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Homenaje: Al hijo que nos dió vida

En la edición pasada de Periferia publicamos un artículo reivindicando la memoria de Jhonny Silva, estudiante de química de la Universidad del Valle, asesinado en septiembre de 2005 por el Esmad durante una protesta estudiantil. También denunciábamos allí cómo el crimen permanecía en la más completa impunidad gracias a las artimañas de los entes investigadores y juzgadores en Colombia. A raíz del artículo, el padre de Jhonny nos envió un sincero agradecimiento, acompañado de una hermosa y conmovedora carta dirigida a su hijo, cargada de amor, dolor y rabia, pero sobre todo de esperanza y fuerza para seguir luchando por la justicia y la reparación. Queremos compartir con nuestros lectores la hondura, el sentimiento y la emoción de este documento.

 

Jhonny, hoy tu nombre y tu imagen recorren con profunda fuerza todos los rincones de la resistencia nuestra y acusa insistente en las guaridas de la represión. Sin duda por ello nos resulta tan difícil escribirte, trazar palabras a la altura de tu dignidad. Por eso, disculpa los vacíos y los excesos, todo es con profundo amor.

Te imaginamos a la media noche abandonando la calidez del vientre. Casi alcanzamos a escuchar tu primer llanto y, claro, a doña Eneried, con su sonrisa y tu llanto celebrando tu vida. Y don Wilman en casa, feliz y temeroso, fortalecido por tu llegada, pero lleno de temores de perderte, como había pasado con tu hermanito predecesor. Sin embargo, Sobreviviste y viviste, anduviste esta patria con tu madre, padre y hermana. Fueron de la mano de don Wilman a abrir carretera en las montañas del Cauca, donde la vida no era fácil, pero era vida creciendo al fin. Hasta la primera victimización contra tu humanidad.

A la puerta de tu casa campesina, vos con tu rostro cachetón, un rubio fuerte, vos y tu hermanita, veían los cuerpos de dos guerrilleros muertos. Los combates previos, los gritos aterradores de la guerra rompieron la tensa calma que existía y sembraron para siempre, en la memoria infantil, el trauma del dolor, el choque de la muerte. Trauma que no fue reparado, impacto de un conflicto armado que dicen los represores no existe, pero que es tan real como las dificultades para hablar, para aprender, para desplazarse que debiste enfrentar. El daño psicológico tuyo nunca pudo ser reparado, este Estado criminal ni siquiera debió percatarse y, desafortunadamente, ello fue determinante para que ese mismo Estado te asesinara.

En Cali vino la escuela. Ante las secuelas de la guerra tu fuerza, tu inteligencia con tu profundo amor por el conocimiento te ayudaron a resistir, te impusiste con valor y avanzaste en la construcción de ti mismo. La secundaria exigió de ti bastante, fue necesario descansar un año, asumir que las huellas de la guerra se impusieron para siempre. Presentaste el ICFES y recibiste felicitaciones por los excelentes resultados. Otro sueño se hizo posible, ingresar a la Universidad del Valle. Cumplir un sueño es empezar a soñar nuevos proyectos. Un soñador como tú se imaginó el Nóbel de Química, la justicia en este país, la felicidad de tu familia.

Nos hemos enterado del esfuerzo inmenso de mamá y papá para ayudar a construir tus sueños; edificaron tu habitación, tu propia pieza, tu cama, tu biblioteca, el computador que te regalaron, los cuadernos detalladamente escogidos para ti; esa habitación que hoy sigue intacta como un homenaje a tu memoria, como una expresión radical de resistencia y de protesta. Ah, casi olvidamos el espejo, allí te acicalabas, te mimabas orgulloso de ti mismo, allí repetías: “mamá yo soy grande, no soy chiquito como usted, chiquitita chiquitita chiquitita”. ¿Cómo olvidar las palabras de don Wilman procurando tomar una foto de familia, donde tu estatura no anulara a mamá y papá, más chiquititos? Y es digno de memoria un momento de diálogo con tu padre, cuando le dijiste respetuosa y cariñosamente que mejor no hablar de química porque él no iba a entender, pero le acariciaste el hombro, le hiciste saber cuánto lo amabas.

Jhonny, papá y mamá dejaron de visitar las panaderías, era muy doloroso no comprar tanto pan como el que tú comías; se quedaron en el aire muchos aspectos sencillos, como preparar el desayuno, alistar la ropa o, por ejemplo, esforzarse por conseguir los $ 5.000 diarios que necesitabas. Igual les sucedió a tus tíos que se esmeraban por enviarte su ayuda desde el exterior, quienes desde la distancia, maniatados de dolor y de rabia, se enteraron del crimen.

Pero tanto dolor, tanta rabia, tanta tristeza se han vuelto fuerza, compromiso inclaudicable con la lucha por la verdad y la justicia. Pensar en la reparación es tan difícil, la reparación les parece un imposible y la reconciliación no. ¡Cómo pueden si quiera hablar de reconciliación, si la propia verdad ha sido pisoteada, si al sistema judicial le importó poco tu vida y prefirió defender los currículos de los policías que te asesinaron! Nosotras y nosotros, tu madre y tu padre, no contemplamos la reconciliación con esos asesinos, ¿cómo podemos respetar a esta policía y a esta justicia criminal? Ya son tres años, tres compañeros de la Universidad del Valle: William, Julián y Katherine, que marcharon y gritaron en tu nombre también fueron asesinados. Este Estado criminal sigue operando. Este es un día para contar a quien no sepa y para que tú lo escuches, que el General Gómez Méndez, el defendido General Gómez Méndez, no es solo un criminal de lesa humanidad, un terrorista de Estado respaldado por el presidente Uribe; es eso y es también un vil delincuente, un narcotraficante de este Estado terrorista y mafioso.

Tu madre y tu padre murieron contigo después del Crimen de Estado que segó tu vida; murieron y renacieron, resucitaron a una vida distinta. Entre llanto abundante, dolor y rabia, doña Eneried y don Wilman viven para mantenerte vivo, con la convicción de que la peor muerte es el olvido, con la inquebrantable convicción de que vives en la lucha y por ello nunca van a dejar de luchar, por ello hoy y siempre gritamos “Ni Perdón Ni Olvido”. Tu hermana que te ama profundamente también te envía su amor. Ella, con el respeto de todos y todas, tiene una manera distinta de luchar por ti, de mantenerte vivo, de buscar justicia.

En fin Jhonny, no hay fin. Gracias por ser quien eres, gracias por escucharnos y sobre todo gracias por gritarnos con tanta fuerza que la Dignidad no se vende, que la lucha se debe mantener, que la patria nos necesita, que el amor tuyo alimenta este amor de todos nosotros y nosotras por la memoria de las compañeras y compañeros que ya no están.

Un abrazo hermano, un abrazo compañero, un beso hijo, un beso y un abrazo inmenso hijo hermano nuestro.

 

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Acerca del Autor

Wilman Silva