“Ahora los grilletes los tenemos en la barriga”

“La jornada de trabajo de nosotros comienza a las 3 de la mañana, cuando nuestras esposas se levantan a prepararnos la comida que llevamos para el ingenio, continúa al salir una hora  más tarde para el corte donde nos corresponda, y se extiende durante las 13 horas que toca estar allá voliando machete. Solo termina hacia las 9 de la noche, cuando regresamos a nuestras casas. Así día tras día, los 7 días de la semana y los 12 meses del año. Así me ha tocado a mi desde hace 33 años que trabajo como cortero”. Estas son las palabras con que  José Roosvelt Cobo, uno de los dirigentes del paro que, desde el  15 de septiembre, adelantan 17.000 corteros de caña en Colombia, comenzó esta conversación con Periferia.

 

La esclavitud del cortero

“Yo soy casado y tengo tres niñas pequeñas. Mi esposa se encarga del cuidado de ellas y entonces la parte económica de la casa está a cargo mío. Pago 120 mil pesos de arriendo, de servicios más o menos 45 o 50 mil pesos, en comida, no muy buena, me gasto 200 mil pesos cada 15 días, y aparte de eso los gastos del estudio de las niñas y otros que no dejan de resultar. Entonces como uno no se gana lo que necesita para poder solventar los gastos de la familia, la manera de solventarlo es que en la tienda  pide fiado el mercado y cada que recibe el pago va abonando a la deuda para que le suelten otra vez más mercado. Entonces uno va quedando con una deuda acumulada que solo se puede pagar cada año, cuando le dan las cesantías, uno paga lo que debe y queda listo para empezar a fiar nuevamente al otro año.

Pero eso no es todo. En mi caso, que trabajo en el ingenio Providencia, tengo que estar en el corte a las 6 de la mañana. La madrugada depende de qué tan lejos esté el corte; por ejemplo, hay veces que me toca ir a trabajar a dos horas de donde vivo y en esos días salgo de la casa desde las 4 de la mañana. A las 6 empieza la jornada, cuando afila el machete, después el cabo le asigna un tajo de 6 matas de frente por 38 metros de largo. Uno empieza a cortar la caña voliandole machete todo el día, hasta las 7 de la noche que termina el turno.

A nosotros no nos pagan por día trabajado sino por lo que pese lo que cortamos en el día. Generalmente yo corto dos o dos toneladas y media diarias, que las pagan a 5.700 pesos cada una; o sea que en el día me gano unos 15.000 pesos. De ahí me descuentan la salud, la pensión, los parafiscales y un aporte para la cooperativa de trabajo asociado, eso suma el 30% de lo que me gano. En resumen, cada quince días recibo realmente unos 200.000 pesos. En la jornada de trabajo no hay tiempos de descanso, ahí como eso es al destajo y es lo que usted se haga, si trabaja fuerte gana un poquito más; por ejemplo, el horario de comida no está establecido, uno apenas le da hambre come a las carreras y sigue trabajando. Tampoco hay día de descanso ni vacaciones, se trabaja de lunes a lunes y los únicos días de vacaciones al año son tres: 30 y 31 de diciembre y 1 de enero; pero esos no los pagan porque no trabajó. Los días 24 y 25 de diciembre es obligatorio trabajar, tan obligatorio que si falta le cobran una multa de 50.000 pesos por cada uno de esos días que no vaya.

Cuando se presenta un accidente de trabajo, como que un compañero se corte con el machete, lo que se hace es prestarle entre nosotros los primeros auxilios y esperar a que termine la jornada de trabajo para poderlo llevar a donde el médico a que lo atiendan.

Nosotros no tenemos contrato de trabajo con el ingenio. En el 2005 nos obligaron a formar unas cooperativas de trabajo asociado y son las cooperativas las que contratan con el ingenio. A la cooperativa le pagan 8000 pesos por cada tonelada que nosotros cortamos, pero somos nosotros los que nos responsabilizamos de todo el funcionamiento administrativo de esta; además de nuestra propia seguridad social, todos los gastos, hasta los de la herramienta con que trabajamos sale de los bolsillos de nosotros mismos.

Adicionalmente existe un grave riesgo y es que los ingenios quieren acabar con nosotros. Ya ningún ingenio permite que las cooperativas lleven personal nuevo a trabajar, así que cortero que se retira no es reemplazado y poco a poco los corteros se van acabando. Eso lo impulsan los ingenios porque el interés de ellos es mecanizar el proceso de cortada y recolección de la caña”.

Las utilidades que arroja la producción
En contraste con lo anterior, en Colombia, durante 2007 se produjeron, según Asocaña, 2.277.120 toneladas de azúcar, de las cuales se vendieron 1.546.686 en Colombia y se exportaron 716.380 que se vendieron a un precio promedio de 309 dólares la tonelada. En su informe anual 2007 – 2008, Asocaña reconoce unas utilidades para el sector azucarero de 148 mil millones de pesos.

Los ingenios implicados en esta situación son: Incauca, Providencia y Risaralda, del industrial Carlos Ardila Lulle; Central Castilla y Río Paila, propiedad de la familia Caicedo González; Mayagüez, de la familia Hurtado Holguín; La Cabaña, de la familia Seinjet; San Carlos, de la familia Sarmiento Lora; Pichichí, de la familia Cabal; Central Tumaco, de la familia Salcedo Borrero; Carmelita, de la familia Garrido Amezquita, y el Ingenio María Luisa, del conglomerado Harinera del Valle.

Un paro por física hambre
“Los corteros nos decidimos a parar, porque día por día nos están apretando más y más y nos queda casi imposible sostenernos junto con nuestras familias. Entonces hemos buscado diálogo con los ingenios para que nos mejoren las condiciones de trabajo y que aumenten un poco más el precio que nos pagan por la caña, para uno poder subsistir; pero ellos simplemente nos dicen que estudiemos, porque eso se va a acabar. Ese es el dicho de ellos para no colaborarnos en nada. Por eso nos fuimos al paro, porque en realidad no tenemos siquiera para comer.

El pliego de peticiones se lo presentamos a Asocaña, que es el gremio que agrupa a los propietarios de todos los ingenios, el 15 de julio de este año. También lo tienen cada uno de los ingenios y además el Ministro de Agricultura que es uno de los accionistas mayoritarios del ingenio Mayagüez, se lo hicimos llegar también al Ministerio de Protección Social. Pero hasta la fecha no se han querido sentar a negociar. En vista de que seguimos trabajando y no nos llamaron siquiera a conversar sobre el pliego, el 15 de septiembre iniciamos el cese de actividades.

En el paro estamos 17 mil corteros, de los 19 mil que somos. Hay corteros de 3 ingenios que no están participando porque los están obligando a trabajar amenazados; por ejemplo, a los de Riopaila, los buses que los  llevan van escoltados por la policía; lo mismo los del ingenio La Cabaña, incluso hasta a la casa  llegan con la escolta de la policía. La mayoría de los trabajadores están de acuerdo con el paro, pero les da miedo por lo que le acabo de contar.

Nosotros tenemos claro que no levantamos el paro si no obtenemos las garantías que están incluidas en el pliego, y de esas, la más importante es la contratación directa de nosotros por parte de los ingenios. Porque si nos contratan directamente, ellos tendrían que asumir la responsabilidad laboral que les corresponde con nosotros y eso nos daría un poco de mejores condiciones; al menos mejores que las que tenemos ahora, que hasta la comida nos falta. Nosotros estamos convencidos que las cooperativas son para que se beneficien terceros, porque mucha gente quiere vivir de las cooperativas que nosotros conformamos. Además, las responsabilidades que le corresponden al patrón se las trasladan a esas cooperativas. Y para completar, los dueños de los ingenios nos quieren hacer creer que nosotros somos los dueños de las cooperativas, que somos empresarios, dueños de nuestra propia empresa, y la realidad es que somos dueños es de nuestra propia hambre, porque es lo único que tenemos: hambre”.

Cómo se desarrolla el paro
“El pliego lo preparamos durante 8 meses. Nos reunimos en todos los pueblos donde hay corteros, hablamos, discutimos, nos pusimos de acuerdo. Y también estábamos claros que si no había negociación nos íbamos al paro. Eso se decidió desde los corteros y no como dice el gobierno que fue porque un senador nos incitó o porque las Farc están detrás de esta protesta.

Al empezar el paro, los corteros nos quedamos cada uno en el ingenio en el que trabajamos, montamos carpas y unos campamentos con plásticos alrededor de cada ingenio para vivir allá durante el tiempo que sea necesario. El paro lo hemos mantenido, a pesar de que las condiciones en que estamos son muy malas. Por ejemplo, nosotros los del ingenio Providencia somos 1.148 corteros y hemos recurrido a la gente de los pueblos cercanos para pedir solidaridad, nos han apoyado pero como nosotros somos los que movemos el comercio y ahora no tenemos ingresos, entonces toda la gente está muy pobre. Pero de a poquitos nos siguen colaborando. Nos agrupamos de acuerdo a la cooperativa a la que pertenecemos y desde ahí se coordina todo, nos hemos organizado en grupos de 400 personas, a cada grupo se les entregan 10 libras de arroz, dos latas de sardina y lo que consigamos de yuca y plátano. Eso se prepara y es la única comida que consumimos durante el día, que viene a ser como dos cucharadas de arroz con unas muestras de sardina y un poquito de plátano y yuca.

Para nuestras familias es peor, porque no tienen nada en la casa; de lo poco que nosotros recolectamos algo les aportamos, pero a nuestras esposas les toca hacer cualquier cosa para conseguir lo de la comida: lavar ropa ajena, pedir limosna, y cosas así. Según el cálculo que tenemos, los hijos de los corteros de caña son 25 mil niños y niñas, ellos son víctimas también de la negativa de los dueños de los ingenios a brindarnos mejores condiciones de trabajo. Y eso que el Ministro de Protección Social dijo que iban a mejorar las condiciones de vida de los niños en el país, entonces ¿será que nuestros hijos no tienen ese derecho? ¿Por qué el ministro no les para bolas a estos 25 mil niños hijos de corteros de caña que están aguantando hambre?”.

La publicitada “mediación” del presidente Uribe Vélez
Después de haber señalado reiteradamente que el paro de los corteros era obra de las Farc, el presidente Alvaro Uribe viajó al Valle, supuestamente a servir de mediador entre los corteros y los propietarios de los ingenios. Cuentan los corteros que el presidente llegó hasta allá a brindar “miserableza”, “porque lo que él dice es que sobre lo que estamos ganando nos puede colaborar hablando con los dueños de los ingenios para que nos aumenten una miniatura en dinero y dice que eso se lo rebusca él para nosotros. Nosotros lo rechazamos porque eso no sirve ni para comprar una librita de arroz más”.

“El presidente se reunió con el gobernador, con los gerentes de los ingenios y con algunos sindicatos patronales. Estos últimos llegaron fue a hacer propuestas, sin contar con nosotros los corteros y nos tocó hijueputiar a uno de esos “sindicalistas” para que aprenda a respetar. Al presidente no le gustó esto y ahí terminó toda su “mediación”. Y es que ellos, los que estuvieron en esa reunión, creen que nosotros estamos es buscando miserablezas o migajas. Y yo repito que la única manera de levantar el paro es que nos reconozcan nuestros derechos que están expresados en el pliego”.

Futuro incierto
“Los corteros tenemos muy claro que con la intención de los ingenios de mecanizar el proceso de recolección de caña quedaríamos 19 mil familias sin empleo, tirados en la calle sin hacer nada, sería más delincuencia, más prostitución. Todo esto se nos vendría encima porque no tenemos nada más que hacer, porque simplemente vivimos de la caña. Entonces ¿qué van a hacer con nosotros?

Nosotros los corteros de caña, que somos la gran mayoría negros, decimos hoy que así como a nuestros antepasados les pusieron grilletes en los pies, ahora a nosotros nos los pusieron en la barriga, y contra eso es que estamos luchando”. 

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Nelson Orrego

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