gente de la comunidad dinero y otros proyectos productivos con la condición de que se retiren de la comunidad de paz. Hay miembros que han aceptado. La mayoría, sin embargo, sigue unida a las víctimas y sus familiares, para cargar hombro a hombro con los cuerpos de sus compañeros como en la peregrinación conmemorativa del pasado 19 de febrero.

La comunidad sabe que detrás de esta violencia y persecución hay grandes intereses económicos como las minas de carbón, fuentes de agua para instalar represas como la de Ituango, la explotación de minerales a cargo de empresarios de Corea del Sur (ya les aprobaron licitaciones para ello), extracción de petróleo (la Shell hace 35 años realizó exploraciones dejando sitios marcados). El estado, por medio del Incoder y Acción Social, ha tomado tierras para la siembra de monocultivos de Teca, lo cual, dice la comunidad, son proyectos productivos de los paras auspiciados por las instituciones del Estado.

La esperanza no muere
Por su parte la comunidad de San José de Apartadó insiste en sus propuestas de vida como los retornos, la defensa y la toma de tierra, la educación alternativa creada desde las mismas comunidades con currículos propios, pensando en la educación que quiere una campesina o un campesino; y es que una niña o un niño del campo con la educación tradicional será obligado a desplazarse a las ciudades. Ellos quieren una educación que les sirva para defenderse y quedarse en el campo, enlazados con los proyectos de soberanía alimentaria donde se cultiva el pan coger. Empezaron también en la creación de microempresas de procesamiento del cacao, la exportación de banano, las trilladoras de arroz y el molino de caña, y además actualmente se está recuperando la ganadería. Esto es parte fundamental en la reconstrucción del tejido social con propuestas a largo plazo, como la construcción de la Universidad Campesina que en acompañamiento con los indígenas y afros, y campesinos de otros países, se está gestando.

Modificado por última vez el 16/06/2012

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