¿Cuál es el llamado como feministas populares para afrontar la pandemia?

Por: Ingrid Lorena Jiménez Díaz

Amanecer con la noticia de pasar de un ensayo de cuarentena a una en propiedad, hace que muchos sean incredúlos de la situación, gente desesperada luchando hasta por conseguir un tapabocas, a otros simplemente no les interesa  tenerlos, hay afanes más urgentes: ¿qué vamos a comer? ¿Cómo vamos a pagar las deudas, los impuestos, la renta? Preocupaciones que no dan espera. Mientras tanto los medios masivos de comunicación informan que en todo Colombia existen las posibilidades de aislamiento, sin embargo, en los barrios populares, en el campo, en las periferias de las ciudades, se viven las cosas de otra manera, no como nos lo quiere pintar el gobierno de Duque en cada reunión con su gabinete, con el fin de suponer un ambiente de seguridad y tranquilidad cuando los números de contagiados suben y los  señalamientos crecen. Casualmente los que padecen tal mal son de la clase pobre, obrera, los sin salarios, los de a pie, los vendedores ambulantes, las trabajadoras sexuales, los artistas, los muchos, la mayoría.

En la  actual crisis por el coronavirus, las mujeres de los barrios populares vivimos en hacinamiento y no existe ninguna posibilidad de hacer trabajos en casa, porque simplemente los trabajos son otros que se hacen en los hogares y no tienen remuneración alguna: servicios generales, seguridad, domicilios, confección, trabajos del cuidado de personas enfermas, ancianos o niños. 

Es importante resaltar que los trabajos del cuidado y labores domésticas representan entre el 15 y 20 % del Producto Interno Bruto de los países. Ante este panorama el presidente no dijo ni una sola palabra sobre el tema, ni mucho menos fueron tenidas en cuenta estas realidades por quienes toman las decisiones locales.

En el campo muchas mujeres nos enfrentamos al olvido, al aislamiento estatal, a la marginación, la unica manera de ver la pelicula que estamos vivendo es por medio de los canales comerciales, en las  noticias solo se ven notas viciadas de intereses globales, nada es real. Mentiras contadas a medias para seguir engañando y posicionando cortinas de humo… Mensajes comerciales como “lavarse frecuentemente las manos” es una recomendación difícil de acatar cuando el  agua potable no llega todos los días por el racionamiento. Si se tiene agua para comer no se tiene agua para lavar las manos.

"Resguardarse en la casa es un elemento importante, para salvaguardar la vida”, dicen muchos. “No salir y denunciar al que lo haga, es una tarea de todos”. Sin embargo, eso no es aplicable en muchos lugares donde el hambre y las necesidades básicas no están resueltas, donde culturalmente los tejidos sociales, las relaciones con los vecinos son distintas a las que nos toca aconstumbranos en  tiempos de pandemia… Empezando porque muchas no tenemos claro qué es,  ni mucho menos qué implicaciones tiene.

Todas estas condiciones originadas e implantadas a las mujeres, a las clases pobres, ponen en confrontación al gobierno y al Estado, motivan a que Organizaciones feministas barriales hagamos el llamando a todas las mujeres organizadas o no, para construir estrategias que nos permitan juntarnos y contextualizarnos de lo que realmente está pasando. Descubrir, investigar, leer hasta de manera colectiva, y compartir el conocimiento con otras es el reto.  Superar los obstáculos tecnológicos y dar la batalla ahora desde las ideas, la comunicación en estos tiempos de crisis es clave.

Como mujeres hemos construido encuentros virtuales que nos han permitido informar sobre las luchas populares y feministas históricas, y que con o sin Coronavirus siguen en pie. La pandemia no la  entendemos como un hecho social del momento, sino que esta asociada a la crisis estructural que están viviendo los estados neoliberales como el nuestro y que por ende nos afecta directamente.

Todo este proceso coyuntural de salud pública, el colapso de las pequeñas economías y demás, nos están confirmando que los movimientos sociales en Colombia, Latinoamérica y el mundo tenían la razón, que todas nuestras exigencias y reivindicaciones son legítimas y que los Estados y los gobiernos no tienen las infraestructuras sociales ni culturales para poder garantizar nuestros derechos.

En nuestros espacios nos hemos acogido a la premisa que distanciamiento físico no implica un aislamiento social. Es decir, nosotras debemos pensar en como sostener  las luchas populares y feministas, nos preguntamos entonces ¿cómo hacer resistencia a la gestión de los estados patriarcales de la vida cotidiana en medio de la pandemia? Ejemplo de ello lo que está haciendo el gobierno colombiano con la entrega de los mercados bajo un argumento de solidaridad, cuando entendemos que en realidad no es más que corrupción en la contratación y tercerización. O las líneas de atención de violencias de género que nunca responden a pesar de que las cifras de maltrato en tiempo de cuarentena han aumentado un doble, o hasta el triple de casos (98.583) en comparación con el  año pasado, y ni hablar de los feminicidios, problemas de salud mental, entre otras.

¿Cuál es el llamado como feministas populares para afrontar la pandemia? Mantener la lucha de los comunes. Es el momento para seguir legitimando las demandas y exigencias al Estado y clases tradicionales burguesas por la garantía de nuestros derechos para la vida digna, no mediada por el lucro sino por el bienestar general. Reformas estructurales, polítcas públicas, leyes a favor de nosotras las mujeres, planes de desarrollo, políticas ambientales, y salud integral.

El camino es la resistencia, la autonomía, y la auto- gestión. Interiorizar esa premisa que descentraliza el autocuidado, según la cual “el estado no me cuida me cuidan mis amigas". Recurrir a la medicina preventiva y ancestral como nos lo han enseñado las mujeres bolivianas.

El momento histórico requiere generar y fortalecer las organizaciones barriales contra el hambre, además de construir estrategias colectivas que nos permitan organizarnos y ser empáticas con los vecinos. Brindar ayudas solidarias más allá del asistencialismo, y hacer veedurías a la entregas que está haciendo el gobierno nacional, regional, y local.

También seguimiento a los decretos establecidos por la administracción local, regional y nacional (movilización individual, pico y cédula, pico y género, educación virtualizada, obligaciones de los trabajadores de salud, entre otras). Redes locales con vinculación a lo regional y nacional que brinden ayuda frente al manejo de la salud mental en confinamiento (ideas suicidas, miedo al contagio, miedo al futuro, depresión, ansiedad, deudas).

Economías del trueque y comercio amparadas bajos los principios de solidaridad, esto ha permito sostener y apoyar económicamente familias, además de hacer donaciones a procesos barriales feminitas manteniendo el precio justo. Redes para socializar estrategias de cuidado y auto-cuidado durante y después de la cuarentena.

Redes de compras sin intermediarios (mercados virtuales presentando los productos de las personas), red de productos locales e inter-veredales y barriales promocionándolos entre los vecinos y amigues. Construir tejidos, escuchar las posiciones de las otras y desde allí hilar propuestas para mantenernos vivas en la pandemia y posterior a ella.

En este contexto nos queda no perder de vista que la juntanza es la salida para hacer fuerza y seguir con la resistencia, ejerciendo un papel protagónico que motive a otras y otros exigiendo el libre cumplimiento de sus derechos, y la garantía de una vida digna, soberana y autónoma. Nuestro deber es seguir salvaguardando la vida, sin embargo no basta con defendernos contra el  virus si es el mismo estado quien recrudece la situación con sus decretos, sanciones, desigualdades, injusticias y exclusión.

Es por eso que hacemos el llamado, y lo seguiremos haciendo hasta que muchas más despierten y se unan a nuestras luchas, que son las mismas. La lucha es contra un virus, pero también contra un mal gobierno, contra las clases dominantes. Seguiremos generando conciencia colectiva con cada vecino, con la señora de la tienda, con amigos, con las guardias indigenas que hacen su trabajo desde la pedagogía del amor. Ellas no dan sabiduría desde sus territorios ancestrales sobre cómo cuidarnos entre todos sin militarizar la vida. Dejamos este mensaje de solidaridad y compromiso colectivo para mantener las redes abiertas.

 

Fotos tomadas de: Ciudad en Movimiento

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