EDITORIAL No. 41 Trampas uribistas contra la democracia

Debería ser evidente- aunque los medios masivos se han encargado sistemáticamente de que no lo sea- el fracaso de este gobierno, durante sus dos periodos, en todos los frentes: social, económico, político, y sobre todo en seguridad. Lo curioso es que se quiera hacer reelegir para un tercer periodo y que lo quiera hacer justo en nombre de su política de seguridad democrática. Y lo peor es que busca la reelección a toda costa, vendiéndonos el cuento de que la propuesta de referendo reeleccionista es una iniciativa popular, ante la cual el presidente Uribe no puede hacer más que escuchar la voz del pueblo y obedecer la voluntad popular. Esta es la forma eufemística como Uribe y la camarilla incondicional que lo acompaña entienden la democracia y la tuercen todo el tiempo según sus intereses y caprichos.


Pero en realidad esta iniciativa nada tiene que ver con la voluntad popular, es la iniciativa de un grupo de políticos incondicionales a Uribe, personificado por el exsenador Uribista Luis Guillermo Giraldo y por las torres uribistas de Colombia Primero. Por ser lo que es, este grupo contó con la maquinaria necesaria y ni siquiera se preocupó por realizar una financiación limpia de la campaña de recolección de firmas. El monto excesivo del dinero- la mayor parte de fuentes sospechosas- para la campaña les permitió prácticamente comprar las firmas. Y estas firmas compradas son las que se presentan como avaladoras de una iniciativa popular.

Sin embargo, el montón de irregularidades que acompañan el trámite de este proyecto de referendo reeleccionista, los escándalos que en torno a él se han destapado, y la actitud cínica de la aplanadora uribista en el congreso por aprobarlo como sea y contra el reloj ha puesto en serias dudas las posibilidades de que pueda ser votado favorablemente por el pueblo colombiano. Por eso el gobierno y su aplanadora en el congreso se apresuran ahora a buscarle otra salida, es decir, a ponerle otra trampa a la democracia, proponiendo que en el referendo reeleccionista se vote en una misma jornada con el referendo por el derecho al agua y el de cadena perpetua para violadores de menores, buscando así sacar adelante la reelección por arrastre.

En el caso del referendo de cadena perpetua para los violadores de niños, nunca fue en verdad una iniciativa popular. Apenas es la iniciativa de una concejal de Bogotá, Gilma Jiménez, adscrita a Cambio Radical, y expresión de la ultraderecha que pretende resolverlo todo con mayor represión y castigo; de hecho hubo quien en el Congreso propusiera que, aparte de la cadena perpetua se condene a los violadores a trabajos forzados. La reforma a la constitución en este sentido es inocua si se trata de disminuir los delitos contra los menores; es obvio que el aumento de la pena no disminuye este tipo de delito en tanto persistan la corrupción y la impunidad en la justicia colombiana. Pero en cambio es sumamente peligrosa si se mira el contexto concreto. Aquí no solo se renuncia a la posibilidad de la recuperación, rehabilitación y resocialización de los delincuentes -aunque en realidad nuestro sistema carcelario prueba que a esto se renunció hace mucho-, sino que, ante las debilidades y parcialidades de la justicia colombiana que con frecuencia violan el debido proceso se abren las puertas para condenar a cadena perpetua y con testimonios falsos a muchos inocentes, lo cual es práctica vieja.

Y es también una antesala para la represión política, que es la parte más sensible de este estado. Según los defensores de esta iniciativa, los violadores de niños son personas desahuciadas de la sociedad, que ya no tienen ninguna posibilidad de recuperación. Podría también calificarse esto de falsa moral en el sentido en que se hace resaltar como horrendos los delitos contra los menores de edad mientras se guarda silencio ante los macabros crímenes de lesa humanidad en los que ha participado el Estado a través de sus fuerzas legales e ilegales para preservar los intereses de los poderosos. En todo caso, lo que hacen los políticos aquí es aprovecharse de la sensibilidad de la gente frente a un asunto particular y efectivamente preocupante y doloroso, para abrirle un roto a la constitución. Y una vez abierto el roto, la sábana puede irse entera. De hecho, el Fiscal Mario Iguarán viene proponiendo desde los primeros días de promoción del proyecto extender la cadena perpetua a los secuestradores; y la extensión podría ir de uno en uno hasta el infinito.

En el caso del referendo por el derecho del agua la situación es más compleja y muestra más bien el poco respeto que las iniciativas populares le merecen al congreso y en general a la elite de poder. Efectivamente el proyecto de este referendo es una iniciativa popular, que en vez de los miles de millones con que contó el referendo reeleccionista tuvo un gran trabajo de organización, exploración y discusión en el corazón mismo de los sectores populares y sus organizaciones. Pero solo fue aprobado por el congreso después de haberle cercenado su espíritu y acomodarlo a los intereses del gobierno, que son los mismos de los inversionistas privados.

El proyecto que salió del congreso es todo lo contrario de lo que entregaron sus promotores. Se eliminaron las demandas esenciales como la consagración del derecho fundamental al agua potable, el reconocimiento del agua como bien común y público, el uso prioritario de los ecosistemas esenciales al ciclo del agua para este fin, la prohibición de privatizar la gestión del agua y del servicio de acueducto y alcantarillado. Y en cambio lograron colar un mico: volver constitucional que "las aguas que nacen y mueren en la misma heredad", son privadas, imponiendo así una excepción al principio de que todas las aguas son bienes de uso público. Por tanto, este proyecto ya no refleja la iniciativa popular sino más bien una antipopular.

Por eso nos sumamos a la iniciativa antirreeleccionista de María Teresa Herrán y el Polo Democrático Alternativo. La idea entonces es no votar ninguno de los tres referendos y conformar una red para promover esa idea; de lo que se trata es de contribuir para que no se llegue al porcentaje requerido del censo electoral. Nosotros creemos que es necesario ir más allá. La frustración del referendo es una tarea inmediata, que nos permite al menos frenar el avance del uribismo y su descomposición de la política y el estado. Pero revertirla es un asunto del mediano y el largo plazo. De hecho, previendo que tampoco esta estratagema de unir la votación de los tres referendos dé resultados, el gobierno y el partido conservador están explorando la posibilidad de convocar a una asamblea constituyente, la cual sería la trampa mayor a la democracia. La lucha entonces hay que extenderla contra el modelo económico y político y contra la seguridad democrática, que es en realidad una estrategia de terror, de imposición del pensamiento único. Pero sobre todo la lucha popular es por construir, desde el corazón de las comunidades, los barrios, las ciudades, las universidades, los grupos artísticos, etc, una propuesta política que haga realidad la democracia y potencie efectivamente la iniciativa popular. Y en este momento el escenario con más fuerza sigue siendo la minga popular.
Modificado por última vez el 16/06/2012

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